Keigo Nakamura

lunes, 10 de noviembre de 2008

Los experimentos de la Unidad 731.

Toma mi mano.
Acaríciala con cuidado.
Está recién cortada.

(R. Gómez Jattin)


Como un arpón de músculos y olores se acerca el lunes, un miura de 495 kilos, negro entrepelado, marcado con el número 21, de nombre Islero aunque él no lo sabe, tampoco sabe que lo que ocurre aquí no ocurre, ni que USA votó una esperanza, quizás, pero cierro los ojos y huimos del otoño y de nosotros, cobarde retirada de los hielos, puerta cerrada a las tardes solitarias, nuevo atentado a militares en Afganistán, apenas un recuadro en la prensa, para Navidad alas de ceniza nos elevan, Valente reposando entre poemas rotos y en eso llega la Unidad 731 y sus científicos experimentos, disecciona hombres vivos, congela enemigos para saber cómo se muere así, con frío, por ingestión de cianuro, por veneno de serpientes, cuanto se resiste al botulismo, a la brucelosis, a la disentería, al ántrax, a la maldad de saber los límites del dolor, del miedo, bah, son solo chinos (dicen ellos) mientras emprendo una carrera de obstáculos y aprendo que no hay nada más dulce que unos labios de mujer (aventuras en la última fila del cine de verano), que el corazón se rompe sin remedio, sin cura (dolor en la rodillas del cabello), y después -hace tanto- que cuando ellas dicen “no” es para siempre (logaritmo preciso en mente ilusa), que el camino es largo y ni lo intuyo (hedor bajo la cama del ahogado), que aún no he empezado a conocerme, no consigo superar mi propio límite (corceles impetuosos ente nubes), así que, viajando, aprendí que una mujer andaluza es otra dimensión (Córdoba en rama), abrí la puerta de mi mismo (Elena me dio la llave) y entré dentro (frío saludo en el funeral) y Londres solo fue un pretexto, apenas un pueblo grande donde todo es posible (no sé si sus calles tienen falo) hasta que regresé y supe que el amor es cosa de dos (sangraba la roca en Sopelana), también que la capacidad de equivocación es infinita (esto aún lo estoy aprendiendo, voy en el capítulo 1601), atrás y adelante, eficaz máquina del tiempo con dos centavos (se inundó de luz la madrugada) y entonces recordé a María Goretti, a Fernando Quiñones, John Kennedy Toole, a Georges Perec, Borges sonríe y...

Y...

Y...

...varios años después...
descubro que soy un hombre afortunado.
Ingenuo, pero afortunado.


(En alguna parte, mientras escribo en este domingo luminoso y bello, se me ha ido el santo al cielo. Y nunca mejor dicho. Ahí sube con su corona y su sonrisa lela. No le disparen. O sí, les presto mi pistola)



domingo, 9 de noviembre de 2008

Carta de elogio a mi locura (del 1 al 6 y el 7).

Ihes ederra zilegi balitz
urra ahal baledi katea
ni ez nintzake onzti gabeko
itsasgizon ahalgea

(Xavier Lete)


Te quiero.

Continuación. O no. Esta carta me cuesta terminarla. Ofuscado en una idea, la he borrado varias veces. La primera parte, en negrita, es amplia, literaria, dolorosa, sincera, escrita lentamente, rebuscada entre sentimientos intensos, cuando la releo no puedo reconocerme. Y sin embargo. La segunda parte es fácil, tramposa, mal escrita, breve, a mi estilo, macerada en el invisible retiro de emociones, quiere manipular la verdad, la mentira, la realidad. Es un disfraz, un recurso barato, delirio de borracheras de vino blanco, peleón. Es una habitación interior con poeta dormido sobre una silla de montar colgada de un techo falso.

Aunque después de nuestra última (?) conversación telefónica, no sé si tiene sentido continuar dormido. Me despertaré en un paisaje diferente, real, lleno de zanahorias y ríos de estrellas, de espejos convexos, zorros sonrientes y personajes de dibujos animados. La luna roza los tejados y los gatos pardos viven en tu escalera, las vecinas murmuran y una tubería ha explotado llenando de gas púrpura las ramas del sauce. Operarios sombríos plantan linternas en tu jardín y los niños dibujan estructuras complejas de vigas maestras. De la plaza llega un sonido de música andaluza, de polen de estrellas y las golondrinas de Cádiz enloquecen antes de irse. Hay nuevas esquinas en las viejas esquinas y ya nadie espera a niñas de melena francesa y silencio. Los jóvenes son viejos y los niños son humo.

