viernes, 20 de febrero de 2009

Diálogos para besugos.

Circulación

La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Ésta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
sólo la tierra debe volver a la tierra.

Gottfried Benn (1886-1965) fue un médico ginecólogo especialista en enfermedades venéreas y de la piel. Su libro de poemas Morgue fue publicada en 1912 en Berlín.

Morgue, Gottfried Benn. ElGaviero y Zut ediciones. 2008. Trad. Jesús Munárriz.

(Gracias a Shandy por la información)



.- Buenas tardes. ¿Eres fiel?
.- ¿A quién?
.- Yo qué sé, a ti mismo, a tu pareja, a tus obligaciones, a tus creencias.
.- Sí.
.- ¿Nunca le has sido infiel a tu pareja?
.- Nunca.
.- ¿Nunca te has acostado con otra mujer?
.- Vale, todo este interrogatorio es para saber si me he acostado con otra.
.- Bueno, sí.
.- Eres un cotilla.
.- Tal vez, pero, dime, ¿nunca te has acostado con otra mujer?
.- ¿Antes o después de casarme?
.- Ah, ¿estás casado?
.-Sí.
.- Después.
.- No.
.- No te creo.
.- Es tu problema.
.- ¿Y Carmen?
.- ¿Cómo sabes tú lo de Carmen?
.- Sé más de lo que crees.
.- Carmen era solo una amiga.
.- Ya, pero te acostaste con ella.
.- No.
.- Anda…
.- Bueno, sí, pero solo una vez.
.- No te creo.
.- Va, dos veces.
.- Anda…
.- Cállate ya, muchas veces, fui su amante, varios años.
.- Empezamos a conocernos.
.- Y tú ¿por qué estás aquí?
.- Por asociación ilícita, cohecho, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, defraudación fiscal y falsedad de documentos. ¿Sigo?
. – No, ya vale.
.- ¿Y tú?
.- Esta última vez por matar a mi compañero de celda.
.- Ya. Buenas noches.
.- Buenos días.


jueves, 19 de febrero de 2009

Una vieja canción.

Mi tiempo acaba
Y tengo que saber por qué no he sido.

(Guillermo Carnero).


Don´t they know it´s the end of the world?/ It ended when you said goodbye” – y Julio piensa que debe ser muy viejo o que está rabiosamente nostálgico, pero esa canción de Carpenters le está rompiendo el corazón. De una caja de cartón toma al azar, con delicadeza, una fotografía en blanco y negro. En ella una pareja se mira arrobada, sus manos entrelazadas sobre el mantel de una mesa. La boca, entreabierta, sugiere que se están hablando, ajenos a la cámara. La música continúa y Julio va a devolver esa instantánea al montón cuando un reflejo le distrae. Sobre la cabeza del hombre se forma un pensamiento que Julio entiende: está pensando en cuanto desea a esa mujer, en que quiere quitarle la ropa y amarla, allí mismo, sobre la mesa, como en una película italiana, apartar los vasos de un manotazo, levantar el mantel, extender el cuerpo de ella como para un sacrificio y amarla sin medida. El pensamiento salta ahora sobre la cabeza de ella y Julio escucha su miedo y su deseo; miedo a la brusquedad de ese hombre al que desconoce en esas palabras rudas, groseras, en ese brillo lascivo en sus ojos; también deseo porque quiere que le toque, que le acaricie, que le bese todo el cuerpo, tiembla de ganas.


Julio acerca esa fotografía a una bombilla, la mira al trasluz, y esas dos personas se convierten es seres cebolla. Levanta la primera capa de él y un tropel de inseguridad le corre por los dedos. Levanta la segunda capa y los gritos de un padre airado, con la mano alzada, se superponen a los lloros de su madre en un rincón. Levanta la tercera capa y todo lo llena los ojos sin lágrimas de un niño triste acostumbrado a que le peguen por lo que hace y por lo que no hace. Levanta la primera capa de ella y unas cicatrices brillan justo en sus muñecas. Levanta la segunda capa y una toalla manchada de sangre sobre una camilla transita por una clínica sin nombre, en Londres. Levanta la tercera capa y se inunda del asco y el miedo a ese hombre mayor que le lleva de la mano a pesar de sus gritos. La música sigue sonando y Julio no quiere saber más. Golpea el borde de la fotografía contra la mesa y dos años después cae un matrimonio, ocho meses después un hijo, trece meses después un divorcio.

