martes, 8 de junio de 2021

Worms of the earth.

 


Uno recuerda cuando era dos. 
Incluso recuerda cuando era. 
Uno no recuerda nada.

Un día vienen a tu casa  tres personas, otro día cinco, otro día no viene nadie, ni dios,  y te preguntas qué demonios ha pasado si están abiertas las ventanas. Quizás han cerrado las fronteras. El caso es que la fruta se ha puesto amarilla. Un día dejas en el balcón tu artesanía, lo que a ti te parece una maravilla (dentro de un orden) y te dicen puaf (o no te dicen). Otro día dejas en el alfeizar un garabato y te dicen oh (te dicen). No sabe uno como acertar. Uno no acertó cuando dijo sí y cuando dijo no puedo, también cuando como ahora habla por no callar para que esos señores vestidos de negro se vayan y dejen de hacer ruidos guturales  y el miedo, estudiar a los otros, saber que hay otros (además tan buenos) a los que les ocurre lo mismo (o parecido), salir del ensimismamiento, compartir, enterrar la tragedia (¿de qué hablas?), olvidar la loa a los dichosos amantes, hipnotizados, luchando contra viento y marea, ellos, que sostuvieron con sus brazos el peso de los mares, buscan ahora botellas verdes con mensaje en las playas (cada uno por su lado). Quedar a salvo de la riada, desatar el nudo del dolor, taparse los oídos al estruendo del mundo, voces de lluvia, silencio de amores rotos, silencio, silencio (¿aun así?) y es fácil esto, si has llegado hasta aquí es fácil. 

Uno recuerda todo. 
Incluso recuerda cuando no era. 
Uno no recuerda cuando éramos.




lunes, 7 de junio de 2021

Regreso a Montauk

 




Regreso a Montauk (en Filmin). A mí me ha gustado, con buenas interpretaciones y un estudio minucioso  del conflicto interior de los personajes, cuestión que transmite a la perfección. Quizás no guste a todo el mundo porque no es una película fácil, el director se ha dado un capricho, le ha dado un toque lento, minucioso, se recrea en diálogos cultos y se aprovecha de la magia de New York y de ese Montauk invernal. Repito, me ha gustado pero mejor lean la crítica de   Pilar Roldán (https://www.elespectadorimaginario.com/regreso-a-montauk/ me parece que define la película perfectamente.



Parker ve muertos, a veces.

 


Parker, a veces ve, recuerda a los muertos.

También a ella.

Cuando la ve, se desbarata, confunde, arma, desarma, arruina su  maltrecha calma, se queda como un jilguero desplumado al sol de otoño.

A veces, ahora, repite sobre lo repetido, palimpsesto inacabable de sentimientos, laberinto vuelto del revés, error a dos colores, equivocación constante. Si estaba en un penoso estado de tránsito, como un vagabundo bajo los álamos, como un cocodrilo en el cieno, desde el lunes ha saltado la barrera de espinos, está al otro lado y no entiende nada.

Además sabe que no lo puede entender.

Así va.

Este Parker…


domingo, 6 de junio de 2021

Begoña Leonardo.

 

UNA AMAZONA ASFÁLTICA


He querido muchas veces

cruzar la calle y vivir la vida de otra

sentirme la mujer que se sube a ese taxi

una carrera incierta y misteriosa.

Ser la que en el cine

besa a un hombre que no es el suyo

la que toma de la mano a una niña

muy distinta a la mía.

Ponerme el sombrero aquel

que parece un nido de golondrinas

y atreverme como ésa

con una minifalda

que corte la respiración al de enfrente.

Ser la chica de la panadería

despreocupada y tontona

que dedica miradas alegres y consoladoras

a cualquiera.

Cometer algún delito del que no arrepentirme

y correr sin permiso

y gritar

y reír desencajada...

Ser una amazona asfáltica

fuera del tiempo y la ley,

surcando cuerpos

devorando aleluyas

con los labios extenuados

y las mandíbulas doloridas

de morder lo prohibido.


Begoña Leonardo.

NO FRENES LA LENGUA DE LOS PÁJAROS.

