martes, 10 de julio de 2007

Carmen

Carmen tiene cuarenta años y es una mujer afortunada.
Eso piensa mientras escucha a sus tres hijos jugar por el barrio de casas bajas. Aunque no son muy estudiosos, nunca le han dado un disgusto y están sanos.
Su marido es un buen hombre, trabajador, no habla mucho, no es demasiado cariñoso pero en su último aniversario de boda fueron a cenar.
Carmen limpia de madrugada las oficinas de un banco, ya no se parece a Jennifer López pero por la calle todavía la miran al pasar. Tiene todo para ser feliz, aunque estos días está preocupada.

Cuando acaba la jornada, los niños viendo la televisión, su marido en el bar y el sol despidiéndose en el tejado, Carmen pasa a la casa de su vecina Ana. Allí, sentadas en la cocina, se cuentan sus alegrías, sus sueños, su aburrimiento. Ana no tiene hijos y su marido, que trabaja en una empresa de montajes, solo vuelve a casa los fines de semana.

Es julio y la temperatura es alta. Las calles están en silencio. Hoy han pasado al cuarto del fondo, el de Ana, y allí ojean una revista de modas. Tumbadas sobre la cama, hablan de artistas, de películas, del barrio. No se dicen nada nuevo pero disfrutan del frescor de esa parte de la casa, de esa charla que comprenden y comparten. Se sienten cómodas. Ana le mira, le dice que no parece que haya tenido tres hijos y, como al descuido, le acaricia las caderas. Carmen siente un estremecimiento y sigue la conversación. Ana juega con los tirantes de la bata de Carmen y le habla de algo que ella ya no escucha. Solo siente un calor intenso en la cabeza y escalofríos subiéndole por la nuca. Esa noche, en su cama, junto a su marido ya dormido, piensa en que no está bien que los dedos de su amiga le hayan dejado tan temblorosa.

Al día siguiente, a pesar del calor, Carmen prefiere quedarse en la cocina. Mientras se regalan confidencias permanece expectante, alerta, no sabe si Ana repetirá sus caricias. Se conocen desde hace años y jamás se había comportado así. Ana habla sobre los participantes de un concurso en la tele y dice que le gusta el chico moreno, el de Madrid. Se va a su casa y no ha ocurrido nada.

Ha pasado una semana, la tarde ha sido asfixiante, Carmen y Ana, sudorosas, beben un refresco y se cuentan los planes para las vacaciones. Pasan al cuarto de Ana, que imita a su marido cuando conduce la furgoneta, se sienta sobre la cama y hace gestos con los brazos. Las dos ríen. Carmen la empuja y caen sobre las sábanas. Están contentas. Ante sus carcajadas, Ana le tapa la boca con la mano, Carmen también pone su mano sobre la boca de Ana y sus miradas se cruzan, ahora están abrazadas y algo les detiene. Pero se miran a los ojos y lentamente se acarician, sin dejar de mirarse, se quitan la ropa, se tocan, se sienten, se buscan, sienten su desnudez, sus húmedos escalofríos, se encuentran sus bocas, se acarician los muslos, se hablan tan suave que el tiempo se detiene y Carmen vuelve a su casa con un extraño gusto en la garganta.

El domingo, Carmen, del brazo de su marido, pasea por el barrio. Saluda a los vecinos, distraída, porque algo intenso ocurre en su interior. Tenía todo para ser feliz pero ahora, esa felicidad son los atardeceres en la casa de su vecina. Y cree que no está bien, pero cuenta las horas que le quedan para estar en brazos de Ana.

Por eso estos días está preocupada.



lunes, 9 de julio de 2007

Esto...¿qué?

A un día monótono otro monótono,
invariable sigue: Pasarán
las mismas cosas, volverán a pasar
-
los mismos instantes nos hallan y nos dejan.
Un mes pasa y trae otro mes.
Lo que viene uno fácilmente lo adivina:
son aquellas mismas cosas fastidiosas de ayer.
Y llega el mañana ya a no parecer mañana.

(J.M. Caballero Bonald. Manual de infractores)


Estoy perdiendo la memoria.

No sé en qué lugar dejo las cosas. Se me olvida dónde aparqué el coche, si ayer viajé a Finlandia, en que cajón guardé la llave del poema, si es venenosa esta serpiente que me muerde el cuello. No sé si esto que siento es amor o es que me duele la médula espinal del alma.

