jueves, 8 de febrero de 2018
miércoles, 7 de febrero de 2018
Aquí
Aquí, subiendo una
escalera de abajo arriba, en los rellanos carabineros con bigote revisan los
equipajes de los amantes, hay temblores a la altura del primer piso y nadie sabe
qué dioses habitan en el ático, detrás de las puertas cuchicheos, olores de
guisos con marihuana, se apaga la luz y los vecinos no saben si subes o bajas. ¿He dicho nadie?
martes, 6 de febrero de 2018
La Teoría de la Estupidez, de Carlo Maria Cipolla
La Teoría de la Estupidez, de Carlo Maria Cipolla
El profesor de historia del pensamiento económico Carlo Maria Cipolla, tuvo fama por un opúsculo titulado Allegro ma non troppo publicado en 1988. En él, Cipolla trataba de dar una explicación consistente sobre por qué pasan cosas malas y qué puede explicar que cuando parece que levantamos cabeza, volvamos a hundirnos.
Para Cipolla, hay una fuerza humana más enérgica que las grandes corporaciones, más poderosa que los estados más robustos, más audaz que las redes criminales más sofisticadas. Esa fuerza es la de la estupidez humana. Cipolla entra en el tema de la estupidez no como una plañidera ni como un cínico. Su aproximación no tiene que ver con una denuncia de los males de la tierra, sino que es la aproximación de un científico sobre un tema objetivo cuyos fenómenos son susceptibles de ser estudiados.
Su Teoría de la Estupidez consta de varias leyes fundamentales.
Primera Ley Fundamental de la Estupidez Humana
Siempre e inexorablemente subestimamos la cantidad de estúpidos que hay en circulación.
Podemos pensar que hay muchos estúpidos. Podemos pensar que nos acechan. Pero siempre fallaremos en el cálculo de su cantidad por dos razones: la primera, gente que en algún momento considerábamos inteligente, nos sorprende con su estulticia; la segunda: el estúpido aparece por sorpresa en los momentos y lugares más inesperados. Podemos confiarnos y bajar la guardia, pero el estúpido, tarde o temprano aparecerá ahí. Como es imposible saber la proporción exacta de estúpidos en una población, a ese número lo identificaremos con el símbolo Å.
Segunda Ley Fundamental de la Estupidez Humana (ley de hierro)
La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.
La evidencia científica apunta a que todos los hombres tenemos en conjunto las mismas capacidades. Sin embargo, Cipolla piensa que no. Cipolla defiende que hay hombres que nacen irremediablemente estúpidos. La estupidez connatural no entiende de clase social, raza, nivel educativo ni de ningún otro factor. No caben por tanto discriminaciones en función de la estupidez. La estupidez, como el cagar, es la cosa más democrática que hay.
De la misma forma que la naturaleza hace que nazcan más varones que mujeres con independencia de latitud, medios y tamaño de la población. La proporción Å permanece constante en todas partes y bajo cualquier circunstancia. Å se observa en una población y en cualquier muestra o subconjunto de esa población. Å aficionados del Betis son estúpidos, Å receptores del premio Nobel también lo son. Esta Segunda Ley es ley de hierro y no admite excepciones. Siempre habrá una cantidad Å de gente estúpida y esa cantidad, de acuerdo a la Primera Ley, siempre la subestimaremos.
Tercera Ley Fundamental de la Estupidez Humana (ley de oro)
Estúpido es quien causa daño o pérdida a otra persona o grupo de personas sin obtener al mismo tiempo provecho para sí, o incluso obteniendo perjuicio.
Las ganancias o pérdidas derivadas de nuestros intercambios resultan en un cuadrante donde se ubican cuatro tipos de personas: incauto, inteligente, estúpido y malvado.
Inteligente es quien obtiene ganancia propia y proporciona ganancia a los demás. Malvado es quien obtiene ganancia a costa de las pérdidas de otros. Incauto es quien pierde proporcionando ganancia a otros. Y estúpido es quien pierde y hace perder a los demás.