Veinte años después ese hijo está frente a él y Julio no sabe qué decirle.
Para congraciarse le pregunta - ¿Te gustan los Carpenters? Con esta canción nos enamoramos tu madre y yo -.
Pero el chico le mira sin responder porque no es eso lo que ha venido a escuchar.
Y tiene los mismos ojos que ella.




miércoles, 18 de febrero de 2009

Pura estadística.

Un poema:


Soy un puro sentir.

Un alma arrobada en el fervor.

Invisible por la luz.

Por tu luz. Se vuelve amor,

casi invisible, casi terrestre.

Ansiada forma, blanca.

Ilusión o milagro.

Queriéndote. Desolado.

Me guías y me elevas.

Tan sólo con tu voz. Serena.

Como un prodigio. De lejos.

Amándote. Con el torso

intacto, jubiloso.

(Carlos Penelas)

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Una opinión:

Los diez mandamientos, en tanto que "mandamientos", son una cosa del pasado, que refleja una concepción del mundo y de la convivencia que ya no son la nuestra. Ningún principio ético a priori, ningún imperativo categórico, sintoniza hoy con nuestra sensibilidad democrática y relativista. Como muy bien advirtió el filósofo John Dewey, los principios universales conducen siempre al absolutismo. Hay que entender la convivencia humana como un modus vivendi de permanente negociación y compromiso. Decía Groucho Marx: "Estos son mis principios, y si a usted no le gustan, tengo otros". El consenso sobre las normas éticas es siempre provisional. Me encuentro, pues, mucho más cercano a los utilitaristas que a [Immanuel] Kant. En cuestiones éticas, sociales y políticas los grandes principios resultan siempre sospechosos. La racionalidad es siempre relativa y limitada. Uno no cree, por ejemplo, que se pueda demostrar "racionalmente" que sea mejor la democracia que la dictadura, mejor ayudar a un prójimo que darle un puntapié. En contra de lo que pensaba Kant, la ley moral no está "en el fondo de nuestro corazón". En el fondo de nuestro corazón sólo hay perplejidad y vértigo. Nada de "mandamientos de la ley de Dios", por tanto. Quizá lo más "universal" que hoy se encuentra en el mercado sea la doctrina de los derechos humanos. Pero hay que revisarla permanentemente. Incluir, por ejemplo, el derecho que tienen tos animales a no ser torturados. Lo cual, por cierto, implica el derecho a la eutanasia voluntaria en el caso de los animales humanos. (Salvador Pániker)



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Un post:

Aquí aprendo cada día sobre límites y misterios, sobre quién lee y quién escribe, sobre lo que veo, lo que siento, lo que aprendo, lo que imagino, sobre capacidades y sobre bellezas varias -espíritu, alma, rostro, cuerpo, cielo, paisaje, enigmas y añade lo que quieras-, sobre personas sin nombre, sin rostro, sin otra identidad que la de sus palabras, sobre lo efímero y la constancia, celos, emociones en silencio, exacerbados comentarios, ella, yo, tú, nosotros girando en torno a quién sabe qué búsqueda sin final, circular, fugitivos de la rutina, infractores de códigos escritos por otros, por ellos, Davis y Coltrane con otros tres, el quinteto yonqui burlándose de convencionalismos y ¿ves? iba bien, pero he mirado alrededor y solo estamos tú y yo –gracias-.



Anda, vamos a tomar unas copas y dejémonos de escritos en clave menor, mañana será otro día.

(Ilustraciones: Kenton Nelson)


martes, 17 de febrero de 2009

Contestador.

“Las preguntas que tuve que guardarme
por no encontrar espejo, pues ninguna
existe sin respuesta de otros ojos.