La cabeza se ha convertido en mi enemigo, me estoy olvidando de mi mismo. Y me preocupa, me tiembla el maxilar, se me altera el esófago del tiempo, debe ser por los nervios, ya se sabe.

Aún así llevo los días enrollados bajo el brazo y distingo perfectamente la oscuridad del cinc de un granizo de párpados, hasta ahí podíamos llegar.

Hasta hoy, hoy rebuscando un camisa entre la ropa blanca he encontrado una pistola, brillante, negra. Hasta aquí normal pero, le falta una bala.

Temo haberme suicidado.





domingo, 8 de julio de 2007

Buenos días.

Buenos días. Cuando entras a una casa como invitado tampoco es cosa de poner los pies en el sofá, echar la ceniza del cigarrillo en los floreros o escupir en la alfombra del salón. Te sientas, modosito y soportas las patadas que te dan en las espinillas los niños de los anfitriones, cenas lo que te ponen en el plato y escuchas con atención, de nuevo, aquella historia de cuando la familia estuvo en Aqua Park, lo bien que lo pasaron y las risas que hicieron Paquito y Merche. Al final uno se toma el café, la copa de pacharán casero -lo hace Juli, tiene una mano...-, se despide sonriendo, sale a la calle y fuera llueve, graniza, coño ¿dónde he dejado el coche?. Piensas en Marisa esperándote en la cama, calentita -la cama-, y decides irte a tomar cubalibres por los bares golfos con la gente golfa, para limpiar el cerebro, ya sabes. Vuelves de mañana con los periódico y el pan, cuando Marisa ya se ha ido a trabajar al super -es cajera-. Te miras al espejo y ese eres tú justo un minuto antes de dormirte, mientras algo te dice que te has quedado con las ganas de mear la tapa del retrete de los que te invitaron a los qué, por cierto, no tienes ni puta idea de qué les conoces. Buenas noches.



sábado, 7 de julio de 2007

Tal día como hoy.

Escribir no es vivir, apenas es disfrazarse de otro. A veces es mentir, engañarse uno mismo, vivir fuera de lo que es, recrear en la cabeza aquello que no llega al alma. Escribir bien o mal apenas tiene importancia, depende más de la mirada del que lee. Por supuesto hay muchos criterios de valoración respecto a la calidad literaria. Y gustos.

Escribir bajo seudónimo tiene un punto de cobardía, es fácil aplicar la verborrea para esconder un anhelo, el que sea, de reconocimiento, de vanidad, de necesidad de sacar sentimientos, de recibir pataleos o aplausos, de inseguridad, de ¿ves?, escaparate con paisajes pintados, lluvia de papel. Aunque claro, escribir siempre con las tripas es demasiado expuesto, aquí queda, al desnudo, ingenuo, sincero, abierto, vulnerable.

Historias, publicarlas aquí para que alguien las lea. Escribir historias sobre otros, sobre otro yo, sobre alguien que no eres tú. Son mentira, están inventadas, no son reales, aunque a veces lo parezcan. Es fácil hacerlo, solo se necesita imaginación, algo de técnica, desparpajo, no tener miedo, estar seguro. Una forma de pasar el tiempo, es un trabajo estéril.

Poesía, escribir poesía es sencillo, ya no hay normas, el poema libre, se necesita sentimiento y habilidad, un poco de música y gusto para jugar con la belleza, una mirada detrás de la mirada y la íntima desfachatez de saber que nadie entiende, todo vale, vale la hermosura de la rima, lo recóndito, lo prohibido, el enigma. La poesía es una trampa al azar de los cazadores de palabras.

Escribir de lo de dentro es difícil, los días son iguales, uno igual a otro, no hay demasiado espacio para la aventura, lo mágico, lo sublime. Tampoco hay quién soporte una vida así, n continua tensión emocional, al límite. Recuerdo los momentos que viví en la pasión, pero esa es otra cuestión, pasada además.

No me paro ahora a considerar ahora si todo esto de hoy está bien o mal escrito en la forma, en el estilo. Viene a partir de algunas conversaciones con el corazón en la mano. No sé transcribirlas pero quisiera cambiar ahora el tono de lo que habitualmente dejo aquí. Quizás porque empieza Julio, están próximas las vacaciones y quiero vivirlas desde la sinceridad conmigo mismo.

