31.12.17

Adiós 2017

Último día del año 2017

Es esta una despedida compungida porque 2017 ha sido un buen año, saludable, sin sobresaltos, plácido en lo cotidiano, lleno de actividad y buenos momentos con la familia y amigos, con nuevos amigos.

Por eso quiero agradecer cada minuto de estos 365 días que se van.

Soy un hombre afortunado.

Y vivo.

30.12.17

Palabras absurdas.



Palabras absurdas, inútiles, estériles No se quedan entre los dientes, no te mueven las muelas, no te agitan, si tú no comentas algo se quedan como un bacalao colgado al viento frío del norte. ¿Hasta cuándo vas a seguir con esta historia? (me pregunta Teresa) No puedo contestar, sigo subido a la constancia hasta que encuentre algo realmente bueno. La verdad, me están faltando palabras. Leo, cierro los ojos, los abro, veo, no sé si es esto, seguiré intentándolo. Cuando dejaba mi alma planchada sobre esta piedra sin aristas me visitaban diez, ahora que hago juegos de manos y abracadabra, dos. Algo no funciona. Yo.

29.12.17

Palabras estériles.


Esther and Ahasverus, 1606, Peter Paul Rubens


Palabras estériles, inútiles. Son infinitas las posibilidades de equivocar el tono, el color, el acento, la v, el tema, de olvidar la letra, qué somos, dónde vamos, para qué este esfuerzo anónimo, continuo, no importa el 1,25, nadie sabe la medida, no la hay, con 3 sería excesivo, 7 es poco, no hay reglas, uno cae aquí, allí, por casualidad, el azar montado en una bicicleta de aire que corre por caminos no trazados, sin plano, esta calle es idéntica a la paralela, aquí ya hemos estado, eh, oiga, está usted dando vueltas y vueltas a lo mismo. A las tardes es cuando peor lo llevo, ¿qué pondré mañana? Esto.

28.12.17

Llámame raro.


Elliott Erwitt, Men Fighting, New York, 1950


Oye, llámame raro, di que me equivoco, no sé, un pálpito, respetos al máximo, pero uno no se mete con nadie y los trastornos de personalidad, si los hubiera, se curan, yo qué sé, que igual no, tú sabes, pero los amores súbitos siempre me han puesto de los nervios, que jugar al mus vale, tres envido, pero mirando a los ojos pego órdago, ya ves, qué cosas, escribir, cuidar reclusos o corderos, ser cetrero o funcionario de la cosa pública, que no me gusta que me toquen la cosa, no si yo no quiero, aquí mal que bien, escribiendo tan a gusto y llega el león sordo y se come al explorador (es un chiste, otro día, con más tiempo, lo cuento, es muy bueno), que hay fijaciones, un conocido mío se encaprichó de una castañera y estaba a la cola cada dos minutos, por cierto, tampoco me gusta estar en la cola, que no me toquen la cola, para eso de la cola soy muy mío, en realidad soy muy mío para casi todo, pero amable, eso sí, incluso si me lo propongo puedo ser educado, hasta un límite (exacto, cuando me tocan la cola o me quieren (intentan) mojar la oreja), que no digo que esto sea un lío pero yo me entiendo y si tú me entiendes pues es que he acertado, si no, pues eso, seguimos tan ricamente con la poesía interiorista, la cecina de León (no confundir con la de león) y las fotógrafas que no dan autógrafos ni se autografían que bastante tienen con aguantar a su santo que es majo (+ o – tampoco echemos las campanas al vuelo) pero tiene ese problema que te digo – puedo tutearte ¿no?- que cuarenta mil espectadores viendo un partido de fútbol y me caga a mí la paloma, es otro chiste, los cuento mal, soy más de lo romántico, incluso de lo simbólico, pero si tengo que dar un puñetazo en la mesa lo doy, te lo voy a contar, nunca he dado un puñetazo a nadie, que recuerde, lo tengo prohibido, por lo militar y por lo religioso, tranquilo, en defensa propia quizás sí, o correr, yo qué sé, según el caso pero otro día lo hablamos con más calma, ahora me toca la medicación y para eso sí que son rigurosos ¡voy!, que digo yo, ¡¡¡voooy!!!, lo siento, que me llaman, hasta otro día. AAh, sí, Lezama Lima.

