lunes, 10 de septiembre de 2007

Estrategia desde la luna.

Esto es todo fachada. Mis ojos no descubren
la soledad que pesa como maldita losa.
¿Pensáis que soy alegre, que me paso las horas
riendo al mundo sus gracias, encendiendo sus luces?(Rafael Inglada.)


Menos diez, menos nueve, menos ocho, conozco su estrategia, consiste en dejar que los días se acumulen uno sobre el otro, como sábanas frías, neutras, como enérgicos aislantes del recuerdo, como paredes ignífugas, como cientos de murallas de China superpuestas, una detrás de otra, ocultando lo que fue, el milagro, los momentos mágicos en los que supimos que la luz era posible, que reclinados uno en el otro vimos que la vida era nueva, bella, diferente, digna de disfrutarla en cada instante, cuando nos sentimos dentro y fuera del paraíso, cuando yacían juntos nuestros corazones desnudos, cuando nos amamos tanto que subió la temperatura en los trópicos, las palomas abrasadas en el jacarandá dormido, miríadas de mosquitos devorando a los turistas desprevenidos con sus pantalones cortos y sus mejillas enrojecidas, nuestra pasión derritiendo el polo norte, elevando dos metros y medio el nivel de los océanos, los perros del trineo ahogados, pingüinos nadando contracorriente, peces voladores sobre las orillas del Sena, osos blancos y asustados bajo el puente de Londres.

Menos siete, menos seis, menos cinco, conozco su estrategia, se esconde en el silencio, hurta el encuentro, niega a este pobre condenado a muerte de soledad la oportunidad del cara a cara, la última voluntad, el cigarrillo junto al paredón, los dedos entrelazados sobre la mesa, el beso robado en un portal, el abrazo sobre el campo de batalla de la cama de un hotel cualquiera, el amor golpeando como el tam tam de un tierno tambor en Kenia, suenan las campanas en la catedral de su saber donde guarda tantas historias, tantos dolores, tantos estudios de tantos.

Menos cuatro, menos tres, menos dos, conozco, al fin, su estrategia, ha levantado un tiempo de silencio prolongado, frío, de nieve en los montes que rodean la ciudad, de hielo en las carreteras al cielo, se ha refugiado en un iglú hermético, ha congelado las mariposas que hervían en su vientre, deja una gota de escarcha en el capullo de sus labios antes abiertos al arroyo de mis besos, llena su agenda de clientes, el uno, el cincuenta, me siento junto a su Numancia con la mano extendida, los pies envueltos en trapos, mendigo de su voz, extramuros de su alegría, escalando las murallas de clausura, sin adobe, los colores que definen la frontera, al otro lado de la ribera, entre las cañas, añorando su perfume disperso, su voz apagada, cada hueco de su alma atormentada, cuando ambos nos acunábamos, nos cuidábamos como enfermeros de un hospital del aire y temo que este cohete no despegará, no tomará altura, la tierra está ahí abajo, tan lejos, socorro, el humo entra en la cabina.

Menos uno, cero, no. Confirmado, esta nave no despegará. Nunca más.




domingo, 9 de septiembre de 2007

Alfaguara.

Hasta mis ejércitos soñados sufrieron derrota.
Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.

(Pessoa)



