jueves, 10 de noviembre de 2016

Aquí


Aquí (es decir, compartir). ¿Compartir lo que sobra? No. Compartir lo que es, lo íntimo, lo que hace gozar, sentir, crecer, preguntarse, lo que duele, lo de dentro, a veces de tan dentro que ni siquiera lo había visto nunca. Descubrir (os/me). Y ¿quién está ahí? Ni idea. Conozco a…bueno, a los/as que conozco, ellos/as lo saben. Pero ¿nos conocemos? Ay, qué será este juego detrás de un teclado, una pantalla con música de fondo, una rutina, un intercambio. ¿Compartir lo ajeno? Copiar y pegar. A veces me pego en el alma tanto sentimiento que ando llorando por las esquinas de mí mismo, por dentro, no por fuera, se me arrugaría el disfraz, la máscara, lo que se ve, ¿se ve? A veces me copio el bazo, lo coloreo y lo dejo aquí, despanzurrado, ya ves, no ves, no lo ves, ¿quién tiene tiempo para ver otra cosa que su ombligo? Mi ombligo, por cierto, es precioso, gigante, una obra de arte de partera, a veces encuentro en mi ombligo sorpresas, objetos sonoros, gritos, señores con paso apresurado, una puta con una afilada guadaña al hombro, una novia que tuve en otro siglo y que ahora tiene un cuerpo distinto, incluso una cara distinta, estoy por jurar que no es ella y vivo/muero con otra. Para colmo también está lo de los Otros. Aquí.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Trayecto



Es curioso este trayecto. Voy de aquí (el dedo índice se toca el pecho a la altura del corazón) hasta aquí (es decir, esto que escribo). Entre estos dos puntos hay puertas, cerradas. Abro algunas de ellas. ¿Qué hay dentro? También voy de aquí (el otro dedo índice toca un punto inconcreto en mitad de la frente) hasta aquí (es decir, estas cosas que escribí y que ahí están). ¿Alguien me puede asegurar si seguiré aquíVale. ¿Alguien me puede asegurar que seguirá viniendo aquí? Qué? ¿Alguien nos puede asegurar que este invento seguirá funcionando? Pues eso, no hay nada seguro pero en USA han elegido a Trump como presidente. 

martes, 8 de noviembre de 2016

Puntos de medias.



Se cogen puntos a las medias. Estaba escrito en un pequeño trozo de cartón sujeto al ventanuco de un hueco bajo la escalera del 12, al lado de la carbonería.

Dentro, una señora con gafas de gruesos cristales sentada en una  banqueta alta se afanaba sobre una labor en una media de nylon embutida en una especie de vaso invertido. A su espalda un calendario con un san Pancracio sonriente era junto a la banqueta y un mínimo tablero de madera donde estaba apoyada, el único mobiliario del exiguo habitáculo.

Cuando pasaba por delante del 12 me llamaba la atención su minucioso trabajo, sus manos moviéndose a gran velocidad en contraste con el cuerpo rígido.

Todo iba bien hasta que la descubrió Patxi.

Patxi era el hijo de un camionero del barrio de arriba. Un chaval delgado, nervioso, imprevisible, con una inusual capacidad para romper cristales, martirizar a gatos, pellizcar a las niñas y estar en todas las barrabasadas imaginables.

Alguna vez venía por nuestra calle, se arrimaba a la incipiente cuadrilla y nos llenaba la vida de riesgo, de carreras ante los municipales, de peligros dentro de una inocencia que perdíamos día a día.

Se cogen puntos a las medias, el petardo explotó justo debajo del cartel, el primero. El segundo lanzó al san Pancracio contra el techo. Patxi abrió la puerta y lanzó un cubo de agua sobre la cabeza de la señora al borde de un colapso por el susto. Todos corrimos.

Nadie había visto nada. Durante una semana estuvo cerrado el negocio de las medias, las señoras estuvieron con los puntos alborotados. Nosotros temblábamos cuando sonaba el timbre de casa temiendo que los guardias vinieran a buscarnos. Nuestras madres se sorprendían de vernos tanto tiempo en casa. Luego la vida siguió.

Patxi encauzó sus energías de diferentes maneras. Entró como bajista en un grupo que imitaba a los Beatles. Siguió rompiendo cristales. Se casó con su primera novia que tenía 16 años. Él tenía 18. Fue padre tres veces. Heredó el camión de su padre. Trabajó duro. Se compró un camión nuevo. Ahora ha engordado, tiene una flota de doce camiones y su nieto también rompe cristales.

La señora de las medias murió hace ya muchos años.

