miércoles, 8 de enero de 2025

RASTA PASTA (ft. Masego)

Alice Munro

 


El oficio de escritor.  

Creo que probablemente la parte más difícil sea en donde tienes que ir revisando la historia y te das cuenta de que es mala. La primera parte, la excitación, la segunda, muy bien, pero entonces te levantas un día y piensas “qué tontería” y es cuando realmente tienes que ponerte a trabajar en ella. Y para mí, siempre sentí que eso era lo correcto, era mi culpa que la historia fuera mala, no era culpa de la historia.

[Se cambia] trabajando mucho. Trato de buscar una mejor manera de explicarlo. Tienes a los personajes a los que no les has dado una oportunidad, y tienes que pensar en ellos o hacer algo diferente con ellos. En mis primeros tiempos, tenía a una prosa floreada, y gradualmente aprendí a quitarlo del camino. Así que tienes que pensar en ella, y encontrar más y más de qué trata la historia, lo que tu creías entender al principio, pero que en realidad, tenías mucho que aprender de ella.

Cuando era joven tiraba todas [las historias]. No tengo idea, pero no he hecho eso en años recientes. Generalmente sabía que era lo que tenía que hacer para darles vida. Pero puede haber todavía lo que yo creo que es un error y simplemente tienes que olvidarte de ello.

Alice Munro


martes, 7 de enero de 2025

Buscando la cruz



Por el monte, desorientados dentro de un bosque de eucaliptos, pinos, árgoma y silencio. Los diez. Tratamos de encontrar la cruz. Debe ser por ahí. No, por ahí. En un cruce, como de la nada, aparece un caminante sabio, sigan unos pasos, tuerzan a  la derecha y ahí está, después tomen el camino señalado con dos rayas, una amarilla, la otra blanca, sigan hasta  donde unos hombres cortan acacias, ahí pregunten.

Aita, grita el niño sentado en un tractor. Cortando acacias, furtivos, una familia, como en una película de la América profunda, siguen a lo suyo, no nos miran pero sí nos ven, desconfían, el mastín gruñe, no dejan de utilizar las motosierras, al pasar cae un árbol a nuestro lado, ni se inmutan, siguen a lo suyo.  Lo suyo. Preguntamos, sin sonrisas la mujer hace gestos, entendemos. La encina, la ermita, todavía una hora y la carretera. Ugh. La jungla a poca distancia de la civilización. O así. 

Después la comida pero esa es ya otra historia.  
Tengo que invitar a Parker a estas excursiones. 



lunes, 6 de enero de 2025

Optimismo.

 


Hay que ser un ingenuo, un optimista incorregible o un inconsciente para compartir aquí lo que uno/a escribe. No hay nada que hacer, todos escribimos. Es como lo de la fotografía, todos somos fotógrafos. Es como lo de los gustos, todos tenemos el nuestro. Se acabó la discusión.

Es curioso, también todos tenemos ombligo, más o menos grande, algunos tienen verdaderas obras de arte de parteras célebres, nudo que nos desligó de dónde venimos pero que no da pistas de hacia dónde vamos. O sí.

Mientras tanto escribimos, lo compartimos, hacemos fotos, las compartimos y tenemos buen gusto. O no. Aúpa.  Los Reyes Magos. Y los otros.

domingo, 5 de enero de 2025

Shabtis.

 




En mi anterior encarnación fui un poeta egipcio, inescrutable en mis versos, ambicioso en mi obra, perseguido por las autoridades, implicado en lo cotidiano mientras observaba las largas filas de trabajadores desplazando piedras, preparando argamasa, comiendo en el camino, elevando monumentos funerarios para aquellos que todo lo tenían excepto el más allá.

En la loma, bajo toldos, el Faraón.

Entusiasmado en mi oficio quise cumplir con la misión del poeta, dar fe. Así reuní cantos de obreros, el viento levantando arenas, gritos de capataces, lamentos de los caídos, la voz de las aguadoras, restallar de látigos, el martillo en la roca, vibración de las cuerdas tensas, gallardetes ondulando en la mañana, trajinar de sirvientes, rasguear de las plumillas de los ingenieros inclinados sobre planos, el chasquear de los dedos del que todo lo puede, Rey de Reyes. Todo lo recogí en poemas que causaron mi ruina. Estos.

Ahora soy un shabtis en las tinieblas púrpuras del Más Allá, mi larga barba trenzada, una azada en las manos, una bolsa pequeña para el grano sobre un hombro, danzo sobre este abismo de fértiles cosechas, caído en el infinito funerario, un trabajador agrícola entre otros, pasión de muerte en este infierno, perdido el mito de la poesía, añoranza del canto, esclavitud aún más lejos de la vida, tragedia sin personajes, ni escenario, último lazo antes de la nada, espera de una nueva reencarnación, el conjuro grabado en la frente: Que sea iluminado mi Osiris.

Quizás alguien me descubra.



Los SHABTIS son pequeñas figurillas funerarias de sirvientes a modo de momias, también conocidos como Ushebtis o Schwabtti, que es el nombre del árbol con cuya madera solían tallarse. Aunque mayoritariamente estaban hechas de madera, también podían ser de barro. Representaban todas las actividades habituales de la vida cotidiana; o sea, todo tipo de oficios (desde panaderos y carniceros hasta ejércitos enteros y embarcaciones con toda su tripulación).

Su misión era sustituir al difunto en caso de que el cuerpo fuera destrozado y en las tareas desagradables del Otro Mundo. Se trataba en cierta manera de dobles, de sirvientes mágicos personales del fallecido. En ocasiones incluso guardaban cierto parecido físico con el difunto.

