25.6.17

Dominical.



Es domingo. Quiere esto decir que el personal tiene otras cosas que hacer que visitar blogs. Lógico. Hay quién se va a la playa a buscar olas y soles. Hay quién se va a la Rioja a buscar mercados medievales, huellas de dinosaurios, catedrales góticas, árboles en los que buscar sombra y gallinas descabezadas. Hay quién se queda en casa con las persianas bajadas. Hay quién no leería ni en presencia de su abogado. Hay gente pa´to. Miro al cielo y ya veré dónde voy. Disfrutar de lo que queda del fin de semana.

Oye, capullo, yo soy bombero y hoy trabajo.

Glup.

Y yo enfermera y tengo turno de tarde.

Glup.

Yo tengo tres años y no sé leer.

Glup.

Pues yo llevo dos horas esperándote, déjate de blog y vámonos.

Glup (y me voy).

24.6.17

La historia de John Aguirre. (Final)




La vida sigue hasta la muerte.

Progresivamente John fue desarrollando branquias hasta que florecieron y se planteó cuál era su mejor forma de respirar. En el 2021 se equivocó, respiró por donde no era y murió por segunda y última vez.

Como ya dijimos sus padres habían desaparecido años antes.

En octubre del 2017 había fallecido Arantza víctima del enfisema pulmonar que le produjo su larga adicción al tabaco.

Idoia murió a primeros del 2020, serena, rodeada de gatos y recuerdos.

No sé si me dejo alguien de la historia pero si sí, seguro que también ha muerto.

Es decir, que te mueres, en los cuentos y en la realidad, te pongas como te pongas, con un 100% de seguridad.


No sé qué haces leyendo estos cuentos absurdos.

23.6.17

La historia de John Aguirre. (Parte dos)




A primeros de julio del  año 2018, el mar devolvió a John Aguirre que emergió entre las olas de la playa de Laga, en Vizcaya, ajeno al gentío que abarrotaba el arenal. Nadie reparó en él. Se dirigió al puesto de la Cruz Roja explicando que había resucitado. Los musculosos socorristas a pesar de no creer sus palabras le facilitaron una camiseta blanca, un pantalón corto, un billete de metro hasta Gernika y una escueta colecta de euros.

Se dirigió al antiguo domicilio familiar. En el buzón para la correspondencia figuraban nombres que no le decían nada. Se fue.

Su siguiente búsqueda lógica era Arantza. Sorprendiéndose de lo cambiada que estaba su ciudad caminó hasta el centro. Su figura aún atlética, las barbas y su  indumentaria no llamaban mucho la atención debida a la variedad de gentes y razas que poblaban Bilbao, una ciudad cultural. Sentado en un parque vio salir y entrar a los vecinos actuales del portal donde antaño vivía Arantza, ella no aparecía. Al final de la tarde una anciana encogida y mal peinada, con un perro ladrador, enano, le recordó vagamente a la que fue su novia. Se marchó, confuso.

John hizo una raya en el asfalto y corriendo por las calles buscó a Idoia López, gritó su nombre. Había tantos hombres gritando por las calles que apenas se entendía su desesperación, se mezclaba su angustia con la de tantos. Varias horas después, cuando a punto estaba de volver al mar, desde una ventana una mujer le hizo señas. Sabía que volverías le dijo desde la puerta de su buhardilla. La noche fue corta y cálida, apenas hablaron, no había tiempo para las palabras, se amaron con tanta dulzura que las paredes rezumaban letras de canciones hippies y flores, los gatos bailaban en los tejados y varias estrellas fugaces rompieron el cielo en siete partes. Qué bonito.



 Notas:

  • ·         A me dice que esta segunda parte es absurda, que recuerda la historia de aquel pianista mudo que reapareció al cabo de los años.
  • ·         T dice que lo resucite en pez, en besugo concretamente, pero me recuerda a una película de Tim Burton.
  • ·    Escribo sabiendo que me estoy resucitando y que no sé cómo reubicarme, que invento lo que siento y que la vida pasa demasiado rápido debajo del agua 

22.6.17

La historia de John Aguirre. (Parte una)



John Aguirre era culturista, narcisista, equilibrista emocional y un gran nadador, lo que no impidió que el primer domingo de julio del 1975 desapareciera en las aguas de la playa de Laga, Vizcaya. Los amigos vieron con admiración sus poderosas brazadas entre las olas y con preocupación que no regresaba a tierra.

