lunes, 21 de enero de 2008

Vacaciones de Agosto.

Las estrellas escriben un incendio en el aire.
(
Nonno, Dyonisiaca II)


Llego, me traen, a este lugar extraño, por carreteras tortuosas bordeadas de adelfas y camiones volcados en las cunetas.

Papá, pararemos en esa gasolinera. – me habían comunicado, deferentes.

Las paredes de la cafetería, al lado de la estación de servicio, están repletas de carteles de corridas de toros, fotografías de adolescentes desaparecidas, anuncios de curanderos o de vendedores de arena y clavos.

Miro mis manos sobre esta mesa que ocupo desde hace tres horas y cuatro cafés con leche. Los posos al fondo de la taza no me revelan ningún futuro extraordinario. El camarero, con cara de aburrimiento, evita mirarme y pasa un paño húmedo sobre el mostrador, una y otra vez, de forma mecánica. Al salir del servicio mi familia había desaparecido, así, como por arte de magia, ni rastro.

¿Cuándo llegamos? – había preguntado, impaciente, mi nieto mayor.
¡Calla! – le respondieron, como si no fuésemos a ninguna parte. Yo al menos.

Dos años y tres meses sin Lucia. Ay, cuanto añoro su presencia. Al menos no ve este ridículo, esta villanía. A mí también, carajo. Qué viejo idiota soy, ni me había enterado. Había leído en la prensa casos de ancianos abandonados en verano, pero nunca imaginé que pudiera pasarme también a mí. Además no soy un anciano.

La gente entra y sale del bar sin reparar en mi presencia. Sólo una niña, con un helado en la mano, dice al pasar a mi lado – Mamá, ese señor está llorando.- Pero no, es sólo la vista cansada de imaginar los pasos siguientes: el teléfono, la Guardia Civil, sí, íbamos de viaje de vacaciones, no sé donde están ahora, sí, con mi hija, su marido y mis dos nietos, todas las explicaciones inexplicables, como razonar este abandono si hasta ahora, si nunca antes.

La radio emite música que no entiendo, habla de temas que no me pertenecen. Esta es una embarazosa situación que no sé cómo solucionar. De momento me iré a un hotel. En ese instante asoma por la puerta la cabeza de mi yerno, balbucea – Perdone, Juan, pero me había citado con un cliente, aprovechando el viaje. No llegaba a la cita y partimos. Su hija está muy enfadada conmigo ¿Hemos tardado mucho? , ¿Nos vamos? - Y recompongo mi orgullo herido, le suelto un tremendo bofetón que lanza por los aires sus estúpidas gafas de sol, salgo del bar con la cabeza alta, acaricio la cabeza de mi hija al entrar en el coche, me acomodo entre mis nietos que me besan, mimosos.

El viaje continúa, en silencio, con tres adultos enfadados y dos niños asustados.

Cierro los ojos y me refugio en el recuerdo de Lucía. Un viudo llorando por dentro, a chorros. Un anciano que empieza a tomar conciencia de que lo es. Un hombre mayor, con su familia, viajando por carreteras tortuosas bordeadas de adelfas y camiones quemados en las cunetas.

Calle 13.


domingo, 20 de enero de 2008

Circo.

Consecución de los tres fines de la vida. El hombre, cuya vida puede alcanzar cien años, debe distribuir su tiempo y dedicarse a los tres fines de la vida, subordinados entre sí, y de tal forma que uno no perjudique a otro. De niño procure adquirir cultura y aspectos análogos de lo Útil; se entregue al Amor durante la juventud, y, en la vejez, a la Ley Sagrada y a la Liberación. O, dada la incertidumbre de la vida, puede dedicarse a cada uno de éstos, cuando tenga oportunidad. (Kamasutra)

Cada día entiendo menos a los otros. Ayer mismo, entre la multitud, me sentía ajeno, diferente, no sujeto a las pasiones exacerbadas del vulgo que me rodeaba, a sus gritos, a sus primarias manifestaciones, a las extremadas expresiones de júbilo, de odio, primitivismo puro, caverna, tribu. Cuando todos vociferaban sentía en mi pecho un hondo dolor, sus caras desencajadas ofendían mi calmada contemplación del espectáculo.

