Keigo Nakamura

jueves, 20 de noviembre de 2008

Noli me tangere.

(Para la desmemoria)

Sección Femenina de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista) se fundó en 1937, durante la Guerra Civil, y siguió siendo activa en la posguerra bajo la dirección de Pilar Primo de Rivera, hermana del ideólogo del falangismo español, José Antonio, e hija del dictador, Miguel Primo de Rivera. La Sección Femenina, de tendencia fascistoide sin ser fascista del todo, fue el órgano mediante el cual regía el servicio social de las mujeres para la creación de un Estado ideal. Se dirigía predominantemente a mujeres de clase burguesa, que durante la guerra tenían que ofrecer de forma obligatoria 6 meses de servicio social, por lo menos en la zona nacional. La Sección Femenina fue un arma importante para la diseminación pasiva, aunque coercitiva, del franquismo. Editó textos, publicó periódicos, condenó el liberalismo y promocionó sobre todo nociones muy tradicionales del papel de la mujer en la sociedad: como ama de casa, fiel esposa y reproductora de numerosos hijos para la patria. La Sección femenina es ligeramente comparable con el D.A.R. norteamericano (Carmen Martín Gaite El cuarto de atrás (1978)


La fórmula está agotada, hay que cambiar el estilo bitácora. O suprimirlo. Dos rayas: horizontal y vertical. Hay cerrar la puerta y tirar la llave. O abrir las ventanas y que corra el aire. Aire. Y/o hacer aquello que mejor nos parezca y esperar que llueva o que salga el arco iris y ¿recuerdas a Boris Vian? no, no recuerdas, no habías nacido, París era negro y humo y la playa aún no estaba debajo de los adoquines de los Campos Elíseos.


Hale, ale, respira, no pasa nada mientras a mi me pasa que ya no sé lo que he escrito, si soy yo el que escribe, si me copio a mí mismo, si siento esto que digo, si digo alguna vez lo que realmente siento, si siento, si todo esto no oculta algo que yo mismo he escondido sin saberlo y en realidad estoy buscando (me) desesperadamente algo que no sé donde está, ni si siquiera existe y así vamos, día tras día, dejando las tripas y el corazón. No me lo pisen.


miércoles, 19 de noviembre de 2008

Dibujar con tiza pájaros azules.

Nunca oraba en el interior de los templos, siempre lo hacía fuera, en el paisaje junto a los árboles. (Julia Otxoa)

(Para Dama Shandy)

Dibujar con tiza pájaros azules, dejarlos volar por las paredes. Entrar con ojos limpios en la noche, dentro de la noche está una verdad. Mañana es esperanza.

Cubrir con lonas oscuras a los muertos inocentes, quemar palomas en su homenaje, gritar hasta que la garganta sangre. Gritar dignidad y hambre y miseria, cortar el cuello del universo, descuartizar la primera idea.

Estar triste, es decir, estar. Romper el silencio, ser el silencio. Este soy yo. Hablo. Ser todo. Ser. Rasgar la cortina y mirar a otro. Ser Otro, Otros. Cumplir el ciclo, luego morirse.

Llegar a ser el que eres. Inocencia perturbadora, la vida en las palabras que no viven. Decir lo que no dicen. Miedo. Miedo. Miedo. Apenas queda tiempo. Digo tiempo y digo no soy. Digo tiempo y digo miedo. Digo miedo y digo el poema. Escribo el miedo y el poema.

Después la tarde cae como una bestia pacífica, enorme, bamboleándose por el camino a ninguna parte, la veo desde la ventanilla del carruaje que me lleva a no sé dónde. Los ojos en zozobra. El viento en la frente. Embriaguez de frutas Agujas enhebradas.

Anochece.

He perdido la mirada, he perdido la palabra.

No sé volver.

