Thomas Cowperthwait Eakins (1844–1916),

Portrait of Dr. Samuel D. Gross (The Gross Clinic), 1875.

miércoles, 15 de julio de 2026

Dylan Thomas



'Muertes y entradas' 

 

Casi en la incendiaria víspera 

    de varias muertes cercanas,

cuando lo menos uno de tus más amados

    y conocidos de siempre tenga que abandonar  

los leones y las llamas de su aliento aéreo,

    de tus amigos inmortales

quién levantará los órganos del escrutado polvo

    para emitir y cantar tu alabanza,

aquel que llamó de lo más hondo guardará silencio,

    uno que no puede ahogar o interrumpir

    eternamente ante su herida

en el enajenante dolor de tantos casados de Londres.

 

Casi en la incendiaria víspera 

    cuando ante tus labios y tus teclas,

que se cierran, que se abren, se tambaleen las extrañas víctimas,

    aquella que es la más desconocida,

tu vecina estrella polar, sol de otra calle,

    caerá en picado hasta las lágrimas.

Lavará su sangre derramada en el mar viril

    que holló por tus muertos

y tejerá su globo con tu hilo de agua

    y llenará la garganta de los proyectiles

    con todos los gritos desde que la luz

por primera vez destellara en sus ojos tronantes.

 

Casi en la incendiaria víspera 

    de muertes y de entradas,

cuando cercanas y extrañas víctimas en las oleadas de Londres

    hayan buscado tu tumba solitaria,

un enemigo, de muchos, que bien sabe

    que tu corazón es luminoso

en la vigilada oscuridad, temblando en cerraduras y cuevas,

    atraerá los relámpagos

para apagar el sol, caer, montar tus teclas oscurecidas

    y alejar solamente a los jinetes chamuscados,

hasta que ese al que menos amaste

    aceche al último Sansón de tu zodiaco.

 

  (trad. Andrés Catalán)

 

 

'Vemos levantarse el viento secreto tras el cerebro,' 


Vemos levantarse el viento secreto tras el cerebro,

la esfinge de luz posarse en los ojos,

el código de los astros traducirse en el cielo.

Una noche secreta desciende entre

el cráneo, las células, las plegables orejas

sosteniendo eternamente la luna muerta.

 

Un grito sube al cielo como un cohete,

calamidad del populacho de los ciegos

decoradores de la frente de la ciudad,

doradores de calles, las manos del populacho

aplauden a la atareada hermandad

de la vara y la rueda que resucita a los muertos.

 

Una deidad urbana, movida por turbinas, esculpida de acero,

relumbra en las calles eléctricas;

un salvador urbano, en el huerto

de farolas y frutas de altos voltios,

pronuncia un evangelio de acero a los desgraciados

que hacen girar las ruedas y fijan los tornillos.

 

Oímos levantarse el viento secreto tras el cerebro,

la voz secreta nos grita en los oídos,

el evangelio urbano clama al cielo.

Sobre la deidad eléctrica crece

un Dios, más poderoso que el sol.

Las ciudades no nos robaron los ojos.

 

(Trad. de Andrés Catalán


Dylan Thomas



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