jueves, 7 de junio de 2007

Mi tiempo.


No limpian las palabras,
Alumbran una isla en el lugar
del miedo y extienden una rama
al paso de los pájaros. Acogen
cuanto nace del hambre hacia las cosas
y mueren en silencio.
Pero su amor no limpia.

Como no limpia
el llanto el rastro
de estar vivo.

ADA, S. (La sed, Cáceres, 1965)



El tiempo todo lo enseña, lo malo es que para cuando aprendes, te mueres. En los próximos años estoy seguro que aprenderemos muchas cosas. Espero también olvidar algunas. Quisiera de aquí en adelante escribir muy claro, olvidarme de florituras de estilo y llamar al pan, pan y al vino, vino. Temo que se me va a entender todo y será más aburrido, saber duele. También espero que lo que escriba sea, como mínimo, mejor que estar callado. Porque los días pasan rápido y no están llenos de peripecias. Porque las noches también pasan y al despertar se me olvidan los sueños. Tampoco está uno para afrontar aventuras y contarlas después, te cansas tanto en los abordajes. Mucho menos para embarcarse en travesías por el desierto, demasiada arena, camellos silenciosos y pocos oasis. Pero, si un día cualquiera, paseando por la calle, me encuentro con una historia dormida, con un mendigo hablador o con un espejo de mercader, se empiezan a abrir ventanas, se expanden las horas y el horizonte salta todavía mas lejos, entonces contaré con palabras diferentes la misma historia, pintada, bruñida, cambiada por una mentira nueva. Aún así no morderé la manzana para que no me expulsen del paraíso. También se me ha ocurrido que puedo contar mi vida disfrazada. Aprovechando las sobras del atrezzo para fiestas, me calaré un gorro de bucanero, unos bigotes de Dalí, un parche sobre el ojo derecho, unas botas de siete leguas, una capa con la que embozar mi rostro y voilá ya está, las nuevas historias de las viejas mentiras, de una vida domesticada, de una búsqueda deslizándose como un arroyo después de una tormenta continua, de ojos abiertos al misterio de no saber, de querer saber, de saber que no hay nada, qué ahí detrás no hay nada, que nos mintieron, que solo hay un gran vacío, negro, un inmenso y terrorífico vacío abierto al balcón de otro vacío y así sucesivamente a través de los agujeros de todas las galaxias.




miércoles, 6 de junio de 2007

Juego de azahar



Ajeno a mis pensamientos
huiste a un casto silencio.

Hoy
que sedienta mi sangre te
busca
ni a golpes ni a ruegos
te insinúas

enajenado prosigues
riguroso y oprimido
y largamente oscuro
como pasillo de convento
desolado


ángel de dura delicia
apático orgasmo rebelde
erizado temblor
pólvora vulnerable

regresa a mí
y aniquílame

(Dina Posada.)


Este es un juego.
Cada texto tiende a la compañía de comentarios.
Ahora se trata de comentar no este texto sino los comentarios.

Estos, serán libres, como siempre.
Es decir, alguien realizará un primer comentario.
El segundo comentará al primero o a sí mismo.
El tercero al segundo o al primero.
El cuarto a cualquiera de los anteriores.
Y así sucesivamente.
Un juego de comentarios de comentarios.


El poema debe ser extraviado totalmente
en el centro del juego.

(C.D.A)





martes, 5 de junio de 2007

Cuento de un martes con lluvia.



La idea más gustada
se esconde
detrás de mis labios
para que tu lengua
le dé alcance
alzando la confusa sensación
de una alianza recién abierta

(Dina Posada).






En realidad lo que quiero es contar historias que distraigan, que llenen los ojos de colores brillantes, que hagan reír, que hagan olvidar a quién lee, quién y cómo las escribe. Cuentos sin protagonistas identificados, sin personajes identificables, de países lejanos, de sentimientos que no duelan, de paisajes sin nombre.

Escojo las palabras con cuidado, las selecciono como un espigador, trato de encontrar aquellas que lleven por calles inundadas de sol, por ríos deslizándose perezosamente en el atardecer, por búhos blancos volando dentro de un bosque en la noche de la mente.

Pero es inútil, solo sé escribir de lo que siento, de lo que me baila en el alma, de los fantasmas que no me dejan mirar a otro lado, de esa mirada, mirando.

Siempre termino contando el mismo cuento: la Bella Durmiente.

Y sé que no despertará.