¿Quién persiste por los labios
y entre giróvagos mapas,
en apuntalar a la sombra
del cuerpo que se perdía
entre pisadas y sirenas
que van doblando hilanderas
muertas y sus delgadas
hojas sin otoño, sin donaire,
en vuelo recto, manso y frío?


Paradiso (escrita por José Lezama Lima) ha merecido toda clase de asedios críticos a cuenta de su condición de anti-novela, de su irracionalismo palmario, de sus desconexiones temáticas. Todo eso quizá pueda ser cierto, no estoy seguro, pero lo que de veras importa en este caso es la excepcional voluntad creadora de Lezama, su promulgación de un "sistema poético" que trasciende los cánones al uso y asume un tratamiento artístico de la realidad absolutamente seductor, regido por una verbosidad que parece como proyectada en un entramado mitológico. Por ahí, por esa selva virgen del texto, puede uno internarse sabiendo que lo aguardan frecuentes extravíos, pero también copiosos deslumbramientos. Las pérdidas posibles se compensan con los hallazgos magníficos. (JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD 27/11/2010)


 

27.12.17

Parker y las palabras inútiles



Parker sabe de las palabras inútiles, que una página que  no baila, que no te seduce, que no se queda colgada en tu hombro como un mono titiritero no sirve para nada. Sabe que si tú no estás, si no dices, no sirve para otra cosa que para subirse al monte y gritar, ahora que nadie le oye, que esto ya lo ha dicho, ya lo ha dicho,   ya lo has dicho,   ya lo ha dicho,   o así, cantinela del paso del tiempo sin encontrar un poema que te rompa el alma, un texto que se quede trabado entre las costillas y el hígado, una frase cosida a la lengua, un temblor que no te abandone desde que salga el sol hasta que cierren el portal y ya no hay serenos. Va. Parker.

26.12.17

El que no es nuestro


Schoolchildren looking from the top of Notre-Dame cathedral at the Seine river Paris, France, 1953 - by Henri Cartier-Bresson (1908 – 2004), French


No es deportivo salir a las riberas cuando llueven oropéndolas con la cola amarilla, no lo es, aunque enseñar las piernas en Sanlucar no está bien visto y mucho menos correr por las mañanas sin más apuro que el jadeo, la frente roja, algún aplauso, dos zumos de tomate y no poder domar a las rodillas que ya no se arrodillan.

Contar cuentos cada día es un vano ejercicio de torcer la cintura a derecha e izquierda, el que se mueve no sale en la foto, ir del coro al caño y viceversa, un engaño, chicos, un engaño.

Creerse el personaje es ser nadie, lluvia, polen, burbujas en el barro, dulces hechiceros ardiendo en fuegos sin humo, sin hogueras, sin censores que delimiten las miradas, mirada hacia ese lado donde no pasa nada interesante excepto el tiempo, el que no es nuestro.


25.12.17

Paseando


Sunset in Bucovina, Romania, 2017 - by Sorin Onișor (1970), Romanian


Paseando por las calles de nuestra ciudad que antes era oscura y ahora brilla me encuentro con muchas personas con las que en algún momento de mi vida he compartido risas y sueños, problemas y cantos. Nos vemos, nos saludamos, con algunos me abrazo. ¿Cómo estás?, tiempo sin vernos, ¿todo bien?, el ritual de intentar simular  que nada ha pasado, ni el tiempo, pero. Navidad.
.
(Algunas veces necesitaría un rincón para desahogarme y llorar, por tantas cosas pero voy a seguir manteniendo la calma, la sonrisa, la frase graciosa)

24.12.17

24 de diciembre


No nos alcanza el tiempo,
o nosotros a él,
nos quedamos atrás por correr demasiado,
ya no nos basta el día
para vivir apenas media hora.
(Cortázar)




Feliz Navidad a todos.
Un abrazo.

