Ferdinand Pauwels , Belgium Painter (1830-1904)

martes, 12 de mayo de 2026

Albert Camus

 


«Nada sirve tan bien al arte como un pensamiento negativo. Sus procedimientos oscuros y humillados son tan necesarios para entender una gran obra como el negro lo es para el blanco. Trabajar y crear para nada, modelar el barro, saber que la propia creación carece de futuro, ver esa obra destruida en un día siendo consciente de que, en el fondo, eso no tiene más importancia que construir para los siglos, es la sabiduría difícil que autoriza el pensamiento absurdo. Desarrollar al mismo tiempo ambas tareas, negar por un lado y ensalzar por el otro, es el camino que se abre ante el creador absurdo. Debe dar al vacío sus colores.

Esto conduce a una concepción particular de la obra de arte. Con demasiada frecuencia se cree que la obra de un creador es una serie de testimonios aislados. Un pensamiento profundo está en continuo devenir, se amolda a la experiencia de una vida y le da forma. De la misma manera la creación única de un hombre se fortalece en sus rostros sucesivos y múltiples que son las obras. Las unas completan a las otras, las corrigen o las recuperan, y también las contradicen. Si hay algo que remata la creación, no es el grito victorioso e ilusorio del artista cegado: «Lo he dicho todo», sino la muerte del creador que cierra su experiencia y el libro de su genio.

Ese esfuerzo, esa conciencia sobrehumana no aparecen forzosamente ante el lector. No hay misterio en la creación humana. La voluntad hace ese milagro. Pero, por lo menos, no hay verdadera creación sin secreto. Sin duda una serie de obras puede no ser sino una serie de aproximaciones del mismo pensamiento. Pero cabe concebir otra especie de creadores que procedieran por yuxtaposición. Sus obras acaso parezcan sin relación entre sí. En cierta medida son contradictorias. Pero, situadas en su conjunto, recuperan su ordenación. Reciben, pues, su sentido definitivo de la muerte. Aceptan lo más claro de su luz de la vida misma de su autor. En ese momento, la serie de sus obras no es sino una colección de fracasos. Pero si esos fracasos conservan todos la misma resonancia, el creador ha sabido repetir la imagen de su propia condición, hacer que resuene el secreto estéril que posee.

El esfuerzo de dominación es aquí considerable. Pero la inteligencia humana basta para mucho más. Se limitará a demostrar el aspecto voluntario de la creación. En otro lugar he señalado que la voluntad humana no tenía otro fin que mantener la conciencia. Pero eso no se podría hacer sin disciplina. De todas las escuelas de paciencia y lucidez, la creación es la más eficaz. Es también el perturbador testimonio de la única dignidad del hombre: la rebelión tenaz contra su condición, la perseverancia en un esfuerzo considerado estéril. Exige un esfuerzo cotidiano, dominio de sí, apreciación exacta de los límites de lo verdadero, mesura y fuerza. Constituye una ascesis. Todo eso para nada, para repetir y atascarse. Mas acaso la gran obra de arte tiene menos importancia en sí que en la prueba que exige de un hombre y la ocasión que le brinda de superar sus fantasmas y acercarse un poco más a su realidad desnuda.

El mito de Sísifo (1942), Albert Camus



 

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