viernes, 4 de julio de 2008

Cuaderno.

Es una sola hora larga como una vena,
y entre el ácido y la paciencia del tiempo arrugado
transcurrimos,
apartando las sílabas del miedo y la ternura,
interminablemente exterminados.

Pablo Neruda

(frag. de “Las furias y las penas”)

Cuaderno de bitácora para dibujar lo que no

-¿a quién le importa lo que sí?-,

para inventar lo que sí

-¿a quién demonios le importa lo que no?-.

Diciendo aquí
-con intensidad-
lo indecible.

Descubriendo
lo impronunciable
entre el fulgor de voces.


Esta noche tampoco lloverán estrellas, no chocarán falenas contra la ventana, no se escucharán suspiros detrás de la puerta, la cigüeña crotará en el campanario y él, ella, estarán lejos (si están cerca no tiene sentido escribir).

Hoy no ha llovido, ya no llueve, es julio, las cigüeñas vuelan, ella está dormida pero el afán tenaz, inmoble, sigue sentado a este lado del puente. El río baja lánguido.

Arrugando papeles descubro que es igual lo que esté sobre la mesa, corazón o escuerzo. En el aire igualitario de medianoche no hay más voluntad que el azar, la coincidencia en experiencias y un pellizco sentimental esparcido como canela sobre el pan nuestro de cada día.

Amén.

" - Pero qué es lo que hay que hacer?
- Estar en el suelo -dice Anne-. Estar en el suelo, sobre esta arena, en medio de la brisa y con la cabeza vacía; o andar y verlo todo, o hacer cosas, hacer casas de piedra para la gente, darles coches, luz, todo lo que todo el mundo pueda tener, para que ellos puedan no hacer nada también y permanecer en la arena, al sol, y tener la cabeza vacía, y hacer el amor a las mujeres. "


El otoño en Pekín (fragmento)

Boris Vian


jueves, 3 de julio de 2008

Ir y venir.

El pulso de los muertos
retumba insoportable
en los armarios,

ya no sabemos dónde guardar
nuestra comida hecha de relámpagos.

Abrasados en llanto,
el menor de los pájaros
es más fuerte que nosotros.

Julia Otxoa.


...Tanto ir y venir y resulta que estaba todo aquí mismo, en esa esquina, ritual de cafés en el boulevard, memoria de tiempos pretéritos, ella caminando con sus hijas tomadas de la mano, sonrisas en casas luminosas, así estaba entonces, recuerdos de colores, “mira qué guapa era yo”. Me pregunto si tengo derecho a conservar sus fotografías, sobre todo esas que incluyen a su familia, amigas, estancias, perros y gatos, hasta qué punto puedo tenerla así, detenida, corriendo por la playa, otras sonriendo al fotógrafo, “mira qué guapa soy ahora”, caminando en una boda irlandesa, su esposo, sus pies, su hijo pequeño mirando el mar, la hija mayor sonriendo como una mujer que la hace mayor. No sé si debo meter los libros que me regaló, las cartas, sus regalos, los recuerdos en una caja de cartón y dejársela en la puerta, borrar los ficheros, el dolor que se me pone en la nuca cuando la pienso, la ansiedad de esperar aquellas llamadas al móvil –“puedes subir cuando quieras”- ¿Y si solo hubiera sido una atracción pasajera? y si no... No. A veces lo pienso, me recreo en momentos, no olvido, ay, pero no, no pudo ser sólo eso, justo ahora sé –por centésima vez- que me estoy volviendo a equivocar, que no aprendo, que soy un obstinado iluso atrapado en un laberinto, buscando huellas en la nieve, olor de las frutas del milagro en una mesa a la que no estoy invitado. “Se canta lo que se pierde”.



El frío arrasa la memoria y ya empezamos
a no ser.

(Valente)



miércoles, 2 de julio de 2008

Desmemoriado.

Porque aprendí a quererme.
Ahora puedo sangrar con tus heridas.