Es verdad, cada día entiendo menos a los demás. Ayer especialmente no podía soportarlo. Es cierto que los leones estaban desganados, que apenas rugían. Es cierto que los cristianos no corrían, que se dejaban devorar sin resistencia, sin protestar. De los cristianos me gustan sus cantos, su pasividad, aunque es bien cierto que cuando los queman es más folclórico, mas colorista, incluso más oloroso. De los leones me gusta su implacable determinación de alimentarse, su predilección por empezar por los débiles, por los viejos, por los niños.
En cualquier caso el circo es el lugar paradigmático en el que cada día compruebo que entiendo menos al otro.

¡Ay, ay, Póstumo, Póstumo,
fugaces se deslizan los años
y la piedad no detendrá
las arrugas, ni la inminente vejez,
ni la indómita muerte!

-Horacio-

Tata Golosa


sábado, 19 de enero de 2008

Último tren.

Un perro después del amor.

Cuando me abandonaste
dejé que un perro acercase su olfato
a mi pecho, a mi vientre, y lleno así de ti
corrió sobre tu rastro.

Espero que desgarre
los huevos de tu amante y le arranque la verga
o vuelva al menos
trayéndome tus medias en los dientes.

(Yehuda Amichai)


Madrugo. En los últimos meses duermo poco, o menos. Debe ser la edad. Esta mañana, quizás nervioso por el viaje me he despertado aún antes. He estado leyendo en el salón. La casa vacía desde que Begoña se marchó antes de todo esto. Al de un rato me he asomado al balcón, por la derecha el sol salía detrás de santa Marina, por la izquierda, en el Abra, el cielo estaba rosado. Un amanecer delicioso. Mi casa da a la amplia plaza Elíptica. Los jardines relucen con los primeros rayos de este sol de invierno. Una suave brisa inclina las hojas de los sauces junto a la entrada por la Gran Vía. Por ese camino se llega a la estación.

La plaza está desierta. Sobrecoge el silencio, la ausencia de coches, de movimiento, de personas. Con ayuda de los prismáticos que acostumbro llevar a la ópera he visto mejor el cuerpo, inmóvil, junto a la fuente del centro. Parece un hombre de mediana edad. El disparo ha partido de alguno de los edificios altos cercanos al Gobierno Civil. Atravesar la plaza es el único camino para llegar a la estación. El tirador lo sabe.

Desde la alameda, la mujer, una anciana vestida de negro, camina a paso rápido, sorprendentemente rápido. Una nube se levanta a sus pies. La anciana se detiene. Mira al cielo y la bala le entra por la frente. Cae al suelo, muy cerca del hombre muerto. El tirador utiliza un silenciador.

Bajo al portal, me asomo con precaución, vuelvo a entrar, tiemblo. No hay nadie por la calle. La herida de la pierna aún me duele, no podré correr. El único tren de hoy sale a las once. Quizás sea el último. Debo decidirme. Subo hasta el piso. Doy vueltas por la casa. Compruebo que he apagado las luces, que he cerrado el paso del agua, que la pequeña maleta está preparada. Estoy asustado. Miro a la plaza. Son ya cuatro los cuerpos que yacen, desmadejados, cercanos. Begoña estará esperando mis noticias al otro lado, inquieta. Me decido. Bajo a la calle. Miro a uno y otro lado. Salgo. Corro a pesar del dolor en la pierna. Maldito hijo de puta, quién sea, maldita sea su puntería. Jadeo. Estoy llegando a los sauces…


viernes, 18 de enero de 2008

Variaciones Goldberg. (J. S. Bach)

La leyenda, que no la historia, cuenta que el conde Hermann Carl von Keyserlingk era embajador de Rusia ante la Corte de Dresde, donde tenía a su servicio al muy joven clavicembalista J. G. Goldberg, alumno de J.S.Bach. El conde, quien además de mala salud padecía de insomnio le dijo a Bach que le gustaría tener algunas piezas para teclado, de un carácter suave y a la vez alegre, tal que le permitieran distraer sus noches de insomnio. Bach escribió en 1741 el "Aria con Diversas Variaciones para el Clavicémbalo con 2 manuales" que el conde llamó de ahí en adelante "sus" Variaciones y que en las noches de insomnio eran ejecutadas para él por el joven Goldberg. Como pago, el conde le entregó a Bach una copa de oro llena con 100 Luises de Oro, que en la época equivalían a su salario anual.