Sus padres, su hermano, sus familiares, los vecinos le buscaron sin descanso, sin éxito, le lloraron con amargura. Aún sin resignarse, cada año, en julio, dejaron flores en el acantilado frente a la isla de Izaro.

John mantenía una relación sentimental con Arantza Malaxechevarría, una bella mujer que le añoró unos pocos meses para después casarse con un capitán de la marina mercante qué, curiosamente, murió ahogado en las costas de Trinidad Tobago.

John era inquieto y también mantenía una continuada e intensa relación sexual con Idoia López quién al no ser la novia oficial mantuvo un elegante silencio si bien su corazón estaba plagado de intenso dolor ya que del roce nace el cariño y de ahí al amor apenas hay un trecho. Idoia enlutó su alma y a pesar de que tuvo varios novios, hasta seis, jamás olvidó a John.

El tiempo pasó y cada uno siguió con sus asuntos. Cuando los padres de John fallecieron se terminó el ritual floral. Su hermano heredó. Como dijimos Arantza, viuda, tuvo una flaca memoria. Idoia, tan sentimental, mantenía una vela frente a la fotografía de un John eternamente joven.

Hay varios nombres más, femeninos, pero no son el motivo de esta historia que sigue mañana.

21.6.17

Parker en el círculo del no.



Cuando Parker se queda atrapado en el círculo del No, con los sentimientos cortados, sangre en una bandeja de plata, siendo a la vez apenas un fantasma acariciando ese cielo azul de California en el que los rudos vaqueros no lloran en público, gozan de una buena asistencia sanitaria, comen tortitas con miel en la intimidad, entre la libertad, la fraternidad y la igualdad, escoge la facultad de las cerezas, la alegría de ser bajo la piel. Entonces, ¿casualidad?, anochece, termina la película y Parker, montado en su caballo, se pierde en el horizonte mientras los chacales aúllan en la llanura. Auuu.

20.6.17

Parker y algunos límites.



Hay que ver, quién lo hubiese dicho, con el paso del tiempo Marie se convirtió en un conflicto, en una buena chica con  tangas de chica mala, nada que ver con la ingravidez de los primeros días. Los loros repetían baile y se preocupaban de no remover el légamo del fondo de algunos recuerdos, exactamente de esos. Para Parker comprender el límite entre amar y follar definió su futuro inmediato, es decir ser extranjero, es decir No.

19.6.17

Parker y las cebras.




Cuando cae la tarde Parker sabe que no podrá levantarla y permite que las cebras y la melancolía se expresen, se engarcen en sus piernas, en las fosas nasales, en las mandarinas y recuerda aquel día que Marie le recibió sin otro aderezo que su pelo mojado y suspiros en los huesos, los mismos que después se volvieron rencorosos y monótonos. Amarla entre Madrid y Jerez se convirtió en un vermut  sin aceituna, sin ginebra, un aperitivo ácido tomado antes del apetito, un embrollo entre la desnudez, las mandalas y la castidad del chocolate, un zambullido en la equidistancia.


18.6.17

Parker y la línea Maginot,



Debo decir y digo que a Parker le importa un carajo la línea Maginot, la intranquilidad por la reproducción de las abubillas, el estado de cuentas de las avariciosas princesas turcas y el ladrido de los perros que envejecen. No por indiferencia o desapego, no, con el tiempo ha aprendido que la ruta migratoria de las cigüeñas es inalterable, ya llueva o un rastro de diamantes desde el ombligo a la base del cuello se retuerza en resplandores de ternura. Es así, las cunetas siguen ocultando los muertos de entonces y la esperanza de ahora, bajo los harapos de Parker la retórica se clava un puñal entre las costillas.

17.6.17

Parker se postra de rodillas



Parker se postra de rodillas y trata de recordar las oraciones de su niñez, el álbum de la catequesis, los conciertos en el rincón, ya no importa nada y el horizonte es el límite de un dolor romántico, en la proa del Queen Mary a punto de hundirse, sigue. Sigue. 

16.6.17

Parker evoca



Parker evoca los momentos en los que acercaba sus dedos a la boca de ella, acariciaba sus labios, le daba de comer queso, pequeños peces fritos, uvas, hambre de aromas, la falda plegada sobre la silla, justo antes de quererse en la penumbra.

15.6.17

Sobre entender.



