11.4.10

Agitabas pulseras en tus tobillos desnudos.


Y el rocío nos mordió de madrugada, los mastines espantaron el rebaño de goces, azafrán derramado en la mesa, flores secas y música ajada. 

La estancia era dulce y transparente, sentí tus manos acariciar las mías, busqué tu cuello con los labios y encontré la húmeda puerta de mármol, nos miramos y el vértigo nos anegó. 

Lloramos de tan felices.

Agitabas pulseras en tus tobillos desnudos.



Esta serie me parece extraordinaria.

3 comentarios :

Mayte dijo...

Suave como mecerse en una hamaca, con el viento delicado rozando los recuerdos con tus palabras, que lindo Pedro.

Un biko bien grande que ajuste hasta que termin el domingo :D

Tesa dijo...

...se me rompieron las pulseras, de tanto usarlas

gaia07 dijo...

Ni el rocío, ni los mastines, ni lo derramado, ni lo seco ni lo ajado desvanecen los movimientos que originan cadencias cercanas.

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