lunes, 8 de julio de 2013

El lado ciego.



Me he alejado tanto de mí mismo
que ya no sé decir nada
sobre mí
ni lo que siento
cuando me mojo bajo la lluvia
ni cuando me convierto
en una brizna de hierba seca
quemada por el sol
no sé encontrarme
a mí mismo
describir a este personaje
nombrarlo
asegurar
que                        existe



De "Leyes naturales" 2oo6

( Versión de Abel A. Murcia Soriano)


Ryszard Kapuściński.





–Lo primero es buscar un buen título. Asegurarse que nadie lo haya utilizado antes. Y escribir dejándose llevar por la imaginación o por la experiencia.

–Qué tontería. El título es lo último. Lo primero es la idea y a partir de ahí desarrollarla.

–No tenía ni título, ni idea, ni imaginación, ni siquiera sabía escribir. Entonces apareció ella.

–¿Ella te enseñó?

–No, ella me inspiró.

–¿Y qué escribiste?

–Esto.


No puedo decir que los días fueran largos, pasaban como trasatlánticos sobre las horas sin dejar espuma, sin atracar en ningún puerto, sin hacer caso a las señales de los náufragos del aburrimiento.

Todo, vida, las muertes, sucedían por un fatalismo coherente, era lo que debía ser y solo quedaba esperar los viernes y no dejar las pastillas para dormir. 

Solo quedaban harapos de una nostalgia que brillaba en una retórica barroca, antigua pero fecunda, con imágenes de animales en celo, gigantes dormidos y flores de invernadero, monjes ebrios de oración y la incandescente realidad de haber sido.

Recuerdo bien cuando olvidé todo eso, la bruma y los miércoles.

Aquel era otro.

Ahora, soy.


–Alto, alto, no sigas, esto que escribes no tiene sentido, no engancha.

–No sé hacerlo de otra forma, divago hasta encontrar el sentido.

–Quién lee esto se aburre y lo deja.

–¿Sí?

–Pues claro.

–Vale, lo intento de otra manera.

–Así me gusta. Hasta mañana.


OBRAS DE ALEXANDER ROTHAUG


domingo, 7 de julio de 2013

Mina














Fernando Valverde




LA CAÍDA

A mi madre


¿Recuerdas cómo mueren los pelícanos?
Bajo el sol de la tarde
que golpea la costa del Pacífico
el agua los engulle como al plomo.

Nada puede salvarlos.

Hay tanta dignidad en el vacío,
tanto amor en sus vuelos,
que en el último instante escogen el silencio.
Sólo queda
el golpe de sus cuerpos contra el agua
como un rumor de viento imperceptible.

Desde esta habitación no puede verse el mar,
no existen altas rocas y no queda horizonte
que no hayan destruido.

No importa,
intuyes un rumor en esta noche negra,
puedes tocar su brazo.

Recordarás entonces, al percibir el frío,
que en otoño ese mar que tanto amas
se vuelve gris y deja
los nombres del pasado escritos en la arena.

Te has sentado a mirarlos.

Frente a ti,
torciendo el horizonte,
un niño se sumerge entre las olas.
El levante, tan cálido y perfecto,
lo traiciona y lo empuja.

Has venido a salvarme.

Tus brazos,
tan frágiles ahora,
cubren el cuerpo de mis nueve años
hasta tocar la orilla.

Es cierto,
desde esta habitación no puede verse el mar
pero tiemblan mis manos igual que aquella tarde.
Ahora cojo las tuyas,
siente cómo te amo,
cómo salvas mi miedo con tus gestos,
cómo tienes la vida sujeta entre los dedos.

Deja a un lado la carne,
has golpeado tanto tu rostro contra el agua
que la luz se ha quebrado.

No hay estrellas debajo del océano.

Abre los ojos,
es tan ciega la muerte que el temor te confunde.
Abre los ojos,
búscame ahora en medio de este océano,
voy a agarrarte fuerte con mis brazos,
siente cómo te aprieto,
busquemos nuestra orilla,
el mar no ha dibujado nuestros nombres,
es hoy, no somos el pasado,
es salado el sudor,
es la espuma del mar contra las rocas
este miedo en tus labios.

