¿Dónde iremos a parar?
La poesía es eso que te atrapa algo, el hígado, un pulmón, el bazo, no sé, algo ahí dentro y te lo retuerce de belleza, de dolor, de estupor o de lo indefinible. Sobre todo cuando la edad no te deja saber, hay un momento en el que te puede ocurrir, es un fogonazo, una revelación, si no lo has sentido entonces estás perdido, serás siempre como no debías ser. Digo pronto, antes que el cinismo, los rencores, el miedo no te dejen ver más allá de los agravios de la vida.
Cuento esto porque sí, pasé muchas noches en tabernas, en bares tristes y alegres, en clubs medio oscuros o mal iluminados, en cabarés donde sonaban músicas y corría la ginebra y otras sustancias que cambiaban lo gris por destellos de algo parecido a la alegría. Después las mañanas eran duras, no terminaban nunca, el trabajo se alargaba pero a la noche, vuelta, a lo oscuro. En aquellos tiempos escuché esta canción que no puedo dejar de recordar sin una nostalgia que me muerde la nuca y más abajo. ¿Dónde iremos a parar si se acaba Balderrama? Nos fuimos al carajo. La poesía te salta a la cara cuando menos te lo esperas.


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