Si usted aún no conoce las Variaciones Goldberg le invito con entusiasmo a escucharlas.
También le invito a conocer varias versiones y la mía propia.

1.- Versión Glenn Glould. (a ella)

Julia, sabes que durante años te he querido tanto, tanto. A veces me ha dolido la vida de tanto amarte. Luego he habitado en otros nombres, con otras mujeres, pero nunca te olvidé. Hace dos años nos encontramos por casualidad y descubrí una persona nueva. Quise conocerte mejor, saberte, reencontrarte, buscarme en ti. Pero el tiempo es un juez implacable y el nuestro pasó, o nunca lo tuvimos. Siempre has sido un imposible. Ahora también lo eres, pero de forma diferente. Antes te hubiese dado todo, me hubiese entregado absolutamente, no me pertenecía, mi amor por ti absorbía mi absoluta capacidad. Ahora, sin embargo, con tus excusas, con tus no puedo, con tu mirada, con las historias que presiento, has cambiado mi corazón. Era difícil pero, mira, lo has conseguido. Buen trabajo. Ya no te miro como la única mujer a quien amar, ahora eres una persona que necesita paz. Y yo no te la puedo dar.

2.- Versión Kenneth Gilbert (sobre ella)

Puede que haya maneras pero a mí me cuesta hablarle de mi desilusión con Julia, de mi confusión de sentimientos, de mi revoltijo de emociones. El amor romántico que le he profesado durante tanto tiempo se ha convertido en un sentimiento protector, en una amalgama de emociones contradictorias. Quiero conocerla más y cuando intuyo, o me cuenta, partes de su vida, no me gusta. Se me caen los castillos y cada cosa que conozco da salida a un sentimiento, y otro, de diferente signo, lo reemplaza. Esto, para mí, que soy tan elemental, me confunde, me llena de sensaciones extrañas y poco definidas.
- ¿La ha vuelto a ver?.-
Desde la reunión de mayo solo he estado con ella una tarde, aunque hemos hablado por teléfono varias veces. Lo lógico sería olvidarme de Julia y terminar esa historia, pero algo me impulsa a querer saber más, a etiquetar los preguntas pendientes. Es una deuda conmigo mismo. Durante un tiempo de mi vida no fui del todo bueno, ahora estoy domesticado, no podría ser malo aunque me lo propusiera. Creo que usted ya lo sabe. Bien, pues hay conductas mías actuales que me sorprenden, que no guardan relación con cosas que he hecho hasta ahora. Concretamente con Julia he pasado de querer ser su amante a querer ser su padre. No es muy exacto pero no sé explicárselo mejor. Seguiremos hablando, se me ha pasado la hora ¿no?.

3.- Versión Glup, (frente al espejo.)

Venga, sé sincero, quieres volver a verla ¿por qué te engañas? No sientes ya lo que sentías, pero te mueres de ganas de estar con ella, de mirarla, de hablarla, de ver como se mueven sus labios, de perderte en sus pómulos, en la curva de su melena, de comerte sus palabras. Nunca has dejado de pensar en Julia, reconócelo. Y es curioso, estuviste tan cerca, no fuiste valiente, debiste dejarlo todo, quemar las naves y perderte en esa locura, en el caos de amarla, con la esperanza del sí, con el abismo del no. Ay ¿recuerdas ese último día? te permitió acompañarla hasta la puerta de su casa ¡qué feliz ibas a su lado! flotabas, no había en el mundo un hombre tan afortunado como tú. Pero a nadie le importa, incluso ni a ti mismo te importa, lo único que desearías ahora es estar con ella, dondequiera que esté. Fuiste tan ingenuo al decir que no te amase. Ahora su silencio se ha convertido en tu prisión y todo ha vuelto a ser como antes y no contesta a tus mensajes y el tiempo pasa y ....

4.- Versión jazz.(quién sabe.)

Glup golpea el espejo.
La sangre corre por su mano, salpica su cara.
El amor ha vuelto a morder su soledad antigua y las espigas de níquel se agitan como torbellinos detrás, debajo de la cama.

Glup esquiva a las salamandras altivas, a los nenúfares carnívoros y a ese avión de caza que va y viene atronando el techo y sus oídos atiborrados de miedo, de alcohol malo, de lápidas flotando, de qué.

5.- Versión pop.(sin comentarios) .