(
Claribel Alegría)

Qué sentido tiene esta colección de palabras, sonido de un grillo que se desliza por la blanca camisa de seda que en la percha espera la fiesta, convencimiento de que S es igual a M tanto como a G y que todo el alfabeto es la misma letra, silueta de la mujer que acaricia lánguidamente a su gato, la mirada crítica del que sabe, el comentario amigo que ha leído otra cosa con sus gafas sin graduar, silencio de los compañeros de página, poetas subiendo una escalera mecánica con una rosa en una mano y un humeante vaso con clorhídrico en la otra, cianuro con sabor a licor de almendras, geishas que envían sus fotografías, desnudas, sin cabeza, alzheimer, desmemoria, olvido de nombres, plazas, estremecimientos, la alfombra sobre la que nos amábamos, temor al extranjero, al diferente, evocación del 2.000, cáliz en el altar roto por el terremoto, exorcistas atentos en el punto de salida, fórmula que se está agotando en este océano donde todo está por decir y sin embargo, búsqueda en los cajones de la memoria para atrapar estorninos al vuelo, saber que el eclipse alteró mi percepción y ya nada es como era, días luminosos, noches inundadas de luna, cobijo en el vientre de un canguro que salta por las estancias con candelabros sobre las mesas engalanadas y olor a resina, poemas colgados de las paredes, poetas cabeza abajo, yoga de la voz, escribo por mí y para ti, solo para ti, no sé, creo que con estos calores estoy de nuevo con el TAE(1) o quizás tenga un TDA(2) aunque lo que me preocupa en realidad es mi continuo TAD(3), suelto palomas de versos al aire detenido del comienzo de semana.


(1).Trastorno Afectivo Emocional.
(2).Trastorno de Déficit de Atención.
(3).Trastorno Amoroso Duradero.



Cultura Amazigh

El Magreb, como contexto cultural Amazigh fundamental, forma parte de la fachada sur del Mediterráneo, esto es, forma parte de la Historia de Occidente.

Para Hichem Djïait (1994), importante historiador tunecino, Cartago constituye el momento de máximo esplendor magrebí y por tanto amazigh, y personajes como Anibal, San Agustín o Ibn Jahldún serían personajes magrebíes y/o amazigh, dándose el caso de que, excepto el último, los demás pertenecen a la Historia de Occidente. Específicamente San Agustín y Donato forman parte de la civilización occidental, vinculados al latín y al cristianismo, pero ellos pertenecían paralelamente a la "intelligentsia amazigh" de la época. Paradójicamente, y tampoco es casualidad, Magreb alude y nombra al occidente islámico, tal como señalamos antes. Precisamente Ibn Jaldun, uno de los grandes amazigh (bereberes) que han pasado a la historia, fue uno de los primeros en definir los rasgos étnicos distintivos de los amazigh y definió a su gente señalando que ellos se rasuran la cabeza, comen cuscús y visten con el albornoz. Actualmente se habla de otros elementos, acaso más significativos, como el tifinagh y el arado amazigh (bereber).

Estas peculiaridades culturales amazigh no sólo son las que le dan identidad a esta etnia, constatando su propio hecho diferencial, sino que además, su pervivencia son las que documentan la lucha de este pueblo sin estado, y la sorprendente resistencia como minoría étnica en Túnez o Argelia, o como mayoría étnica sometida por una minoría, tal en Marruecos. La mayoría de estas comunidades amazigh ocupan regiones montañosas inhóspitas y pobres. Las montañas del Atlas central, el Sous, el Rif, la Kabilia, el Aurés han servido de refugio por su inaccesibilidad y duras condiciones climáticas. Estas regiones son de difícil acceso y se caracterizan por estar mal comunicadas, soliendo estar formadas por casas de adobe y piedra que se mimetizan e integran en el paisaje. De hecho, muchas de estas tierras jamás fueron pisadas por el ejército colonial francés tras más de un siglo de ocupación.


martes, 1 de julio de 2008

En el margen.