Miro alrededor, estoy acostumbrado a vivir con coraza, no llegan dentro, no les deja la mirada, la frase, la sonrisa, el gesto, la aparente fortaleza, la ironía. Y me siento tan necesitado de cariño, de ternura como todos, como tú. Este es un guión repetido desde que recuerdo, lo de fuera disfraza lo de dentro.

Empiezo diciendo que detrás del oficio, del gesto autosuficiente, de la rutina de estar -ser honesto, legal, fiel, cumplidor, correcto, buen vecino, ciudadano, trabajador, ejemplar en la vida familiar, etc- tengo miedo, estoy confuso, quiero asimilar las aflicciones que se me acumulan por enfermedades de personas próximas, la muerte rondando en algún caso, el relevo generacional, el trabajo, la falta de intensidad en lo afectivo, el aburrimiento, la necesidad de pasión, los contrastes, las añoranzas, querer estar en tantos sitios a la vez y no estar en ninguno, los continuos reencuentros con el pasado (que no pasa), la vida camina tan rápido que nos deja atrás y es tan corta y soy tan consciente de todo, estoy tan despierto que no me soporto en esta vida de dormido, por seguir haciendo lo que debo y no lo que quiero, por dejar de lado tantas oportunidades para ser el que soy y seguir siendo el que no soy, por no tener creencias, ni maestros, nadie a quién admirar, nadie ante quién derrumbarme, nadie que me aconseje, que me señale otros caminos, por ser tan débil que debo ser fuerte, enérgico, aparentarlo, sacar pecho, pavonearme, presumir, seguir y seguir sabiendo, sabiendo. Y no hacer nada para cambiar.

Contar esto no es apropiado, no es literatura, no cumple lo que me propuse al empezar esta página. Además no acaba de quedar claro si esto es lo que siento o lo que invento, si es un paraguas de colores o es una debilidad de un momento concreto. Puede ser una doble trampa, una que me hago y otra que os hago. No está definida la frontera entre lo imaginario y lo real. ¿Cómo convencer? ¿Esto es todo? Pues no, el fin de este blog es dejar lo que escribo, pretende ser, solo, literario, de ficción, pero hoy, hoy he querido dejar lo que siento, lo que me duele, sin velos, sin buscar frases bonitas, mañana ya intentaré poemas. Queda pues la palabra, sin ropas, sincera, para el que quiera entenderla. Gracias por llegar hasta aquí.





viernes, 6 de julio de 2007

..Cuyo nombre estaba escrito en el agua..(*)

“Pero cuando, en un determinado momento, nos rozamos accidentalmente, me entraron de repente unos irrefrenables ganas de hacer el amor con él. Al tocarnos, adiviné de manera instintiva que él me deseaba. Y que él sabía que yo lo deseaba a él. Fue algo irracional, una especie de descarga eléctrica paralizadora que saltó entre nosotros. Sentí como el cielo se derrumbaba sobre mí. Mis mejillas empezaron a arder, el corazón me palpitó con fuerza, sentí una pesada presión en el bajo vientre. Casi me resultaba difícil permanecer sentada en el taburete. Al principio no sabía que me estaba sucediendo. Pero pronto comprendí que era deseo sexual. Era tan acuciante que casi se me entrecortaba la respiración. Sin que ninguno de los dos lo propusiera, entramos en un hotel cercano e hicimos el amor como si nos devoráramos el uno al otro. (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Haruki Murakami.)

Esta rutina blog es agotadora. No siempre quiere escribir. A veces no sabe por qué hace las cosas. Y no esta loca. Ama a quien debe y a quien no debe (amar). A los cuatro. También ama a. Incluso a S, a quién no conoce, aún. Está llena de dudas, pero también, como tantos, siente que lo necesita (amar). Dudar. Duele, claro que duele. No quiere escribir más. Quiere vivir, aprovechar cada segundo. No quiere morir. No todavía. Antes bebía todos los días. Mucho, todos los días. Nunca lloraba, ojalá pudiera llorar. Se equivoca, tanto. Se altera. Tiovivo. Se calma. Carrusel. Ama, no sabe vivir sino amando. Antes se enamoraba, se des-enamoraba, volvía a enamorarse. Demasiado cansado, demasiado sufrimiento. Aunque le amaban más a ella. Ellos. No se enorgullece por esto. Si es amada, ya no siempre ama, se cansó su corazón. Si le hieren, ay, es un dulce dolor. Utiliza mucho el antes, tantas cosas le ocurrían antes. También lo advertía, “soy peligrosa, no te acerques demasiado”. No la creían y siempre era demasiado tarde para regresar. Ahora no sabría vengarse, solo cerrar los ojos y suspirar. Ahora también quiere paz. Ahora también quiere guerra. Quiere empezar a aprender. De una santa vez. Quiere volar alto, no demasiado lejos. Quiere irse y regresar. No quiere escapar de noche y en silencio. A su soledad. (¿entienden?)