Yo soy un pan sin sal que cuenta cosas que pasaron en un tiempo en el que aún no había nacido. 



lunes, 7 de noviembre de 2016

Gesamtkunstwerk





Año 2016, lo que queda, año Gesamtkunstwerk de Beuys, es decir la obra de arte total, combinar la plena excitación de los sentidos, usted y yo, todos, artistas, sin distinciones, el arte y lo cotidiano unidos, el arte de lo cotidiano, vivir en/con arte, pensar, señoras y señores, para sentir, para ver más allá, para ver, leer para ver, la voz, la respuesta, los dedos elevándose lentamente como el vuelo de un ave, entornar los párpados, apoyar la cabeza y las manos en el suelo y levantar las piernas al cielo, sentir la sangre circulando, regando el cuero cabelludo, vigorizar las capas cerebrales, anudar el corazón a un noray y dejar que navegue el resto del cuerpo, alma volátil, brazos ondulando, cuerpo girando, derviches sin monotonía, cambio del pensamiento por medio del tú me das yo te doy, técnicas sencillas, abrazos, disolver la soledad en ácido prúsico, colorear papeles y contornos, trazar líneas desde y hasta, dar forma al no, dibujar el mundo y todos sus moradores, humanos, animales, vegetales, espíritu de quién sabe qué dios encogido entre la superstición y el miedo, la muerte danzando es un espectáculo ajeno, nosotros bailando no, ni dando volatines, saltos de campana, haleoop y caer de pie, saltimbanquis virtuosos, equilibristas desmedidos, pisar vino y dejar huellas, cortarnos las venas y regar el planeta, arte, compañeros, en nombre del arte, tienes tu parte en el arte, arte total, para todos, artistas de la pista, entender de qué va esto de vivir, sin artificiosas tecnologías, sin móviles ni IPad, fusionarnos en arte, serlo, esculturas cultas, bustos que hablen, que digan, caracoleo por los escenarios de cada día de este año que acaba en nada, de cada casa, amarnos como serpientes descarriadas entre sábanas de seda, ortigas despiadadas o esponjosos conjuntos de estar juntos, hala, vamos a ver qué pasa, pasen y vean, recuerden lo que les pedí hace un tiempo, ver, ser, pónganse al día, María, y usted, yo, todos, dos, tres, yea, artistas del metal, del plástico, del acordeón, pom, tocando el tambor, hip hop, rap, va, vamos, no es la lucha final, aún, será, no hablemos del cambio climático, de caos en los aeropuertos de Bangkok , todo es inseguro, seguro, cantar ya no es suficiente, pensemos como artistas, esto no va en broma, no, Gesamtkunstwerk y que usted y yo lo veamos en los próximos meses o años o eso mismo, por lo menos eso. Beuys.


domingo, 6 de noviembre de 2016

Miedo.



Nos fuimos al campo a vivir, estábamos aburridos del trajín de la ciudad.

Nuestra casa está aislada, un placer, la soledad. En un extremo del jardín comienza un bosque de pinos, a veces se escuchan ahí ruidos de animales, pájaros, zorros, comadrejas, una vez vimos un jabalí.

Al atardecer tomamos el té en el porche y esa paz debe ser la felicidad.

Los domingos por la noche vemos en televisión Wallander, una serie sueca. Al principio me gustaba pero en esta tercera temporada la violencia es tal que me incomoda, no sé, me desagrada.

El capítulo de anoche fue especialmente duro, unos asesinatos crueles. No quise terminarlo. Salí a fumar al porche, bien abrigado, las noches ya son frescas. Contemplar la luna llena es relajante.

Miré hacia el bosque y me pareció ver una figura, alguien vestido con una gabardina larga, me sorprendí, nunca había visto ahí a persona alguna. Se abanicaba, era su único movimiento, al menos lo único que veía. Le llamé. Desapareció entre los árboles. Me inquieté.

Llamé a Begoña y le pedí que cerrase todas las ventanas. “Hace frío, cariño”

La figura apareció en otro lugar, justo al borde de mi propiedad, llevaba un sombrero, una capucha, una máscara, no sé, se abanicaba, creo que escuché una risa.

No tengo ningún arma en casa, nunca he sentidos sensación de peligro. Cogeré un cuchillo de la cocina. ¿Qué hago yo con un cuchillo?

El hombre ese, quién sea, está en otra esquina, sé que me está mirando ¿qué espera?

“Vete a la cama, Begoña, enseguida voy”

Son las seis de la madrugada,  ha desaparecido de mi vista pero sé que está merodeando ¿quién será?, ¿qué quiere?, no sé si llamar a la policía, ¿qué les digo?, tengo frío y miedo. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Iñaki Uriarte

INDIGNACIÓN DE MIGUEL Y Pedro con los blogs de Internet. «¿Qué pasa? ¿Que ahora todo el mundo se ha puesto a escribir cualquier cosa que se le ocurra?». Tienen una relación con la escritura como de propietarios privados.
Todavía ayer leía más o menos lo mismo en Llop: «No hay buenos y malos escritores, hay escritores y los que no lo son». Pedro y Miguel se consideran entre los primeros. Se enfadan cuando hablo de algún blog y parece que desearían que la gente no supiera ni escribir. Yo tengo una concepción más vulgar de la práctica de la escritura. En realidad, no entiendo lo que les indigna tanto. A veces es como si les enfureciera que los blogs se puedan leer sin pasar por el filtro de los editores. «¿Y todos mis esfuerzos para ser editado?», parecen preguntarse.

