domingo, 2 de febrero de 2025

Coger el toro por los cuernos.

 


Supongo que en algún momento deberé coger el toro por los cuernos *.

No puedo ignorar lo que ocurre, normalizar la ausencia, lo no dicho, lo presentido, hacer como si no pasara nada, pasa, vaya si pasa.

Tortura de lo ilícito, la tentación de los frutos madurados a la luz, los pequeños animales ocultos en la maleza oscura, sus gritos de lucha o goce, eso.

Afrontar el día después de la sorpresa, la reacción absorta, es lo que es, adivinar lo que será, envolverlo en un paño blanco y colocarlo en la repisa del miedo.

Degollar un gallo, espantar las ocas que cuidan la puerta trasera y el puente, bajar la ladera justo hasta el límite. Esperar. No aferrarse a la esperanza, no la hay. Reposar el odio. Diluir las miradas turbias. Dejarse guiar por la intuición cuando no quede más remedio. Enterrar los años, la historia, ayer, todo aquello, no sirve, ha caducado el amor y solo queda el resquemor como la veta de un mineral sin nombre. Defender la sonrisa mientras dure. Aprender, rápido. no habrá más oportunidades, Lázaro no volverá a resucitar, las palabras no tendrán el mismo significado.

No corras, quédate aquí, piensa, razona, sin precipitarte pero toma una decisión, ya.

Continuará.   


  

Coger el toro por los cuernos, es decir, enfrentar la situación sin mayor dilación o vacilación.

sábado, 1 de febrero de 2025

Robe - Si Te Vas... (Directo en el WiZink Center de Madrid)

Revuelo

untitled - Toshihiko Okuya

Qué revuelo, parece ser que los neutrinos viajan más deprisa que los fotones aunque Einstein no está de acuerdo y proclame que todo es relativo, lo que es relativo a uno mismo puede confundirse con egoísmo aunque seas desprendido y audaz, por eso quiero recordar con intermitencias ese momento, esa frase, nos quitamos la ropa, ahora que siento alacranes paseando por la columna vertebral de la nostalgia, salen de la sentina del alma y no me dejan dormir en un descanso de la fiesta, uno más uno nunca es uno, lo digan los físicos del experimento Ópera o el porquero, dejémonos de fatalidades y amarguras, hagan crack los mercados o los mercaderes, con regocijo acabo de enterrar la trascendencia, sí, el espejo y yo sabemos que queda poco del atleta y nada del filósofo, pero ella decía esa frase y me hacía pensar en la vida, olvidar la muerte, resignarme a no tener parecido con Orestes, ser el poeta que canta mientras arden las ciudades y sabemos que el paraíso terrenal está aquí al lado, al otro lado de la valla con grafitis y yonquis acostados, también está el infierno, el cielo es un invento de monjas alucinadas y sumos sacerdotes con espadas y torturas, papel de plata para los chinitos y niños negros con una ranura en la frente, que no, que no, que el firmamento está tan lejos, con liebres, osas y carros, constelaciones para las noches de agosto, lejos de la luminosidad que deja ver lo que deja ver, nada entre tanto todo, que nos quitábamos la ropa, ay amor, y el abrazo hacía arder las cortinas, temblaban las persianas y nosotros, ella y el zahorí, ahogándose en suspiros y dulzura, esforzándose en contradecir al Laboratorio Nacional del Gran Sasso, bajo los Apeninos, por muy rápido que viajen los neutrinos ellos, nosotros, el zahorí y ella, llegaban antes que nadie al éxtasis. 

viernes, 31 de enero de 2025

Casi ocho años después.

 

 

Todo empezó con Marlene Dumas y la casualidad.

Me había enfadado con Marie, que estaba histérica por lo del viaje y eso y me fui a correr al lado de la Ría. Al llegar al Guggenheim pasé bajo la araña de Louise Bourgeois. Apoyados en dos de sus patas unos individuos de aspecto oriental hablaban en voz baja. Yo corría a cámara lenta (como en Carros de Fuego), de pronto una fugaz sombra pasó por mi mente y entendí. “Pensar que ha sido la artista viva más cara”- se decían en perfecto japonés. Esto me sorprendió, no, entenderles no (la sombra no era tal, bueno sí, en realidad era la sombra producida por mi frente ya que una lengua de fuego se había posado a escasos centímetros de mi cabeza, una paloma blanca volaba cerca), en algún sitio había leído que Marlene Dumas era la artista viva mejor pagada. También pensé/recordé cuando de la mano de Andrea vi su exposición en la Saatchi de Londres, qué tiempos.

