miércoles, 21 de febrero de 2007

Alejandro Dolina.

El juego de los Amantes Desconocidos era sin duda apasionante. Pero aunque admitía procesos más o menos prolongados, al cabo terminaban por extinguirse. Nadie puede resistir mucho tiempo la tentación de conocer. Todos, tarde o temprano, exigen la consumación del amor epistolar. Y así terminaban todas las historias. La mayoría de las veces con el silencio y el olvido. (El ángel gris. Alejandro Dolina.)


El saurio rojo del estupor me muerde sin cesar. No es una metáfora, estoy metido en el vientre del glotón cocodrilo de un miércoles en el que tantas cosas no tienen sentido.

El peludo bicho del stress también me muerde las orejas.
Y esta húmeda camisa de no entender qué pasa.
Aunque debo decir que todavía estoy surcado por barcos y barcos, regatas interminables, navegantes solitarios, travesías de veleros, algún náufrago aferrado a su tabla y peces despistados. Durante el tiempo que llevo esperando, sentado en el muelle de la bahía, para colmo se ha apagado mi faro y no encuentro bombillas de repuesto de ese tamaño.
Mientras escribo y pienso suena Jan Dimas Zelenka con su Prague 1723, una maravilla que me acompaña en un allegro majestuoso. Paolo Conte me mira esperando su turno. Hoy no hay jazz.

Uno es afortunado, o lo parece, pero en la rifa le tocó una mente que no para, que no está conforme, que busca hasta debajo de las piedras las respuestas que no tenemos, el final del misterio interminable, la ruta por donde salir de este laberinto. Mientras tanto camino los más erguido posible, trato de crecer, de no rendirme en las noches de equilibrista tendido sobre el alambre, cuando los dioses se ríen de nosotros, cuando nos afanamos en amar lo imposible, cuando en la oscuridad escucho la respiración de alguien, sin rostro. Renuncio a aceptar qué es lo correcto sólo porque muchos me lo dijeron -así me ha ido algunas veces-.

Todo tiene una clave y si lo intento descubriré un rastro entre tantos textos que leo en los blogs, floridos, exuberantes, bulliciosos, profundos, lacónicos, misteriosos a veces, deslizándose por mi mente, por mi corazón, por mis piernas, como serpientes dolorosas, como agujeros de cerradura, como pañuelos de seda, como un hipervínculo que me lleva a otra dirección y de allí a otra y en el fondo, mi curiosidad encantada de estar colgada de la punta de los dedos, en el capricho de escritores o de quién sabe. También yo soy quién sabe, también yo sé que saben.

Con el silencio blogiano de demasiados días, con el tránsito, no he perdido reflejos, quizás sí me sobre lengua para momentos en los quisiera estar callado, o dormido, o lejos. Quizás me estorbe ese recuerdo del enfermo de la cama de al lado en la UVI, conectado a tantos tubos, frascos, botellas con líquidos de colores, su respiración todavía resuena en mis pesadillas. Y sus gemidos de muerte.
Ahora se me acumula el trabajo, del corazón, escucho voces púrpuras como la toga de un César, cantos de cigarras y tengo la cena, humeante, sobre la mesa.
No se como voy a librarme de este saurio rabioso.



25 comments :

Anónimo dijo...

Seguir el rastro, comer todos los días con la curiosidad y desayunarse con palabras que pugnan por salir, no te libres del saurio, ni siquiera te libres de las pesadillas, ellas también nos gritan que estamos vivos. Recuerdo que lo primero que pregunté a mi hermano cuando salió del coma en una UVI como esa que recuerdas es que había soñado en esos días y me dijo que nada, cero, vacio absoluto, eso es la no-vida.

Pedro M. Martínez dijo...

ladydark en cambio yo no quería dormir (tenía miedo de no despertar).
Pero lo hice y tuve alucinaciones, sueños que aún me duelen, pesadillas que recuerdo mejor que muchas historias que me han ocurrido. Seguro que algunas las cuento aquí (quiero decir que las he contado allí, en Blogia).
Seguiré contando cosas aquí, no creas, estoy un poco loco, esto es un empezar de nuevo.
Gracias por venir.

ybris dijo...

El estupor, como el estrés, es un saurio rojo que muerde y acucia.
Va uno rebuscando estupores que nos estresan en imágenes, músicas, libros blogs...
Y al final se siente uno agobiado y enriquecido.
No se puede parar aunque no se llegue nunca al final de la sorpresa.
Conviviremos con ese saurio.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Este saurio es un gran animal que cada día engorda una tonelada, se me ocurre que es la memoria o conciencia colectiva de todos y cada uno de los que escriben en los blogs. Él lo va almacenando en su enorme panza, hasta que un día haga puffff y nos salpique a todos.

Besos chaval, me gustó.

C.A. Makkkafu.

Anónimo dijo...