Pasaje  “Diarios 2004-2007.”
Iñaki Uriarte


Al menos de momento.

Diane Arbus, Family at Easter, NYC, 1956.


Mire usted, no se confunda, puede que llevemos trajes grises, puede que corsés negros, pero seguro que podemos cantar himnos en falsete, silbar canciones de Bowie, gritar a los otros ortigas o lirios, bailar agarrado o lo que toque, inventar absurdas letras de amor de cuando antes, en la traslúcida luz del alba, se rondaba en las calles a las mozas, a las mujeres envueltas en espera de visillos.

Al menos de momento.

viernes, 4 de noviembre de 2016

No recuerdo qué dije ayer que diría hoy



No recuerdo qué dije ayer que diría hoy, esta línea de propósitos cae sin duelo, apenas veo, no nos deja saludar la madrugada con prístino desorden de miradas, desnudos en el tímpano de ciegos arquitectos, Guggenheim boca abajo, poetas que no ven, exegetas de Confucio, asombro de gallinas y de peces, de ese ángel que no vuela, recostado en el ocre umbral de edad temprana, no entiendo nada, ¿para qué sirve la escritura?, me voy con José Gorostiza, que regala estos versos a la muerte: “Anda, putilla del rubor helado, anda, ven, vámonos al diablo”

jueves, 3 de noviembre de 2016

Oiga, oiga, sí, usted.


“Le garage hermétique”  Illustration de l’artiste français Moebius 1992


Oiga, oiga, sí, usted, apúntense a este club con carnet floreado, ánimo, buscaremos las tripas – desde ellas – a las palabras con frivolidad no disimulada, con los grillos cojos del amanecer, con imposibles Manolos o fáciles manoletinas, trastabillando, danzando, con el cuerpo expuesto al frío, al deseo (aaaay), a la burla del que no sepa que esto es apenas un juego sin reglas: la utopía, la terapia, la inestabilidad, la fragilidad de estar cada día - día arriba, día abajo, sin contar los viajes - en la intemperie de ciento treinta y cuatro mil ojos - ojo arriba, ojo abajo, sin contar los tuertos -quitándonos la ropa del alma, prenda a prenda, hasta llegar a la cruda realidad del ser invisible, nada por aquí nada por allá.

Y tú, el agazapado, el que sonríe, el aburrido, el que disfruta, se sonroja, cabrea, aprueba o disiente:

¿Dirás?
¿Gritarás?
¿Escribirás?

¡No!

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Paul Dakeyo



Souburuchi Uwaifickium es camerunés, está sentado a la sombra de una casa baja de adobe, cerca de la pequeña parroquia católica en Gao, le faltan las fuerzas. Radi le ha dicho que el padre Anselmo ayuda a los que están como él, espera que se apiade y le proporcione agua y algo para comer. 

Vino aquí después de fracasar su primer intento de llegar a Europa. Todo iba bien hasta que en Argelia unos pasantes le dieron una paliza y le robaron el poco dinero que llevaba. Al verle vagabundear, los milicianos le expulsaron a Malí.

Cree que si logra llegar a Niamey, en Níger, le será más fácil buscar allí un camión para atravesar el desierto de Teneré y llegar a Libia, después Túnez y en barco cruzar a Lampedusa, en Italia.

Sabe que lo logrará, jamás regresará a su pueblo derrotado. 


Y descompongo las palabras de mi cólera
Para desprostituir la lengua
Compréndeme no tengo alternativa
Era necesario lo sé que yo fuera el signo
Y el hombre palabra
Palabra de la tierra, de mi tierra hipotecada
y desapropiada
Los niños han crecido y construyo el verano alrededor
de ellos
Como un monumento al día
Golpeo tu puerta
Rebelde y libre
Como si sintieras el despertar de la tierra en tí
vertida en tus venas
Volcán en el horizonte de nuestra espera
Como si la tierra fuera hierbas y ríos
Árboles y aldeas de infancia
Rutas y senderos
Todo se acomoda finalmente a la calma serena de nuestras
soledades
Vuelvo a encontrar el sol y al país claro
Vuelvo a encontrar mi tierra en el eco de las estaciones
Pero qué me importa el tiempo
Dame la mano
Amo el silencio para elevar el canto
Pero acaso tú eres la fuente herida
Conozco la gran fisura revelada por los siglos
El tiempo es largo
Y el destino de mi tierra no la puede detener 

Paul Dakeyo (Camerún, 1948)

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