Soy un vagabundo de camisa amarilla debajo de un puente, con todo el equipaje al lado, mirlos que reverberan al cadencioso sol de marzo, un rayo íntimo surcando los intestinos, un banco vacío en una iglesia, arbustos cercando un cuadro del Sagrado Corazón -en vos confío-, una moral sujeta con alambres, besos en su boca ortopédica, paraíso del protésico, zancadas en el maizal y cuervos saliendo a la carrera. Hay que ver qué imágenes se le quedan a uno en el patio de atrás.
Es una obviedad que caminamos hacia un anciano con recuerdos intensos, un lento caminante que controla obras públicas y gorriones alborotadores de parques, una estructura fuera de normas, usos, vivo pero fuera, generación sepultada por generaciones, un verso dentro de un verso pasado de moda, si la hubiera, cero, nada menos nada.

Estanterías de frascos de farmacia. / Joyas vacías de brillo. / ¿Has sufrido hoy? / Superficies bruñidas. / Edificios con ventanas de hielo y caramelo. / Aún aquí, este es un proyecto literario / Tú no tienes ya cabida. / Los papeles están repartidos. / Sigue lejos.

Casas cerradas a la luz, nadie sabe que dentro se gesta un largo poema, una teoría estructurada, una historia limpia, una obviedad. Estatuas que cobran vida a las doce de la noche. Días que no terminan. Una lluvia de ojos que no ven, un torrente de ojos que vigilan, cortinas que ocultan ojos. Un solo ojo en un triángulo en el cielo.

Incierto amor bajo la higuera que seduce la mirada de los viejos, escuchando al chamariz, tanteando los sinsabores con un meñique en la cremallera que abre –o cierra- el infierno, tiempo rojo, tiempo de frambuesa ahora que sé que no sabré más de ti, que nunca, que es difícil vivir tan alejado del O, hombre obsecuente a la certeza, piedra de molino que tritura la última esperanza, la que convierte la palabra –esta- en un camino sagrado, en un muro que oculta la soledad, el dolor, la muerte. Escúchala, tócala, siéntela, es por ti.

¿Qué me dices de las sombras? Sombras caminando, sombras conversando bajo los balcones, sombras acechando. Han colgado una sotana de la antena de televisión, parece una bandera, lo es. Insectos melancólicos meriendan sobre el asfalto. Hay un incendio en ese brazo. Humo en pulmones oxidados y un amanecer en ese sobre que todavía no has abierto. Una espada bajo la cama. Un desierto sobre la almohada. Un grito que nadie escucha. Se acercan. Guardaré más botellas de vodka en mi maleta. La tormenta cerró una época, la clausuró, tenía que ser así, ¿te imaginas una tarde final, de despedida, sin rayos y truenos? ¡Qué tontería! Los finales deben ser espectaculares, con palabras que definan, que imposibiliten la vuelta, billete sin regreso, no pretendas abrir el mar, solo Moisés y un servidor de usted que acaricia la bola negra atada a su tobillo con una cadena de plata y canela, bailo sobre los recuerdos, me abrazo a esa nube de porcelana. Palabras, carta de elogio a mi locura de buscarte en lo imposible. Palabras que loan mi insistencia en los errores. Me equivoco y lo sé. Actúo mal y lo sabes. Esta maquinaria no tiene manivela de marcha atrás, ni botones con rótulos en inglés, ni tornillos oxidados, ni aquella posibilidad de punto de rocío sobre los depósitos de fueloil, donde ahora se levanta la chimenea, páramo inutilizado, almacén de errores urbanísticos, refugio de mirones y jubilados, de proxenetas, de perros que mean en las farolas.

