martes, 24 de junio de 2008

Ilusión.

Todas las escrituras presentan un aspecto de cerco extraño al lenguaje hablado. La escritura no es en modo alguno un instrumento de comunicación, no es la vía abierta por donde sólo pasaría una intención del lenguaje. Es todo un desorden que se desliza a través de la palabra y le da ese ansioso movimiento que lo mantiene en un estado de eterno aplazamiento. Por el contrario, la escritura es un lenguaje endurecido que vive sobre sí mismo y de ningún modo está encargado de confiar a su propia duración una sucesión móvil de aproximaciones, sino que, por el contrario, debe imponer, en la unidad y la sombra de sus signos, la imagen de una palabra construida mucho antes de ser inventada. Lo que opone la escritura a la palabra, es el hecho de que la primera siempre parece simbólica, introvertida, vuelta ostensiblemente hacia una pendiente secreta del lenguaje, mientras que la segunda no es más que una duración de signos vacíos cuyo movimiento es lo único significativo. Toda la palabra está encerrada en ese desgaste de las palabras, en esa espuma siempre arrastrada más lejos, y no hay palabra sino allí donde el lenguaje funciona evidentemente como una voracidad que sólo tomaría la extremidad móvil de las palabras; la escritura, por el contrario, está siempre enraizada en un más allá del lenguaje, se desarrolla como un germen y no como una línea, manifiesta una esencia y amenaza con un secreto, es una contracomunicación, intimida. (El grado cero de la escritura (frag.) por Roland Barthes)

¡Se encendió la luz!
¡Ole, ole!

Estaba sentado frente a la gruta, meditando, y al volver la cabeza la he visto. Temblaba al viento del crepúsculo, débil pero viva (¡viva!), la luz, su luz. Mi primera intención ha sido ponerme de rodillas y rezar, pero al repasar los dioses no he encontrado ninguno que fuese de mi gusto justo. Y no, no es cosas de desperdiciar plegarias con lo caras que se han puesto, al precio del azafrán.
He optado por gritar. Como un animal. He gruñido, vociferado, he chillado ante el asombro de los otros -básicamente los otros son esos que no soy yo-. Con ello he conseguido liberarme, descargar tanta tensión acumulada y quedar como una mala bestia ante mis remilgados compañeros de pupitre, pesebre y circunloquio.


Ya más calmado me he tomado un vino blanco de Rueda y he brindado por el futuro de ayer, por los recuerdos de mañana, por la Revolución francesa y por las esperanzas a las que me dispongo a efectuar un boca a boca, aunque ya parece que respiran. Recuerdos de mis tiempos de socorrista, cuando socorría, que oía ¡auxilio! y me tiraba al agua, que oía ¡socorro! y me tiraba a la primera que pasaba a mi vera, eran tiempos de musha necesidá, no voy a decir después de la guerra, no, pero sí después de mis guerras, siempre me mataban, siempre tenía que empezar en la casilla cero, antes del puente y tiraba porque me llevaba la corriente. Ciertamente eran otros tiempos y otros vientos, el levante sonaba de poniente y el poniente se levantaba, se soliviantaba tanto que giraban locas las veleidosas veletas, en cuestión de aires uno siempre ha tenido mucha mano izquierda, la derecha en cambio, sin ser zurdo –ya ves- la manejo peor. Se me cierran los ojos y ya casi veo. No sé si me duermo o me despierto.

Contra la literatura

No hay nada más inútil que escribir.
Nada más dependiente que los libros.
Pero Alberto me llama y me pregunta
"¿Qué te está pareciendo mi novela?"
Y yo le digo bien, salvo este punto
y el momento en que dice esto y aquello
y él escucha y anota y bien parece
que aquí estamos haciendo algo importante.

Quién pudiera vivir fuera de un libro,
juntar en un hatillo las palabras
y haciéndose a la mar decir "Adiós;
me voy para morir entre las fauces
de una auténtica bestia, les regalo
la curva de mi espalda, mis bolígrafos,
el impreciso sueño de la gloria,
la implacable derrota de mi olvido".

Ben Clark.


lunes, 23 de junio de 2008

Saltar la hoguera.


Las mujeres me tienen la memoria poblada.
De mi existencia entera,
sólo recuerdo las mujeres.
Los vestigios de mí que podrían valer
para reconstruirme
están en sus cabezas.
Y en la mía sus claves.