Jamás.



lunes, 4 de junio de 2007

El estrabismo de Rembrandt.

La música. La música. La música es un instante. Pero la vida es larga. En ese momento, si es buena, si realmente te hace vibrar, estás unido a todo, a todo el mundo, a los cielos, a las estrellas y a todas las cosas vivientes. Pero la música no es besar. Besar es una cosa que quieres hacer. Y la música, una cosa que tienes que hacer, si la tienes que hacer. El problema es cuanto tiempo puedes seguir la música si no tienes a nadie a quién besar. Sabes, cariño, la música no sale del aire. Sale del hombre que la toca. (James Baldwin. The amen corner.)


Salgo de viaje con ángeles arando los cielos castellanos, buscando las horas oscuras del sol.
Burgos, las torres de su catedral en la distancia.
Segovia, el acueducto con la virgen artillera protegiendo la fealdad del paseo vocinglero.
Ávila, la muralla conteniendo un bostezo de siglos.
Madrid, el tumulto y Goya en el Prado.
Pero también el amor en una habitación imposible.
La palabra caminando por calles, teatros y paredes de museos con agujeros a otro mundo.
El contraste de ver colores diferentes con los mismos ojos.
El regreso entre árboles con brillantes hojas verdes, los olores, el sol voluptuoso declinando en armonía luminosa entre la lluvia.

Vuelvo de viaje y no hay ángeles, ella me acaricia la mano y la vida es una barca que cabecea en el puerto, pintada de azul, cargada de peces.

Y si esto es todo, no es tanto, o es nada.
Debo dejar de vivir y saltar a lo negro.
Me refiero a la escritura.


Sagrario: Parte interior del templo en que se reservan o se guardan las cosas sagradas, como las reliquias.

Reliquia: Residuo que queda de un todo./ Vestigio de cosas pasadas./ Dolor o achaque habitual que resulta de una enfermedad o accidente./ Organismo, población o grupo taxonómico que habiendo alcanzado gran difusión en otras épocas geológicas, ha persistido, con escasa representación y generalmente en un área limitada, hasta la época actual.

Taxonomía: Ciencia biológica que trata de la clasificación de los seres vivos. La taxonomía clásica aplicada a los organismos se basa en la morfología y organización interna.

Morfología: Parte de la gramática que estudia las palabras desde el punto de vista formal, sus relaciones con el significado, su caracterización como perteneciente a una categoría funcional, y los procesos de formación de nuevas palabras o formas de palabra.

Palabra: defínela tú (por favor).


Casi lo que quería decir.




domingo, 3 de junio de 2007

Antífrasis en Minneapolis (o así)


Imaginemos que´s el día después de ayer, o sea hoy, (tú lo leerás mañana, cuando te pierdas por aquí o cuando te parezca) y te enteras que “A algunos les gusta la poesía” o eso dice Wislawa Szymborska:

A algunos,
Es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Y te preguntas si a ti te gusta -venga, pregúntatelo- y resulta que dices sí, pero te miras pa´dentro y dices no, m`aburre. Vamos a ver ¿en qué quedamos? sí o no. Vale, entendido, sí. Ahora te hago yo la pregunta: ¿conoces a alguien a quién le hayan partido la cara? Piensa. Se trata de saber si a alguien de tus conocidos, amigo, vecino, un sobrino, a ti mismo, le han partido la cara. Qué ordinariez –pensarás-. Pero es importante, define un entorno social, una historia, una capacidad para contarla, un motivo de supervivencia, una aptitud para la lucha, incluso para la carrera -hoy he corrido, pero esa si que es otra historia-. Vale, no quieres hablar del cha-cha-cha del cosmonauta, ni de Gamoneda, de Valente, ni caminar por lo alto d´un tejado, allí donde confluyen las vertientes de la lluvia, no has leído las instrucciones, el manual, temes caerte y ¿sabes? estoy aburrido de escribir mequierelequieromequiero, stop, hoy Pessoa me dice al oído que cuando se pierde una fe se pierden todas y eso me ocurre, que los diskettes de 5 ¼ están obsoletos, y los de 3 y ½ , pronto lo estarán los CD`s, los DV`s, y cualquier otro soporte que inventen y entonces ¿dónde guardaremos estos poemas y textos que nadie lee? Puedo seguir así hasta el alba pero este es el blog de glup y tampoco hay que insistir en la pirueta excepto para dejar este:

En la interior bodega
de mi amado bebí, y cuando salía
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía
y el ganado perdí que antes seguía

(Canciones entre el alma y el Esposo * San Juan de la Cruz)





sábado, 2 de junio de 2007

Job, Gutenberg y el viernes de los recuerdos.