Nos espera la vida.

Fernando Valverde

Nervios.




Mi vida familiar es plácida, gratificante, plena de bendiciones. 


Mi vida social es entretenida, variada, amena. 


Mis amistades son selectas, de mi estilo.


Mi vida sexual es original, limpia, austera.


Casi siempre.



Solo a veces estoy nervioso.


sábado, 6 de julio de 2013

Sometimes I Feel Like A Woman.







Una confesión: soy una adicta a una voz, la de él en el contestador del teléfono, aunque ahora habla su enfermera. 


No sé que pensaría mi marido si lo supiera. 

De mi marido no sé casi nada excepto que no es poeta. 

No, no lo es, tiene otras muchas virtudes, bastantes, algunas, pero no es poeta. 

Por eso no me entiende lo que escribo, ni las películas que veo, ni los libros que leo, ni la música que escucho, ni sabe mirar los paisajes detrás y dentro de los paisajes. 

Pero me quiere, lo sé, bueno...creo.





viernes, 5 de julio de 2013

2€




Las calles están llenas de ojos, ojos que miran, ojos que no miran, caminamos entre ojos. Sobre los canales de Venecia vuelan pájaros de cristal y plumas metálicas, golondrinas mecánicas, gorriones que desafían a los turistas nórdicos, gaviotas de madera que ríen sobre los cadáveres de las góndolas.

Fue doloroso descubrir que él era una terapia, no un amante.

También cuando llegó a la conclusión de que lo que ella buscaba era un orgasmo, no un hombre a quién amar.

Hay siglos que no está uno para nada.



jueves, 4 de julio de 2013

Mr. President.


Muchos que filosofan mezclan palabras aceptadas irreflexivamente y forman así proposiciones de diversas maneras hasta que finalmente parezcan significar algo exquisito.  Pero no significan nada. (Don Quijote. Miguel de Cervantes Saavedra)




Al amanecer los monos aúllan en los manglares, quiero ser Presidente de los Estados Unidos de América.

Quiero que Bukowski revivido me vote, y Jean Louis Trintignant, nacionalizado, las buenas gentes de Ohio, de Missouri, de Carolina del Norte, nihilismo y emancipación, el viaje hasta la Casa Blanca como determinación, como se acaricia un sueño, una venganza, peregrino, transeúnte, poner mis zapatos sobre el borde de la mesa de nogal del despacho oval.

Sonidos de cucharillas de plata en platos de porcelana, tarta de arándanos, me corresponde aprender por correspondencia un inglés perfecto, decir yes mientras miento, asiento, sonrío, siento la ontología regional de la liquidez, un Presidente con un búho sobre el hombro del hombre más poderoso del Universo, con un teléfono rojo para, envuelto en barras y estrellas, hablar con Putin de lo nuestro.

Café, tostadas con mantequilla de cacahuete y mermelada de frambuesa, esa, en la juventud del día, mientras decido qué he de firmar, guerras expandiéndose de oriente a occidente, nubes de oro sobre la sangre ajena, diarios con salpicaduras de ojén, extractos de esferas de calor y los congresistas aplaudiéndome mientas viajo en tranvía.

Envejecer el lienzo sobre el que sueño, obtener pigmentos, disolver tinta china sobre tinta vieja, someter al horno la tela donde dibujo este proyecto, pegar pelos de castor canadiense de pinceles ajenos, manipular, elaborar mi candidatura, con un pájaro en la boca quiero ser Presidente (de los Estados Unidos de América), quiero una Lewinsky que saque lo mejor de mí.

Van Meegeren consiguiendo craquelados peculiares de cuadros de turbios anocheceres del siglo XVIII, ser el primero en la cola que hacen los valientes cuando mueren un dictador (Sanguinetti said), orgullo en las arterias, espejos inmóviles, escaleras de piedra y mimbre, balcones amarillos, votantes enajenados, damas de mediana edad con angustia vital, vitalicia, bajo una sábana luminosa quiero que Marilyn me susurre míster President, tener la facultad de pulsar un botón negro y mandar el mundo a picar billetes.