Subo a la torre del homenaje para ver el reflejo de las alcandoras en la cima de los montes, se están avisando, vienen. Alrededor del castillo un paisaje de trabuquetes, maganeles y arietes intimidatorios.
En la tensa espera los pendones amarillos flotan al viento, Sé que llegarán, pronto. Aún así no tengo miedo, inconsciencia del que no tiene nada que perder. En la vara de alcándara dormitan los milanos.
Me reclino sobre la piedra aún caliente por el sol del atardecer, la toco con dedos temblorosos, el hambre, busco la humedad en las junturas, el musgo que alivie mi sed, lamo las troneras. Los ballesteros dormitan desfallecidos en las aspilleras. Hay un unánime deseo de que esta situación termine pero jamás nos rendiremos.
En el jardín de las damas se mecen al viento las hojas de los libros que cuelgan de los árboles, frutos literarios para los curiosos, para los ávidos de saber. Junto a la poterna del sur un jayán intonso no pierde de vista al jorguín que recita sus encantamientos mientras agita cascabeles y vejigas hinchadas.
En el patio de armas los garzones levantan la cabeza con altanería, los saeteros bruñen sus armas en los huecos de las almojayas. Hay una turbulencia de vientos y nubes que nos enardece. Me sobresalto con el bip bip de un mensaje en la pantalla, abro los ojos, no es de él, jamás me volverá a escribir. La alfaguara se convirtió en vinagre que empapaba las últimas cartas, escuetas, con esquinas, rezumando dolor y rabia. Temo que ya no llegará la magia de un: quiero verte. La parafasia me confunde y además nos atacarán al alba. En verdad, son estos tiempos duros para los hombres de armas. O así.




Judy Garland - Somewhere Over The Rainbow


sábado, 8 de septiembre de 2007

Tristeza.


L se está muriendo, dejándonos tristes, confusos y asustados, anonadados ante el infortunio, arrasada la esperanza, atónitos. Se muere y nosotros también morimos, un poco más cerca de lo negro, solos, confundidos, con la realidad golpeándonos sin piedad, peregrinos hacia un destino caducado, mudos en la espuma donde se ahogan los sueños, secretamente aliviados por no ser nosotros.

Hay que vivir, hay que vivir, repetimos en letanía que dice lo que dice y no dice nada. Vivir una sucesión de días de risas, de bostezos, de rutina, tristes, vacíos, sin poso excepto ese dolor de riñones, hasta que un día el diagnóstico, la punzada, el dedo señalando un punto indefinido dentro. Duele el vacío interior, el espíritu. Tiempo suspendido. Es esto, es esto y no queremos verlo, oda de soledades, compañera de la salud extinta. El pasado es un reptil que corre sobre la caliente arena, el futuro es una pared de ladrillos rojos

Y entre la blanca niebla de un manantial triste, quizás de madrugada, morir, sin testigos, como se ha vivido, sólo.


viernes, 7 de septiembre de 2007

Gato con tres pies.


Segues cos teus ollos este verso do que encaprichei para empezar.

He atravesado muchas aguas desalmadas sin ver el fondo. Tampoco vi las ruinas del pueblo sumergido –sí, lo informó la prensa, tuvieron que evacuarlo, en los setenta-. Solo vi imágenes de hombres sedientos, serenos en su visibilidad, tendidos al sol que se desperezaba sobre una tierra a punto de desaparecer, repitiendo la letanía: solo se vive una vez. Nunca vi a los sumos sacerdotes que predicaban recompensas eternas.

O seu título condénao á existencia

Me he bebido tres elefantes, enteros, con trompa y todo. Me he comido con labios de cuchara toda la amargura de los días en declive, las emociones que perdieron la apacibilidad, la falsa ternura de los símbolos escondidos en insomnios de sábanas de papel, los intentos para mantener el equilibrio aún cuando los cazadores de poetas, los depredadores de filósofos, los pregoneros del juicio final empujaban sin respeto, mucho menos piedad, los límites entre lo soportable y este espacio baldío que es no ver… (te/la/me/nos/os). Ver.

Sei demasiado de min

He empujado pianos escaleras arriba - de hecho soy el campeón de mi barrio de subida de pianos a pulso-. He vaciado balde a balde, piscinas de tristeza, a brazadas armarios llenos de vestidos de lirio, una gabardina blanca con una mancha de pintura verde en la manga –maldito pintor-, trajes grises de cuando mi novia de entonces me proponía matrimonio formalmente, una y otra vez, emparedado entre su madre y mi poca experiencia en fugas, en bajarme de norias en movimiento. Aprendí y aquello parecía una película de Larry Semon, sin los comentarios de Ramos de Castro, vestí mi vanidad con lacoste y un nuevo look de viajes al fondo del jardín, a lo oscuro, que me hice malo, si no lo era ya, poco tiempo antes de cerrar la tienda por falta de género.