El olor que flota sobre la hierba fresca, las alas de cera de un ángel zurdo, cada día que no te llamo es un triunfo, cada día que me duermo sin pensar en ti también, cada noche que no sueño con tu cuerpo abrazado al mío es una muesca que añado a esta pared desconchada que se mece con el viento de la ausencia y esta es una adicción igual a cualquier otra, el que bebe, consume, nieve, humo, tus amigas escondiéndote bajo los soportales de la plaza mayor, maldición de cabeza perdida en quimeras, de dedos ansiosos por tocar tus dedos, tu piel, tus glúteos duros, mi sexo que mira horizontes detrás de la niebla, como un periscopio excitado, inquieto, submarino de amores con cargas de profundidad estallando en lo más íntimo de esta sima insoportable. Cómo duele, joder, cómo duele, encerrado en una jaula junto a un tigre de tristeza que me mira, goloso, que mueve la punta de su cola y babea. Los guacamayos chillan en los nervios de mi ansiedad ramificándose por la espalda, el pecho, la raíz del miedo al sábado hundiéndose en la tierra a través de mis piernas, piel tatuada en penas, sortilegio de otros sábados, huida a través de aquella curiosa selva de besos. Tú ya no tienes labios, ni boca, se han borrado, todo en ti se borra, se difumina, se pierde ante el soplo de escaleras, metro, trabajo, metro, escaleras, ¿hay más?, ¿qué esperas?

A hombros de mis camaradas, la ciudad ardiendo detrás, huyendo por la antigua ruta del vigilante, su mirada de abismo, tú no me has visto nunca, viste al amante que acunó tu inexistente infancia, el intento del quizás, el aluminio y el ámbar, las arenas doradas de la playa que nunca pisamos juntos, el laberinto que tejimos, sin Minotauro, Ariadna traidora que quemaste el ovillo, aventaste mi Deseo después de quemar los sembrados, fuiste el tránsito, la luz que se consumía y encontró mi hambre, mi sed, mi necesidad de cielo.

Capítulo uno. Capítulo dos. Capítulo tres mil. Han vendido mi libro en una subasta. Un euro. Lo compré yo. Puedo decirte que es mentira. Lo he leído. Y me lo han dicho, muchos, alguno, alguien que sabe, que entiende, conozco a aquellos que entienden, de nada, de algo. No deben arriesgarse, señores y señoras, cuando se tiene lo que se tiene, uno no se baña vestido. Y si hace falta uno no se baña. O se baña, lo que diga el guión. ¿Quién dices que lo ha escrito? Iluso, infantil, irreverente, irresponsable, irrelevante, itinerante, ilusionándote, ígneo, impoluto, idiota, imposible, irreal, inseguro (¿seguro?), infierno, insensato, ir, insistir, iterar, impugnar, irrealizable, importante, ilógico, isla (de Izaro, claro), inquieto, impuesto por la aplastante realidad debo callarme para que mi voz se oiga. Y qué hacen estos estúpidos que tratan de atraparme, como si no supieran que corro más (+) que nadie, como si no supieran que puedo convertirme en una salamandra, en un habitante del fuego, en una voluta de humo que sale de esa chimenea y se pierde entre las rendijas del cielo azul y rojo y por qué insisten en perseguirme por los pasillos del manicomio de Mondragón. Al final me atrapan y sigo sentado en mi sillón. Cómodo, cambio de canal, me quito las gafas. No veo y resulta que todo era mentira, todavía no ha amanecido, además no hay infierno, eso, nos mintieron.

Puedes borrarlo todo excepto la primera frase, esa no la olvideS.

Si estuviera permitido huir
si fuera posible romper la cadena
no sería un navegante impotente
carente de barco

(Xavier Lete)


sábado, 8 de noviembre de 2008

Carta de elogio a mi locura. (6)

YAZGO

Chile es el nombre de mi padre
Piensa en él
¿qué ves?
¿me ves a mí?
¿te ves tú?
Piensa en tu lengua que es también mi lengua
muérdela
está llena de horrores ortográficos
está llena de precipicios y cuerpos
sagrados y heridos
anoche te oí decir que hoy seríamos un sueño
así lo oí
así será.