(título de este cuadro de Willem de Kooning).


Aquí: Gentileza de Mirada.


jueves, 5 de julio de 2007

Cartas nigerianas.

Es verano, llueve, él esta agavillado en el fondo de una piscina vacía, entre las hojas secas, un agujero dentro de un agujero. Justo ayer lucía el sol, era primavera, recuerda su cuerpo moreno derramándose en el agua limpia sin siquiera levantar espuma. Ahora está hipnotizado por el sonido de un nombre que le pulsa clavijas de impaciencia. Se levanta y corre por el borde del mar, allí donde se cruzan los barrios pobres y los ricos, la frontera no está vigilada. Los poetas no saben correr, tropiezan, se hieren las rodillas como niños sorprendidos. Los corredores son desenfadados y desafían el oleaje del asfalto. Ella es seria y bella, mira desde dentro y escucha. Él es un soñador y vive los días desde el otro lado de un tatuaje. Ellos dos no se ven, no se tocan, saben que todo está dicho y escrito, que no, pero siguen atados al cordel, en vigilia, dando tres pasos y retrocediendo cuatro. Al final llegarán al punto de partida, es decir cuando no se conocían, es decir cuando no amanecía, es decir cuando no eran felices.


Bien, escribe esto en cinco o seis minutos, cambia dos o tres palabras y ya.
Mañana lo cuelga y recibirá algún comentario, dos, tres. La verdad, por el tiempo que le ha llevado, por lo que dice, no merece la pena que nadie lo lea, excepto sus muy amigos.
Ve páginas vecinas cargadas de comentarios con exaltadas loas, con encendidas alabanzas a escritos retorcidos, oscuros, algunos de una simpleza que sonroja. Será envidia o diferencia de criterio, de estética, pero le parecen exagerados. Aunque sobre gustos no hay disputa. Por eso su gusto es sorprenderse, con disgusto.

Blogs, miles de blogs, separados, ajenos, no tangentes, ensimismados, te leo, me lees, nos leemos.
Millones de personas describiendo, mejor o peor, su mundo interior. Comunicándose con otras personas de las que ignoran todo excepto un apodo que a veces define y a veces oculta.
Horas y horas y horas.
Juegos.
Entras en una librería y los títulos nuevos apenas duran un mes en las estanterías, tienen que dejar sitio a los siguientes, mercadería literaria, cientos y cientos de libros apilándose sin nadie que los lea.
Todo el mundo escribe, publica, gana premios, nos lo creemos.
J es poeta; M es escritor; F es novelista, bueno, es funcionario pero escribe; H es analfabeto pero tiene mucho gusto y un cuñado editor; V es ciega pero tiene un amigo negro.
Mundo afortunado.
La comida en la mesa.
Aburrimiento.
Bostezos en la red, papanatismo, modas, lo efímero, lo volátil, lo que no compromete.
¿Dónde está la vida?
¿Es esta la vida?

Se me acaba de soltar una vena.
Ploff.
Estoy dejando el teclado perdido de sangre.



miércoles, 4 de julio de 2007

Amante impotente.

Se abraza a sus rodillas, alterado besa sus caderas, toca su cuerpo. Cabecea como un caballo que bajo el agua busca el aire. Asustado, desarmado, humillado porque la pasión le come, le hiere, le enloquece la desnudez de ella. Esto que le ocurre, lo que no le ocurre, es tan nuevo, tan malo, es tan duro, tan definitivo que no sabe explicárselo y esos ojos que le miran desde una estatura de mujer le abaten y hieren.