Debo escribir para que me entiendas. Debo escribir claro para que me entiendas. Debo escribir claro para que me entiendas mejor. Debo escribir para que no me entiendas. Debo escribir ¿para qué? Debo escribir para que te entiendas. ¿Debo escribir? Debo escribir para que te entiendan. Debo escribir porque me entiendes. Debo escribir porque no me entiendes. Debo escribir para que no se me entienda. Debo escribir para que me quieras. Debo escribir porque me da la gana ¿entiendes? Debo escribir porque no nos entendemos. Debo escribir porque este otro yo me obliga. Debo escribir porque algo aquí dentro pugna por saltarte a los ojos, aunque no lo entiendas. Debo escribir para amortizar este derroche de entendimiento. Debo dejar de escribir porque ya me has entendido. ¿O no?

14.6.17

Happy birthday



La fiesta de mi cumpleaños ha sido un éxito.
Juana, mi segunda esposa, la ha organizado hasta en sus últimos detalles.

Han venido nuestros nuevos amigos, los de ella, los míos, los de antes se inclinaron ya por olvidarme y seguir consolando  a Begoña que es una experta en dar lástima y culpabilizarme de todos sus males.

Las conversaciones de los invitados, ellos y ellas, la música, las bebidas, el baile, han tenido exactamente veinte años menos de lo que conozco, de aquello a lo que estoy acostumbrado, de lo mío, lo de siempre.

Aunque la verdad es que hasta me he divertido.

Sobre todo cuando pasadas las tres de la madrugada han decidido marcharse y seguir la fiesta en otro lado.

He despedido uno a uno en la puerta, agradeciendo su presencia y sus regalos, los Cd´s de Camela, su amabilidad.

Óscar ha vuelto al de un rato ya que se había dejado el móvil, ha dicho.  

He podido verlo desde la cocina.

Óscar deslizando lentamente sus manos por la espalda de mi esposa, demorándose en la cadera, acariciándolas, seguir bajándolas mientras dice algo en el oído de Juana que ríe y le lanza un beso desde la punta de los dedos.

Por fin se ha marchado. Son amigos desde siempre, se tienen mutua confianza.

Al de unos minutos Juana me ha dicho Cielo, voy a bajar estas botellas al contenedor.

Se ha ido con las botellas, dos.

Debía estar muy lejos el contenedor ya que ha vuelto al cabo de tres horas y se ha ido a otro cuarto, a otra cama.

La fiesta de mi cumpleaños ha sido un éxito pero no puedo dormir.

13.6.17

He olvidado mi password.



He olvidado mi password. No puedo entrar dentro de mí mismo. No me reconozco las claves. Acceso denegado, no puedo accederme. No recuerdo lo que dije, lo que hice, lo que había dentro, lo íntimo, lo mío. He perdido la llave, estoy en el umbral de mi memoria, sentado en el felpudo, atorado en la desmemoria.  He intentado varias combinaciones, en vano. He intentado escalarme, entrarme por una ventana, descerrajarme, reventar la hermética estructura de cierre, nada, permanezco impenetrable, sin posibilidad de entrarme. Rompo los espejos, quemo las fotografías, acuchillo los retratos, recorto en cuadrados mínimos los papeles donde está escrito mi ayer, soplo y los lanzo al mar, borro mis huellas en el barro de los días. He olvidado  mi password, quién soy, todo.

12.6.17

Parker cuenta las horas



Llegaron los días azules y las tormentas infantiles, la herencia de las serpientes y las muchachas que hablaban a los mirlos. 

Nadie sabía dónde estaba el paraíso, el muelle diminuto, los barcos engullidos por la marea de pena, el alféizar cubierto de sal, el agua golpeando en los cristales. 

Parker cuenta las horas escondido en la carballeira.

11.6.17

No era mentira.



Se llena la tarde de gaviotas transparentes, de este silencio atroz entre tú y yo, este silencio, la amargura de la distancia, no verte, saber que hoy estás triste y no poder decirte que es el domingo gris, las nubes, este absurdo junio que más parece otoño, lo que fue, llamarte, que coincidan mis llamadas cuando te desnudas, escucharte, contarte, nuestro último encuentro, el primero, los recuerdos, los desayunos, la dulce piel de tus caderas, la tibia claridad de tu mirada, tu abandono, el pelo en la cara, los misterios, las cartas a deshoras, tu facebook, el mío, buscándonos, tentándonos, ya no nos escribimos, tu voz que olvido con desgarro, tu aliento en mi pecho, mis besos en tu cuello, en la nuca, tus consejos, las manos tímidas que intentan caricias, tu boca, tu sonrisa, mujer que sabe lo que quiere, ay,  no un amante, no un hombre que te pierda, más bien alguien que te encuentre, lo que eres, lo que mereces, lo que necesitas, quizás, mientras tanto el verano pasa triste, todo pasa, llegará el otoño a nuestro otoño y aquí, tan lejos, te seguiré añorando sin saber si hay mañana, sabiéndolo, intentaré que lo que queda sea una fiesta aunque me duelan los dedos de no verte, el alma, los pulmones, no exagero, no son palabras, eso que tiembla es mi tristeza en este domingo gris, flotando, alrededor estoy, te añoro.

