¿Qué debe hacer una persona cuando se enamora, pero ya tiene una relación estable? Si, al cabo de muchos años felizmente unida, conoce a alguien y se enamora, ¿es más moral que permanezca en el matrimonio y oculte esa relación y esas emociones, o que se dedique a la nueva relación y deje a su cónyuge (y tal vez a sus hijos) para vivir con honradez? La respuesta a estas preguntas es extremadamente personal.
La gente a veces bromea sobre este tipo de situación, la considera “una aventura romántica”; para las personas involucradas puede ser algo mucho más serio e importante. No siempre consiste en unas “meras vacaciones”… Imaginemos a una persona que está felizmente casada, tiene hijos y lleva varios años con su pareja. Cree que todo va bien, pero de pronto ¡bang! se enamora locamente de otra persona, no puede dejar de pensar en ella, quiere estar con ella todo el tiempo, arde de pensar en hacerle el amor… Está enamorada y quiere pasar cada instante con su amor. Imaginemos que no es un caso de simple lujuria, sino un sentimiento más profundo.
Normalmente la persona que se encuentra en tal situación está sumida en la confusión: una parte de su personalidad le advierte: “un momento, no puedes hacer eso, tienes una responsabilidad con tu familia y tus hijos, ¿quieres herir los sentimientos de tu cónyuge (¿o hacer que te odie?)? Se quieren, su relación ha sobrevivido al paso del tiempo, se habían jurado amor eterno, y ahora, mírate, ¡no puedes comportarte así! ¡No puedes largarte!”. Pero otra parte le susurra: “¡corre a encontrarte con tu amor! ¡Eso es lo único que importa! ¡Da muestras de honradez!”.
Es un dilema. ¿Qué debe hacer esta persona? ¿Es más moral que permanezca en el matrimonio y finja sentir lo que ya no siente, o que empiece a vivir con su nuevo amor, deje atrás su matrimonio y revele sus verdaderos sentimientos al mundo? Se trata de uno de los dilemas éticos más serios a los que nos enfrentamos en la vida; en muchos casos es cuestión de sentimientos honrados, y no es motivo de risa.
El asunto no puede resolverse de forma simplista. Se plantean preguntas como: ¿cuál es la forma más valiente de afrontar sentimientos tan intensos? ¿Qué conducta va a aportar más felicidad a más personas? ¿Se puede estar enamorada de dos personas a la vez?
Hoy, los hombres no son los únicos que se enfrentan a la duda de dejar a una familia estable por un “nuevo amor”; a veces las mujeres también se encuentran en esa situación.
¿Qué sienten estas mujeres? Por un lado, consideran inmoral abandonar a la familia; por tanto, la única solución posible es mantener “la aventura” al margen y en secreto, intentar acabar la relación lo más rápidamente posible. Pero, por otro, sentimientos amorosos de una intensidad tan hermosa son poderosos y difíciles de negar. Algunas personas sienten como si acabaran de despertar, “ven la luz”, vuelven a nacer. Consideran que no pueden ser sinceras consigo mismas sin revelar a sus amigos y familiares los cambios que están experimentando y lo importante que es esa relación para ellas. En caso contrario estarían viviendo una mentira, sería algo “ilegítimo” y deshonesto. Rechazar ese nuevo amor sería una bofetada para la persona que no les ha aportado más que felicidad, de forma que eso también sería inmoral, sería una falta de respeto al nuevo ser amado.
En la segunda opción –creer que es más moral “ser quien se es de verdad” y reconocer el nuevo amor–, la persona parece adoptar el orden moral de la “monogamia sucesiva”. Cree que lo moral es tener una sola relación íntima y sexual a la vez. Otros deciden que el matrimonio es una institución que debe defenderse, sin que exista el divorcio, y que lo que conviene es la idea clásica de la sociedad: que a un esposo (que hoy puede ser el hombre o la mujer) se le consienta “tontear” fuera de la familia, pero que todo el mundo haga como que no ocurre, porque “al fin y al cabo” no es “serio”.
Dado que el ideal de hoy día es la igualdad entre hombres y mujeres, esta “versión clásica” de cómo organizarse en la vida (es decir, no tomarse el “nuevo amor” en serio, sino intentar relegarlo a la categoría de “pura lujuria”) ya no es tan “práctica” como en el pasado, porque si tanto hombres como mujeres quieren tener “derecho” (aunque sea extraoficial) a mantener relaciones fuera de la pareja, ¿provocará eso el caos? Aunque el matrimonio haya resistido, más o menos, cuando sólo era uno de los dos el que tenía “doble vida” (el hombre), si ambos están dispuestos a aceptar aventuras sexuales externas, ¿podrá seguir funcionando?
La mayoría de las personas declaran creer instintivamente que la forma más moral de actuar es “confesarlo todo” y cambiar de pareja, es decir, la monogamia sucesiva. Estadísticamente, sin embargo, la mayoría de los hombres y mujeres no “confiesan todo”. En la práctica, la ruptura con la pareja original puede ser tan dolorosa que muchas personas no están dispuestas a llevarla a cabo. No todos los que visceralmente sienten que eso es lo que se debe hacer son capaces de actuar con arreglo a sus creencias; muchos siguen casados y confían en que el nuevo ser amado no se enfade excesivamente. En otras palabras, intentan proseguir ambas relaciones al mismo tiempo.
Shere Hite
Shere
Hite está pasada de moda.
No
es por comparar churras con merinas pero también lo está este invento de los
blogs.
Estas
teorías, estos blogs...
¿Ya
no están a la moda?
¿Qué rayos es la moda?
Tú que lees
¿Quién
eres?
¿Qué
piensas de lo que dice Shere Hite?
¿Están
muertos los blogs?
Hoy
tengo ganas de discutir.
Anímense.