Ahora que Crosby y Nash ya no cantan a las ballenas y los aviones se caen, o los derriban; ahora que el mundo se ha convertido en una aldea global, o eso nos dicen, Glup interpreta al piano las Variaciones Goldberg en la sala de conciertos del Euskalduna.
En el auditorio, en la segunda fila, está sentada Julia
Glup enfurece al descubrir su presencia, levanta el piano sobre la cabeza y lo lanza contra su ex amada.
Julia, una señora vestida de verde y un acomodador mueren en el acto.
Glup es arrestado.
Final: Sin piano no hay concierto.


Si no te quisiera tanto, o por eso, te haría el amor en los portales.


jueves, 17 de enero de 2008

Pozo.

Bajar al pozo.
O saltar.
De cabeza.
Sin pensarlo.
Sin poder pensarlo.
Estar allí.
Solo.
En lo oscuro.
Animal saciado.
De oscuridad.
Angustiado.
Sin estrellas.
Nadie asoma.
Por siempre.
Caído.
En cautiverio.
Sin alondras.
Ahíto
De sombras.
Grito inútil.
Prisión voluntaria.
Sin memoria.
Pared que sangra.
Tiempo ahogado.
Herido de miedo.
En silencio.
Dolorido.
Sin paisajes.
Soledad tenaz.
De piedra.
En el pozo.
Solo.


miércoles, 16 de enero de 2008

Afganistán.


“Je n`ai vu un plus grand monstre ou miracle que moi-même. (Montaigne)


La verdad es que no me siento militar, me alisté por la preparación física y por viajar. También por estar una temporada sin pensar demasiado. Llevo aquí tres años y se liga, mucho. Es cierto que soy guapo, todo ayuda.

Paqui era morena, enérgica, divertida, ocurrente, sensual, sonreía, siempre sonreía y eso era solo el principio, a partir de ahí el cielo parecía un simple atajo hasta el éxtasis de yacer con ella. Tenía otras...¿virtudes? que no puedo contar aquí. Me hablaba y se me derretían hasta las pestañas. Para un navarro como yo su acento malagueño me desarmaba -espero no haber hecho un chiste a cuenta de mi profesión-. Cuando me acariciaba se me erizaban los vellos del cuello, jamás una mujer me ha tocado así. También es verdad que me han tocado tantas que mi memoria flaquea.

Puedo seguir con nombres y nombres pero no quiero hacerme el gallo. No creo que fuera determinante pero el galón amarillo destacaba en mi traje de faena. También destacaba la boina de paseo y, cómo no, mi porte marcial. Era el prototipo de aguerrido soldado.
Por la mañana cuartel, por la tarde hembras. Mi sueño era hacérmelo con dos de mis amigas; a la vez, claro. Pero no encontraba candidatas. No es que fueran mojigatas, no, al contrario, eran celosas, posesivas, me querían solo para ellas, sin compartirme.
Durante el tiempo que llevo en el ejército me he acostado con tantas mujeres que he perdido la cuenta. Si me vieran mis paisanas, tan puritanas, todas querían un anillo previo, pobrecitas.
Pero la que de verdad me gustaba era Paqui.

-Estoy embarazada- me lo dijo al terminar.
-Conozco trucos mejores- le contesté sin mirarle a los ojos.
Al día siguiente salíamos de maniobras, una semana en la sierra. Lo pensaría a la vuelta.

-Abortaré- era el escueto mensaje en el móvil.
No le contesté, después de varios días de marchas por el monte me encontraba demasiado cansado para considerarlo.

No lloraba, tenía en la cara un gesto de determinación, en la puerta del cuartel me lo dijo- Me mentiste, todo era mentira, nunca me has querido. No te preocupes, abortaré y nunca más sabrás de mí-. No supe contestarle y se fue.

Después nos enviaron a Afganistán en labor humanitaria. Fueron varios meses en los que no lo pasamos bien, aunque peor lo pasaban los de allí. Todo lo que vi en aquellas tierras me hizo reflexionar. A la vuelta lo dejé, el ejército, estaba aburrido, la verdad es que también estaba asustado, no era eso, no era eso.


No volví al pueblo, demasiado pequeño, y llueve mucho. Me quedé aquí. Trabajo en la asesoría de uno que era sargento, bien. Me he casado, Juana es una maravilla de mujer, está de cajera en un Hipersol. En verano vamos a la playa y en invierno apenas salimos, estamos ahorrando para pagar la entrada de un piso. He engordado un poco. Mi vida, mi puta vida.

