Quatuor À Cordes en Ré Mineur: I. Adagio- Allegro Moderato
Recordemos la carta que Buñuel y Dalí enviaron a Juan Ramón Jiménez tras la publicación de "Platero y yo".
Caen [las bailarinas de Elizabeth Streb] veloces como estrellas y durante un instante se asemejan a un dios. Redimen la vergüenza de caer, un acto que normalmente asociamos con ser muy joven o muy viejo o estar muy perdido o no ser dueño de uno mismo. Rebotan elegantemente y recuperan el control de sus cuerpos y movimientos casi de inmediato. Verlos caer te llena de un anhelo extraño e inexplicable. Quizás sea el anhelo de lo que Streb llama «un movimiento real». Sus bailarines no lo ejecutan, solamente lo imitan. «Un movimiento real arrancaría la carne de tus huesos», dice. «Es algo que no puede habitar un ser humano».
Streb y sus bailarines imitan la caída real cayendo según un plan establecido. Un día hablaba de esto con ella. «Lo importante no es caer, sino como recibes el golpe», dijo. «Ese es el ámbito de la interesante complicación humana». Los bailarines de Streb tienen columnas vertebrales fuertes, están bien entrenados y dominan la teoría de cómo recibir el golpe. La sorpresa está controlada. La catástrofe no es el resultado habitual. El miedo sigue estando muy presente pero se trata de ese miedo más refinado y complicado asociado al suspense o al asombro teatral, no el pálido grito ahogado de la caída libre desde un avión descendiendo en espiral.
Me pregunto si mi padre gritaría mientras caía. Me he dado cuenta de que durante la representación los bailarines de Streb se miman unos a otros con palabras: hay una prescindible pero eficaz red de lenguaje que los conecta unos a otros mientras se mueven o se preparan para moverse, un sistema de señales y recuentos y envalentamientos que aseguran su interacción. Cuando se contonean en el aire o se relajan y caen, lo que se abre bajo ellos, alrededor de ellos, no es un peligro vacío sino un patrón de confianza. El lenguaje es una de sus señales.
Anne Carson,
«Tío cayendo. Un par de conferencias líricas con el mismo coro» en Flota.
Traducción de Andrés Catalán y Jordi Doce.
Lluvia forma parte del libro Gotán (1962), una de las obras más representativas del autor, en la que convergen la militancia política, el lirismo y la experimentación lingüística con la oralidad porteña. El poema evoca la memoria, la pérdida y la persistencia del deseo en medio de una melancolía profundamente urbana.
En esta primavera que parece
otoño, paseando por las calles de mi ciudad que antes era oscura y ahora brilla,
me encuentro con muchas personas con las que en algún momento de mi vida he
compartido risas y sueños, problemas y cantos. Nos vemos, nos saludamos, con
algunos me abrazo. ¿Cómo estás?, tiempo sin vernos. ¿Todo bien? El ritual de
intentar simular que nada pasa, ni el tiempo, pero. ¿Murió M?, no lo sabía.
Operan a T el lunes que viene, mal pronóstico, veremos. Sí, pasan demasiadas
cosas, algunas malas. Sigo paseando.
