倪傳婧 Victo Ngai

miércoles, 4 de abril de 2007

Juicio Final.



Apenas faltaba una semana para el Juicio Final y los siete ángeles, insistentes y metódicos, trompeteaban sin cesar entre las nubes, avisándonos, alertándonos.
Las calles se llenaron de místicos barbados hablando sobre una espada aguda de dos filos, de alucinados con mantos raídos presumiendo entre candelabros de oro, de espontáneos predicadores de negras sotanas que exhortaban a los paseantes al arrepentimiento.
En las cimas de los montes cercanos, como siempre, los exaltados profetas rurales voceaban contra el trono de Satanás.
Noche y día, las puertas de las iglesias estaban abiertas de par en par. Los sorprendidos y nostálgicos párrocos apenas podían encauzar a tantos nuevos fieles atropellándose frente a los confesionarios, golpeándose el pecho con entusiasmo, con los ojos en blanco, tratando de aclarar sus conciencias oscuras.
También los alienistas hacían turnos para escuchar, meneando la cabeza, a pacientes sin paciencia, a pacíficos alterados, a niños viejos, a perversos polimorfos, a hombres y mujeres sin futuro, con pesados pasados.

Ante lo inminente de esta postrer circunstancia, decidí ordenar mis asuntos pendientes, una búsqueda estética, armonizar mis instintos, lo aún no satisfecho en amor y odio, a saber: acostarme con M y matar a FJ.
Y comencé a pensar en esa mujer que siempre me había rechazado, en imaginarla a mi merced, sumisa, dispuesta a satisfacerme, entregada y obediente, plegada a mi voz y a mis caricias, despeinada, un gesto lúbrico en su cara, sonidos incontrolados en su garganta, su cuerpo inclinado restregándose contra el mío, cobijándose en mí, llamándome, suplicándome que entrase en ella.
Después, sin transición, me veía frente al hombre aborrecible. Abría la puerta de su despacho y me acercaba musitando con rabia y ahora que, y ahora qué, mientras apartaba sillas y rodeaba la gran mesa. El pérfido se apoyaba contra la pared cubriéndose la cabeza con las manos, sin entender demasiado, sin poder llamar a nadie, secretarias ni ujieres. Y ahora qué, y ahora qué, mis brazos separados del cuerpo, amenazándole. Su miedo creciendo, su no entender todo aquello. Una bofetada en la cara, un revés, humillándole, mi puño con fuerza en su cabeza, en el pecho, en el cuello, y ahora qué, y ahora qué, y patadas, sus gritos cobardes, sobre la alfombra, golpes y golpes, sangre, los labios rotos, los dientes, sus lágrimas de pusilánime, y ahora qué, y ahora qué, golpearle sin cesar hasta matarle. Poco importaba, en poco tiempo resucitaría para rendir sus cuentas.

Así salí a las avenidas, incendios aquí y allá, humo negro, parejas abrazadas sobre el asfalto, ancianos mirando al cielo, junto a las farolas niños llorando, hombres con los brazos en cruz, mujeres arrodilladas, suicidas lanzándose desde lo alto de los rascacielos, cuervos posados en las rejas de los callejones, automóviles empotrados en los escaparates de tiendas desvalijadas, las alarmas de los bancos sonando. Y ahí arriba, delante de los tronos con los cuatro Vivientes llenos de ojos, los siete ángeles, impasibles, recostados en los nimbos, con sus trompetas, tocando y tocando a todas horas, aturdiéndonos.


Esquivando a mujeres con perfumes y cintas en el pelo, los brazos al viento de las últimas oportunidades, grité el nombre de M, inútil grito entre los gritos, absurdo sonido de nombre entre nombres. En el primer espejo me pregunté si valdría la pena invertir el escaso tiempo que restaba en esa búsqueda, en querer saciar mi cuerpo hambriento de hambre. Me perdí por las esquinas hasta que una música flotando en círculos, un aroma, me llevó, oh azar entre azares, frente a la casa donde antaño vivía M. Toqué el timbre, ¿estaría? Silencio, golpeé la puerta con los puños, ecos del pasado chirriaron con los goznes, frente a mí, M sonreía -has venido-. Deseo deshabitado. Un abrazo pero no. Retratos en la pared. Al reclinar sobre la cama su cuerpo tembloroso se me aparecieron, una al lado de otra, imaginarias camas, y en cada una de ellas las mujeres que amé, sus cuerpos quietos, desnudos, etéreos, casi transparentes. Equilibrio imposible, cerré los ojos y desaparecieron. Caricias huecas, sus manos sobre mi nuca ¿quién era ahora esta M? vi nuestro reflejo en el espejo del armario y apenas reconocí a aquel hombre impotente sobre ella ¿Yo también era tan mayor?¿qué habían sido de mis deseos? Besé su frente y me marché abrochándome los botones de la camisa, incapaz de amarla ya.

