miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿Entiendes?




No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No te entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo.  No lo entiendo. No, que no. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. Sí lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No me entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. Solo yo entiendo lo que no entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. No lo entiendo. Me cortaré una oreja.



martes, 9 de diciembre de 2014

Los días caminan al borde de un río luminoso




Gustave Doré (H. Pisan), L’Orlando Furioso (The Madness of Orlando), 1886.


Hace unos años - ¿tres?, ¿cuatro?- ya, encalé con poético espesor la pared informe. Me dispuse a defenderla de las serpientes después de la lluvia, del chillido de los vencejos antes de septiembre, de los planos y niveles de la nostalgia aún no vencida (cautivo y desarmado, etcétera).

Enfrascado en estas tareas y en otras no menos importantes, descuidé el riego de los relojes, el riesgo del murmullo detrás de la línea donde rompen las olas y, sobre todo, el cultivo de mis jardines y facetas menos conocidas (por mí mismo).

Han pasado los meses, sin orden ni concierto, tan pronto era mayo como noviembre. El vengador está ahí, emboscado, trata de esconderse en lo oscuro pero puedo ver sus movimientos entre las ramas de la higuera. Aun así he clausurado la muerte, es la hora de la vida plena (he enterrado muchos nombres en la arena de los días).

Juré que no lo contaría jamás, pero mi elección no es silencio, coloco velas cada medio metro del borde del misterio, espero la noche para encenderlas, para recordar al hombre que fui (vano empeño, soy el de ahora, libre, lejos de aquel).

Y los días caminan al borde de un río luminoso, en el polvo quedan las huellas de la fortuna (llevo la relación de los milagros como cuentas de un collar de perlas, estoy seguro que nunca volveré allí).


Jose Tola (Perú, 1943)

lunes, 8 de diciembre de 2014

Carta de incertidumbre




Con incertidumbre envío este nuevo mensaje, ignoro si llegará a tu poder.

Esperamos con fe que Luigi haya podido pasar la frontera. Esta noche no han caído bombas en el barrio, sólo se han escuchado explosiones lejanas y un tiro perdido en la plaza. Hemos sentido gritos en el bloque de al lado, después silencio. La mañana ha amanecido tranquila, con nubes bajas y bastante frío.

Tenemos miedo que regresen. Los niños están muy asustados y la abuela no para de llorar. Apenas nos queda algo para comer y no encendemos fuego para no delatarnos. En cualquier caso estamos animados y esperamos que para enero todo haya pasado. Ya no podemos seguir los partes en ninguna emisora por que se agotaron las pilas de la radio. No sabemos cómo evoluciona el conflicto. Hay demasiada sangre y horror en esta tierra. Después de veinte años he empezado a rezar, he vuelto a mirar al cielo. Creo que alguien, al final, tendrá piedad de nosotros y podremos escapar. Te recuerdo cada minuto. Quisiéramos estar ahí, contigo.


Fotografía de Robert Capa tomada en Bilbao en 1937




domingo, 7 de diciembre de 2014

Forma (y fondo)




Insistir en el psitacismo para no olvidar, torpeza de la memoria, frágil disciplina sobre la bóveda del firmamento, banderas rotas en los mástiles de nunca.

Amor insomne encaramado en la proa de los días, vigía que atisba. Y todo, ¿por un sueño? Esto es solo un juego de estómagos satisfechos mientras ahí fuera reina la miseria.


sábado, 6 de diciembre de 2014

Fondo (y forma)




De un lodoso fondo surgió el poema y hasta su medida en cíceros trazó una irregular línea quebrada por tiempo y peripecias.

La débil memoria perdió los caminos y las huellas, el empeño de la censoria alienista, el placer que yacía en los silencios, en compartir lo íntimo, la verdad, que a nadie le importa, tendida entre palabras desnudas.

#$&¬=[]*


viernes, 5 de diciembre de 2014

Redes sociales para un asocial.