Esperas que desaparezca la angustia
Mientras llueve sobre la extraña carretera
En donde te encuentras

Lluvia: sólo espero
Que desaparezca la angustia
Estoy poniéndolo todo de mi parte

Roberto Bolaño


martes, 18 de noviembre de 2008

Balcón.

La gente cree que los Beatles saben dónde van, pero no lo sabemos. Solo hacemos música. La gente, por ejemplo, quiere conocer el significado profundo de Mister Kite. No tiene ningún significado. La compuse y ya está. Junté un montón de palabras y después les añadí algo de ruido. Nunca busco en las profundidades de una canción cuando las compongo. No es eso lo que importa cuando la grabamos. Pero nadie lo creería. No quieren creerlo. Quieren que sea algo importante. (John Lenon)


Un balcón.Me asomo y grito.
Usted está debajo y mira sorprendida.

Me refiero a que usted está debajo del balcón. Prefiero matizarlo, ya he tenido demasiados líos. Como cuando escribí que usted estaba encima. Me refería a su capacidad olfativa. Que olía mejor, vaya, que tenía mejor nariz. Pero usted interpretó ese encima como una posición corporal. Es decir que usted estaba sobre mí, su cuerpo sobre el mío. Le dio un matiz erótico. Esas cosas me preocupan. Entre usted y yo hay diferencias. Usted es una mujer. Yo no.


Lo admito, hay frases que precisan explicación. Este es el motivo de esta carta. Aunque usted también dice, dijo, frases que pueden, podrían, dar lugar a equívocos. Como cuando dijo que me quería. Exactamente dijo: “te amo”. Eran otros tiempos, lo sé. Siempre me he portado bien con usted. Incluso cuando me decía: “otra vez, rey”. No era una orden, ya, pero lo parecía. Y el amor no es una cuestión mecánica. Bueno, no del todo. Concedo que hay una parte técnica, de rígido cumplimiento. Al menos por mi parte. No soy una máquina. Tres, o cuatro, pienso que es suficiente. Usted no. Esas son las cosas que nos separaron. No soy un funcionario del sexo. Soy un romántico. No digo que usted no lo sea. Pero es exigente. Quizás sea la edad. Usted es mayor. Yo no. También pudo ser una cuestión de tarifas matrimoniales. Un desacuerdo.

Por eso me asomo al balcón.
Para gritar (lo).
Usted está debajo y mira sorprendida.


lunes, 17 de noviembre de 2008

Ritual de soltar gorriones




Cazaba las gacelas de tu cuerpo.

Sangre en celo. Sus garras y mi cama.

Hoy nada. Todo. Sólo

la luna que está llena en mi ventana.

(Ernesto Pérez Zúñiga)




He aquí que entre la camisa y el pecho me comenzó a crecer una etérea hiedra de emociones, un vegetal mosaico de sentimientos que desbordan el puro placer de escribir para convertirse en necesidad, en obligación de contar aún no teniendo qué, en buscar el extremo de un ovillo imaginario, juguete del gran gato del tiempo

Descubrimiento del placer en esa integración promiscua con que lee entre los visillos de sí mismo, con el que hurga en la imagen antes de en lo que lee, con el que entra aquí de puntillas, extranjero, sin interés, con el escepticismo y la prepotencia del yo más ¿qué se ha creído?, el que rebusca la basura de la ortografía, de la sintaxis, de la prosodia, de la organización del texto, su estructura, exiliados arrastrando su enigma, soñadores de lo ínfimo, remeros en la gran galera que surca lo íntimo, dulces canciones en la textura de lo ya sabido, de la repetición de cuentos infantiles, milagro de la multiplicación de los panes y los peces en este banquete sin comensales ni desiertos.

Sin florituras se encadenan las voces que siguen, día a día.
Ritual de soltar gorriones de papel y verlos volar desde los parques.


domingo, 16 de noviembre de 2008

En el principio.




En el principio.

