martes, 17 de diciembre de 2024

Un ángel o algo parecido


Frans Floris I, Fall of the Rebel Angels, 1554




Final del viaje, momento de recopilar recuerdos, olores, brisas, el frío de aquel martes, la espera en aeropuertos, el silencio sentado en la butaca de al lado, la maleta azul con una etiqueta rota, las flores sembradas entre nubes.

Las montañas ahí abajo, las cimas rasgaban vientos y todos miraban hacia la puerta, algunos reían, los más lloraban con lágrimas dulces, resignadas, un llanto infantil, purísimo, sus manos buscando el manjar del miedo.

Luego llegó la noche y el aire sonaba en las alas como un arpa de melancolía, apenas recordábamos de dónde veníamos, ni la mirada de los ahogados bajo el mar intuido en un negro infinito, solo flotaba el destino.

Entonces vi al ángel, volaba hacia mi y sonreía, en sus manos llevaba un cetro dorado y la luz me cegó.

Es cierto, pude verlo.

Después el demonio, celoso, nos dio la mano, ignoramos el invierno y seguimos caminando, el cielo era amarillo y todos decían que faltaba poco para llegar.

Final del viaje, la casa dormida, la mesa con frutas, tu cama y esa que está tumbada eres tú, te miras desde el techo mientras los gigantes se esconden, los perros merodean por la alameda y cae una fina lluvia.

lunes, 16 de diciembre de 2024

14

 


Lo de la soledad.

Comer, dormir, pasear, vivir solo, a eso te acostumbras, creo.

Lo otro es lo difícil.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Desazón de un boxeador en la madrugada.

 

Francis Léveillée


Hablar por hablar sin espacio para la reflexión, para la idea, solo imágenes circunvalando el yo como único eje, más rápido, más alto, más fuerte, la mano borrando los dibujos amarillos de la pared, los anteriores, stories en Instagram y X (antes twitter, ja) por las mañanas, Blogger como obligación mientras la manzanilla a las mediodías en Poza`s  y aquí estamos, Tumblr por las tardes, la habitación iluminada con pequeñas bombillas de árbol de navidad enredadas en gatos que se mueven de un lado a otro, que arañan a los invitados pánfilos que intentan acariciarlos, la lluvia arrastrando hojas secas y rastros de sábados aburridos con huellas de discusiones frente a la ventana de no ser o sí o esto es lo que hay, hoy, domingo pre invernal con palabras diminutas formando nada y monsergas, Bilbao, mi ciudad como límite de lo que sé, de todo lo que ignoro, un collage de recuerdos, desamores y música de los 60, diálogos de chats erróneos, amigos detrás de un cristal de distancia y mentira y creer lo que no vemos, eso debe ser la fe, poemas sobre la belleza de no entender pero sentirlos tan hondo que se ve el hueso del euro, narraciones para comer, agua, gas en esta era digital con faltas de ortografía hasta en el pensamiento, somos tan honrados como todos, la misma mierda, una marea de mierda, de mentiras, de falta de arrestos para colgar a esta jauría por las patas, cabeza abajo, como escarmiento, no sabe usted con quién está hablando, les voy a meter un puro que se van a enterar, amenazas cuarteleras, de cabo chusquero, resabios de vencedores de guerras aún no olvidadas, ensayo de la pobreza, no pueden aguantar que seamos iguales, ellos son más, tienen más, merecen más, saben más, hablan diferente, roban con bendiciones de los benditos, solo hay ahora, Paul McCarney tiene ochenta y dos  años, Julio Cortázar nació en 1914, no sé qué edad tienen los artistas novísimos, no conozco los nombres de nadie, he olvidado hasta el mío, Olga volvió a mi cabeza después de quince o veinte minutos de ejercicios mentales, eso debe ser la decrepitud del cerebro, el olvido, la cara de Javier esperando la limosna de un regreso, mi cara aterida de frío en una esquina del mundo y ella no venía, no vino, sigo en otra esquina y la verdad está disfrazada de rutina y miedo, lo cotidiano vestido de rojo y soledad y quién me mandará a mí esta columna diaria que soporta una voz que no dice nada, zzzzh, crunnk, grrrr, lo gutural, plamm, onomatopeyas para llenar el modernismo, la divergencia, un juego cruel en el que siempre pierdo y nadie entiende aunque nadie sea ese perro diminuto tumbado a mi lado en una cama de sábanas húmedas en el cuarto con una ventana abierta al mar y a las dudas de intentar paisajes y gentes nuevas, ¿estará el amor escondido en el camino?, à bout de soufflé, esto no da para más, todo va demasiado rápido, lo moderno no existe, todo es viejo en el mismo momento de nacer, violencia en la imposición de los políticos, mentiras en el altar, obscenidad de la moralidad, desengaño en los escaparates,  no sé nada, debo mantenerle los más lejos posible con el brazo izquierdo, intentar cazarle la mandíbula con el puño derecho, moverme a su alrededor, girar, ¡evita el cuerpo a cuerpo!, me grita el entrenador, ya, pero cómo,  ha vuelto a darme, otra vez, me pesan las piernas, el alma, es demasiado para mí, girar, girar, moverme rápido, la izquierda, agacharme, cómo gritan, me ha dado de lleno, ay, ya amanece. Menos mal. 