Entonces llegaron las plagas. Si ya era difícil transitar entre la confusión ciudadana, aquella lluvia de fuego, granizo y azufre lo hizo más complicado. El Apocalipsis lo anunciaba, sí, pero con aquel tremendo barullo no lo había recordado. Me arrimé a las paredes, caminé bajo las cornisas como un animal ciego y torpe, pesado. Naufragio colectivo. Desde un portal una mujer pelirroja me mostró sus generosos pechos. Copulé con ella de pie, sin delicadeza, susurrándole al oído obscenidades que no escuchó, perdida en sus gemidos, femenina como una golondrina, ansiosa, sus manos apoyadas en la pared, centrada en el vaivén de sus caderas. Me dijo adiós con la mano, esperando al siguiente amante. Satisfecha de momento mi necesidad de hembra, sentí que había llegado el momento: ahora debía matar a FJ con mis manos. Le buscaría en su oficina, estaba seguro que ni la caída de una estrella le hubiera apartado de su trabajo, los teléfonos sonando, sus asalariados temblando. Atravesé rápido el parque entre vagabundos como teas, palomas chamuscadas y árboles caídos. Nadie me impidió traspasar aquella recepción donde tantas veces rogué una entrevista, los despachos vacíos, los ordenadores apagados, silencio. Delante del brillante rótulo de director general vacilé un poco, es cierto, pero abrí la puerta con brusquedad, para animarme, para evitar la última duda. Y allí estaba, FJ, sobre la mesa, una máquina de escribir aplastándole la cabeza, el traje gris roto, un hilo rojo deslizándose entre los papeles, los brazos abiertos, le habían cortado el dedo índice de cada mano. Alguien había tenido el mismo impulso de venganza y se me había adelantado. Hice una bola con el último contrato rechazado, el que no me firmó, y con repugnancia se lo metí en su boca destrozada. Después abrí todos los grifos de los cuartos de baño, defequé sobre la alfombra y salí dando un portazo, contrariado. En el primer piso me crucé con un asustado Juan, el conserje; mi empujón le lanzó escaleras abajo, asqueroso chivato.

De lo alto caían escorpiones y langostas como ejércitos, aparecían señales en el cielo: una Mujer vestida del sol, el Dragón, la Bestia. Los ángeles soplaban cada vez más fuerte, enérgicos, desafinados. Apenas quedaba nadie para prestarles atención. Según los oráculos aún restaban dos días, quizás debía matar a M y enterrar a FJ, quizás sería conveniente buscar a aquel sacerdote benigno que en sus penitencias solo me obligaba a tres padrenuestros y dos avemarías, quizás mejor beber hasta olvidar el fracaso de mi último ajuste de cuentas.

De pronto se abrieron las nubes, callaron los trompeteros y un arcángel vestido con gran esplendor avisó con voz tronante que, de momento, se suspendía el Juicio Final, que lo sentían, que se había tratado de un error de Dios, que había alguna traducción falseada en el libro de Daniel, que no nos preocupásemos, que estaba todo asegurado, lo del milagro universal, que en pocos días todo sería como antes, que los ateos nos podíamos ir preparando, excusas, nadie nos podría quitar aquel tremendo susto.

Así que me fui a casa de M y todavía estamos en la cama enroscados como serpientes lujuriosas, amándonos sin cesar, buscando no solo el temblor sino otras puertas, abriéndolas, trémulos, sin saber a donde llevan, bajando donde el aire se estanca, donde huele a humedad y se apagan las velas, donde no habíamos estado y tengo en la nuca esa sensación de mis labios húmedos sobre su espalda y sus piernas, las manos oprimiendo sus caderas, mi ansiedad por besarle, por decirle, por bañarle los oídos con luces sucias que me arranco de muy dentro, que aún me sangran cuando las restriego por sus orejas de mujer que no conozco, que me bebe, que me oprime y me obliga, que me incita a llevarnos a lo oscuro, que me sube la cuerda, que me la enrosca por la garganta, que tira de ella sonriendo, su mirada turbia, justo antes de encender la luz y regresar al reloj, a las citas, a lo que es.

Cada día me cuesta más encontrar fantasías que exciten a S.