(Yahveh le dice, a Job)


¿Dónde estabas tu cuando fundaba yo la tierra?.
¿Quién fijó sus medidas?, ¿lo sabrías?,
¿quién tiró el cordel sobre ella?

¿Quién encerró el mar con doble puerta,
cuando del seno materno salía borbotando

cuando le tracé sus linderos
y coloqué puertas y cerrojos?
¡Llegarás hasta aquí, no más allá- le dije-
aquí se romperá el orgullo de tus olas!


(Para Marga)


Leo, releo y entiendo aunque no se iluminan los fondos de las galaxias más allá de estas conocidas. Escribiendo como astronautas que giran por la nada negra, absoluta. Escribiendo de lo humano ya que lo divino está un poco más lejos, unos años luz más lejos, en la siguiente galaxia, según se sube a mano izquierda - ¿es Dios de izquierdas?-.

Cuando lo de dentro –emociones, sensaciones, sensibilidades, estremecimientos- se superpone a los de fuera, es momento de, o cambiar a los de fuera o hacer más hincapié en lo de fuera, estimularlo, intensificar su disfrute, acariciar otro fuera (y algunos centímetros de dentro).

Hubo un tiempo en el que escribían los que sabían, y sabían pocos. Que muchos –casi todos monjes, frailes, esa gente- copiaban lo que escribían esos pocos. Que leían los que sabían, y casi nadie sabía. Que algunos que leían y otros que no, a lo largo de la historia de la humanidad (o Humanidad), destruían, quemaban lo que escribían y lo que copiaban otros. Que así, esa historia de la humanidad (o Humanidad) está reconstruida a partir de lo no quemado, de lo no destruido, es decir, poco, o parte. Que además, como la historia la escriben los que quedan, los que ganan, a los que les quedan dedos para sostener la pluma, la pluma y plata para tinta, no sabemos qué demonios de historia tenemos. Ay, cuantas historias con la historia.

Así iba la cosa y llegó Gutenberg y mandó a parar. La invención y divulgación de la imprenta y una gran producción de papel por reconversión de los cuantiosos excedentes de harapos sobrantes en Europa después de los millones de muertos por la Peste Negra, permitió la edición de libros y libros. La Biblia al alcance de todos. Todos eran pocos, pero más que los de antes. Puedo seguir con la evolución de las maneras de publicar lo escrito, pero esto es el blog glup, tampoco es cosa de estar aquí contando lo que a uno le han contado o ha leído, no vaya a ser que sea la versión de alguien que perdió y sea un resentido, o mienta, o haya confundido su verdad con la Verdad (la oficial) y me lleven a la hoguera.

En definitiva, queridos míos, que lo que quería decir es que leo, releo y entiendo que ahora mismo millones de ombligos estamos escribiendo sobre eso mismo: nuestro ombligo. Y no solo eso, que lo publicamos, sin Gutenberg, con Gates, que sin pudor descubrimos nuestros pulmones, próstatas, vellosidades varias, riñones, traumas vestidos de azul como muñecas alineadas en un escaparate que no se ruboriza, complejos de organdí, astronautas dentro de sus escafandras – glup, glup-escribiendo de lo humano ya que lo divino está aún más lejos, en la siguiente galaxia según se sube a mano izquierda - ¿habrá Dios?, y si lo hay, ¿cuántos hay?-.




viernes, 1 de junio de 2007

Decepciones.




Del lento movimiento de la nada en las manos
será la realidad,
la transparente oscuridad de tu apariencia.
(Carlos Aurtenetxe).


Aquella noche mi padre me dijo: “las hadas no existen”. Y me dolió, porque no tenía ningún derecho a entrar en mi fantasía; porque ya lo sabía; por que cuando me contaba cuentos veía en su mirada una línea amarilla de ironía; porque era demasiado bello para ser cierto: las hadas, alguien que te ayuda cuando todo está perdido. Nunca creí en ellas, incluso cuando las oía cantar en el bosque cercano.