sábado, 14 de diciembre de 2024

Caída sobre las partículas elementales.

 


Francis Léveillée

Sobre eso de las partículas. Espero no ser demasiado prosaico, ni llegar a la categoría de tonto del culo, una cosa intermedia entre la ignorancia y las pinceladas en la pared posterior de un taller de cerámica. Mi Heisenberg no tenía ni idea del principio de incertidumbre pero tenía un sombrerillo que molaba, ideal para los inviernos. Mi Walter White/ Heisenberg era químico y me traía recuerdos de cuando (yo) trabajaba en aquel laboratorio en lo alto de la colina de Recalde (ahora Rekalde). De bueno pasó a malo y también me recordaba ese momento de la vida en el que te decides a estar en un lado u otro de la raya sin saber muy bien dónde quedarte. Ni mi Heisenberg ni yo sabemos medir las posiciones de una partícula, sobre todo si se mueve tan rápido que al final te da igual porque bastante tienes con mantener (tú) el equilibrio alterado por diferentes substancias. Me temo que los escritores a veces están pensando en otras cosas cuando escriben, algo así como un cerebro dividido, fragmentado, eso de verdad, eso de lo contrario. Me temo que lo que una/o escribe tiene poco que ver con lo que entiende otra/o. Me temo que tener como público solo a ti mismo y sentarte en varios asientos para que parezca que enfrente tienes un público numeroso debe tender a imposibilitar medir con exactitud la velocidad de esa dichosa partícula que va de acá para allá y es que así no hay manera. Por cierto, escogí el lado bueno de la raya, es decir el práctico, el aburrido, pero tengo el parche y la bandera negra guardados en un cajón por si algún día cambio de opinión, aunque a estas alturas... Yo qué sé, cada día sé menos de todo, mi mundo se ha vuelto del revés (soy un ingenuo, pensaba que sí y es que no).

viernes, 13 de diciembre de 2024

True Love



¿Es True Love una serie para personas mayores? Sí.

¿Cómo cuánto de mayores? Mucho, como vosotros (+ o -)

¿La pueden ver los jóvenes? No la entenderán, los viejos están ya amortizados, no les ocurren estas cosas, demasiada imaginación, ¿A quién le interesa? A esas edades ya no se pueden tener ciertos sentimientos, ni actitudes, ni nada. (P. viejos)

A pesar de tu edad ¿te ha gustado? (me lo está preguntando a mí) Pues sí, me ha gustado, mucho. Además de parecerme un guion original con muy buenas interpretaciones (Lindsay Duncan se sale), buen ritmo, música, dirección, etc, tiene situaciones en las que me he sentido identificado (no en querer matar a nadie ¿eh?) y que me han hecho pensar mucho.

