jueves, 10 de diciembre de 2015

Boca llena de sonidos y una nariz (postiza).


La boca se me ha llenado de sonidos, me asomo a la adolescencia y caigo en la madurez. Ves mi caída sin extender las alas. Dices que ya no me parezco al que era. Ni falta que hace, pienso, por eso te escribo en equilibrio desde la frontera entre el ardor del equinoccio y la intemperie del desamor. Te hablo desde un presente continuo, no hay futuro. Como un aprendiz del oficio del reencuentro junto fragmentos del vacío, llueven suspiros como machetes romos, han caído las torres de la tierra oscura. Ya veo, la armadura y esta nariz postiza me hace parecer ridículo (pues claro, so tonto).

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Izarra.




El día que nos llamaste desde Izarra, llorando.

Llovía, hacía frío.

Nos esperabas al borde de la carretera, como una pequeña refugiada.

"¿Vuelves a Bilbao con nosotros?"

Y te quedaste.

martes, 8 de diciembre de 2015

Apagón de luz en Nueva York



Es del tipo de mujer con la que quisiera encontrarme en un ascensor parado entre dos pisos durante el próximo apagón de luz en Nueva York.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Nadar y guardar la ropa.




No, no era esto.
 Braceo con una piedra al cuello
hasta el centro de la estrella.
Me ahogaré, seguro.

Además, entre nosotros, no sé nadar.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Duda.



Dudo que lean lo que he escrito.
Estimo que leen lo que pone.
Incluso sé de alguien que lee lo que no pone. 
Dudo mucho que escriba lo que leen.

sábado, 5 de diciembre de 2015

El que soy.




En algún lugar, aquí dentro, advierto que aprendo a vivir, que estoy desconociéndome, liberándome de mí mismo para ser otro, el que soy.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Incienso.



Henri Guillaume Schlesinger




Alguien quema incienso.
Una muchacha con la cabeza cubierta, sueña.
Hoy empiezo a inventar un mar nuevo, 
trazo las líneas para que las ballenas sagradas 
encuentren el refugio de lo íntimo.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Hagan juego.



Cinco y uno, de salida.
Me la juego.

No escucharte me deja abandonado en un puerto gris del que ya no salen barcos.
No verte me deja los dedos como vehículos quietos, como jilgueros dormidos.
No te llamo por no alterar el viento que va de tu jardín al desván, la protección filial que te envuelve como la caperuza de polen de una mariposa de colores que no vuela.
Esto no es un reproche, es un lamento.

Tres y seis. Sigo.

No nos convenimos por tantas cosas, las familias, la piel, la sutil frontera que nos deja a uno y otro lado de dos mundos. Sin embargo, si tu voz mimosa acaricia mis oídos hambrientos la noche se ilumina, el día se alarga y desde el horizonte gigantes felices vienen hacia nosotros y ríen.
Nos cambiamos palabras escondidas en papeles enrollados, la emoción nos baila y desordena, crece la tentación de buscarnos y encontrarnos, el deseo de abrazarnos y…abrazarnos.

Dos y cuatro, lástima.

Apuesto y te busco en el silencio de estos días, desde que encallaste en un río de girasoles, desde que entraste en una cárcel de cariño, en esa celda que te protege y te aísla. Me arrodillo y dibujo triángulos en el polvo, eludo las serpientes de la duda, el mar trae músicas tristes que queman y falta menos para saber qué cifra darán los dados.

Cuatro y tres. Siete. He vuelto a perder. 


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Escribir es ser chino.



人 Trepo hasta la punta del blog, oteo el horizonte por si alguien se ha dejado una caricia entre las olas del lenguaje. 情 Escribir es pedalear cuesta abajo en una bicicleta sin frenos, es rebuscar en las papeleras del Tiertegarten mientras un chino y una china que se amartelan en un banco próximo nos mira sin entender. Escribir es ser chino. 眼

Dejo una bandera en un extremo del texto para delimitar dónde empieza la verdad y dónde termina la realidad. La verdad es un concepto variable. 里 Escribir es ser variable. Se puede ser sublime, normal, mediocre, intermedio o un capullo. 情 Ser sublime no está reñido con lo subliminal, de hecho solo está reñido con la mayoría, es muy suya la sublimidad. Ser un capullo está al alcance de cualquiera. La característica principal es la de no reconocerse en ese estado. Cuando me miro en un espejo pienso “mira, un capullo”, pero de inmediato comprendo que no soy yo. 眼 No sé si me explico bien, es decir, me miro pero no me veo, el que soy no es el que veo (un capullo) sino el que me siento (o sea, otro). Es lo que tiene mirarse. 出