(R. Buenaventura)

En el principio –puedo trazar una línea recta sobre el papel sin levantar la mano, sin haber bebido- él me presentó a Alcibíades ignorando mi decisión socrática: pedir una recompensa en vez de su castigo; cruel silencio, distancia, ahora sabe que mi mirada es nueva y buceo en aguas que antes no, ignorando a los peces ofuscados, los pérfidos tiburones de la añoranza, la aflicción de entonces, la magnitud de amar sin saber cómo, el cansancio de buscar esquinas ciegas donde juntar las ascuas y rendirme, el placer estancado de recordar y sonreír bobamente –pareces una galaxia, dijo- la quiebra de empezar sin saber qué, a paso de andadura, la efusión de a veces, pocas, el sosiego, en fin, de estar lejos de la entrada del laberinto –aún no sé si estoy fuera o dentro- la inocencia, eso sí, de caminar calle arriba, calle abajo, dar vueltas, una forma de vivir en la sonrisa, en el afán de los cuerpos que cambian y dolores, este año, otro, no ver de cerca, de lejos, no oír, no tocar con las yemas de los dedos, no gustar, saliva en el manjar de su cuerpo, animales furiosos escondidos en la alfombra, inocencia de llorar sobre su alma, golpearme la frente con el índice, señalar el cielo, una nube con forma de conejo, otro culpable, no mi miedo, no, otro imputado, alguien que me sustituya en la hoguera, alguien que arda sin gritos, que no vuelva, tenaz, en la vigilia mientras llega la mañana por las rendijas, ingenuo condenado en prisiones de puertas sin llave, anda, sal, mira el sol embozado en las cortinas, estatura de los hijos, sus risas, no escribo por deleite, estancado en obsesiones, circulares, pasquines en blanco, recetas incompletas, mis amigos disfrazados de taimados enemigos, bilis que me sube a la cabeza viajando por un camino extranjero, melancolía cuando el miedo se apoderó de mi, el temible perro negro, nostalgia de cuando hace años, desde la punta de Playa Larga, ella empezó un diario con el anhelo intacto, cambiar de profesión, dedicarme a la pesca de miradas, a recoger las fresas de su cuerpo, jugo en mis labios, rojo fruto que me excita mientras el viento de poniente se enreda en plácidas semanas sin ira, sin tensiones, con la inmutable decisión de estar así, aquí, sin premuras, disfrutando de lo mínimo, la brisa en los árboles, los pies en la hierba, el pan del desayuno, sé que he vuelto, aunque me obstine en mensajes cifrados, en citas sin sentido, desde lejos puedo ver el vacío de su pecho, escultura de la vacuidad, exaltación de Chillida y el resto está ahí adelante, lo veremos mientras me cambio la húmeda camisa neurótica por una floreada vestimenta de transparente independencia, ¿sabes? me estoy llenando de tanto sentimiento que me estremece respirar, mover la mano, mirar crecer la duna que sepulta el bosque, estoy escapando del engaño de los dioses y abro puertas, recorro habitaciones vacías donde resuenan los, mis pasos curiosos, al final, se trata de saltar la hoguera de San Juán. Y arder en ella.


En toda la costa gallega y en muchas poblaciones del interior se celebra el San Xoán, que es además denominación de todo el mes de junio.
Se dice que esa noche mágica se comunican el mundo del Alén (más allá) con el del más acá. Es el momento de espantar los malos espíritus. En San Xoán meigas e bruxas fuxirán.
Las hogueras se encienden llegado el día 24, es decir, pasada la media noche. Se le atribuye protección y buena suerte al hecho de saltar nueve veces una hoguera esa noche (según las poblaciones, el número varía). También nueve veces había que recibir olas en A Lanzada, para aumentar la fertilidad femenina. Por la noche se recogen plantas aromáticas de varias clases que se dejan en agua para lavarse en la mañana siguiente; se le atribuyen propiedades terapéuticas y limpiadoras. Hacer dibujos o manchas esa noche también tenía un carácter clarividente, y también en ese sentido, acostarse con un manojo de hierbas de San Xoán hacía que al día despertarse se supiera la identidad de la futura pareja.
La comida típica e esa tarde-noche son los cachelos (patatas asadas con su piel, que se retira luego) y las sardinas asadas. Es una fiesta extendida en todo el litoral y casi toda Galicia.


domingo, 22 de junio de 2008

Buhonero.