Pues eso, True love es una interesante serie (en Filmin) que sugiero bajo mi total responsabilidad para personas (muy) mayores.


jueves, 12 de diciembre de 2024

13

 


Esto haré con muchas amistades que no lo son, ignorarlos, sin aviso. sin rencor, sin mal humor, sin piedad, como un ninja de los amigos perdidos. 

De hecho ya he empezado.   


miércoles, 11 de diciembre de 2024

Zarzales.

Camino entre zarzas. Fotografía del libro G.C.Une écologie humaniste de Louisa Jones.

Contemos la verdad. Caminando por las cimas que rodean Bilbao. De nuevo me asaltó su imagen, ella, desnuda, el recuerdo de nuestros vicios privados, en Madrid, en Roma, aquellas noches de lujuria y desenfreno.  No, no podía caer en tentaciones baldías, debía continuar firme en mi fervor, en la piedad, en la fe, en mis ideales de castidad. Me quité la ropa y como Benito de Norcia, como Francisco de Asís, me arrojé sin pensarlo a una zarza espinosa al lado del camino. Dolía, dolía mucho pero vencí aquel recuerdo impío, no pequé de pensamiento.  A mis gritos lastimeros acudieron unos montañeros que por ahí pasaban, desangrado, dolorido, fui rescatado y auxiliado. Llevo una semana en urgencias. Lo peor es que no me llama, ella, joder, si llego a saberlo peco y no me tiro

martes, 10 de diciembre de 2024

12

 


Escribe y guarda ese papel en un cajón.

Es así, no se trata de buscar lectores, se trata de contar, decirlo, sacarlo de dentro, aunque duela. 


lunes, 9 de diciembre de 2024

Me lo dices o me lo cuentas

 «La imagen de una sola cosa ya no quiere decir apenas nada. Es necesario complicarla, injertarla en otras, herirla en el pecho».

—Ramón Gómez de la Serna—





Para Ana Reboledo.

