Pietro Donzelli

viernes, 15 de julio de 2011

Ruidos (2)




El piso de arriba se alquilaba.
Al poco tiempo llegaron vecinos nuevos.
También trajeron sus ruidos.

Era una pareja dispar. Ella, vistosa, alta, con vestidos ajustados, altos tacones, labios con carmín rojo. Él, achaparrado, pobladas patillas, gesto torvo. Daban los buenos días en la escalera con voz baja. Paseaban por el barrio, el hombre parecía colgado del brazo de ella.

En aquel periodo apenas se oía nada en el segundo piso. Solo los ecos del amor, los muelles de la cama, cuando él la pegaba. Llegaba con claridad el ruido de los golpes, metódicos, los insultos, los quejidos de ella, sus insultos de vuelta.

Un día reapareció el cartel de “Se alquila”, imaginamos que se habían ido.
Durante unas semanas tuvimos silencio.



jueves, 14 de julio de 2011

Ruidos (1)



El piso de arriba se alquilaba.
Cada poco tiempo teníamos nuevos vecinos.
Todos traían sus alegrías y cuitas, su historia, sus ruidos.

Llegó un matrimonio con dos hijos, una niña de siete y un niño de diez años.
Los cuatro estaban muy delgados, con apariencia enfermiza.
La mujer tenía una dulce sonrisa en su cara pálida, de pena.
Los niños corrían por el pasillo calzados con botas de gruesas suelas. La madre les reconvenía con voz suave, llena de cariñosa firmeza, ellos seguían corriendo, alborotando, ajenos al ruido.
El marido tenía el pelo revuelto, la mirada huidiza, no trabajaba, al decir de las comadres bebía demasiado.

Una noche escuchamos gritos. El hombre veía bichos, grandes arañas se le aparecían en mitad del sueño, ciempiés gigantes le acosaban, verdes gusanos, terribles, querían comérselo. Llegó una ambulancia y se lo llevó. Volvió al de tres días con grandes ojeras.

Otra noche nos despertaron unos alaridos desgarradores. “Las arañas quieren picarme”, gritaba. Después escuchamos ruidos de cristales rotos y un golpe seco en el patio. Una ambulancia trasladó su cuerpo, aún respiraba.

Al día siguiente, en el balcón que daba a la calle estaba un cartel de “Se alquila”.



miércoles, 13 de julio de 2011

Arcade Fire (en Bilbao)






No es bueno.

Recuérdale a la vida
que hemos estado juntos,
que teníamos una casa
rodeada de hortensias
y un perro y unos árboles
que no sabrán estar eternamente solos.
Recuérdale a la vida
que ha de acercarse aquí alguna tarde
a podar nuestra ausencia,
a recoger tu ropa,
a deshojar la sed de nuestro pozo.
Recuérdale a la vida
que hemos querido tanto aquellas cosas
y lo dejamos todo.

Aurelio González Ovies

 

 No es bueno tanto ir y venir a la fuente con el cántaro en los brazos. 

No es buena la costumbre, la rutina, estar siempre, mantenerse, la fruta en el árbol, lo que es, las alabanzas, saber que sí, lo imprescindible.

No lo es porque no lo es, no.

Y punto.

Sé estas cosas porque las explica el cura de mi pueblo, sube al púlpito y nos ilumina. Menos mal.

Pero.

No son buenos los viajes a los labios de ella, vivir en su pecho de frutas, morir cada día entre sus piernas.

Sé estas cosas porque  me las dice despacio en las madrugadas sin gallos, cuando me miro en sus ojos y renazco. 

Tiemblo al mediodía cuando se va, no mengua mi adoración, sigue en mí.

Pero no es bueno vivir pendiente de sus idas y venidas.

No es buena la costumbre de amarla sin medida.



lunes, 11 de julio de 2011

Parker y el No.

