miércoles, 15 de diciembre de 2010

Filosofía de la vida después de la muerte.


filosofía. (Del lat. philosophĭa, y este del gr. φιλοσοφία).

1. f. Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.
2. f. Fortaleza o serenidad de ánimo para soportar las vicisitudes de la vida.
3. f. Manera de pensar o de ver las cosas.  

 
No somos nada. Siempre se van los mejores. Era una bellísima persona. Hoy por ti mañana por mí. Aquí no se queda nadie. Le vi la semana pasada y estaba bien. A todos nos tocará tarde o temprano. Una mujer muy entregada, siempre viviendo por los demás. Que nos espere mucho tiempo. Ese seguro que busca otra en dos días, menuda pieza ha sido siempre. No caigo, si es del barrio seguro que le conozco. Los hijos están destrozados, se lo esperaban pero una cosa así siempre te pilla de sorpresa. Era muy simpático, me saludaba todas las mañanas. No se hablaba con los vecinos. Ella lo está llevando con mucha entereza, cuando pasen estos primeros días seguro que se derrumba. Siempre se van los mejores. Un hombre de mucho carácter, un caballero. Tanto ahuchar, tanto ahuchar, para dejar todo aquí. Llevaba un tiempo que había adelgazado bastante, me lo tropecé en la Gran Vía y casi no le reconozco, porque me saludó él que si no. No somos nada. No ha venido nadie de Madrid, creo que se llevaban mal. Qué horror, ha sido visto y no visto. Una desgracia, quién lo iba a esperar, acabar así. Ha dejado todo bien hecho. Pues ya verás ahora para repartir, con lo que es la cuñada. No, Tere, es que ella es la segunda mujer, el alto es hijo de la primera. Pues el testamento puede dar sorpresas. Ay, no he querido verle, prefiero recordarle como era, siempre alegre. No somos nada. Demasiado fuerte le veo,  pobre, lo malo viene después. Deja dos hijos pequeños, no sé cómo se va a arreglar él solo. No somos nada. Una santa, lo que se dice una santa, se ha ido sin decir ni mú. Siempre se van los mejores. Ya sabes cómo era él. Yo le veía mala pinta, mal color, mira, se lo dije a Conchi, le dije, esta no llega a Navidad ¿ves? No me digas, el mayor no ha venido al funeral. No, no le conocía, alguna vez hemos coincidido en el ascensor pero ya sabes, buenos días, buenos días. Pues creo que ha dejado muchísimo dinero, se lo llevarán los sobrinos. Sí, mujer, uno alto, bien plantado, uno que salió con Carmen una temporada, le tienes que conocer. No somos nada. Así es la vida, sí son cuatro días. No, si es lo que yo digo siempre, hay que aprovechar mientras se está bien, hay que disfrutar. Ha sido visto y no visto, se ha ido en una semana, mira, mejor, así no ha sufrido. Es que si es de un accidente parece, no sé, como que lo aceptas mejor pero, chico, así. No somos nada. Siempre se van los mejores. No me lo podía creer, estuvo Marian, en la parte de atrás de la iglesia, llorando, qué zorra, se marchó antes de terminar la misa, qué descaro. Ni un duro, no ha dejado ni un duro. Como un perro, nos ha dejado como un perro, las enfermeras no podían con él. No se hablaba con los hermanos. Aquí lo dejamos todo. Pues me debía más de cinco mil euros, qué cabrón. No me alegro, nunca te puedes alegrar del mal ajeno, pero no se ha perdido nada. Un ejemplo, una vida ejemplar. ¿Qué me dices?, no te puedo creer. Llevaba años sin verle, pobre mujer. No somos nada. Etcétera, etcétera, etcétera.  

(Dibujos Alan Mac Donald)


martes, 14 de diciembre de 2010

Enrique Morente.

Fallece Morente, gran innovador del flamenco

 



Mueren los genios.
Salen en primera plana de los periódicos, en los noticiarios de televisión, todos hablan de ellos.
Pero la vida sigue y los otros, los que no son genios, intentan vivir en la alegría y sobre todo en el dolor, sobreponerse a él.
La vida duele, es dura, estos días están siendo duros.
Pero es martes y hay que seguir.
Seguimos.
Pobre Enrique Morente, descanse en paz.