Después dejé de correr, de entender japonés, de entenderme y sigo mirando cabeza abajo los cuadros de Marlene. Tampoco los entiendo, no sé si seguirá con su producción tan inquietante y subversiva, reflexionando sobre el racismo, la infancia, la identidad sexual, la maternidad, el terror, el abuso del poder. No lo puedo saber, ya no me escribe, ya no somos y salto sobre la censura, la represión sus años sudafricanos de apartheid, su cotización actual, su granja estudio en Amsterdam, salto sobre mí mismo y me vuelvo a casa dando patadas a las papeleras, rompiendo cristales y siendo tan estúpido como cuando salí, hace ya tanto.

 
¿Me perdonas?- dije.
Sí- contestó Marie.

Lo de después es ya otra historia.
Y no es mentira.



 

Marlene Dumas (Capetown, Sudáfrica, 1953)

Artista holandesa de origen surafricano.

Estudia la carrera de Artes Visuales en la Universidad de Capetown, Suráfrica (1972-1975). En 1976 se traslada a Holanda donde asiste al Ateliers 63 en Harlem (1978 y 1978), y cursa estudios de sicología en la Universidad de Ámsterdam (1979-1980). Su obra se enmarca en el neo-expresionismo conceptual de la década de los setenta. Entre lo más conocido de su producción están sus acuarelas y dibujos, realizados a partir de fotografías de prensa o tomadas por ella misma y en los que reproduce algunos de los rasgos de la imagen impresa, como su carácter plano y desenfocado. Entre 1976 y 1983 realiza sobre todo grandes collages a los que incorpora textos, recortes y algunos objetos. Una de sus obras más representativas de este periodo es Don´t talk to strangers (1977). A fines de los ochenta y principios de los noventa acomete una serie sobre el tema de la maternidad en la que el tema es tratado con más extrañeza que romanticismo. La temática religiosa aparece en su obra a principios de los ochenta, y en 1988 lleva a cabo la importante serie "Defining the negative", en la que cuestiona las representaciones tradicionales del desnudo femenino con cierta dosis de humor. Ha escrito sobre artistas como Jenny HolzerEmil NoldeBarbara Kruger,Edvard Munch, Barbara Bloom o Francis Bacon. Su obra ha viajado por instituciones de Europa y Estados Unidos y pudo verse en la 46 edición de la Bienal de Venecia (1995). Entre sus individuales más destacadas pueden mencionarse la de la Tate Gallery de Londres (1996), así como las del Centre Georges Pompidou, París, y la del Institute of Contemporary Art, Boston, celebradas ambas en el 2001.

 


jueves, 30 de enero de 2025

Malos sueños de finales de enero



Llegan los sueños como mastines, fieros, negros. Me muerden los muslos de la ansiedad. Caigo por abismos sin fondo, me despierto. Me persiguen hordas de hombres oscuros, mal encarados, me despierto. Estoy en mitad de un desierto, angustiado, me despierto. Miles de ojos me miran, siguen cada uno de mis pasos, me despierto. Me afano, ansioso, sobre Ella, sin llegar a nada, me despierto. Vuelven aquellos a quién amé y amo y no están, hablo con ellos, es tan real, lloro y me despierto. Ay.

miércoles, 29 de enero de 2025

Pascal Quignard



Sobre tres frases de Gabrielle Colette

Colette escribió tres frases extraordinarias. Tres proposiciones muy densas, que apenas pueden seguirse, y que sin embargo emitió en un mismo movimiento. Quisiera comentarlas. Son éstas: “A menudo me digo que me gustaría vivir en el seno de una especie distinta de la especie humana. Hay una belleza natural más bella que la estética. Hay una belleza en los cataclismos, la tempestad, las tormentas, los saltos de los animales en la jungla, los galopes de los caballos sobre las mesetas y los prados, los meandros de los ríos en las llanuras, la gracia de los jóvenes que juegan”.