Correndo cara a vida que se propaga agora que son una morna morea de letras(*)

Todo eso fue ayer. La escritura me reconcilió con viejas deudas, llenó de collages las paredes una casa que nunca soñé, absorto en desasosegadas operaciones de reconocimiento, en sembrar aplausos por campos descorazonadores. Me convencí que aquellos –y estos- no tenían manos, ni voluntad, ni sentido del ritmo. Quizás aquellas cejas fruncidas eran un oficio de aprendices, tienen la inteligencia en el calabozo, la sensibilidad en el culo y no hay más cera que la que arde. Es por esto que hoy mido el espacio de la realidad, comparto sueños sólo con los soñadores, dibujo –gratis- poemas en calles diferentes, en paredes blancas, en la ropa interior de la mujer que amo. Hoy, 7 de septiembre del año 2007 soy razonablemente feliz. Que lo sepas.

Y tú.

*(fragmentos del poema Mutación de Estibaliz Espinosa).



jueves, 6 de septiembre de 2007

Aquel camino de agosto.


Un día cualquiera sentí la necesidad de seguir los pasos antiguos. Salir a caminar, sólo, andar por la ruta milenaria, la que sigue la Vía Láctea, la de las señales amarillas. Buscar ahí la paz de los bosques, el frío silencio de las estrellas, la compañía de las pisadas, los albergues que acogen, las posadas inhóspitas, lo bucólico, aquello que está escondido en pistas de tierra, en prados, en secarrales, puentes, el páramo sin sombra, el aire limpio de la montaña, campos de vides, hórreos, pallozas, neblinas en el filo del cielo.

Así, paso a paso, me adentré en los sucesivos paisajes, en el cansancio, en el sudor, en la soledad, en las preguntas sobre lo estéril de esa opción aventurada. En el eco del viaje aún no escuchaba los motivos, las razones, la causa real de la partida. Seguramente todos los que habíamos salido la teníamos, no sabía cual era la mía. Me dolían las piernas y la espalda pero seguía la marcha, me escocían las preguntas no formuladas, enhebradas entre los músculos alterados. En el fondo, con ingenua ilusión esperaba que alguien, algo, una respuesta, apareciese encima de una zarza, sobre una piedra, suspendida en una nube; la respuesta a esta búsqueda interior, a la obstinación por continuar por sendas trashumantes, vadear ríos, salvar cordilleras, valles encarcelados, llanuras monótonas, atravesar ciudades bulliciosas, aldeas perdidas, bordear pueblos abandonados, cementerios, lavaderos sin lavanderas, vacas, perros, pájaros surcando de norte a sur, cencerros, espadañas rompiendo la madrugada, gritos de pastores, cencerros, el mensaje del viento, el indescifrable misterio de este viaje de tantos. Pero en vano, nada aparecía escrito en los techos de pizarra, en el polvo de los andaderos, en la quietud de las carballeiras, en las hojas de los castaños, pinos, robles, hayas, árboles centenarios, arbustos, sombras entre las hierbas, ermitas, iglesias dedicadas a vírgenes de muchos nombres, cruces de piedra, laberinto de caminos, al final de todo la Catedral.

Salí sólo –dije- pero éramos muchos los caminantes. Estaban a mi lado, compartiendo sendero y cansancio, jadeos en las subidas empinadas, traspiés en los descensos, confidencias en las ásperas distancias, risas, abrazos, sed, lágrimas emoción, jergón y frutas, agua, una palabra a tiempo, una mirada, una mano en el hombro, respiro en las arboledas, silencio en las madrugadas aún llenas de estrellas. -Hay derecho a dos preguntas, tres a los sumo, ¿de dónde has salido?, ¿de dónde eres?, y si hay tiempo, ¿cómo te llamas?- Eran los Otros y los Otros también era yo. Posiblemente esa era la respuesta al viaje.