23.12.17

Sé que lo sabe


Monjas sofocando el incendio de mi ateo corazón.

Sé que lo sabe. Aunque esté dormido el búho y la muchedumbre grite en su borrachera envidiosa. Mucho más ahora que hay otro par de zapatillas debajo de su cama y la mermelada de arándanos dura la mitad en su mesa. 

No hay engaño, no hay truco de manos hábiles, es lo que es, jamás ha visto un colibrí, jamás ha jadeado bajo el peso del amor y las apuestas están tres a uno. Ojalá pierdan esos cabrones.

Saben de nosotros los que nos conocen y los que dicen que nos conocen, por eso hago ejercicios con los dedos, incluso con el que me corté con un cuchillo de cocina*. Que se preparen.

Sé que lo sabe. Leo este párrafo de Paradiso


y empiezo las sumas y el desahogo, me mezclo con los que leen y escucho sus voces de ceremonia, infundo, refundo, confundo, me sustento de voces y hoy saldré a ver árboles de Navidad por los grandes almacenes a los largo de carreteras atestadas de coches. Os lo cuento a la vuelta (a ella no, que sé que lo sabe, lo sabe todo)   



22.12.17

Discurso roto



Palabras de ceniza, perdidas en el pasado. 

Con Ella perdí la palabra, eso sí que duele no lo otro, perder la sexual lengua del decir, de contar, de abrir hasta la puerta del infierno, el mío, y los cielos, miedo, sueños, recuerdos de infancia, mis tías, las calles del barrio, dos amigos, una novia a la que no besé jamás en el ombligo. 

La palabra, chicas, zumbando en los oídos como un intenso miembro entrando y saliendo en el cerebro con alambres y caminos, cuadriculado, con señales de stop, así nos luce, una blanca nube, luego negra, después la lluvia, la tormenta, inundaciones, hasta aquí llegó la riada hace unos meses, el barro sepultó el jardín de voces. 

Y. 

Giulio Cesare, Haendel y un discurso roto aún me llena de llanto.

21.12.17

Aigee E y el azufre

Martin Munkácsi  Dancers in Seville, Spain, 1930


Aigee E sabe que lo importante no es lo que se dice ni siquiera cómo se dice, lo importante es decir.

Ay, es que lo escrito, escrito queda.

¡Pues claro!, eso es, alma de cántaro, de eso se trata, de dar, de comunicar, de levantar puentes, de poner una piedra encima de otra.

Ya, pero llega un momento en que se cae, se derrumba el montón.

Exacto, eso también ocurre, empezó en Babel y es un principio que seguro ya demostró algún griego con túnica blanca, algún chino, un suponer, quién sabe, bastante tenemos con amontonar piedras, ponerlas encima de la mesa y usted aquí, leyendo estas insustancialidades en vez de preparar los cócteles molotov ( Aigee E  baja al mercado, que le falta azufre para el punto exacto de explosión). 

20.12.17

Aigee E sigue en París.

Eclipse, Paris. - Plaza de la Bastilla en dirección de la rue Saint-Antoine. 1912 Foto: Eugène Atget

Una lluvia estética cae sobre París  y Aigee E aún duerme enroscado como una fruta oscura sobre una cama blanda, alguien deja sal junto a su agujero y espera que el aliento de esos erizos que caen detrás de la ventana aligeren el paso y se produzca el milagro, Fátima, Lourdes, vírgenes sobre árboles o zarzas, damas que brillan y condenan el comunismo y enseñan las tripas de la mentira, océanos de trigo y le falta la respiración desde que Goldman Sachs  enseña que la verdad nos hará libres y verdes, propensos al incendio y dejarnos la mandíbula larga, una moda absurda por otra parte, que mejor era lo del odio y los orgasmos no consentidos, ya ves tú, qué manía, le daba apuro gozar en su presencia, somos tantos que la singularidad es un bien escaso, salto sin red, que nunca tuvo tropilla siempre ha montado en ajeno, Cafrune, tantos nombres que es mejor hacerse agujeros en las sienes y dejar circular por la cabeza la cultura, la estética, la propensión a la depresión (hoy estamos aquí y mañana quién sabe).