“…El peludo bicho…”
“Desde que te perdí…”
“…Y está húmeda…”
“…se están enamorando todas de mi…”
“…Uno es afortunado…”
“…las puertas se me abren de par en par…”
“…Todo tiene una clave…”
“…la vida me sonríe sin cesar…”
“…Con el silencio blogiano…”
“…hago lo que me da la gana…”

Acabo de darme cuenta que me estoy convirtiendo en una glupiana de primera ¡la leche!, y que a gusto me encuentro… leo, oigo, río, lloro… baila corazón dentro de mi pecho, puede convertirse en una enfermedad mental… pues nada inauguremos el manicomio para glupianas locas de dicha… leamos, oigamos, riamos, lloremos… “larairarairarara larairarairarara”
Besos locos,gaia07.

Chalá perdía dijo...

Pues ante un bicho como ese hay un arma infalible:
-Poner lo primero antes y todo lo que no esté antes dejarlo para después.

No falla si te lo tomas en serio.

Espero que estés bien, del cuerpo, que no de la cabeza (es lo que le pasa a los que piensan demasiado)...si es que haga lo que haga siempre acabo rodeada de los míos!!!

Anónimo dijo...

A quien le importa ese Saurio ni siquiera la pesadilla cuando lo que hace es recordarnos, que la vida son dos días y que estamos aquí para comernosla con patatitas??? segundo a segundo( guarnición al gusto)
Glupito guapo sigues escribiendo con una calidad y aparente facilidad pasmosa y envidiable, jijiji y además...dices, y yo te escucho.
Pececito, muá

Anónimo dijo...

el jijijij es por lo envidiable visto desde mi pluma seca, buaaaa

Anónimo dijo...

PaquiLou dice:

-Pedro, no puedo más. Esto es insuperable.
Tienes que dármelo...
Ya no me pido mi sonrisa nueva para recibirte.
Ya no me rompo la esperanza a golpe de teclas, para leerte engalanado y sucumbir mi suerte...
Ya no despierto empapada en lágrimas (buenas y malas)cada mañana...
Tienes que dármelo ya...
!!!!Quiero tu abrazooooooooo!!!!!!!!!!!!
Es que son varios años ya...a tu verita...
Deliciosamente eres en la escritura, en la dignidad de tu hermosa franqueza.
En la voz que me alza todas las alarmas...me digo: Me robará el corazón con esa espontaneidad crítica que le caracteriza...
Joder es mi Pedro.
Guaooo...!!
Te quiero tío... ¿te lo he dicho ya no?
(No quiero tu alma, se lo cara que es, tendría que ahorrar mucho...nop, no puedo...)
Aspiro a ese abrazo.
Es que soy muy humilde. Después de todo, lo soy...
Te beso.

Tempus fugit dijo...

El peludo bicho del estrés resopla en mi nuca a la espera de que deje de recorrer blogs, textos, despojos de martes por la noche...
Tengo la esperanza de que se quede hipnotizado mirando la pantalla.

un abrazo.

Misántropo dijo...

Apagué el ordenador, y el bicho seguía ahí...

¿Será por eso que lo sigo encendiendo cada día? ¿Para buscar claves, indicios, respuestas? O quizá para estresarme con preguntas que no son las mías. No lo sé; pero sigo encendiendo y apagando cada noche.

Y el bicho, sigue ahí.

Bueno, Paolo Conte sabe lo suyo de jazz. A Zelenka lo logro oírlo. ¿Conoces sus trios para dos voces y continuo? Hay una versión magistral, con Heinz Holliger a la cabeza. Esos son, por así decir, dinosaurios que no estresan.

Un abrazo.

Diana L. Caffaratti dijo...

Lqa nueva casa Glup es una versión mejorada de la anterior.
Celebro tu ingreso a blogger, pues hará más ágiles las terulias.
Leo a un escritor que se sumerge en las profundidades con brazadas dolorosas, sensibles, puras, y sale airoso enre espumas para usar palabras cristales, palabras, aguas, palabras pájaros. Me gusta lo leído. Aquí hay vena de escritor... aunque te resistas a creerlo.

Pedro M. Martínez dijo...

Ybris, ya, pero como muerde, me ha comido dos dedos del ímpetu, una rodilla del entusiasmo y un trozo de la cadera del jueves.

Conviviremos con el saurio, qué remedio.

Un abrazo.

Pedro M. Martínez dijo...

Makkkafu no hay problema, nos ponemos la maya de amaya y ya puede explotar el saurio e impregnarnos de su exceso, aguantaremos como inconscientes.

A mi también me gustas tú. Y lo que escribes. Besos.

Pedro M. Martínez dijo...

Anónima Gaia07 aprovéchate de mi falta de tiempo, me quedan horas para saber quién eres, te pongas el antifaz que te pongas. Y es que hay cosas que no se pueden ocultar, te pongas en Ondarreta o en Japón. Eso. Besos cuerdos, de tornillo.

