Keigo Nakamura

lunes, 12 de marzo de 2018

En la casa de verano




Acabamos de llegar a nuestra casa de verano. Las maletas todavía están sin abrir.

Apoyo mi mejilla en el cristal para pensar en él. Le imagino mirando al sauce triste frente a su ventana. Quisiera escribirle pero no sé cómo hacerle llegar mis cartas y aquí no hay cobertura para internet.

Mi marido me llama con cualquier pretexto, un libro que no encuentra en lo alto de la biblioteca, una sartén demasiado abajo en la cocina. Mi nieto pequeño llora, se ha caído junto a la valla. Mi hija le consuela con ternura. Juan, mi yerno, arregla las flores de la entrada.

Sola en mi cuarto pienso en él. Como antes, como siempre, prisionera a pesar del tiempo, del tiempo que no me queda, que no nos queda. Acaricio el borde del libro que me regaló, beso sus páginas. Evito el reflejo de los espejos. Evito a los otros.

Mi marido  me llama, un pesado mueble que quiere cambiar de sitio – ¿te parece bien ahí? -, unas tazas livianas que teme romper – ¿me ayudas? -. Y sé que no le gusta saberme sola en la habitación, ajena. Escucho la conversación de mi nieto mayor con los amigos que han venido a saludarle. Mi hija juega con el pequeño. Juan canta en el jardín. La televisión emite programas que no entiendo, habla de cosas que no me pertenecen.

Salgo al balcón para mirar pasar las nubes y sé que no son las mismas que las que dejé en el norte. Me ahogo aquí, voy a morirme de nostalgia, de añoranza de sus manos, de su voz, de todo él.

Casi no he llegado y ya quiero volver.

domingo, 11 de marzo de 2018

Aviso a navegantes desorientados.



Los últimos vendavales han dejado demasiadas embarcaciones a la deriva y andan por ahí, chipi chapla. Hay que advertir que el norte sigue donde estaba y que la posverdad es una mentira. Aquí (señalo con un dedo mi aquí) las normas de conducta no son diferentes a las de ahí (puedes señalar con el dedo tu ahí), la libertad de expresión no es un pájaro de colores, no, es poder opinar lo que cada uno quiera. El problema es cuando el otro (es decir ese que no es tú mismo) opina diferente y no contento con eso lo expresa de forma tibia o rotunda o con serpentinas y matasuegras, hay gente pa`too. Hay personas que no logran superar el trauma de que su verdad no es absoluta, cómo se atreven, encima lo dicen, a que se lo digo a mi padre que es guardia. Manda cojones la cosa. Por cierto, si la RAE da por válido buenismo, chusmear, niguatoso y palabras así me siento en la libertad de utilizar términos coloquiales que solo asustan a A, o a B, yo qué sé, el que esté libre de un coño o de un joder o de un su puta madre que levante la mano. Todo parte del respeto al otro (es decir ese que no es tú mismo). Si usted viene a mi casa y dice que ese cuadro que tengo en el salón es una mierda le diré que es un regalo de bodas de  una tía abuela, que le tengo cariño, que es de firma, oiga y que qué quiere tomar. Hasta ahí. Si usted viene a mi casa y se mea en la alfombra persa del pasillo es posible que le reconvenga (A) o que le meta dos hostias (B) y salga por la ventana (vivo en un primero, tranquilo). ¿Es eso violencia? Pues sí, váyase usted a mear a su casa. ¿Qué quiero decir con todo esto? pues la verdad es que no lo sé, ya me he liao. Ah, sí, que la ingenuidad es un arma de doble filo, que la opinión es libre y universal, para todos, que si cada uno dice lo que quiere debe aceptar escuchar lo que quizás no quiere. Se siente. Vale, me tomo las dos pastillas, una verde y otra roja y sigo a lo mío, que es lo vuestro, amores.


sábado, 10 de marzo de 2018

Y no.



Aquí los pródigos “me gusta” ayudan,  no demasiado, no me lo creo, no hay crítica, todo es dulce, amable, de una exquisita corrección.
Y no.

Los que vienen, los que van, los que dicen, toda la parafernalia esa de las visitas, no, no es exacto. Ese decorado simplemente oculta la realidad, estamos desnudos en un escenario. Lástima que el teatro está vacío, no se vende ni una entrada, los aplausos están grabados, está vacía hasta la concha del apuntador. 
Y no.

