Keigo Nakamura

miércoles, 13 de mayo de 2015

Quién se perdió lo sabe.

La sorpresa es un afecto y por ello un efecto. Podemos pensar que la sorpresa es la emergencia de algo cuando nada se esperaba, pero la sorpresa verdadera, la sorpresa en sentido analítico, se produce sobre el fondo de lo esperado, de lo esperado a nivel del inconsciente. Si consideramos al inconsciente como una escritura, originando con ello los cuatro modos lógicos que conocemos, si calificamos algo como posible, estamos diciendo que su acontecer no nos sorprenderá. En efecto, lo posible no sorprende: sorprende lo que adviene, como contingencia, sobre el fondo de lo imposible. O sea, que sólo hay contingencia porque hay imposible y al revés, teniendo claro que la contingencia queda del lado del acontecimiento, mientras que la sorpresa es del sujeto. ( J. Antonio Naranjo)



Uno, un día, quizás, se pierde en un recodo y descubre otro universo. 

Allí hay más vida, diferente, nueva, con colores del verde al añil, con tanta dicha que respirar es un ejercicio divertido, con un placer tan intenso que lo eterno es corto, el cielo, pequeño, el ahora, un siempre desmedido. 

Quién se perdió lo sabe.

Lo duro es el regreso.

martes, 12 de mayo de 2015

When Night Is Falling





Nos conocimos en el trabajo. Celia era seria, reservada, apenas se relacionaba con nosotros. Tampoco con las chicas del turno de tarde. A los del taller nos llamó la atención su melena pelirroja. Sobre la Fenwick colocaba los palets en los estantes superiores con una gran habilidad. Paco siempre se burlaba. Te mira –decía- te has enamorado. La verdad es que me gustaba. Un día, en el descanso de las once, nos tomamos un chocolate en la máquina del vestuario. A partir de ahí comenzamos a hablar. Los martes, a la salida, íbamos en mi coche hasta el centro ya que ella asistía a unos cursillos de no sé qué. Hicimos una buena amistad.

Aquel fin de semana Juan y Luis, mis compañeros de piso, pensaban ir a la sierra. Aproveché para invitarla a casa a tomar unas pizzas. Veríamos unos vídeos o jugaríamos a la play. Insistí desde el martes y el jueves estuvo de acuerdo. Dijo que ella se encargaba de las películas. Esa noche del viernes estaba muy nervioso. Me encargué de ordenar la sala, pasar el aspirador y recoger todas las revistas. Incluso bajé al Eroski a comprar un spray de ambientador. Celia vino muy guapa con unos ajustados pantalones de cuero negro que hacían juego con nuestro sofá. Tomamos una cerveza y nos reímos hablando de Paco. Luego nos sentamos frente al televisor, no muy juntos, la verdad. Ella había traído “When Night Is Falling ”, una película canadiense del 95. Mítica, dijo ella. A mi me parecía un rollo, lenta, aburrida. Hacia la mitad la cambió por un DVD, “Lazos ardientes", esta del 96. La trama era parecida y de pronto Celia suspiró, se levantó y telefoneó con su móvil a una tal Carmen. Estuvo más de media hora hablando sentada en mi cama. Mientras, me dediqué a ver el partido de pelota, muy entretenido por cierto. Cuando iban 21 a 13 volvió, con los ojos como de haber llorado, me pidió disculpas y se fue. Después llegó el repartidor de pizzas. Me las comí, sólo, las dos. Y me bebí cuatro cervezas. 

Ahora, los martes, Celia baja al centro en autobús. Nos saludamos, pero no hemos vuelto a tomar juntos un chocolate. El otro día, al cargar un camión, se le soltaron las maderas del embalaje y rompió una pieza importante que habían fabricado para Renault. Además se ha cortado la melena pelirroja y le sienta de pena. Ya lo dice Paco. El sábado me iré con él, con Juan y Luis, a la sierra, espero que no haga mucho frío. Bah.


lunes, 11 de mayo de 2015

Alborozos varios y poetas muertos, o viceversa.



No había, no sabían que era eso, de haberlo sabido los hubieran embreado, emplumado y echado al río. Las únicas voces que se escuchaban eran las del parte a las dos y media, los ánimos al equipo de fútbol y los cánticos en los bares. El resto era silencio (oh, oh, oh.). (*)
“Se prohíbe cantar.”



Los diferentes no existían, todos decían que sí, con un silencioso cabeceo o con la tácita aceptación de modos, costumbres, rutinas y órdenes. Y sin embargo los había, muchos, escondidos en los rellanos de los últimos pisos, entre los bloques de cemento del nuevo puerto, detrás de los zarzales del monte cercano. (**)
“Se prohíbe hablar de política.”