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

(Blas de Otero)



Domingo, mitad de Noviembre. Escribiendo a ratos, como sé, como me sale, intentándolo en cada página, más allá de la posibilidad de que alguien lo lea o queden las palabras suspendidas en el silencio, cristalizadas, transparentes, sin sentido, humo, nada.

Domingo. Preparando guisos, textos llenos de defectos. Escuchando la lluvia en el tejado. Tomando a sorbos un ribeiro que me regalaron en Fisterra. Huelo la hierbabuena que me recuerda a mi abuela Lucía. Doy vueltas en una caminata imaginaria por la muralla de Lugo. Me miento como necesidad. Añoro amores imposibles. Miro en el espejo la cicatriz de mi espalda. Acaricio el brazo de la mujer que amo. En la calle, bajo la lluvia, los corredores se preparan para sus diez kilómetros, estos no los correré.

Domingo. Por sorpresa has entrado en la página y las palabras reviven, se llenan de colores, se vuelven perlas que desbordan la cesta de la voz y rebotan en la mesa, caen al suelo en hilos de oro, iluminan y poco importa lo que quise decir, dice lo que lees y eso es tan nuevo, tan milagroso que me callo y dejo seguir la mañana.




sábado, 15 de noviembre de 2008

Henry Darger


La oscura vida de un pintor marginal
Henry Darger fue un hombre atormentado y obsesivo. Gastó su vida en escribir un libro de más de quince mil páginas ilustrado con extrañas acuarelas. A su muerte, el mundo descubrió la extraña belleza de aquella gran obra de arte.
Cuando en el mes de abril de 1973, Nathan Lerner, casero de un modesto piso del North Side de Chicago, abrió la puerta de la vivienda en la que había vivido durante 40 años su singular y recién fallecido inquilino, Henry J. Darger, se encontró con un escenario del que tardó en dar crédito: un cuarto atiborrado de recortes de periódicos, cómics, revistas, libros destripados, aparente basura y unas gigantescas acuarelas que repetían obsesivamente las imágenes de niñas desnudas con grandes alas de mariposa siendo perseguidas por soldados empuñando bayonetas de época. En una segunda inspección, halló sepultado uno de los libros más extensos conocidos, 15.154 páginas, titulado The story of the Vivians girls, in what is known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm, caused by the Child Slave Rebellion, que ha sido traducido como La historia de las niñas Vivian, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la rebelión de los Niños Esclavos. Supuestamente, las grandes acuarelas, pintadas por el propio Darger, ilustraban el libro escrito en sus más de cuarenta años de reclusión. El casero, Nathan Lerner, significado fotógrafo, detectó enseguida la extraordinaria calidad de aquellos dos trabajos, y se asignó el trabajo de albacea, a pesar de que, como le había ocurrido a Max Brod con Kafka, Darger le había dejado expreso deseo de que destruyera todo lo que encontrara en el apartamento. Ningún vecino sospechó jamás la obsesión que minaba la vida de aquel solitario de patrones fijos, que buscaba en la basura, sólo hablaba de los partes meteorológicos y únicamente salía de su casa para ir a misa cinco veces al día. Hoy, su obra, una de las más importantes de lo que se ha dado en llamar el outsider art o arte marginal, es una de las joyas del American Folk Art Museum de Nueva York.
Como cerrando el círculo de lo exacto que le obsesionó toda su vida, Henry J. Darger nació un abril (1892), se cree que en Brasil, y falleció otro abril (1973). Se sabe que su madre murió pocos años después de darle a luz, en el parto de su única hermana, a la que nunca conoció, pues fue dada en adopción. El padre, mentalmente enfermo, se hace cargo del crío, hasta que no puede continuar cuidándolo, y es entonces cuando el pequeño Henry es internado en un orfanato católico y más tarde en una institución psiquiátrica. Se le diagnostica la enfermedad de “tener el corazón en el lugar equivocado”, así como “masturbación”. A los 16 años se fuga y sus biógrafos le pierden la pista hasta que reaparece en Chicago, a principios de la década de los años treinta. En ese momento ya ha desempeñado diversos trabajos menores y su aspecto es el de un vagabundo. Sólo se le conoció un amigo, desaparecido a mediados de esa década, William Shloder, con quien intentó fundar la Sociedad Protectora para Niños, proyecto que jamás se materializó.
Los expertos en arte marginal se quedaron perplejos al ver que aquel libro de 15.154 páginas contaba una historia épico-onírica desquiciada, con rasgos de claro tormento. En un planeta alrededor del cual orbita la Tierra, hay un reino cristiano llamado Abbiennia, y siete princesas luchan contra ejércitos de soldados adultos llamados Glandelinians, que las quieren esclavizar. Estos soldados van ataviados con trajes muy parecidos a los del Ejército Confederado de la Guerra Civil norteamericana, tema que fascinaba a Darger. Las grandes acuarelas representan a pequeñas ninfas correteando por prados en lo que sería una versión naïf del reino, pero también escenas de empalamientos de las niñas con las vísceras al descubierto, en otras ocasiones, las niñas aparecen con grandes alas de mariposa a la espalda, y casi siempre en paisajes amenazantes, con tornados y vientos cubriendo el horizonte. Los niños se rebelan, pero es habitual que perezcan a manos de los soldados. En lo que parece ser un rasgo de inseguridad congénita enmascarado en la vida ascética de Darger, la historia tiene dos finales, en uno triunfan las Vivian, que representan a la cristiandad, y en el otro, los soldados Glandelinians. Podemos imaginar en ese doble final al adulto Darger sacando a flote todas sus obsesiones y represiones, producto de la severísima educación cristiana del orfanato, contrapuesta a la crueldad del mundo exterior que le acompañó desde que su madre falleciera.
