Glup 2.0


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28.2.10

Quiero irme.


Creen que no les oigo, cómo si la mascarilla me tapara los oídos, qué más quisiera, ojos y oídos, toda tapado y bien tapado. Estoy harta de este guiñapo que todos mueven, que ahora un tubo, luego otro, y después pincha que te pincha. Les oigo, claro que les oigo. La pastilla roja después del caldito, la verde con el yogur y a ver si esta vez no lo echa todo. Oye, ¿has hablado con Francisco? sí, le viene mal hoy, está esquiando, tiene una nieve estupenda y quiere aprovechar. ¿Y la señora que le cuida? lo tenemos claro, no nos coge el teléfono, seguro que está de ligue. ¡De ligue! qué más quisiera ella, lo que está es aburrida de pasarse la vida a mi lado, para un domingo libre que tiene habrá desconectado el móvil, dirá que se ocupen los hijos, pobres, tienen que estar hartos de esta vieja inútil y cuando se tiene salud nadie quiere pasar el tiempo en un hospital viendo miserias. ¡Ay Jesús! Con lo que yo he sido…que lo mismo plantaba lechugas que daba de comer a las gallinas, menudo caldo hacía con las pobres, no esta porquería con cuatro fideos bailando que me ponen aquí porque tengo que comer para ponerme buena, que manía, si no quiero ponerme de ninguna manera, quiero que esto acabe de una vez, mira que se lo digo a Él: todos los días un rosario por la mañana y otro por la tarde, para que me lleve, me da pena no ver más a mis hijos, pero más pena me doy yo.

¡Ay! lo que faltaba, tengo ganas de mear, pues a mi no me ponen otra vez la bacinilla, menuda cochinada. Mira que lo pasé mal con los dodotis, pero no me quedó otra: mi hija no podía estar toda la noche en danza que al día siguiente tiene que ir a trabajar. Me acostumbré, todo tiene sus ventajas, no tienes a nadie delante y lo haces cuando quieres, pero llegas aquí y te ponen esta cosa verde, como aquella película, la de ese actor mayorcito que gesticula mucho ¿cómo era…? sí, Nicolsón, que se lía con chavalas y con tanta pastilla de esas para los que no pueden, le da un infarto. No me acuerdo como acaba, sólo de cuando va por el pasillo del hospital y se le abre la bata, menuda pinta tenía con el culo al aire…bueno, Josefa, déjate de películas que te vas a mear encima, pero ¿cómo le digo a mi nuera que me acompañe hasta el cuarto de baño? con lo esmirriada que está nos caemos las dos al suelo, seguro. ¿No habrá forma de que alguien me ayude? para ir a mear no, soy una tartana de 85 años y quiero irme para siempre. 

(Colaboración anónima.)



27.2.10

Lídice.



Lídice

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Lídice es un poblado de Checoslovaquia (actualmente República Checa), hoy recordado por haber sido completamente destruido, a instancias de Hitler, por las fuerzas nazis de ocupación durante la Segunda Guerra Mundial en venganza por el asesinato del jerarca nazi Reinhard Heydrich.

Historia 

El pueblo aparece mencionado en la literatura desde 1318. Antes de la industrialización del área, muchos de sus habitantes trabajaban en las minas y fábricas de los pueblos cercanos de Kladno y Slaný.

La masacre de Lídice 

En 1942 el dirigente de las SS Reinhard Heydrich ejercía como "protector" de Bohemia y Moravia, ocupadas desde 1939. En la mañana del 27 de mayo de 1942, se dirigía en su vehículo descapotable desde el Castillo de Praga hacia el sector de Holešovice, cuando fue atacado por dos guerrilleros de la resistencia checa, Jozef Gabčík y Jan Kubiš. Estos soldados, entrenados en el Reino Unido, habían descendido en paracaídas en diciembre de 1941, como parte de la Operación Antropoide. El 4 de junio de 1942 Heydrich murió en el Hospital Bulovka de Praga, víctima de una infección. Esto hizo enfurecer a Hitler, que ordenó al nuevo gobernador de Bohemia, Kurt Daluege, que hiciera lo necesario para encontrar a los asesinos. Como resultado de ello, los alemanes iniciaron una brutal campaña de represión en contra de la población civil checa.

