lunes, 28 de julio de 2025

Torsión

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Leon Golub

Torsion, 1953



Miramos nuestro reflejo en los arroyos.

Esos somos, débiles, desanimados, vulnerables, necesitados de cariño, correr  es un pretexto para volcarnos en el abrazo, en ayudarnos. 

Nos conjuramos en la belleza inútil de la huida.

domingo, 27 de julio de 2025

No lo sabíamos

 

"Perseus" by Joseph Blanc, 1869


Caminamos con la piel blanca y un murmullo, fieles a la esperanza, pasamos junto a una fábrica que arde con nobleza, sentimos las pezuñas de un diablo, cerca, el ardid de sabernos prisioneros, rendidos, la carretera se ha roto, esto era el dolor. Y no lo sabíamos.

sábado, 26 de julio de 2025

La Grande Guerra



Uno de los más incorruptibles axiomas de la llamada ‹Commedia all’italiana› es el tono tragicómico de los títulos suscritos a este subgénero. Con la frescura del neorrealismo, remando en paralelo (pero también con una apariencia que recurre a la ligereza) esta etiqueta se enfrentó a la realidad de la posguerra describiendo una Italia socialmente golpeada y, por eso, con el esperanzador horizonte de una reconstrucción. La gran guerra se desmarcó quizás de sus coetáneas porque abandona el confort de la modernidad y nos remonta a la acción de la Primera Guerra Mundial. Con ella, Mario Monicelli no solo compuso una epopeya antibelicista digna de decoro y de medallas (merecedora del León de Oro en el Festival de Venecia y la nominación al Óscar a la Mejor película de habla no inglesa), sino que además puso a sus personajes en el ojo del huracán, en el epicentro narrativo, exaltando sus particularidades, sus tiernos vicios e imperfecciones, y alzando su humanidad más palpable y admirable.

«He dejado a mi madre para venir a ser soldado». Este verso inicial ofrece la abertura del relato y hace manifiesto el sacrificio humano que reclama una guerra, y que veremos plasmado en la película donde acompañamos al romano Oreste Jacobacci (Alberto Sordi) y al milanés Giovanni Busacca (Vittorio Gassman) en una historia de desastres que nos traslada a las escaramuzas en el río Piave, en 1916. En medio de la calamidad, pese a todo, florece la amistad entre estos dos, y también entre el resto de colegas de la compañía. Entre batalla y batalla, juntan fuerzas para reafirmar la química y calentarse con la solidaridad entre tanta muerte. La relación fraternal de los protagonistas deja lugar para reflexionar sobre la mirada naif de quien aún no ha visto el horror. Así rufianes, bribones y gamberros (pero sobre todo supervivientes y víctimas) se enfrentan al infierno desde la inocencia, como niños jugando a ser soldados. El problema es que por muy afables que sean los ojos que la miran, la contienda continúa siendo la máxima expresión de la devastación.

La gran guerra es también una película de intervalos. Nos muestra la vida en las trincheras, la misericordia luminosa de los seres que las habitan, los tiempos de espera, las bromas, los llantos y, cómo no, el dolor de quien extraña una vida que ha dejado atrás y que, aunque vuelva, ya nunca volverá a ser como antes. Con maestría y fidelidad, Monicelli filma la barbarie con una técnica aplastante: ‹travellings› portentosos y secuencias de asaltos genuinas que se acompañan de la épica de la música de Nino Rota. También deja diálogos que no se olvidan y escenas memorables, como la de la gallina; o pasajes donde sucede la magia y la ternura, como las del intento frustrado del romance con Constantina (Silvana Mangano). El director bebe y brinda con el dolor de los camaradas y se sirve de sus recurrencias para homenajear la bravura obligada de los que perecieron en contra de su voluntad. Cínico y asqueado escupe sobre los que perpetran la destrucción desde despachos y las tiendas de campaña, alejados de los campos donde yacen los cadáveres y el sufrimiento de los que se matan sin saber exactamente por qué. Los dos personajes principales acaban alcanzado sin querer una especie de expiación, de justicia, demostrando que la bondad supera a la habilidad y la experiencia en la carrera al heroísmo. La gran guerra abraza moralmente a los que cayeron en el lodo, lejos de su casa, pese a que quisieron continuar caminando. Como exclama Jacovacci: «La patria necesita obreros, no muertos».

Escrito por Agus Izquierdo

Excesos emocionales

 


En el borde del camino, no estamos vencidos, aun no. Cavamos las trincheras que nos protejan del exceso de emoción, de los ojos llorosos. Alguien recoge lirios. Una anciana se ha sentado debajo de una cruz de piedra. Un niño de pelo rizado mira las rejas y el barro, descubre una vaca y el miedo.

viernes, 25 de julio de 2025

Chuck Mangione, (DEP)

 


Chuck Mangione, virtuoso del fliscorno y el jazz, muere a los 84 años

Con su característico sombrero de fieltro, logró gran popularidad y 14 nominaciones a los Grammy, ganando el premio en dos ocasiones, al tiempo que escalaba las listas de Billboard en los años 70 y 


https://www.nytimes.com/es/2025/07/25/espanol/cultura/muere-chuck-mangione.html

Supervivencia.