En los últimos kilómetros me mordió la serpiente de la duda, estaba casi en el final y temía el después. Seguí adelante con la urgencia de llegar. En la anteúltima etapa, en Ribadiso da Baixo se produjo el milagro. Un ángel vestido de blanco se me apareció entre los árboles. Cegado por su brillo, entusiasmado, perdí la cabeza y me abracé a ella. Etc.

El resto no tenía ya importancia. Al día siguiente seguí caminando, 42 kilómetros. Llegué, la Catedral, Santiago y el Ángel me estaban esperando. Etc.

Lo lamento, no puedo terminar, no puedo escribir, está la habitación invadida por las alas del Ángel, se me meten por los oídos, por los ojos, se me mezcla la imaginación con el deseo, con la realidad. Etc.

Ay , ¿dónde está el camino?.



miércoles, 5 de septiembre de 2007

Libros libres

Hay que ver la cantidad de libros que hay, que se editan, que hasta se pueden leer, que te sientas y lees, por ejemplo a Gamoneda, que antes no le conocía nadie pero ahora sí, que abres la prensa y te enteras que le han dado un premio en Orihuela, por ejemplo, que incluso le escuché en una conferencia y tenía el pobre una cara de triste y aburrido que ya, aunque recita bien, lo suyo, la gente, los otros, le preguntaba cosas, algunos llorando, él contestaba con voz lenta y sabia, poética, claro, así cualquiera, que está todo muy complicado, media Grecia se ha quemado y otra media se ha ahogado, también Castellón, Canarias antes, achicharrados, aquí media población se ha aburrido en vacaciones, otra media...demasiadas medias, que no, que desde este lunes hemos vuelto al trabajo, p`alante, por esos caminos laborales del señor, que me dan miedo los lobos, el lobis home concretamente, que te pega un mordisco en tal parte y verás, hay bichos muy peligrosos con dos patas, montones, hasta con bigote, o con rulos; que antes, de vacaciones, iba a Cai, muchos años, ese levante de a veces, esos boquerones en el barrio Picadueñas de Jerez, el Ventorrillo del Chato, el Faro del Puerto, que el personal es lo mejor, qué salero, qué gracejo, arquetipos, correspondencia lírica entre el cante jondo y el amor y la locura despeñados por bulerías, que vas y vienes y tan rícamente, todo muy bien pero desde el lunes no es como en Praga, que en cada calleja me imaginaba a Mozart, embozado, recorriendo las esquinas, inventando sinfonías, con una octava clavada en el esternón, o a Kafka, funcionario insigne, o el Moldava, tú escuchas Moldava y parece qué sé yo, pues no, un río, normal, con su agua y su corriente remolona, aunque se desborda, cualquiera puede desbordarse en un momento concreto, pongamos el príncipe, que se mosqueó por un dibujo de nada, las veces que le habrán dibujado, lo único lo de las lorzas, que es una falta de respeto, vale, pero cuando veo a toda la tropa real, niños y niños, ahí, que parece que no saben hacer otra cosa, que está bien pero tíos, que luego comen, ya, a escote sale más barato, pero que es mucho escote y luego se quejan de guillotinas y revoluciones, por decirlo de una manera amable, que fusilaban, es un periodo cenagoso, ya ves; que desde el lunes trabajamos, algunos, los que tenemos suerte, y sigue ahí esa Mirada que espero volver a mirar, qué emoción, una magnífica forma de seguir el camino que no cesa, no creas, es como viajarte, por dentro, descubrirte en cada paso, pulpo en Melide, anfibios en los charcos, japoneses solitarios haciéndose el harakiri detrás de los zarzales, arquitectura nueva a partir de un pensamiento nuevo, que este otoño lo mismo empieza a llover como el año pasado y se oscurece el cielo con púas líquidas y pantallas borrosas, zumbidos, si escuchas zumbidos quizás te vigila la Nasa, deseo la tranquilidad suficiente para escucharme, mis ecos, descubrirme en todo aquello que vaya apareciendo por la proa, mariposas o galápagos, señoras enjoyadas o Baudelaire, que no me entiende, Churra dice que no me entiende, es un infierno eso de no saber qué pensar de Proserpina, tener que caminar con un farol por estancias de la naturaleza, claros en los bosques, que no se me va la olla, no, que desde el lunes, o sea anteayer, o cuando, según cuando leas, eso es lo bueno, escribo cuando puedo y lees cuando quieres, si quieres, si no quieres lo dejas y miras las fotos, por ejemplo la de un pájaro con las plumas planchadas, con brillo en el pico, con un zorro rapiñero mirándolo, arrobado, dieta de legumbres y símbolos, no hay nada que entender, estoy contento, muy, he tenido unas hermosas vacaciones en Galicia, en la Costa da Morte, fotografías en Muxía –que horror de monumento a la desgracia del Prestige- y no brilla el sol, no tengo un duro, vale, pero me tengo, me sostengo, me contengo, me propongo para seguir aquí, en esta dura vuelta, para eso hay que haber ido, sin maletas inútiles, con recuerdos, con el deseo intacto, satisfecho, con nuevos deseos, lápices de colores y Finisterre, no recuerdo si ahí termina el mundo o empieza, el año pasado tiré ahí mis miedos, los tenía, me preocupa hacerme viejo, más, cordura, libros ilustrados, yo soy, un palíndromo con toda la profundidad de la locura, que me meto y veo, braceo, terciopelo del bulbo raquídeo, baile esdrújulo, vaivén entre lo que soy y yo, abismo amoroso, silencio por ese camino que terminé (¿?) el día 13, creo que no te lo había dicho, valentía de intentar el cambio, lo que no, lo anormal, ruptura con lo cómodo, zapateado en el Bierzo, bulerías en O´Cebreiro, tira p´arriba se pongan los japoneses de antes como se pongan, liturgia italiana en iglesias perdidas para infantes italianos usurpadores de camas en pueblos perdidos, que tiene su aquel haber dormido en habitaciones con desconocidos, roncadores, olorosos, ruidosos, puff, quita, quita, y sin embargo los conocidos, los que he conocido, me han llenado de esperanza, de enseñanzas, de amistad, va por ellos, eso teniendo en cuenta la cantidad de libros que hay, que hasta se pueden leer, y nosotros aquí, intentando estos absurdos, farragosos textos. Pero intentándolo, cada día.