De todas las operaciones de venganza, la más conocida es la ocurrida el 10 de junio. Ese día, fuerzas de seguridad alemanas rodearon el poblado de Lídice, cerrando todas las salidas. Este pueblo fue escogido por ser uno de los más activos en contra de la ocupación nazi, entregando a la resistencia una gran cantidad de partisanos. Al entrar al pueblo, toda la población fue sacada de sus casas, separando a todos los hombres mayores de 15 años y llevándolos a un granero. Al día siguiente fueron todos fusilados. Otros 19 hombres y 7 mujeres que trabajaban en una mina cercana fueron llevados a Praga y también ejecutados. Las mujeres y niños restantes fueron enviados al campo de exterminio de Ravensbrück, donde un cuarto de ellos murió en las cámaras de gas o por el trabajo forzado. Los niños, por su parte, fueron llevados al gueto de la calle Gneisenau en Łódź (actual Polonia), donde fueron separados en base a criterios raciales. Los que podrían ser objeto de "arianización" fueron enviados a Alemania, mientras que los 82 restantes fueron asesinados en Chelmo. El poblado fue destruido y totalmente arrasado. Un documental original, realizado por los soldados alemanes, ha sobrevivido como testimonio de la masacre.

En total, 340 habitantes del pueblo fueron asesinados (192 hombres, 60 mujeres y 88 niños). Lo mismo le sucedió a otro pequeño poblado llamado Ležáky dos semanas después: los hombres asesinados, las mujeres enviadas a los campos de concentración y los niños "arianizados" o enviados a las cámaras de gas. El resultado final de la represión por la muerte de Heydrich fue de 1.300 personas, entre partisanos, altos dirigentes checos y víctimas circunstanciales, como los habitantes de Lídice.


Lídice, hoy 

Pese a haber sido completamente destruido, el pueblo fue reconstruido en 1949. Con posterioridad a la masacre, muchos pueblos de varios países tomaron su nombre para ellos. Así, el pueblo de San Jerónimo Aculco, en el Distrito Federal (México), cambió su nombre por San Jerónimo Lídice; se creó el barrio y hospital Lídice en 1943 en Caracas, Venezuela, mientras que en Panamá se creó Lídice de Capira, al igual que varios pueblos en Brasil. Así, el nombre del pueblo es recordado pese a las intenciones de Hitler. El nombre empezó a ser utilizado por mujeres de varios países.

El pueblo se levanta en un área contigua a la original, donde existe un gran parque-monumento en memoria de las víctimas. La villa de Ležáky no fue reconstruida, y sólo existe un monumento.



Y todo esto, más o menos no importa ya ahora que Souad Massi canta en una lengua que no conozco pero siento, creciendo en una memoria antigua, todo esto pertenece al pasado ¿no?, no importa ahora que sobre la cama están extendidas mis pobres pertenencias, lo elemental para salir a caminar, a conocer (me), a intentar saber que más allá de la piel, del ombligo, hay otros, iguales, algunos mudos, algunos expresándose con gestos, con silencios, iguales dije, no, superiores, con la mirada limpia, sin subterfugios, sin capotes rojos para citar al toro del miedo, al furioso animal que nos hacer hablar en este zoco absurdo sin visitantes, con apenas unos pocos nombres escogidos, arriba y abajo en la espera del próximo final de mes, y otro, y otro. Etc.

Mientras tanto, debajo de un capirote, dejamos aquí apenas unos gramos de esperanza, de palabras engarzadas, de susurros enmascarados, de mentiras disfrazadas. Etc.

Ya no sé cuándo. Etc.




26.2.10

Llamada


" La tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran... No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aullaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles; pero lo que estremecía era pensar en su humanidad -como la de uno mismo-, pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero si uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ello un significado que uno -tan alejado de la noche de los primeros tiempos- podía comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque está todo en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Júbilo, temor, pesar, devoción, valor, ira -¿cómo saberlo?-, pero había una verdad, la verdad despojada de su manto del tiempo. Que el necio se asombre y se estremezca; el hombre sabe y puede mirar sin parpadear. "

El mar estaba cubierto por una densa faja de nubes negras, y la tranquila corriente que llevaba a los últimos confines de la tierra fluía sombríamente bajo el cielo cubierto... Parecía conducir directamente al corazón de las inmensas tinieblas.

Joseph Conrad El corazón de las tinieblas


S me llama.