Aquel amor era la fiesta donde ellos, enredados, se devoraban mutuamente; era la pasión de estar unidos sin siquiera mirar alrededor, al mundo detrás de su ceguera de quererse, de su ensimismada actividad. Amarse era la rica columna de piedra tallada sobre la que se sostenían en una relación apasionada, estilitas hambrientos, anacoretas renegados, descreídos ya de otros dogmas que esa imagen en el espejo en la que se recreaban sin pausa. Y era bello.

Pero él constata que ya no, que adiós luchas y posturas, que se acabaron las dulces batallas furtivas, en silencio, mordiendo sus gritos para que no se enteren en la habitación de al lado. No es un lamento, no es una queja, no quiere serlo. Sabe que ha perdido la guerra y se retira abatido y vencido, otro, ausente, apenas un reflejo de lo que era.

Ella, compasiva, dices que es psicológico, la figura del padre, que pasará, que si esto, que se tranquilice, que hay casos, que la edad, que si aquello, que hay veces, que si lo otro. Nada le consuela, él sabe que no, que la causa sea física o cualquier otra le es indiferente, sabe que se terminó.

Serán amigos, hermanos, confidentes, se ayudaran, se apoyaran en las contrariedades de los días, buscarán ventanas desde las que hablar en la madrugada, se mirarán y será como estar en el fondo de un pozo negro de amargo aburrimiento.
No puede ya ser su amante sin amarla, no puedo aceptar que le quiera sin que su cuerpo arda y gima sobre el suyo, bajo su peso apasionado y activo.
No puede amarla sólo con el alma.
No quiere que le quiera sin la respuesta de su sexo ahora dormido.
Se irá lejos a encontrar respuestas, mentiras, subterfugios, a inventar rencores y agravios, pretextos, a buscar un motivo, uno solo para no volver a verla.
Nada será igual.
Está asustado.



martes, 3 de julio de 2007

Coleccionista de nada.



Hay quién escribe en la oscuridad de no saber sobre qué escribir. Pero se sienta y siente- a veces el proceso es inverso- y tras el repetido encuentro y tropiezo con un idioma tan rico, tan amplio, que utilizar apenas una porción le deja encogido en la inquietud de no saber más, intenta palabras descalzas, unos versos maltrechos, prosa limitada, esbozos, emoción.
Aún así algunas tardes, en el paseo, o a las noches, en el sueño, un pellizco en el alma le avisa que alguien leyó aquello, lo atrapó al vuelo y lo observa entre dos dedos curiosos, gusta de las letras retorcidas, del sentimiento. Entonces se estremece y un suspiro ilumina sus pulmones.

Esa palabra dicha en un soplo a la boca que espera
y esa bruma un instante tan solo en el astro de ojos ardientes .*

Es en ese encuentro imaginario cuando debe sostenerse la mirada, verse en el fondo de los ojos, intentar metáforas de ciego, intentarlo de nuevo, meter algunos recuerdos en bolsas del plástico y dejarlas en los quicios de las casas de la ciudad nueva, fidelidad al amor primero, al tardío, a aquel entre estaciones, acento cordobés en primavera, chasqueante lenguaje en autobuses rojos, que en un baño eléctrico estaban sumergidos múltiples actos amorosos, gozosos practicantes de la fiesta de los cuerpos hasta que el rinoceronte de existir nos fue arrollando, vivir eran los otros que nacían y morían, era el trabajo, conseguir un espacio para todos, los que estaban, los que iban a venir y el tiempo grazna entre los árboles que no nos dejan ver el bosque de la vida en la que los días se pliegan y despliegan, papiroflexia inversa, ingeniería para insertar las piezas del puzzle, una a una hasta adivinar el paisaje oculto justo antes que la puta muerte de una patada a la mesa y en cámara lenta vuelen todas y no haya ya sino silencio. Oh.

La verdad, no sé a qué venía todo esto.

Cuanto más envejezco más crezco en ignorancia,
cuanto más he vivido, menos poseo y reino.*
* (Philippe Jacottet)




lunes, 2 de julio de 2007

Oda indecisa a sus gestos.

Sin calma, dubitativo,
en el paisaje inmenso de tus gestos
me pierdo.
Embriagado en tus labios viajeros,
en tus ojos que me miran desde siempre.
Me gusta, sobre todo, tu sonrisa saltando .....

