viernes, 27 de noviembre de 2009

Blogadicción.

Las palabras
brevísimas húmedas
interceden
rozan la superficie
como una serpiente
y la voz sabe que no sabe


Gloria Gervit



Con tantos millones de blogs pretender que entren en el tuyo está más cerca del azar que de una pretendida calidad.
Suponer que alguien lo lea está instalado directamente en la utopía.
Y, en el colmo, que alguien lo (te) entienda es la más delirante ciencia ficción.

Aun así, millones de ilusos seguimos a lo nuestro, ni más ni menos, intentando, con mejor o peor fortuna, dar lustre a nuestros ombligos, airear nuestras fantasías, compartir nuestras miserias, disfrazar nuestra realidad, repartir las cartas en este juego sin ganadores ni vencidos. Hasta que se rompa la baraja.

Escribo mirándome al espejo, no sé si soy el que soy o el que me he inventado para estar en esta ventana. Y más, no sé qué falta me hace esta invención en mis atareados días (ay, el día que lo sepa…).

Pero aquí estoy, insistiendo, un blogadicto sin remedio ¿tendrá cura?



Artículo 12.

• Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.



jueves, 26 de noviembre de 2009

De piratas.



Si quieres saber más de piratas somalíes pulsa aquí.

Si te gusta el jazz, pulsa aquí


Si te gusta la música clásica, pulsa aquí


o aquí


Si te gusta el flamenco, pulsa aquí

Flamenco a palo seco

Y si te gusta la música galega (gracias, Mirada), pulsa aquí



Si te gusta de todo un poco, debes pulsar aquí


Ahora ya puedes ser un buen pirata.
(A vuestra disposición.)



miércoles, 25 de noviembre de 2009

Manías y piedras.

"Sus ojos se iluminaban y podías ver las venas de su cuello y, amigo, no había nada en su cabeza más que la canción" "Cantaba con su maldita alma". (Sam Phillips)




Un saurio rojo de estupor me muerde los intestinos.

No es una metáfora, estoy metido en el vientre del glotón cocodrilo de un día en el que demasiadas cosas no tienen sentido.

El bicho negro del stress (3+3 stress), con negras patas peludas, también me muerde las orejas.

Y esta húmeda camisa de no entender qué pasa.

Aunque debo decir que todavía estoy surcado por barcos y barcos, regatas interminables, navegantes solitarios que llegan los últimos (¿dónde?), travesías de veleros con psiquíatras a estribor, algún náufrago aferrado a su tabla y ballenas despistadas. Durante el tiempo que llevo sentado en el muelle de la bahía, esperando, se ha apagado mi faro y no encuentro bombillas de repuesto.

Mientras escribo y pienso –gran mérito para mi capacidad, lo sé, dos cosas a la vez- suena Zelenka con su Prague 1723, una maravilla que descubrí y que me acompaña en un allegro majestuoso. Paolo Conte me mira esperando su turno.


Hoy no hay jazz.

No sé cómo voy a librarme de este saurio rabioso.



Artículo 10.

• Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.


martes, 24 de noviembre de 2009

El contraluz final de “Centauros del desierto”.



Como el pobre Red Buttons en “Hatari”: cuéntamelo otra vez.

Ya te lo he dicho muchas veces, para mantener este blog necesito (dulce) inspiración, algo (mínimo) que contar, imaginación y técnica (o así) para juntar letras y palabras.

¿Sólo eso?

Ah, y sobre todo pasión. Por la vida, los otros, la escritura, el momento, el ahora, el placer de escribir, de amar, de disfrutar los días, el intento. (etc)

Me parece poco.

Bueno, también está el juego, escribir siendo uno mismo y otros a la vez. Disfrazarse, pero no para engañar, no para confundir. Colocarse una máscara veneciana y dejar que el que lea adivine, es joven, es viejo, miente, exagera, no le ha podido ocurrir eso que cuenta. Fragilidad de una débil voz perdida en este medio, a su vez perdido en un espacio muy concurrido y, por supuesto, perdido sin remedio.


Te dejas la vanidad.

Sí.

Te dejas mucho que contar, escondes lo esencial.

¿Tú crees?

Sí, aquel día que se te llenó la cama de endecasílabos recuerdo que dijiste “moi, je desérte”. O cuando escribiste nadando en líquido amniótico. O tu prolongado periodo de endechas. O el estar y no estar. En fin, esa influencia del contraluz final de “Centauros del desierto”.

Vale, déjalo, este blog no sirve para gran cosa.

Estoy de acuerdo.

Agur.

Agur.


Artículo 9.

• Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.


lunes, 23 de noviembre de 2009

El grito de Johnny Weissmuller.



Johnny Weissmuller nació el 2 de junio de 1904 en Windber, Pennsylvania. En la década de los años 20 fue reconocido como el mejor nadador de estilo libre del mundo. Participó en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928 y obtuvo las medallas de oro en las pruebas de los 100 y 400 m estilo libre. Entre 1922 y 1927 batió cinco veces el récord del mundo de los 100 m estilo libre. En 1932 comenzó una carrera cinematográfica que pronto le identificaría con el papel de Tarzán, personaje creado por el escritor americano de aventuras Edgar Rice Burroughs. El grito de Tarzán, fue una combinación de diversas grabaciones y efectos electrónicos. Johnny Weissmuller se limitaba a abrir la boca en play-back, aunque terminaría aprendiendo a imitar su propio grito y a doblarse a sí mismo algunos años después. Al final de su vida, poco antes de morir en México, ofrecía lamentables exhibiciones estentóreas de su famoso grito, incluso cuando le entrevistaban los periodistas. También aterrorizaba a las enfermeras del hospital donde lo recluyeron aullando sin control alguno. Falleció el 20 de enero de 1984 en Acapulco, México.


 Recuerdo aquellas películas de Tarzán, me gustaban muchísimo. Vistas con ojos de hoy resultan un poco ridículas. Los cocodrilos eran de goma, absurdos. Chita era una parodia de chimpancé. Tarzán era valiente pero elemental. No importaba, era un héroe magnífico, admirable, envidiable en su desnudez por una selva insólita con animales que le obedecían, ríos con hipopótamos, lianas danzarinas y aquel grito que llenaba mis oídos y mi imaginación. En los relatos de Edgar Rice Burroughs el personaje estaba mejor construido, era más sólido. Me los leí todos.

Leo otros libros que antes me encandilaron, veo otras películas que me dejaban pegado a la butaca. Eran la esencia, el soporte de mi fantasía. La mayoría no ha soportado el paso del tiempo, se ha quedado antiguo, desfasado, son otra época, el ayer. Me da pena mi mirada perdida.

Leo ahora muchos libros, veo películas, escucho música, no sé porqué será pero nada me gusta tanto como lo de entonces. Veo mis ojos, no sé cómo pero veo mis ojos, son los mismos. ¿Qué ha cambiado? Busco y rebusco los colores que iluminen los días.

Y el grito.

No quiero abrir la boca en play-back, no quiero gritar lo que no grito, no quiero aullar para asustar a nadie, no quiero imitar lo que gritaba, no quiero.
Este grito de hoy es un susurro.

Sigo nadando en estos ríos, aunque llegue el último.


Artículo 8.

• Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.


domingo, 22 de noviembre de 2009

Poema de cebolla y miel.

Soy lo que no entiendes
y simplificas
lo que no puedes cambiar
y limitas
lo que necesitas
y humillas.
Por más que te obedezco
no hago lo que deseas.
por más que me anulas
te lastimo.

(Miriam Reyes)



Ven, amor, quiero darte mi boca ahora que aún ronda la fugitiva madrugada del sábado, antes que el día del adiós venga y seamos apenas un saludo en la rúa Nova, un cabeceo simulado, una mirada baja, un compromiso.

Anudado en tus muslos quiero besar la mariposa que en ellos duerme, ahora que todavía somos tú y yo, que nos deslizamos por toboganes ebrios, sedientos, sin reproches.

Entre gemidos lamo tus párpados.

Mis manos tratan en vano de atrapar tu sombra en las ortigas, gota a gota bebo el veneno de ausencia, se traban las palabras en el oscuro grito de la intemperie.

Ay, esta música turca, qué destino, un frío sin medida, una frontera en el páramo.

La mesa iluminada, la comida rebosando, la risa de los niños, el silencio fuera, es domingo.

Brindemos.


Artículo 7.

• Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.


sábado, 21 de noviembre de 2009

Destierro.

Rumbé sin novedad por la veteada calle
que yo me sé. Todo sin novedad,
de veras. Y fondeé hacia cosas así,
y fui pasado.

(Cesar Vallejo)




Uno, un día –ay- vuelve al camino que dejó y al pisarlo, al instante, sabe que está acabado, desterrado, lejos de todo aún en casa, sin remedio, sin vuelta, sin posibilidad de paraísos, sin suspiros ni miércoles, con la puerta cerrada, añorando lo extraordinario, lo imposible, la aparición de un dios que no existía, ese otro que eras tú, tú mismo -tal fue el milagro-, nacer otra vez, en otro mundo.

No hay nada que hacer, es lo que queda.