Has vuelto a escribir lo de siempre.

Perdona, no te entiendo.

Te he leído. Lo de ayer.

¿Y?

El pobrecito hombre solo.

Sabes que son cosas que invento.

Ya, pero son variaciones sobre el mismo tema. Estás obsesionado, deberías consultarlo.

Es únicamente un post.

Sí, pero no solo eso, aunque tú no lo sepas.

No me líes, cómo voy a saber lo que no sé.

Hay muchas cosas que no sabes entre todo lo que dejas aquí, eres transparente.

¿Tú crees?

Sí.

Cuelgo el teléfono pero me quedo pensativo ¿tendrá razón?


Hi ha un remolí a l'aigua on les paraules
es fan dolces,
on les paraules es fan lentes i clares
com les profunditats.
Hi ha un lloc a l'espai on la veu us ressona,
on la veu us envolta i sedueix
com si cridéssiu dins d'una cova.
Si això us dic és per a sincerar-vos
amb vosaltres mateixos .
No vulgueu descobrir quines forces us mouen.
Hi ha la vida i la mort, immutables.
La resta són paraules.
Estimeu-vos, germans, pel que us dol i us fetilla.

&

Hay un remolino de agua donde las palabras se hacen dulces,
donde las palabras se hacen lentas y claras
como profundidades.
Hay un lugar en el espacio donde la voz os resuena,
donde la voz os rodea y seduce
como si gritárais en una cueva.
Si esto os digo es para sinceraros
con vosotros mismos .
No queráis descubrir qué fuerzas os mueven.
Hay la vida y la muerte, inmutables.
Lo demás son palabras.
Amaos, hermanos, por lo que os duele y os hechiza.

Miquel Martí y Pol
(Gracias, muchas gracias  a S. C.)

25.2.10

Begoña.

…“pasar la vida con una elegante serenidad sabiendo que al final todo se disuelve en la nada”…

Begoña, tantos años bajando a Cádiz. Entonces no había autopistas, viajábamos de noche para evitar el calor, las niñas dormían en los asientos de atrás Parábamos a tomar café en ventas con gente inquietante y llegábamos justo a tiempo para desayunar en Carmona. Una vez pasado Lebrija casi se olía el mar, de ahí a Conil se nos hacía interminable. Tantos años de momentos deliciosos, ¿recuerdas?

Cuando las hijas se hicieron mayores dejaron de acompañarnos. Aguantamos dos veranos más y giramos el mapa. En Galicia también disfrutamos septiembres memorables. Era diferente, tú y yo solos, como novios, recorriendo las playas desiertas, bañándonos en aguas gélidas, extasiándonos con las puestas de sol. Allí nos llamó la mayor para decir que se casaba. Y la pequeña para anunciarnos que se marchaba a vivir a Londres. Solo volvían en Navidad y la vida cambió, tanto. Cómo me consolabas, Begoña.

En estas cosas pienso mientras vuelvo a Cádiz, un viaje nostálgico. No me riñas, ya sé que no ha sido buena idea pero estoy aburrido de esta soledad. Nuestros nietos estarían felices en la playa pero ni sé desde cuando no me visitan. Mi vista no es la que era y conducir de noche me está cansando demasiado. No sé qué quiero encontrar, tú dirías que sigo siendo un inconsciente. Lástima que ya no me lo puedes decir. Me duelen las piernas, creo que debo parar, me estoy orinando. No hay ni una casa, no sé para qué he venido, debería haber tomado la autopista, esta carretera es muy estrecha, iré más despacio. Te añoro tanto, Begoña y esas luces que se acercan me están deslumbrando, no…


24.2.10

Excluidos



Los excluidos son invisibles

Nadie es excluido por lo que es, sino por el trato que recibe de los demás. Quizás, el excluido no existe, y sólo existimos los excluyentes.

La exclusión social supone negar a la persona el derecho a ser persona. Si el hombre es un ser social, al excluido, con tan sólo un pasar de largo, se le arrebata aquello que permite sentirse humano. El excluido es aquel al que la sociedad le da la espalda. Los políticos no suelen ocuparse de ellos. En los medios de comunicación apenas aparecen. El excluido social no disfruta de los derechos más básicos, porque la sociedad no se los reconoce y porque él no puede reclamarlos.