Tuve una amiga (la tuve, disfruté de su generosidad, creo que fue en otra vida, un miércoles) que no se reflejaba en un espejo. 情 La última vez que nos amamos le sugerí que la postura treinta la intentásemos frente a un espejo, accedió, nos aplicamos al acto y, qué curioso, no se veía, ella estaba pero no estaba. 里 Entre suspiro y suspiro decía que le daba vergüenza. 眼 Eso me hizo pensar (después del acto, claro, soy hombre, muy, no sé hacer dos cosas a la vez) que quizás esa vergüenza, es decir lo que venía de fábrica, el ADN, lo anterior a lo aprendido, lo incrustado después por una educación, lo adquirido forzosamente por tantos que nos enseñaron lo que sí y lo que no, es lo que da visibilidad a lo real. Veía a un capullo (yo) pero no veía lo sublime (ella). Los dos nos lo perdimos. 出 Ser ciego no tiene nada que ver con ver. Compro bastón y cascabeles de segunda mano. 人

Bajo hasta la cloaca del blog, meto las manos en el agua sucia por si alguien ha perdido un anillo, un diente de oro, el estremecimiento en la piel cuando la brisa nos roza si en primavera estamos sentados a la sombra de una higuera. 手 Escribir es intentar tocar con delicadeza el corazón del posible lector, o empujándolo bruscamente o tumbándolo en un salón de Versalles. 君 Escribir también es abrir la puerta del espejo para que alguien salte a este lado, con candil o tanteando, con la cabeza alta y abierto a todo lo que pueda ocurrir (le). 动 Este es un blog para valientes. Soy chino y no entiendo nada de lo que he escrito hoy. 情 人 眼 里 出 西 施 五 十 步 笑 百 步动 口 不 动 


martes, 1 de diciembre de 2015

Hoja 143 del diario de la paciencia.



Los riñones, me dolían los riñones.
Esto, que puede parecer normal, para mí no lo era, ya que nunca me dolía nada.

Creo que fue un aviso, una premonición, aquella noche tenía que haberme quedado en la cama. En la mía. Pero no, impulsado por lo de siempre salí a las calles para ver cómo el mundo se rompía sin remedio.

Y sí, el mundo se caía, a trozos. Llovían cornisas de los rascacielos, de las casas de huéspedes no deseados. Caminando bajo los alfeizares sorteé a hombres con cabeza de perro o de hiena. Ladraban, sí, pero era de puro miedo, de ansiedad por tener que dormir solos bajo los puentes. Algunos orinaban por las esquinas, muchos rebuscaban en los contenedores de basura, unos mordían las farolas.

En la Gran Avenida encontré a una María del Carmen Victoria con apariencia de gallina. Dentro de un inmenso abrigo de visón sobresalía su cabeza bajo una aparatosa permanente azul. Se generalizaba la tendencia de ocultar las evidencias, asesinar la belleza, disfrazar el efímero paso de la juventud. En otro siglo esta mujer fue bella.

