Keigo Nakamura

sábado, 5 de marzo de 2011

Reincidencia (3)


Cerré los ojos apretadamente y pretendía que Bennet era Adrián. Transformé a B. en A. Nos corrimos los dos- primero yo, seguidamente Bennet- y yací sudando en la horrible cama del hotel. Bennet sonrió. Me sentía desgraciada. ¡Qué fraude me consideraba! El adulterio real no podía ser peor que estas decepciones nocturnas. Joder con un hombre, pensar en otro y mantener en secreto la decepción…. era peor, mucho peor que joder con otro hombre en presencia de tu marido. Era tan horrible como cualquier traición que se me pudiese ocurrir. “Solo es una fantasía- diría probablemente Bennet-. Una fantasía es sólo una fantasía y todos tenemos fantasías. De hecho solo los psicópatas llevan a cabo todas sus fantasías; la gente normal no lo hace.” Pero siento un respeto más profundo por la fantasía que todo esto. Eres lo que sueñas. Eres lo que son tus ensoñaciones. Los gráficos, las cifras y las luces intermitentes de Masters y Johnson, así como los alfileres de plástico, nos cuentan todo lo relativo al sexo y nada a su respecto. Porque el sexo es una cosa mental. La velocidad del pulso y las secreciones nada tienen que ver con él. Esta es la razón por la que los manuales sexuales de gran venta resultan un timo. Enseñan a la gente cómo joder con la pelvis, peo no con la cabeza.

¿Qué importancia tenía que técnicamente fuera fiel a Bennet ¿qué importancia tenía que no hubiera jodido con otro tipo desde que le conocí? Le fui infiel mentalmente al menos diez veces por semana…y al menos en cinco de estas ocasiones le fui infiel mientras estábamos jodiendo.

(Miedo a volar. Erika Jong)



Ella inclinó el cuerpo sobre el mío y bajo su piel voló una mariposa. Yo tenía una mano entre sus muslos y con nuestros suspiros apenas pude ver los aleteos. Después, tendidos uno al lado del otro, cansados, hablamos de esto y aquello y se me olvidó.

Fue el viernes siguiente, ella volvía de un viaje a Bruselas y cada noche yo la había anhelado como si no nos quedasen más noches. Le quité la ropa despacio y acaricié su espalda, sus caderas, sus mejillas, me perdí en su mirada distraída. Ven, dijo, y mientras abría las piernas un remolino de mariposas azules giró alrededor de su sexo. Entré en ella como en la noche y sentí los mordiscos de la sospecha mientras nos amábamos. Estaba tan atado al deseo que no pude sino derramarme en dulces espasmos que disolvieron cualquier sensación ajena a nuestro abrazo.

El tiempo ha pasado y me he acostumbrado a las mariposas de la duda, que ya han traspasado su piel y giran sobre nuestras cabezas, nos acompañan en nuestras ternuras, se posan en sus nalgas, en mis hombros, en su pelo. Sé que algo me quieren decir pero aún no entiendo su lenguaje, no tengo tiempo, sigo enfrascado en descifrar este amor.

Anoche ella dormía, levanté la sábana y admiré su cuerpo. Justo debajo del omoplato las mariposas formaron con sus alas un rostro serio que me miraba. Distinguí con nitidez a Pedro.
Creo que él también me reconoció.



viernes, 4 de marzo de 2011

caderas


SONETO XVI

Amo el trozo de tierra que tú eres,
porque de las praderas planetarias
otra estrella no tengo. Tú repites
la multiplicación del universo.
Tus anchos ojos son la luz que tengo
de las constelaciones derrotadas,
tu piel palpita como los caminos
que recorre en la lluvia el meteoro.
De tanta luna fueron para mí tus caderas,
de todo el sol tu boca profunda y su delicia,
de tanta luz ardiente como miel en la sombra
tu corazón quemado por largos rayos rojos,
y así recorro el fuego de tu forma besándote,
pequeña y planetaria, paloma y geografía.

Pablo Neruda.

Por fin es viernes y etcétera.

Rearmo el puzle de lo cotidiano.