Héctor Hernández Montecinos

(Santiago, Chile, 1979)




El olor que flota sobre la hierba fresca, las alas de cera de un ángel zurdo, cada día que no te llamo es un triunfo, cada día que me duermo sin pensar en ti también, cada noche que no sueño con tu cuerpo abrazado al mío es una muesca que añado a esta pared desconchada que se mece con el viento de la ausencia y esta es una adicción igual a cualquier otra, el que bebe, consume, nieve, humo, tus amigas escondiéndote bajo los soportales de la plaza mayor, maldición de cabeza perdida en quimeras, de dedos ansiosos por tocar tus dedos, tu piel, tus glúteos duros, mi sexo que mira horizontes detrás de la niebla, como un periscopio excitado, inquieto, submarino de amores con cargas de profundidad estallando en lo más íntimo de esta sima insoportable. Cómo duele, joder, cómo duele, encerrado en una jaula junto a un tigre de tristeza que me mira, goloso, que mueve la punta de su cola y babea. Los guacamayos chillan en los nervios de mi ansiedad ramificándose por la espalda, el pecho, la raíz del miedo al sábado hundiéndose en la tierra a través de mis piernas, piel tatuada en penas, sortilegio de otros sábados, huida a través de aquella curiosa selva de besos. Tú ya no tienes labios, ni boca, se han borrado, todo en ti se borra, se difumina, se pierde ante el soplo de escaleras, metro, trabajo, metro, escaleras, ¿hay más?, ¿qué esperas?

A hombros de mis camaradas, la ciudad ardiendo detrás, huyendo por la antigua ruta del vigilante, su mirada de abismo, tú no me has visto nunca, viste al amante que acunó tu inexistente infancia, el intento del quizás, el aluminio y el ámbar, las arenas doradas de la playa que nunca pisamos juntos, el laberinto que tejimos, sin Minotauro, Ariadna traidora que quemaste el ovillo, aventaste mi Deseo después de quemar los sembrados, fuiste el tránsito, la luz que se consumía y encontró mi hambre, mi sed, mi necesidad de cielo.




viernes, 7 de noviembre de 2008

Carta de elogio a mi locura. (5)

Habla
Pero no separes el No del Sí.
Y da sentido a tu decir:
Dale sombras

(Paul Celan)


¿Qué me dices de las sombras? Sombras caminando, sombras conversando bajo los balcones, sombras acechando. Han colgado una sotana de la antena de televisión, parece una bandera, lo es. Insectos melancólicos meriendan sobre el asfalto. Hay un incendio en ese brazo. Humo en pulmones oxidados y un amanecer en ese sobre que todavía no has abierto. Una espada bajo la cama. Un desierto sobre la almohada. Un grito que nadie escucha. Se acercan. Guardaré más botellas de vodka en mi maleta. La tormenta cerró una época, la clausuró, tenía que ser así, ¿te imaginas una tarde final, de despedida, sin rayos y truenos? ¡Qué tontería! Los finales deben ser espectaculares, con palabras que definan, que imposibiliten la vuelta, billete sin regreso, no pretendas abrir el mar, solo Moisés y un servidor de usted que acaricia la bola negra atada a su tobillo con una cadena de plata y canela, bailo sobre los recuerdos, me abrazo a esa nube de porcelana.

Palabras, carta de elogio a mi locura de buscarte en lo imposible. Palabras que loan mi insistencia en los errores. Me equivoco y lo sé. Actúo mal y lo sabes. Esta maquinaria no tiene manivela de marcha atrás, ni botones con rótulos en inglés, ni tornillos oxidados, ni aquella posibilidad de punto de rocío sobre los depósitos de fueloil, donde ahora se levanta la chimenea, páramo inutilizado, almacén de errores urbanísticos, refugio de mirones y jubilados, de proxenetas, de perros que mean en las farolas.


jueves, 6 de noviembre de 2008

Carta de elogio a mi locura. (4)


Pero qué inútil canto
el que canta a la muerte
qué inútil canto el que previene
a los navegantes
más allá del silencio
entre barcos varados
en los mares de mármol
donde buscan su rumbo las aves sin suerte

(M. Vazquez Montalban)


Casas cerradas a la luz, nadie sabe que dentro se gesta un largo poema, una teoría estructurada, una historia limpia, una obviedad. Estatuas que cobran vida a las doce de la noche. Días que no terminan. Una lluvia de ojos que no ven, un torrente de ojos que vigilan, cortinas que ocultan ojos. Un solo ojo en un triángulo en el cielo.