Aquí


martes, 15 de enero de 2008

Vida y destino.

"Y en esa nueva y última despedida, cuando a través de la puerta entreabierta el viento húmedo y frío de la calle se mezcló con el calor de la casa, cuando la piel áspera y curtida de la pelliza rozó con la seda perfumada de la bata, ambos sintieron que sus vidas, hasta ahora una sola cosa, se escindían en dos y la angustia les abrasó los corazones."


"Un frío gélido se elevaba del río y de las tinieblas, emergía un viento contrario y despiadado. Sobre la cabeza brillaban las estrellas y no hallaba consuelo ni paz en aquel cruel cielo de hielo y fuego que dominaba su cabeza infeliz."


(Vasili Grossman)

Impresionante.
Sólo puedo decir que hacía tiempo que un libro no me enganchaba de esta manera.

Aviso a posibles lectores: tiene más de 1100 Páginas.

En nombre de los que yacen en la tierra. (por Robert Chandler)

Hislibris / Rodrigo

Aquí


Dilogía.

Nada es lo mismo

La
lágrima
fue
dicha...


Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.

¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:

Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González

Sin quererme embozar en el desánimo escucho los pájaros y el viento en la alameda, el camino está cortado por flores, a los lados hay estatuas de mármol en jaulas de colores. Escribo yo y no otro y gozo y temo y el cazador está apostado en el brezo. Llega carta de ella (¿?) y me desbarata, me arma, me desarma. Estaba en un cuadrilátero insoportable de sal y de lágrimas y desde hoy he claudicado, he traspasado el límite, he pasado al otro lado y ya no entiendo nada, además sé que no se puede entender, siempre tengo la idea que es pasajero, pero no, persiste sin que pueda hacer nada por remediarlo. La hierba se quema de lluvias y la vida es como la recordamos, su sonrisa -la de la fotografía en la pared- me mira, alegrándome. Pienso en ella (¿?) sabiendo que no debo hacerlo, me obstino en su sonrisa y el pecho se me llena de catedrales con las piedras ardiendo y menesterosos escondidos en la sombra de las cruces. Escribo lo que no debo y aún así me grabo el óvalo de su cara, la pienso, la describo, su cara feliz, o lo parece, o estar con ella en una esquina puede ser tan mágico que puedo equivocarme y pintar de nostalgia lo que no es sino presente pero sé que no y la niña pertenece al pasado y queda la mujer que me mira, a la que no puedo tocar sin temor a que algo ocurra, a la que hasta su olor me atrae y me evoca recuerdos de los que no tengo constancia pero están ahí, cuando en el mundo no había un nosotros y su mirada y su halo y una alimaña detrás, escondida pero ahí, esperando que desfallezcamos para devorarnos y el cristal, también ahí, separándonos irremediablemente en este territorio de ríos azules, de otoños, de nostalgias heredadas, de arbustos negros, de olas sobrepasando la escollera del ayer, pataleo sobre el ayer, mecagüen en el ayer. / Nada. Se va, vuelve, revuelve, me deja mensajes grabados en el contestador, dice que teme darme la mano, dice que teme que nos besemos, que nos desnudemos, dice que no, que nunca, que mejor estoy lejos, que soy un peligro para ella (¿?), que cada cosa tiene su tiempo y nosotros nunca lo hemos tenido. Puede decir lo que quiera, en mi interior no puedo sujetar esta avariciosa ternura que me deja ensimismado cuando estamos a solas, estas inmensas ganas de abrazarla y sentir su piel, de dejarme llevar por tanto sentimiento prisionero, soltarlo, llorárselo sin pudor sobre los hombros, decirle que no se puede querer tanto como yo la he querido y quiero, que no se puede sufrir tanto como yo he sufrido y sufro por ella (¿?), saber que ya no importa, que ni siquiera