Después los hombres perros/hienas se convirtieron en lobos rabiosos y las gallinas eran el último mohicano. Las calles se llenaron de ríos que arrastraban la basura del día. Un demonio de cuernos afilados controlaba el tráfico en el bulevar. Dada mi situación de paro indefinido me dirigí a él para solicitarle un empleo de cuarta Furia. Me miró de arriba abajo y aquí me llega la noticia de que yo ya soy el que era. Cuento suspendido, fragmento de la imaginación, relato truncado, frío blanco, no hay perdida, ha sido un alivio, no sabía cómo continuar, tiempo exhausto, necesidad de sol, contraste, pasar miedo en las alturas de aviones bamboleantes, frío blanco entre el frío blanco de las nubes, creer en la diversidad, tumbarme, ver pasar la luz por la ventana, bañarme en mares templados, meter los dedos en otros platos calientes, alejarme de lo rutinario, las mismas caras, voces, luces y sombras, dar descanso a los peregrinos de esta página, pobres, los que leen estas incoherencias, la herencia de recuerdos disfrazados de pastores tocando la flauta en un cerro. Excepto escucharla nunca se me ha dado bien la música, desafino. Por eso soy el pastor, el aprisco, el perro que lo guarda, las ovejas, Don Quijote embistiéndolas con su lanza, el que pinta dragones en sus libros de caballería y el lector que se sienta a tu lado. Además estaba obsesionado con Megera. Su sombra me persigue, la he visto a menudo cuando volvía del puerto, he escuchado su risa, he visto el brillo de su espada vengadora. También Alecto me persigue a veces. Y confundo la Tisífone que castiga con la que fue vendida como esclava. Por eso voy a las playa del norte, también, para buscar nuevas historias que contar aquí, las de ahora son peligrosas. Ya sentenciaba la abuela de J. “de lo que habla el corazón escribe la pluma”. Y a falta de pluma y pelo me atuso los bigotes y camino por los aires sin pensar en el regreso. Siempre se vuelve.

En ocasiones me planteo qué hago en esta página, porqué dejo tanto trabajo, tanto esfuerzo. Luego leo un comentario, cualquiera, al azar, y tarareo con los Beach Boys aquello de I'm pickin' up good vibrations, she's givin' me the excitations. Algo pasa, saco pecho como un armador griego despechado me recojo y sigo, sin levantar la cabeza, con una humildad que jamás he tenido, pasando incluso por un espejo roto. Creo que son los riñones, que me duelen. Esto, que puede parecer normal, para mí no lo es, ya que nunca me duele nada. Creo que es una constatación, para quedarme en mi cama, solo, como siempre -la soledad como concepto-, ignorando qué ocurre más allá de mi aquí. Y aquí se cae el mundo.

Por eso salgo a las calles sorteando los pedazos de alma que se estrellan  alrededor como cebollas podridas, como grandes frutos tropicales, rojos, maduros, malolientes, desprendiéndose del árbol del bien y del mal. Esquivo a los hombres hipopótamo y a las mujeres pantera, sin permanente. Me evito a mí mismo y a mi jaula. La soledad es una opción de porcentaje variable, incómodo, escribir es el recurso de mi impotencia –la impotencia como concepto- y todas las mujeres que se llaman Isabel son rubias, dulces y sonríen en un ventanal desde el que se ve a partes iguales el mar y las tormentas, la tristeza del otoño y el sol de agosto, peces voladores y un perro negro que ladra a los visitantes nocturnos.


Voy en su busca.


En la mitología griega, Alecto (en griego antiguo Ἀληκτώ, ‘implacable’) es una de las Erinias (o Furias de la mitología romana), hermana de Tisífone (la vengadora del asesinato) y de Megera (la celosa).
Según Hesíodo, era hija de Gea (la Tierra) fertilizada por la sangre derramada por Urano (el Cielo) cuando fue castrado por Crono.
Alecto es la Erinia encargada de castigar los delitos morales (tales como la cólera, la ira, la soberbia, etcétera), sobre todo si son delitos contra los mismos hombres. Su función es muy parecida a la de Némesis, con la diferencia que esta última castiga los delitos morales contra los dioses.

Megera (idioma griego: Μεγαιρα, significado: «La de los celos» o «La celosa»). Según la mitología griega es una de las tres Erinias, diosas infernales del castigo y la venganza divina. Se considera que Megera es la más terrible de las tres Erinias, pues es ella es la encargada de castigar todos aquellos delitos que se cometen contra la institución del matrimonio, especialmente los de la Infidelidad.

Tisífone era la Erinia encargada de castigar los delitos cometidos por asesinato: parricidio, fratricidio y homicidio.
Un mito cuenta que Tisífone se enamoró de Citerón, y terminó provocando su muerte por mordedura de serpiente, concretamente de una de su cabeza.



Mi foto
Bilbao, Euskadi
pedromg@gmail.com

Creative Commons License Page copy protected against web site content infringement by Copyscape ecoestadistica.com site statistics

Vistas de página en total

Lo que hay.(Desde 08.02.07)

Se quedaron

Así vamos

Aquí desde 08.02.2007

(Antes en Blogia desde 07.2004)

(Y mucho antes en "La tertulia en Mizar")

7.688 entradas