Intento estar aquí y allí, en todas partes, que cantaba aquel grupo antiguo, los Beatles.

No es falta de imaginación, es falta de tiempo.

No es que no haya impulso, no, es obsesión por unas caderas.

¿De qué diablos hablo? Está escrito, de unas caderas.

Advierto cierta confusión tanto en lo que digo como en la forma de decirlo pero me parece lógico, estoy obsesionado por unas caderas.

También por el resto.

Digamos, digo, que estoy obsesionado por la dulce madurez de su dueña.

Qué cosas.

Mis profesores dicen que no me centro, que estoy distraído en clase, que así nunca llegaré a ser nada en la vida.

La verdad, señores, me importa un pimiento, lo único que me interesa es acariciar esas caderas, besar su espalda, perder mi boca entre sus pechos, buscar sus gemidos suaves, los míos, dejarnos llevar por la cálida corriente del abrazo.

Llegarán a casa los informes de mis ausencias, mi inasistencia a las clases, mi falta de atención, de constancia, mi desidia para el aprendizaje, lo dicho, me importa un higo.

Aún sobre la cama, con los ojos abiertos, solo veo sus caderas.

Cómo le cuento esto a Paul, cómo va a entender que amo a mi profesora, a su madre. 

Será lo que deba ser mientras ella siga siendo amable. 

Dulce Jeanne.



 

jueves, 3 de marzo de 2011

Críticas.


 Alan Turing


Es considerado uno de los padres de la Ciencia de la computación siendo el precursor de la informática moderna. Proporcionó una influyente formalización de los conceptos de algoritmo y computación: la máquina de Turing. Formuló su propia versión de la hoy ampliamente aceptada Tesis de Church-Turing, la cual postula que cualquier modelo computacional existente tiene las mismas capacidades algorítmicas, o un subconjunto, de las que tiene una máquina de Turing. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó en romper los códigos nazis, particularmente los de la máquina Enigma; durante un tiempo fue el director de la sección Naval Enigma del Bletchley Park. Tras la guerra diseñó uno de los primeros computadores electrónicos programables digitales en el Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido y poco tiempo después construyó otra de las primeras máquinas en la Universidad de Mánchester. Entre otras muchas cosas, también contribuyó de forma particular e incluso provocativa al enigma de si las máquinas pueden pensar, es decir a la Inteligencia Artificial.

La carrera de Turing terminó súbitamente cuando fue procesado por su homosexualidad. No se defendió de los cargos y se le dio a escoger entre la castración química o ir a la cárcel. Eligió lo primero y sufrió importantes consecuencias físicas, entre ellas la impotencia. Dos años después del juicio, en 1954, se suicidó.
De Wikipedia.



Llevo mal las críticas, lo acepto. Gestiono mal los fracasos, es cierto. Tengo que mejorar mucho en muchas facetas, seguro. A veces no controlo mis reacciones, me pierde la espontaneidad, es verdad. Tengo un carácter variable, sí. Con los años me he vuelto más reservado, mas ajeno, más concentrado en lo mío, puede ser. También me he vuelto más tolerante, más ignorante, más paciente, más predecible, más lineal, más rutinario, tiene usted toda la razón.

Por supuesto, desde los doce años sigo con la única idea en mi cabeza.


 Se acorta la vida y casi todo se relativiza, casi todo. Por eso estoy aún en el camino de ida, viviendo y dejando vivir. He aprendido poco y por suerte se me están olvidando muchos preceptos que en otro tiempo fueron incuestionables para mí. Siempre me he querido, pero con trabajo estoy incidiendo en quererme todavía más, mucho, me beso por las mañanas, me piropeo y animo frente al espejo. Es verdad, me quiero muchísimo, estoy encantado de conocerme.

Ahora me ha entrado otra idea (no sustitutoria de la única idea, complementaria): pasear cada mañana de invierno por una playa desierta, escuchando el mar y el rugido del viento. Por las tardes también.

Y ya veré lo que hago el resto del año.

De momento no paro de trabajar y trabajar, soy afortunado.

Eeeeh…no sé a qué viene todo esto, es lo del jueves, ya ves.




miércoles, 2 de marzo de 2011

Alionines.