Hay una superioridad silenciosa de Colette sobre todos los demás escritores franceses que “explican” lo que hacen, que exigen demasiado sentido en el curso de la vida, que anticipan demasiada racionalidad en el Ser, que proyectan demasiada orientación en la Historia, que quieren fundar su decir antes de enfrentar sus riesgos (Montaigne, Rousseau, Sade, Laclos, Stendhal, Mallarmé, Ponge, Klossowski, Bataille…). Por desgracia, soy como eran ellos. Ella, Gabrielle Colette, como la castellana de Vergy, como Madame de Genlis, no argumenta. Colette era perfectamente consciente de esa soberanía que ella asociaba además, indisolublemente, con el silencio sexual. Se aferraba como a la niña de sus ojos a ese silencio absoluto, testigo de la fuente viviente en ella. Lo ejercía sobre todos los hombres que la deseaban, sobre todas las mujeres que ella pretendía. En sus Aprendizajes, confiesa que su “truco de enamorada” se restringió obstinadamente toda su vida a esa reticentia refleja. La sonrisa a escondidas, los ojos bajos, la mano que se retira, la evitación incomprensible, el retiro arisco, el silencio ante la pregunta que le plantean, el rostro inexpresivo ante cualquier súplica. Siempre responder mediante el rechazo a responder. Esa mujer nunca ocultó la admiración que sentía por los libros que Friedrich Nietzsche compuso en los años 1880. Es Cibeles ante los ojos de su madre y también es Cibeles ante los ojos de su hija. Un acuerdo total con la naturaleza funda esa obra. Una crueldad vibrante la impulsa. Despreciaba a los blandos, porque les faltaba desarrollar fuerza, a los gordos, porque no tenían el coraje de pasar hambre y adelgazar. Detestaba a los que se consideraban desdichados, porque le parecía que no había que añadir la necesidad al dolor que hace sufrir el azar. Fue voluntariamente Medea para su hija tal como lo habrá sido para su nieto. De manera sorprendente, Colette es la única escritora cuya concepción de la humanidad no fue ensombrecida por la experiencia de la primera guerra. Es lo contrario de Céline. Los dos hombres que más amó eran judíos (Schwob, Goudeker). No sintió ningún horror ante los horrores de las trincheras, que para ella no eran peores que el sitio de París, no eran peores que la Semana sangrienta. Lo peor era normal. Su padre, cuyo nombre masculino tomó como si se tratara de un nombre de mujer, había sido herido en la batalla de Melegnano, en 1859. Luego de que una bala de cañón austríaca le aplastara la pierna, fue amputado por un cirujano de Milán, justo debajo de los testículos, que quedaron ambos intactos. En el trimestre que siguió a su amputación, el emperador Napoleón III lo nombró por decreto imperial recaudador de impuestos en Saint-Sauveur-en-Puisaye. Ella escribió que nunca había sido tan feliz como cuando se reunía con Jouvenel en el frente, multiplicando los abrazos en una cama de hostería con el ardor incomparable de un hombre maloliente que sale del barro de la trinchera donde estuvo enterrado todo el día y que aún está completamente impregnado de miedo.

“El único ser al que veo completo es el feto en vísperas de nacer, que todavía nada.”

En esta frase de Colette, que fue bailarina nudista en el período de entreguerras, hay algo que anuncia las danzas extrañas, también desnudas, cubiertas de cenizas, del butoh, que siguieron a las bombas lanzadas sobre Hiroshima, sobre Nagasaki, y los siete años de ocupación norteamericana en el territorio de las islas del Japón que prohibían mencionarlas y llorar a sus muertos.

Fue en 1962 cuando Hijikata degolló en público, en la penumbra de un pequeño escenario, a un gallo que sostenía entre sus piernas desnudas.

La dependencia del origen, la inherencia al cuerpo continente de la madre de pronto, con un golpe de cadera, se rompe. Así es el instante natal.

Increíble danza expulsiva (pérdida del agua) intrusiva (la intrusión del aire en el cuerpo), caída al suelo (en la no motricidad, en la posibilidad de la muerte, en la defecación, en el hambre), tal es el fondo de la experiencia de los hombres.

Cada uno de nosotros viene de esa manera del mundo oscuro.

Así es el ankoku butoh, la danza oscura que agita a los nacientes que tratan de desplazarse y de sobrevivir en la superficie de la tierra, empujando los huesos de los muertos que los engendraron con sus sexos aún tumefactos y vivos.

Estiran los cinco dedos de sus manos hacia adelante en la luz lanzando gritos.

“Ankoku-butoh” quiere decir exactamente “danza-salida-de-las-tinieblas-que-sube-a-ras-del-suelo”. Que re-nace. Danza que intenta el renacimiento. Vida que procura renacer en el curso de una motricidad originaria.

Al día siguiente de una explosión estelar originaria.

Colette decía que tenía que hacer que su cuerpo gozara todos los días, sin excepción. Que había sido así toda su vida, sola o no, o con sus dedos, o con los labios de una amiga, o mejor aún, según lo que ella misma aclaró, penetrada por el sexo de un hombre más joven que ella. Colette explica esa necesidad por medio de una imagen potente: dice que le hacía falta “gozar cada día como un prisionero prepara la evasión”.