10.6.17

Parker trastabillado.


Andrea Kowch, The Merry Wanderers, 2013



Invadido por  ejércitos de miradas, en batalla, Parker clausura su intimidad, corre las cortinas del yo y el silencio se adueña de los sueños que reposan al abrigo de la tapia.
Se ha agotado el aljibe y se bebe la luna, dibuja en el aire una silueta perdida al oeste, comparte el final de esos asuntos, aquel planeta triste.

Está hablando de sexo, hoy también.

Insiste en aquel amor furtivo al principio del verano, en lo fugaz, en las señales del cuerpo tendido, en la dulzura escondida en el vértice, allí donde siempre.

Nadie le avisó que esto era así, el destierro, la pena insumergible, la distancia de lo que fue, la súplica, la mentira, el engaño, nunca me han amado como tú me has amado. Jo, qué bonito todo. Mierda.

9.6.17

No sé si recuerdo lo que fue



Bella, deja sobre la mesa los cuchillos de tu atracción, deja las armas y ven desnuda, nueva, llena de pudor y melocotones acariciando tu garganta, de piel de seda bajando por la tráquea, de campanillas en los oídos, brazos buscándote detrás de esa sábana, o cortina, o telón que se levanta y se cierra y no sabemos si la función ha terminado, está a punto de empezar o esos que aplauden son fantasmas de un tiempo viejo que no queremos recordar y ven, toma este espejo, la vida está detrás, o dentro, salta, perdámonos en el bosque de no saber, o saber, en la espesura curiosa de ese nosotros que se dibuja con trazos de lapicero sabio, de gruesos brochazos de Pollock, de embrujo Kandinsky, y “ se interna en el bosque como una sonámbula / Penetra en el cuerpo dormido del agua. / Por un instante están los nombres habitados “ que dice Octavio, Paz, y las palabras nos sobran pero las lágrimas, me duelen las lágrimas, no puedo, no sé contener las lágrimas ajenas, me pesan, me ahogan, no quiero provocarlas y este juego no tiene normas, nadie sabe por dónde debe golpearse la pelota, si el área está prohibida, si ganan los que pierden o si el marcador se volvió cuerdo y ese 20 a 0 sol refleja la vuelta del equipo de siempre en un coche desvencijado por carreteras que jamás recorreré y también hoy este loco te canta, te musita, alguien aquí, viernes, feliz fin de semana.

8.6.17

Dejen, dejen, no traduzcan estas líneas.



Naufragar en el patio, desoír la recomendación de los marineros griegos, perder el rumbo en el propio portal, con murmullos de pájaros de domingo en el balcón, con barcos atracados en el pasillo, costas de Ítaca en los tendederos, arrojarse al agua desde un primer piso y salir goteando por las escaleras como una muchacha fenicia de caderas magníficas, el agua remansándose bajo la nariz, la boca abierta, cantando, traducir es una labor guerrera, la hermosura de la batalla por ganar lectores que lean, que no solo vean, que no solo escuchen la música, que vayan más allá de las fotografías y el color o el no color. Colgarse boca bajo de una estrella y protestar, indignado en la prosa. Me voy a comprar un kalashnikov.de segunda mano. Va por ustedes. Protéjanse.

7.6.17

Los traductores



Para mi los traductores simbolizan la diversidad interpretativa de la cara oculta del lenguaje ajeno, de los libros infinitos, de morir en cada página que revolotea ante los ojos después del sueño, de las emociones anidando como grullas soberbias, como gorriones de antracita, como un coro de ancianas desgranando las cuentas desgastadas de sus rosarios, camino al paraíso, cristales en las tapias,  Kirk Douglas en una pradera sin límites de alambres de espinos, la imagen de un mundo que no es redondo, que empieza y acaba dentro de lo que se ve, mirada constante a lo mío, lo de aquí, lo nuestro, nosotros, yo, traducir.