Me lo tengo que hacer mirar.



martes, 4 de septiembre de 2007

Cacabelos.


Sobre el felpudo un gato negro, muerto, degollado.
Diez minutos antes mi esposa había salido a llevar a los niños al colegio y no había nada.
Bajé a la calle temblando, desencajado, mirando a todos los lados. Sabía que desde algún sitio cercano me estaban vigilando.

O cuando estrené el coche, el de ahora. Mientras comíamos lo aparqué en una calle cercana. Al recogerlo lo habían rayado. Vete, habían escrito en el capó.

Y las llamadas telefónicas. Me amenazaban por si aparecía en alguna de las obras de allí. Por eso siempre trabajé por el Sur, en Madrid, en Burgos. Sólo era, soy, un simple encargado en una empresa de montajes, no entiendo de política, solo sé trabajar.

Así que cuando me dijeron que tenía que ir a la Central me negué, dije que no iba, que pedía la cuenta, que adiós. Trataron de convencerme por todos los medios. Esto era un viernes. Pasé un fin de semana terrible. Al de unos días me llamaron, que no, que tranquilo, que lo comprendían, que mandaban a otro, que mi experiencia era necesaria en la empresa.

Dos días después explotaba una bomba en la Central matando a dos trabajadores -uno de ellos el que fue en mi lugar- e hiriendo a varios más.