(Algunas veces necesitaría un
rincón para desahogarme y llorar, por tantas cosas pero voy a seguir
manteniendo la calma, la sonrisa, la frase graciosa)
No puede ser, que no, que te veo y se me cruzan todos los cables, incluido el del acelerador, los del freno, que te miro y me pareces el hombre más atractivo del mundo y se me olvida quién eres, quién soy, que estamos en mayo y que no para de llover un agua que me moja desde un entonces colgado de una roca negra inmensa como un castillo sin torreones, como un animal prehistórico que ruge, o grita o grazna o no sé ya que es este ruido intenso en el pecho, en el alma, en los muslos en cada vena que vibra cuando te veo, rozamos nuestras mejillas y haces ese gesto involuntario de rechazo, de distancia, que corra el aire, como si mi gesto tierno y amoroso se pudiera convertir en una violación contra la barra del bar donde tomamos café o un blanco o tu aliento de lo cerca que quisiera estar de ti, digo cerca y digo dentro, en tu mente, en ese corazón que latía a otro ritmo, con otra música, con canciones que sonaban en y hay palabras prohibidas, casi todo está prohibido, excepto mirarte, admirarte, degustar esta atracción hacia ti que no cesa, milagro, qué bien, qué rico, saber que estás ahí si hubiera un incendio en el texto, una inundación de sentimientos, una grieta que divida el mundo en dos mitades, en tres, en saberte ahí, tan lejos, con las veces que he rondado tu ausencia cuando no podía vivir sin ti ¿puedo ahora? pues no, pero el oxígeno es un bien escaso y respirar en una necesidad, las obligaciones también, que me doy cuenta que me escuchas y no me cuentas, que recibes pero no das, que te has vuelto un rostro bello con la nariz al viento de la opacidad y esto no es literatura, ya me gustaría, cada día lo tengo más claro, más oscuro, esto fue por esto, esto fue por esto otro y mi perdida de la realidad fue una consecuencia lógica, que no sé cómo pude regresar al país de los vivos, en serio, que lo pasé tan mal que estaba más allá que aquí, curación de perro, método bestia de salir de lo profundo, nada de viajes a París, a otras orejas, a otros, remedios caseros, de partera con agujas de hacer punto, de hierbas, absurdo, cruel, salvaje, una tonta, una mujer desesperada, sin saber simular, sin vuelta atrás, fin de la nostalgia, fin de una era, que no puede ser, que no, que te veo y se me cruzan todos los cables, pero no te preocupes, estoy vacunada, grandes dosis de medicina emocional, un filtro en la cabeza (creo que está estropeado), se me termina el tiempo, me llaman, me saludan hasta los que no me conocen, me palmean la espalda, qué sabrán, ay, te beso y beso, rey mío.
Martin Munkácsi Dancers in Seville, Spain, 1930
Parker defiende que lo importante no es lo que se dice ni siquiera cómo se dice, lo importante es decir.
Ay, es que lo escrito, escrito
queda.
¡Pues claro!, eso es, alma de
cántaro, de eso se trata, de dar, de comunicar, de levantar puentes, de poner
una piedra encima de otra.
Ya, pero llega un momento en
que se cae, se derrumba el montón.
Exacto, eso también ocurre,
empezó en Babel y es un principio que seguro ya demostró algún griego con
túnica blanca, algún chino, un suponer, quién sabe, bastante tenemos con
amontonar piedras, ponerlas encima de la mesa y usted aquí, leyendo estas insustancialidades
en vez de preparar los cócteles molotov (Parker baja al mercado, que le
falta azufre para el punto exacto de explosión).
Sigue la Feria en Sevilla.
Los que leen mucho, un respeto, una
virtud, un escalón (¿Dónde lleva esa escalera?) nos sugieren libros sin parar.
He oído que no tienen comisión, ni ombligo, no, que lo hacen por la Cultura, me
lo creo, me lo creo todo, me creo hasta las encuestas de los periódicos del
movimiento constante, soy así. Escribir es fácil, lo difícil es que te lean. Al
menos que lean lo que has querido decir (si es que has querido decir algo, que
esa es otra). Seguro que te pasa una cosa parecida a esta, verás, tú escribes
con las tripas eso que te duele, te alegra, te asombra, lo que te sale de las
narices y, y, y, FB te dice “a Paco le gusta tu foto”. Y te acuerdas de FB, de
Paco, de la madre que le parió (que generalmente no tiene nada que ver con
esto) y para no ser menos dejas tu me gusta en su me gusta. Ese juego del tu y
del su puede llegar a ser interesante, la venganza, cuando Paco ponga el vídeo ese de un grupo neozelandés que no conoce ni su p. padre le plantas un me gusta
sin escucharlo, que se joda (Paco, el grupo ese, FB, YouTube y ya puestos el
FMI y la panadera de mi barrio que nunca sonríe, que les den a todos). Pero tú
no te desanimes, escoge con cuidado tus fotos, tus vídeos, tus lecturas, tus
verdades y tus mentiras y a la rueda, rueda, el que no venga no juega. Nubes, tímido
sol de viernes y en nada vendrá el caloret, qué será de nosotros, amén, que santa Rocío
Jurado nos proteja.