Empieza esta oda dubitativa y la encuentra ridícula. Para. No puede continuar.
La llama, hablan y se siente pequeño, tonto, pueril.
La busca como un absurdo mendigo esperando que salga, siempre en la puerta equivocada.
Esperando lo imposible.

Gloria in excelsis deo.. Todo controlado. ¿Seguro?
Gloria al Padre y al Hijo. Todo, casi, controlado. ¿Seguro?.
Gloria al Espíritu Santo. Todo sin control. Seguro.

Durante años, casi cada noche ha soñado con ella. Ahora ya no. Sueña en blanco y negro, con sierpes, con playas del sur desiertas, pesadillas, un tropel de gente que va y viene.
Sopor, se despierta y recuerda que ha soñado que ya no sueña con ella. Se levanta, vacío, deshabitado.

Antes era más fácil, sólo deseaba cruzarse por casualidad en una calle, o verla sentada en el Lepanto, en el Globo. Imaginarla, creerla, añorar la idea de una niña perdida en su adolescencia.

Un suspiro continuado, un ejercicio de madurez, probar su capacidad de amar, de probar que está vivo, vigente, probar que su versión estaba equivocada, o no, probar su sentido del respeto, su inteligencia, sus principios, lo cruel de ese final. Suspende todas las asignaturas.

Confusión, sigue confuso.
¡Qué complejo es esto!

Nadie puede saber lo que ha supuesto para él saber qué entonces quizás le quiso. Cambia toda su historia, da otro sentido a su vida. No modifica sus errores pero si ratifica sus aciertos.

Tendría que escribir una letra de tango, de bolero, una novela cursi de amores imposibles.
Cree que ya ha dicho/escrito todo.
Apenas es capaz de juntar mas palabras/ideas/sentimientos.
Porque está esta gran amargura subiéndole desde el pecho como polvo, llenándole, anegándole, haciéndole infeliz, volviéndole absurdo, iluso, se está convirtiendo en un auténtico bobo de baba, un tontolculo, un gilipollas.

Soy idiota, soy ingenuo, soy un retrasado.


Y le duele, tanto, además, porque esta película ya la ha visto. Esta u otras, muy parecidas.
Y no está de vuelta, está de ida.
Algo ha vivido. Si el hombre es la suma de su propia historia, la suya tiene muchos dígitos. Pero no ha aprendido nada. O muy poco. No hay mas que verle. Con ella, por ejemplo, ni ha empezado nunca a caminar. Comete los mismos errores, idénticos. El mismo atropello de emociones buscando un eco que nunca llega. La misma sensación de desesperanza embargándole.
Siempre ella es una incógnita, alguien lejos, inaccesible.

Por eso se para, piensa, razona, analiza, sopesa, contrasta, esto tiene y esto y esto. Acumula razones para evitar el agujero negro que le traga. No le sirve, de momento, no le sirve, porque sigue pensando en ella.

Un domingo, equivocado, telefonea a destiempo, inoportuno, torpe, metepatas, entra en el paisaje del ridículo, algo cambia, su voz, el tono, hasta aquí, se ha roto el cristal, volviendo a casa se empapa bajo un fuerte aguacero y se despierta de un sueño o de una pesadilla, se siente muy mal, nuevos colores tiñen los contornos de culpa. Se llena de vergüenza, se daría una paliza a mí mismo.

Soy infantil, estoy enamorado como un niño, como un hombre demente. Y no tiene sentido.


Se retirará de espaldas, barriendo sus pisadas para que nadie sepa que estuvo ahí, para que no quede ningún vestigio de su presencia, para que nadie le reconozca. Como siempre, como entonces.

Sin presente, sin futuro, apenas unos recuerdos que se perderán, apenas unas cartas. Pequeñas cosas, demasiado pequeñas para una gran historia. Olvidará, tratará de olvidar cada una de las palabras que ha escrito. Ya casi no me importa que fueran ciertas o no, que fueran producto de un momento romántico, de un recuerdo empañado. Las romperá para no volver a leerlas, las quemará, las destruirá.