 Los alionines y la botella de leche.

A comienzos del siglo XX, dos especies de pájaros ingleses de jardín, los alionines y los petirrojos, aprendieron a beber la crema desde las botellas de leche que se dejaban en la puerta de las casas, ya que estas se dejaban sin ninguna tapa. Esta innovación en sí misma era ya un logro bastante notable para su especie, pero también tuvo un efecto evolutivo.
Más adelante, los distribuidores de productos lácteos cerraron el acceso a la fuente de alimento al colocarle tapas de aluminio en los bordes de las botellas. Hacia principios de los años `50, los alionines habían aprendido cómo perforar las tapas de aluminio y volvieron a ganar acceso a esta sustanciosa fuente de alimento. Por el contrario los petirrojos, como familia, nunca recuperaron el acceso a la crema.

Los alionines llevaron a cabo un proceso de aprendizaje institucional exitoso. Los petirrojos fallaron aun cuando algunos pájaros individuales fueron tan innovadores como los alionines. Las dos especies contaban con los mismos medios de comunicación: el color, la conducta, el canto, los movimientos. La explicación reside en el proceso de propagación social: la manera en que los alionines  trasmitían su habilidad de un individuo a los miembros de la especie en su conjunto. Los petirrojos son pájaros territoriales, un macho no permitiría que otro macho ingrese a su territorio. Los alionines  viven en pareja y se desplazan en grupos de ocho a diez individuos.

Los pájaros que se agrupan, se dice en “The living company”, parecen aprender más rápido. Aumentan sus posibilidades de sobrevivir y evolucionar más rápidamente. (De un manual de ventas)

 
Como los alionines, agrupémonos todos en la lucha final ahora que Rouco (Varela) nos demoniza (otra vez, siempre está demonizando este señor), ahora que Cristina (Peri Rossi) se contradice y ama, sufre de nostalgias y de presentes, como usted, como yo, devanándome los sexos (y el sexo) para dejar aquí lo del miércoles, o sea hoy, es decir lo que no está escrito, dejarme llevar por la improvisación liviana que no tiene nada que ver con Libia (una tragedia), intentado recoger la cosecha después de meses y meses para que me diga que soy el de siempre, manda narices, después de más de 800 días me dice que sigo siendo el de siempre, pues claro, no voy a ser el de nunca, soy el que era, con matices, si en tanto tiempo no ha sabido ver los matices no sé qué carajo hago yo por la vida de chico bueno, que bien podría ir de chico malo, que mi amiga J se despierta torcida un día y me abronca sobre mis textos sexuales, mi mal gusto, que no escriba desnudo (con este frío, qué ocurrencia) el descenso en el número de comentarios, el descenso a los infiernos y esta terapia de metonimia es magnífica para lo mío, que sin ánimo de animaros os agradezco que la línea roja ha subido el pasado mes de febrero como nunca, es decir que vienen más, ahora que escribo menos, o peor, o yo qué sé, es así, queremos lo que no tenemos, tenemos tanto que queremos todo, que reabro Aquí y nadie sabe de qué va, bah, ya me lo dice I, o era S, o G, no recuerdo, es lo que tiene un mal dominio alfabético, que te confundes, que no sabes quién, con quién, cuando, qué, que cada día estoy más convencido de los beneficios de la soledad, criatura rumorosa que no sabe que es hermosa, soledad (Emilio José), a la rueda, rueda, el que no venga no juega, residencia de ancianos, Germán que ha sido tanto es ahora un cuerpo derrumbado en una butaca, dormitando permanentemente, pasando los días, cuesta mucho morir, se muere uno de aburrimiento pero no se muere, ya lo dice Paniker, eutanasia, ancianos vivos que murieron hace mucho, la medicina al servicio de la vida, mujeres y hombres conectados a una máquina, la madre tecnología supliendo a la madre naturaleza, el negocio de la vida eterna, el negocio de la Moral (de una moral, se su moral), amén, que en la frágil distancia entre los Otros y nosotros (en singular, es decir uno, es decir tú, yo, Paco, Silvia) a veces solo hace falta dar un paso para que esa singularidad se convierta en un Nosotros de dos, es decir uno, aunque sea un rato, ¿me quieres?, te beso y me miras a los ojos intentando leer si sí o si no, si ese beso es un preámbulo o la continuidad de aquel que se fue, el que te dejo con el corazón debajo de un zapato y qué culpa tendré yo que acabo de llegar y no te he dado más que sonrisas, ya, pero no respetabilidad, ni mi brazo, es lo que tiene, los ojos, miles de ojos mirándote cuando estás sola, te miran incluso en la soledad de tu cuarto, te miran los árboles, por supuesto los vecinos, el señor que baja a comprar el pan y el periódico y esa vecina siempre gritando a su pobrecito marido, ya, a quién le importa lo que tú hagas (Alaska), estoy rabioso, alejaros que muerdo, grrrrr, este es el texto que he improvisado para hoy, buenos días, buenas tardes o buenas noches, hasta mañana.    