6.6.17

El traductor de James Joyce



Al traductor de  James Joyce el negocio le iba muy bien. Lejos de amedrentarse por prejuicios, por el riesgo del ingente trabajo, llegó a realizar tres revisiones de la obra Ulises. Se leyó entera la valiente  apertura de Salas Subirats, se recreó en la libertades poéticas de José María Valverde y reconoció el mérito de adecuación a lo moderno del tándem García Tortosa/Venegas. Con esos antecedentes tradujo las traducciones, efectuó calas microtextuales, se involucró en las transgresiones, se definió en su opinión sobre el dilema de Shleiermacher y por último se puso por montera el libro abierto por la página 325 y clamó “¡no va más!” justo antes de desaparecer por una trampilla camuflada en mitad del escenario no sin antes quemar la edición de Planeta, la de Lumen y la de Ediciones Cátedra, un pirómano joyciano. Vendió todo, lo suyo.  

5.6.17

El traductor de Cortázar,



Pues sí, este era un traductor de Cortázar, aún sin dignidad académica, como una App de iPad fijaba su vista en un texto y de inmediato quedaba traducido en su mente. No terminaba ahí el proceso, el siguiente paso era la elaboración automática de floridos escritos que decían lo contrario de lo que decían, es decir nada, es decir eso, es decir la luz que se extendía de dentro a fuera por bóvedas cerebrales y ventrículos, por barandales y columnas sin aristas, árboles fluorescentes, palabras sin substancia. Claro, así le iba.

4.6.17

No blog, ay, oh.



Primer domingo de junio. Enciendo el ordenador, intento abrir la página y nada. Por misteriosas causas ajenas a mi voluntad se ha cortado la conexión a internet. Hoy no blog glup (2.0), no comunicación, no post, sin mensajes ni comentarios, así no me apetece escribir, jo.

¿Qué hago?

Me he levantado y descubro que hace un calor insoportable, ondulan los cristales de las ventanas, me pasmo, mi casa tiene ventanas. Me he asomado fugazmente al balcón y por la calle solo veo sombrillas apresuradas de múltiples colores, seguro que debajo de cada uno de ellas hay una persona, o dos. Todo el mundo se ha ido a la playa. Es increíble, qué bochorno, se desmayan los pájaros en el aire, los ancianos jadean en los parques, pocos coches, sin ruido, es lo que tiene el buen (¿?) tiempo. Eso, que hay tiempo, mucho, socorro, me aburriré todo el domingo, quizás tenga que hablar con alguien, qué horror.

Me decido, saldré, con alpargatas y pantalón corto, con mi sombrero blanco para que no se me derritan el flequillo y las ideas. Siento picores en los brazos, en los muslos, del calor. Las calles, Bilbao está lleno de calles ¿dónde voy? Ese que va por la sombra solitaria me ha mirado, y aquella que habla con un perro gris. ¿Llevaré algo raro? ¿Vestiré antiguo? ¿Tendré la raya de la camiseta mal planchada? ¿Será que es demasiado corto el pantalón? Me duelen las yemas de los dedos, necesito escribir pero, ¡qué calor! Me compro un pan caliente, el periódico caliente y vuelvo a casa que está fresquita.

Por fin, tranquilo en el silencio. El teléfono está mudo, la conexión sigue cortada, el blog glup (2.0) cerrado, mi nevera vacía, mi corazón también.

Y ahora ¿a quién le cuento todo esto?, ¿cómo lo cuento? Bah, primer domingo de junio y Loli sin llamar, qué calor.

3.6.17

Hombre con piernas


Diane Arbus, Man in hat, trunks, socks and shoes, Coney Island, NY, 1960.

No escribo más, fin, soy un hombre con piernas que traduce a Shakespeare al amanecer, que traslada su amor y veneración en un carro de supermercado, que va de acá para allá sin definir una ruta, sin billete de regreso, con briznas de hierba en la barba, con admiración por los diversos, Alex Steinweiss y Walter Benjamin, por Hölderlin y Messi, gentes con piernas y mentes que corren y piensan mientras me deslizo por el tobogán de amores imposibles y sed. Todo es tan real, tan cierto que no puedo imaginar conventos ni cárceles, no me inspira palabras de laboratorio de ensayo saber que ella tiene sus motivos, que se irá. Se me ha dormido la ternura en los dedos, me los corto, como pétalos, se los doy de comer a los perros, pobre hombre mínimo, ensangrentado, sin viajes ni nostalgia, rutina del no, muletas como parapetos, guerra con un solo muerto, un Aquiles perdedor, un extranjero con la espada rota, sin radiantes laureles ni cabezas coronadas, lo peor, un mindundi, el menda, que el jazz me bendiga. 