Hoy me pasa el amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.
Temo extender la mano y no tocarte.
Temo girar los ojos y no verte.
Temo gritar tu nombre y no nombrarte...
Temo estar caminando por la muerte.

(Antonio Gala)

Empieza el día de la vigilia y el buhonero camina con un cordel en la mano midiendo el perímetro de la soledad. Continúan los sueños y él apenas puede distinguirlos, tal es la distorsión de su sentido del equilibrio, la alteración de su serenidad. Se asoma a la barandilla y ve París, siguen lloviendo pájaros, racimos de uvas, pequeños planetas anaranjados. Aunque no hay luz, camina al lado de una sombra que no es la suya, y piensa que todo es mentira o que sigue dormido, que alguien estaba bromeando. Recuerda que vio a su madre, bellísima, muerta hace ya tantos años, recuerda que la besó en la frente, recuerda que lloró y entonces llegó el desconcierto, una bola de fuego, gigante, separó el río en dos mitades, quedaron los peces divididos y chamuscados, las ranas croando sobre las piedras secas, las libélulas dudando entre posarse o seguir volando, zumbando sobre los mosquitos de la paradoja, sobre la bailarina desnuda que giraba en punta de pies y elevaba las manos a un cielo con olas de nubes rojas de ocaso (era un decorado).

Giro el botón y cambio de canal. Tal vez contar estas cosas sea un trabajo estéril, intentar sacar el agua del mar con un cubo de colores con agujeros. Lo sé, no lo sé. Un aplauso lento llega desde la oscuridad del patio de butacas, no distingo las manos, mucho menos la cara Entra un frente de lluvia por Galicia para este domingo y cierro el quiosco con la seguridad de que estos absurdos post son inútiles. Y sin embargo se mueve. Glup´s 2.0 Blog (plofff)


Le Corbusier.

(Suiza, 1887-1965) Sobrenombre profesional de Charles Edouard Jeanneret, pintor, arquitecto y teórico franco-suizo, al que se considera la figura más importante de la arquitectura moderna. Nació el 6 de octubre de 1887 en La Chaux-de-Fonds (Suiza), y en esta misma ciudad estudió artes y oficios. Trabajó dos años en el estudio parisino de Auguste Perret, y más tarde viajó a Alemania para colaborar esporádicamente con Peter Behrens y trabar relación con Joseph Hoffmann y el Deutscher Werkbund. En 1922 se asoció en París con su primo, el ingeniero Pierre Jeanneret, y adoptó para la arquitectura el seudónimo Le Corbusier (el cuervo, adaptado del apellido Lecorbésier de su bisabuela), que ya había empleado con anterioridad en sus escritos. Aunque su principal carrera fue la de arquitecto, también practicó con acierto la pintura y la teoría artística. Como pintor se asoció a Amédée Ozenfant para fundar el movimiento purista, una corriente derivada del cubismo. En 1920 fundó con él la revista L Esprit Nouveau (El espíritu nuevo), para la que publicó numerosos artículos sobre sus teorías arquitectónicas. Una de sus principales aportaciones, aparte del rechazo a los estilos historicistas compartido con otros arquitectos y teóricos del movimiento moderno, es el entendimiento de la casa como una máquina de habitar (machine à habiter), en consonancia con los avances industriales que incorporaban los automóviles, los grandes transatlánticos y los nuevos aeroplanos. Definió la arquitectura como el juego correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz, fundamentada en la utilización lógica de los nuevos materiales: hormigón armado, vidrio plano en grandes dimensiones y otros productos artificiales. Una de sus preocupaciones constantes fue la necesidad de una nueva planificación urbana, adecuada a las necesidades de la vida moderna (Plan Voisin para París, Ville Radieuse, Plan Obus para Argel, Chandigarh, etc), y sus ideas han tenido una enorme repercusión en el urbanismo de este siglo.
Durante la década de 1920 propuso numerosos proyectos urbanísticos y residenciales, pero sólo pudo construir una serie de villas unifamiliares cercanas a París que le sirvieron para concretar sus cinco postulados sobre la nueva arquitectura: bloques elevados sobre pilotis (pilares), planta libre, fachada libre independiente de la estructura, ventanales longitudinales (fenêtre en longueur) y cubiertas planas ajardinadas. Entre los edificios de esta época destacan el Pabellón del Esprit Nouveau en París (1925), la villa de Monzie en Garches (1927) y la villa Savoye en Poissy (1929-1931), aparte de los proyectos no construidos para la Sociedad de Naciones en Ginebra (1927-1928) y el palacio de los Soviets en Moscú (1928). Sus obras posteriores más representativas son la Casa de Suiza de la ciudad universitaria de París (1931-1932), la Unidad de Habitación de Marsella (1947-1952), donde puso en práctica su elaborado sistema de proporciones publicado con el nombre de modulor, la iglesia de peregrinación de Notre Dame du Haut en Ronchamp (Francia, 1950-1954), el monasterio de los dominicos de La Tourette (1957-1960) y el planeamiento urbano de Chandigarh, la ciudad construida en la India como nueva capital del Punjab, para cuyo capitolio proyectó los edificios de la Asamblea (1953-1961), el Palacio de Justicia (1952-1956) y el Secretariado (1958). Sus escritos más importantes se recogen en varios libros, entre los que destacan Vers une architecture (Hacia una arquitectura, 1927), La maison des hommes (La casa de los hombres, 1942) y Quand les cathédrales étaient blanches (Cuando las catedrales eran blancas, 1947). Le Corbusier murió el 27 de agosto de 1965 en Cap Martin (Francia). © eMe



