lunes, 9 de enero de 2023

Fin y comienzo retrasado

Chad and Julie, Barbara and Me, Jeff and ¿?



 

Empezábamos a pensar que no pasaría nunca lo de la Navidad.

También que el año no iba a terminar nunca.

Pensábamos que toda esa movida era eterna.

No lo era y por ahí andan muchos entre confundidos y aliviados, celebrándolo, 

no vaya a ser que. 

¿Qué?

Si en este 2023 se rompe el mundo que nos encuentre cantando,

con mala voz, pero enérgica.

 Ahí vamos.

domingo, 8 de enero de 2023

Celos



Un principio de celos. Encuentro una fotografía sobre la mesa. Una mujer, bella, a su lado un hombre serio, barbado, alto, que la protege o preserva con su brazo, que la defiende o la aísla en ese posesivo acto, en esa distinción, una advertencia. Ella también está seria y mira a la cámara con ojos de espuma, al borde de la lágrima, incapaz de rebeldías ni distancias, ajena. Pero está ahí y eso deja el mañana abierto.

Quién lo iba a decir.

Sin embargo el tiempo difumina los colores, los instantes detenidos, ella saliendo de su ayer y entrando en mi hoy, sentada a mi lado en el autobús, cada día, azar o designio, suerte o desgracia, conversaciones en la mañana desganada, en el regreso de cincuenta kilómetros, tiempo suficiente para las confidencias y los anhelos, los sueños guardados en una caja de madera junto a cartas en papeles amarillos, un anillo, una tarjeta con una dirección que ya no existe, con un nombre que sí.

Ni en su casa ni en la mía, escogimos la habitación de un hotel discreto, cuando nevó, cuando se cortó la carretera, pretexto y garantía, discreta disculpa, subterfugio, aval y defensa, barrera a la suspicacia. Ese fue el principio.

Estaba escrito.

Su acento italiano, sus modales suaves, su cuerpo encogido, sin hábito de besos, de caricias, con un feo color morado en el muslo. No hablamos de ello, no tuvimos tiempo, nos precipitamos en un río de esperanza, de manos y piernas, de labios, de suspiros, de un sueño fabricado después de los días de trabajo monótono. Y pensar que no me gustaba, que me pareció un fastidio su primer buenos días, la interrupción de mi lectura, mis pensamientos ensimismados. Fueron once meses.

Otra fotografía, tomada con el móvil, el último encuentro. Volvió a Rímini. El trabajo, otro traslado, inesperado. Los dos reímos, sin ganas, quizás el sueño estaba agotado y era lo mejor. De sexo pasó al amor, del amor a la costumbre, de esta volvió al sexo y de ahí al bostezo. Se nos acabaron las disculpas, la rutina cegó las ansias del principio. Fue lo mejor, que se fuera, con su hombre barbado y su necesidad de ternura, con sus silencios prolongados y su mirada a un horizonte en el que yo apenas era una sombra bajo un árbol.

Ahora viajo solo, nadie se sienta a mi lado. 

sábado, 7 de enero de 2023

Jardinero

 


Dama de la almena en la rutina de tu soledad, ya no sé, no sé si has pasado al otro lado de la línea, si estás en esa tierra de nadie del silencio, si vives un tiempo descorazonado en el que esquivas los dardos del sentimiento, si para no ser herida estás debajo de una manta escuchando música soft. Eludes la refriega, so cobarde. No sé si preparas tu salida del territorio de los sueños o si simplemente no has tenido tiempo ni ganas de hacer otra cosa que hacer lo que has hecho. Ah, recoge la ropa y las violetas, lloverá, pero hoy viene el jardinero.

viernes, 6 de enero de 2023

Lezama Lima

 


Hay que leer a los poetas, José Lezama Lima lo decía, no esperaba a nadie y sin embargo insistía que alguien por fin iba a llegar. Si llegó o no es algo que no importa, importa la poesía, el poema, ahí, contagiando, sin antifaz ni disimulo, desnudo, como un amante tembloroso de deseo que no teme la desaprobación de aquella a quién ama, que presenta su pecho hundido, la mandíbula impaciente, el gesto insomne del que solo puede velar la alegría, circunvalar los límites del destino, preservar el secreto de su sonrisa. Ese mismo poeta también escribía: “Cómo aislar los fragmentos de la noche/ para apretar algo con las manos,/ como la liebre penetra en su oscuridad/ separando dos estrellas/ apoyadas en el brillo de la yerba húmeda”. Así que ya no sabe uno con qué quedarse.

jueves, 5 de enero de 2023

Inaugurando el Año.