Algunas conclusiones ha sacado. Que su capacidad para hacer el idiota es ilimitada; que la ilusión es lo último que se pierde; que puede equivocarse sin medida; que todavía está vivo para cualquier error; que ella es una mujer tan extraordinaria que no se arrepiente de nada; que un solo momento junto a su sonrisa es suficiente para aliviar su desconcierto; que tenía razón; que es tan grande como siempre ha pensado; que su buen gusto está demostrado; que gracias; que este frío se le mete en los huesos; que perdón por las molestias; que es posible qué, un día, se encuentren en una esquina, al azar, y se saluden "¿cómo estas?" ,"¿y tú?" , ¿cómo te va?", confusos o desenvueltos, culpables, absueltos, aliviados por no entrar en territorios prohibidos, peligrosos, uy, casi, no merecía la pena, demasiado tarde, están las tiendas cerradas.

No crean que esto es literatura, ficción, invenciones de una mente soñadora. No lo es.
Pueden ser sentimientos que afloran a destiempo, selva, desierto, incógnitas, fotografías amarillas, cuadros movidos, hambre, niños escondidos en el último rellano, una herejía, un castigo, ceguera, una ansiedad constante de comunicación, ecos rodando, una gran mentira pero ¿no es todo mentira?, de línea a línea puede romperse el equilibrio, desaparecer, un templo quemado, una huida por caminos no conocidos, ella en una torre, él sentado en un cruce de trenes, el mundo se rompe alrededor y todo está tan lejano, todavía nacen estrellas en forma de mariposas a millones de años luz, constelaciones inabarcables, soledad espacial, silencio, silencio, ¿a quién le importa una historia muerta?, entierra el cuchillo manchado de sangre, mira a otro lado, lastana, salta de una ciudad a otra, así es más fácil, déjalo ya, paranoia, mente hirviendo, la realidad creciendo, hoy y, oh, cierra la puerta, apaga la luz, la ciudad a oscuras, carreteras cortadas, flechas que indican direcciones erróneas, una cárcel, gritos, nadie entiende nada, se entiende demasiado bien, ayyyyy, mares con carramarros, maquinas de humo, pájaros negros con rostro de mujer sobre las ramas, un coro de monaguillos del quinto curso, déjalo ya, sentados en el borde de un precipicio, no te lo crees ni tú, son las once es posible que todavía llegue el indulto, puertas cerrándose con estrépito, todos se han ido, adiós, una multitud chillando, el reloj se ha roto, adiós.

Ójala llegue pronto el otoño.



domingo, 1 de julio de 2007

56 Prosa Apresurada.

Durante años he mimado las palabras que mejor expresaban mi conmoción, el aire, los peces nadando en el naufragio, las estrellas desapareciendo en un mundo que no existe. Acumulo cuadernos con tapas de colores y páginas y páginas llenas de mi letra junta, redonda, emocionada. Puestas en fila cubrirían la distancia entre el molino y Bilbao. En el amanecer asoma 56 y las arrojo todas a las hogueras pálidas, me siento y las intento nuevas, únicas para este nuevo número. 55. Entonces fue, hace ya, tal día como hoy. consultando qué ocurrió, felicitando sin más historias a los que triunfaron, a los que corren entre hojas y pétalos, a los que están en las marcas, preparados para continuar. // Reviso qué no he dicho. Reviso qué no he dicho. Reviso qué no he dicho. Reviso qué no he dicho. Reviso qué no he dicho. Reviso qué no he dicho. Siete veces reviso lo qué aún no he dicho.// 54. No encuentro ni una palabra que pueda aportar algo a lo que no. 53. Ni una puerta que no haya intentado abrir, ni una sola. 52. Sumo con los dedos. 51. Resto con cada paso que doy en otra dirección. 50. El plazo de inscripción está cerrado. 49. Que me encaramo en la proa y me faltan mares. 48. Despierto. 47. Desde aquí arriba veo el parque, hombres desocupados en los bancos junto al surtidor de la pérgola. 17.Justo en la frontera, ese que mira a la cámara soy yo. 16. Maldita memoria. 15. En el principio.14. Tantos años atrás. 13. Se acabó. 12. O fue cuando empezó, no recuerdo. 9 Guardo la nostalgia en cajas verdes y vuelvo al punto de partida. 8 Amistad. 7 Durante años, como un alfarero, he dado vueltas para este día a las palabras que mejor expresasen mis buenos deseos, el cielo azul, la brisa de aquella mañana después de agosto. 5 después de poner en orden esta prosa apresurada sé que sólo necesito dos 1 Y tú sabes cuales son. (sí, exactamente, esas)


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