sábado, 21 de junio de 2008

Sardonia.



Mastico sardonia para imitar la risa.
Me infamo al degollar al colibrí.
Remedo la iridiscente música del frío.

Después, sin vértigo, salto
desde la grúa del puerto,
a esparcir bajo el agua
secretos de aquel mayo,
los de junio,
estos de ahora.

Confío en los peces,
suscito su mirada sin párpados
y regreso, cansado, hasta la playa.

En la arena aún se escucha
el infinito sonido de su noche.
Nada cambia, nada cambia.

Hoy empieza el verano ¿no?



Oscar Niemeyer (Brasil, 1907)

Arquitecto brasileño. Nació en Río de Janeiro y después de graduarse por la universidad de Brasil en 1935, Niemeyer trabajó con Le Corbusier en los innovadores planos para el ministerio de Educación y Salud de Río de Janeiro (1936). En 1939 realizó el Pabellón brasileño para la feria mundial de Nueva York y en 1943 la residencia Peixoto. A finales de esta década se le encargó realizar en el suburbio de Belo Horizonte el teatro municipal (1946) y el edificio del gobernador. Otro de sus trabajos es la polémica iglesia de San Francisco, tan radical en su estructura que su consagración se pospuso 16 años después de su finalización en 1959. Su reputación internacional le viene de su audacia e imaginación. Su obra tiene un carácter ambiental de gran fuerza, ya que Niemeyer busca adaptar los edificios a las condiciones del medio ambiente, al hacer convivir grandes volúmenes con espacios vacíos de manera inusual. Otra característica de sus edificios es que se elevan sobre pilotes de acero y hormigón. En la década de 1950 fue el arquitecto organizador de los edificios oficiales de la ciudad de Brasilia. A partir de 1960 ha trabajado indistintamente en su país y en el extranjero, realizando diversos conjuntos arquitectónicos en Alemania, Gran Bretaña, Italia, Argelia o Francia, entre otros países. © eMe


sardonia.

(Del lat. sardonĭa, cosa de Cerdeña).

1. f. Especie de ranúnculo de hojas lampiñas, pecioladas las inferiores, con lóbulos obtusos las superiores, y flores cuyos pétalos apenas son más largos que el cáliz. Su jugo aplicado en los músculos de la cara produce una contracción que imita la risa.



viernes, 20 de junio de 2008

Neotenia.





Araño en la pared con la uña,
la cal va cayendo
como si fuera un pedazo de la concha
de la tortuga celeste.


(José Lezama Lima)


Esta pasada madrugada, mientras ardían los coches en el centro de Bagdag y dormían los gatos y las piedras, por efecto de virus misteriosos, Firefox desaparecio, la estructura de mi página cambió (oh, horror). * Una premonición me despertó. Tocando aquí y allá la he dejado como estaba -o casi-. Fíjate tú qué cosas, con la que está cayendo, los tipos de letra alterados.
Cantaban los gallos y mientras trasteaba me he reencontrado con escritos de los que ni me acordaba (Como este "Desamor")

Reconozco que esta actividad me ha desbordado, se ha convertido en algo más que una afición, más que la media hora que me había prometido. Y ya no sé si escribo lo que he vivido o lo que sueño, lo que quisiera hacer o lo que no puedo conseguir sino sentado frente al blanco desafío, en un mundo paralelo.

