Mariscal.
Disculpen que hable otra vez de lo
mío. No conozco mucho de lo suyo y tengo que cumplir con la tarea diaria del
blog. En realidad me importa un pimiento que a usted no le importen los míos,
mis pimientos, es lo que hay. Es sorprendente la cantidad de personas que
pierden el tiempo contando sus miserias, su nada, el hueco, no habrá nada mejor
que hacer. No sé si esto es una pregunta o una afirmación. Parece que no. Lo
mío, hoy, ni siquiera es la nostalgia, evocar nombres medio olvidados, aquella
vez que, en realidad tengo pocas aventuras emocionantes, una vez estuve en
Burgos, otra vez subí al Pagasarri, a Teresa casi la abrazo. Cuando aún veía
muy lejano eso de la jubilación, en algún texto dije “mis amigos están pensando
en jubilarse”. Era otro momento, otro clima, otras circunstancias, otro
gobierno, otra forma de pensar. Hoy ha pasado el tiempo y algunos de mis
amigos, los que sobreviven, tienen dolores diversos, en el hígado, en las
articulaciones, en la planta de los pies, no oyen bien, no ven bien, no sienten
bien, no les gustan los pimientos, fritos, están hechos polvo. Seguimos
mientras podamos. Como diría Mariscal “Señora ¿Me puede coger en brazos un rato?
Por favor”.


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