Es normal que a una persona mentalmente equilibrada le cueste comprender al estúpido. Puedes entender la lógica del inteligente. Puedes entender la lógica del malvado (un malvado persigue un beneficio sin escrúpulos). También puedes entender al incauto: sus acciones le hacen perder y otros ganan. Frente al malvado es posible levantar defensas: puedes prever por dónde te va a atacar. Frente al estúpido no hay defensas que valgan: sus acciones no buscan el beneficio propio. El estúpido es tan impredecible como inoportuno.
Si el 100% de la población fuera malvada, el mundo no colapsaría: no habría una pérdida neta (la contrapartida es que tampoco habría ganancia o progreso). No todas las personas están todo el tiempo en uno de estos cuadrantes. No todo el mundo es inteligente todo el tiempo, ni incauto todo el tiempo. En función del resultado promedio de sus intercambios, las personas se sitúan en algún punto de este plano cartesiano.
El malvado perfecto es aquel cuyo beneficio neto iguala exactamente la pérdida neta de su víctima. El ejemplo común sería el del ladrón que roba 100 pesetas y cuya víctima pierde exactamente 100 pesetas. Claro que esta es una situación ideal, de laboratorio. La víctima que pierde 100 pesetas probablemente no pueda disfrutar de un café esa mañana y por lo tanto ha perdido más de 100 pesetas.
El malvado inteligente es aquel cuya ganancia es superior a la pérdida que provoca (pensad en el presidente de una diputación). Pero los malvados más numerosos son los malvados estúpidos. Un malvado estúpido es aquel cuya ganancia es inferior a la pérdida que provoca. Aunque sea el propio malvado quien valora su ganancia, es la víctima quien valora su pérdida. Te rompen una luna del coche para robarte la radio y tienes que perder una mañana en el taller.
El estúpido, recordemos, no obtiene beneficio alguno con sus acciones que dañan o perjudican a los demás. Y las más de las veces se perjudican a sí mismos por el camino. Hay factores que explican el impresionante poder de la estupidez humana.
Por ejemplo, está el hecho de la impredecibilidad del estúpido. Al estúpido no se le ve venir. Una persona inteligente levanta sus defensas de forma racional. Evalúa sus vulnerabilidades y trata de protegerse, pero estas protecciones responden a un comportamiento racional que espera un ataque racional. El estúpido es irracional. No sigue ninguna lógica. Al llevar a cabo acciones que provocan pérdidas sin procurar beneficios, su víctima no tiene ningún criterio por el que empezar.
Otro factor que explica el impresionante poder de la estupidez humana es la presencia de Å en puestos de poder o responsabilidad: ya sean presidentes, directores, generales, obispos o diputados, tienen un poder en sus manos que multiplica su capacidad de hacer daño y provocar pérdidas. Muchas veces, los puestos de responsabilidad dependen de la elección de grupos más o menos grandes de personas. Esos grupos contienen una proporción Å de estúpidos y por lo tanto sus elecciones perjudican a los demás y a sí mismos. ¿Por qué? Porque son estúpidos, te lo estoy diciendo.
Estas elecciones irracionales y este comportamiento impredecible refuerzan el poder o la capacidad de hacer daño del estúpido. La persona inteligente siempre es sorprendida por el estúpido e incluso cuando se prevé un ataque, planear la defensa no es posible porque el estúpido no sigue ningún plan. Ni siquiera, después del daño hecho, es posible lanzar un contraataque. Tal es de errático e inverosímil el estúpido. Recordemos a Schiller cuando decía que "contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano".
Finalmente, otra cosa que explica el impresionante poder de la estupidez humana es que el estúpido carece de conciencia de ser estúpido. El inteligente sabe que es inteligente, el malvado sabe que es malvado, el incauto lamenta ser un incauto. El estúpido no sabe que es estúpido. Cree estar en cualquier otra categoría y allá va pisando fuerte, dispuesto a arruinarte el día, provocar un conflicto, estropear algo o hacerte perder el tiempo; careciendo de motivos o incentivos para cualquiera de estas cosas.
Cuarta Ley Fundamental de la Estupidez Humana
Los no estúpidos subestiman siempre la capacidad de hacer daño de los estúpidos. En concreto, los no estúpidos olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar y bajo cualquier circunstancia tratar con estúpidos supone un costosísimo error.