Aunque la lírica de está anábasis, organizada en oleadas salmódicas e iteraciones verbales, esté asaltada por elementos despoetizadores (crónicas y digresiones ensayísticas, cuando no ganga informativa), aunque la fluencia discursiva esté interrumpida por la intersección de planos parece concebida para ser escuchado en recitativos envolventes (*) quiero ser Presidente de los Estados Unidos de América.

(*) de una crítica de Ángel L. Prieto de Paula



Han van Meegeren
Henricus Antonius van Meegeren (10.10.1889 en DeventerOverijssel – 30.12.1947 en Ámsterdam), más conocido como Han van Meegeren fue un pintor y retratista neerlandés, y es considerado como uno de los más ingeniosos falsificadores de arte del siglo XX.1
Cuando era niño desarrolló un gran entusiasmo por los maravillosos colores usados por los pintores de la Edad de Oro neerlandesay más tarde se propuso llegar a ser un artista. Cuando los críticos de arte despreciaron su trabajo, Van Meegeren sintió que su carrera había sido destruida. Por lo tanto, decidió demostrar su talento a los críticos falsificando pinturas de algunos de los más famosos artistas del mundo, entre ellos Frans HalsPieter de HoochGerard ter Borch y Johannes Vermeer. Replicó tan bien los estilos y colores de los artistas copiados que los mejores expertos y críticos de arte de la época consideraron sus pinturas como genuinas y a algunas de exquisita factura. Su falsificación más exitosa fue Los discípulos de Emaús, creada en 1937 mientras vivía en el sur de Francia. Esta pintura fue aclamada por algunos de los más importantes expertos de arte como la mejor obra de Vermeer que habían visto.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los neerlandeses adinerados, esperando prevenir una venta total del arte neerlandés a Adolf Hitler y al Partido Nazi, compraron vorazmente las falsificaciones de Van Meeregen. Sin embargo, un "Vermeer" falsificado terminó en posesión del Mariscal del Reich Hermann Göring. Después de la guerra la falsificación en manos de Göring fue descubierta y Han van Meeregen fue arrestado el 29 de mayo de 1945 como colaborador de los nazis, porque pensaron que les había vendido propiedad cultural neerlandesa. Estos crímenes amenazaban con un largo tiempo en prisión así que el asustado Van Meeregen confesó su falsificación. El 12 de noviembre de 1947 fue condenado por falsificación y fraude y fue sentenciado a un año de prisión, los cuales nunca cumplió, porque antes de ser encarcelado sufrió un ataque cardíaco y murió el 30 de diciembre de 1947. Se estima que Van Meeregen engañó a vendedores por varios millones de dólares.

miércoles, 3 de julio de 2013

Erik Thor Sandberg

Elogio de la durmiente

Yacer despierto a tu lado
en el profundo cobijo de tu sueño.
Boca abajo, respiras
una canción de la tierra
que no recordarás al despertar.
Acompaso mi ser a esa canción.

Jorge Riechmann





Es curioso, en esos momentos de sensación de final de tanto di tres pasos hacia atrás y todo cambió. Saqué la nariz del ombligo -de ella- y lo vi todo diferente –se refiere a lo cotidiano-. Lo del bosque y los árboles. Encontré nuevos colores, matices, formas, lo que era un perro resultó ser un caballo y lo que una musaraña una telaraña. Quizás el desnudo -del alma- no era el preferido –de ella- y el otro desnudo -del cuerpo- era mejor. Durante un tiempo cada una de sus críticas a mis escritos era –además- un intento de castración y aunque salto con agilidad no está uno para exponer así sus atributos -sean atribuibles a virtudes o carencias- a las tijeras del censor -intenta poner censora, verás cómo te lo corrige Gates, Bill-. Resulta que ahora me leo y veo lo que no veía. Leo y parece Braille, puedo tocar cada palabra, palparla, entenderla, sentirla. Ciertamente escribía – escribe- desnudo y estaba -¿estás?-.muy expuesto a la herida.

Perspectiva.

