Falsa Elegía
Compartimos sólo un desastre lento
Me veo morir en ti, en otro, en todo
Y todavía bostezo o me distraigo
Como ante el espectáculo aburrido.
Se destejen los días,
Las noches se consumen antes de darnos cuenta;
Así nos acabamos.
Nada es. Nada está.
Entre el alzarse y el caer del párpado.
Pero si alguno va a nacer (su anuncio,
La posibilidad de su inminencia
Y su peso de sílaba en el aire),
Trastorna lo existente,
Puede más que lo real
Y desaloja el cuerpo de los vivos.
Rosario Castellanos
Pues mire usted, resulta que Parker no tiene cuerpo para almíbar, para comedias ni zarzuelas, su capacidad para imaginar el espectador virtual se ha convertido en un virtuoso, voluntarioso trabajo, sin más, sin obsesión por la comunicación. Hay pájaros negros en el lindero del bosque y coronas de flores.
La poesía no es un arte, es un artefacto de luz y sombras, es el toque desde otro lado, el dedo caprichoso de un dios/Dios que toca la piel del artesano plantado ante el desafío. Viene, acertada, o inoportuna, cuando nadie la ha llamado, no se la esperaba, un brebaje de hierbas amargas, un oscuro bebedizo que descorre cortinas y hiere, un extravío entre rascarse la espalda y mirar por la ventana, zass, buenas tardes, la poesía.
Ahora Parker no está para poesía, está ahí sentado en un tiovivo, por estar, con lo que llueve dónde va a estar mejor, el paisaje cambia, pero no. Simula, aprende a mentir, se distrae de lo que es. Sobre todo ahora que lo que es le sobrepasa, le vence. Aunque debe sonreír, ser el que se supone debe ser, está aburrido de ser quién debe ser. Es sospechoso de tristeza. Lo está. Triste, con la pena trepando con rabia, mordiéndole, enfrentándole con lo que no quiere aceptar, lo irreversible, el final, somos tan, tan insignificantes.
El uso desmedido de palabras las desgasta, resta su sentido, las deja temblando en el frío de no tener repuesto, medios, diccionario, gesto, ojos, sensibilidad. Cómo puede decirlo ahora que no hay nada que decir. Solo llorar. Podría, claro que sí, por supuesto, mirar para otro lado, ponerse un gorro con cascabeles y fingir. No quiere. La realidad ha explotado y minimiza cualquier intento de imaginación. Y es dura, terrible, una trágica realidad, un horror. La muerte enemiga ha pasado a su lado y le ha dejado atónito, desarmado, mudo, roto, indefenso. Hará lo que deba hacer y cuando los días pasen volverá la voz. Pero nada será igual. Ni siquiera se lamenta, no tiene fuerzas para lamentarse. Ser de los últimos es un pesado privilegio.
Mire usted, dele la mano, se lo agradecerá.