La imagen de la exclusión social más evidente es quizás la de las personas que viven en la calle. En la próspera Unión Europea de quince países, se calculó que había cinco millones de personas sin hogar, y que más de 15 millones vivían en infraviviendas. Por su parte, los inmigrantes sin papeles, los habitantes de barrios marginales y los drogadictos sin tratamiento forman un grupo de excluidos sociales cada vez más numeroso.

Si la sociedad no favorece al débil, lo excluye. La falta de interés por la educación que reciben los niños de los barrios marginales asegura una tasa de exclusión para el futuro. La igualdad de oportunidades se limita a una frase hecha si no se ponen los medios públicos al alcance de todos.

En España, sólo el 2% de los disminuidos físicos llega a la Universidad. Si las leyes no buscan reinsertar a las personas que menos opciones han tenido, el Estado Social queda en entredicho. En los últimos años, la población reclusa ha aumentado en la mayoría de los países occidentales. La inmigración clandestina es un manantial de excluidos, cuyo único cauce posible parece pasar por la integración. Si la sociedad no es capaz de adaptarse a las nuevas realidades, la suma de minorías excluidas pueden convertirse en la mayoría de la población.

Fenómenos como el paro, la precariedad laboral o la reducción del Estado de bienestar hacen aumentar el porcentaje de excluidos. Las nuevas estructuras sociales crean grupos de exclusión que antes se consideraban impensables. El “abuelo”, que hasta hace poco era una figura fundamental en la mayoría de los hogares, se enfrenta a una de las exclusiones más sutiles: la soledad. En un país tradicionalmente familiar como España, un millón y medio de ancianos viven solos, y de ellos, el 20% reconoce que su principal problema es la falta de compañía.

Los grupos de exclusión cambian con el tiempo. A lo largo de la historia, han sido excluidos sociales los judíos, los zurdos, los enfermos mentales, los gitanos, los actores, o los portadores del virus del Sida. La homosexualidad o el consumo de drogas se han rechazado o dignificado según las distintas culturas. Sería bueno comprobar qué grupos de exclusión creamos en nuestro desarrollo y cuáles hemos hecho desaparecer, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Ahora, la principal causa de exclusión mundial es, sencillamente, la pobreza.

El excluido no es el que ha perdido el trabajo, sino el que no tiene esperanzas de recuperarlo. El problema de los excluidos no es que tengan problemas, es que no tienen a quien contárselos. Excluido es el inmigrante que llega en patera, es la prostituta a la fuerza, el drogadicto, la mujer maltratada, el sin hogar. Y el abuelo que no entiende una receta y no tiene quien se la explique; y el enfermo sin una visita desde hace meses; y el homosexual si debe callarse lo que siente; y el minusválido delante de una escalera. Pero los excluidos no eligen serlo. Entre todos escribimos su etiqueta. Nadie es excluido por lo que es, sino por el trato que recibe de los demás. Quizás, el excluido no existe, y sólo existimos los excluyentes.

Alberto Senante Carrau
Centro de Colaboracioes Solidarias
9 de mayo de 2005



Lo de hoy está dedicado a los viajeros de sí mismos, a los que transitan por las interminables distancias interiores, esos que nunca llegan a su propio destino, que siempre están detenidos en andenes intermedios entre la salida y la nada, entre ser o haber sido, entre recuerdos y el tiempo escapándose de las manos que acunan el vacio, dedos que señalan la inmensidad, lo que siempre está más allá, inalcanzable, el miedo a que todo termine antes de llegar, antes de ser, antes del orgasmo o el viento, antes de conocer el verdadero rostro del alma, de la belleza, de romper los espejos, de refugiarse en las ruinas de palacios vacíos, en carros de gitanos volcados en carreteras con barro y perros ladrando en los caseríos, gatos junto al fuego, ancianas que nos miran con zarcillos en las orejas, con una maldición en la lengua, con un gesto de cruces e intermitencias, lejos de lo conocido, lejos de la historia, de lo que antes, del sí, de haber salido de México y llegar a Brasil, de un pueblo perdido en la meseta castellana, rumor de polvo, zorzales colgados de los alambres, vencejos acariciando los arroyos, un hombre de uniforme revisa las entradas, un hombre ciego ve el futuro, una mujer lleva en su seno la promesa del cambio, de lo que tú no has podido ser, de los inventos, de higrómetros y cachivaches, de melenas sumergidas en una corriente de tiempo y viento que nos abandona justo allí donde confluyen las líneas que delimitan la impotencia y subir y bajar a vagones huecos, ventanas cerradas, calefacción para el invierno y carbón desgranándose por vías y vías, hierro y madera, minutos triturados, la muerte agazapada en los túneles que nos atemorizan, nunca entramos a los túneles, saltamos en marcha, nos golpeamos con rocas y peñascos, con carteles que avisan “menos uno, menos dos, menos tres...”, nos engañamos, nunca llegaremos. Etc.

