sábado, 10 de diciembre de 2016

Problema con los espejos



Hay un problema con los espejos, solo se ve el reflejo de lo que está delante. Te mueves un poco hacia la derecha y ya no te ves, o solo te ves una oreja, parte. No se ve lo de dentro, lo de detrás, lo interno, lo de la frente, del corazón, las intenciones, las emociones, las sensaciones, las frustraciones, las fluctuaciones de hoy arriba, mañana abajo, las circunvalaciones de aurículas y ventrículos, lo del impulso, que se te para el motor y adiós problemas, se los dejas a los que quedan. Ocurre que si no sabemos si vamos a llegar al sábado no sé para qué nos preocupamos de qué haremos el domingo. Ocurre que si no sabemos cómo somos nosotros mismos no podemos saber cómo son los demás. Ocurre que no tengo ni idea de nada, no, pues eso, por comentarlo. 

viernes, 9 de diciembre de 2016

Un universo en el ombligo



Somos tantos los humanos que es difícil ser/hacer algo diferente a lo que otros hacen/han hecho. Ser original, novedoso, inventar, sorprender, incluso el esfuerzo de recordar todo lo que se ha olvidado está al alcance de pocos. Aún así ahí vamos, dentro de una ciudad que está en un país, en un continente, en un planeta, en una constelación que a su vez está dentro/cerca/lejísimos de otras constelaciones, el universo, amigo, y tu/mi ombligo es en sí mismo un universo, ya ves. 

jueves, 8 de diciembre de 2016

Karánsebes.

 

De Wikipedia

La Batalla de Karánsebes fue un curioso y trágico incidente que tuvo lugar durante la Guerra Ruso-Turca (1787-1792), en la tarde del 17 de septiembre de 1788, entre diferentes partes de un ejército austríaco que creía estar luchando contra tropas del Imperio Otomano.

El 17 de septiembre de 1788, hacía un año que había estallado la enésima guerra entre los imperios austríaco y otomano, y un ejército austríaco de 100.000 hombres se dirigía hacia la ciudad fronteriza de Karansebes (actual Rumanía) para acampar en vísperas de una invasión. La mayoría de las tropas austríacas las conformaban pueblos sometidos (italianos, serbios, croatas, húngaros, rumanos) y muy pocos de los soldados hablaban alemán, la lengua del emperador.

Los primeros en llegar fueron una vanguardia de húsares con la misión de explorar y limpiar el territorio de posibles enemigos, pero no encontraron un solo soldado turco. En su lugar apareció un grupo de gitanos que vendían aguardiente, así que los soldados les compraron unos cuantos barriles y empezaron a beber mientras llegaban los refuerzos.

Un tiempo después llegó un contingente de infantería, que solicitó su correspondiente trago de aguardiente. Sin embargo, los húsares (ya borrachos) se negaron a darles nada y construyeron barricadas en torno a los barriles de licor. Comenzó entonces una agria disputa entre los dos contingentes que culminó con un disparo al aire.

Entonces todo se desató. Los rumanos creyeron que el disparo lo había hecho un francotirador turco y comenzaron a gritar. "¡Turcii! ¡Turcii!", "¡Los turcos!". Los húsares salieron corriendo. Los infantes se desbandaron. En un intento por imponer orden, los oficiales austríacos entraron en escena y comenzaron a gritar "¡Halt!", "Alto". Sin embargo los soldados creyeron oír "¡Alá!", el grito de guerra de los otomanos, y el caos se multiplicó.

Coincidió entonces que llegaban otros grupos de tropas. Desde la distancia, un oficial de caballería vio a los húsares dando vueltas alrededor del campamento revuelto. No le cupo la menor duda, debía ser un ataque de la caballería turca. Así que ordenó una carga, sable en mano, contra lo que creía el enemigo.

Al mismo tiempo, la carga de caballería fue vista desde otro punto por un cuerpo de artillería. Creyendo sin duda que eran los turcos, los artilleros abrieron fuego contra los jinetes.

Ya enloquecidos, los soldados se dispersaron en pequeñas bandas que disparaban a todo lo que se movía, creyendo que los turcos estaban por todas partes. Así se sucedieron las horas de batalla hasta que en un momento dado todos decidieron que había llegado el momento de emprender la huida. Durante ésta el caballo del emperador se espantó y José II acabó en una poza.