A Parker le importa un carajo la línea Maginot, la intranquilidad por la reproducción de las abubillas y el estado de cuentas de las princesas turcas que residen en la Costa Azul, no por indiferencia o desapego, no, con el tiempo ha aprendido que la ruta migratoria de las cigüeñas es inalterable, ya llueva o un rastro de diamantes desde el ombligo a la base del cuello se retuerza en resplandores de ternura. 

Cuando cae la tarde Parker sabe que no podrá levantarla y permite que las cebras y la melancolía se expresen, se engarcen en sus piernas, en las fosas nasales, en las mandarinas y recuerda aquel día que Marie le recibió sin otro aderezo que su pelo mojado y suspiros en los huesos, los mismos que después se volvieron rencorosos y monótonos. Amarla entre Madrid y Jerez se convirtió en un vermut  sin aceituna, sin ginebra, un aperitivo ácido tomado antes del apetito, un embrollo entre la desnudez y la castidad del chocolate, un zambullido en la equidistancia.

Con el paso del tiempo Marie se convirtió en un conflicto, en una buena chica con  tangas de chica mala, nada que ver con la ingravidez de los primeros días. Los loros repetían baile y se preocupaban de no remover el légamo del fondo de algunos recuerdos. Para Parker comprender el límite entre amar y follar definió su futuro inmediato, es decir ser extranjero, es decir No.

Parker quedó atrapado en ese círculo, en el No, sus sentimientos cortados, sangrantes sobre una bandeja de plata, apenas un fantasma acariciando el cielo azul de California en el que los rudos vaqueros no lloran (en público), gozan de una buena asistencia sanitaria, comen tortitas con miel en la intimidad, entre la libertad, la fraternidad y la igualdad escogen la facultad de las cerezas, la alegría de ser bajo la piel. 

Anochece, la película se acaba y Parker, montado en su caballo, se pierde en el horizonte mientras los chacales aúllan en la llanura. Ay.

 (Fotografía: Ludmila Foblova)

domingo, 10 de julio de 2011

Parker, Robert.


Cada año se esperan con gran expectación las listas que elabora Robert Parker sobre vinos de todo el mundo. Robert Parker, a través de su prestigiosa revista “The Wine Advocate”, es considerado como el gran gurú de los vinos. Los vinos en los que se fije este norteamericano es como si les hubiese tocado la lotería porque la repercusión de sus listas es a nivel mundial. Robert Parker es un crítico de vinos venerado por muchos y odiado por muchos otros pero hay que reconocer que todo lo que toca lo convierte en oro. Si un vino obtiene una buena puntuación en las listas de Robert Parker tiene el futuro asegurado.

Hay que reconocer que las críticas y las puntuaciones que realizan Robert Parker y su equipo a través de “The Wine Advocate” son una referencia a nivel mundial y sus opiniones son tenidas muy en cuenta en el mercado estadounidense y en el resto del mundo.


¿Quién es Robert Parker?



Robert McDowell Parker, Jr. (nacido en Baltimore, Maryland, el 23 de julio de 1947) es un crítico de vino estadounidense. Es considerado uno de los críticos de vino más influyentes del mundo,1 tanto en lo que se refiere al precio que alcanzan los vinos según cómo los valore, como respecto a la influencia que tiene en la producción de vino considerándose que hay algunos productores que "parkerizan" su vino, es decir, lo adaptan a lo que creen el gusto de este crítico con la finalidad de obtener una alta puntuación.