No sorprende que los incautos no puedan evaluar correctamente la capacidad de hacer daño de los estúpidos. El caso es que los inteligentes y los malvados cometen el mismo error. Ya sea por desdén, por falsa seguridad o porque creen que pueden sacar provecho del estúpido.
Pensar que se puede sacar provecho de un estúpido es un grave error que pone de manifiesto la incomprensión del fenómeno de la estupidez humana. Además, en el transcurso del plan de acción, el estúpido aprenderá nuevas formas de trastocar tus planes, de sorprenderte con su estupidez y, finalmente de causarte daños a ti (y probablemente a sí mismo).
Quinta Ley Fundamental de la Estupidez Humana
El estúpido es el tipo de persona más peligrosa que existe.
Corolario: El estúpido es más peligroso que el malvado.
Si en lugar de estudiar intercambios individuales tomamos el conjunto de los intercambios agregados de una población, podemos dividir el plano cartesiano de la estupidez en dos partes.
Igual que sucede con el malvado. El incauto también se divide en dos clases. El incauto inteligente (o tonto útil) es aquel cuya pérdida propia es inferior al beneficio ajeno. El incauto estúpido es aquel cuya pérdida propia es superior a la ganancia que otros obtienen de él.
Con esto claro, podemos dividir el plano de la estupidez con una línea. Quienes están a la derecha de la línea aportan un beneficio o bienestar agregado a la comunidad y quienes están a la izquierda causan pérdidas, daños o inconvenientes.
Es de incautos pensar que el éxito o fracaso de una sociedad depende de la variación de esa línea divisoria. Recordemos la proporción Å de estúpidos y la Segunda Ley. Tanto una sociedad próspera como una en decadencia tienen la misma proporción de estúpidos. En particular, la decadencia o resultado negativo neto de las acciones humanas agregadas depende del aumento de la actividad de los estúpidos por permisividad de los otros grupos. Otro factor de decadencia es el aumento de la población incauta estúpida y malvada estúpida en sus respectivos cuadrantes.
En concreto, el pernicioso aumento de la presencia de malvados estúpidos en puestos de responsabilidad y el aumento de incautos estúpidos entre quienes los eligen o les consienten suelen ser causa de decadencia. El poder, para el estúpido, funciona como un catalizador en una reacción química.
Aquí
Aquí, por imposición de
las miradas, con personajes sin rostro bailando alrededor del reloj de la plaza
de Praga, calaveras y mariachis, turistas que siguen a guías sensibles,
llorando en cada iglesia, aquí bautizaron a Kafka, esta es la esquina de su
circuncisión, aquí trabajaba su contabilidad B, en este prostíbulo holgaba, en
estas baldosas orinaba, solo escribía en horas de trabajo, lo cuento ahora sin citar mis fuentes.
lunes, 5 de febrero de 2018
Rosa María Arta l .-. El tiempo de los idiotas
El tiempo de los idiotas
Nos están hablando de personas que se mueven por emociones y rechazan los argumentos, pétreos ante razonamientos aunque les muestren su error. Seres irracionales, por tanto
Es el tiempo de los idiotas. Los que tienen miedo al frío y al calor, según toque, y otorgan su confianza a quienes les mienten y saquean como es fácilmente comprobable. El personaje de buen simplón tranquilo que interpreta a Rajoy le funciona de maravilla entre sus adeptos
02/02/2018 - 20:17h
Mariano Rajoy junto al presidente de la Diputación de Ourense, Manuel Baltar (a la derecha, en la imagen)EFE
José Carlos Lorenzana es minero, uno de los que anduvo hasta Madrid en aquella histórica marcha de 2012. Llegó a ser alcalde de su pueblo, Pola de Gordón (León). Luego vendrían las decepciones y la dimisión. Íntegro, coherente, enorme luchador, formuló una inquietante pregunta tras leer que la Fiscalía pide no juzgar al PP por el borrado de los ordenadores de Bárcenas: “¿Quién de vosotros estaría dispuesto a sacrificar su carrera profesional, y probablemente su vida familiar,por combatir algo, la corrupción, que dos tercios de los españoles justifican y ven bien?”
