Cuaderno.
Es una sola hora larga como una vena,
y entre el ácido y la paciencia del tiempo arrugado
transcurrimos,
apartando las sílabas del miedo y la ternura,
interminablemente exterminados.
Pablo Neruda
(frag. de “Las furias y las penas”)
Cuaderno de bitácora para dibujar lo que no
-¿a quién le importa lo que sí?-,
para inventar lo que sí
-¿a quién demonios le importa lo que no?-.
Diciendo aquí
-con intensidad-
lo indecible.
Descubriendo
lo impronunciable
entre el fulgor de voces.

Esta noche tampoco lloverán estrellas, no chocarán falenas contra la ventana, no se escucharán suspiros detrás de la puerta, la cigüeña crotará en el campanario y él, ella, estarán lejos (si están cerca no tiene sentido escribir).
Hoy no ha llovido, ya no llueve, es julio, las cigüeñas vuelan, ella está dormida pero el afán tenaz, inmoble, sigue sentado a este lado del puente. El río baja lánguido.
Arrugando papeles descubro que es igual lo que esté sobre la mesa, corazón o escuerzo. En el aire igualitario de medianoche no hay más voluntad que el azar, la coincidencia en experiencias y un pellizco sentimental esparcido como canela sobre el pan nuestro de cada día.
Amén.
" - Pero qué es lo que hay que hacer?
- Estar en el suelo -dice Anne-. Estar en el suelo, sobre esta arena, en medio de la brisa y con la cabeza vacía; o andar y verlo todo, o hacer cosas, hacer casas de piedra para la gente, darles coches, luz, todo lo que todo el mundo pueda tener, para que ellos puedan no hacer nada también y permanecer en la arena, al sol, y tener la cabeza vacía, y hacer el amor a las mujeres. "
El otoño en Pekín (fragmento)
Boris Vian