Esto es una noria donde se repiten historias, argumentos, modas, instantes, no hay novedad, se confunde la calidad con la caridad. Esto es un ombligo gigantesco que se come todo lo que se pone por delante, un ombligo monstruoso que se alimenta del Sí.
Y no.

viernes, 9 de marzo de 2018

Rebaño



Aquí no se puede comentar: “oiga, eso que ha dicho/escrito es una porquería, qué malo”.
Peligro.
Mucho menos decir: “es usted de un relamido que tira de espaldas”.
Te lapidan.
Cualquiera sale del rebaño.
Qué miedo.

jueves, 8 de marzo de 2018

Corte



Se encendían de inocencia los olivares y la sangre se me agolpaba en las sienes con la luz primera que iluminaba tu cara, lo único que veía en la mañana de ríos penitentes que se conformaban con secarse en el verano. El amor había cambiado mi vida.

Nunca me conformaba en tu ausencia, cuando dejabas el camino por mucho que me asomase a la ventana ya tus pasos resonaban más allá del cruce, donde no me llegaba la vista, cerca del cementerio.

Cantaban las alondras pero no entendías el delicado tono del nosotras, te ibas y solo había un yo sin ti, emocionada y triste, ansiosa hasta las siete del miércoles, quizás el jueves, no vivir, la espera bajo los rododendros, la línea de la tarde que no se detenía en el umbral, que llenaba de sombras mi rendición sin condiciones ni firmas al margen.

Era hermosa la entrega y el cansancio de no saber, o sí, el pulso en los brazos, el silencio, los libros que no podía leer, las hojas en blanco esperando la belleza, la voz, si no estabas no había magia ni triunfo, no podía escribir, apenas respirar, una hora y otra, hasta el miércoles.

Por las noches miraba el cielo, triste recurso para no envolver una historia sin prólogo, el techo negro con estrellas muertas, la ruta de pájaros extraviados, un ladrido, ecos de animales invisibles en un desierto pasado de moda, soledad de un poema que no lo era. 

Fue cuando llegó el telegrama del No. Ibas a París, una rutina, para contar a quién sabe lo de la piel y el orgasmo, el júbilo contenido y la sublevación de tu carne, la constante huida por escaleras que nos llevaban ora a la tristeza, ora a la alegría. En la alameda, un violinista coreano hacía sufrir a Mozart, apenas tenía dos euros en el pañuelo extendido. Así estaba yo, una escritora transeúnte esperando tu limosna.

Era miércoles y no viniste. Me rebelé. La diferencia era una cuestión de metros, la distancia entre lo que quería y lo que podía, siempre estabas dos pasos más allá. Fue una sublevación sin mucha sangre, me miré al espejo, tizné mi frente con ceniza y suspiré, me corté en la muñeca, un tajo,  me rajé las venas del alma en sentido figurado. A partir de ahí el resto fue muy, muy difícil, no exagero, pero eso lo contaré otro día.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Trampa

Es una trampa.
Creer que esto sirve para otra cosa que para lo que te sirve es absurdo.
Todo empieza en uno mismo y es ahí donde termina.
En la propia satisfacción, el espejo, eso que has dicho eres.
Ese eres.
Y si te maquillas que lo sepas.



Allegory of Stimulation (c.1640). 
Lorenzo Lippi (Italian, 1606-1665). 
Musée des Beaux-Arts d'Angers.



martes, 6 de marzo de 2018

No lo sabíamos.



Caminamos con la piel blanca y un murmullo, fieles a la esperanza, pasamos junto a una fábrica que arde con nobleza, sentimos las pezuñas de un diablo, cerca, el ardid de sabernos prisioneros, rendidos, la carretera se ha roto, esto era el dolor. Y no lo sabíamos.

lunes, 5 de marzo de 2018

No estamos vencidos.



En el borde del camino, no estamos vencidos, aun no. Cavamos las trincheras que nos protejan del exceso de emoción, de los ojos llorosos. Alguien recoge lirios. Una anciana se ha sentado debajo de una cruz de piedra. Un niño de pelo rizado mira las rejas y el barro, descubre una vaca y el miedo.

