Harry
-
No sea coplero,
deje de cantar y responda.
(Demasiadas preguntas, aquello duraba demasiado, estaba cansado, me senté justo en el punto en el que cambiaba la marea de los textos, en el preciso lugar donde confluían la noche y el día, en el arrabal de casas confusas y griterío, masticando la rabia silenciosa, los nombres exangües, el laberinto derrotado, perros ajenos, lapiceros imaginarios dibujando cómo seremos cuando no seamos, bosquejos en la mitad del puente.)
-
Vale ya de
tonterías, se lo preguntaré solo una vez.
(No eran preguntas al aire, el comisario quería establecer una teoría final, en su imaginación crecía ya el musgo prematuro de no saber, hedía el fracaso de sus investigaciones anteriores, la cobarde retirada de las palabras ambiguas, antiguas, la eternidad bajo el cartel que anunciaba una próxima corrida de toros, un concierto azul de txalaparta, la suma de intenciones al azar. Entonces el comisario me apuntó con una pistola tan negra como mi alma y dijo)
(Cuando
entraron los coros, el comisario volvió la cabeza ligeramente, apenas una
fracción de segundo, un momento que aproveché para saltar por la claraboya)
(Continuará)

0 comments :
Publicar un comentario