Gacela de amor imprevisto

Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre
nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes
de la oscura magnolia de tu vientre.

Salí, delirando y dando voces
a la calle yo salí
y a to el que yo me encontraba
le preguntaba por ti
y nadie razón me daba. 
 
Federico García Lorca, 

lunes, 13 de diciembre de 2010

Colores.



Aquella tarde de agosto llegaron cientos de mariposas amarillas. Se posaron en los olivos y en la hierba, sobre las flores de acónito y en los tejados.

Es una plaga- dijeron unos.
Es el preludio de noticias - dije yo.

Cientos de mariposas amarillas de volar torpe, con trazos de continente, entrando por las ventanas, regocijando a los niños, sorprendiendo a los ancianos, rompiendo la monotonía, proponiendo barruntos y conjeturas, acariciando mi mirada distante.

Coincidió con la llamada telefónica de mi hija.
Papá, vuelve a casa- dijo, escueta.

Pensativo, salí al balcón y desde ahí vi acercarse las nubes negras, el chaparrón que descargó gruesas y ruidosas gotas sobre las grietas de la tierra, las horas vacías, las amarillas alas de las mariposas, sobre mi remordimiento azul.

Es un alivio-dijeron unos.
Es un castigo–dije yo.

La lluvia se comió la tarde y la noche trajo los recuerdos, la añoranza insuperable, el silencio. Después el sueño levantó miedos ocultos, el temor del regreso, la culpa.

Pasaron los días y se fueron las mariposas amarillas.
Mi hija no volvió a llamar.
Tampoco su madre.

Ahora, en diciembre, no me puedo mirar en el espejo.


domingo, 12 de diciembre de 2010

Somos El Tiempo Que Nos Queda



Somos El Tiempo Que Nos Queda  

Ligeramente tumefacta
pero ofrecida con codicia,
llegó la boca hasta el lindero
de la precaria intimidad.
Iban reptando las parejas
que se apiñaban en lo oscuro:
no se miraban, se sumían
en un compendio de sudores,
se convertían en secuaces
de la penumbra suspensiva.
Como un furtivo postulado
brilló el mechero de los cómplices.

No te preocupes no me he ido,
¿cómo iba a irme sin saber?
Somos el tiempo que nos queda.

Y ya los cuerpos se anudaban
bajo la oscura marquesina,
sin decidir con qué argumentos
recobrarían su ansiedad.
Era una esquirla el clarinete,
un estertor de la armonía.

Toda la noche resonando
como una sábana en tus pechos,
toda la noche entre emboscadas
buscando llaves que no abrían.

Chorros de gritos tan vehementes
que entrechocan con los vasos
iban tiñendo de lujuria
los cortinajes y butacas.
Entre el estruendo de los rótulos
unas caderas rebullían
como impulsadas por la piel
incandescente del tambor.

Mira qué prendas, qué proclamas
de irremediable soledad.
Habla más alto, no se escucha
más que el furor de los licores.
Todo está lleno de luciérnagas
y de insufribles fumarolas,
todo parece confiscado
por los que nunca saben nada.

Pero la boca ya ofrecía
sus rezumantes terciopelos,
boca promiscua, saturada
de zumos ávidos y esguinces.
Está invadida de jadeos,
no se parece a las demás.
No se parece, no es mentira.

Pisando vidrios, esgrimiendo
restos de yerbas y de músicas,
llegaron nuevas avalanchas
de adormilados oficiantes.
Era la hora del suicidio
y algunos miembros de la secta
se desnudaron en la sala
con voluptuosa dejadez.

¿Cómo evitar el simulacro,
cómo vivir sin desvivirnos?
Surcan los días por tu vientre.
Somos el tiempo que nos queda. 

José Manuel Caballero Bonald


 Somos El Tiempo Que Nos Queda, me parece un título extraordinario, una gran verdad, también un ejemplo de lo que quería explicarte esta mañana entre el viento a tu lado, la prisa en el mío, tú no, mi sí, 495 kilómetros y todos los etcéteras que quieras añadir, vidas paralelas, secantes, tangentes, 3,1416, círculos concéntricos, teorías de Pitágoras, trigonometría y otras artes aunque el amor, ay, el amor, que a una edad no hay demasiado tiempo para el luego, que el luego a veces es nunca, que nunca es demasiado tarde, que solo Somos El Tiempo Que Nos Queda. 

