Parker en el bombardeo
Ardía abril, uno a uno los poetas subieron al atril, modestos, ordenados, metódicos, vibraban sus versos, pugnaba su voz con el sonido del agua, implacable en su húmeda cantinela, el acariciante sirimiri, los surtidores de la fuente,.
Allí, sentado con absurdo y temprano frío, escuchando desde las venas, Parker sintió el contraste, su torpe expresión de cada día era indigna. Tenía ante sí el presente y lo malgastaba en huecos soliloquios complacientes sin esencia, sin sentido.
Entonces llegaron los aviones.
Parker miró al cielo para intentar distinguir en los colores en sus alas si eran enemigos.
El sonido del bombardeo sobre Unter den Linden confirmó que sí.
Corrió al refugio.
No hubo tiempo ya para la poesía.


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