Es lo bueno que tiene esto de las redes sociales, se conoce gente. Yo mismo que soy un personaje asocial, poco amigo de amigos y mucho menos virtuales me estoy convirtiendo en un adicto, aunque, la verdad, no sé a qué. Antes tenía otras adicciones, ya ves, todas en el terreno de lo emocional, del sentimiento, de la estética, de la lírica, nada de substancias, ni humo, ni alcohol, no juego, no practico nada prohibido, prácticamente no practico nada práctico, no me acuesto con mujeres, ni con hombres, nunca he ido a un bingo, no compro lotería, ni a un baile de fin de curso, quizás porque nunca he terminado un curso, una vez fumé un porro y me dio una descomposición del carajo, una vez bebí demasiado y casi vomito hasta el hígado, qué mal, una vez dudé. Me gusta el fuego, quemar cosas. Estoy operado de apendicitis, de anginas y de fimosis. Uso corbata y boina vasca en invierno, llevo bigote. Una vez subí a un monte y me perdí, estaba sin cobertura en el móvil y tuve que dormir debajo de un olmo, no llegó a pulmonía pero sí pillé un fuerte resfriado y lumbago, dolor de riñones, ahora solo subo a lugares que tengan ascensor/descensor. Puedo parecer aburrido y quizás esto desanime a futuros simpatizantes, qué le vamos a hacer, por lo menos soy sincero, soy disléxico, soy caótico, soy zurdo, soy vegano, soy un ciudadano en busca de su capacidad creativa. A veces quemo papeleras. También un día me meé encima, a propósito, estaba esperando cruzar una calle por un semáforo, rodeado de gente, mucha más gente enfrente, me meé mirando al cielo y silbando “All you need is love”, sentí la orina humedecer mis pantalones, escuché decir a una señora “qué guarro”, esa señora no entendía nada de lo que es un happening, con amigos hubiese hecho un flashmob, no quisieron, les daba vergüenza, porque no les he contado que tengo amigos, dos, Paco y Gonzaga, desde el colegio, nos expulsaron a los tres a la vez, no contaré la causa. Casualidad vienen ahora a cenar, pizzas y cerveza 00, lo siento, les tengo que dejar, después queremos salir a quemar el edificio de Correos y andamos pillados de tiempo. Lean mañana la prensa. Un placer, hasta otro día.



jueves, 4 de diciembre de 2014

Carta labriega.


Con la boina en la mano, de pie bajo un árbol sagrado juro solemnemente que tu presencia me llena de una alegría tan densa que tal parece que estoy dentro del sol, reverberando como un rayo entre las nubes que filtran los ultravioletas, los gamma y esas cosas de rayos que no entiendo demasiado, excepto el (rayo) que no cesa, el (Rayo) Vallecano y el (tuyo) que me atraviesa el corazón que tuve, que ando desde entonces torcido como un lisiado del alma, sin saber dónde piso ni a quién, renqueando como un labriego vestido de domingo con la corbata al viento y el corazón atado con cuerdas, envuelto en papel de periódico con manchas de salchichón y vino del viñedo de Paco, que ya sé, ya, que después de la cara que se te ha quedado, tan triste, no tengo derecho a escribirte cosas livianas pero ¿qué quieres? si hace falta me pongo una nariz roja y te bailo vestido de esquimal como José Isbert en “Historias de la radio” o como Anthony Quinn haciendo de Inuk o como yo mismo que quisiera estar contigo dentro de un iglú hasta derretir las nieves polares con nuestros arrumacos y pajareos, gorrión guapo con pendientes de niña y mirada de mujer profunda, con pantalones que ciñen tu culo de Silvana Mangano enArroz amargo”, culo irrepetible, culo para llenarlo de caricias, culo sentado durante tantas horas al día que solo un milagro celestial hace que no se te quede plano que para vernos saca horas de dónde no las tienes o sí, no cenes, no comas, aliméntate del aire, aire (...y tú viviendo con ella jamás la tienes, aireeeee... canción de AlejandroSanz y Ketama) y algo habré de hacer antes que soportar otra vez tu tristeza que me pongo ahora muy serio y te digo que no, mi vida, que no quiero estar así, que prefiero que me mandes a paseo, que no quiero camelarte como un ligón del tres al cuarto con zalamerías (aunque me salgan de tan hondo que me asusta no ver el fondo de mi alma ¿desde dónde me salen? , ¿de qué sima de amor tan dentro de mi pecho?) con visitas a tu consulta que compruebo que son inoportunas, que no quiero más que llenarte de alegría, de felicidad, darte sonrisas, llenarte la cabeza de lo que de mí te pueda servir, humilde que no lo soy, que me recojo como un peregrino hacia Santiago, que te acompaño desde mi cabeza por ese trayecto tan largo hasta Berlín, tan lejos,  y tus tres colegas hablando de esto y aquello y pásalo bien, mi vida, no te pongas triste ni un minuto por mí, o por ti, o ya no sé pero no puedo estar toda la vida sin saber, decepcionándote, no llegando a las expectativas mínimas, máxime cuando tú eres tanto, tanto y por lo menos sabes que soy un enamorado incondicional que está loco por ti pase lo que pase o no pase o tiempo, aquí sigo, al pie del cañón, rotundamente ebrio de amor por ti que has cambiado mi vida, aquellos cafés inofensivos en la capital trajeron estos amores que no van ni para adelante ni para atrás, buen viaje, señora doctora de mi pueblo, te quiero, no le saques muchas faltas a mis letras, te escribo desde el bar de la plaza, los mozos me miran raro. Vuelve.







miércoles, 3 de diciembre de 2014

Ella es un ángel.