Y dicho esto te diré que hay un punto extraño, un momento zass, encanallado, que estás toda una vida diciendo que eres 7.8 y de repente, algo, una aparente nimiedad, un susurro, un suspiro, un rasguño, algo que te dicen, sugieren, una intimidad que te confiesan –J me hizo esto, y esto, y esto- una cosa que no estaba prevista te dice que eres diferente, 8.9,  terciopelo,  noche negra o gladiolos. Te asustas, vaya si te asustas, te da miedo sentir así, desear así, perder el sentido, mejor dicho, sentirlo, querer sentirlo todo. Sin rechazar la ternura, la dulzura, lo correcto, quieres ser incorrecto, dominador, o sumiso, olvidar el misionero y probar la postura 56, ser brusco, o dulce, dejar de mojar los oídos con bellas palabras y descubrir otras, duras, sucias, rotundas. Agitas la cabeza y lo rechazas pero ya es tarde, has bajado los escalones a un sótano oscuro y húmedo y solo quieres seguir por ese pasillo hacia adelante para saber a qué lugar de ti mismo llegas. Te asombra estar ahí, tú que siempre has sido educado, correcto, un lila, estás con ojeras y mirada lúbrica, con un gesto encogido, como un felino a punto de saltar, un cuerpo tenso y ágil. Te estremeces. Sabes que conocías hasta el límite soft y de repente sabes que no conocías nada, que no te conocías, que nunca te habías dejado llevar así, tan lejos, tan hard. Aunque lo confieso, tienes razón, volver de tan lejos es verdaderamente difícil, ya, te entiendo, no tienes ganas de lamentaciones.

En cualquier caso, mi dulce amiga, somos como somos y sería un atrevimiento por mi parte querer cambiar tus principios, tu convencimiento, tu tozuda equiparación de una cosa con otra. Sí, tú me decías (tan niña, tan pura, tan cielo), “Julio, me besas ¿me quieres?” Y yo, tan machito, tan estúpido, tan provinciano, pensaba “¿qué dice esta cría? Han tenido que pasar seis años y tres meses para saber qué decías tú y porqué no lo entendía yo.  

Contesto ahora tu última carta.
No conoces tus límites, puedes ser todo lo que quieras.
Entiendo perfectamente que ahora eres como quieres ser, estás disfrutando de la libertad. Ya me gustaría disfrutar de la mía.
Aquí no hay ningún juego individual, mucho menos se hace nada cuando solo uno de los dos quiere.
Verás, aquí hay un problema, aquí hay una relación (epistolar, sí, pero relación) de dos personas que se querían mucho hace exactamente seis años (quizás sin saberlo ni ellos mismos, separados por miedo, por orgullos absurdos, por yo qué sé), que se han reencontrado en un momento de sus vidas muy especial, que se han redescubierto, que se han visto diferentes en el espejo del otro, mejores, más dignos, más auténticos, que se han asustado por el torrente de sensaciones, emociones, placer, abismo, tentación y todo lo que quieras poner de más y que en un caso lo enfoca con sabia prudencia femenina y en otro con alocada explosión de palabras, hechos, deseos, es decir, como siempre.

Te propongo lo siguiente. Me quedan cuatro meses de condena, salgo el 14 de abril. Ven a esperarme y empezamos de nuevo.
Gracias por los libros que me has enviado.
Te quiere.

Julio.

(Los 3 cuadros de Roberto Ferri)

sábado, 11 de diciembre de 2010

Parker, la austeridad y Gombrowicz.