Los turcos llegaron a Karansebes dos días después. Sobre el suelo yacían 9000 muertos.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

El pretexto del texto como aproximación a lo externo.

"Todo presente está determinado por aquéllas imágenes que le son sincrónicas: todo ahora es el ahora de una determinada cognoscibilidad. En él, la verdad está cargada de tiempo hasta estallar. (Un estallar que no es otra cosa que la muerte de la intención, y por tanto coincide con el nacimiento del auténtico tiempo histórico, el tiempo de la verdad)." Theodor W. Adorno 



Decía/digo que lo que aquí dejo es mi perro lazarillo, el que va primero en la reata de ciegos, ciego también el texto, tanto como el que lo escribió, tantear en la oscuridad de no saber si estamos solos o en compañía (1). Absurdo el yo me lo guiso yo me lo como, sin otros que se conviertan en Otros no se concibe el texto ni siquiera como pretexto. Vamos a dejarlo en tímida aproximación.

martes, 6 de diciembre de 2016

Sobre los pretextos.




El pretexto es dejar aquí cada día un texto pero usted sabe que eso no es cierto. O no del todo.

El texto que comparto es apenas un umbral, algo cifrado, lo que no, una frontera entre lo que pienso y lo que usted lee.

Algunas veces he dejado lo que siento, con disfraz, codificado pero descifrable con facilidad, se veía lo accesorio y lo que no. Nadie ha levantado una ceja, ni la mano, ni ha pasado su brazo sobre mis hombros de hombre herido.

Hay un principio, uno deja lo que quiere y alguien, quizás, lee lo que le parece oportuno. No hay mucho que decir, no hay misterios, no hay límites entre el mundo más allá de las montañas y este de alrededor, no hay una aduana donde te sellen el pasaporte, ni ríos, tampoco hay un parapeto con soldados emboscados, o sí. Estos son momentos de la vida cotidiana modificados para hacer de ellos una aventura, lo que no es. O sí.
   
El pretexto es compartir, del punto de desvío del hecho a lo dicho, buscando la sorpresa, la no repetición, citas, fragmentos, instantes, una mirada, una noche, el miedo, la furia, el estremecimiento, música, un mapa de una tierra imaginaria en el que se distingan calles conocidas, aquella plaza, la fuente, los pájaros no, esos volaron, tanto ha volado, despareció, no está excepto en lo que escribo ¿alguna vez estuvo?

Para terminar (es que se me ha ido el santo al cielo, no me concentro) la cuestión no es lo que digas sino cómo lo digas.

Estas cosas y otras las digo así (en este Glup 2.0 desde febrero del 2007)


lunes, 5 de diciembre de 2016

Berlín. Final triste

Pétalos en el umbral. Viajes de este a oeste. Por el norte. No perder el norte. No detenerse. Viajar, ver, aprender, contrastar, llenarse de paisaje, de mar, de cielo, de voces diferentes. Enamorarse. 



La imagen de soldados portando antorchas en llamas encima de rostros de mujeres refugiadas en un búnker, seleccionando a sus víctimas, es característica de la totalidad de los ejércitos soviéticos que participaron en la batalla de Berlín. (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)









domingo, 4 de diciembre de 2016

Berlín. Ursula von Kardorff /

Nada de lo que diga podrá ser utilizado en mi contra, un clavel entre los dientes, la luz disolviéndose en el patio, los sauces en silencio, esta lluvia de diciembre, un te quiero en el vaho sobre el espejo del cuarto de baño, escribiendo al azar para despertar en un sueño con jazmines, los ojos de Marie, mirándome, ay, si ella supiera.. 



El humor también se hizo eco de las imágenes grotescas, y en ocasiones casi surrealistas, de la época. La construcción antiaérea más extensa de Berlín era el búnker del Zoo, una fortaleza gigantesca de hormigón armado del período totalitario, dotada de baterías de cañones en el tejado y enormes refugios en su interior, en los que se hacinaban multitudes de berlineses al sonido de las sirenas. La periodista Ursula von Kardorff lo describió “como el decorado perfecto para la escena de la cárcel de Fidelio”. Mientras tanto, las parejas de enamorados se abrazaban en las escaleras de caracol de hormigón como si participaran en una “burda parodia de un baile de disfraces” (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)

sábado, 3 de diciembre de 2016

Berlín Hildegard Knef

Revisar la bonoloto los lunes, billete no premiado, no me imagino que pueda tocarle a alguien. Grrr./Este es un blog de arte y ensayo, lento, no ocurre nada, hablar por hablar, las frases cruzan frente al espectador en una cinta sin fin, un libro sin página uno, sin final, circular, un rollo de palabras entrelazadas. Apenas hay personajes, hay un Yo omnipresente que exagera, miente, inventa, disfraza la rutina, engaña, es capaz de contar su propio parto por un halago. Hay sentimiento, claro, el del lector. Hay una clara divergencia en el trayecto entre la voz y el ojo. Hay un bostezo con bigotes sentado en el quicio del aburrimiento. Yo/Tú/Él/0/Él/Tú/Yo/. 


