21.8.17

Parker en Berlín.



En Greenwich había muchos ricos y algunos pobres, Parker sospechaba que estaba en el lado equivocado. Después de la trágica pelea en un lugar parecido a una cantina (lo contaré otro día) se vino a Europa.

Eso. Entonces. Ayer. Parker,

Llegó a Berlín, que no era como es ahora (nada es ahora como era), encontró trabajo en una acería y ahí empieza la segunda parte (que tampoco pienso contar en este momento).

Parker comprobó que era un buen trabajador y que las chicas alemanas no entendían nada de lo que decía.

De unas y otras cosas Parker aprendía, también del silencio opresivo de un Berlín oscuro.


Eso. Hoy. Ahora. Antes. Parker.


20.8.17

Parker aprende a bailar


Soma on the dune, 2013  // © Hiroshi Watanabe


En aquella humilde casa en Greenwich (Connecticut) Parker preguntaba a su madre “Ma, ¿cómo se baila con una chica?” y ella le enseñaba cómo y los dos daban vueltas y vueltas por la cocina mientras en la radio sonaba  It's a Man's Man's Man's World o When a man loves a woman.

“Ma, ¿de qué puedo hablar mientras bailo?” y su madre le contestaba que las palabras irían solas a su boca pero que nunca se olvidase de ser atento, educado, amable, que debía aprender a escuchar incluso los silencios de las chicas y que no era siempre no.

Parker era un alumno aventajado en el arte de escuchar consejos y un mal bailarín.






19.8.17

Avanza agosto



Avanza agosto y he metido las palabras en un armario, ahí están, morenas e indiferentes, no intentan resolver crucigramas silábicos, no comen pimientos de Padrón, no llevan trenzas, no descifran misterios, no bailan la yenka, se han instalado en el no. 

Por si alguien está interesado las he dejado en la balda inferior, bien tapadas, sestean, volverán, de momento sigo absorto en los cielos.

18.8.17

Dolor.

Dolor, por los muertos, por los heridos en Barcelona y Cambrils, por sus familiares y amigos.
Dolor por tanto odio.

17.8.17

Parker no sabe escribir cuentos.



Parker no sabía escribir cuentos, solo frases cortas que juntaba con tijeras, con más entusiasmo que acierto. Las palabras de amor se le rompían en la boca y caían al suelo como cascaras de almendras. Por eso ella no percibía vibraciones ni rocío. Pasaban los días y las nubes, las adivinanzas y el desconsuelo, sus cuerpos, alejados, se habían convertido en conjuntos huecos, siluetas, distancia, el vacío. Coleccionar sílabas nunca ha sido un ejercicio que llene la ansiedad, con todo Parker las volcaba sobre un tapete negro e intentaba dar nombre a lo que sentía, pero llegaba el sol, las risas de los niños en la playa, el beefeater cuando el monte Pindo se volvía rosa y todo quedaba en espera hasta el siguiente día. Y así     

16.8.17

Sugerencia 3


Uno es un moderno y solo escucha, lee, come, huele, toca, cosas modernas, o sea lo de ahora.
Lo de ayer está pasado de moda y solo me importa la moda, la fachada, lo que vende, lo actual, lo que conozco, ahí donde me muevo bien. Por cierto, ¿que día a fue ayer?, estoy perdiendo la memoria.
Pero uno a veces tiene debilidades y se deja seducir por el consejo de algún amigo que es un antiguo, que le gusta lo viejo, lo de antaño. En la amistad cabe todo.
Eso, que empiezo a leer “La piedra lunar” de Wilkie Collins, con aprensión porque no solo es antiguo (1868) sino que es un tocho de 600 páginas. Qué pesados eran estos viejos, los de entonces.
A lo que iba, empiezo, una página, otra (como se lee ahora) y no puedo dejar de leer, es un libro moderno, es un estilo que engancha, apasionante. Me han engañado, seguro que esto acaba de editarse, que es moderno. 
Resumiendo que sigo leyendo y no puedo pararme en sugerencias ni tonterías, léanlo, es una novela policiaca, es una película de aquellas en colores brillantes, es una pasada. Agur, a leer.