Otra noche, lo recuerdo vivamente, estaba a punto de dormirme, él se acercó a mi cama y con voz grave me dijo: “tú no eres una princesa”. Y lloré, lo reconozco, porque sí lo soy; porque siempre me lo han dicho, desde niña; porque soy diferente, mejor, más guapa, otra; porque mi madre lo repite cada día. ¿Es que él no lo ve?. No creo que quisiera hacerme daño, quizás estaba enfadado, o cansado, quizás había trabajado demasiado aquel día, quizás se había quitado las gafas. Pero sí lo soy. ¡Qué tonto!.


A veces me sorprendía con adivinanzas, con extrañas prevenciones: “ten cuidado con los dragones”. Y yo debía imaginar a qué se refería. No sé por qué absurda manía no llamaba a las cosas por su nombre y se dejaba de circunloquios, de metáforas infantiles. Además era peor porque mi cabeza se llenaba de bellos dragones paseando por campos de lirios, de ágiles dragones rojos que me llevaban de la mano al baile del prado, de oscuros dragones con los que me escondía entre la arboleda.


Ayer me beso la frente y me dijo: “ nada existe, no sé quién soy”. Después me miró de una forma tan triste, tan triste, que tuve que abrazarle y aquí sigue, acurrucado entre mis brazos, tembloroso, pidiéndome que le diga que le quiero, que no voy a dejarle jamás.

Pobrecito mío.




jueves, 31 de mayo de 2007

Quando l´ uomo principale é una donna.



Enfurruñado como un niño al que le han quitado la pelota..
Serio como esa cara detrás de las rejas que guardan su alma.
Altivo como un escarabajo egipcio.

Borra lo que digo, olvida lo que dije,
recuerda los silencios y después,
después súbete al tranvía y viaja
de Atxuri al Sagrado Corazón
en quince minutos, o menos,
o más, o nunca
si he puesto mi cabeza sobre los raíles
y aquí no pasa ni dios,
aquí no pasa nadie si no te bajas del tranvía
y del burro y me dices que me tendrás guardado
en un rincón del recuerdo,
allí, sentado en una esquina de la casa del grito,
debajo de ese león de piedra que se come a un cordero,
serio como un crítico de teatro,
feliz de ocupar un lugar de tu alma,
alegre como un domingo de agosto en Roma,
esclavo como un esclavo de Alabama antes de saberlo,
geólogo en tus simas mas profundas,
con mi casco de farol apenas sujeto, con mi buzo azul y negro,
con mis botas de descender, mezcla de submarinista y astronauta,
con mis alas blancas preparadas por si hay milagro
y ascendemos,
que si llega el juicio final me pille con la túnica planchada,
con la aureola brillante, con mis besos alineados, numerados, trémulos,
esperándote con mi número de la charcutería - ¿el siete? -,
con el humor colgado del extremo de una caña de pescador aburrido y ciego,
sentado en el muelle donde no llega el mar,
por ejemplo el de Azov.
¿Volverás?
¿Te has ido ya?
¿Debo afilar mi espada de paciencia?
¿Me matarás de distancia?
o
¿Me voy matando yo?
Y
mientras miro el vuelo de los pájaros blancos de la noche,
te beso
tanto,
tanto,
tanto,
que este poema es pornografía pura y vienen a detenerme.
Escucho sirenas, no sé si de la policía o del frenopático.
También escucho las sirenas de Ulises.
Adiós, las prefiero a ellas.


Pesada, seria, fea, muda, manca, ausente, mi amor.





miércoles, 30 de mayo de 2007

Roca Tarpeia.



Con suaves movimientos borra el cuerpo desnudo en la fotografía photoshop que le acuna en la pantalla desde hace años.
Se pregunta si aún tendrá esos tersos glúteos.


Escribir
como quién cuenta los pasos que da
por no oír el silencio (1)


Encontrarse en el metro es tan Cortázar, tan dulce ese abrazo entre la gente, anónimas miradas en los andenes.
Y su cara...el mechón blanco de su pelo...los ojos.

Escribo
para que el agua envenenada
pueda beberse. (2)


La luna sigue ahí y los perfumes suben en hilos desde el gozoso contacto de los dedos.
Dentro, un oscuro animal le roe las mentiras y el hígado.
Desde el borde de la roca Tarpeia el hombre mira los astros quietos, los lastimados recuerdos de aquel niño, los días que vienen.
Roma espera sentada en el viernes.

Escribes para ella. (3)

Hoy es.
Quisiera convertirme en Endimión, dormir, ajeno.