somos los mismos, que nunca hemos sido nada excepto una broma en las comidas de la empresa, cuando se escarba en los pasados no conocidos, en los futuros imposibles. A pesar de todo, arriesgando tanto, me acerco a ella (¿?) sin remedio, de forma inconsciente, sin pudor, sin pensarlo casi, con una repetida sinceridad al contar, al abrir mi corazón, al quedar expuesto a su comprensión, a su compasión, a quién sabe qué sentimiento, seguro que contrario al que quiero buscar. Pero no sé qué quiero buscar, no sé qué fuerza me impide olvidarla, me obstino en escribir poemas sin remedio, sin rima, no sé por qué me empeño en verla, en equivocarme así, en no pensar en lo que es bueno para ella (¿?), ni siquiera sé por que me tolera. Me paro y pienso que ya tengo edad para saber lo que debo y lo que no debo hacer, ya, inútil intento, pienso en ella (¿?) y las normas no existen, los límites siempre están más lejos y leo tantas veces las cartas que me escribe que la letra está borrosa, lo que dice me redime, lo que no dice me llena de tantos sueños que una explosión de imposibles me devuelve a la realidad y la realidad es aplastante, demoledora, está el aquí, el ahora y vivir no es escribir y todo esto no son más que palabras que no llevan a ninguna parte excepto a disturbarnos, a perturbar nuestra tranquilidad reciente, a que me mire como al bicho raro que siempre he sido para ella (¿?) si es que he sido algo. Sigo cautivo. (Saben que estoy escribiéndole, me vigilan, debo disimular, luego sigo). /Son las seis de la mañana, continúo despierto, me he comido el despertador, me doy cuenta que mañana estaré agotado por falta de sueño, me paro, muevo la cabeza, me compadezco de mi mismo con la ansiedad del amanecer y juego con seriedad, sonriendo pero respetando las normas, no pisar la raya, pisarla, borrar la raya, dibujarla, doblarla, llenarla de flores, apretarla entre los dedos y ya, canto mientras decido si clavaré estas elucubraciones en la puerta de madera de la ermita, pero sé que sí porque quiero que mis compañeros del astillero sepan hasta donde puede llegar la marea del corazón y eso que llaman amor que ni siquiera entiendo si es esto o es luz en el agua sucia del pantano, si solo es una locura que dura demasiado tiempo -toda mi vida, toda su indiferencia- y todavía me quedan dos años de contrato para salir de aquí, prisión de la voluntad, de cielos en continuo poniente y esto no dice nada y dice y mis poemas y cuentos pasan con pena, en silencio, avergonzados, mirando al suelo. Esta fragancia dice que si hablo sobre mi próstata o sobre las alteraciones en mi cuenta corriente emocional alguien al otro lado del Río Grande abre su ventana y entona una melodía muda con subtítulos y comentarios como banderolas al viento. Coincidencia o circunstancia, o quizás sea una cuestión de murallas alrededor del yo, de nubes atravesadas y atropelladas por los estorninos de noviembre, o de estepas meciéndose en plácidos atardeceres de revistas de fotografía. Debe ser un mal común, lo que le interesa no me interesa y viceversa y la vida del hombre la mecen con cuentos y León Felipe se sabía todos los cuentos y estamos hasta el gorro (frigio y frígido) de que nos cuenten cuentos. Sin embargo anteayer, ayer, hoy te he contado esta dilogía, mi querida lectora, mi querido lector. Mañana más, algo se me ocurrirá (cada día se me ocurre menos, puede ser el frío).

Charles Aznavour.


lunes, 14 de enero de 2008

Dilogía (y 3)

Bajo los sauces
yo te llevo en mis brazos y te siento vivir.

Después salimos a la luz y, por primera vez,
tú ves el cielo y lo señalas y lo nombras.

Es verdad; en el extremo de tus manos,
el cielo es grande y azul.

(
Gamoneda)