Se ha especulado mucho sobre la obsesión de Darger con el universo de la infancia. Una posibilidad nos remite al año 1911, cuando una niña de cinco años, Elsie Paroubek, fue estrangulada en Chicago. Se sabe que Darger guardó el recorte de la fotografía del periódico muchos años, y que se la enseñaba a la gente por la calle, después la perdió y eso supuso para él una angustia que sólo superó escribiendo y dibujando su monumental obra, incluso incorporando a la pequeña estrangulada como personaje recurrente. Su biógrafo oficial, John McGregor, especula en la obra Henry J. Darger: in the Realms of Unreal que, potencialmente, Darger era un asesino en serie, incluso se ha llegado a afirmar que el propio Darger fue el asesino de la pequeña, algo que se considera muy improbable.
Pero lo que llamó más la atención de las actividades “secretas” de Darger fueron las grandes ilustraciones que creaba a partir de recortes de cómics y revistas que encontraba en la calle, y en especial un detalle: las niñas están dotadas de un pequeño pene, y las que están desnudas sólo visten calcetines. Se ha dicho que Darger siempre rechazó tener relaciones sexuales por miedo a que la desconocida fuera aquella hermana que dieron en adopción al nacer, y de ahí su desconocimiento en anatomía femenina. Otras versiones apuntan a que el diminuto pene de las niñas está inspirado en el Niño Jesús que veía en sus diarias visitas a la iglesia.
Una peculiaridad que también habla elocuentemente de la mente de Darger es la obsesión que hay en su libro por el detalle. Es tal, que describe todos los uniformes de los soldados, desde los botones hasta los hilvanes, da nombres a todos ellos, así como a todos los paisajes, desde la forma de las hojas hasta la orografía de un bosque, o especifica los mapas de las batallas con un detalle que estremece, recordándonos a aquel magistral cuento de Borges en el que unos cartógrafos hacen el mapa de un reino tan grande como el propio reino. El reino de ficción de Darger era en sí mismo un mapa que ocupaba toda su vida, desde la mañana hasta la noche. Experto en música militar, compone también las marchas y los himnos de los ejércitos de los dos bandos. Los vecinos comentaron que en ocasiones oían ruidos y golpes marciales, lo que hace contemplar la posibilidad de que interpretara sus propias marchas militares en su apartamento.
Algo que nos da pistas de su extraña vida es que cuando Nathan Lerner revolvió a conciencia en todo aquel destartalado apartamento, encontró también un libro que Darger tituló The book of weather reports, en el que Darger anotó durante 10 años el parte meteorológico de Chicago, con comentarios –lo que hoy llamaríamos un blog– casi siempre enojosos hacia el “hombre del tiempo”. Todo parece indicar que esa obsesión le venía de cuando, siendo niño, asistió a la destrucción de un pueblo entero, Countrybrown, por un tornado. También se encontró un libro, escrito en 1968, The history of my life, en el que dedica más de 4.000 páginas a contar la historia de un tornado, Sweetie Pie, que asuela todo un pueblo.
Se puede pensar que las implicaciones de aquel excéntrico y secreto hombre en futuras generaciones fuera mínima o nula. Nada más lejos de la realidad. A lo largo de 2007, la exposición itinerante –Nueva York, Berlín, Roma– titulada Into me/out of me llevó la obra de Darger compartiendo cartel con artistas de la talla de Hamilton, Acconci, Walter de María o Vick Muñiz. En abril de este año se inaugura en el American Folk Art Museum de Nueva York otra importante exposición titulada Darger-ismo: artistas contemporáneos y Henry Darger.
Más ocultas, pero por ello quizá también más interesantes, son las irradiaciones del anciano de Chicago en la música. La estudiosa de su figura, Ana Pareja Serrano, ha rastreado esas influencias.
Los neoyorquinos Animal Collective, por ejemplo, se inspiraron en las acuarelas de Darger para la portada del su disco Feels. Por su parte, Natalie Merchant, en el disco Motherland, compone una melancólica y larga súplica pop llamada Henry Darger, en la que se pregunta por el destino de las Vivians girls. El grupo de punk-rock The Vivians Girls actúa disfrazado de las niñas imaginadas por Darger, y las animan en sus canciones a continuar luchando contra el mal. Hasta existe una película documental, The Realms of the Unreal (2004), de Jessica Yu, en la que se destripa la vida. Como el eco de un silencioso Big Bang, el solitario Darger lanzó una piedra hace muchos años, se descompuso en el aire, los fragmentos fueron cayendo en sucesivas partituras a través del siglo XX. Podemos imaginar qué pensaría él si lo supiera.