(Ya, hoy tampoco me entiendo, está tan claro)


( 1-2 Chantal Maillard)

(3 J.)


martes, 29 de mayo de 2007

No es cierto


No es cierto, dicen que bebo por ella, no les crean, apenas bebo. Cuando lo hago es por compromiso, pero apenas bebo. Y está mi trabajo, los clientes, las comidas de negocios. Pero no por ella.

Cierto que a veces me sienta mal, por el estómago, que lo tengo delicado. O puede ser por el tabaco, no me viene bien fumar en ayunas. Por eso tomo algo a las mañanas, para pasar el humo mientras pienso. Aunque apenas la recuerdo, se lo juro, apenas pienso ya en ella.

Es posible que algún día tome, como todos, cuando me siento solo, o triste, cuando ese gato me agarra las tripas. Lógico, de ahí sonrío, hago bromas, mis amigos dicen que soy gracioso, soy un líder con mis amigos; siempre me llaman, me invitan, les gusta mi carácter, mi ánimo en las reuniones, nunca me dejan solo, me acompañan de vuelta si algún día me tiemblan las piernas. Estoy fuerte, siempre he practicado deporte, mis piernas son de corredor de fondo. A veces no me soportan, es verdad, por el frío, las noches esperando bajo su ventana, la de ella. Que absurdo ¿no? Algunas noches me quedo frente a su casa, mirándola. No la llamo, no, ni siquiera la imagino, solo me quedo ahí, parado, mirando su ventana sin luz. No es tan extraño, ahí fui feliz, pero apenas pienso en ella, créanme.

No puedo ir explicándolo uno por uno pero les aseguro que no bebo, no, aunque hable de esta manera que no me entienden. Por eso lo escribo, para que quede claro, para que si algún día les dicen que me han visto dando tumbos sepan que es por eso de las piernas, lo del frío.

También lo de la violencia, no, no soy violento. Cierto que alguna vez me encaro con alguno, no lo niego. Es por la educación, no soporto la mala educación, no me gusta que me hablen con sonrisas. Qué se creen, qué saben ellos, no tiene ni idea quién he sido. Por eso me encaro, me defiendo más bien. Procuro no llegar a los puñetazos, ya no tengo aquellos brazos bravos. Es por envidia, por eso no me dejan entrar en algunos bares.

Los médicos no lo comprenden, no tiene ninguna relación el dolor en el centro del pecho con el dolor por ella, por su ausencia. A quién se le puede ocurrir semejante tontería, solo a un médico, no tienen ni idea, son dolores diferentes. Lo he explicado tantas veces. Uno es un dolor físico, me duele el cuerpo, el corazón, me pesa la osamenta, me arden las venas, me duele la garganta, me duele. El otro dolor es del alma –qué sabrán ellos- me duele el alma, como si tuviera dentro un hombre vestido de negro, mirándome, tanteándome lo que soy, juzgándome, preguntándome, lacerándome, llenándome de espejos oscuros, no veo nada, todo está negro, pero él ahí, ese hombre que me hiere, cada segundo, que me araña los hilos del sentimiento, que no me deja dormir, que no me deja vivir. Por eso a veces tomo una copa, solo una, me ayuda a olvidar a ese hombre. Y a ella, cuando bebo no me acuerdo de ella. Miento, también me acuerdo de ella, pero solo a partir de la siguiente copa. Entonces también recuerdo cuando era niño. Y a mi madre. Es posible que tome más, no mucho más, apenas otra, ahí todavía me doy cuenta de todo. Es cuando me quedo parado bajo la casa de ella. No grito, nunca grito, soy una persona correcta, por eso me enfado cuando me dicen algo, por eso me defiendo. Qué saben. Ella nunca sale, nunca se asoma a la ventana.

Hoy no me encuentro bien, la cabeza, he dormido poco. Tomé café después de la cena y me desvelé. El golpe de la cara es una caída, al médico no le gustará, tengo cita a las once. No voy a llamarla más por teléfono, lo prometo ¿Para qué? nunca descuelga el auricular. Una y otra vez me consuelo con esa voz grabada que dice que no está en casa, que deje el recado. Qué recado voy a dejar si tantas veces le he jurado que no bebo, que mi trabajo me obliga a estar con mucha gente, que todavía la quiero, que la quiero, que me deje volver, que me perdone, que no quise pegarla, que me perdone. Pero ella nunca contesta.

Solo esta y ya, ni una más, lo juro.






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