Eso es.

2.6.17

Parker y la derrota




Parker sabe que está derrotado, es Tersites arrollado por los brutales caballos de la belleza. Es inútil engarrarse, azufrarse, ella, aquella a la que ama, tiene el permiso en regla  para pasear y no está dispuesta a olvidar el paisaje como dientes, pinos y zarzaparrilla al atardecer. Ella sabe que hay trenes que no vuelven a pasar, que incluso hay trenes que no pararán jamás en su estación, no le importa, tiene su pasaje de ida, paseará sin renunciar a la manta de lana inglesa cubriendo su siesta, al cuadro con preceptos sobre la chimenea, al arroz de los jueves, a los bellos atardeceres de Troya. Parker sabe que está derrotado.

1.6.17

Ticket to Ride.



Ticket to Ride. Ella tiene su ticket para pasear por cementerios de elefantes, esparciendo gotas de rocío desde sus caderas doradas. Pienso en ella,  constante, ausente, solitario, obsesivo cuando camino cabeza abajo sobre mis manos buscando las piedras menos filosas, mendigos en los soportales de la ciudad melancólica, con mujeres en la proa de barcos varados, venden su sonrisa por la seguridad de la sopa y una pulsera para el reuma. Ella no vende nada, no compra, permanece estática sobre la línea que separa, mirando, organizando su memoria desde la A a la Z, los ritos, las ceremonias, me la sorbería como a una sopa de cebolla, la amo y no la amo, mis brazos se cansan de tanto abrazo seco, me duelen al recordar sus muslos que se escondían como pájaros taciturnos, tímidos, sin atreverse al estío, a enloquecerme, a instalarme en la taquicardia. Me besaba como un avestruz, ya, pero ahora lo sé, era realmente bello verla quitándose la seda y las sandalias, las bragas y la vergüenza, perdía el aliento, yo. Ay, quisiera vivir en su cintura, para siempre.

31.5.17

Carta de otro amante ingenuo.



Mi amada, tú eras en tanto que yo no era, me inventaba desde tu realidad, desde el acto de fe de saberte joven, cortaba las cintas de una meta imaginaria a la que llegaba exhausto, pero llegaba, atravesando un bosque de lobos, bebiendo en arroyos grises, ninfas bailando entre los troncos de los olmos, homenaje a tu belleza inextinguible, pánico de tu ausencia, viajes en una caravana de mercaderes de seda, arena, barro, piedras, mis caballos siguiendo la Cruz del Sur, mi guía, la aguja de la brújula señalándote, eras mi eternidad.

Perdone, esta carta ¿es para su amante?

Pues sí.

Esto…disculpe, no sé cómo decírselo.

¿A qué se refiere?

Alicia ya no vive aquí.

¿Quién es Alicia?

Su amante ¿no?

Usted me confunde.

Seguro.

Yo soy aquel.

Ah.

Y todo se funde en negro y no tiene sentido escribir estas cosas mientras luce el sol y la realidad se esconde bajo las piedras como un alacrán herido, vengativo, esperando la mano ingenua del amante ingenuo, una mujer leyendo la tenue poesía de su soledad, reforzando las cursivas, la gloria efímera, el tiempo, el despertar, los sueños, tu voz, mi amada, vivía en tu voz.

Y así

30.5.17

Carta de un amante ingenuo.



Mi amada, vivía en tu voz, la escuchaba sin siquiera entenderla, me bastaba con acumular el sonido, el tono, el final de besos y luciérnagas, la nieve acumulada sobre el tejado, la transparencia de su recompensa, la resurrección de mi carne, tu vida eterna, amén.

Como en un sagrario atesoraba voz y memoria, rumor de párpados y oscuridad, memoria y resignación, el cuchillo del silencio cortando mi fe con insolencia, el bisturí que inauguró el amor/sexo, la estela de la resistencia, la búsqueda visceral del borde del universo, lo otro, lo tuyo.