Se graduó por la Universidad de Maryland, College Park, en Historia e Historia del Arte. Continuó estudiando en la Universidad de Maryland, Baltimore, graduándose en 1973 con un título en derecho (Juris Doctor). Durante más de diez años trabajó de abogado para la entidad financiera Farm Credit Banks de Baltimore. En 1975, comenzó a escribir una guía sobre vinos, con la pretensión de ser "abogado del consumidor", libre de los conflictos de interés que podían afectar a las opiniones de críticos de vino que se ganaban la vida vendiendo vinos. Tres años más tarde, en 1978, comenzó a publicar The Baltimore-Washington Wine Advocate, que se convertiría en The Wine Advocate en 1979. El primer ejemplar se remitió gratuitamente a listas de correos que Parker adquirió de varios vendedores de vino. Para su segundo ejemplar, en agosto de 1978, la revista tenía 600 suscriptores. Parker se dio a conocer internacionalmente cuando consideró soberbia la cosecha de Burdeos de 1982, a diferencia del resto de los críticos. Dejó el trabajo de abogado en el año 1984 para dedicarse en exclusiva a escribir sobre vino.

Escribe críticas y notas de cata en su publicación The Wine Advocate, que se publica seis veces al año en Parkton, Maryland. Se le considera especializado en el vino de Burdeos. Tiene un sistema de crítica basado en 100 puntos, que diseñó junto con su amigo Victor Morgenroth. Clasifica al vino en una escala de 50 a 100 puntos, en atención al color y la apariencia, aroma y buqué, sabor y acabado y un potencial o nivel de calidad global. Por lo tanto, son posibles 51 puntuaciones diferentes, y no 100.
Los vinos realizados especialmente para obtener una alta puntuación en la clasificación de Parker a menudo se los llama "parquerizados" (en inglés, Parkerized). Debido a su influencia y al cambio de algunos estilos de vino tradicionales que representan los vinos "parquerizados", Robert M. Parker es a veces objeto de críticas






sábado, 9 de julio de 2011

Félix Grande



Sé involuntaria. Sé febril. Olvida

sobre la cama hasta tu propio nombre.

No pidas. No preguntes. Arrebata y exige.

Sé una perra. Sé una alimaña.



Resuella, busca, abrasa, gime.

Atérrate, mete la mano en el abismo.

Remueve tu deseo como una herida fresca.

Piensa o musita o grita ¡Venganza!



Sé una perdida, mi amor, una perdida.



En el amor no existe

lo verdadero sin lo irreparable.


(Félix Grande)




Félix Grande (Mérida, 4 de febrero 1937) poeta, flamencólogo y crítico español.

Se le considera uno de los grandes renovadores de la poesía española de los años sesenta. Aunque nació en Mérida, Badajoz, vivió su infancia y juventud en Tomelloso (Ciudad Real), donde su abuelo era cabrero. Hijo de un guardia de asalto, era guitarrista flamenco cuando, según ha contado él mismo, decidió cambiar ese instrumento por la literatura, que en su pluma posee mucha relación con la música. En Tomelloso fue jornalero y descubrió el amor. Su obra evolucionó desde la inspiración machadiana y el compromiso social de Las piedras a una reflexión sobre el lenguaje y el erotismo. Premio Adonais en 1963 por Las piedras. Otras obras del autor son Música amenazada (1966), el libro de relatos Fábulas, visión crítica del mundo actual (1991) y el ensayo Apuntes para una poesía española de posguerra (1970). Está casado con la poeta Francisca Aguirre con la que ha tenido una hija, la también poeta, Guadalupe Grande
Aficionado a la música, letrista y guitarrista él mismo, como flamencólogo ha escrito García Lorca y el flamenco (1992), Agenda flamenca (1987), Memoria del flamenco (1995), que obtuvo el premio nacional de Flamencología, y Paco de Lucía y Camarón de la Isla (2000). Es miembro de número de la Cátedra de Flamencología y estudios folclóricos.

Logró el premio Nacional de Poesía en 1978 por Las rubáiyatas de Horacio Martín, en que se inventa un heterónimo inspirado en el Abel Martín de Antonio Machado y en el Ricardo Reis horaciano de Fernando Pessoa. Dirigió durante un tiempo la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Al caer el Partido Socialista Obrero Español fue destituido y pleiteó para ser restituido a su cargo, lo que consiguió. Fue premio Gabriel Miró en 1966, Barcarola en 1989, premio Nacional de las Letras Españolas el año 2004, medalla de oro de Castilla-La Mancha.