Por eso no voy a tu tierra, por eso no he vuelto a aparecer por allí.


Y me invitó a un vino.
Le di la mano y volví con mis compañeros.
No se enteraron de esta conversación.
En aquella bodega indescriptible, la de Roque, con gallinas y un cerdo negro atado en la puerta, sentados alrededor de una lápida vuelta del revés reían Janos el húngaro, Ali, la portorriqueña, Alex, Dani, Eliana, la alemana, Fátima, Marigel -creo que me dejo alguno, que me perdone-, peregrinos, compañeros que nos fuimos juntando día a día, compartiendo el camino, cansancio, confidencias y alegría, buenos y malos ratos. Amigos.

Momentos entrañables.

No imaginaba que el Camino me iba a dejar tanta, tanta huella.




(Foto: Alex Martínez)








lunes, 3 de septiembre de 2007

Wir sind das volk.

(Para Guadalupe)

Eso, somos un pueblo, tú y yo, que ahora todo lo escrito no sirve para nada, que entre tantas voces y miradas sólo una, la tuya, la de de agua. Zumban recuerdos en Ribadiso da Baixo, hay hogueras de flores y metáforas, hay olores de brezo y mi nariz se pierde en tu pecho, en tu traje blanco, río sin cesar, la ilusión vive en mis mejillas. Es sencillo remar en lo imaginado, una corriente de antes, tomando cerveza en pueblos en fiesta, con trasnochadores bailando en la plaza, angustia de los usurpadores de plástico, con botones en el pulmón, rojos, de los tiempos en los que el Concierto número 3 de Rachmaninoff lo tocaban sólo su autor y Horowitz, que nos dijimos sin decir, que no hacía falta mientras las vacas con bata de cola nos miraban desde la otra orilla y un señor se reía de nuestras risas de brezo, un episodio de mudanzas, una salmodia para no entender, con cincuenta millones de niños chinos que estudian piano, que muchos de ellos tocan estudios de Chopin con sólo ocho años. Diazepam, xanac, proniazid, hoy la verde, las azules por la mañana, wir sind das volk, somos un pueblo, nosotros solos, el de los soñadores, dormidos al raso con almohadones de Ikea, somos los que celebramos la victoria de vernos y querernos al instante, como un presentimiento cumplido, un designio, fluoxetina pura en cada beso, nos vigila la amiga del humanoide verde y su colección de máscaras mexicanas gustando empanadas de zamburiñas y albariño bajo una higuera, que mezclo lo nuestro y mi viaje, aquel, para no sufrir, para no subirme al coche o volver andando, romántico encuentro en el camino, una bifurcación, otra, esta sin señales amarillas, no sabemos dónde nos llevará, el poder del ahora, un festín después de la dieta, rompiendo entre los dedos la tristeza, moderna piedra de la locura, la fuerza imparable que arrastra emociones y pálpitos, promesas y el miedo de no volvernos a ver.

Tu Mirada, la de agua, la que me tiene atrapado, desde entonces.

¿Hasta qué punto la Iglesia católica, con su oposición a las técnicas contraceptivas y de planificación familiar, es responsable del subdesarrollo del Tercer Mundo?

Jesús Mosterín: No es en absoluto una casualidad que los mayores índices de natalidad se den precisamente en los países más pobres del mundo. El exceso de población es una de las principales causas del hambre, las plagas y todos los demás jinetes del Apocalipsis. En esos países, una familia tiene que elegir entre alimentar y educar bien a un hijo o malcriar a 10, condenándolos de nuevo al subdesarrollo, la miseria y la enfermedad. Los organismos internacionales aconsejan a los Gobiernos de los países en desarrollo establecer políticas vigorosas de control de la natalidad, porque son indispensables para romper el círculo infernal del hambre y la miseria, y los Gobiernos lo habrían hecho hace tiempo si no fuera por la presión del fanatismo religioso, y en especial de la Iglesia católica. Pablo VI condenó la planificación familiar, la anticoncepción y el aborto en una encíclica, ya en 1968. Juan Pablo II, el Papa viajero, ha sido un verdadero vendedor ambulante de irracionalidad demográfica, y la influencia católica es la causa de que el aborto siga prohibido en toda Latinoamérica. No hace falta hablar del sida y los condones. Además, el Vaticano es incoherente, puesto que, si rechaza los condones porque erosionan el valor supremo de la reproducción, no habría peor pecado que la castidad, y sin embargo, ya ve usted. La Iglesia sigue con la estrategia de la sopa boba. Dad de comer al hambriento, y que se resigne a seguir siendo pobre. Es fundamentalismo.