viernes, 14 de noviembre de 2008

Obra de arte.

El silencio, sabes, no tiene censura, y hay circunstancias en que el silencio es subversivo…(“Will it be a likeness” John Berger and Juan Muñoz, 1996.)

(Al salir de una exposición de Juan Muñoz)


Una obra de arte no necesita del espectador.
Funciona por sí sola.

Una obra de arte perdura aún enterrada, ignorada, ajena a modas y tiempo, independiente a la fecha de su descubrimiento (incluso por un único y eventual espectador).
Es.
Indiferente a imposiciones estéticas, a cual sea la fórmula de expresión.
Está.
Por encima del soporte, pared, lienzo, papel, idioma, instrumento, medio, método, plástico, técnica, pantalla, celuloide, vinilo, hierro, voz, estilo, piedra, viento.

¿Quién define qué es una obra de arte?
Los sabios, los críticos, los poetas, un consejo de ancianos, los vendedores de obras de arte, los directores de periódicos, los intermediarios, los oportunistas, un loco, un niño. (No intenta ser una respuesta).

A falta de otras revoluciones, el uso de internet abusa de artistas, una legión de virtuosos, de creadores, de genios, de autistas pintando en la pared con el dedo, de visionarios de nubes, de fenómenos sin abuela que emborronan cuadernos que ya estaban escritos, palimpsesto sobre palimpsesto y así indefinidamente hasta el aburrimiento, el bostezo, la falsedad, hablar por no callar, lo necio, a veces (hoy se me han terminado las adulaciones).