Pedro M. Martínez dijo...

María Manuela, mire usted, lo primero es lo primero y olé. Es decir que tu primero puede ser mi cuarto; mi tercero, tu segundo; incluso tu décimo puede ser arena y mi primero, humo.

Y tomarlo en serio solo puede producir acidez de estómago, insomnio y migrañas.

De cuerpo estoy...está mal que lo diga, pero de cuerpo estoy de mojar pan (te paso un panecillo para que lo compruebes). De la cabeza ando peor, mira tú, pero como no se cura, pues p´alante. Te beso un dedo.

Pedro M. Martínez dijo...

Querida Hechi, cuando leo tu nombre me entra, así, un gustito que ya, ya. Y es que te quiero mucho, fea. Además ahora hay que mimarte, bueno, ahora y siempre, pero ahora más. ¿Voy a comprarte fresas?

Muy en serio te digo que siempre te estaré muy agradecido por todo el cariño, comprensión y ayuda que me has dado en muchos momentos. Y lo sabes.

Lo de la pluma seca...no tengo ni una cosa ni la otra. Jajajajajajaja.

Pedro M. Martínez dijo...

Oye, PaquiLou, corazón, no me digas estas cosas que luego recibes un recado del asilo y te dicen que te llaman y “Dígame” y soy yo, y me tienes que sacar a pasear con el carrito todas las tardes y parecía otra cosa cuando le leía y a la cuarta vuelta por el parque de los patos estás de mi alma hasta el gorro frigio no frígido y me abrazas con esa personalidad que tienes y se te clavan toos los huesos en ese pecho que no te cabe en el pecho y quién me mandaba a mi dejar estos comentarios y si lo sé no vengo y que yo también te quiero –musho, musho- que admiro lo que dejas en tu página (texto y fotos) y que, aunque seas humilde (o por eso) te lleno de besos toda la parte delantera superior de la cabeza, justo ahí donde se separa, entre los labios, muá

Pedro M. Martínez dijo...

De cenizas que ya no sé de donde sacar tiempo pa tó. Que se va por las rendijas de los días. Que no me deja vivir (vivir bien, digo). Que qué ganas de ser inconsciente y asquerosamente rico como para dejar de escribir estas tonterías y dedicarme a lo serio, es decir, no hacer nada, o poco, o solo eso que me gusta (efectivamente, eso), sin parar (bueno, comer y esas cosas mínimas, sí)
Hipnotizado, más bien que mal, te abrazo.

Pedro M. Martínez dijo...

Misántropo en cambio yo he apagado el bicho y el ordenador sigue aquí y me mira y me habla y me pide y me esclaviza (o así.). ¡Que se lo coma el bicho!
Estoy seguro que las respuestas siempre están debajo de una piel. El resto es aire.¡Aire!
Tengo un amigo que cuando le hablo de algún grupo de música me dice, ufano “lo tengo todo. Pues bien, de Paolo Conte ¡lo tengo todo!
De Jan Dismas, en cambio, me cuesta encontrar. Reviso la Fnac de arriba abajo y encuentro solo lo que ya tengo. Una delicia. Ah, tío, mis respetos, eres el primero que me contesta de un músico tan minoritario (+ o -). ¿A ver si los dinosaurios vamos a ser nosotros?
Un abrazo doble.

Pedro M. Martínez dijo...

Diana L. Caffaratti no me resisto a creer nada, es más, me creo todo, lo que me dicen, lo que se callan, lo que piensan, los que no piensan, todo. Soy crédulo. Soy más cosas. Como muchos. Como alguien. Escribo, también. Y nado, no sabes bien como nado, fíjate que solo me he ahogado ocho veces (el resto volví a tierra con los otros naúfragos).
Y con todo, te agradezco muchísimo tu comentario.

maite dijo...

hola equilibrista!!!
menos mal que apareciste por mi blog, pensar que me estaba perdiendo el tuyo...

encantada de conocerte pedro (glup)

un beso

Pedro M. Martínez dijo...

Maite lo mismo digo, ya has tardado, a punto estaba de cerrarlo y el pobre no tiene ni siete días.
Fíjate está hecho ya un blogcito.
También estoy encantado de empezar a conocerte.
Y de darte un beso.

Anónimo dijo...

"...Ives Castagnino, el músico de Palermo, se encontró una vez con una dama desconocida que le había enviado cartas durante años. Cuando la vio en la esquina, se acercó y le dijo:
- Buenas noches. Soy el desengaño..."
...muchas gracias por evocarlo.
Cecilia

Pedro M. Martínez dijo...

Cecilia, aquí no es allí, claro, y Dolina –su voz en la radio- no llega. Pero en un mercadillo de viejo descubrí su libro, nuevo, y lo leí entusiasmado.
El Negro es un tipo curioso y un buen escritor.
Saludos.

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