Jesús Mosterín

(Bilbao, España, 1941) Filósofo. Profesor de Investigación en el Instituto de Filosofía del CSICMadrid). Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Barcelona. Investigador o Profesor invitado en Münster (Alemania), Sant Petersburg (Rusia), Kyoto (Japón), UNAM (México), Pittsburgh, Stanford y MIT (USA). Miembro titular de la Academia Europaea, del Institut International de Philosophie, vicepresidente de la International Academy of Philosophy of Science, fellow del Center for Philosophy of Science (Pittsburgh). presidente de honor del Proyecto Gran Simio. Asimismo, es director editorial de las enciclopedias zoológicas de Félix Rodríguez de la Fuente.
Autor de numerosos artículos técnicos y de divulgación, así como de veintiséis libros, entre otros ¡Vivan los animales! (Debate, 1998, y Debolsillo, 2003), Los Lógicos (Espasa, 2000). Conceptos y teorías en la ciencia (Alianza Editorial, 2000), Ciencia Viva (Espasa-Calpe, 2001, y edición renovada, 2006), Diccionario de Lógica y Filosofía de la Ciencia (junto con Roberto Torretti, Alianza Editorial, 2002), El pensamiento arcaico, La Hélade, Aristóteles y Los Judíos (Alianza Editorial, 2006) y La Naturaleza Humana (Espasa, 2006).



domingo, 2 de septiembre de 2007

Durante un minuto, mirada a cámara sostenida en primer plano.

El sentimiento es demasiado grande
para llevarlo solo
las noches aquí son largas
se estiran penosamente hasta el amanecer
y en la vigilia me envuelven sombras densas
a las que mi cuerpo no se acostumbra todavía.

Alfonso Gumucio Dagron


Te miro, te estoy mirando fijamente.
A ti.
En silencio sostengo la mirada (sin escribir –imagínatelo-.)




Estás ahí.
Durante un minuto te he mirado (*).

Y tú ¿qué has visto?


(*) Quizás solo sea un vano ejercicio post vacacional, nouvelle vague, el desafío a cámara de Jean-Pierre Léaud, de Jean Seberg, la propuesta de Bergman a Harriet Anderssons.



sábado, 1 de septiembre de 2007

La primera vez.

“Queda un placer:
ardemos
en palabras incomprensibles”

La primera vez te pareció algo diferente, una ventana, otro paisaje, un nuevo mundo.
Relucía.
Mi carta, digo.
En la segunda ya viste un mecanismo escondido, unos cables allí, a lo largo del relato, un espejo que mentía. Dejá vù.
Archivaste la tercera entre la ciencia ficción de Asimov y un argumento de película antigua. - "Tienen truco, tienen truco" - pensabas.
Y, claro, tan pocas pero ya viejas, en alguna parte estaba guardado el conejo blanco que hice desaparecer dentro del sombrero.
Por eso te envío hoy la voz del joven/viejo Gamoneda que sabe de dolores, de barcos, de ausencias, de tú y yo.
Como si eso fuera posible, como si alguien lo supiera.
¿lo sabes tú?



"quizás soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. –en cualquier caso ya
la única sabiduría es el olvido”.


Fragmentos de Antonio Gamoneda (claro).



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