sábado, 11 de agosto de 2012

Día 11



Pongo las manos sobre la mesa, las palmas hacia abajo, de ellas brotan sonidos repetidos, una aburrida canción de sueños rotos, voces irritantes desde el mostrador donde se acodan los borrachos del pueblo. Tengo una medusa dentro de la cabeza, apenas razono, siento.

Ella no necesita versos ni huecos cantos de pájaros, la voz acaricia cada instante de su disfrute, vivir a su lado es brillar. Generosa, tolera mis juegos de inventar sombras, no se inmuta, me mira desde una torre de optimismo, tolera mis idas y venidas con la distancia de lo más cercano, de lo íntimo. Ajena, sabe, de ese conocimiento fluye lo cotidiano, el aire, el camino que compartimos, la luz.

(Esto no lo había dicho. Construyo aquí un horizonte paralelo del que creo sólo lo increíble. Dibujo el viento y bebo el rocío, camino sobre líneas torcidas y duermo en una esquina de lo irreal. Sueño)


Ella
es el poema.








viernes, 10 de agosto de 2012

Día 10



Regresa al paraíso inverosímil de la habitación más suya, allí donde se escondía de los símbolos opacos y las realidades, de las miradas y las metáforas, de los sueños ahogados que flotaban en la marea perezosa y sucia del no olvido.

Armarios cerrados. Ventanas abiertas. Pasado tenaz. Lluvia de años. Devoción por la belleza. Acuarelas de sueños sensibles. Huellas en el barro. Vitral del tránsito. Lección de rencores.

(Vuelta al ayer. Quizás el hoy es el que miente. O todo esto es un truco, un juego de manos. Es un saltimbanqui de emociones que se esconde tras el embozo de aquello que domina, la nostalgia).


El poema se obstina y rasga la blancura. 





jueves, 9 de agosto de 2012

Alejandra Morales (3)



  • Aquí, frente a vos,
    detrás tuyo,
    a tu costado.
    Buscando un hueco en tu cuello
    donde respirarte
    sin que te incomode.

    Aquí y ahora
    sin pinturas,
    sin vestido,
    sin coraza,
    tan desnuda
    como mi mano,
    tan despojada
    como mi sangre.

    Aquí esperando
    con este sabor a sal,
    con este cuerpo
    como hecho para tus manos.
    Aquí con esta sed de siglos
    -tierra que se estremece
    con tu olor a lluvia.

    Aquí mi amor, aguardando
    que los silenciosos caminos de la sangre
    te conduzcan a mi orilla
    y por el cauce sediento de mis muslos
    se vierta tibio tu río.


Día 9



Pone las manos sobre la mesa, las palmas hacia arriba, de ellas brotan petirrojos en círculos, colibrís y zorzales que silban y gorjean, melodía de pájaros en celo, cantos y vuelos antes del encuentro con ella.

Siempre ella detrás del poema, inspirándolo, llevándolo en la punta de los dedos, esparciéndolo sobre recuerdos que no se marchitan, momentos perennes, cuadros animados en las noches largas de no dormir, carrusel que gira y le marea, obstinación absurda.

(Esto ya lo ha escrito. Algo parecido. Es mentira. Aunque se desgarre la voz. Emborrona los papeles. Abre los dedos y se escapa el agua en versos poco lúcidos).


Pero,
ahí,
el poema.







miércoles, 8 de agosto de 2012

Alejandra Morales (2)



En un rincón de la noche
me escondo,
me deshabito,
me desvisto,
me quito una a una las palabras.

Desprendo a dentellada violenta
esta piel de poemas,
apoyo la espalda
en el muro atroz de tu silencio,
ovillo mis huesos
en el hueco de tu ausencia.

Me desarmo,
me desando,
me desangro,

y no puedo

y no puedo

nunca puedo

desamarrarme de este amor.





Es tan nada,
esa
que nunca estuvo
en vos.
Es tan pequeña
llorando
arrodillada
de espaldas a si misma.

Una foto,
un dibujo,
un espejo
implacable
que le recuerda
que aún se puede morir más.



A nadie.



En agosto puedo seguir con mis historias y aburriros pero me detengo, alto, solo añado que hoy escribo con mordaza, que me ato los pulgares con alambres para no sacarme el corazón y dejarlo ahí, impúdico, chorreando sangre del ventrículo taponado por malezas sentimentales, figura impactante, higroscopio de un monje que señala con su vara el mal tiempo, los granizos, si no se le ve el gorro es que hay niebla, elemental interpretación de lo real, vivac en medio de la avanzada hasta la tragedia, esperar el regreso y no hay ejercito retirándose en polvorosa, ni siquiera un soldado con un anhelo cosido al pecho a quién responsabilizar de todos mis muertos emocionales, de tanta maquinaria de guerra encallada en el limo de la nostalgia, en el fango empecinado y maloliente de recordar lo irrecordable, una pasión inútil –ya, ja- insistencia dolorosa y al final esto es un lamento a la luz de la neomenia, nadie escucha -eo, eo, ¿hay alguien?- el augur señala con su lituo, nadie le corrige. Me subo a la manada de lobos y los conduzco hasta la próxima caricatura, mañana, que me estoy cansando de los cazadores furtivos de palabras y figuras, de ser leído como quién mira un zootropo, de trabajar tanto en esta zanja diaria que un día me acuesto dentro y que me entierre el siguiente -no es una amenaza, es un ruego-, la 55 y su cuerpo de arpa, la japonesa, la hechicera, la gloriosa señora de ayer (una de las tres) o tú que lees.