19.12.17

Aigee E en París.

Paris 1961, Photo: Martin Munkacsi


Seguro que Aigee E no tiene la culpa de esta lluvia de erizos y agua negra que cae sobre París, una garza de hastío entremezclada con el ansia del ocio, no hacer nada como un santo en su peana, todo está hecho, el rumor en los pasillos del olvido y la curva donde dio el primer beso, entonces, antes del asma y la contractura en el cuello, el techo de la noche bajando, envolviéndole para regalo con una cinta roja que se enrosca al cuello como un asesino sonriente, cínico, jadeando como Richard Widmark en aquella  película que nadie ha visto porque aún sus padres no habían nacido y la piel del futuro estaba recubierta por algas del Sena con una espesa capa de peces esponjosos, grises (alguna relación debe tener todo esto con lo que no, espero).

18.12.17

Para siempre.



No tengo una dirección, un teléfono, solo este suspiro de nostalgia.

De aquel tiempo me quedan muchos recuerdos, emoción, maravillosos momentos, Neruda, un retrato que me hizo a carboncillo, un avión de juguete que me trajo de París y el último día, su venganza, cruel. Un carácter, era todo un carácter.

Me cambió la vida. Iba derecho al traje gris, la esquina del sofá, una suegra en la habitación del fondo, el bostezo. No sabía cómo y ella me enseñó. Filosofía, poesía, ironía, el amor de mi vida, entonces. Luego, suele ocurrir, volvió a cambiar el rumbo de los días y tampoco éramos, no éramos aquel nosotros para siempre. No existe para siempre por más que muchos se empeñen.

17.12.17

En el agua salta un sí.



Es hora de volver al levante, a los pinares, mañana se va, lo ha decidido,  demasiado tiempo en tierra de nadie, detrás queda un bello tiempo de sobresaltos, lleno de júbilo, también de dolor.
Deja sobre todo la línea trazada desde los brazos de una mujer hasta el horizonte donde nadan sumisos cachalotes en el embelesado paisaje de ondas repetidas bajo el aire quieto.

La tripulación se ha reunido en el puente, se escuchan algunos llantos, preparan los pañuelos, ensayan gestos de adioses tristes, se esconden en la proa, saben que estarán solos, aún más solos.

Sin ruido el barco zarpa, él se queda en el puerto, mareado, confuso, sin la más mínima idea de donde le llevarán sus pasos.

En el agua salta un sí.

Sí.

16.12.17

Ciclistas con abrigo


La ficción es un territorio minado sobre el que un hombre pasea a su perro y a su inconsciente. 
Camina y con su mirada amuebla una parcela indefinida donde no ocurre nada, sino todo. 
Por la ventana pasan las luces de un barco y el cielo está poblado de estrellas rotas y ecos de cantos de guerreros ahogados. 
Justo en la sien se le aloja un hambre de infinito, lleva en las manos un gladiolo con serpientes enroscadas mientras la tierra gira y olas ciegas están arrasando la eternidad. 
Pensaba que el siempre era suyo y hoy recolecta ausencias y soledad, días huecos, perdió el futuro entre las altas hierbas de una apuesta. 
Mira el horizonte desde una torre de cristales verdes y acero, vigilante, con un catalejo, con lanzas de luz, con remordimientos que pinta de colores, con rencor que no disimula, con ojos que apenas ven más allá de las almenas. 
Abrigado con plumas de alcatraz, así, ¿cómo llegará al mar sin viento? 
Se detiene justo al borde del no.
No.



Robert Frank

15.12.17

Aigee E en la bañera.