Incierto amor bajo la higuera que seduce la mirada de los viejos, escuchando al chamariz, tanteando los sinsabores con un meñique en la cremallera que abre –o cierra- el infierno, tiempo rojo, tiempo de frambuesa ahora que sé que no sabré más de ti, que nunca, que es difícil vivir tan alejado del O, hombre obsecuente a la certeza, piedra de molino que tritura la última esperanza, la que convierte la palabra –esta- en un camino sagrado, en un muro que oculta la soledad, el dolor, la muerte. Escúchala, tócala, siéntela, es por ti.


miércoles, 5 de noviembre de 2008

Carta de elogio a mi locura. (3)

Por todo el mundo hay pequeñas habitaciones
Donde la gente copula, tozudamente
Contra toda razón

Ivan Malinowski
(1926-1989)

Soy un vagabundo de camisa amarilla debajo de un puente, con todo el equipaje al lado, mirlos que reverberan al cadencioso sol de noviembre, un rayo íntimo surcando los intestinos, un banco vacío en una iglesia, arbustos cercando un cuadro del Sagrado Corazón -en vos confío-, una moral sujeta con alambres, besos en su boca ortopédica, paraíso del protésico, zancadas en el maizal y cuervos saliendo a la carrera. Hay que ver qué imágenes se le quedan a uno en el patio de atrás.
Es una obviedad que caminamos hacia un anciano con recuerdos intensos, un lento caminante que controla obras públicas y gorriones alborotadores de parques, una estructura fuera de normas, usos, vivo pero fuera, generación sepultada por generaciones, un verso dentro de un verso pasado de moda, si la hubiera, cero, nada menos nada.


Estanterías de frascos de farmacia. / Joyas vacías de brillo. / ¿Has sufrido hoy? / Superficies bruñidas. / Edificios con ventanas de hielo y caramelo. / Aún aquí, este es un proyecto literario / Tú no tienes ya cabida. / Los papeles están repartidos. / Sigue lejos.

(sigue, claro)


martes, 4 de noviembre de 2008

Carta de elogio a mi locura. (1 y 2).

(Primera parte)

Te quiero.
(Segunda parte)

El drama de la vejez no consiste en ser viejo, sino en haber sido joven. (Oscar Wilde).

Continuación. O no. Esta carta me cuesta terminarla. Ofuscado en una idea, la he borrado varias veces. La primera parte no es amplia, no literaria, es dolorosa, sincera, escrita lentamente, rebuscada entre sentimientos intensos, cuando la releo no puedo reconocerme. Y sin embargo. La segunda parte es fácil, tramposa, mal escrita, breve, a mi estilo, macerada en el invisible retiro de emociones, quiere manipular la verdad, la mentira, la realidad. Es un disfraz, un recurso barato, delirio de borracheras de vino blanco, peleón. Es una habitación interior con poeta dormido sobre una silla de montar colgada del revés en un techo falso.


Aunque después de nuestra última (?) conversación telefónica, no sé si tiene sentido continuar dormido. Me despertaré en un paisaje diferente, real, lleno de zanahorias y ríos de estrellas, de espejos convexos, zorros sonrientes y personajes de dibujos animados. La luna roza los tejados y los gatos pardos viven en tu escalera, las vecinas murmuran y una tubería ha explotado llenando de gas púrpura las ramas del sauce. Operarios sombríos plantan linternas en tu jardín y los niños dibujan estructuras complejas de vigas maestras. De la plaza llega un sonido de música andaluza, de polen de estrellas y las golondrinas de Cádiz enloquecen antes de irse. Hay nuevas esquinas en las viejas esquinas y ya nadie espera a niñas de melena francesa y silencio. Los jóvenes son viejos y los niños son humo.

Va a la tercera


lunes, 3 de noviembre de 2008

Cariño mío.

La forma es una forma de manifestar el fondo

y el fondo es en el fondo una forma de ser.

(Roberto Loyas)



Cariño, el sábado cenaremos en casa de los Sánchez –dijo mi esposa desde el dormitorio.
Vale- respondí-.
¿Qué llevaré? -continuó- ¿Me pongo el traje rojo? Seguro que Ángeles estrena algo, menuda es... No, prefiero el azul con reborde blanco. O el verde. Pedro ¿tú qué crees? No sé...
Con todos estás perfecta, mi vida. –le dije- Eres la belleza.
Adulador –suspiró-. No creas, ¿se me nota que he engordado?
Estás divina, –zanjé- no les des vueltas.