21 comments :

tomatita dijo...

Sin duda, un gran entretenimiento, el juicio final es lo que tiene..

Pero mientras, disfruta de Praga, de las vacaciones, del buen vivir.

Un beso enorme.

Rain en ZQ. dijo...

Como una Sherezade en versión masculina, alterna Pedro las fantasías.

Uno de los textos que más me gustan de Glup.

El solo nombre de Praga, atrae el misterio. Que la estadía/aventura por allá -sea o no una fantasía :) - esté colmada de maravillas.

Salute.

Anónimo dijo...

A Glup: después de una noche de insomnio, ahora caféconleche con "S", sí, de ¡¡¡Socorro!!!.

A Pedro: no hay derecho, nos dejas con el apocalìpsis y tu a Praga. ¿No está por allí la morada del Conde Drácula? (pues debiera).

Otra vez: sé feliz, pero sobre todo vuelve.

Besos.

Sandra Becerril dijo...

Ahhh Praga!!!! Me llevas?
El juicio final... no creo que sea una gran fantasía en poco tiempo, pero me gustó esta que leí aquí

besos

Valeria Elías dijo...

sin dudas, excelente... buen viaje... hasta la vuelta... :)

Mónica Sabbatiello dijo...

Lo veo redondo. Tiene tensión. Hay despliegue sensual, buenas descripciones, tiene principio, medio, final. Hay tema para pensar. Es un relato en todo el sentido de la palabra. Y encima, digas lo que digas, para ti no me cabe duda que es catártico, aunque no sé de qué manera. Las imàgenes que pusistes, preciosas, ésa última cena, buenísima.
Y la reflexión pendiente acerca de la no satisfacción de las venganzas, del macho forzando a la hembra...
y la imponente consecuencia de pasar por una experiencia extrema así, por eso "amándonos sin cesar, buscando no solo el temblor sino otras puertas, abriéndolas, trémulos, sin saber a donde llevan, bajando donde el aire se estanca, donde huele a humedad y se apagan las velas, donde no habíamos estado",
y por eso:
luces sucias que me arranco de muy dentro.

Me envicio con la crítica a los textos, espero que no importe.

ella dijo...

jejjej podías dejarnos con algo mas dulce, pero , me gusto tu relato.
Un abrazo

Loredana Braghetto dijo...

si hay lujuria,
ahí estoy yo.

Loredana Braghetto dijo...

ah!

praga,

te envidio.

azzura dijo...

Eres genial;) que disfrutes en Praga! yo tambien me voy pero mas cerquita..

Buen viaje!
besos

malditas musas dijo...

Como siempre, tus textos despliegan su sensualidad. Salpican miradas íntimas y reconocibles.
Además son muy buenas las imágenes.

Te dejo un saludo.
Musa Rella

Coblenza dijo...

Hay Pedro a Praga. Me siento ummm, menos hinchada, me ha cambiado hasta el mal humor. Qué suerte!
Disfruta ya nos contarás.
A glup: Has probado a cambiar de mujer?
(esto...no, si yo no he dicho nada, que conste).
Te beso. Muá.

M dijo...

Que suerte....Glup....De Praga, cautiva incluso el cementerio...y unas galerias de arte....y unos paseos por la juderia...

Y que envidia tan sana....


Repondras fuerzas, de esa que necesitas...


Un beso
Ofelia

M dijo...

Ese juicio final...no tiene pinta de apocaliptico...no veo a los jinetes ansiosos...

Anónimo dijo...

No había visto hasta hoy tu comentario en mi blog, gracias por opinar. Muy excitante lo que he leído y voy a seguir leyendo...
Disfruta de Praga...
Saludos

sergisonic dijo...

un buen juicio final, claro que sí. ¿por qué esperar otra cosa? disfrute de Praga, yo lo hice el último agosto.

saludos sónicos

Anónimo dijo...

Y después de leer con calma quiero decirte que me quito el sombrero, tienes un pedazo de blog, tanto letras como imagenes como música, todo buenísimo.
El artículo "influencias misantrópicas" es de lo mejor y más verdad que he leído en todo este año que llevo por aquí.
Te enlazo porque quiero seguirte.
Saludos

Anónimo dijo...

Vuelvo a leer el relato después del primer impacto donde coincidieron dos apocalípsis, el de tu página y el mio interior, pasajero, pero que juntos me produjeron una especie de asfixia momentánea. Primer logro literario.

Y ahora, centrada sólo en el "Juicio final", veo dos cuentos, dos relatos, dos elucubraciones.