La cuestión nos martillea de continuo a muchos, la oímos a menudo, la vemos en los comentarios a los artículos . Les votarán igual, la mayoría ni se molesta en leer reflexiones que quedan para un sector de concienciados de antemano. El dopaje que proporciona la corrupción altera los resultados electorales y, dentro de ella, la formidable máquina de apoyo a la propia corrupción del sistema. Pero es cierto que tenemos un problema. Los motivos de preocupación son fundados. Está adquiriendo caracteres de plaga, al punto que se busca cómo tratarla. Nos enfrentamos a la creciente influencia de los idiotas.
El concepto de “idiota” nació como una definición. En la Antigua Grecia. Describía a una persona egoísta y que se desentendía de los asuntos públicos. De ahí vinieron los añadidos peyorativos, la torpeza y cortedad de entendimiento, porque quien descuida su papel en lo común ha de saber que alguien lo hace por él. Muchas veces en contra de sus propios intereses y no existe ineptitud mayor. Las evidencias del masivo ascenso de los nuevos idiotas son abrumadoras. Todo el sistema aboca a este modelo. De hecho algunos ya han llegado a los gobiernos y desde luego al staff directivo de periódicos. Multiplicando por esporas cada día el crecimiento del fenómeno.
Ya se hacen estudios y se esbozan manuales para tratar con los idiotas, aunque no los llaman exactamente así. Nos están hablando de personas que se mueven por emociones y rechazan los argumentos, pétreas ante razonamientos, aunque les muestren su error. Seres irracionales, por tanto. Hace unos días el periodista científico de El País Javier Salas publicó un exhaustivo trabajo sobre el tema que titulaba: ¿Por qué no cambiamos de opinión aunque nos demuestren que estamos equivocados?Los datos contrastados convencen menos que los mensajes emocionales. Diversos estudios revelan las limitaciones de la razón, añadía. En algunos individuos más que en otros, eso es notorio, pero en número creciente.
Están y proliferan ya en múltiples campos. Un informe europeo saca los colores a la sanidad en España por sus listas de espera y su excesiva dependencia de la privada. Noticia de hoy, y de todos los días desde que el PP y sus correligionarios convirtieron nuestra salud en un botín o al menos en objeto de lucro. Ha ocurrido ante nuestros ojos: nos han ido vendiendo parte de la sanidad. Con la connivencia de millones de votantes incapaces de relacionar hechos con consecuencias. Ya se advierte que hay pacientes de primera y de segunda para enfermedades caras. Si le cae un cáncer a un precario lo machaca doblemente. Y tiene culpables.
Los idiotas directos se ven desde lejos. Los antivacunas –que cita Salas- son capaces de poner en riesgo la vida de sus hijos, de perderlos en esa apuesta. Y de ponernos en peligro a todos. Tras la homeopatía, avanza ahora la curación mental del cáncer que divulgan algunos pregoneros de la irracionalidad. Y lo asombroso es que encuentran sitio en auditorios públicos, en Universidades, para impartir su palabrería. Acabamos de asistir a la sentencia judicial que exculpa a un curanderode la muerte de un chico con cáncer que, por su consejo, abandonó la quimioterapia. Al final, fue consciente de la brutal equivocación. Su padre se está empeñando en alertar del peligro a otros.
Con idéntica actitud, millones de personas ponen en riesgo su estabilidad, su futuro, sus vidas también, por sus decisiones personales. Los expertos consultados por Salas, los que lo analizan en otras publicaciones, coinciden en que un gran número de personas están dispuestas a creer lo que quieren creer y guiados tan solo por sus emociones. Lo que en sociología se llama "percepción selectiva". Unas orejeras que borran lo que no les interesa. Nada les hace cambiar de opinión, a no ser la persuasión –con múltiples cautelas para que no se replieguen recelosos- de alguien que se haya ganado su confianza. Emocionalmente. Estamos en estas manos.