Pensé que Luis Sánchez es uno de mis mejores amigos, que nos conocemos desde chavales, que juntos hemos pasado un buen trecho de nuestras vidas, que hemos compartido descubrimientos y placeres, penas, que nos hemos ayudado, apoyado, que hemos criado juntos a nuestro hijos, que hemos estado ahí, el uno junto al otro, tanto en los momentos buenos como en los malos.
Cuando hace dos años Carmen y él se divorciaron, vino a vivir a nuestra casa, aquí estuvo más de tres meses, me agradó poder estar a su lado en aquellos días tan duros.
Una decisión así es difícil de tomar y a pesar de tener el apoyo de su hermana y de sus padres, para Carmen también fue un momento grave.
El tiempo todo lo cura y ambos, cada uno a su manera, han rehecho sus vidas.
Ella se ha dedicado a sus dos hijos, estudia, alguna vez la hemos visto acompañada, nos saludamos, charlamos, conserva su sonrisa, su dulzura.
Él conoció a Ángeles y al poco tiempo se fueron a vivir juntos. Se complementan a la perfección, se les ve muy felices, acaramelados, se llenan de carantoñas. Ángeles tiene un hijo de ocho años que se lleva muy bien con los hijos de Luis.
Solemos juntarnos los cuatro y pasamos muy buenos ratos.

No se te ocurra contarle nada –dije por el teléfono-.
Pero no puedo engañarle así, Luis no se lo merece –contestó-.
Ocurrió hace demasiado tiempo, aún no le conocías –añadí- solo conseguirás que se disguste, que tengamos todos un problema. Recuerda que yo estaba casado y mi mujer no sabe nada de aquello nuestro.
No puedo soportarlo más. Cuando estamos los cuatro y me miras, cuando te miro. No sé fingir. Un día se dará cuenta –dijo-.
Escucha, Ángeles, lo nuestro fue muy hermoso pero es un tiempo de ayer. Éramos adultos y fue un flechazo, perfecto, nos amamos, nos disfrutamos y terminó, han pasado más de nueve años. ¿Qué quieres decirle? – y cambié el tono de mi voz- ¿Quieres contarle como follábamos? ¿Quieres decirle con detalle cómo nos veíamos en aquel ático tan frío en invierno? ¿Qué pretendes? ¿Quieres arruinar mi vida?
Tú siempre tan desprendido, tan generoso. Lo siento, Pedro, se lo diré, tú no significas ya nada en mi vida, pero él sí. Debo ser honesta con mi compromiso – seguía, mientras escuchaba lo que parecía un principio de lágrimas-, con lo que Luis me ha dado: tranquilidad, ilusión, respeto, ternura, paz, tantas cosas. Casi todo lo que tú no me quisiste dar. No me hagas hablar más, dejémoslo así, haré lo que diga mi conciencia.
Vale, pero solo conseguirás estropearlo todo. Eres idiota, Ángeles, vas a jodernos bien jodidos. Y colgué el teléfono.

El sábado tenemos cena en casa de los Sánchez.
Mi esposa llevará el traje rojo.


Consulta: Si fueras Ángeles, tú ¿Qué harías? ¿Se lo contarías?


domingo, 2 de noviembre de 2008

Respuesta sin pregunta.

...Tu cara de ahora. Tu cara contando cosas calladas durante años.
Y lo has hecho tan fácil, fluido y sencillo...