Escojo ser en el margen como única posibilidad de existencia.

(Julia Otxoa)

Estoy en el margen, en el punto ciego de la pureza y aunque nunca he tenido facilidad para los idiomas ni para las lenguas muertas, estudio la geometría de la osamenta, sueño bajo las mariposas azules que abrevan en la mirada limpia, aparto del espanto las sombras de los enamorados.

No estoy cansado, no, esta presunta poesía tiene la ventaja que no te mojas, no te manchas, sorteas la baba negra con laberintos y ciervos sobre el altar de lo inaprensible, utilizas el alfabeto de los náufragos.

Por ejemplo.

Los de la camisa negra. Por suerte nunca han llamado a mi puerta. Digo suerte y digo silencio, el mío, tan culpable como las voces airadas del otro lado. Digo nunca y digo ahora, desmemoria de cuando la muerte paseaba cada día por nuestras alamedas, por nuestros templos, por la mirada cómplice de los que giraban la cabeza. Digo puerta y digo candados, aburrimiento de liturgias cerradas, de códigos incomprensibles, del capricho de verdugos sin azar.

Luego se cambiaron de camisa, del negro al verde, luego roja, después blanca, no sabías con quién hablabas, que les veías desde fuera y no les conocías, que disimulaban tanto que no había tiempo para asimilar el trueque de máscaras, de casullas, de ideas caprichosas, que hoy era blanco, mañana estaba transparente y nadie veía lo que venía, tormenta o sirimiri, llovizna, calabobos que también se dice y bobos o algo peor éramos, lo somos aún en las filas de una aparente indiferencia, ajenos, con la pintura lista para mimetizarnos en cuanto se oculta el sol, cuando sale la luna.

Ay, la luna.

La vida era un bien escaso, frágil, el dolor estaba repartido en cuotas descompensadas. Alrededor había llanto, espinas y pensar no estaba mal visto, decir lo que pensabas, sí. Que, un suponer, dabas la mano a un hombre gris y al instante saltabas dentro de un círculo con velas y muérdago. Desde entonces ya nada era lo mismo y caminabas atento a tu sombra. Un día descubrimos que mirando hacia atrás no avanzábamos y leer entre líneas ya no estaba de moda, que se podía hablar…

¿Estás seguro?

Y nos callamos, por si acaso, renunciamos a lo evidente, enjaulamos la risa y coqueteamos con el disimulo, cubrimos las sonrisas con el abanico, aprendimos la seña de treinta y uno, la de pares, el guiño cuando la partida nos era favorable y solo apostábamos por la victoria -que era la huida-, señalamos el norte desde la proa de un barco varado en la arena, burdo decorado, carcasa de papel, los músicos con laúdes y chirimías sobre carromatos de cartón, el camino al exilio de nuestra propia dignidad.

Alto, alto, alto.

Estoy en el margen, en el punto ciego de la pureza y aunque nunca he tenido facilidad para los idiomas ni para las lenguas muertas, estudio la geometría de la osamenta, sueño bajo las mariposas azules que abrevan en la mirada limpia, aparto del espanto las sombras de los enamorados.

No estoy cansado, no, esta presunta poesía tiene la ventaja que no te mojas, no te manchas, sorteas la baba negra con laberintos y ciervos sobre el altar de lo inaprensible, utilizas el alfabeto de los náufragos.


El secreto de la poesía pertenece más al náufrago que al navegante,

(Julia Otxoa)


Mi foto
Bilbao, Euskadi
pedromg@gmail.com

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com site statistics

Vistas de página en total

Lo que hay.(Desde 08.02.07)

Se quedaron

Así vamos

Aquí desde 08.02.2007

(Antes en Blogia desde 07.2004)

(Y mucho antes en "La tertulia en Mizar")

7.824 entradas