‘La piedra lunar’, novela fundacional del género negro, genial y copiada hasta la saciedad

por Juan Carlos Galindocultura.elpais.com
5 de enero de 2017 03:19

Decía Borges a todo el que le quisiera escuchar que esta novela “pertenece a la estirpe de los libros inolvidables”; en Sangre en los estantes Paco Camarasa asegura que su creador “sabía someter al lector a una tensión constante, multiplicando los narradores y complicando inteligentemente sus intrigas”; T.S Eliot afirmó que se trata de “la primera, la más larga y la mejor de las novelas británicas contemporáneas de detectives”. ¿De qué hablamos? Evidentemente, de La piedra lunar de Willkie Collins (Londres, 1824-1889), ahora reeditada por Navona en su colección de Ineludibles, en una excelente edición con una nueva traducción de José Luis Piquero.
Un diamante de procedencia legendaria, una familia acomodada, una hermosa joven y un robo sirven a Collins como excusa para desplegar una potencia narrativa y una capacidad para el diálogo y el desarrollo de personajes inauditas. Con un lenguaje poderoso y una estructura moderna y copiada después hasta la saciedad, Collins nos lleva de la mano por este mundo victoriano de clase alta.
Las distintas voces que se suceden en la narración, los puntos de vista cambiantes y la gran cantidad de personajes no quitan ni un gramo de interés a esta novela fundacional. Las referencias de los propios narradores, protagonistas todos de la historia, a la narración en sí, a quién va a contar el próximo capítulo o cómo vamos a disfrutar con lo que viene son de una modernidad que acongoja.
El relato pasa del costumbrismo a lo procedimental, con voces unas veces hipnóticas, otras patéticas (la de la prima beata de los protagonistas es el mejor ejemplo), otras simplemente geniales. Resulta inolvidable Betteredge, sirviente leal de la familia, amigo del joven Franklin, cuya única fuente de análisis de la vida es el Robinson Crusoe, que lee y relee en manoseadas versiones hasta la saciedad y donde encuentra siempre una clave que explica la realidad. Por no hablar del sargento Cuff, ese caballero infalible obsesionado con el cultivo de rosas.
Excepto cuando incluye algunas historias dentro de la historia, cuentos exóticos que no me interesan tanto, el ritmo no se resiente en ningún momento durante las 560 páginas. Collins era un maestro azuzado por la necesidad: si el lector no se enganchaba, el semanario donde publicaba (All year around, dirigido por un tal Charles Dickens) abandonaba la historia. Sí, como en las series de televisión que no pasan del tercer capítulo pero hace siglo y medio.
Cuando llega el turno de Franklin, primo de la joven y bella Rachel, de la que está perdidamente enamorado, y la historia se acerca lentamente a su resolución, se ve la maestría del autor para jugar con los personajes y con el público. Cuando aparece en escena el insoportable Godfrey Ablewhite, pretendiente de Rachel, hombre de intachable reputación, la hipocresía de la sociedad victoriana queda al descubierto, retratada de manera inmisericorde. Lo mismo ocurre cuando es el turno del servicio o de ciertos truhanes. Cuando entra en los detalles de los efectos del opio, al que Collins era algo más que aficionado, se ve el descaro con el que era capaz de tratar cualquier tema.
Es una locura de libro. Es increíble que esté escrito en el siglo XIX, que todavía hoy muchos imitadores no se acerquen ni de lejos a su modernidad. Lean y disfruten.

15.8.17

Sugerencia 2


“Fe de erratas” de Alan Isler es mi descubrimiento de agosto.
Lo compré en Libu por 2 euros, a ojo, quizás porque tenía la letra grande, no conocía ni al autor ni la editorial.
Es una novela soberbia, inteligente, divertida, llena de ironía, aguda, pródiga en juegos de palabras, reflexiones, citas cultas, una mezcla de humor y seriedad, ya digo, un descubrimiento.
Me queda poco para terminarla y no sé si empezarla de nuevo.