Como narrador, destacan sus obras Por ejemplo, Doscientos (1968), Parábolas (1975), Lugar siniestro este mundo, caballeros (1980), Fábula (1991), Decepción (1994), El marido de Alicia (1995), Sobre el amor y la separación (1996) y La balada del abuelo palancas (2003).

Félix Grande señala que los poetas que le marcaron fueron Antonio Machado, Luis Rosales, de quien fue discípulo y amigo, y César Vallejo, entre otros.
(De Wikipedia)


viernes, 8 de julio de 2011

La historia de John Aguirre. (Final)




La vida sigue hasta la muerte.

John fue desarrollando progresivamente branquias hasta que florecieron y se planteó cual era su mejor forma de respirar. En el 2018 se equivocó, respiró por donde no era y murió por segunda y última vez.

Como ya dijimos sus padres habían desaparecido años antes.

En 2016 había fallecido Arantza víctima del enfisema pulmonar que le produjo su larga adicción al tabaco.

Idoia murió a primeros del 2021, serena, rodeada de gatos y recuerdos.

No sé si me dejo alguien de la historia pero si sí, seguro que también ha muerto.

Es decir, que te mueres, en los cuentos y en la realidad, te pongas como te pongas, con un 100% de seguridad.

No sé qué haces leyendo estos cuentos absurdos.




jueves, 7 de julio de 2011

La historia de John Aguirre. (Parte dos)



El pasado domingo, primero de julio del presente año 2015, una ola devolvió a John Aguirre que emergió entre las aguas de Laga, en Vizcaya, ajeno al gentío que abarrotaba la playa. Nadie reparó en él. Se dirigió al puesto de la Cruz Roja explicando que había resucitado. Los musculosos socorristas a pesar de no creer sus palabras le facilitaron una camiseta blanca, un pantalón corto, un billete de metro hasta Gernika y una escueta colecta de euros.

Se dirigió al antiguo domicilio familiar. En el buzón para la correspondencia figuraban nombres que no le decían nada. Se fue.

Su siguiente búsqueda lógica era Arantza. Sorprendiéndose de lo cambiada que estaba su ciudad caminó hasta el centro. Su figura aún atlética, las barbas y su  indumentaria no llamaban mucho la atención debida a la variedad de gentes y razas que poblaban Bilbao, una ciudad cultural. Sentado en un parque vio salir y entrar a los vecinos actuales del portal donde antaño vivía Arantza, ella no aparecía. Al final de la tarde una anciana encogida y mal peinada, con un perro ladrador, enano, le recordó vagamente a la que fue su novia. Se fue.

John hizo una raya en el asfalto y corriendo por las calles buscó a Idoia López, gritó su nombre. Había tantos hombres gritando por las calles que apenas se entendía su desesperación, se mezclaba su angustia con la de tantos. Varias horas después, cuando a punto estaba de volver al mar, desde una ventana una mujer le hizo señas. Sabía que volverías le dijo desde la puerta de su buhardilla. La noche fue corta y cálida, apenas hablaron, no había tiempo para las palabras, se amaron con tanta dulzura que las paredes rezumaban letras de canciones hippies y flores, los gatos bailaban en los tejados y varias estrellas fugaces rompieron el cielo en siete partes. Qué bonito.


 Notas:

  • ·         Andrea me dice que esta segunda parte es absurda, que recuerda la historia de aquel pianista mudo que reapareció al cabo de los años.
  • ·         Teresa dice que lo resucite en pez, en besugo concretamente, pero me recuerda a una película de Tim Burton.
  • ·      Escribo sabiendo que me estoy resucitando y que no sé cómo reubicarme, que invento lo que siento y que la vida pasa demasiado rápido debajo del agua 



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