 


Voy a barrer

 


A veces un hombre o una mujer quieren salir de su celda dejando a otro en su lugar, le engatusan con besos y confidencias, con verdades que no se cuentan porque parecen mentiras. A eso le llaman sinceridad. Te empujan y plam ya estas dentro. Help pero ya es tarde, te has enamorado. Error.

A veces una mujer o un hombre desnudan su cuerpo, su corazón y su alma, por este orden, enseñan sus tatuajes, la cicatriz de una operación, el estigma, lo que no se ve por fuera ni en la oscuridad. A eso le llaman osadía. Sale caro el amor tardío. Hugg (es una onomatopeya…ya lo explicaré otro día), ha caducado la garantía. 

Hay sábados lluviosos en los que quiero que se rompa el cielo y ver entre las grietas un atisbo de algo diferente, no sé, un color que no conozcas, un animal mitológico, un ángel rubio con un tridente entre los brazos, una morsa. No quiero nada más pero todo va como iba y el último bostezo me ha desencajado las mandíbulas.

Hay domingos que parece que no van a terminar nunca, con un gato dormido entre las cenizas, brilla la ciudad al amanecer de sonámbulos y borrachos, las fuentes están llenas de gorriones sedientos, miro por la ventana a la vecina de enfrente y puedo distinguir una lágrima como una revelación, algo va mal ahí dentro y ya nada es como era. Zasss, es el tiempo que huye.

El caso es que no sé cómo dar fin a esto con una cierta dignidad, hace calor en enero y se me están desentumeciendo los dedos. Hay que cerrar, salgan que voy a barrer. Ya.

miércoles, 4 de enero de 2023

Two women in the monsoon rain Madras, India, 1975 Photo Frank Horvat

 


Cuando hablo o escribo a alguien y  aderezo mi discurso con una pretendida ironía a veces (otras no) me doy cuenta que no, que me he expresado muy mal o que no ha entendido nada y me dan ganas de decirme, “tú, tonto del culo, que no te enteras, debes decirlo más claro”. A veces me dan ganas de decírselo a los otros pero soy tan educado que no, me muerdo la lengua hasta hacerme llagas y así vamos. Somos muchos y en ocasiones vamos ensimismados, yo mismo he estado enmimismado varios lustros, me da que sigo por eso de donde no hay no se puede sacar y manzanas traigo y la gallina, que sí, este calor no es normal para la época que vamos, enero, aquí. Vamos. Todo era mejor antes que decías “buenos días” y te contestaban y no como ahora que dices “buenos días” y te miran como si te hubieses cagado en su madre. Hay gente que ya no saluda en el monte, en el ascensor, en el descensor, en la consulta del otorrino, en el híper, todos van a la que van, a veces no saben dónde van, mucho menos de dónde vienen pero a quién le importa quién es uno mismo, están vivos y tienen cuerda para pasar el día, qué jodidos. Todo esto es producto del calor anormal (sin comas) que altera los cuerpos y las almas, ¿ves? antes teníamos alma, hay que ver, en poco tiempo nos hemos desalmado, qué tragedia para los conductores del autobús al infierno, de los del púlpito, los domingos que me he pasado maldiciendo al cura aquel que se dormía en el sermón y luego no llegaba a la matinal del Olimpia. Ya no está (el Olimpia, el cura tampoco) ni el Actualidades, ni el Capitol, ni el Trueba, tantos cines, no sé dónde vamos a ir a parar ¿te lo digo? sí, exacto, ahí pero de momento es un tiempo navideño y vamos a aprovechar el tirón. ¡Eh!, alto, que no, esto no es una felicitación tardía, no, esto es un desahogo. A veces me da este pronto, no os comáis las margaritas, o sí, a vuestra bola. Póngame a los pies de su señora (en el caso del que la tenga). Me pongo a sus pies (en el caso de las señoras). En ambos casos procuren no pisarme que estoy muy sensible y lo mismo me revuelvo y acaba esto en tragedia. No, si va a ser el calor. O algo. Yo qué sé. Se empieza así y se acabó el año. Que le den (al año, al pasado)(con eñe).


martes, 3 de enero de 2023

Los riñones.

Philip Jones Griffiths. A young couple seek a tender moment in a doorway, London. 1960s


 

Los riñones, me dolían los riñones.

Esto, que puede parecer normal, para mí no lo era, ya que nunca me dolía nada.