Juegos frente al espejo con máscaras que ocultan y muestran, disfraz de un yo sin saber siquiera quién soy, quien puedo ser en este atropello de días, apresurado, vacío que empuja a la vida, que la arrincona hacia el abismo de la nada (la vida –como sabes- tiene un porcentaje del 100% de seguridad de muerte).

Se me están terminando los argumentos, puedo aún reinventar mi infancia, los amores de nunca, las niñas que no me miraron, desmontar lo que fui sin haber sido, lo que sostiene al que soy, tal vez porque el andamio se tambalea ahora que las preguntas ya no sirven, ahora que las respuestas se han vuelto tan rotundas, sin puerta de atrás, sin otra manera de afrontar un viernes sino dejando a un lado la fantasía, la memoria de colores y entrando al edificio gris.

Ah, también puedo escribir ciencia ficción, dramas, novelas de aventuras, de misterio, folletines, discursos, canciones, letras de hip hop, recetas de cocina, fórmulas de cocktail, consejos de la abuela, poemas, mentiras, arengas, confesiones, críticas, recuerdos imaginados, ya veré. Mientras tanto sigo regalándote esta colección privada.
Un día más.

Raymond Williams se preocupó por el hecho de que la crítica se había reducido excesivamente a la noción de "descubrir errores", y propuso que encontrásemos un vocabulario para los tipos de respuestas que tenemos, en concreto para las obras culturales, "que no asuman el hábito (o el derecho o el deber) del juicio". Lo que reclamaba era un tipo de respuesta más específica que no se apresurase a generalizar: "lo que siempre es preciso entender es la especificidad de la respuesta, que no es un 'juicio' sino una práctica". Creo que esta última frase marca también la trayectoria del pensamiento de Foucault sobre este asunto, ya que su 'crítica' no es una práctica que se reduzca a dejar en suspenso el juicio, sino la propuesta de una práctica nueva a partir de valores que se basan precisamente en esa suspensión.

Judith Butler

* Algo le ocurre a esta página. Se cambian los tipos de letra, los tamaños, la estructura. Jo.

Si alguien le ocurre lo mismo y sabe cómo solucionarlo, pues eso.



jueves, 19 de junio de 2008

Manifiesto amoroso.


Para Guadalupe.

Sin que sirva de precedente quiero manifestarte la más profunda entrega emocional hacia tu persona, mi completa adicción al proyecto G, es decir pensarte sin poder hacer nada por evitarlo, pensar en ti día y noche, como faro y guía de mis emociones, reverenciarte como diosa del amor en su más amplio sentido, sin olvidar el factor deseo, eso, desear intensamente hasta la pasión desbordada, mística, estar al lado de tu cuerpo, abrazarte, besarte en el cuello, justo detrás de las orejas, deslizar los dedos por tus caderas, juntar nuestras cinturas vestidas, sentir tus manos hábiles que ya, libres de vergüenzas anteriores, recorren todos los rincones de este cuerpo que cuido para ti, templo del amor donde quererte, (¿nos quitamos la ropa?, en susurros) y ya botones y corchetes que suelto torpemente, ávido de tus sudores, sin poder resistir el cúmulo de reacciones físicas y químicas que bullen en mi interior manifestándose en temblores, calor, sudoración variada, una espectacular erección, manos de pulpo que te humedecen bajo las aguas submarinas de nuestro abrazo atlántico, nudo de muslos, de corazones, mi voz trémula desarenándose en la playa de tus oídos, creciendo en intensidad de olas, rayando la tormenta de no poder resistir lo que te digo, palabras tan íntimas que brillan y duelen, palabras desde tan adentro que se desvanecen con la luz, palabras tan puras que ya no se puede hacer otra cosa que guardarlas en cofres nacarados para gustarlas en la oscuridad de luego, cuando el vendaval de cuerpos cese, cuando nuestras bocas, ya en la superficie, puedan respirar, demasiado ocupadas con los besos, porque beso tu sexo con reverencia sagrada, y deslizo mi lengua sobre él, gustándolo, queriendo llegar al centro de ti, al estremecimiento de encontrarnos en un acto primero donde tú y yo, desnudos, inventamos el mundo, descubrimos el principio de los tiempos, nuestros ojos cerrados ven los intensos colores del mar detrás de la ventana, el verde bajo nuestros jadeos, el amarillo mimetizándonos en el desierto que sabemos vendrá después, cuando entre en ese coche que me devolverá, hoy a B, mañana quién sabe dónde, viajero constante de inquietudes, del afán por saber, por aprender lo que sabes y aquí me quedo, náufrago bajo las pirámides, con el reloj atado a un tobillo, con un regusto de musgo en la garganta que aún tiene un sabor a ti y los pájaros de la noche regresan a sus nidos y los grandes saurios gritan en sus guaridas y tu miras por la ventanilla de tu coche viendo mi rostro en esos prados del atardecer, en esa charla que tan bien has preparado, en esa fecha del calendario con un círculo rojo con mi nombre dentro. ¿Resistiré?, ¿volveremos a vernos?