Este viernes, en la tertulia de Hoy por Hoy en la Cadena SER el periodista Antón Losada se esforzaba con paciencia infinita en hacer comprender a una tertuliana -que se presenta como periodista- que existían otras vías para la recuperación que la precarización de los trabajadores. ¿ Y dónde está escrito? ha respondido en un reto tras varios cortes similares. Fuera de ideologías es inadmisible la presencia de una indocumentada para hablar en serio, decenas de libros le ampliarían el campo del conocimiento, pero se mostraba tan impermeable como el prototipo del que hablamos. Las tertulias indiscriminadas han hecho un daño inmenso. No está en el mismo plano la realidad y la mentira, ni los argumentos fundados y las creencias.
Salvo excepciones, una sensible diferencia separa a los idiotas de sus líderes, guías o gurús. Sea un político, un tertuliano, o un vecino. Ellos dan discursos precisos para objetivos precisos, nada emocionales, aunque lo parezca. Tienen mucho más claros sus intereses que aquellos a los que manejan. La comunicación masiva ha reforzado y aglutinado a los idiotas. A los dispuestos a creer ciegamente, por ejemplo, que la culpa de sus males es de los inmigrantes y cuanto les quieran inocular. Numerosos estudios reflejan que este tipo de personas son un campo abonado para los bulos. Y crecen, tanto los bulos como quienes los tragan.
Trump acaba de hacer un discurso del Estado de la Unión con “medias” verdades que es la perfecta definición de las mentiras completas. Él y su equipo hablan de “hechos alternativos” cuando dan datos falsos, Y así mientras Trump lanza una reforma fiscal que favorece a los más ricos, arenga a sus seguidores con la América que sueñan, porque así la quieren y la ven sin importar que sea cierta.
Italia se prepara a sacar las urnas en unas elecciones complicadas. Los partidos tradicionales se han ido a pique en las encuestas, también en Italia; es la tónica, fruto de sus errores. Matteo Renzi, el deseado centrista italiano, está en las últimas. Encabeza los sondeos el Movimiento 5 Estrellas de Bepo Grillo, ya sin Bepo Grillo. Pero -lo contaba Sagrario Ruiz de Apodaca, la corresponsal de RNE - los jóvenes se desentienden de la política y creen, no sin razón, que los políticos no resolverán sus problemas. Sus problemas. Lo común, lo público no les interesa.
En España es el tiempo de los cuñados, de los que todo lo saben sin saber nada, que es otra de las acepciones del idiota de todos los tiempos. Esponjas y ecos de miles de tópicos. Los que tienen miedo al frío y al calor, según toque, y otorgan su confianza a quienes les mienten y saquean como es fácilmente comprobable. El personaje de buen simplón tranquilo que interpreta a Rajoy le funciona de maravilla entre sus adeptos. Como la campechanía de Aguirre en su día. Los políticos de la derecha en particular conocen la eficacia de un casting adecuado: el bocazas busca broncas, la listilla, la divina de la muerte, el eficiente y cumplidor ejecutivo. Con obtener más votos que el siguiente ya sirve. Y el marketing lo sabe: es el tiempo de potenciar a los idiotas, de quiénes eligen serlo, obcecación inamovible, insolidaridad manifiesta. Incapaces de reconocer a su verdugo nublados por la devoción que le profesan.
La fidelidad al PP está en el nivel que explicó Donald Trump para los suyos: “Podría pararme en la Quinta Avenida y disparar a alguien y no perdería ningún votante”. Se han parado ya, disparan a las pensiones, al empleo, a la decencia en grado sumo. El PSOE, pese a su caída, mantiene también adhesiones inquebrantables y acríticas. Y entretanto, según dicen, Albert Rivera asciende diciendo “ Sr.golpista y prófugo…” e Inés Arrimadas acude a una entrevista sin saber cuáles son las reivindicaciones feministas del 8 de Marzo, vive sin saberlas. Dice que le parece que no las comparte porque van contra el capitalismo, pero que lo tiene que ver aún. Luego lo confirma: el feminismo hace daño al capitalismo. Miles de electores se identifican con ellos. Con Podemos el sentimiento de rechazo inducido ha funcionado.
