Pànico en NY (2)
Miré por la ventana, los coches amarillos corrían por la avenida, se escuchaban sirenas, los peatones iban y venían bajo el calor de junio, no advertí nada sospechoso, quizás era una confusión.
Lo mejor era aparentar seguridad y salir.
Aquellos dos hombres hablando en la esquina no me gustaban, me miraban. La señora del abrigo verde sonreía, ¿qué sabía ella? El portero del Grand Hotel inclinó la cabeza cuando pasé a su lado.
No pude soportarlo más, comencé a correr, calles y calles, de un barrio a otro.
Ahora estoy sentado en un banco de Central Park, comienza a anochecer, me da miedo volver a casa.


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