 

23.2.10

Tocando el tambor.



Mi amada, aquí, tocando el tambor como en Calanda, pom porropom pom pom, escribirte es una prolongación de verte, de escucharte, de sentirte, por eso, por oírte entre mis venas cuando pienso en cosas bellas, en emociones que me vienen de fiesta por la cabeza cuando voy de un lado a otro, conduciendo, cantando a pleno pulmón, por carreteras recónditas con postes de telégrafos en los lados y gatos en los balcones de los cortijos, pom.

Tú también me descubres sensaciones recónditas, eres como una pescadora sentada en el muelle de Elanchobe, sacando de mis aguas claras hermosos meros, relucientes besugos, langostas que tocan con las pinzas castañuelas de oro. También navegas en la marea baja y caceas mis chicharros melancólicos, mis sardinas saltando a tu barca, mis algas enredándose en tus anzuelos más retorcidos, en ese miedo de a veces.
Cuando estoy contigo me siento espeleólogo de tus cuevas de sal, caminante de tus montes, curioso explorador de tus selvas más intrincadas. A lo lejos se escuchan gruñidos de osos melancólicos pero no temas, refúgiate en mi pecho y juntos nos defenderemos de los insectos del agua oscura, de las sanguijuelas prehistóricas, de las rebeldes bestias recolectoras de huesos. 

Sería más fácil hablar desnudos, pero hace mucho frío fuera y no sabríamos amarnos sin vecinos presentidos escuchando desde el jardín de al lado, con la oreja pegada a su pared, sin ruidos misteriosos de patas de palo por el tejado y murciélagos chocando con las lámparas de gas. Sería más divertido bordear la costa pero mis muletas se hunden en la arena y debemos pararnos, limpiar el taco de goma que impide ese toc-toc por el asfalto y golpeo a los estorninos que no nos dejan caminar, a los perros sin collar que intentan que los adoptemos con sus ojos lastimeros -yo fui perro en el 65 ¿te lo he contado?- 

Desde el centro de esta plaza, montera en mano, tocando el tambor con la otra, pom pom porropom pom, te lo dedico, aunque quisiera mejor, estar ahí sentado, a tu lado, compartir una taza de café, un cava helado, jamón, un aplauso a cuatro manos o un estudio sobre la naturaleza humana, sobre el bosque de la pasión, sobre este tigre que nos mira desde la pared, y los monos que se burlaban de ese Arregui que se comieron los leones después de una vida junto al río. ¿Volveremos a nuestra tierra dura alguna vez? El oro es el regreso que decía don Pablo. Besos, nena, besos, porropom, pom. Pom.





Falleció Ariel Ramírez (Santa Fe, 4 de septiembre de 1921 – Buenos Aires, 18 de febrero de 2010.
Músico, pianista, concertista, compositor y director argentino de un vastísimo trabajo musical.

22.2.10

Der Erlkönig





Wer reitet so spät durch Nacht und Wind?
Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er hat den Knaben wohl in dem Arm,
Er faßt ihn sicher, er hält ihn warm.

"Mein Sohn, was birgst du so bang dein Gesicht?"
"Siehst, Vater, du den Erlkönig nicht?
Den Erlenkönig mit Kron und Schweif?"
"Mein Sohn, es ist ein Nebelstreif."

"Du liebes Kind, komm, geh mit mir!
Gar schöne Spiele spiel' ich mit dir;
Manch' bunte Blumen sind an dem Strand,
Meine Mutter hat manch gülden Gewand."

"Mein Vater, mein Vater, und hörest du nicht,
Was Erlenkönig mir leise verspricht?"
"Sei ruhig, bleibe ruhig, mein Kind;
In dürren Blättern säuselt der Wind."