Sí, es curioso que lo advierta ahora que no puedo hacer responsable de todo aquel dolor más que a mí mismo, siempre uno es responsable de lo que hace o no hace -aunque me consta que en alguna parte has oído otra versión-. No hago caso, escucho tantas historias que a veces me resulta difícil distinguir A de B, si eso verde de la cloaca es un cocodrilo, si los invitados se fueron a un cuartel o a un burdel o si la orquesta del miedo a la muerte dejará de tocar alguna vez –sí, cuando te mueres-.

Obras de Erik Thor Sandberg



martes, 2 de julio de 2013

De pérdidas y pisos y Alice.


"Escupidme encima cuando paséis
delante del lugar donde repose
enviándome un húmedo mensaje
de vida y de furia necesaria"

Lois Pereiro


Apenas entraba luz entre las persianas pero al cabo de unos minutos ya me había acostumbrado y pude verlo bien.

El piso estaba tal y como lo dejamos, el descolorido papel pintado en los dormitorios, la moqueta menos desgastada en el centro del salón, el azulejo rajado al lado de donde estuvo la lavadora. Quedaba una marca de los cuadros en la pared.

-¿Tienes para mucho?, me aburro- digo ella.

En una esquina de la cocina encontré un tenedor, lo miré, no era de los nuestros, lo dejé donde estaba.

Al pasar rozaba los pomos de las puertas, el pasador del cuarto de baño, el grifo del lavabo. Aquí estaba el armario de ropa blanca, aquí un aparador, aquí la mesa con la televisión, aquí el sofá amarillo.

Fue sencillo engañar al de la inmobiliaria. Me dejó las llaves. Cómo podía saber que esa fue mi casa durante siete años.

Me atreví a entrar al que fue nuestro cuarto. Aquí dormíamos, aquí nos amábamos, aquí discutimos tantas veces, la última vez.

-Desnúdate- le ordené con voz cansada.

Ella obedeció. Estaba delgada. Dejó su ropa plegada encima de las botas, muy ordenada.


Me solté el cinturón, me bajé el pantalón y de pie, la follé sobre el lugar donde estuvo nuestra cama, con rudeza, con urgencia.

-Gime- la apuré.

Ella gimió, fingió, me derramé, me subí el pantalón, le di su dinero, se vistió y le dije que se fuera, un correcto trabajo.

Apenas estuve unos minutos más. Recorrí el pasillo abajo y arriba, unos fantasmas oscuros me sujetaban por los tobillos, ecos de voces, tan reales. Me marché.

 
Al devolver las llaves al vendedor dije que lo pensaría, que el piso era pequeño, que éramos una familia grande.

Vagué por la ciudad de calles estrechas, la que fue mi ciudad, entonces. Sentado en el autobús de regreso evité pensar. El iPhone me llenaba de música y fuera el paisaje cambiaba rápido. No diría a Alice donde había estado. 
Después llegué  a casa, me metí a la cama y me dormí. 










lunes, 1 de julio de 2013

El aire hierve de insectos de verano.



El aire hierve de insectos de verano y aún así aquí estamos, tantos, escribiendo, compartiendo, en todas las lenguas, hablando sin parar, dejando emociones, ficciones, imaginación, soledad, ingenio, rutina, intentos de llegar a los otros, aprendiendo, leyendo, encontrando, a veces, esa palabra que nos tocará el alma.

Alguno, como la pareja de un jugador de póker, espera nuestra vuelta a casa para saber que esta noche también hemos perdido.

Otro, trepa hasta la mirilla para fisgar la intimidad, sea esta la que sea, la de quién sea. Quieren saber lo que está detrás de la voz, sin remilgos ni ocultamientos. ¿Quién eres?, te leo y me lo debes.

Aquel sabe que este medio proporciona los resortes suficientes para controlar nuestra espontaneidad, la de ellos, para comprobar que ante la intemperie del crudo papel blanco nos guarecemos sin medida y el suelo se llena de libélulas muertas.

Somos muchos, sí, pero aislados en nuestra propia mismidad, enroscados en nuestro ombligo.
Hay un proceso de identificación del yo con un nosotros amplio.
Los que escriben leen, los que leen escriben.
Hay un viaje a Éfeso, sin caballo, hay un descubrimiento de la tribu a la que perteneces, de la que constituyes solo una parte, secundaria.
Es absurdo un escritor sin lectores.

El verano es un momento para las concesiones.




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