G. Carnero.


23.01
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.11
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.17
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.32
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.45
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.46
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

23.58
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

00.01
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)

00.06
Hola, soy Gloria, no estoy en casa. Si quieres deja tu recado. Te llamaré en cuanto pueda.

(Clinc)


Gloria ve el número y siente miedo. Ha decidido dejar descolgado el teléfono. No sabe de lo que es capaz ese hombre. No se atreve a denunciarlo. Aún no ha hecho nada. Aún.


lunes, 16 de febrero de 2009

El post nuestro de cada día dánosle hoy.

«La experiencia no puede ser
comunicada sin lazos de
silencio, de ocultamiento,
de distancia.»

Georges Bataille*


Blog. En realidad aquí no importa demasiado qué dices, importa cómo lo dices, la capacidad de generar simpatía, empatía, los colores, lo externo, cascabeles. Web. Tiempo apresurado con exceso de oferta y poca demanda. Post. Oiga, mire, mire, mire, que lo llevo fresco, lo llevo madurito, mira, Mari, mira, toque, toque, toque, que lo llevo rico, rico, mira, Mari, mira. Zoom. Compra venta de mercadillo, zoco de alfombras con dibujos surrealistas, comerciales de bitácoras, escritores escribiendo lo que no se escribe, cómo no se escribe y encima los premios se los llevan siempre los mismos, trueques de despacho, cifras literarias, mentiras, nos engañan. Boom. Hay que quemar más púlpitos, hay que predicar al borde de la calle, en el asfalto, con los otros, con nosotros, con los que pueden contestar, rebatir, no me creo nada. ¿Qué pasa? Work. Tanto caminar desde hace meses y resulta que este es un sendero de aprendizaje, de purificación, de cuesta arriba, de miradas detrás de las cortinas, de comentarios que acarician y María Isabel. Nos faltan los olores, el sabor de una risa, el tacto de una espalda desnuda, un beso bajo el magnolio, pero nos iban a sobrar espaldas, nos iban a faltar labios, o magnolios, o tiempo para tanta soledad, tantas historias tristes, jo, que me cuentan cada cosa. Ping. Por cierto, que reivindico la alegría, ole la risa, riamos, total son cuatro días, estoy aburrido de caras tristes. Love. Y hagamos el amor (escribiría follar pero no tengo confianza, todavía) una cópula general, una orgía de lectores de blogs, una inmensa cama redonda de amantes sonrientes y gozosos, gozando (me pido la rubia), una actividad lúdica y barata, como correr por los parques pero sin zapatillas, o sí, oiga, usted a su bola, que hay gustos para todos (me pido la morena), eso sí, un poco de orden que a ese de verde le han sodomizado cuatro veces (ja, es un chiste antiguo), amor sin pudores de monja en convento burgalés, marea de amor de lectores inteligentes convertidos en amadores sin respiro (ay, con el respeto que te tenía y me he corrido como una tonta). Croac. Nada que estoy graciosillo hoy. Ole los que entran a Glup 2.0 (sin doble sentido), como decían los barquilleros “viva mis parroquianos”. Ja. Oye, que me ha gustado eso de la cama redonda gigante, de record mundial, los sensibles usuarios de blogs encamados en un acto de amor irrefrenable (pito, pito, gorgorito, me pido la pelirroja), los compulsivos devoradores de páginas desnudándose de sus alias, de sus nombres ficticios, quitándose el disfraz (tariro, tariro) a ritmo de estriptís, qué morbazo, tantos cuerpos exhibiendo su piel sin vergüenza, tantos tímidos abiertos al deseo ajeno, con números como en las charcuterías (perdón por la comparación), llevo el 7 y tengo cola (perdón, me refiero a fila, turno, que tengo x en espera). Plas. Querida lectora, querido lector, eso, que sigamos disfrutando de estos tiempos de crisis, paz y amor, nunca rencor, que los dioses acunen nuestras soledades, potencien nuestra felicidad, desordenen nuestras virginidades y que nos ayuden para que nuestras páginas no se conviertan en páramos sin liebres ni pajarillos. Vale, menos escribir y más direcciones de camas solitarias. Se admiten sugerencias. End (the)


domingo, 15 de febrero de 2009

Quam vellem nercire literas.