Son las seis de la mañana, continúo despierto, me he comido el despertador, me doy cuenta que mañana estaré agotado por falta de sueño, me paro, muevo la cabeza, me compadezco de mi mismo con la ansiedad del amanecer y juego con seriedad, sonriendo pero respetando las normas, no pisar la raya, pisarla, borrar la raya, dibujarla, doblarla, llenarla de flores, apretarla entre los dedos y ya, canto mientras decido si clavaré estas elucubraciones en la puerta de madera de la ermita, pero sé que sí porque quiero que mis compañeros del astillero sepan hasta donde puede llegar la marea del corazón y eso que llaman amor que ni siquiera entiendo si es esto o es luz en el agua sucia del pantano, si solo es una locura que dura demasiado tiempo -toda mi vida, toda su indiferencia- y todavía me quedan dos años de contrato para salir de aquí, prisión de la voluntad, de cielos en continuo poniente y esto no dice nada y dice y mis poemas y cuentos pasan con pena, en silencio, avergonzados, mirando al suelo. Esta fragancia dice que si hablo sobre mi próstata o sobre las alteraciones en mi cuenta corriente emocional alguien al otro lado del Río Grande abre su ventana y entona una melodía muda con subtítulos y comentarios como banderolas al viento. Coincidencia o circunstancia, o quizás sea una cuestión de murallas alrededor del yo, de nubes atravesadas y atropelladas por los estorninos de noviembre, o de estepas meciéndose en plácidos atardeceres de revistas de fotografía. Debe ser un mal común, lo que le interesa no me interesa y viceversa y la vida del hombre la mecen con cuentos y León Felipe se sabía todos los cuentos y estamos hasta el gorro (frigio y frígido) de que nos cuenten cuentos. Sin embargo anteayer, ayer, hoy te he contado esta dilogía, mi querida lectora, mi querido lector. Mañana más, algo se me ocurrirá (cada día se me ocurre menos, puede ser el frío).

Fin

Georges Brassens


domingo, 13 de enero de 2008

Dilogía. (2)

No sólo la victoria tiene alas. También las tiene el fracaso. No arde el infierno ni es dulce el amor más que la muerte. No es sabia la vejez y nunca fue inocente la niñez. No importa el honor, no escuchan nunca los dioses, a nada sirven los esfuerzos hermosos. No esperan las flores la llegada de la primavera dormidas al abrigo de esa tierra que hoy a mi imaginación se le antoja extraña. Pero sí que es profundo el mar, y tan frío y cavernoso. El Nuestra Señora de Getxu yace aquejado de vértigo y besando con su ajada panza la única certeza permanente del frío, del ciego movimiento eterno, de la muerte.(Purranki Sandongui)



Nada. Se va, vuelve, revuelve, me deja mensajes grabados en el contestador, dice que teme darme la mano, dice que teme que nos besemos, que nos desnudemos, dice que no, que nunca, que mejor estoy lejos, que soy un peligro para ella (¿?), que cada cosa tiene su tiempo y nosotros nunca lo hemos tenido. Puede decir lo que quiera, en mi interior no puedo sujetar esta avariciosa ternura que me deja ensimismado cuando estamos a solas, estas inmensas ganas de abrazarla y sentir su piel, de dejarme llevar por tanto sentimiento prisionero, soltarlo, llorárselo sin pudor sobre los hombros, decirle que no se puede querer tanto como yo la he querido y quiero, que no se puede sufrir tanto como yo he sufrido y sufro por ella (¿?), saber que ya no importa, que ni siquiera somos los mismos, que nunca hemos sido nada excepto una broma en las comidas de la empresa, cuando se escarba en los pasados no conocidos, en los futuros imposibles. A pesar de todo, arriesgando tanto, me acerco a ella (¿?) sin remedio, de forma inconsciente, sin pudor, sin pensarlo casi, con una repetida sinceridad al contar, al abrir mi corazón, al quedar expuesto a su comprensión, a su compasión, a quién sabe qué sentimiento, seguro que contrario al que quiero buscar. Pero no sé qué quiero buscar, no sé qué fuerza me impide olvidarla, me obstino en escribir poemas sin remedio, sin rima, no sé por qué me empeño en verla, en equivocarme así, en no pensar en lo que es bueno para ella (¿?), ni siquiera sé por que me tolera. Me paro y pienso que ya tengo edad para saber lo que debo y lo que no debo hacer, ya, inútil intento, pienso en ella (¿?) y las normas no existen, los límites siempre están más lejos y leo tantas veces las cartas que me escribe que la letra está borrosa, lo que dice me redime, lo que no dice me llena de tantos sueños que una explosión de imposibles me devuelve a la realidad y la realidad es aplastante, demoledora, está el aquí, el ahora y vivir no es escribir y todo esto no son más que palabras que no llevan a ninguna parte excepto a disturbarnos, a perturbar nuestra tranquilidad reciente, a que me mire como al bicho raro que siempre he sido para ella (¿?) si es que he sido algo. Sigo cautivo. (Saben que estoy escribiéndole, me vigilan, debo disimular, luego sigo)...(sigue)

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