
Sancta María.
Sancta Dei Génetrix.
Sancta Virgo vírginum.
Mater Christi.
Mater Ecclésiæ.
Mater divínæ grátiæ.
Mater puríssima.
Mater castíssima.
Mater invioláta.
Mater intemeráta.
Mater immaculáta.
Mater amábilis.
Mater admirábilis.
Mater boni consílii.
Mater Creatóris.
Mater Salvatóris.
Virgo prudentíssima.
Virgo veneranda.
Virgo prædicánda.
Virgo potens.
Virgo clemens.
Virgo fidélis.
Speculum iustitiæ
Sedes sapiéntiæ.
Causa nostræ laetítiæ.
Vas spirituále.
Vas honorábile
Vas insígne devotiónis.
Rosa mystica.
Turris davídica.
Turris ebúrnea.
Domus áurea.
Fœderis arca.
Iánua cæli
Stella matutína.
Salus infirmórum.
Refúgium peccatórum.
Consolátrix afflictórum.
Auxílium christianórum.
Regína angelórum.
Regína patriarchárum.
Regína prophetárum
Regína apostolórum.
Regína mártyrum.
Regína confessórum.
Regína vírginum.
Regína sanctórum ómnium.
Regína sine labe originali concépta.
Regína in cælum assúmpta.
Regína sacratíssimi rosárii.
Regína famíliæ.
Regína pacis.
Ora pro nobis

Disfrutar la agridulce condena de esperar una llamada en la madrugada.
Se ha muerto la noche, suenan tamboriles, aplauden los romeros, ladran los perros, cocean los caballos, gritan los adoradores que beben vino bajo la parra, hay dos bueyes en el agua, se juntan los cuerpos, escondidos bajo los pinos, entre zarzas.
En un cielo pintado, un ángel rosa de plástico cuelga de un hilo y, apasionado, bendice a las gentes que murmuran, van y vienen, que no duermen, que no callan. Con un euro en la ranura, salta, mecánico levanta el índice hacia el cielo y canta. Salmos, motetes, cosas de iglesia -ya sabes-, jaculatorias, con metálica voz de fraile, canta.
Entre campanas, con olor a tomillo y hierbabuena, con sabor a milagro, aparece una virgen y la agitan, la tiran flores y besos, la sacuden, la pasean bajo palio, sobre andas.
Después vuelven de espaldas, con la frente y los pecados en el polvo, sin mirar a esa imagen, arrodillados, rezando entre suspiros, desgranando ansiedades, ahítos de fe, cansados, vano intento de simular el alba.

La Conferencia Episcopal dice: "Aun en medio de todos los logros técnicos, el comienzo de la vida sigue ligado a las relaciones sexuales entre el varón y la mujer, que al unirse en el abrazo conyugal perfeccionan su unión de vida y amor y, al mismo tiempo, generan a los hijos, que reciben como regalo del Cielo. La procreación implica, por tanto, las relaciones justas entre los esposos en la práctica ordenada de la sexualidad, es decir, de la castidad conyugal".

¿Quién dice que estamos en el siglo XXI?
¿Quién dice que las hogueras están apagadas?
Qué miedo, ay, qué miedo.
La Inquisición avanza.