La nube se disolvió en neblina.
No neblí sino paloma,
un vuelo oscuro cae, piedra sin gravedad

(Vitale)


He vuelto a buscarme y hoy tampoco estaba. ¿Sabes? He comenzado a preocuparme. Después de mirar por los rincones, bajo las alfombras, en los cajones de los armarios, sé que no estoy. Quizás he salido y no he regresado, sigo de viaje, un viejo de viaje, merezco una reprimenda por no avisar, por provocarte con mi ausencia.

Cállate, espejo, quién te ha dicho nada, no me mires con altanería, tú no eres, yo ya no estoy, salí, con modestia, sereno pero firme, bye, fortuna dilapidada, durante una época fui nadie, ahora soy menos, invisible, no estoy, no soy, esta es una voz surgiendo de las sombras de lo cotidiano y dice que hay ausencia, alimento que envenena con efervescencia, ausencia.

Azogue, mientes, este que habla no soy yo.

(Se apaga la luz, salen los gnomos, desconectan los monitores, cesa el runrún de los ordenadores y las salamandras juegan en el fuego, a espaldas de la noche. No somos nada. ¡Querría no saber escribir!)


sábado, 14 de febrero de 2009

Escrita a mano en días aletargados


Escrita a mano en días aletargados, la historia esta del ser o no ser, ya puestos mejor somos ¿no?, agradecido a quién lee, maravillado en este baile de ideas y pensamientos, de emociones, comunicación, reflejo humano de los otros, todos diferentes, todos iguales, piedras, trigo, sauces, nubes con formas diversas, alegoría, cae el día en cenizas, dijeron que llovería pero no, hay un vago olor a nada, nunca he tenido nariz, ni olfato, pasan mujeres embutidas en vestidos de no vestidas, como delfines en una bañera, me comunico con gritos y guiños, subido en el andamio con una bandera enlutada, si pongo los brazos así es la A, si los pongo así es socorro, ayuda, que vengas, que no puedo, tan solo, el agua se detiene en los cristales pero no me fío, se me están llenado las esquinas de saudade, la tengo hasta en las uñas, ahora hago el pino -ya sabes, ponerse cabeza abajo- y el pesimismo me sale por las orejas, negro, denso se desliza por el pasillo, se estanca en las cañerías del fin de fiesta, para fiestas estoy que me levanté ayer y las piernas no me respondían, me mareé, é, que ahora me río pero me asusté, é, que estuve tumbado sobre un sofá en glorioso pijama, con mi velludo pecho abierto a la brisa mañanera, dudando entre ir a trabajar o quedarme acuclillado en mi hipocondría, recordando enfermedades pretéritas, el obligado insomnio en la UVI que no me atrevía a cerrar los ojos para no dormirme, que el miedo a no despertar es libre y crece como hongos blancos y alargados, que mudo de piel y salgo en alpargatas a dar volatines junto a la casa de la doña, aquella de la que me despachó con gesto de ángel vengador, el índice señalando el camino que bajaba desde el faro, en otro dedo relucía un enigmático anillo de oro, aunque de tenerlo nunca estaba, a un marido me refiero, así como sí tenía una falda de lunares de la que se desprendía con gesto decidido, un teléfono que guardaba bajo la cama cuando nosotros estábamos sobre ella (nosotros éramos ella y yo tumbados sobre la cama; otra posibilidad era que la cama y yo estuviéramos tumbados sobre ella, la doña, pero no, era muy clásica, además de tener un humor de perros malhumorados, no quería innovaciones, etc) que el amor acecha en los momentos mas oportunos, sin derecho a huelga se acerca con un zumbido por los sótanos del deseo, mientras uno pasea con las manos en los bolsillos de tantas miradas baboseando una cadera aquí, otra allá, que si esos brazos con la marca de la vacuna de la viruela, esos muslos que se mueven y mueven y tú