Aigee E está medio sumergido en una agrietada bañera sostenida por garras de león de latón. Se le van las ideas de la cabeza como el agua, se le van los sentimientos del corazón como el aire de los pulmones de un ahogado, que escuchar las noticias por la mañana es una invitación para volver a la cama, que todas son malas, como lo de los mercados, la madre que parió a los mercados, la bolsa, la madre que parió a la bolsa, la prima de riesgo, la madre que parió a la prima, a la tía y al padre que engendraron una situación que beneficia a cuatro malnacidos y perjudica a millones y millones de seres humanos. En realidad él mismo es un ser humano tipo trasto viejo, un mueble desvencijado en un piso de protección oficial que nadie quiere comprar, que hace tres años tener un piso era tener un tesoro y ahora es tener un problema, que entre el agua, la luz, el gas, las basuras, la limpieza, los impuestos, las derramas y las inmobiliarias, es una carga, que todos venden y nadie compra, como los blogs/los muros que todos escriben y nadie lee. Se vende piso.

14.12.17

Mas Valente



Me sorprende mucho cuantos ojos pasan por esta esquina  que no tiene otro mérito que la constancia. La imaginación huyó hace tiempo,  aburrida, la poesía se marchitó con la rutina del amor tranquilo, del cariño programado, de lo legal abrumando lo casual, caminito del olvido para lo que no puede ser y además es imposible, los sueños de zass debajo de una piedra, Lacan como un libro bajo el agua, los músculos ateridos, la mirada turbia y vamos que nos vamos, cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras  por mucho que Valente insista en su Latitud

No quiero más que estar sobre tu cuerpo
como lagarto al sol los días de tristeza.

Se disuelve en el aire el llanto roto,
al pie de las estatuas
recupera la hiedra
y tu mano me busca
por la piel de tu vientre
donde duermo extendido.

El pensamiento melancólico
se tiende, cuerpo, a tus orillas,
bajo el temblor del párpado, el delgado
fluir de las arterias,
la duración nocturna del latido,
la luminosa latitud del vientre,
a tu costado, cuerpo, a tus orillas,

como animal que vuelve a sus orígenes.

13.12.17

Aigee E (7)



Aigee E vive al borde del agua, espera a una mujer milagrosa, practica senderismo, escribe sobre pelícanos y es extraño porque jamás ha visto un pájaro de esos, tampoco ha conocido a ninguna mujer que hiciera milagros con su vida Su casa tiene ventanas grises abiertas de par en par a un mar que solo se conmueve con las olas de invierno. Su corazón está poblado de malas hierbas, es cojo y sigue siendo huraño, reacio a la ternura, hostil, pesimista. El amor es un concepto sepultado debajo de una montaña de frustración, piedras de rencor, años de no. Y no.

12.12.17

Las musas me musitaban.


 Helmut Newton

Yacíamos en un lecho de ternura, las madrugadas tenían colores suaves, excepto el rojo de los miércoles. Ella era una amante sumisa y dulce, abnegada y ávida, su cuerpo era otro planeta, un punto luminoso aún no descubierto por los astrónomos. Me aventuraba en él sin apenas oxígeno, a pulmón, sabiendo que en cualquier momento podría inflamarme, consumirme, carbonizarme en mi propio ardor.
  
Por eso, oh milagro, varias veces me convertí en fiera.
Después las musas me musitaban.

Aún la veo caminar por montañas a las que nunca habíamos subido antes, un ángel sobre nosotros, el silbido de los pastores, mi mano en su espalda, un cuadro de Balthus, turbios trazos, bisbisando invitaciones precisas a retozar sobre la hierba fresca, mis dedos luchando con botones y corchetes, resplandecían las piedras de los caseríos deshabitados, a lo lejos el palacio de Izarra, el salto de agua de Gujuli, mi deseo.    

Estar a su lado era olvidar las facciones y los nombres, los relojes, perder toda memoria.
Pero después, cuando se iba, 
las musas me musitaban.  



¿Qué dices?, siempre has sido un pesado, un obseso, solo querías mi cuerpo, no sabías si me llamaba Ofelia o Carmela, solo querías jadear, robarme las ilusiones, afirmarte en mi piel, entre mis labios, jamás supiste quién era, esa obsesión de apagar la luz, tenías miedo de verme, de verte, eres un estúpido ladrón de sentimientos, un amante poco delicado, egoísta, torpe, eres lo peor.



Estimados lectores, asiduos de esta página, ruego disculpen esta interferencia en el post de hoy. Se produce por una hacker resentida, desconocida, anónima, solo quiere perjudicar la lírica de mis líneas, retorcerlas con acusaciones vanas, no probadas.