Thérèse Dreaming , 1938 © Balthus


Hoy, abiertas las ventanas al viento del cambio, soleadas las habitaciones, salgo y corto palabras del jardín de diciembre, se marchitan con olor dulzón en búcaros antiguos. Sobre la mesa, junto a la mano, pétalos secos.

Ella es un ángel, ella es un ángel.

Floto entre voces, nadan por mis muslos, me entran en los pulmones. Me ahogo, no encuentro la Palabra, no asoma, a veces veo su brillo, la tengo ahí, casi la pronuncio, -esa es, esa es- pero no, no llega.

Ella es un ángel, ¿pero no decías...?

Llegará la primavera y apaño discursos, rebaño recuerdos, engaño mi realidad, junto historias para mañana, no soy dueño de las que no son, de los sueños que no fueron. Digo lo que digo, no la Palabra.

Ella es un ángel, ella es un ángel.

Ahora, este es el único tiempo del que disponemos.
Sigo intentándolo.


martes, 2 de diciembre de 2014

Doppelgänger

Alguien me está suplantando.

Escribe lo que escribo. Me sustituye en los aciertos. Me abandona en los errores. Ama a las mujeres que amo.

Alguien está viviendo mi vida.

No he podido afirmar lo que dices. Desde que cerré la puerta ya no me visita el Cíclope. Sólo te amo a ti.

Alguien me habita.



"Doppelgänger es el vocablo alemán para el doble fantasmagórico de una persona viva. La palabra proviene de doppel, que significa "doble", y gänger, traducida como "andante". Su forma más antigua, acuñada por el novelista Jean Paul en 1796, es Doppeltgänger, 'el que camina al lado' (Molina Foix: 10-11). El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al "gemelo malvado" o al fenómeno de la bilocación.

También se utiliza la palabra para describir el fenómeno por el cual una persona puede ver su propia imagen por el rabillo del ojo.
Los Doppelgänger aparecen en varias obras literarias de ciencia ficción y fantasía, en las cuales son un tipo de metamorfo que imita a una persona o especie en particular por alguna razón, generalmente nefasta.

http://es.wikipedia.org/wiki/Doppelg%C3%A4nger


lunes, 1 de diciembre de 2014

De ventrílocuos.




Hablar de lo que sí y así sucesivamente.

Todo por no recurrir al no, a los recuerdos.

Si los tuviera, podría escribir del tintineo de sus pulseras cuando se quitaba la ropa, tan rápida que parecía que le iba la vida en encaramarse a mi ansiedad, tan evidente, tan automática, reflejo de Paulov, indicio físico de complicados procesos químicos, sentimentales a veces (las menos).

 Etcétera.

Temblábamos los dos como petirrojos en mitad de un incendio, pegados el uno al otro durante toda la noche de experimentos y ahora así, ahora de esta otra manera, páginas 12 a la 53 del manual de posturas.

Luego llegaba el día y ella volvía a su libro de venenos y yo a revisar los cajones con sombras, con poemas en papeles enrollados atados con cintas de colores, rojas para el amor, amarillas para el duelo, negras para la ausencia.

Bah, sólo añoro cuando me mordía. Y cuando (yo) no mentía.

Estoy solo, la casa en silencio, dejo pasar los dedos por el lomo de tantos libros en la biblioteca del salón, escojo uno, “Descripción de la realidad”, me siento y abro, leo, gozo, pienso, me pregunto: “¿cómo demonios leerán insulsas bitácoras –como esta- existiendo maravillas así?” y al no tener respuesta (ya he dicho que estoy solo y no es cosa de contestarse uno mismo) sigo leyendo.

¿Qué colgaré mañana aquí?, cáspita, que no tiene uno una rica vida interior, ni tantas peripecias como para llenar esta sucesión de páginas y días, tan rápida que parece que ayer mismo era verano.

En cualquier caso quiero dejar constancia que soy ventrílocuo y no escritor. Que conste. (Ya, ya sé que constaba).


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