miércoles, 18 de junio de 2008

Mercadillo

Alma se tiene a veces.
Nadie la posee sin pausa
y para siempre.
Día a día,

Año tras año
Pueden transcurrir sin ella.
A veces sólo en el arrobo
y los miedos de la infancia
anida por más tiempo.
A veces nada más en el asombro
de haber envejecido.

Wislawa Szymborska


Escribo obcecado, rodeado de luciérnagas, arrebatado por tu llamada de un lunes, por cómo me lo dijiste, venturosa voz, salvación y condena, no puedo vivir sin ti, lo digo, lo grito, lo canto. Estamos dentro de una película de dibujos animados, nuestros perfiles se funden, se confunden, contornos borrosos, metamorfosis, la pasión está representada por miles de puntos alborotados, envolviéndonos, agitándose y chocando contra las paredes de la banda dibujada, la música es tenue, los colores fuertes, la pasión abrasa el celuloide y una estrella quemada se proyecta, se abre en mitad de la pantalla. Ella me obliga a sentarme. Desde la espalda susurra en mi oído “déjame hacer”. Me cubre los ojos con un pañuelo de seda que suavemente anuda en mi nuca. “No hables”. La habitación se ha llenado de un silencio exaltado. Un leve roce, trato de adivinar qué lo ha producido, una cremallera, un botón. Escuchar cómo te desnudas, tus dedos deslizándose por la blusa, oír caer sobre la alfombra la levedad de tus bragas de seda, tu sujetador mínimo ¿negro? excitante, excitante tú, mujer que amo, que deseo, que me transporta a un mundo tan bello que vivo deslumbrado, levitando, puedo escuchar tu piel, ahora tus gemidos, “no puedes ver que estoy haciéndome”, sonidos turbadores, mis manos tanteando desde mi ceguera hasta la tentación de tocar tu cuerpo, sentir tus pasos huyendo, seguirlos tropezando con las paredes, reencontrarte en una sala inmensa, reclinada en un trono, desnuda ya, mirándome, con los brazos cruzados sobre tus pechos de crisantemo, las piernas cruzadas ocultando tu sexo de mariposa...(etcétera)





En el lenguaje corriente, el término inconsciente se utiliza como sustantivo para designar el conjunto de los procesos mentales que no necesitan depender de una prioridad, pues o bien no son relevantes para la tarea que se está desarrollando o porque ya tienen un camino establecido que atiende a esos eventos de forma automática, por lo que no son pensados conscientemente. También se lo puede emplear como adjetivo, con una connotación peyorativa, para hablar de un individuo irresponsable o loco, incapaz de dar razón de sus hechos y gestos.

Empleado por primera vez como término técnico en lengua inglesa en 1751 (con la significación de no consciente) por el jurista escocés Henry Home Kames (1696-1782), el término inconsciente se popularizó más tarde en Alemania, en la época romántica, designando un depósito de imágenes mentales, una fuente de pasiones cuyo contenido escapaba a la conciencia.

En el psicoanálisis, el inconsciente, es un lugar desconocido para la conciencia, "la otra escena"


(Wikipedia).



martes, 17 de junio de 2008

La última metonimia (antes de la poesía).