1.- Hasta la fotografia de la última cena: un desparrame onírico sobre el despecho y la venganza expresado con esa estudiada frialdad que lo hace aún más potente, que convierte una fantasía en escritura. Un todo compacto.

2.- Al incluir la última frase, a mi entender, el relato se convierte en otra cosa, da un paso atrás, pierde crueldad y también sentido para darle el de una botella de esas que a Glup le encanta lanzar a las olas.

¿Hay olas también en Praga?

Anónimo dijo...

Regreso repuesto mientras tú aún andas por Praga. La última vez que estuve por allí me fui a ver el inefable amanecer desde el Puente de Carlos.
Leo tus últimas entradas y me detengo sobre ese breve tiempo de amor, odio, frustración y entrega de la última semana que precede al Juicio Final.
Y me ratifico en la creencia de que los finales mejor sin juicio.

Un abrazo

Peggy dijo...

te gustara praga ..ya nos cuentas :)

Pedro M. Martínez dijo...

tomatita, el juicio final, así es y así lo he contado.
He disfrutado de Praga y de las vacaciones. ¿Buen vivir?, la vida del turista es muy dura, no lo sabes bien. Un beso de la misma intensidad (como mínimo)

Rain (v.m.t.), pues mira, esta vez no es fantasía, este juicio es real, no lo he inventado (jajajajajajaja).
Praga...misterio...aventura...fantasía. No sé si sabré contarlo.

Magnolio Glup: la página. Pedro: yo mismo. Si algún día nos conocemos te lo demostraré.
Ya ves que he vuelto (agotado). Muchos besos.

Sandra Becerril, lástima, te leí cuando ya estaba allí, si lo sé antes nos vamos juntos. Para el próximo (viaje).
No creo que haya juicio final. O que lleguemos.
Besos, muchos.

Amada Inmortal, excelente ... el viaje... y la vuelta...gracias por todo.

Nina de Papuza, gracias por tu crítica. Te lo agradezco de verdad. También que te envicies leyéndome (aunque conozco vicios mejores). Besos.

Muxica ¿no te ha parecido dulce? Pues es un relato naif (te contaré otros más fuertes).Abrazos

Loredana, ya, pero descabezada.

Loredana, no me envidies por Praga (conozco lugares mucho mejores)

azzura, sabes qué ocurre, que cuando vuelves de un viaje tienes que decir que todo ha sido fabuloso (aunque te hayas aburrido como una ostra). Ir lejos o cerca no está en proporción directa por como te los pases. ¿A que te lo has pasado muy bien? ¿Ves? Pues mira yo también. Un beso.

Musa Rella con que reconocibles ¿eh? A que estabas tú dentro de esa historia y por eso la conoces. Saludos. Muchos.

Coblenza...sí, no resultó. Un beso.

Ofelia Lopez Pez, no es suerte, es necesidad. Ya veo que conoces Praga. Y sé que tu envidia es de esas simpáticas, como que no vendrías, como que lo dices por decir.(a estas alturas ya no sé muy bien que digo)
¿Fuerzas? He vuelto agotado, pero me quedan unas pocas pata tu beso..

Ofelia Lopez Pez, es un juicio final de juguete, verás cuando cuente el de verdad.

calma, estas lecturas no son buenas en épocas de recogimiento y contemplación. Espero que no te hayan causado daños irreparables en tu sensibilidad.
He disfrutado de Praga (más de volver). Saludos.

sergisonic ¿te gusto Praga? ¿disfrutaste? Yo he caminado mucho, he visto muchas cosas, he comido bien, he, etc. Sobre todo he regresado. Ay. Qué bien.
Saludos normalísimos (así con la mano)

calma, ahora que leo que me enlazas, me doy cuenta que sentía una opresión a la altura del estómago y no sabía definirla. Eras tú, enlazándome.
Muchas gracias por tu amable comentario.
Saludos.

Magnolio el Moldava está lleno de ondas, melancólicas, todo Praga es melancolía.
Mi relato es un deseo, sobre todo. Y un ajuste de cuentas. Cada personaje es real (dentro de la aparente ficción). No pude inventar nada, me salió solo, tenía demasiadas espinas clavadas (aún las tengo, también por eso escribo, claro).
Gracias, preciosa, besos.

Ybris, me alegro, sobre todo, que estés ya repuesto.
El Puente de Carlos es de gran belleza (y sin tantísimo personal encima, mejor)
Hay finales que son un principio.
Abrazos al regreso.

Peggy, has acertado, me ha gustado. Volveré a Roma.

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