 

"Me puse a escribir este diario, no quiero que la soledad yerre en mí sin sentido, necesito a los hombres, un lector... No para comunicarme con él. Sólo para emitir señales de vida. Ya hoy consiento en las mentiras, los convencionalismos, las estilizaciones en este diario con tal de pasar de contrabando, aunque sea como un eco lejano, un tenue sabor de mi yo aprisionado.
(…)
Ya soy. Witold Gombrowicz, estas dos palabras que llevaba sobre mí, ya realizadas. Soy. Soy en exceso. Y aunque podría acometer todavía algo que me resultara imprevisible a mí mismo, ya no tengo deseos... Nada puedo querer por el hecho de ser en exceso. En medio de esta indefinición, versatilidad, fluidez, bajo un cielo inasible soy, ya hecho, terminado, definido... soy y soy tanto que ese ser me expulsa del marco de la naturaleza. "

Diario argentino (fragmento) Witold Gombrowicz 
 
 
 Le mira y muy serio dice –Gombrowicz-.

A partir de ahí, ¿qué hace Parker?, ¿es un insulto?, ¿le parte la cara?, ¿quién o qué es Gombrowicz? Decide que no me importa lo más mínimo y le contesta que quiere ser artista.

Artista ¿eh?, como Gombrowicz, ¿no? –dice el otro-

Está terminando el “Berlín. La caída, 1945” de Beevor y ya las tropas rusas han tomado la ciudad, está aturdido de tanta violencia, locura homicida, sangre, dolor, tanta muerte, destrucción, horror, salvajismo, violaciones, tragedia de un tiempo no tan lejano, calles que ha recorrido no hace tanto, se queda dormido y se le juntan otras calles, otros países, ciudades del mundo que ha visitado, pueblos perdidos, gentes diversas, sensaciones en otros idiomas, emociones en paisajes lejanos, habla con viajeros que encuentra en aeropuertos flotando en el duermevela, viajeros arrogantes de rostros inteligentes, viajeros con gorras altivas que utilizan frases enrevesadas, personajes extraños que miran de través, que hacen fotografías de monumentos, de gatos, de emociones enmarcadas en sagrarios con terciopelo, de peinados isabelinos, de la ternura goteando desde un techo que oculta el cielo, cielo, se planta y dice al desconocido –perdona, bonito, Gombrowicz lo serás vos- y sigue con su monólogo, pensándose, imaginándose, manteniendo la farsa de ser sin ser, de no exponer, de divagar, de contar lo que no para no dejar sobre la mesa que el sí es un bostezo prolongado que le va a desencajar las mandíbulas, que Pedro es una burda mentira, que dice esto un sábado en el que el personal está en sus cosas, que no leen, ¿alguien lee?, sí, tira del sedal y encuentra bibliotecas enteras de autores desconocidos pero interesantes, interesados en expresar lo que pasa, lo que les pasa, aventuras en países de vacas y cirujanos, de represores y de gentes bien educadas, de hilos dorados desde su mente a las nuestras, ahí, ¿viste?, ahí está el engaño, el hilo debe ir de corazón a corazón (en su lejana infancia había un programa radiofónico que se llamaba así, recogía dinero de los generosos para distribuirlos entre los menesterosos). "Artista lo soy por mi madre", le decía Gombrowicz a Dominique de Roux, como mínimo hay una madre para cada hijo, a veces hay dos madres, Salomón lo sabe, hay veces no hay un padre (o sí, pero esa es otra historia), un padre que corteja a cocineras y doncellas, a señoritas de buen ver incluso a oscuras, inconstantes padres sin vocación, inmaduros padres solo por su afición al ayuntamiento carnal, deja al lector/lectora la interpretación sobre la conducta de esos padres, también su denominación (véase sección comentarios) mientras pasea ahora por avenidas con eucaliptos en los bordes del camino, bueyes mugiendo, caballos estoicos, mudos, pensar demasiado está prohibido, leer demasiado fatiga, Parker lo sabe y cierra el capítulo del sábado, mañana, mañana sí que tirará de la manta, compruébalo.. 



viernes, 10 de diciembre de 2010

Parker y la intransigencia.

Disonancias del arco iris en la telegrafía inalámbrica de la Torre

Mediodía
Medianoche
En todos los rincones del universo se murmura: "Merde"
Rayos
Cromo amarillo
Nos hemos contactado
Los transatlánticos se acercan desde todas las direcciones
Desaparecen
Todos están en movimiento
Y los relojes marchan
Paris-Midi informa que un profesor alemán fue devorado por los caníbales en el Congo
Bien hecho
L´Intransigeant publicó esta noche poemas para tarjetas postales
Es idiota que los astrólogos roben las estrellas
Cuando ya no se pueden ver
Le pregunto al cielo
El servicio meteorológico indica que el tiempo empeorará. 