No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

Cristina Peri Rossi.

martes, 1 de marzo de 2011

Sol


SOL


Catarsis

Catarsis (del griego κάθαρσις kátharsis, purificación) es una palabra descrita en la definición de tragedia en la Poética de Aristóteles como purificación emocional, corporal, mental y religiosa. Mediante la experiencia de la compasión y el miedo (eleos y phobos), los espectadores de la tragedia experimentarían la purificación del alma de esas pasiones.

Según Aristóteles, la catarsis es la facultad de la tragedia de redimir (o "purificar") al espectador de sus propias bajas pasiones, al verlas proyectadas en los personajes de la obra, y al permitirle ver el castigo merecido e inevitable de éstas; pero sin experimentar dicho castigo él mismo. Al involucrarse en la trama, la audiencia puede experimentar dichas pasiones junto con los personajes, pero sin temor a sufrir sus verdaderos efectos. De modo que, después de presenciar la obra teatral, se entenderá mejor a sí mismo, y no repetirá la cadena de decisiones que llevaron a los personajes a su fatídico final.

En las tragedias clásicas, el motivo principal del infortunio es casi siempre el hibris, o el orgullo desmedido que hace creer a los mortales superiores a los dioses, o que no los necesitan ni les deben honores. Dicho hibris es considerado como el más grave de los defectos, y la causa fundamental de todos los infortunios. De este modo la tragedia también alecciona y enseña al espectador respecto a los valores de la religión clásica. La catarsis es, pues, el medio por el cual los espectadores pueden evitar caer en dicho hibris.

En el psicoanálisis

El término catarsis se ha usado en la medicina como equivalente a purga. De forma eufemística se refiere a la limpieza del intestino por medio de algún elemento laxante o purgante.

El término catarsis ha sido adoptado por la psicoterapia moderna, en particular por el psicoanálisis freudiano, para describir la expresión o la experimentación de las más profundas emociones asociadas a menudo con los sucesos del pasado del individuo que en un principio habían sido inhibidos, reprimidos o ignorados y nunca habían sido expresados de forma adecuada. Esta expulsión de vapor puede reducir el estrés psicológico a corto plazo pero puede igualmente tomarse como un mecanismo de recompensa y reforzar ciertos comportamientos que conduzcan a futuros ataques de llanto

Este concepto fue denominado como
método catártico por ser la expresión o remembranza de una emoción o recuerdo reprimido durante el tratamiento, lo que generaría un "desbloqueo" súbito de dicha emoción o recuerdo, pero con un impacto duradero (y le permitiría luego al paciente, por ejemplo, entender mejor dicha emoción o evento o incluso hablar ampliamente sobre ello).
De Wikipedia




Oración
Líbranos, Señor,
de encontrarnos
años después,
con nuestros grandes amores.
Cristina Peri Rossi

Descubro este poema, breve, intenso, fácilmente comprensible por aquellos que han disfrutado grandes amores, dolorosamente cierto para los que los sufrieron, jocoso ya que la invocación al Señor es privilegio de ateos, medroso porque si se produce el encuentro ya no te salva ni dios. 

Admito discusiones.

Reminiscencia

No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.
Cristina Peri Rossi



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