Artículo 6.

• Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.




viernes, 20 de noviembre de 2009

Sorteo.

Lo bello es siempre extravagante. No quiero decir que sea voluntaria, fríamente extravagante, porque en tal caso sería un monstruo que desborda los raíles de la vida. Digo que tiene siempre un punto de sorpresa que lo convierte en algo especial. Charles Baudelaire



Uno es un hombre afortunado, o lo parece, pero en el sorteo le tocó una mente que gira, que no está conforme, que busca debajo, arriba, cerca, lejos, las respuestas que no tenemos, el final del misterio que no termina, la ruta por donde salir de este laberinto.

Mientras encuentro todo esto, camino los más erguido posible, trato de crecer, de no rendirme en las noches de equilibrista tendido sobre el alambre, cuando los dioses se ríen, cuando nos afanamos en amar lo imposible, cuando en la oscuridad escucho la respiración de alguien, sin rostro. Renuncio aceptar qué es lo correcto sólo porque tantos me lo dijeron. Y así me ha ido muchas veces.

Las vueltas que tiene uno que dar para no decir lo que quiere decir.



Artículo 5.

• Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.


jueves, 19 de noviembre de 2009

Claves en las nubes.

Esa mujer que lloraba en el cuarto
¿Es el recuerdo de un poema
o de uno de los días de mi vida?


(J. A. Valente)





Voy de un blog a otro, los veo, todo tiene una clave, si lo intento seguro que descubriré un rastro entre tantos textos que leo, floridos, exuberantes, bulliciosos, profundos, lacónicos, misteriosos a veces, deslizándose por mi cerebro, por mi corazón, por mis piernas como serpientes dolorosas, como agujeros de cerradura, como pañuelos de seda, como esos hipervínculos que me llevan a otra dirección y de allí a otra y en el fondo, mi curiosidad encantada de estar colgada de la punta de los dedos, en el capricho de escritores o de quién sabe.



Es obvio que también soy quién sabe, también sé que saben.

A pesar de ir acumulando tantos escritos de tantos días, demasiados, no he perdido reflejos para seguir aquí. Quizás si me falte lenguaje para momentos en los quisiera estar callado, o dormido, o lejos, quizás me estorbe ese recuerdo del enfermo de la cama de al lado en la UVI, conectado a tantos tubos, frascos, vidrios, botellas con líquidos de colores, su respiración todavía resuena en mis pesadillas. Sobre todo por cómo estaba yo entonces. Ahora se me acumula el trabajo, del miedo, del alma, escucho voces púrpuras como la toga de un César, cantos de sirena y tengo la cena, humeante, sobre la mesa. Mañana será otro día.



Artículo 4.

• Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.


miércoles, 18 de noviembre de 2009

Alfabeto Bété.

Mi soledad acaba
donde empieza tu nombre,
pues tu nombre convoca
la realidad
que no puedo ver ni tocar sólo sentir
Y yo siento
que tu nombre
llena la alberca donde descansa
la quietud que ahora tengo.


(P. Guerrero)



El pueblo Bété carece de escritura, por eso Fréderic Burly Bouabré intenta un alfabeto que contenga todas las lenguas del mundo. Por mi parte, con humildad, intento escribir lo del lunes con la decepción de la madrugada del domingo aún recostada en el paladar.

Hacía frío y en los portales se acurrucaban los testigos del fracaso y lo oscuro. Marroquíes con las manos contra la pared. Policías patrullando con perros.

Ella no era Jenna Jameson pero me escuchaba y yo dejaba anzuelos en las fortuitas aguas de sus ojos. Contamos de diez a cero y repetimos, después de cero a diez y no hubo manera, las cuentas no salían, los cuerpos no ardían.

Ella, que no era Brizna Banks, ya no me miraba, hacía señas a la japonesa que vendía rosas de papel y linternas azules, buscaba la luz verde de un taxi. Fuimos. Por casualidad, en el coche sonaba Yesterday. Volví.

La alcoba estaba silenciosa y fría a la altura de un quinto piso. En la televisión concursos absurdos. En el buzón, viento, sobre la mesa, naranjas. Mi cama, demasiado grande y fantasías aterrizando en la interminable pista de la realidad.

No es tan sencillo de entender y sin embargo todo esto pasa en Bilbao mientras en Madrid la noche está poblada de arcángeles con rubias melenas rizadas y cocodrilos que fuman largos habanos frente a ventanales abiertos al desierto de otras noches.

He metido el teléfono en la pecera, desde ahí me mira, silencioso, con sus teclas melancólicas. ¿Qué culpa tendrá él?


Artículo 3.

• Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.


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