14.8.17

Sugerencia 1



“Una comedia canalla”es el primer libro (2012) de Ivan Repila ( Bilbao 1978)
Así, de primeras es muy bestia, una locura, un historia de ritmo frenético, casi un cómic, un inteligente y desmadrado guión que bajo una apariencia sencilla esconde un entramado de muchas subhistorias que confluyen en un final que merece una película. Todo esto con un estilo eficaz y de categoría. Qué bien escribe este señor.
Es una lectura ideal para las vacaciones aunque, insisto, es muy bestia.

13.8.17

Scott



Aquí (es decir, aquí) el agua del mar está muy fría. Eso va también según la percepción de cada uno (y según el aquí). Por eso muchos no se bañan, la mayoría ni se mojan los pies. No sé lo que ocurre ahí (porque ahora estoy aquí y de momento no puedo estar en dos sitios a la vez, todo se andará), no sé si ahí se bañan, si se mojan o no. Es todo tan relativo, tan efímero, tan sintáctico, tan esdrújulo, tan apocalíptico, tan sicalíptico, tan absurdo, tan sencillo, tan de andar por casa. You Tube, eso nunca falla, puede ser que no te guste la/esa música, no importa, me gusta (aunque sea con embudo, aquí todo dios miente), o un corazón, sonrisas, el verano del amor, que no estamos para revoluciones, flores en el pelo y Scott (McKenzie), ah, que no habías nacido, otro día te lo cuento. Un consejo: mójate, en la playa/río/piscina/poza, si el agua está buena, si no, una ducha al volver a casa. De nada, a mandar


a mandar.

12.8.17

Monte Pindo


El Monte Pindo se encuentra junto a la playa de Carnota.
Los historiadores denominaron a este monte el Olimpo Sagrado de los Celtas.
Nuestros antepasados solo supieron explicar la curiosa geomorfología del Monte Pindo, llena de relevos en bolas de granito, a través de historias de deidades, esculturas o monstruos y gigantes míticos. A través de leyendas que llenaron de ilusión a los habitantes de estas tierras, que transmitieron de padres a hijos durante siglos; cuentos de tesoros fabulosos, hermosas princesas (mouras), rutas secretas, serpientes de siete cabezas, hadas encantadas, sacrificios y ritos de fecundidad – que al parecer prevalecieron hasta tiempos muy recientes- y que dieron forma a la tradición que sitúa en este lugar al monte sagrado de los celtas gallegos.


El Monte Pindo tiene varios castillos, castros, restos de Ermitas y cuevas de criaturas mágicas. En su cumbre está la Pedra da Moa con “pías” (bañeras naturales), donde se cree que se hacían rituales celtas. Y un poco más abajo está la cueva de A Ermida, donde estaba una vieja iglesia de la que se ha descubierto una antigua inscripción. Se cree que está relacionada con una capilla del siglo XII.
Para defender la comarca de los ataques vikingos, se erigió el castillo de San Xurxo, construido por el obispo Sisnando en el siglo X, y en el Monte también se puede encontrar el castillo de Penafiel, que tiene una inscripción que reza:
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“Reyes, obispos, presbíteros, todos por poderes recibidos de Dios, excomulgaron aquí ese castillo”



Leo esto  en internet y voy al monte Pindo. Una subida dura, incómoda, sin descanso, por un paisaje lunar (bueno, la verdad es que no he estado nunca en la luna) de piedras gigantescas con formas caprichosas, muchas en equilibrios imposibles. No encuentro brujas, ni serpiente de tres cabezas, ni monjes locos, ni animales, no hay ni insectos.
Según vas subiendo el paisaje se va mostrando como algo único, bellísimo, la inmensa playa de Carnota, el mar, las islas Loberas, Finisterre ahí enfrente, una sensación que te llena.
Cuando llegas a la cumbre, plana, con agujeros que parecen bañeras si no te lleva el viento, miras alrededor, abajo y la belleza te deja sin palabras, solo puedes comenzar el regreso sabiendo que has vivido una experiencia única.
El descenso, es cierto, es peor que la subida y cansado pero muy contento vuelves a casa.  Una experiencia extraordinaria (y mira que he subido a montes).


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