"Willst, feiner Knabe, du mit mir gehn?
Meine Töchter sollen dich warten schön;
Meine Töchter führen den nächtlichen Reihn,
Und wiegen und tanzen und singen dich ein."

"Mein Vater, mein Vater, und siehst du nicht dort
Erlkönigs Töchter am düstern Ort?"
"Mein Sohn, mein Sohn, ich seh es genau:
Es scheinen die alten Weiden so grau."

"Ich liebe dich, mich reizt deine schöne Gestalt;
Und bist du nicht willig, so brauch ich Gewalt."
"Mein Vater, mein Vater, jetzt faßt er mich an!
Erlkönig hat mir ein Leids getan!"

Dem Vater grauset's, er reitet geschwind,
Er hält in Armen das ächzende Kind,
Erreicht den Hof mit Müh' und Not;
In seinen Armen das Kind war tot.

Johann Wolfgang von Goethe.

...................................................
¿Quién cabalga tan tarde a través del viento y la noche??
Es un padre con su hijo.
Tiene al pequeño un su brazo
Lo lleva seguro en su tibio regazo.

"Hijo mío ¿Por qué escondes tu rostro asustado?"
"¿No ves padre al Rey de los Elfos ?
¿El Rey de los Elfos con corona y manto?"
"Hijo mío es el rastro de la neblina."

"¡Dulce niño ven conmigo!
Jugare maravillosos juegos contigo;;
Muchas encantadoras flores están en la orilla,
Mi madre tiene muchas prendas doradas."

"Padre mío, padre mio ¿no oyes
Lo que el Rey de los Elfos me promete?"
"Calma, mantén la calma hijo mío;
El viento mueve las hojas secas. "

"¿No vienes conmigo buen niño?
Mis hijas te atenderán bien;
Mis hijas hacen su danza nocturna,
Y ellas te arrullaran y bailaran para que duermas."

"Padre mío, padre mío ¿no ves acaso ahí,
A las hijas del Rey de los Elfos en ese lugar oscuro?"
"Hijo mío, hijo mío, claro que lo veo:
Son los árboles de sauce grises."

"Te amo; me encanta tu hermosa figura;
Y si no haces caso usaré la fuerza."
"¡Padre mío, padre mío, ahora me toca!
¡El Rey de los Elfos me ha herido!"

El padre tiembla y cabalga mas aprisa,
Lleva al niño que gime en sus brazos,
Llega a la alquería con dificultad y urgencia;
En sus brazos el niño estaba muerto.



(¿Quieres saber más: aquí)


Tantas cosas ocurriendo en el mundo, la mayoría pasan tan lejos que parece que no pasan, pero pasan, la diaria ración de muertos –seres como usted, como yo-inundaciones en Madeira, el caos de Haití (aún, sí, aún), el sufrimiento, la doble soledad de la incomprensión, el absurdo dolor que nadie detiene. Etc.

Palabras, juntamos palabras, estas ventanas de internet nos permiten decir (¿nos?) cosas que antes nos callábamos, comentábamos a los íntimos ¿aún quedan íntimos? Etc.

La vida sigue, incluso en esas mañanas en las que voy al hospital a visitar a L, muriéndose sin que ella lo sepa, no queremos morirnos, es igual nuestra edad, nos aferramos a la vida a pesar del dolor, de momento les pasa a otros. Una vez estuve allí, yo era el visitado, me miraban los familiares con gesto incrédulo –pues no parecía...- me miraba a mí mismo con resignación, con miedo, esa es otra historia. ¿Aprendí? ¿He aprendido algo? ¿Qué hacemos aquí usted y yo?, intercambiando fragmentados discursos llenos de buenas intenciones y vacío, palabras, metonimia, hablar, sin conocernos, sin saber, esta es mi mano, lo dije aquí, escribir no es vivir, vivir es salir ahora a la calle y estar con los otros, o no, yo qué sé. Etc.

Lunes, comienza la semana. Etc.


Yo penetré en tus huesos. Más allá de mis fuerzas, más allá de la po-
posibilidad.

retumbé en tu vientre: tantos días en ti hasta que tuve miedo;

tantas horas en ti hasta que tuve miedo;

tantos días hasta que comprendí que el miedo era el alimento de
mi patria,

el conductor de mi espíritu hacia una vejez en que la traición es
utilizada como estiércol y la mentira trabajada hasta que

hierve dentro de la boca.