Por más que lo intento no puedo borrar sus palabras, carezco de la técnica y/o conocimientos suficientes. No hagan caso de su rencor. Hasta mañana.   

11.12.17

Tétanos.


Bacterias del tétanos.  

Le tenemos que poner la inyección del tétanos -me dijo la enfermera en urgencias antes de curarme el dedo..
No -repliqué.
Y no me la puse.
El tétanos puede causar la muerte -dijo seria la enfermera.
Sí, de algo hay que morir -terminé.  
Y me fui a casa con el dedo vendado.
No sé cómo puedo escribir.

El tétanos o tétano es una enfermedad provocada por potentes neurotoxinas producida por una bacteria, que afectan el sistema nervioso y genera violentas contracciones musculares
El agente causal se denomina Clostridium tetani. Es un bacilo anaerobio obligado, grampositivo, móvil, con una espora terminal de mayor diámetro dándole una apariencia de baqueta, cuyas esporas son estables en condiciones atmosféricas generales, que pueden vivir durante años, excepto que entre en contacto con oxígeno, o luz solar (que destruye tanto al organismo como sus esporas en pocas horas). Son resistentes a determinados desinfectantes como fenolformol yetanol; pero son destruidas por peróxido de hidrógenoglutaraldehído y la esterilización por calor.

10.12.17

Aigee E (6)




Aigee E ha sacado los pies del tiesto y los mantiene en el aire. ¿Significa esto que vuela?, no. ¿Levita quizás?, tampoco. Está suspendido en un limbo de dimensiones no precisas esperando que el viento le plante en tierra fértil más allá de la frontera. Es decir, está pero no está, esto no es física cuántica ni química, es hablar desde un púlpito por no saberlo explicar.

9.12.17

Aigee E en Viena



Aigee E es viajero, goloso y circunspecto. En realidad es todo aquello que se propone ser. Le preguntan “¿cuál es tu sueño?, y responde “no tengo sueños, lo que deseo lucho por conseguirlo”. Se queda tan ancho caminando sobre un solo pie, a saltitos, sobre el asfalto caliente de la carretera ninguna parte, con ardillas bullendo en los árboles donde se empotran los coches descapotables y James Dean canta una canción sagrada antes de morir, que las bombas caían sobre Viena y todos corrían despavoridos por las calles mozartianas, escenario ideal para aquel “Tercer hombre” que vio hace tantos años en un cine de barrio y que la televisión omite en beneficio de acorralados y salvados y limpieza cerebral de señores y señoras desocupados/as atentos/as a frivolidades cuando no a desafíos a la mínima inteligencia, si la hubiera en vez del cuarto de hora para sobrevivir, alimentarse y reproducirse en especímenes semejantes que no es que Aigee E sea más ni menos, no, que es un dibujo animado abrazado a los pájaros que vuelan sobre la noria del Prater y se posan en las mesas del hotel Sacher, el de la tarta, pide una se la come y termina esto del sábado.

8.12.17

Inmaculada Concepción.

El historiador y catedrático francés Louis Baunard narra lo siguiente: Pío IX contemplando el mar agitado de Gaeta escuchó y meditó las palabras del Cardenal Luigi Lambruschini: 'Beatísimo Padre, Usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Sólo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden'.


La definición contenida en la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854, es del tenor literal siguiente:
...Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho

Amén

Con todos mis respetos, que no digo que no, lo de la Inmaculada Concepción, que ni me va ni me viene pero, hay aquí varias claves, a saber:

• lo que el cardenal Lambruschini le dice a Pío IX (tiene tela la cosa)
• la bula, no tiene desperdicio, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles (¿cuándo?, ¿a quién?, ¿cómo?, ¿llamó por teléfono?, ¿mandó un fax?, ¿puso un telegrama?). 
• Y este final y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho (con dos cojones)
• Pues eso, que aparte del cuadro de Murillo, manda huevos. 
• Por si quedaba alguna duda.