Que las rimas eran las de las fábulas, animales que hablaban y los versos, una sucesión de voluntariosa prosa que decía lo que había que decir y no se salga de la fila que le veo. Trajes grises y sonrisas congeladas en envases de no y vuelva usted mañana que, caballero, no sabe usted con quién está hablando.(***) 
“Se prohíbe blasfemar.” 



Esto no es escritura, es terapia, es sacar carbón de una mina abierta en el cerebro que se niega a dormir, que intenta hablar de tiempos que no, de un entonces desconocido, el mundo es pequeño, la historia está para olvidarla, para hacerla nueva, la cuentan los que ganan, el resto es olvido (oh, oh, oh), no hay nada casual, cada fotografía, música, poema, color, silencio o voz tronante, cada paso sale de las tripas, sin filtro, directamente de fábrica al consumidor, no contiene adictivos ni colorantes, tal cual, si encuentra algo mejor, cómprelo, si quiere mirar las fotos, mire, ande, no se corte, si lee y le gusta, me alegro, si no le gusta, pues también, hay otros canales, si coloca un decodificador, más, si coloca una antena más larga, otros quinientos, lo único que no tendrá es tiempo, no lo venden, pregúntele a Fausto, o a su espejo (al suyo, al de usted), o a mi, que se me acumulan las sensaciones y, la verdad, lo que quisiera es contárselas a S (eSe, eSa) al oído, sin odio, con todo el amor que aún me queda en este barco a la deriva -no confundir con el otro, con el que navega por la ruta comercial, el que sigue mapas y constelaciones, el que tiene un capitán en la proa y marineros que hacen lo que deben, maldita educación- y espero no tropezarme de nuevo con el iceberg, cáspita, que estoy cansado de naufragios, que tengo llenos los botes salvavidas y no hay islas desiertas aunque nado y nado por mares interminables, esquivando tiburones del miedo y las ballenas (no, no le miro a usted) y le invito a que se tome esta taza de humor y ya suena la campana, diez y K.O. Mañana más.(****) 
“Se prohíbe prohibir.” 




(*) Reunión clandestina en una iglesia, de uno en uno. En las esquinas, la policía alerta. Y mis oídos.
(**) Tenía tres hermanas, él era el pequeño. Los modales de Ignacio y sus muslos enrojecidos por el roce de unos pantalones cortos demasiado estrechos.
No recuerdo como se llamaban sus amigos.
Había uno con cara de pájaro que caminaba a saltitos, igual que un gorrión
Paseando por calles de entonces vi a otro en la puerta de una tienda de modas, no me saludó.
Y aquel que siempre estaba con hombres mayores.
Eran muchos, siempre estaban juntos.
Lo entendí después.

(***) a un panal de rica miel/ dos mil moscas acudieron

(****) No me lo tengas en cuenta, ya se sabe, es lo que tiene dejar la medicación.

¿Estás seguro?

domingo, 10 de mayo de 2015

Y tantas otras cosas.

A LA DERIVA

El conflicto es mi única verdad, la memoria una sombra que me guía.

Más allá de este bípedo ideal necesito desorden, carne asombrada, dulce adrenalina.

Aceptaré que nos encaminamos hacia ese sitio ajeno del que huimos para poder equivocarme mientras tanto.

Es mía esta palabra a la deriva. 

Erika Martinez



La primera vez, nada más verme sentenció “eres neurótico obsesivo”. Como quién dice eres rubio o alegre, como yo digo terminal server o SQL. Y era cierto. Con todo, tras escalar dos miradas, la simpatía fue mutua. Después llegaron las confidencias en bares que ya no, en territorios de remeros, hombres de mar ajenos a mujeres terrenales. Era el tiempo de la aceptación, los escritos como una alfombra donde nos sentábamos para buscar el encaje entre Lima y el Estambul que vendría mucho después. Um, um, eoé.
Un día me enseñó tres fotografías, escogí la D. Con ingenuidad colaboré en el ascenso al territorio de la nada. En la caída –ay- di una opinión, improcedente, desafortunada quizás. Hube de pagar por ello con un muro de doce metros de altura. El resto ya no tiene importancia, muevo las manos y oculto cartas, nada por aquí, nada por allá, no cuento esto, aquello, disimulo que me parece injustificado, el dolor. Me miento, sí tiene importancia -por eso lo escribo ahora-, me parece injusto, desproporcionado, absurdo, impropio de una persona como ella –quizás me está leyendo-, sí que me duele. Craskk, aum.


 Rescato esta historia de un cuaderno con tapas color naranja que encuentro debajo de la carpeta de los recortes. Es algo antiguo, muerto. Es lo que dejo hoy, en esta  mañana de domingo, antes que empiece el verano. Y tantas otras cosas.

sábado, 9 de mayo de 2015

Crepúsculo cuarenta.