Vienen
otras y las mismas
con cada una es diferente y lo mismo
con cada una la ausencia de amor es diferente
con cada una la ausencia de amor es la misma

(Samuel Beckett)

Me interno en el bosque a consolarme llorando y pasa la tarde meciéndose como las flores de los cerezos hasta que un céfiro inoportuno las desprende de las ramas, aventándolas a ese cielo brumoso donde duermen los dioses del azar que nos protegen con sus manos abiertas. Hace un tiempo uno de ellos me rozó con su dedo convirtiéndome en este que soy. Vivo desde entonces con una aureola de noctilucas, pero ahora ¿desde dónde te busco? en la vocación de amarte o en su reflejo de lo posible, en el magnífico impulso que me lleva a estas dispersas palabras que apenas dicen, que se escapan por los resquicios del miedo a tu terrible ausencia, de mi atónita mirada que se pierde en la umbría de no verte, desparramándose por tu mundo interior, tan diferente, tan lleno de razones y certezas, de fórmulas bien aprendidas, esto es así, esto es por aquello, acuchillado por tu mirada, por tus brazos rodeando aquella pena mía incontenible, mujer, tan mujer que en ti quiero perderme y encontrarnos fuera de la selva de fieras y colmillos, de puertas cerradas y susurros, quiero gritar que te amo a la mañana, despertar a los perezosos habitantes de la siesta, incomodar a los que no duermen en las largas noches de persianas cerradas. Cuándo será la próxima vez que nos veamos rodeados de sol y manos frías, de transparentes labios de rocío, de pleamares, de jardines cautivos, de hojas amarillas.



Cumpleaños

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.


Ángel González




lunes, 16 de junio de 2008

Disturbio en el rescoldo de la fe.






Sobre mi vida cae

enorme sueño negro.
Dormid, esperanzas,
dormid, dormid, deseos.

(Verlaine)








Humeaban las casas de la ribera, los ejércitos crédulos se perdían carretera adelante, cansados, hastiados de muerte, saqueados ya el granero y la tez de las niñas perdidas en los balcones colgados sobre los lentos días de hambre y plegarias.
Y es que ya no recuerdo que pasó en el 49, excepto que siempre hacía viento y que no había un lugar donde sentarse. No habíamos nacido, la ciudad era tan gris, serenos ebrios se apostaban en las esquinas y las calles estaban surcadas por ráfagas de estrellas.

Fotografías en blanco y negro de los puentes rotos sobre el rumor del agua. El amor nacía en el borde de una falda, en la curva de unos hombros, en mis dedos torpes que hurgaban ciegos. Pellizcábamos los himnos, detrás de las grúas nos desafiaba la otra orilla.

Antes de la partida, con el viento sur, el humo rojo de las chimeneas de la Fábrica alborotaba el patio. Los armarios y el teléfono estaban mudos, llovían paraguas sobre las alfombras de flores y voces. Con la prisa olvidé la brújula sobre el mantel de cuadros.

Cruzamos, Ella en mitad de la barca y mi timidez a su lado, silenciosa la mirada, perdida en el agua turbia de la ría cloaca. Aún no dolía la palabra y el tiempo insomne se estiraba sin horizonte, sin nubes, ilimitado, el futuro era un presente circular, continuo.

Meryl, sentada al lado de un marido monótono, rodea con mano temblorosa el tirador de la puerta del coche. Delante, en otro coche bajo la lluvia, Clint espera que el semáforo cambie a verde, pero no solo eso. Unas noches antes le había dicho: esa clase de certeza se presenta una vez en la vida. Meryl no abre la puerta y Clint se pierde para siempre bajo el aguacero.

No divago, no junto palabras sin más, quiero tocar el alma de los dátiles con los dedos manchados de belleza y vida, de luz prendida entre las uñas que rozan la espalda de todas las ausencias ahora que aún no ha amanecido y el trabajo es esta urdimbre de rutina y desencanto, este áspero olor del día a día entre espejos crédulos y mármol sujetando el mar de las soleadas tardes del Verano.

¿Y si solo fuera sexo?, ¿estamos solos?, ¿seguro que Postdamer Plartz existe?, ¿me quieres?, aquella noche nos vestimos con plumas de guacamayo, fuimos amantes e inventamos el paraíso terrenal y los cometas, Miguel Ángel nos pinto en su diluvio, ardimos en la pira funeraria de un nosotros inmolado, luchamos como fieras y perdimos, gladiadores con muñones, vencidos caminantes de nuestra propia historia.