“Dikú, el trun que anda de noche”· Se lo leía a mi hijo, seguro que él se lo leerá pronto a su hija. El tiempo pasa (tan) rápido. Una obviedad. La serie “True love” me está conmocionando, no por los muertos, por los vivos, los de la serie, lo que dicen, cómo lo dicen, sus problemas, la coincidencia con un particular nosotros, mis amigos de siempre. Tomo con ellos unas manzanillas (4). Es curioso, la manzanilla es una bebida del Sur, aquí siempre se ha tomado tinto Rioja, algunos gustos cambian. Vuelvo a casa alegre, mirando las ventanas iluminadas, las calles llenas de gente, sobre todo familias con niños, muchos niños, por alguna razón pienso que alguien nos vigila, una especie de ojo censor que apunta nuestros errores y borra los aciertos. Antes de internet estas cosas las escribía en finos papeles de avión que enviaba a mis amistades de tantos lugares. Me cansé de escribir a gente que nunca iba a conocer. Una noche quemé todas las cartas guardadas. No sé si hice bien, ahora serían motivo de risas o lágrimas. También tiré los casetes que cambiaba con J. Intentaba seducirla con Rod Stewart y con aquella primera herida que es la más profunda, decía (él). Mi primera herida duró mucho tiempo, hasta que dejó de sangrar, ahora somos amigos, más práctico, menos doloroso (también menos emocionante). Intento invitar a café a mis amigas de antes, todas tienen trabajo, no tienen tiempo, están cuidando a sus maridos, vigilando a sus novios o se han comprado un perro, sospecho que estoy caducado en sus intereses. Lógico. En cuanto a relaciones con, me lo dijo un día T, “tu problema ha sido no tener dinero”. Quizás tenía razón. Aunque me hace pensar. No sé si se refería a tener mucho dinero y gastarlo con ellas o dinero para sobrevivir, comprar un palacio o tener un coche descapotable color rojo fresa. Tampoco me ha ido mal. No estoy haciendo balance (todavía). Soy feliz, punto. Estoy sano (con siete stent, ya, pero sano). Quiero a muchas personas y seguro que me quieren a mí más seres humanos de los que imagino. A pesar de todo. Sister Corita Kent for lehendakari. Cosas que aprendo. Estoy en ese momento en el que borro conocimientos obsoletos y los reemplazo por ideas nuevas (al menos para mí). Mi hija me abre nuevas puertas y por ahí me cuelo a mundos que me estaban esperando. Nunca es tarde. El Amor, concepto, viene de serie con obsolescencia programada (afirmo). El sexo (¿?), sabes perfectamente cuando te has despertado entre sábanas con unas iniciales bordadas que no son las tuyas, cuando te has acostado con alguien que no, no era el momento ni la persona (tú), ni siquiera sentías deseo. Bobo. Nunca he tenido perro, ni gato, ni pájaros, ni peces, ni hámster, ni bichos raros, nunca tuve un buitre. Siempre he tenido genio, sin calificar, ni bueno ni malo, el suficiente para que no le grite un capataz de obras a dos personas de edad porque no cruzaban por un paso de cebra, faltaría más. Era alto ¿y qué?   La verdad. La posverdad. La mentira no existe. Este es un espacio privado donde si yo digo A es A o vaya usted a saber. En realidad a nadie le importa. Como aquel juguete antiguo, mecánico, metálico, le dabas cuerda y el mono aplaudía con unos platillos dorados. La Maga era intensa. Horacio Oliveira se dispersa al final, en la segunda parte. Al final todos nos dispersamos. Unos más que otros, unos antes que otros. True love. Cerca de la playa, seis pequeñas embarcaciones alineadas, destacan sobre un agua azul, en calma. Cada rato, a su alrededor, emergen y vuelven a sumergirse los mariscadores. Con sus trajes de neopreno bucean en apnea buscando el preciado longeirón. Un trabajo agotador. Sumergirse en uno mismo también tiene sus peligros, a veces te encuentras un longeirón decepcionante colgando del esófago, un congrio que te mira con desafío y te recuerda aquello (mejor no menearlo). Son frías las aguas del recuerdo.   Su espalda como único horizonte, sus vértebras, sus gemidos llegando de un más allá, por encima de sus ropas desperdigadas por la habitación del hotel, las mías ordenadas como para la inspección de un sargento. De la liviandad y otras debilidades. En lo que uno escribe hay un punto de misterio, como si nos visitase un desconocido que resulta que eres tú mismo. Sorprendente. Entretenidos en no querernos ya, en este ahora marchito, el antes corretea por jardines en la niebla, lo presentimos, nos pincha con agujas celosas, con la duda. Por mi parte no veo, no sé y quiero abrazar otra vez su cuerpo con la alegría de los ciegos. No soy entomólogo, ni saqueo tumbas egipcias, no sé leer en las rayas de la mano, no sé dónde empiezan los ciclones, sé que ahora me muero de ganas de disfrutar de su sonrisa, de su inquietud, de perderme en su espalda y en sus muslos, de comernos el deseo, de embriagarnos en besos y suspiros. El resto, ese antes, el de ella y el mío es la prehistoria y tampoco es cosa de meterse en cuevas con candiles inciertos (Maldito heteropesimismo 4B). Mejor seguimos. Esto era. Todo. Sobre la soledad. Esto es, la sensación de vacío, estas ganas de llorar, de no entender. Por eso me lo cuento.

The end.

domingo, 8 de diciembre de 2024

11

 


Leí el libro hasta la última página, 

ahí descubrí por qué no me había gustado desde la primera línea.


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