 



Un fuerte chaparrón diluye el recuerdo de la infancia. El frío nos inmoviliza en un presente sin fisuras, sin motivos ni suspiros. Esto es  la supervivencia, vigilar los zarzales, evitar los bosques, las casas deshabitadas, los almiares.

jueves, 24 de julio de 2025

Burdeos

 

L


Caminamos con las mejillas enrojecidas. Burdeos es apenas una vaga referencia. Sabemos el punto de partida. Tememos que el regreso se retrase demasiado tiempo. Un eco lóbrego dice que no lo tenemos.

miércoles, 23 de julio de 2025

Me boicoteo.


Tokyo, Photo by Michael Rougier, 1964


Me boicoteo, no aprendo, me puede el ansia, subo/comparto aquí lo que escribo como única razón de permanencia y sin embargo se mueve, que  busco en mis ficheros de entonces y las músicas y músicos se ponen a cantar, los muertos y los vivos, un milagro, una competición, a ver quién desentierra mejor, con los dedos, con las uñas renegridas por el polvo del volcán, asombro del terreno baldío, del oh, de la indiferencia y el viento nos acariciaba,no salíamos del estupor cuando nos pedían el ticket para la siguiente pantalla ahí, con el game over rondándonos a cada suspiro, que los clanes son muy suyos, basta que te declares A para que los Z te apedreen, una lapidación soft, una mierda de heridas leves porque eso de la resurrección de la carne, la vida eterna, amén, no va con los del Sanedrín, solo cuenta la facturación, vendan, vendan, vendan, a este invento le falta una cerradura, agacharse con precaución y mirar para saber quién viene, qué ve, apología de la ceguera, conclusiones, envidia, comparación, qué se habrá/n creído, pues le pongo un cero de silencio y que le den que mis poemillas no tienen igual al sur del Misisipi, me refiero el río de las íes, con peces de fondo, un salvapantallas real, húmedo, que me da frío con este frío y nadie hablará de nosotros pasado mañana, como Unamuno, que  a la inmortalidad no se llega con el bachiller, hacen falta master de lucha libre, en el barro pero con educación, por favor, que le voy a dar una hostia en la cara si a usted le parece bien y te la da y te dice gracias enseñando un colmillo que brilla en esa oscuridad que se forma después que hay quién ya no sale, perdido en un desierto o algo así, como no se ve no se sabe dónde está uno, que no es lo mismo nadar en la piscina del barrio, del pueblo, lo conocido, tocar pared y volver que ahí en el proceloso mar con olas, ballenas, tiburones y esos peces tan graciosos que te hacen cosquillas en los dedos de los pies, otro negocio, temporal, hasta que un listo reinvente otro, un clásico, en eso del sexo también se han inventado sustituciones, algunas han triunfado por puro amor propio, o nadie quiere, o escolti, pagando, que puedo decirlo más claro, claro, pero como se entienda todo esto ya no tiene gracia y el gusto es mío, encantado, que “soy muy sincera, siempre digo mi verdad a la cara”, váyase a la mierda, sincera, métase su verdad por el culo. Y ya, hoy.

martes, 22 de julio de 2025

Escribir.



Cómo hacerse escritor. En primer lugar, hay que escribir, naturalmente. Luego, hay que seguir escribiendo. Incluso cuando no le interese a nadie, incluso cuando tenemos la impresión de que nunca interesará a nadie. Incluso cuando los manuscritos se acumulan en los cajones y los olvidamos para escribir otros.


Agota Kristof

Italia fuera de combate

 



Conozco a bastantes personas interesadas en la Historia y en las historias de la Segunda Guerra Mundial. Curiosamente hombres de cierta edad. Pertenezco a ese grupo. Por eso y por otras causas he leído los cuatro libros de Antonio Scurati dedicados a la figura de Mussolini. Apasionantes. En uno de ellos (creo, quizás en otro lugar) referenciaban “Italia fuera de combate ” de Ismael Herráiz (desconocido para mí). Lo busqué sin saber que estaba publicado en 1944. Lo ofrecían en varias direcciones de internet. En abril lo compré en librería Raimundo en Cádiz, 5 €, un sitio muy recomendable. 

Necesita un esfuerzo leer ahora la crónica de guerra de un corresponsal, falangista hasta la médula, admirador entusiasta de Mussolini y con un estilo florido, rico, muy de la época y sin embargo apasionante por contar desde el terreno episodios tan tristes y tan determinantes como fueron el final de la guerra para Italia. Este libro tuvo 20 ediciones en la España de 1944 y leído ahora permite entender mejor que, pasados tantos años, en esencia han cambiado pocas cosas y que la guerra es la tragedia que termina con todo. Muy interesante.




https://bibliotecaccoocyl.fundacionjesuspereda.es/cgi-bin/koha/opac-retrieve-file.pl?id=5c4b5d246b202014d83824e1e18fb25a    


https://es.wikipedia.org/wiki/Ismael_Herraiz


https://www.eldebate.com/cultura/libros/20231125/europa-oscuras-cronicas-ii-guerra-mundial-falangista-deplora-racismo-nazi_155704.html


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