ahí, caminando con la cabeza baja, ja, que el verano de acá coincide con algún invierno, mis calores con sus fríos y viceversa, que íbamos a comer y nos comíamos con la mirada, nos cortábamos con los cuchillos del deseo insoportable, que nos pinchábamos con los tenedores de tenernos, a pesar de todo(s), que la acostaba entre sábanas, como un lirio, quitaba su ropa con dedos de cirujano, apenas rozando su piel, prenda a prenda, date prisa –decía- que no me lo invento, que para según qué cosas no tengo imaginación, que la amaba de izquierda a derecha, como una lectura en japonés, de fuera a dentro, de arriba abajo, que la amaba con todo mi ser, con todo mi alma, con toda la inspiración que da el amor intempestivo, o sorpresivo, o quizás la amaba porque la quería, su cuerpo tan delgado que tenía miedo de romper sus huesos cuando me rogaba posturas concretas, que dejara mi peso sobre el de ella, que subiera a su frente, que besara sus pies, que se colgaba de mis caderas como un jinete desenfadado, descarado, entraba en ella, vivía en ella como un eterno condenado a lo sublime, ella era lo sublime que nos sentábamos en un banco del parque, sin mirarnos, hablando en susurros, alrededor perros, niños, palomas, árboles que nos daban sombra y pretexto para buscar lugares secretos, que la abrazaba contra la pared del canal, que pasaban los barcos y hacían sonar las sirenas, se acodaban los marinos en cubierta y silbaban, nosotros indiferentes, mimetizados en el paisaje industrial, enlazados por la risa, por el placer que nos dejaba la nuca vibrando, esa sensación de gusto en el trayecto de los pulmones al cielo, respirándonos, ale, vamos que nos vamos y así fue como me uní a los peregrinos que caminaban por senderos al borde de la memoria, con teas encendidas por caminos oscuros para ahuyentar el miedo a llegar por pura inercia, por seguir la huella de los bueyes, cantando para no olvidar el sonido de lo viejo, grabando letras en los árboles sin corteza, esquivando los pueblos y sus luces, ortigas en las piernas desnudas, el maldito recuerdo que aún no se deshuesa y se me clava dentro, me erosiona, camino, camino, pero ella, se me ha quedado el futuro tras las rejas, lorigado en el apodo trazo signos en el escenario, blanco, mímica, señas fragmentadas para que alguien sepa, ingenuo sueño sin ombligo, atónita lectura de los otros, disciplinada palabra cotidiana, perdido el paraíso, sobre la pretensión de metonimia vana dejo este apólogo, leve fábula escrita en un país de sordos –lo cuenta Oliver Sacks- o quizás en un reino de ciegos –lo cuenta H.G. Wells- sumergido bajo la superficie de nuestra diversidad aunque en tanto coincidimos, diferentes pero iguales, ni más ni menos, otros, atentos, este mundo se ha vuelto muy pequeño, me asombra la placidez poética de tantas páginas sin grietas, con lenguaje pausado, con limites educados, sosegadas, simples a veces, sin extremos, sin delirios, diálogos familiares, hadas que no se escandalizan, niñas disfrazadas de hadas, teoría de las hadas, cicatrices en la piel de las hadas, heridas, tantos Lewis Carroll mirando como esclavos desde la cornisa, territorio de lenguas húmedas, poemas herméticos ahora que las flores amarillas crecen en la conciencia, estamos inventando alfabetos, ahora que no hay infierno esta grabación se destruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos, uno. 0.

FIN

(Fotografías de toda la serie: Max Sauco.)

(los insectos, no)


viernes, 13 de febrero de 2009

Escrita a mano en días aletargados (5)

Ha venido tu lengua; está en mi boca como una fruta de la melancolía.
Ten piedad en mi boca: liba, lame, amor mío, la sombra.