A tu lado me sentía diminuto y fugaz, acuclillado bajo tu espacio de flores serias, de jardines, del planeta de tu saber, paralelo a tu voz de consonantes, de vocales como rocío, de los verbos deslizándose por tu paladar, daba palmas por el privilegio de estar en el círculo de tu piel rosa, los días impares, días contados, horas marcadas, placidez tendida sobre la alfombra de…

Perdona, esta carta ¿es para mí?

Depende, ¿quién eres?

¿No reconoces mi voz?

Laura

No.

Carmen.

No.

Begoña.

No.

Elisa.

No.

Me rindo.

Si no sabes quién soy métete la carta donde te quepa.

Oh, lo siento. Vaya, que mal carácter tiene usted.

Gilipollas.

29.5.17

De soles y lluvias.



Aquella mañana el ascensor se detuvo en una plaza y de ahí subimos al cielo, sin atajos, sin reloj, acurrucados en el escondrijo de querernos sin aun saberlo, tanteándonos como ciegos en mitad de un viñedo, en el escondrijo de un nosotros que levantamos como un himno, doblamos el mapa y tan pronto nos encontrábamos ahí como aquí, sin abismos, sin otra orientación que gozarnos en la mirada y los suspiros, con el sentimiento como un ramo de jazmines embriagadores, habitantes en la locura de lo imposible, desintegrados, enamorados sin mañana y sin equipaje, entregados, cómplices, amantes, tú y yo.

A la tarde llovió.

28.5.17

De necesidades y otras cosas.



Bella, tú y yo necesitamos amor sin medida, amor rodando cuesta abajo, amor como un veneno dulce, amor de nuestros cuerpos sudando en la cama, temblando, gimiendo, mordiéndose los labios, amor que necesita otro cuerpo, el de ese corazón herido, ausente.

Pobre, pobres de nosotras las amantes, San Judas nos bendiga, Santa Margarita del Amor Perdido, rupturas reventando como abscesos de pus subiendo en una viscosa marea. ¿Quién entiende el dolor?, ¿quién entiende el amor? Maldita guerra de inocentes.

Tú y yo necesitamos amor, amor sin fecha de caducidad, amor con etiqueta de garantía, no se admiten devoluciones, somos las que somos y esa grieta de la pared se formó en otros terremotos, otras catástrofes que dejaron asolado el mundo de entonces. Este es diferente, nuevo, las flores crecen entre las junturas y hay un atisbo de sol entre las nubes.

Corre, la última que lo encuentre, paga.

27.5.17

Rumor.



Me lo decía, eres tímido y linfático, mientras con las uñas le rozaba los omóplatos.

Con clarividencia de arúspice supe ver el final de la escalera, supe que había traspasado la línea roja incluso antes de sentirla en los tobillos, cuando estaba, oh iluso, a este lado (o a ese, desde la operación no veo con claridad).

Como en un juego de niños busco la puerta, ya no sé si para volver a entrar o para salir, desubicado, desequilibrado (nunca me ha gustado el circo)


Me lo decía, no hagas caso del Rumor, mientras me perdía en ella y así sea.

26.5.17

Son importantes demasiadas cosas.

 …Son importantes demasiadas cosas, el verbo, la palabra madre, las cartas vengativas que encuentro en los cajones con mariposas venenosas y rencor, las que no supe contestar, el rechinar de mis dientes, de las muelas con y sin juicio, un castigo, por eso nadie me ve, por lo que no hice, ¿será posible?, castigo de Dios que decían algunas abuelas, ¿Dios de mete en estas mezquindades?, que llevo bordadas mis iniciales en la ropa interior por sí, pero no, si no me ven ellas, como para sí, ¿bailas?, “no”, pues de follar ni hablamos. Tengo rotas las alas, sí, mi estatura mengua, mi apostura, mis pisadas son leves, se alargan mis adioses como trenes en una noche de estrellas negras, no me ven, no hay murmullos, ni fiebre, ni ojos detrás de las cortinas, inventario de infidelidades, cuadros torcidos, soy el que era, ¡eh!, pueblos desiertos, puertas sin llave, los alcaldes ya no bailan el aurresku y yo aquí, como un gato mojado pintado en la pared, un grafiti, no, soy un hombre, vivo, afilaré mis alas antaño escarchadas entre nubes rotas por aviones de plata, fiebre del miércoles noche, el que más, ahora el que menos, después de dos vueltas al mundo me he perdido en mi barrio, ¿quién soy?, la muerte como un búho en mi hombro de hombre, delicado, un san Tarsicio guardando en mi pecho lo sagrado, pasan los centuriones y nada, pasan los romeros de Almonte y nada, pasa todo dios y no me ve, todos fuimos alguien alguna vez, fui, no saben si soy, no me miran, parpados cerrados, mentes con cortinas, joder, voy a cortarme una oreja, curar la herida con luciérnagas y nieve, anegar mis pozos, proclamo mi sensación de inexistencia, la desposesión de mi caudal anímico, la resurrección imposible, la memoria, de mirar hacia dentro no veo lo de fuera, pero estoy, miradme. Estoy aburrido de que todo el mundo me ignore, de parecer invisible. Voy a teñirme el pelo de azul.    