7.12.17

Aigee E (5)



Aigee E no lo sabe, no lo intuye, pero hay demasiados que le dicen que puede haber amor después del amor. Como él niega el amor de antes es poco probable que lo encuentre después. En esa raya amarilla en mitad de la carretera está el ser o no ser, la alegría, los saludos quitándose el sombrero, el pan y el vino. De momento abraza una caja de cartón con fotografías quemadas por los extremos, mapas de viajes antiguos, una idea absurda de Alemania, varias cartas desesperadas para amantes desterradas y ha empezado a estudiar los principios de la termodinámica.

6.12.17

Aigee E (4)



Aigee E es un producto de lo que ha sido. Como todavía es, tiene que cargar con el poso y el peso que le han dejado los años de nostalgias no resueltas, melancolía y poesía que se estira buscado curación, sanar el gesto adusto, redimir la mediocridad, poder mirarse al espejo sin llorar. Con todo, arrastra la sensibilidad y el talento como un vehículo de difícil conducción y ruedas torcidas, un carricoche que se atora en el barro de los días y todavía no ha empezado la estación de las lluvias. Por cierto, hay un elefante en la cuneta y el paso al otro lado, allí, se antoja como mínimo, complicado.

5.12.17

Carta a una amante que recibe cartas de otro.



Reina de los siete mares, de este alborotado río de distancia en el que me ahogo, que me cuentas que otro te envía cartas perturbadoras con fotografías de señoras semidesnudas en actitudes provocativas, ingenuo escritor, se equivoca al no mandarte hombres musculosos que te susurren dulces palabras al oído, que te cuenten y te canten, que te estén recordando sin cesar en los días de distancia y silencio, que añoren tu sonrisa como un amanecer de primavera en una iglesia románica en Palencia, tu voz como la calma después de una tormenta en el bosque de Oma que puede convertirse en tentación de mujer fatal, tus suspiros y gemidos, los ojos cerrados abriéndose a las sensaciones de tu cuerpo que se mueve felino, mimoso, curioso, como una dama vestida de negro que no castiga pero que impone con su gesto, cuerpo en el que puedes perderte o encontrarte, descubrir un oasis o un tormento, una pasión de saber que tanto tiempo, ay, tanto tiempo deseándote, estaba escrito, añorándote ahora y luego, no poder hablar, hacerlo a escondidas, imaginándote en noches insólitas consiguiendo emociones que no conocía desde que puedo demostrarte realidades, que me quemo entre tus brazos como un pañuelo de seda frente a una hoguera, que miedo me da el día que te liberes y quieras atarme, o besarme cabeza abajo, o que te haga el amor como un hercúleo morador de las tinieblas, te diga cosas oscuras, te aprisione contra las sábanas, te pida contorsiones imposibles, besos salvajes, tentaciones que viste en un libro olvidado sobre una repisa, tú, que eras la virtud, una chica de piedra y hielo que no sabía del calor de su pubis, del resplandor de sus ojos durante el amor, del sofoco en las mejillas, del dolor en la garganta al contener los gritos del goce, el temblor en glúteos y muslos, la impaciencia por que te bese aquí o allá, la curiosidad por saber qué provoca una caricia en ese punto exacto donde aún nadie te ha tocado, puntos imposibles, invisibles, comenzar a besarte en la cintura y bajar hasta perderme entre tus muslos que bailan y me aprisionan, cárcel del placer, ternura de los movimientos acompasados, ¿quién te manda esas cosas perturbadoras?, quién que hace que te desee aún más, si esto es posible, tú, que eras la niña guapa del imposible amor y te has convertido en el descubrimiento del elemento químico que faltaba en mi laboratorio con la tabla periódica en varios colores, erlenmeyers y redomas, en un misterio, un milagro, un goce, un peligro, la necesidad de hablarte tanto y tanto, como un enajenado charlatán perdido en la arena de esta distancia, te recuerdo, amada, estás entre mis músculos y en la respiración, te beso, muchísimo, a distancia, no me olvides. Y quema las cartas de ese otro *, ni siquiera las abras, le mataré.

4.12.17

Casi una confesión.