(
Antonio Gamoneda)



...grabando letras en los árboles sin corteza, esquivando los pueblos y sus luces, ortigas en las piernas desnudas, el maldito recuerdo que aún no se deshuesa y se me clava dentro, me erosiona, camino, camino, pero ella, se me ha quedado el futuro tras las rejas, lorigado en el apodo trazo signos en el escenario, blanco, mímica, señas fragmentadas para que alguien sepa, ingenuo sueño sin ombligo, atónita lectura de los otros, disciplinada palabra cotidiana, perdido el paraíso, sobre la pretensión de metonimia vana dejo este apólogo, leve fábula escrita en un país de sordos –lo cuenta Oliver Sacks- o quizás en un reino de ciegos –lo cuenta H.G. Wells- sumergido bajo la superficie de nuestra diversidad aunque en tanto coincidimos, diferentes pero iguales, ni más ni menos, otros, atentos, este mundo se ha vuelto muy pequeño, me asombra la placidez poética de tantas páginas sin grietas, con lenguaje pausado, con limites educados, sosegadas, simples a veces, sin extremos, sin delirios, diálogos familiares, hadas que no se escandalizan, niñas disfrazadas de hadas, teoría de las hadas, cicatrices en la piel de las hadas, heridas, tantos Lewis Carroll mirando como esclavos desde la cornisa, territorio de lenguas húmedas, poemas herméticos ahora que las flores amarillas crecen en la conciencia, estamos inventando alfabetos, ahora que no hay infierno esta grabación se destruirá en cinco segundos, cuatro, tres, dos, uno. 0.

FIN


jueves, 12 de febrero de 2009

Escrita a mano en días aletargados (4)

“...concierto del deseo sin ataduras
ni sintaxis...

(Amalia Iglesias)


...su cuerpo tan delgado que tenía miedo de romper sus huesos cuando me rogaba posturas concretas, que dejara mi peso sobre el de ella, que subiera a su frente, que besara sus pies, que se colgaba de mis caderas como un jinete desenfadado, descarado, entraba en ella, vivía en ella como un eterno condenado a lo sublime, ella era lo sublime que nos sentábamos en un banco del parque, en un museo, sin mirarnos, hablando en susurros, alrededor perros, niños, palomas, cuadros, árboles que nos daban sombra y pretexto para buscar lugares secretos, que la abrazaba contra la pared del canal, que pasaban los barcos y hacían sonar las sirenas, se acodaban los marinos en cubierta y silbaban, nosotros indiferentes, mimetizados en el paisaje industrial, enlazados por la risa, por el placer que nos dejaba la nuca vibrando, esa sensación de gusto en el trayecto de los pulmones al cielo, respirándonos, ale, vamos que nos vamos y así fue como me uní a los peregrinos que caminaban por senderos al borde de la memoria, con teas encendidas por caminos oscuros para ahuyentar el miedo a llegar por pura inercia, por seguir la huella de los bueyes, cantando para no olvidar el sonido de lo viejo,...(sigue)


miércoles, 11 de febrero de 2009

Escrita a mano en días aletargados (3)

He interrogado a la memoria y al camino
y al cielo turbio que coagulaba dudas.

(
Amalia Iglesias).



...sin derecho a huelga se acerca con un zumbido por los sótanos del deseo, mientras uno pasea con las manos en los bolsillos de tantas miradas baboseando una cadera aquí, otra allá, que si esos brazos con la marca de la vacuna de la viruela, esos muslos que se mueven y mueven y tú ahí, caminando con la cabeza baja, ja, que el invierno de acá coincide con algún verano, mis fríos con sus calores y viceversa, que íbamos a comer y nos comíamos con la mirada, nos cortábamos con los cuchillos del deseo insoportable, que nos pinchábamos con los tenedores de tenernos, a pesar de todo(s), que la acostaba entre sábanas, como un lirio, quitaba su ropa con dedos de cirujano, apenas rozando su piel, prenda a prenda, date prisa –decía- que no me lo invento, que para según qué cosas no tengo imaginación, que la amaba de izquierda a derecha, como una lectura en japonés, de fuera a dentro, de arriba abajo, que la amaba con todo mi ser, con todo mi alma, con toda la inspiración que da el amor intempestivo, o sorpresivo, o quizás la amaba porque la quería,...(sigue)


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