Poemario Inédito.




The Carpenters




“Don´t they know it´s the end of the world?/ 
It ended when you said goodbye” – y Julio piensa que debe ser muy viejo o que está rabiosamente nostálgico, pero esa canción de Carpenters le está rompiendo el corazón. De una caja de cartón toma al azar, con delicadeza, una fotografía en blanco y negro. En ella una pareja se mira arrobada, sus manos entrelazadas sobre el mantel de una mesa. La boca, entreabierta, sugiere que se están hablando, ajenos a la cámara. La música continúa y Julio va a devolver esa instantánea al montón cuando un reflejo le distrae. Sobre la cabeza del hombre se forma un pensamiento que Julio entiende: está pensando en cuanto desea a esa mujer, en que quiere quitarle la ropa y amarla, allí mismo, sobre la mesa, como en una película italiana, apartar los vasos de un manotazo, levantar el mantel, extender el cuerpo de ella como para un sacrificio y amarla sin medida. El pensamiento salta ahora sobre la cabeza de ella y Julio escucha su miedo y su deseo; miedo a la brusquedad de ese hombre al que desconoce en esas palabras rudas, groseras, en ese brillo lascivo en sus ojos; también deseo porque quiere que le toque, que le acaricie, que le bese todo el cuerpo, tiembla de ganas.




Julio acerca esa fotografía a una bombilla, la mira al trasluz, y esas dos personas se convierten es seres cebolla. Levanta la primera capa de él y un tropel de inseguridad le corre por los dedos. Levanta la segunda capa y los gritos de un padre airado, con la mano alzada, se superponen a los lloros de su madre en un rincón. Levanta la tercera capa y todo lo llena los ojos sin lágrimas de un niño triste acostumbrado a que le peguen por lo que hace y por lo que no hace. Levanta la primera capa de ella y unas cicatrices brillan justo en sus muñecas. Levanta la segunda capa y una toalla manchada de sangre sobre una camilla transita por una clínica sin nombre, en Londres. Levanta la tercera capa y se inunda del asco y el miedo a ese hombre mayor que le lleva de la mano a pesar de sus gritos. La música sigue sonando y Julio no quiere saber más. Golpea el borde de la fotografía contra la mesa y dos años después cae un matrimonio, ocho meses después un hijo, trece meses después un divorcio.



Veinte años después ese hijo está frente a él y Julio no sabe qué decirle.
Para congraciarse le pregunta - ¿Te gustan los Carpenters? Con esta canción nos enamoramos tu madre y yo -.
Pero el chico le mira sin responder porque no es eso lo que ha venido a escuchar.
Y tiene los mismos ojos que ella.

sábado, 5 de junio de 2021

Parker y el pasado

 


Ahora, solo ahora, Parker sabe que no, que esa mujer pertenece al pasado y queda la anciana que le mira y a la que no puede tocar sin temor a quebrarla, su olor ya no le evoca recuerdos, apenas tiene constancia de ello, de ella y su mirada, su halo, algo detrás de los dos, invisible, pero ahí, y el cristal, también ahí, separándolos irremediablemente.

Teme darle la mano, teme los besos sociales al encontrarse, dice que no, que nunca, que está mejor lejos, que cada cosa tiene su tiempo y ellos dos nunca lo han tenido. Dice, calla, dice calla y Parker, por dentro, siente que se evapora la ternura que le dejaba embobado cuando estaban juntos, aquellas inmensas ganas de abrazarla y sentir su piel, aquel dejarse llevar por el río de sentimientos prisioneros y soltarlos, llorando sin pudor sobre sus hombros cuando decía que no se podía querer tanto como la quería.



 1ª reflexión: si ella es una anciana ¿será que Parker está muerto y esto es ya otra vida?

2ª reflexión: quizás aquella tierra solo existía dentro de los límites del deseo de Parker.

Conclusión: con la escritura, lo que me ahorro en psiquiatra (s).

viernes, 4 de junio de 2021

Miriam Reyes

 


Soy lo que no entiendes

y simplificas

lo que no puedes cambiar

y limitas

lo que necesitas

y humillas.