Una obra de arte no necesita del espectador.

Nietzsche decía que los griegos levantaban blancas estatuas sobre el abismo, para ocultarlo.

Soy griego.



…cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra.

Alejandra Pizarnik



jueves, 13 de noviembre de 2008

A la segunda...

Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.

(Neruda)


Julia. 45 años. Tres hijos. Su esposo la asestó quince puñaladas. El alma y el cuerpo lleno de cicatrices. Su ex esposo se ahorcó en la celda de la cárcel.
Llevábamos poco tiempo separados. Un día me abordó en el portal y me atacó con un cuchillo. La policía le atrapó ese mismo día. Nunca piensas que una cosa así pueda pasarte.”

Juan Ángel. 29 años. Separado, un hijo. Tuvo un grave accidente de tráfico; sufrió múltiples fracturas y traumatismo craneoencefálico, estuvo varios días en coma.
“Recuerdo la rueda de la moto girando mientras me metían en la ambulancia. Después nada, no recuerdo nada. Me desperté cuando todos me daban por muerto. Lo peor fue enterarme que mis piernas jamás podrían andar. Cuando me dieron el alta y salí del hospital sentado en aquella silla se me vino el mundo encima.”



Juana. 60 años, divorciada. Empresaria. Tuvo un cáncer de mama. Años después le diagnosticaron un tumor cerebral y le dieron seis meses de vida. Lo superó y pasado un tiempo sufrió un infarto. Tiene convalecencia permanente, problemas respiratorios y arritmia.
“Me miraba al espejo y no me reconocía”

Leo estos y otros casos en un periódico atrasado. Todos ellos hablan de esperanza. Han superado sus tragedias o han aprendido a convivir con ellas. Hoy es jueves y la sombra del fin de semana planea ya sobre el ajetreado atardecer. Puedo contar también mi caso, mi batalla, mi aventura, pero esta es una página literaria (¿?) y no quiero mezclar las cosas. Estoy con la música masónica de Mozart, con Radamisto, con el “Fammi combattere” del Orlando de Handel (¿lo has escuchado?). En 1584 Juan de la Cruz escribió su “Cántico espiritual” dedicado a Ana de Jesús. Hasta 30 años después de su muerte no se imprimió su obra. 130 años después se produce su canonización. Aquí, con un poco de imaginación, cuatro frases, con imágenes construidas desde el sentido de esas propias imágenes, cumplo con el post diario y ¡alehop!, publicado. Espero que no me canonicen, que alguien me lea antes. Mis saludos.



miércoles, 12 de noviembre de 2008

Medir la distancia.

Este es un momento de regreso del más allá. Estaba sentado bajo la zarza cuando, entre liebres en tropel, se me ha aparecido Joseph Beuys, con su sombrero y su gabardina. Me ha hablado en alemán y le he entendido todo menos dos.

No puedo reproducir sus palabras (1) exactas, pero en esencia me ha dicho que diga (2): Chicas, chicos, sumergido en la tentación permanente de la incoherencia me dirijo a vosotros, oh lectores, para solicitar vuestra ayuda. No es por no escribir ¿eh? que si hay que escribir, se escribe, pero sé que muchos no dicen nada por pudor, por miedo escénico, por no someterse al encanto de bajar las escaleras que conducen al foso de la controversia, de la exposición, del quitarse la ropa, prenda a prenda, de la desnudez del sentimiento, del yo la tengo más corta (3). Va por/para ellos.

Decía lo de la ayuda y digo, necesito inspiración, suspiros, un toque de generosidad, una limosna intelectual, que es mejor de pedir que de robar. Temas tengo, historias me sobran, también inspiración (4), tiempo no, ni melena rubia, ni ganas de recorrer paso a paso la línea extranjera del tú y yo, salto, Bob Beamon, record de colgarme de los hígados y salpicarlo de ternuras, experiencias, mentiras y fantasía. Lo que pasa es que Beuys y yo queremos implicaros en esta aventura de escribirnos lo cotidiano, que estamos vivos, tíos, que estamos en ebullición, en la caldera de la vida, blup, blup, blup.