Lo cuento hoy sentado en la roca del rito de añorar el descalabro, los pájaros volando entre tejados, el delicado refugio de su vientre, la poesía que busco en lo que digo desde el borde de la sangre que amenaza con anegar mis venas de cordura. Los perros del alba hacen guardia en los altares. Verdugo, me corto el cuello y continuo, empapado en la energía que derroché, mojado de nostalgia. Solo los ausentes comprenden la ausencia.

La belleza del verso aúlla junto al animal de la melancolía que cayó al pozo de cenizas y de víctimas. En las afueras de mi mismo soy un desconocido que anhela abrazar a quién soy.

Desolada orilla, ¿por qué crucé?, este es el humillado país de escarcha y miedo que presentí en mis peores sueños. Y no hay regreso.

La sustancia del número.

Para Friederich Ludwig Frege (1848-1925), el fundador de la lógica matemática y de la teoría del significado modernas, la matemática es un tipo de metafísica, la ciencia más general de la realidad que incesantemente busca "las leyes de las leyes naturales". En este mismo sentido podemos afirmar hoy en día que en efecto las matemáticas forman una especie de andamiaje metafísico del edificio científico. Por su parte, Rudolf Carnap (1891-1970), el destacado filósofo del Círculo de Viena y del positivismo lógico, consideraba las matemáticas como un tipo de lenguaje que busca las consecuencias analíticas de ciertas convenciones lingüísticas. Ciertamente, la matemática es un tipo de lenguaje, el más abstracto de ellos, con el que se expresan cierto tipo de relaciones mediante signos convencionales. Sin embargo se antoja que es algo más que un lenguaje, o bien, que si aceptamos que es un lenguaje, no se nos aclara con ello más que su léxico. Poco podemos decir de cuál es el significado de los signos y las operaciones. Para otro de los matemáticos más formidables del siglo, Kurt Godel (1906-1978), el mismo que demostrara con el famoso teorema de la incompletud la imposibilidad de probar o falsificar las proposiciones matemáticas a partir de sus axiomas fundamentales, la matemática es un tipo de psicología introspectiva que informa de ciertas construcciones del pensamiento o la imaginación, o mejor aún, un tipo de geografía interior que busca precisar ciertos mapas del paisaje mental. Por más que nos pueda sorprender esta declaración, no podemos dejar de reconocer que las leyes matemáticas emanan de operaciones cognitivas necesariamente restringidas o moduladas por el aparato mental. Este mismo tipo de pensamiento late en el fondo de la filosofía racionalista que supone que el Conocimiento surge de la propia mente más que de los objetos del mundo. No en vano varios de los mayores filósofos racionalistas como Descartes o Leibniz fueron matemáticos.



domingo, 15 de junio de 2008

Niniane

Ved, César. adonde llegal
a maldad de mi enemigo:

habla bien de mí.

(Marco Bruto Crispo 48 -º7 a. C)


Gateo en la memoria y no me encuentro.

Escarbo en lo que dije y ya no sirve.

Recostado en la S sigo insomne.

Busco una Niniane que describa nueve círculos de pasos a mi alrededor, que susurre nueve veces las palabras mágicas.

Decididamente hoy no estoy para escribir.

La poesía entiende muy bien por qué en el recinto cerrado de la palabra nudo, anillo perfecto, se concentra el poder mágico.

Recordemos el final del Mago Merlín. Cuando en el bosque de Broceliande, Merlín conoce a la bella Niniane, se enamora locamente de ella. Niniane hace prometer al mago que éste le enseñará la totalidad de su arte. Enséñame, le pide, a mantener encadenado a mí a un hombre, sin necesidad de grilletes, ni de levantar muros a su alrededor; enséñame a atarlo a mí con palabras mágicas. A sabiendas de que él mismo puede convertirse en víctima del encantamiento, Merlín sucumbe al deseo de Niniane y le entrega todo su saber. Podría decirse que le enseña a hacer un nudo, un nudo de amor del que es imposible escapar. Un día, Niniane describe nueve círculos de pasos alrededor de Merlín y nueve veces susurra las palabras mágicas, quedando Merlín en su interior, eternamente prisionero.

El poeta que indaga con palabras en el poder de la palabra, está clavado ante la puerta de su cueva interior y busca su llave sonora. Atento a su respiración, cree poseer la mitad de la palabra y espera la llegada de la otra mitad.

Consumada la palabra, aparece el mago, álter ego del poeta, y la sella.

El nudo queda formado.

Menchu Gutiérrez


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