Donde realmente triunfa la pasión como guía es en el desafío secesionista. Algunos dejarían su vida en el empeño sí sirviera para aplastar al orgulloso catalán. De hecho lo están haciendo, al permitir en nombre de su odio que les roben tantas cosas. Que nos roben a todos tantas cosas. He escuchado personalmente que se culpa “a los catalanes” hasta de las carencias sanitarias de la otra punta del mapa.

Telediario 1 TVE
La campaña intensiva y permanente de los medios ayuda. El telediario de TVE ha abierto este viernes con el supuesto chalet de Puigdemont en Waterloo como segunda noticia, tras el temporal, resaltando cómo había ironizado "el gobierno" con el alojamiento del depuesto President. Ya hasta los chistes del PP son noticia estelar. Aunque lo haya desmentido su entorno. Numerosos medios le han dado similar tratamiento.
En el fondo es la reacción –visceral – a un enorme desconcierto. Llama la atención del visitante exterior la proliferación de banderas españolas en las fachadas, incluso en barrios obreros con múltiples víctimas golpeadas por lo que llaman la crisis. Se diría que buscan un paraguas, un amparo, un sentimiento de pertenencia. Emocional. Sin premisas lógicas. Quienes manejan el tinglado, quienes se aprovechan de él, mantienen la cabeza mucho más fría. Saben cómo estimular a quienes se mueven con la pasión aparcando su cerebro.
Un mundo exclusivamente lógico y matemático sería invivible. Las emociones abren caminos, ayudan a explorar horizontes, acortan el proceso a las soluciones, hacen vibrar, moverse, activan el motor de la acción, de la creación. Pero, por si solas, no servirían como base de funcionamiento para ningún país. Y menos éstas que han poseído a grandes sectores de la sociedad, tan pueriles e inmaduras. Odio, me gusta, fulmino, creo. Ay, el creo.
Si el remedio es la persuasión, el guía que encandile en este maremágnum de intereses, mal vamos. Cuesta asimilarlo, pero está pasando: hay una influencia decisiva de seres que obran postergando la racionalidad. ¿Adónde conduce esto? ¿Qué le decimos a Zana y a todos los demás? ¿Qué nos decimos a todos nosotros?
¿Y saben qué? Todavía hay millones de personas que lo siguen intentando. ¿Será otra forma de ser idiota?
Aquí
Aquí, por designio de
los números primos, con aleteos en la palma de la mano, sin ira, con calles de
colores LSD, con puertas de caoba que se abren a grandes pasillos con puertas
de boj, abres una y da a otro pasillo con puertas de madera de pino, hay
obstáculos en el alma y la salida está oculta detrás de los extintores
extrovertidos, hablan entre sí y no apagarán jamás nuestros fuegos interiores.
domingo, 4 de febrero de 2018
Aquí
Aquí, por voluntad
propia, con ángeles rubicundos cabalgando por cielos veloces sobre grandes pájaros de pecho encarnado, aún
no saben volar o hay controles de divinidad ocultos entre las nubes de humo y
sorpresas de diablos venidos a menos.
sábado, 3 de febrero de 2018
Aquí.
Aquí, des/escamando los
peces abisales de la des/memoria, el tedio, las hojas del destino que caen
desde este invierno implacable de nieve y frío, la zarpa de la nostalgia des/garrando las venas del
cuello de la ingenua gacela del ayer.
viernes, 2 de febrero de 2018
Observatorio (VI)
Abandono el observatorio y me voy a pasear
en la madrugada fría de enero. En las riberas del Nervión hay ramos de flores
que recuerdan a los ahogados. Se han descubierto hermosos poemas bajo las
piedras del paseo nuevo. ¿Pasaré
bajo su ventana? ¿Estará abierta? ¿Qué sabía Cortázar? Las preguntas quedan
prendidas en los tilos mientras vuelvo a casa.
jueves, 1 de febrero de 2018
Niebla del Bierzo.
Salimos a caminar antes del amanecer.
El mundo estaba quieto entre la niebla del Bierzo.
Te sentaste al borde del sendero.
Dijiste, no sigo hasta ver dónde piso.
Veníamos del desconsuelo.
El final aún estaba lejos.
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