El acto creativo mantiene la vida, es un baile lascivo ante la muerte. Hay un gorrión en la ventana y llueve. Noches iguales que siguen a días estudiando el desollamiento de Marsias, literatura china, la poesía de Yeats, noción de la escritura, escribir como forma de amar. Noches de bar en bar, solo, tomando un vino tras otro.
-Me estás mirando.
-No.
-Sí, ¿qué miras?
Terminar a golpes en un callejón cercano. Volver a casa con un labio tumefacto, con andar vacilante, sin haber encontrado la belleza. Un perro de raza indefinida se desangra atado por una cadena a una argolla en una pared negra. Buscando historias en los delirios, buscando qué esparcir aquí en los días impares, cuando la imaginación se estanca, matar al padre antes que muera, versos dilatados henchidos de dolor. Beber, solo, como búsqueda, como descenso, como experiencia, para ver, para saber. Violencia de los solitarios.
-Te dije ayer que no volvieras.
-Sácame tú, si tienes huevos.
No saber defenderme, los brazos torpes, las patadas se pierden en el aire, caer, no ser. Me repugna decirles quién soy, que escribo para ser otro, sin saber que ya soy otro, que no soy este enamorado de todo lo que acontece, con el reto del papel blanco, albergando mezquindad y ternura, recolectando apuntes de un gesto, una frase al azar, un insulto.
-Te lo dije ayer, ¿recuerdas?
Esta vez ha sido duro y duele, creo que me ha roto una costilla, este patán que jamás leerá a Yeats, que no escribirá otra cosa que su firma, al que hace solo unos años le hubiera partido el alma, que no sabrá jamás que para escribir un buen poema hace falta desilusión, insatisfacción, dolor, un corazón al borde de entrar en el infierno. Esto son solo palabras, juntas, inútiles, no saben bailar, no cantan, no te saltan a los ojos, no te hacen ver universos, estrellas, otra dimensión, no te transportan.
-¿Quién es?
-Uno del centro, viene cada noche, no sabe beber, se mete con los clientes, me tiene aburrido, un venido a menos, ¿qué se creerá?
Metáfora de mi ceguera: he visto y todo lo que buscaba en otros mundos lo tenía delante de mi nariz.