domingo, 4 de marzo de 2018

Andrea Gibson



PREGUNTAR DEMASIADO

Quiero que me hables sobre todas las personas de las que te has enamorado.
Dime por qué las amaste, y por qué ellas te amaron.
Cuéntame sobre un día en tu vida que pensaste que no superarías.
Dime qué significa para ti la palabra “hogar”.
Y descríbeme tu habitación de cuando tenías 8 años de una manera en la que pueda adivinar el nombre de tu madre.
Verás, quiero saber la primera vez que sentiste el peso del odio, y si ese día aún retumba a través de tus huesos
¿Prefieres chapotear en la lluvia o hacer bolas de nieve?
Y si fueras a fabricar un muñeco de nieve, ¿romperías dos ramas del árbol para fabricar brazos a tu muñeco?
¿O dejarías a tu muñeco de nieve manco por no ver al árbol sin brazos?
Y si lo hicieras, ¿te percatarías de que el árbol llora por ti desde que sabe que tu muñeco de nieve no tiene brazos para abrazarte cada vez que lo beses en la mejilla?
¿Besas a tus amigos en la mejilla?
¿Duermes a su lado cuando están tristes, aunque eso enfade a tu amada?
¿Piensas que el enfado es una emoción sincera, o solo la respuesta tímida de un corazón frágil en un intento de alejar el dolor?
Quiero saber qué piensas sobre tu nombre.
Y si alguna vez te despiertas en la noche e imaginas la alegría de tu madre al pronunciarlo por primera vez.
Quiero que me cuentes todas las maneras en las que has sido desagradable.
Todas las formas en las que has sido cruel.
Cuéntamelo – sabiendo que a menudo me imagino a Gandhi con diez años, maltratando a sus compañeros de escuela.
Si caminaras por una planta química, donde el humo se filtra hacia el exterior y llena el cielo con oscuras, negras nubes, ¿gritarías “¡veneno” realmente fuerte, o susurrarías, “esa nube parece un pez, aquella un hada”?
¿Crees que María era realmente virgen?
¿Y que Moisés realmente dividió el mar?
Y si no crees en los milagros, ¿cómo me explicarías el milagro de mi vida?
Quiero saber si crees en algún dios, o en diversos dioses. O mejor aún, qué dioses creen en ti.
Y todas las veces que te has arrodillado sobre el templo de tu persona, ¿tus plegarias se han vuelto realidad?
Y por el contrario, ¿no te sentiste rechazado? Y… ¿rechazado por quién[es]?
Quiero saber qué ves en el espejo un día que te sientas bien.
Quiero saber qué ves en el espejo un día que te sientas mal.
Quiero conocer a la primera persona que te enseñó que tu belleza nunca podría quedar reflejada en una sucia copa de cristal.
Y si alguna vez alcanzaras una gran cultura,
¿recordarías cómo sonreír?
¿Alguna vez has sido una canción?
¿Pensarías peor de mí si te dijera que he vivido toda mi vida fuera de tono, y no soy tan inteligente como mi poesía? Acabo plagiando los pensamientos de la gente a mi alrededor que ha aprendido la sabiduría del silencio.
¿Crees que el hormigón perpetúa la violencia?
Y si no, quiero que me digas de un prado donde mi monopatín se elevaría.
Quiero saber más que lo que haces para ganarte la vida.
Quiero saber qué parte de tu vida gastas sólo en dar.
Y si te quieres lo suficiente para permitirte recibir, también, algunas veces.
Quiero saber si alguna vez sangras a través de las heridas de otra gente.
Y si sueñas, a veces, que la vida es sólo un globo que puedes hacer explotar cada vez que lo desees – pero es algo que nunca harías porque no quieres que nunca deje de seguir.
Si un árbol cayera en el bosque, y fueras el único en oírlo, si su caída en el suelo no hiciera sonido alguno, ¿dudarías de la certeza de tu propia existencia, o tomarías el sol en la dicha de tu nada?
Y por último, déjame preguntarte esto:
Si tú y yo diésemos un paseo, y no hablásemos en todo el camino, ¿crees que nos besaríamos eventualmente?
No, espera. Eso es preguntar demasiado – después de todo, es sólo nuestra primera cita.
.
- ANDREA GIBSON

Cada mes,
cuando me viene la regla
suspiro de alivio
y doy gracias a Dios
por no estar embarazada
porque nunca sabes
cuando Jesús va a volver
y no sabes
a quién va a elegir Dios
para ser la próxima Virgen María
y
¿te puedes imaginar
algo que dé más miedo
que mirar hacia abajo
entre tus piernas
y ver la pequeña
y brillante cabeza
del niño Jesús?

Joder, no, gracias.

Es decir, ¿qué tipo de pegatina
para el coche te comprarías?
¿tu hijo es un estudiante de matrícula?
Sí, bueno,
mi hijo anda sobre el agua
y cura a los leprosos, gilipollas.

Piensa en la presión.
Personalmente
yo preferiría dar a luz a Lucifer,
un chollo.
El tipo de crío
que se sentaría en la Última Cena
y se quejaría
porque a Judas
le ha tocado más puré de patatas.

Porque Dios sabe
que lo sagrado
ha hecho más daño
en este mundo
de lo que el Diablo
podría llegar nunca a hacer.

Andrea Gibson

Chaparrón



Un fuerte chaparrón diluye el recuerdo de la infancia. El frío nos inmoviliza en un presente sin fisuras, sin motivos ni suspiros. Esto es  la supervivencia, vigilar los zarzales, evitar los bosques, las casas deshabitadas, los almiares.

Mi foto
Bilbao, Euskadi
pedromg@gmail.com

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com site statistics

Vistas de página en total

Lo que hay.(Desde 08.02.07)

Se quedaron

Así vamos

Aquí desde 08.02.2007

(Antes en Blogia desde 07.2004)

(Y mucho antes en "La tertulia en Mizar")

7.688 entradas