domingo, 7 de noviembre de 2021

Viaje en otoño (1)

 


Otoño. La foto de un señor mayor hablando por teléfono en una playa. Instagram delator. Capítulo uno o no. No es necesario contar un viaje. El viaje es lo otro, son los otros. El amanecer entrando con ímpetu por un bosque de pinos, una cúpula en el vaho de un espejo. El toro de Tordesillas, los turistas se fijan más en sus testículos que en sus afilados cuernos. Juana la Loca, que te voy a contar (de momento nada, estúdialo tú). 1529, el tratado de. El amor era y es, no un milagro, yeah. Gastronomía. No sé qué se puede pescar en el Duero. No sé. No sé. No sé. Migraciones. Hay menos pájaros, dice la prensa, no he visto ninguno de esos con un collar de plumas rojas, de momento, miro y miro. Mañana más y, la verdad, te lo juro, oye, no sé hasta cuándo. Un viaje.  

sábado, 6 de noviembre de 2021

Gabriela Luzzi

 


Cómo convertirse en madre

Cuando te regalen muñecos para que los trates como si fueran tus hijos, tenerlos durante años y después, al perderlos, recordar con nitidez sus caras.

Cuanto salgas y por el camino juntes unas piedras, fabricarles cunas con sábanas y mantas.

Cuando estés por poner la mesa e imagines la disposición de los objetos, calcular el tamaño que podrían tener los utensilios de seres diminutos, si vivieran con vos.

Cuando cortes verduras o estés preparando cualquier otra comida, imaginar cómo serían las porciones adecuadas para alimentar a los seres diminutos.

Cuando pases por un pasillo y veas hojas llenas de tierra, bañarlas como si fueran un bebé.

Cuando viajes en colectivo con una embarazada que lleva además a sus dos hijas, ofrecerte a llevar a una de ellas para que no aplasten la panza de la madre. Llegar a destino con olor a pis y manchas de caramelos.

Cuando en un avión aceptes cuidar a una nena que viaja sola tocar el timbre para pedir servilletas, cada diez minutos, cada vez que la nena tira cucharadas de yogur sobre el asiento y recibir los retos de la azafata.

¿Sobre qué le podrías conversar a los seres diminutos?

Cuidar a tu abuela los fines de semana. La familia te avisa que la van a dejar sola. Darle de comer únicamente las cosas que ella comía de chica y que ahora no le dejan comer.

Cuando vayas al supermercado a buscar ofertas aprovechar el libro de Anne Geddes con fotos de bebés de todos los colores, que viene para mirar del derecho y del revés de manera infinita.

Cuando entres a la cocina y hayan dejado un plato con galletitas surtidas, elegir la que está rota.

Cuando guardes en tu casa la caja con la ropa de bebé que usó tu abuela, tu madre y vos misma, poner también la batita hecha en actividades plásticas y ombligos y dientes que no se sabe de dónde salieron.

Gabriela Luzzi

viernes, 5 de noviembre de 2021

Anne Carson


 XIII. ES UN MONOTIPO DE DEGAS EN EL CUAL SE VE UNA CABEZA DE MUJER VISTA DESDE ATRÁS TITULADO EL PENDIENTE AZABACHE

Información privilegiada.

Él la buscó. Él la buscó en todas partes. Por la desnudez

de su imaginación. En el dolor. En las trincheras. Como los venados destellan lejos en un bosque al final

del invierno.

Él supo que destruiría a los venados.

Él la buscó en su virginidad en toda ella (raída y fugada) de arriba abajo

en los pequeños telares y el verde blanquecino y el temblor.

Él la buscó en la cinta de su misal.

En el olor negro desteñido de su raso.

En la puntualidad.

Él la buscó en la palabra amante pero no estaba allí, él debería

haberse guarecido en ese umbral desde el comienzo pero ahora

ya era de noche.

Él hizo que la noche la buscara también.

Noche posible, noche imposible, estacas, hilos, hilándola a su propia

imitación de

él.

La mano de él barriendo una marca en su cara era la cara de ella.

Titubear,

oh titubear.

 

Anne Carson

 

LA BELLEZA DEL MARIDO / un ensayo narrativo en 29 tangos.

Traducción de Andreu Jaume.

Lumen.