Tocan en el cristal de mi ventana y no abro.

A nadie.


martes, 7 de agosto de 2012

Lecturas de agosto 2


Después de las densas y muy interesantes memorias de Speer necesitaba un contraste, algo ligero, fácil, intrascendente.

El abuelo que saltó por la ventana y se largó, con ese título, con esa portada, no me acababa de atraer.

Pero lo empecé y ¡sorpresa!. Es muy fácil de leer, divertida, está bien escrita, es ágil, amena, descarada, surrealista, interesante, no se puede dejar.

Lo recomiendo sin reservas para este mes de vacaciones (el que las tenga, claro)


Agosto en Finisterre.


Como cada mañana camino hasta el Faro que determina el fin de la tierra, más allá del horizonte las aguas se precipitan a un vacío interminable. O así.

Agosto en Finisterre es como un buen invierno en Almería, el tímido sol se alterna con la lluvia pertinaz que ayuda a teñir de verde perpetuo los prados y árboles y la cara de envidia de los últimos peregrinos de sí mismos. Lo bueno es que apenas se necesita el abrigo de lana, ni la estufa de butano, ni la crema solar, son imprescindibles, eso sí,  los libros.

La playa está ahí mismo, la puedo ver desde la ventana justo debajo de las nubes negras, negras. El agua esta deliciosa, a la temperatura adecuada, quince grados, conozco a quién se baña sin traje de neopreno, algunos. Las gaviotas van y vienen, vuelan rozando el balcón, graznan, anuncian más lluvia, son aves meteorólogas con un porcentaje de 100% de acierto.

No queda más remedio que dedicarse a la gastronomía, percebes y nécoras, arroz con bogavante, pulpo con cachelos, longeirones y zamburiñas, almejas y centollos, rape a la americana, merluza a la gallega, parrillada de marisco regada con albariño o buen ribeiro, postres variados y el amor, que no falte el amor (una vez reposada la comida).

Y los paisanos, buena gente, amables y acogedores, de dulce acento, de largas charlas -¿viniste?, ¿fuiste?, ¿de dónde vienes?, ¿a dónde vas?- , lectores de Cunqueiro (muchos), de Quignard (menos), sabios y viajeros, de vuelta, impregnando de morriña lo que fue y lo que no, amigos compartiendo un orujo en la taberna del puerto, con alemanes y gentes de buen y mal vivir, extranjeros o no.       

Un momento, qué cosas tiene esto de vivir, hace cuatro días, como quién dice, estaba en el ferry a Staten Island o paseando por el Bronx, hace tres estaba agobiado por el cierre de julio, ayer, hoy, no solo estoy aquí, soy, tengo la posibilidad de ser feliz, a ello me entrego con absoluta dedicación.

Disfrútense.





Ah, una sugerencia, hablen, hablen mucho, cuenten, cuéntense. Además de para dormir utilicen mucho la cama, practiquen la ternura, la pasión, el desenfreno, si es posible con la persona que amen.

(No es imprescindible, la cama, tampoco amar al otro/a, yo qué sé.)

(Ya puestos ni otro/a, pero, para mí, es más aburrido

lunes, 6 de agosto de 2012

Alejandra Morales.



º




Hay abundancia de blogs.
Esa abundancia no implica, en absoluto, calidad en los contenidos.
Aunque una particularidad del medio es que no hay críticos, solo hay “me gusta”
No se puede estar al corriente de tanto Facebook, Pinterest, Tumblr, Blogger, etc.
Pero si uno está atento encuentra joyas.
Como esta.
Alejandra Morales dice de sí misma que es y siente, que a veces ha llegado a sentir que se desaparece y entonces escribe para recordarse.
Y dice así, tan bien, tan hondo.


Disfruten.
COTIDIANO

Lavo las tazas de la merienda
y algún plato postergado del almuerzo
la esponja en la mano
siempre encuentra una mancha que frotar
en los cerámicos...
Bebo con festejo materno
el café quemado y dulce
que me hizo Alejo.
Leo el "mododeuso" de algún menjunje
quita-frizz y lacio extremo y repito
varias veces la palabra stearamidoproyl,
que siempre es bueno saber cual es el componente activo.
Insisto con tozudez taurina en disciplinar
a fuerza de apresto a la empacada arruga
de mi camisa de seda.
Atardece y una mariposa que no sabe
la hora anda aun sumergida en los cálices
de esa ostentosa flor roja que vive
a mitad de mi patio...
Me unto con el barro-capilar a la espera
del milagro... lavoplanchoordenofriego... y recuerdo
tu lengua (esa otra mariposa) libando en mi.







Será que este muñón
ha decidido florecer.

Y no es sino un olor a grito
que eriza la nuca del silencio.

Y no es sino un regusto a beso,
un sabor que electrifica la boca, la lengua...

Vos podes coserme los ojos...
Yo lo mismo estoy despierta








Somos palabra
y ninguna nos cuenta.
Somos silencio
y no hay modo de reconocernos.

Ya no importa 
si madurar y resignarse
son o no una misma cosa.

Escribo para intuir
el modo de mi ausencia.

Alejandra Morales

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Bilbao, Euskadi
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