Por más que te obedezco

no hago lo que deseas.

por más que me anulas

te lastimo.


Miriam Reyes

Entonces

 


Experimenté...
Entonces...
Recuerdo...
Trabajé…
Escuché...
Escribí...
Estuve...
Llegué...
Sentí…
Pensé...
Gocé...
Hice...
Bajé...
Subí...
Dije...
Amé...
Leí...
Era...
Fui...
Vi...

Y...

¿Ahora?

jueves, 3 de junio de 2021

Cavafis

 Vuelve a menudo y tómame,

amada sensación, vuelve y tómame -

cuando del cuerpo la memoria se despierta,

y un antiguo deseo vuelve a pasar por la sangre;

cuando los labios y la piel recuerdan

y las manos sienten como que tocan otra vez.

Vuelve a menudo y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan...

Cavafis. 

 


 Termópilas.

Honor a aquellos que en sus vidas

custodian y defienden las Termópilas.

Sin apartarse nunca del deber;

justos y rectos en todas sus actos,

no exentos de piedad y compasión

generosos cuando son ricos, y también

si son pobres, modestamente generosos,

cada uno según su medios;

diciendo siempre la verdad,

mas sin guardar rencor a los que mienten.

Y mayor honor les es debido

a quienes preven (y muchos preven)

que Efialtes aparecerá finalmente,

y pasarán los Persas.

  

Cavafis



 

 


 





 

Ahíto de fe

 

Sancta María
Sancta Dei Génetrix. 
Sancta Virgo vírginum. 
Mater Christi. 
Mater Ecclésiæ. 

Mater divínæ grátiæ. 
Mater puríssima. 
Mater castíssima. 
Mater invioláta. 
Mater intemeráta. 
Mater immaculáta. 
Mater amábilis. 
Mater admirábilis. 
Mater boni consílii. 
Mater Creatóris. 
Mater Salvatóris. 
Virgo prudentíssima. 
Virgo veneranda. 
Virgo prædicánda. 
Virgo potens. 
Virgo clemens. 
Virgo fidélis. 
Speculum iustitiæ 
Sedes sapiéntiæ. 
Causa nostræ laetítiæ. 
Vas spirituále. 
Vas honorábile 
Vas insígne devotiónis. 
Rosa mystica. 
Turris davídica. 
Turris ebúrnea. 
Domus áurea. 
Fœderis arca. 
Iánua cæli 
Stella matutína. 
Salus infirmórum. 
Refúgium peccatórum. 
Consolátrix afflictórum. 
Auxílium christianórum. 
Regína angelórum. 
Regína patriarchárum. 
Regína prophetárum 
Regína apostolórum. 
Regína mártyrum. 
Regína confessórum. 
Regína vírginum. 
Regína sanctórum ómnium. 
Regína sine labe originali concépta. 
Regína in cælum assúmpta. 
Regína sacratíssimi rosárii. 
Regína famíliæ. 
Regína pacis.
Ora pro nobis





En un cielo pintado, un ángel de plástico rosa cuelga de un hilo y apasionado bendice a las gentes que murmuran, van y vienen, que no duermen, que no callan. Con un euro en la ranura, salta, mecánico levanta el índice hacia el cielo y canta. Salmos, motetes, cosas de iglesia (ya sabes), jaculatorias, con metálica voz de fraile, canta.

Entre campanas, con olor a tomillo y hierbabuena, con sabor a milagro, aparece una virgen y la agitan, le tiran flores y besos, la sacuden, la pasean bajo palio, sobre andas.

Después vuelven de espaldas, con la frente y los pecados en el polvo, sin mirar a esa imagen, arrodillados, rezando entre suspiros, desgranando ansiedades, ahítos de fe, cansados, vano intento de simular el alba.

Se ha muerto la noche, suenan tamboriles, aplauden los romeros, ladran los perros, cocean los caballos, gritan los adoradores que beben vino bajo la parra, hay dos bueyes en el agua, se juntan los cuerpos, escondidos bajo los pinos, detrás de las zarzas.

Disfruto la agridulce condena de esperar una llamada en la madrugada.


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