Pues sí. Y etcétera. Esas cosas del sí pero no. Lo decía Pirandello “Yo soy él que fue MatíasPascal”. Evidentemente tú no eres la que eras. O quizás yo no soy Matías Pascal. Sé que hay contradicciones entre alegrarme tú a mí y contagiarte yo a ti un vago desasosiego. Que no, que resistir con red es menos resistente, que en las barricadas el sonido de los tambores es más real, incluso se oye. No solo estoy triste, también aburrido, y eso es peor, la desgana, el ya no, el a mí que me cuenta, es decir el pedir un abrazo y que te den una coliflor, cuestión de sensibilidad, posiblemente de falta de tiempo, ya el matiz es lo de menos, lo más es el abismo, la negrura, lo imposible, que no son los años que es el frío, la frialdad de dos figuras mirando cada una para un lado, ensimismadas en su sombra, en atribuir al otro nuestras carencias o nuestros deseos o así lo siento aunque siento tantas cosas que me falta pecho para contenerlas, que no me escribo, que te escribo una y otra vez aunque no me leas como yo quisiera que me leyeras pero ya sabes que llueve donde llueve y a veces a destiempo, inundaciones en el sur de Argelia, las cosas no son como eran, seguimos, sigamos, aún como autistas, esas cuatro paredes, Tú, tu vida, lo que eres, yo sin saber quién soy, si aquel Matías o este Pedro que duda y se confunde, que resiste tanta emoción ya no sé cómo, que se rompe cada día y disimula, que es tan débil pero no es eso, quién lo diría, que levanto la barbilla y corro, nado, subo al monte o me arrodillo, yo no resisto, yo vivo, estoy vivo y habitado por todos los colores, que te hablo con el alma, ha subido el pan, ayer la leche, hay confusión en los mercados, las lechugas son verdes, el mar azul y el cielo que a veces se ve de tu ventana también, han muerto ya las mariposas y no te creas todo lo que sabes, no dudes, hay un agujero en la duda, hay un nido de golondrina en el alero, hay el eco del ladrido de un perro que desapareció en septiembre, hay la certeza de que hasta aquí no has llegado, linda, cuestión de, ay, señor, señor. Besos.



sábado, 1 de noviembre de 2008

Recuento bajo el vértigo del alfeizar.

Se puede actuar en campos muy variados, pero lo que emparenta el arte, lo que tienen en común todas las artes, es que están obligadas a presentar dos componentes que no pueden faltar: la poesía - es necesario que exista algo de poesía-, y una dosis de construcción; si no, no hay arte. ( Eduardo Chillida).

Para Juana.

Es un rito soltar mariposas de papel escritas por las dos caras y verlas volar desde los parques.
Sin florituras se encadenan las voces que cuentan los días y fijan el acontecer cotidiano. Absurdo, no ocurre nada. Este espacio acumula textos de aire. También olvido.

Comencé en un extremo del puente, iluso, esperando que alguien lo cruzara. Envié invitaciones invisibles en un incendio de palomas. No hubo respuesta, se perdieron en el aire. Seguí de guardia, noche a noche, barquero insomne, con el farol encendido aún en las más frías madrugadas. El zahorí se quedo solo, mirando correr el agua. Nunca volvió la alienista habitante del país Jacques, acumuló mutismo en la frontera hasta hacerla inexpugnable, tan alta que no hubo signo ni método que traspasara la alambrada.

Pobre hombre en la niebla, no sabía entonces que aquel préstamo de goce extremo traería después un tan elevado pago de intereses, usura cobrada en silenciosa distancia, frío fulcro trucado.

Me vacié los bolsillos del alma, quise pagar las deudas, aún en la quiebra, aún en mi pobreza de enamorado sin recursos; imposible, todas las ventanillas estaban cerradas.

Después enjuagué las lágrimas con pañuelos prestados y me dediqué a ser otro, insumiso, constante, tejiendo mentiras hasta convertirlas en verdades.
Aquí.

"Mi yo virtual tiene 129.000 amigos. El de verdad, ni 10"


Hay dos formas de conocer a Sofía: en persona o a través de Internet.
Es líder en España en contactos en MySpace, la gran red social de Internet
Hace dos años, esta hija de portuguesa y angoleño se creó un perfil en MySpace (myspace.com/sofia), la primera red social en triunfar a nivel mundial Hoy es la usuaria española con más contactos en su página personal, según datos de la propia MySpace. Estos días, la Sofía virtual tenía 129.000 "amigos", el equivalente a la población de Cádiz. Pero la cifra aumenta a diario. Un ejemplo: anoche Sofía cerró su ordenador a las tres de la mañana. Quince horas más tarde, al abrirlo, se ha encontrado con la solicitud de 183 desconocidos deseosos de engrosar su lista de conocidos.

-¿Y qué hay de los amigos de verdad?
-Supongo que es irónico, pero tengo muy pocos. Unos diez. Espera... Buf, no. Menos.



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