Casi una confesión, confusa, lo siento, amigo del muro, no tengo perro, gato, pájaro ni dinero, a veces no me tengo y esto es gratis, es decir. Puedo dejar aquí con absoluta impunidad todo aquello que se me ocurra, como tú. Hay días, los de lluvia, soledad, silencio, resaca, sobre todo las tardes de domingo, que mandaría todo este invento a la mierda pero. Está lo de las líneas, lo de desaprender, lo del invierno, ahora, joder qué frío, siempre puedo ir al cine, pero me duermo, no es broma, ronco y no puedo escuchar a los de las palomitas, un invento, sorber la Pepsi, los spoilers, la sangre cuando les clavo la navaja en la nuca y salgo sigiloso en la oscuridad, ha sido ese, ha sido ese. Siete cincuenta y muchas no las acabo, por eso sigo aquí, también por otras cuestiones, algunas inconfesables, de lo que decimos lo mejor está en el silencio entre líneas, algo de eso sé, me viene del 73, o de otro año, no puedo recordar, todo, aunque eso de la intuición funciona, vaya que sí. No. No tengo perro. Solo me gustan los que duermen a los pies de mi amada. Sí. Sí tuve pájaro, un jilguero, un canario, me parecía cruel tenerles saltando de aquí para allá, solté a uno y se volvió loco volando en la cocina, chocando con el techo y las paredes, cayó a una taza con aceite, pobre bicho de colores, Lucho le llamábamos, por mi abuelo Luis, que lo aprendió de su hermano, el que volvió de Chile, el exiliado, el que conoció a Neruda, el que me recomendó que aprendiese lo del gas cuando estuve en el paro, tuve que moverme, me ahogaba, hay algunos gases nocivos. Hasta hoy, no he parado, por eso tampoco tengo gato aunque me gustan, como el rock and roll, también me gustan los tigres y los linces pero me dicen que en casa son incómodos. Llegamos al final, de dinero no hablamos, no, esto es gratis, amigo del muro, puedes dejar aquí lo que quieras, como ahora, dejo esto, a la rueda, rueda, el que no venga no juega.    

3.12.17

Aigee E en el subterráneo.




Uno, dos, Aigee E está rabioso y resentido, camina por ciudad con paso apresurado, vigila las esquinas. Cuatro, cinco. Acaba de mandar al diablo a media humanidad y está en proceso de hacer lo mismo con la otra media.

Nadie sabe de dónde viene esa  rabia, esa amargura, esa frustración. Seis, siete. Tampoco nadie se ha mostrado interesado hasta el momento. Solo el perro que puede ver el futuro. Diez, doce. Cuenta con lentitud y arrastrando los finales de cada número(1).

Ha dormido en el sofá, se ha enfadado consigo mismo y se ha castigado a la incomodidad de los muelles en los riñones y el cuello torcido. Como vive solo nadie puede decirle eso de anda, tonto, vuelve. Catorce, quince.

Mira a los que se cruzan en su camino con ojos enajenados, bien es cierto que está bastante escuálido, pero aún así asusta (2). Cuando entre los coches aparcados encuentra alguno rojo le pega una patada al espejo retrovisor, indiferente a los insultos y a los puños agitándose a su paso. Cuatrocientos, quinientos diez.

No he contado que llueve, mucho, y que Aigee E no usa paraguas. Como consecuencia camina rabioso, resentido, airado y mojado. Sigue contando en voz baja, mil, mil cien.

Al llegar justo a la plazuela del Sagrado Corazón de Jesús dice dos mil trescientos doce. Se le cambia la cara, se dulcifica su mirada, baja las escaleras del metro y su rastro se pierde ya que no hay GPS literario que rastree en las profundidades de la tierra, tampoco en las del ser humano. (3)


   
(1) Más o menos así: dosss, tresss, quincese, ochocientosss, milll,

(2) Lo sé porque me he cruzado con él esta mañana. No sé si enajenado, pero tenía cara de pocos amigos.

(3) Lo lógico sería que algún lector/a curioso/a preguntase ahora eso de ¿Porqué cuenta Aigee E? Y todos tan amigos.

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