En las calles en las que se había derrumbado la fachada de alguna casa podían verse aún los cuadros colgados en las paredes de lo que había sido un cuarto de estar o un dormitorio. La actriz Hildegard Knef tenía la mirada clavada en un piano que había quedado al descubierto entre los restos del suelo de una vivienda. Nadie podía alcanzarlo, y ella se preguntaba cuánto tardaría en caer al montículo de escombros que esperaba debajo. Las familias garabateaban mensajes en los edificios derribados para advertir al hijo que regresaba del frente que se encontraban bien y que habían ido a alojarse a otro lugar. El Partido Nazi hacía pública la siguiente advertencia: “Los saqueadores serán castigados con la pena de muerte”. (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Berlín Lothar Loewe

La melancolía es la conciencia del límite, saber hasta dónde puede llegar el ser humano. Nada tiene que ver con la depresión, con la angustia que oprime. Está lejos del desencanto, de la locura. Para Aristóteles la melancolía es un atributo del artista. La melancolía es un estado superior de consciencia. Estoy melancólico. Poesía.



After the radio again reports approaching aircraft people make for the air raid shelters. April, 1944.

 Los ataques aéreos —en los que se turnaban británicos, por la noche, y estadounidenses, durante el día— eran tan frecuentes que los berlineses empezaron a notar que pasaban más tiempo en sótanos y refugios subterráneos que en sus propios lechos. La falta de sueño contribuía a la extraña combinación de histeria reprimida y fatalismo. Cada vez era menor el número de personas que parecía preocuparse por que los denunciasen a la Gestapo por derrotismo, tal como indica el aluvión de chistes surgidos por esas fechas. Se decía que las omnipresentes iniciales LSR, de Luftschutzraum o “refugio antiaéreo”, significaban Lernt schnell Russisch: “Aprenda ruso enseguida”1. La mayoría de los berlineses había dejado de usar el Heil Hitler! para saludar. Cuando Lothar Loewe, miembro de las Juventudes Hitlerianas que había estado fuera de la ciudad, lo empleó al entrar en un comercio, todos se volvieron a mirarlo. Fue la última vez que pronunció esas palabras fuera de servicio. Loewe se encontró con que como saludo más frecuente se había impuesto el de Bleib übrig!: “¡Sobrevive!”2.  (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)

jueves, 1 de diciembre de 2016

Berlín. Women Clear Away Debris 1944

En una comida, el comensal que tengo a la derecha me cuenta su vida, casi completa, mili incluida, su matrimonio, su separación, sus hijos a los que ve cada quincena; la señora sentada a mi izquierda bebe cava y dos veces me ha rozado el muslo. Me aburre, solo el Ribera del Duero que trasiego con deleite me ayuda a soportarlo. Cada día me resultan más aburridas estas reuniones sociales. Hip.



Berlín. Women Clear Away Debris 1944

El estado de ánimo de los alemanes había cambiado hacía exactamente dos años. Poco antes de la Navidad de 1942 empezó a rumorearse que el 6º ejército del general Paulus había sido rodeado en el Volga por el Ejército Rojo. Al régimen nazi le resultó difícil admitir que la mayor formación de toda la Wehrmacht estaba condenada a ser aniquilada entre las ruinas de Stalingrado y en la helada estepa de los alrededores. Con el fin de preparar al país para las malas noticias, Joseph Goebbels, el Reichsminister de Propaganda e Información, había anunciado unas “Navidades alemanas”, lo que en términos nacionalsocialistas quería decir austeridad y determinación ideológica para sustituir a las velas, las guirnaldas y la Heilige Nacht (“Noche de paz”). En 1944, el tradicional ganso asado se había convertido en un recuerdo de otros tiempos. (Antony Beevor - Berlin, La Caida 1945)

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