(Suspiro)


25.5.17

Voy a teñirme el pelo de azul.



Voy a teñirme el pelo de azul. Estoy aburrido que todo el mundo me ignore, de parecer transparente, de cristal. El domingo, cuando vaya a la playa, voy a pintarme una raya amarilla, una franja reflectante sobre mi prominente vientre. Que hablo y nadie me atiende. Eo, eo. Que me siento invisible, antes caminaba por las calles de mi ciudad y me hacían la ola. Hola. Que, ay, ay, ay, algo ha cambiado, que no me ven, que estoy en un semáforo, esperando, se pone en verde y los de la acera de enfrente me arrollan al cruzar, como una manada de ñus, como en esas películas de fantasmas, en eso me he convertido, en un fantasma desencadenado, solo que ni siquiera doy miedo, uuuuh. Y sufro, claro, cómo se sentiría usted si nadie te ve, pues así, mal. Quiero aclarar que lo que me preocupa es que no me vean las damas, las señoras y señoritas, que si no me ven los señores y señoritos me da igual, excepto en las ventanillas de hacienda, que me asomo y dicen “siguiente”, sin decir yo nada, que somos todos, hacienda, no sé si se escribe con mayúsculas, empiezo a no saber nada, excepto que no me ven, hey, que antes hacía zass y aparecía a su/tu lado, que alardeo de plenitud en la intersección de mi conflicto y es baldío el esfuerzo de mis brazos antaño potentes, sin pliegues musculares, flácidos ahora,  desdibujados, estériles de ternura para acunar realidades, el hastío resucitado, aquí, enseñando mi rostro que pintaré, rayas verdes en las mejillas, morada y marchita la frente, un cromo, que me miren, que se sorprendan, soy.

(sigue)
 (Primer respiro)

24.5.17

Parker y la coraza.




Parker mira a su alrededor, está acostumbrado a vivir con una coraza que le acentúa la mirada, la frase, la sonrisa, el gesto, la aparente fortaleza, la ironía. Tanto es así que muchas veces ni siquiera llegan a sus oídos las palabras de otros. A pesar de esto se siente tan necesitado de cariño, de ternura como todos. Este es un guion repetido desde que recuerda, lo de fuera disfraza lo de dentro. Sabe que detrás del oficio, del gesto autosuficiente, de la rutina de estar -ser honesto, legal, fiel, cumplidor, correcto, buen esposo, padre, hijo, vecino, ciudadano, trabajador, etc- tiene miedo, está confuso, quiere asimilar tantas aflicciones que se le acumulan por problemas, por trabajo o su carencia, por  falta de intensidad, por lo afectivo, por el aburrimiento, por la necesidad de pasión, por los contrastes, por las añoranzas, por querer estar en tantos sitios a la vez y no estar en ninguno, por algún reencuentro con el pasado (que no pasa), porque la vida camina tan rápido que le deja atrás y es tan corta y es tan consciente de todo, está tan despierto que no se soporta más en una vida acorazada, de dormido, por consentir, por seguir haciendo lo que debe y no lo que quiere, por dejar de lado tantas oportunidades para ser el que es y seguir siendo el que no es, por no tener creencias, ni maestros, a nadie a quién admirar, nadie ante quién derrumbarse, nadie que le aconseje, que le señale otros caminos, por ser tan débil que debe ser tan fuerte, enérgico, aparentarlo, sacar pecho, pavonearse, presumir, seguir y seguir sabiendo, dios, sabiendo. Pobre Parker, en el fondo sabe que no hace nada para cambiar, tan apuesto con su coraza brillante.

Mi foto
Bilbao, Euskadi
pedromg@gmail.com

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com site statistics
Google+

Páginas vistas en total

Lo que hay.(Desde 08.02.07)

Se quedaron

Desde 08.02.2007

 photo glup20_zps43094b99.jpg