Ibrahim Maalouf - Au Revoir
Reina de todos los mares, sentado
en la escalera espero tu vuelta con ansiedad. Quiero que lo sepas. Añoro tanto
de ti. Esa canción mezcla de Gainsbourg y boleros a 45 rpm, ese susurro de
gallos y roce de espejos, el nerviosismo por equivocarme de chalet - cielo,
todos me parecen iguales-, el reto de adivinar el color de tu ropa interior, la
dirección de tu humor, si lo haremos en el sofá o en la habitación de invitados
–descarto lo de la alfombra por mi espalda, ya sabes-, si accederás a la
postura de la controversia, si me besarás los párpados, si has comprado ginebra
y angostura para los vermuts de después, si bajaremos las persianas o
desafiaremos la crueldad de la luz, si dejaremos las puertas bien cerradas.
Eso.
Eclipse, Paris. - Plaza de la Bastilla en dirección de la rue Saint-Antoine. 1912 Foto: Eugène Atget
Ozy Worldy
Sobre el mantel la chimenea en la
cúpula del Vaticano, sobre el lago el reflejo del laberinto. En este
experimento cotidiano hay cien caminos que llevan al punto de partida, es decir
empezar cada día, es decir estar colgado de la imaginación, privilegio de no
(querer) quedarse dormido, alfileres en los párpados, papardelle en el plato,
una pradera de wólfram, trompetas anunciando la llegada del anticiclón. Dicen
que se va ya el frente de lluvia y en el balcón no se mojarán el rosal y los
gorriones, pero en los montes sigue la bruma. No se puede tener todo.
Aunque ella no canta por las
mañanas -que yo sepa-, lleva un mes de gira y dudo que vuelva la misma que se
fue, demasiados halagos, aplausos, críticas elogiosas en la prensa, flores en el
camerino, lo sé, lo sé, he seguido sus actuaciones por la prensa. No me
importa, casi prefiero que vuelva otra, me tenía aburrido de aparentar una
sencillez que no tiene, me gusta más de diva, de reina a punto de abdicar en la
apoteosis de nuestros cuerpos mezclados y el carmín de su boca pintada
tatuándome, sí.
No me ha escrito, no me ha llamado
pero sé de su dedicación de enfermera y esposa. Lo tiene todo, artista, bella,
triunfadora, solícita cuidadora de su marido y representante y anciano ¿qué
creían? Pero lo hace bien, todo lo hace bien, es cierto, no, no estoy celoso,
solo soy su amante ocasional, ¿lo seguiré siendo a su regreso? Se enterará,
estoy seguro, alguien le irá con el cuento…
No les creas, amor, solo deja que
primero te cuente, que te explique, ha sido mucho tiempo, no sé estar solo,
treinta días es bastante, la verdad, pero escúchame, deja la llave donde
siempre y hablaremos.
Si te dicen que es Marie no es
cierto. Cierto que es más joven pero tú sabes que la edad no es todo, a mí al
menos no me importa la tuya.
El miércoles te lo explico,
también lo del cambio de cuenta, todo.
Estamos lejos del paraíso, ya
hemos entrado en otro mayo y conozco cada uno de los días que vendrán, lisos,
acostados allí donde ya no es posible soñar entre rascacielos y parques, marcas
grises de cuadros no pintados, desazón sin misterio, tedio extendiéndose más
lejos de los bordes de la esperanza, vaho de voces inútiles, risas de calabaza.
Quiero volver a New York.
Zayasaikhan Sambuu (Zaya)
Parker sentado en el contraluz
del ser o tener, apenas bosqueja el movimiento de lo que quiere decir, borroso
dibujo de una propuesta filosófica, buscar la poesía en lo cotidiano, romper el
bostezo con orquídeas o con ortigas.
A veces siente la mirada de los
fabricantes de triángulos isósceles, el revés del concepto de amistad, sus
cuchicheos nocturnos como miriápodos recorriendo su espalda.
Habla de lo que no se puede
decir, de su relación con lo que los otros decimos. Aquí se entrecruzan lo
dicho con lo que no dice, el silencio debajo de tantas palabras que hablan de
€, de $, un negativo de lo que se ve, fotografía Polaroid en colores falsos.
Quizás Parker está en ninguna
parte y esos de los que habla no son sino un ingenuo recuerdo de aquellos que
fueron.
Cualquiera sabe.
Lilo Raymond 1922 2009) Unmade Bed Roxbury, Conn. 1972
Es hora de volver al levante,
a los pinares, Parker se va mañana, lo ha decidido, demasiado tiempo en tierra
de nadie.
Detrás queda un bello tiempo
de sobresaltos, lleno de júbilo, también de dolor.
Deja sobre todo la línea trazada desde los brazos de una mujer hasta el horizonte donde nadan sumisos cachalotes.
En el embelesado paisaje de ondas repetidas bajo el aire quieto se ha reunido a tripulación, en el puente se escuchan algunos llantos, preparan los pañuelos, ensayan gestos de adioses tristes, se esconden en la proa, saben que estarán solos, aún más solos.
Sin ruido el barco zarpa, Parker se queda en el puerto, mareado, confuso, sin la más mínima idea de donde le llevarán sus pasos.
En el agua salta un sí.
Sí, Parker, sí.