(Disonancias del arco iris, de Poemas Elásticos)
Blaise Cendrars.


"La escritura es un incendio que abarca una gran revuelta de ideas y hace arder asociaciones de imágenes antes de reducirlas a brasas crepitantes y a cenizas. Pero si la llama desata la alerta, la espontaneidad del fuego sigue siendo misteriosa. Escribir es arder vivo y es renacer entre las cenizas."

Blaise Cendrars. Poeta, novelista y ensayista francés. Su verdadero nombre era Frederic Sauser-Hall. Nació en La Chaux-de-Fonds, de padre suizo y madre escocesa, y obtuvo la nacionalidad francesa tras la I Guerra Mundial. Abandonó pronto sus estudios y viajó por Europa, Rusia y Asia, desempeñando diversos oficios. Blaise Cendrars fue ante todo poeta y en 1909 publicó La leyenda de Novgorod, y más tarde Pascua en Nueva York (1912), y el famoso Prosa del transiberiano y de la pequeña Juana de Francia (1913). Al igual que Apollinaire, despreciaba los poemas breves por lo limitado de su alcance y creó un estilo nuevo basado en la sucesión de impresiones, temas y sentimientos en los que la nostalgia y la desilusión se combinan con una visión cósmica del mundo. En 1914 ingresó en el ejército francés y sirvió en el cuerpo de voluntarios extranjeros. En 1915 perdió la mano derecha tras ser alcanzado por una granada. Su talento lírico quedó entonces destruido y hasta 1926 sólo escribió ensayos sobre pintores, relatos y una Anthologie nègre (1921). Este sentimiento de pérdida se observa también en El oro (1925), su primera novela. Moravagine (1926), una novela surrealista publicada un año más tarde, marcó su regreso a la violencia narrativa y fue al mismo tiempo una expresión autobiográfica de su vida aventurera. Blaise Cendrars fue también un aventurero de las formas literarias y un innovador de la ficción y el ritmo sincopado. Sus cuatro novelas más importantes, El hombre fulminado (1945), La mano cortada (1946), Bourlinguer (1948) y Le Lotissement du ciel (1949), demuestran que su autor entendía la literatura como una conquista del yo. Recibió la Legión de Honor y la Medalla Militar. En 1961, el mismo año de su muerte, fue galardonado con el Gran Premio Literario de la Villa de París. © eMe


Cesa la lluvia y Parker huele la hierba mojada, observa el caminar de los caracoles, mira al cielo intentando adivinar lo que vendrá. Llega a las escaleras de la ría. El barquero, con la pericia de los años de oficio, le ayuda a cruzar a la otra ribera, después extiende la mano exigiendo su precio. Atrás queda el largo puente en el que estaba la felicidad. No era eso y saberlo después se convierte apenas en un sarcasmo. La línea del tiempo está desbordada. La libertad está más allá del desierto. Se eclipsa la posibilidad del refugio en la casa del lago. Hace una señal en el tronco de un olmo y el viernes es apenas el preludio de la nada. Parker sabe que detrás de la puerta están los paisajes, los otros, la ciudad, los amigos, Marie, todas las Marie del mundo. Rebusca en el archipiélago de sí mismo, en su insomnio, en el fluir de sus pensamientos, quiere describirlos pero no sabe si el camino empieza en el norte o en el este, quiere volver al punto de partida, quiere aprender a escribir en prosa, en verso, novelas, reportajes, poemas, sus memorias pero no tiene memoria, no recuerda, sabe que estuvo fulminado, huido, que fue, que está de espaldas a la ventana, que mira el papel blanco como un desafío, hoy, mañana, cada día. Sabe que tiene pendiente el harakiri, su propio incendio, quemarse para resurgir, la revolución para que todo sea igual pero diferente, no sabe si puede usar la guillotina consigo mismo, se encoge de hombros y sale a buscar un retablo en una iglesia en un pueblo que no existe. Mañana, empezará mañana.



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