Pascal Quignard 

 

Simenon

 


En 1948, cuando vivía en Tucson, Georges Simenon escribió “La nieve estaba sucia”, un título que destaca entre su ingente producción literaria. Una magnífica novela, dura, sórdida, inteligente, inquietante, tortuosa, profunda, con un personaje central bien definido que nos hace pensar, que nos fascina y nos repele por su relación con la vida, con los demás e incluso consigo mismo. Simenon nos va contando lo que ocurre en ese pueblo ocupado por fuerzas alemanas y en un hábil giro narrativo pasa a lo que ocurre dentro del personaje. En todo momento exige al lector que entre en la trama, que la entienda, que participe. Me ha gustado mucho.    


martes, 28 de enero de 2025

Pete Seeger - "Forever Young"


POR SIEMPRE JOVEN

Que Dios te bendiga
que todos tus deseos se hagan realidad
que siempre hagas por los otros
y dejes que otros hagan por ti
que puedas construir una escalera hacia las estrellas
y subas cada peldaño
Que permanezcas por siempre joven
(por siempre joven, por siempre joven)
Que permanezcas por siempre joven

Que crezcas para ser justo
que crezcas para ser verdadero
que siempre sepas la verdad
y veas la luz que te rodea
que siempre seas valiente
ponte de pie y se fuerte
Que permanezcas por siempre joven
(por siempre joven, por siempre joven)
Que permanezcas por siempre joven

Que tus manos estén siempre ocupadas
que tus pies siempre sean rápidos
que tengan una base sólida
cuando el viento cambie
que tu corazón esté siempre alegre
y tu canción sea siempre cantada
Que permanezcas por siempre joven
(por siempre joven, por siempre joven)
Que permanezcas por siempre joven

Plagiándome.

 


Lo que conté ayer no era del todo cierto.

Jamás he cantado yodels.

Al menos en público.

En la intimidad, sí.

Lo confieso.

 

En realidad soy un estudioso del trabajo de un tal Parker.

 

Ahora estoy literalmente sumergido en su “ Parker y el límite hard” (clik para leerlo)

Pero me dicen que en realidad tal texto es un  plagio de otro texto de Pedro M. Martínez. 

Me vuelvo a cantar yodels.

En la intimidad.

lunes, 27 de enero de 2025

Nunca fui aizkolari.

Es la vida, chicos, tantos trabajos he tenido en mi vida.

Cuando era niño me hacían la típica pregunta “¿Qué quieres ser de mayor?”, aizkolari, les respondía y ellos meneaban la cabeza diciendo: “oso ondo, oso ondo”.


Pero otras circunstancias me llevaron a ser cantante de yodels.

En plena era flower power mi padre encontró un empleo para reconvertir hippies en yuppies. Se sentaba a su lado en la hierba de Bryant Park y les convencía para viajar a Egipto, les enseñaba vídeos caseros de Hind Rostom y cuando asentían, les subía a un avión y en realidad terminaban de pasantes en cualquier banco de Suiza. 

Hind Rostom

Mi padre hacía los viajes con toda la familia. Así conocí a Erika Stucky, a varios componentes de the Velvet Hammer, a un tío de Prince, a tantos. Con el ir y venir, en aquellos desplazamientos por tierra y aire, la nariz apoyada en una ventanilla viendo pasar las nubes, los prados, voladoras vacas tontas, me creé un sonsonete de tarareos, monólogos, ruidos con la lengua, chass, ñamñamñam, cambios libres de los sonidos internos de mi cuerpo, del fluir del alma, componía mis propias canciones. Con los años me inspiré en músicas que escuchaba en aeropuertos, en ascensores, en taxis, las que silbaban mis amigos, el sonido de un trombón saliendo por una ventana, el maullido de mi gato Loveless.


Pero uno de mis mayores éxitos fue la adaptación al yodel del poema El esclavo herrero de Joseba Sarrionaindia.

Cautivo en las selvas de occidente
te trajeron a Roma, esclavo, 
te dieron el oficio de herrero 
y haces cadenas. 
El hierro al rojo que sacas de los hornos
lo puedes moldear como quieras, 
puedes hacer espadas 
para que tus paisanos rompan sus cadenas,
pero tú, ese esclavo, 
haces cadenas, más cadenas.

Triunfé. Me llamaban de los principales teatros del mundo. El mejor cantante de yodel. Trabajaba un día sí y otro y otro. Mi camerino se llenaba de flores, los andenes de los trenes de pañuelos blancos, mi cama de amantes rubias, mi garganta se rompía, mi corazón temblaba con los aplausos. Lo dejé.

Nadie me recuerda, ahora soy uno que escribe estas tonterías en una pared y silba.  

¿Te silbo?


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Bilbao, Euskadi
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