Creo que fue un aviso, una premonición, aquella noche tenía que haberme quedado en la cama. En la mía. Pero no, impulsado por lo de siempre salí a las calles para ver cómo el mundo se rompía sin remedio. 

Y sí, el mundo se caía, a trozos. Llovían cornisas de los rascacielos, de las casas de huéspedes no deseados. Caminando bajo los alfeizares sorteé a hombres con cabeza de perro o de hiena. Ladraban, sí, pero era de puro miedo, de ansiedad por tener que dormir solos bajo los puentes. Algunos orinaban por las esquinas, muchos rebuscaban en los contenedores de basura, unos mordían las farolas. En la Gran Avenida encontré a una María del Carmen Victoria con apariencia de gallina. Dentro de un inmenso abrigo de visón sobresalía su cabeza bajo una aparatosa permanente azul. En otro siglo esta mujer fue bella. Ahora se generaliza la tendencia de ocultar las evidencias, asesinar la belleza, disfrazar el efímero paso de la juventud. Al de un rato los hombres perros/hienas se convirtieron en lobos rabiosos, las gallinas eran el último mohicano, las calles se llenaron de ríos que arrastraban la basura del día, un demonio de cuernos afilados controlaba el tráfico en el bulevar. Siempre vuelve el caos.  Precisamente por eso salí a las calles sorteando los pedazos de alma que se estrellan  alrededor como cebollas podridas, como grandes frutos tropicales, rojos, maduros, malolientes, desprendiéndose del árbol del bien y del mal. Esquivé a los hombres hipopótamo y a las mujeres pantera, sin permanente. Me evité a mí mismo y a mi jaula. 

Creo que son los riñones, que me duelen.

Esto, que puede parecer normal, para mí no lo es, ya que nunca me duele nada. Creo que es una constatación, para quedarme en mi cama, solo, como siempre -la soledad como concepto-, ignorando qué ocurre más allá de mi aquí. 

Y aquí se cae el mundo. 

Voy a recoger los pedazos.

lunes, 2 de enero de 2023

En Lisboa.

 


Esta fotografía es de mi hija Andrea. La tomó cuando vivía en Lisboa (las artistas viven donde quieren), en una visita del  Papa (no recuerdo qué Papa, ha habido tantos) después que  abandonase el estrado donde, delante, alrededor,  detrás,  miles de fieles enfervorizados rezaban, clamaban su nombre, pedían milagros. No los hubo y por eso esa señora vagaba entre las sillas plegadas que sostuvieron los culos de fervientes creyentes, buscaba su salvación.

En esa fotografía de Andrea, la señora camina con una bolsa en la que quizás lleve sus pecados. Tanto tiempo nos han atemorizado con los pecados, todo era pecado, de pensamiento, palabra y obra, por eso en mi vida he pecado tanto, no he parado de pecar, me gustan más los de obra, los que atentan contra el sexto mandamiento (no fornicarás, ya, como si fuera tan fácil), a veces contra el noveno (no desearás la mujer de tu prójimo; es curioso, como si las mujeres no deseasen a los hombres de las prójimas, como si fuera fácil), tampoco he desdeñado otros pecados (sin especificar, al menos ahora, no hablaré si no es en presencia de mi abogado).

Tres envido, esto de mis pecados es un farol, una salida de tono para simular que no soy un cuitado (que es lo que realmente soy), un hombre buscando en lo que escribo lo que no encuentro en lo que digo. Por eso sigo aquí, (casi) cada día, hablando a veces con piedras en la boca, frente al acantilado de los visitantes anónimos, abierto a mis propias contradicciones y errores, sin miedo, sin red, quizás un día me lance al vacío, con los brazos abiertos. Hoy tocaba esta fotografía, de Andrea, una artista que vivía en Lisboa. Muito obrigado.


domingo, 1 de enero de 2023

Comenzamos

 




En cuanto me he enterado que empieza otro año (¿otro?, para qué queremos tantos) he puesto en marcha la máquina esa/esta con la que fabrico el post nuestro de cada día y lo de las stories, músicas, fotos, dibujos, colores, experiencias, lecturas y es que cuando uno coge una rutina es que si no viene aquí/ahí, parece que le falta algo (seguro que le falta algo, pero esa ya es otra historia). Todo esto sirve además para agradecer a mis amistades del blog y muro y demás, su amabilidad y paciencia, cariño a veces. Os deseo a todas/os  un año 2023 en el que seáis felices (cada una/o que defina su concepto de ser feliz, no lo voy a hacer yo todo). Un abrazo muy grande y a por ellos que son pocos y cobardes.

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