 

jueves, 4 de noviembre de 2021

Joseph Brodsky

 


ODISEO A TELÉMACO

Querido Telémaco:
                            La guerra de Troya
ha terminado. Quién venció… no lo recuerdo.
Debieron de ser los griegos: abandonar tantos cadáveres
lejos de casa son capaces de hacerlo sólo los griegos…


Y sin embargo el camino de regreso a casa
ha resultado ser demasiado largo,
como si Poseidón, mientras nosotros allí
perdíamos el tiempo, hubiera dilatado el espacio.
Desconozco dónde me hallo,
lo que tengo ante mí. Una isla inmunda,
matojos, edificios, el gruñido de los cerdos,
un jardín lleno de maleza, cierta reina,
hierba y piedras… Querido Telémaco,
todas las islas son semejantes unas a otras
cuando vagas tan largo tiempo; hasta el seso
se confunde ya, al contar las olas,
el ojo, ahíto de horizonte, llora,
y la carne del agua atora el oído.
No recuerdo en qué terminó la guerra,
y cuántos años tendrás ahora, tampoco lo recuerdo.

Crece recio, querido Telémaco, crece.
Tan sólo los dioses saben si volveremos a vernos.
Tú tampoco eres ya ahora aquel niño
ante el cual yo domeñaba toros.
De no ser por Palamedes, viviríamos juntos.
Pero acaso estuviera en lo cierto él: sin mí
tú estarás libre de pasiones edípicas,
y tus sueños, querido Telémaco, inmaculados.

Joseph Brodsky

Parte de la oración, 1977.

Traducción de P. Gonzalo de Jesús.


https://prezi.com/csp_ftbwjadm/joseph-brodsky/?frame=4b0ccd4aa36dce267355dee2aad5b0f5fddb86ec



miércoles, 3 de noviembre de 2021

Muriel Rukeyser


 

Yo viví en el primer siglo de las guerras mundiales.

La mayor parte de las mañanas solía amanecer más o menos desquiciada,

los periódicos llegaban con sus historias negligentes,

las noticias salían a borbotones de diversos aparatos,

interrumpidas por conatos para vender productos a los invisibles.

Solía llamar a mis amigos por otros aparatos;

ellos estaban más o menos furiosos por razones similares.

Poco a poco me puse manos a la obra, pluma y papel,

hacía mis poemas para otros no vistos y nonatos.

Durante el día se me recordaban aquellos hombres y mujeres,

valientes, lanzando señales a través de inmensas distancias,

considerando un modo de vida anónimo, de valores casi inimaginables.

A medida que las luces se iban oscureciendo, a medida que las luces de la noche iban iluminándose,

intentábamos imaginarlos, intentábamos encontrarnos,

para construir la paz, para hacer el amor, para conciliar

vigilia y sueño, a nosotros con los demás,

a nosotros con nosotros mismos. Intentábamos, por cualquier medio,

alcanzar nuestros límites, ir más allá de nosotros mismos,

dejar ir los medios, despertar.

 

Yo viví en el primer siglo de estas guerras.

Muriel Rukeyser

 

La velocidad de la oscuridad, 1968.

Traducción de P. Gonzalo de Jesús.



martes, 2 de noviembre de 2021

Ugo Cornia

 


 "Es siempre al aire libre cuando se consigue no ser uno mismo; uno entra en casa y ya se es uno mismo, vuelves a salir y ya no se es uno mismo. Es en casa donde te asaltan los deseos; al aire libre uno mira y observa. Hay una influencia letal en las paredes."

 
Ugo Cornia

 Sobre la felicidad a ultranza


lunes, 1 de noviembre de 2021

Clara Janés.

 


Arcángel de sombra.

 

Desplegó una sábana azul

que abarcaba los ocho cielos

salpicados del oro de los astros

y me envolvió, y así mismo, en ella.

Y como el entero firmamento

me abrazó.

Y se adentró en mi vida

y en aquella noche

la deshojó hasta la ternura del alba.

Con el tacto del más leve pétalo

se dobló su cabeza en mi cuello,

sus bucles negros

emitían un aroma de abismo.

 

Clara Janés.


sábado, 30 de octubre de 2021

Joaquín Giannuzzi

 


Paisaje Urbano

 

Con mis piernas surcadas

por una especie de fracaso placentero

y una perspectiva de huesos lentos,

desde la ventana del bar contemplo esta furiosa esquina

donde los átomos se han enloquecido

y se cruzan interminables ríos de motores.

He aquí el mundo

componiendo una música tan excesivamente humana

que un accidente no modificaría la situación.

Yo bebo una cerveza y me pregunto

si valía la pena, si necesitábamos este tumulto,

si este vértigo de la materia triturada es digno de nuestra fe.

Me pregunto también

si está incubando un orden distinto, una desconocida naturaleza,

donde puedan instalarse los jardines

que giran prisioneros por mi cerebro irritado.

Joaquín Giannuzzi

(Buenos Aires, 1924),


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