A principios del Imperio Medio se extendió la costumbre de incluir estas mágicas estatuillas entre el equipamiento funerario. Solían colocarse en diferentes lugares de la tumba; bien dentro del ataúd, a su lado, en el mismo suelo de la tumba o incluso en un pequeño sarcófago especialmente hecho para ellos (en ocasiones se han encontrado más de un centenar de ellas en un mismo sarcófago).

Los Shabtis cobraban vida gracias a los jeroglíficos que las envolvían, textos religiosos y fórmulas mágicas (la más común de todas es la que aparece en el pasaje número VI del conocido Libro de los Muertos) que propiciaban al difunto el uso de estos siervos en el Más Allá siempre que el fallecido precisase de su ayuda, ya fuera para servirlo o proporcionarle todo aquello que necesitara en el Otro Mundo.

También solían llevar el nombre del difunto, pero tampoco es extraño encontrar -aunque son casos menores-, ushebtis totalmente anónimos sobre los que no se dejó ninguna inscripción alusiva a la identidad del fallecido.

El Museo del Louvre cuenta con una de las mejores colecciones de Ushebtis; reúne unas 4.200 piezas, aunque solamente se han expuesto unas 800.

sábado, 4 de enero de 2025

Dicen que no es bueno dar vueltas a la noria.

 


La primavera llegará con palabras que aún no conozco, con madrugadas frías y anocheceres de limones.

Busco qué diré de lo que aún no he dicho.

Sigue mi estado de + (traducción: más)

Estoy rompiendo rutinas, una a una, rutinariamente.

Pienso en barcos dando vueltas de aquí para allá, parando en puertos sin aduanas, en ciudades envueltas en niebla donde embarcan y desembarcan ciudadanos vestidos de blanco, hay un hombre en la proa mirando al infinito, en un camarote de la segunda cubierta dos mujeres hablan de su niñez.

Es extraño saber y no saber, son extraños los días, como si fueran la antesala de algo, alguien escondido detrás de una cortina, oigo voces.

No es bueno dar vueltas a la noria.

viernes, 3 de enero de 2025

Capítulo cien.

 Enzo Pellai bookplate. Artist: Valerio Mezzetti.



Capítulo cien. En el que en esta noria se cuenta cómo escribir es no vivir, es decir nada, es decir qué me va usted a contar, que van y vienen los días y aquí no llama nadie (atentos, nada, nadie). Se secan los pozos, se alborotan los vencejos y nos juntamos las viejas glorias para recordar lo que no pasó, aquello que de tanto contarlo lo hemos modificado y al final resulta que ni siquiera somos amigos y paga tú y luego arreglamos. Si te pones así discutiría incluso lo de glorias/gloria, que cuando el tiempo pasa y la soledad está sentada en el sillón del salón comedor donde nadie come terminas hablando con ella, es decir solo, es decir que te contestan las cortinas que, por cierto, necesitan un agua, la verdad. La realidad es la que no veo/vemos, que eso es escribir, no ver la realidad, joder, mírate al espejo, eso/ese (o sea tú) es la realidad, no hay más y ya puedes ponerte como un basilisco (frase antigua) o dar vueltas como un zarandillo (frase aún más antigua) que lo que é, é y por más que intentes recordar es en vano, aquello no fue, tú no fuiste y solo tienes este ahora entre el bostezo y el miedo. Ya, que te está dando bajona, hala, por leerme, a quién se le ocurre (es una pregunta sin signos). Capítulo ciento uno. Mañana. O no.    

jueves, 2 de enero de 2025

Una tradición

 


Empezando el año venciendo al frío 

Un ritual

Escalerilla al ático

Fabio Cipolla 


Dice Derrida que no hay nada aparte del texto. Eres lo que escribes, eres el que te escribe y sin desorientación, sin desconcierto atravieso de vuelta el río Lethes, Décimo Junio Bruto me llama por mi nombre, me reconoce, sé que no he perdido la memoria, ya estamos todos, viva la madre superiora, empezaremos un severo régimen alimentario (dos o tres días), empezaremos un curso de inglés (una semana), empezaremos a caminar por las tardes (hasta que llueva mucho),  empezaremos a mirarnos al espejo sin reconocernos (¿Dónde está el que reía en las cortas tardes de diciembre? ¿Dónde aquel que fue feliz?), nos llenaremos de metáforas sin saber que son figuras del lenguaje basadas en lo similar, nos vaciaremos en metonimias sabiendo que se basan en la contigüidad (más o menos en la metáfora se sustituye una cosa por algo semejante a ella, en tanto que en la metonimia se sustituye la cosa por algún atributo, causa o efecto de la misma, salvo que algún león sordo diga lo contrario), descubriré músicos como Steven Wilson, (re) descubriré la estética de Fritz Lang, yo qué sé cuántas maravillas descubriré, aunque, sobre todo, lucharé por encontrar el camino de la felicidad dentro de un orden (con o sin concierto). Lo dicho, estamos en el camino (de momento subiendo la escalera de los días). Un año más.

miércoles, 1 de enero de 2025

Tu yo

 

Bert Hardy. Running together. Waterloo train station, London. 1955


Ese momento, amor, cuando sales de ti misma, cuando eres la que eres, la que ríe, feliz, la que cambia hasta la voz, se transfigura, ese momento puntual en el que el mundo se detiene y no hay nada alrededor, el instante mágico, cuando veo a la mujer original, al ser humano sin ataduras, sin recuerdos, sin otra cosa que no sea vibrar en el regreso al principio de todo. Cuando descubro tu yo íntimo, ese momento…

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