En esta hora del crepúsculo cuarenta, rodeado de máscaras, busco tu paraíso vestido de blanco y soledad, la calle se llena de relojes desbocados. Desde que te conocí mi vida es otra. Si no fuera porque tengo tus suspiros colgados de mi oreja diría que lo nuestro está inventado. Añorándote, me he convertido en un caníbal que se come sus propios días mientras preparo bebedizos con corteza de laserpicio para librarme de otros recuerdos. Solo conozco los enigmas, del resto nada sé, estoy atrapado por el cruel manipulador que impaciente mueve las fronteras, tú eres la piedra de Rosetta que descifra mis jeroglíficos de siempre. No me olvides, no me borres, no me dejes sentado en un estante de tu biblioteca. Luchemos, estamos aquí así, para enriquecernos, para ver los días con los ojos nuevos de siempre. 

Escribirlo ahora es recordar que estamos vivos, anhelar el momento de encontrarnos, disfrutar de este musgo en la garganta, humedad de saber que nos pensamos. Y ahora me doy cuenta que no quiero escribirte sino hablarte, borrar esa sombra triste de tu voz, demostrarte que estoy aquí, que existimos. La historia real camina, respetuosa, por la acera. Las historias que me invento invaden el centro de la calle, esquivando a los carruajes, burlándose de los pasajeros, indiferente a los gestos del guardia de la circulación, con su casco risible, y es inútil que levante los brazos, estas líneas van a parar donde yo quiera y me como la manzana, tu corazón ya me lo he comido, con gusano y todo. Quiero saber de qué oculto pozo de tristeza salieron tus sollozos, de qué negrura brotó tu llanto mientras nos amábamos anoche. Soy culpable por no haber llorado contigo. Quiero yacer en un surco de tu cerebro, ver pasar tus pensamientos, espectador preferente de esos rayos diminutos que te circulan, que te llenan de emociones contrapuestas, ahora ríes, ahora lloras, ahora me dejas en la puerta de un bar, bajo la lluvia, ahora me presentas a tus íntimos enemigos, ahora brincas a mis brazos mientras en el cielo se mueren cincuenta estrellas y un tren descarrila en el jardín desde donde quiero sentirte en cada pálpito, cuando la luna pinte los tejados, cuando sueñe que te sueño y sueño que somos demasiado mayores para morir, otra vez, de amor. Y sin embargo no puedo parar de pensarte, amor, amante, veneno dulce que me corre sin descanso por las venas de las horas.





jueves, 7 de mayo de 2015

Yodo.

Se acabó la tinta y la incertidumbre, retuerzo el cuello a los alacranes, rompo los cántaros en la ribera de nadie, los mastines lamen mi mano y mis huesos, el futuro es ese albañil que no sonríe, que construye un tiempo diferente debajo de las tejas donde sestea mi inocencia perdida, la constancia, la recompensa del orujo mientras Bilbao navega ahí abajo y el sauce se demora en poetas ensartados en susurros de garzas del Kilimanjaro.


Nada es nada, sólo sé que ella ya no está.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Bromo

Recibo mensajes en clave, descifro –estoy bien, te quiero- y sé que antes lo ha pintado en las blancas paredes de su alma, que sus dedos hurgaron en mi boca y encontró un país, que nadie antes descerrajó su cuerpo a la inundación de la ternura, que cortó su pelo y su esperanza, que la historia la escriben los que ganan y quedamos enterrados en cenizas hasta el estómago.

Con sal en la lengua recuerdo su infantil aversión a la sangre y a las bicicletas amargas de la plaza.

Los dioses se han empantanado, se ha dormido el viento.



martes, 5 de mayo de 2015

Cloro

Recordé los consejos, las enseñanzas como tatuajes en la ceguera, las banderas temblando con heridas emboscadas en deberes, con fortunas deshojadas en contar hasta nueve.

Quise volver a la victoria de cadáveres, peces boqueando sobre los mapas y números temblando en lo oscuro. Tenía una estrella bordada en la bocamanga. Tenía también un abismo y hambre, un nombre y un sol dolorido.

Luego se fue la luz y no tuve nada.


lunes, 4 de mayo de 2015

Flúor.

El índice apuntaba al futuro y el cielo se llenó de ángeles embozados justo cuando aliviaba las cicatrices de las olas.

Tanteo el idioma, los abrazos resignados, un poema que no lo es y los días se cierran como un párpado amarillo sobre las migajas de aquello, del pájaro clavado en el abedul, del zorro que vi con Elena, de los secretos que guardé en el puente, del cementerio de grúas, de la fotografía del salto acrobático en Laga.

Y no aparece el augur.


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