Pero me centro, me someto, me distribuyo, va, buena gente, quiero, solicito, ruego, que enviéis vuestros gustos, aficiones y eso –mi canción preferida es, anécdotas, mi escritor preferido es, mi poema atroz es, historias para no dormir, mi músico era, me gusta, o, me gustaba, y, pienso en, soy, era, cuando, odio, dibujo así, pinto así, no pinto nada, odio a mi padre, amo a mi madre, doctor ¿es grave?, mi postura preferida es, soy verde, tengo pecas, me gusta mi vecino, no sé leer, mi hermana es bella, mis rosales están invadidos por mariposas azules, soy mudo, lo que se me ocurre es, imagino que me sodomiza un zulú albino, sueño con serpientes, una vez fui, una vez amé, una vez odié, una vez pasó por mi puerta la tentación y miré hacia otro lado, etc-. Puede ser anónimo, por supuesto. Insultos no están permitidos.

En principio (5) no voy a pagar nada, en dinero digo, pero contareis con todo mi agradecimiento, con mi estima, con un vale para el cobro en especias, con citas clandestinas, con vuestra fotografía photoshopeada en portada, con noches de amor y lujo en hoteles del sur de Francia. Y besos virtuales, a montones (6)

Esto es un acto experimental, un intento, una cable entre aquí y ahí, un salto al vacío, para llenarlo, un gesto entre lo inmóvil y la mueca, una sonrisa de gato de Ceshire. Joseph Beuys se desvanece en la arcilla con un coyote entre los brazos, con un avión enterrado en la nieve, con un fondo negro en el que destacan fórmulas para no saber que, etc.

No sé si me he explicado, no sé si ha quedado claro.

Sé que os espero en pedromg@gmail.com y que a partir de ahí saldrá lo que salga. (Mejor ahí que directamente a los comentarios)

Te veo ¿eh? Anda, manda algo, ya. ¿A qué esperas?
Pero algo corto ¿eh?



(1) Por mi problema en el paladar.
(2) Atentos que luego decís que no entendéis.
(3) La expresividad.
(4) Tengo una musa alquilada.
(5) Ni al final, nunca. No os hagáis ilusiones monetarias.
(6) Para los otros me faltan labios.


martes, 11 de noviembre de 2008

Lo real es lo que veo.



Dichoso aquel que alejado de los negocios,
como la primitiva raza del los mortales,
trabaja el campo paterno con sus bueyes,
libre de toda usura.

(Quinto Horacio Flavio (65-6 A. C.)

Lo real es lo que veo, lo que toco, lo de alrededor.

Es mi cuota de negocio, la cifra, los días a jornada completa, compleja, de trabajo, los empleados a mi cargo, los plazos del Audi, la reserva del campo de golf, la cena de los martes, los fines de semana tumbado en el sofá, los pagos mensuales a Carlota.

Lo real es el proyecto para los franceses que debemos entregar antes de febrero, las horas que no serán suficientes, la entrevista con el director de recursos humanos, mi cita con el abogado, la visita quincenal de Mercedes, mi hijita que se hace tan mayor.

Ahora son las nueve de la noche y el despacho se ha quedado a oscuras, la pantalla del ordenador, negra. Maldito apagón.

Ahora lo real es esta sensación de vacío, esta opresión en el pecho, el silencio en toda la oficina, en mi corazón.

Ahora no sé bien quién soy, ni qué hago aquí, si debo volver a casa en metro, en autobús o caminando. No quiero recordar donde está mi casa, no quiero volver ¿para qué? Puta vida.


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Bilbao, Euskadi
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