Antonio Gamoneda

21.2.10

Internet Porn





Te espero arriba.

¡Ahora subo, cariño! (Bien, esto era. Aquí quería llegar. Esta no se me escapa. Soy un killer, un macho. Qué buena está, qué hembra.)

Eo, tigre…

Sí (Pero ahora ¿voy? ¿Y Carmen? Esto es una infidelidad. Juré que no, que nunca.)

¿Subes?

Voy, voy. (Si no estaba seguro para qué la he besado, porqué la he acariciado y he llenado su oído de hermosas palabras. Soy un capullo, porqué lo pienso tanto.)

Estoy en el cuarto de baño, mi habitación es la de la puerta verde.

(Y si no cumplo, si me pasa como en casa, que soy tan rápido, si no me excito. Para qué demonios me meto en estos líos. Llegaré a casa a las mil. Qué le cuento luego a Carmen. Seguro que nota el olor. O me ve algún pelo.)

Me abuuuurro, subes o no, andaaa…

(Joder, joder, joder, qué movida, si se entera Javi dirá que soy un gilipollas. Condones, no tengo condones. Es que esta… si se acuesta conmigo se acostará con muchos ¿Tendrá ella? Pero cómo se lo pregunto. Tanto ir de gallo y para una vez que me sale me acojono. Además tengo un agujero en el calcetín.)

Bajo a buscarte.

¿Pedro, Pedro? Se ha ido, qué capullo. No te puedes fiar de nadie. Anda qué…vaya espécimen, me ha dejado a cuadros. Parecía otra cosa, hablar hablaba bien. Para una vez que me decido



20.2.10

Últimas noticias de mi pingüino.



De risa, caro y peligroso.


Ir de maldito
por la vida
a estas alturas
además de ser muy poco estético
puede salirte por un ojo
de la cara
cuando no de otro sitio.
Sólo escuchar
los precios del mercado
-y no exclusivamente negro-
es para alucinar: quince trompos
por un jodido gramo
más cortado
que el coño de Mae West.
Aunque también
puedes ponerte ciego
de vino peleón,
en cuyo caso
te irás tiñendo de un verde
amarillento
y acabarás soplando una flauta de juguete
en cualquier boca de metro.
Y todo esto,
por supuesto,
sin perpetrar un maldito
poema
ni haber leído
al borrachín
de Baudelaire.

Karmelo C. Iribarren.


He aquí a mi pingüino. *
Estas son las pruebas.
De farra con un grupo de amigos 
A la luz de la luna. 
Y decía que me quería. 
Ya.
Todos son iguales.

(*) Ver Cabeza a pájaros (1) - (2) Click


19.2.10

El trayecto del rinoceronte (3)

Solícito el silencio se desliza por la mesa nocturna, rebasa el irrisorio
contenido del vaso. No beberé ya más hasta tan tarde: otra vez soy el tiempo que me queda.
Detrás de la penumbra yace un cuerpo desnudo y hay un chorro de música hedionda dilatando las
burbujas del vidrio. Tan distante como mi juventud, pernocta entre los muebles el amorfo, el
tenaz y oxidado material del deseo. Qué aviso más penúltimo amagando en las puertas, los grifos,
las cortinas. Qué terror de repente de los timbres. La botella vacía se parece a mi alma.

De "Laberinto de fortuna" 1984 .-. José Manuel Caballero Bonald 


No, claro, no me he quedado mudo, no me suelten la mano que nuestro tiempo sigue aunque no lo tengamos, aunque sea él quien nos tiene atrapados en calendarios, en agendas repletas de citas vanas pero que nos alimentan, en hablar de deporte, de Windows Siete, de ponencias o de líneas que se pierden en las azoteas de un edificio que nos contiene y alberga mientras los que nos quieren, o nos conocen, o nos soportan, o nos recuerdan, dan vueltas por la casa, por la calle, por la ciudad ajena, por este mundo tan pequeño que mira a otros mundos, el suyo se quedó aburrido y ya conocemos tanto de tantos que nos llenamos de la ignorancia de un nosotros que antes, porque antes es un buen título para una canción, para un bolero, para una excusa, para una indulgente forma de cerrar los ojos a los brazos abiertos sobre la cama como un ataúd, como un desierto, como una mazmorra, como una fiesta de gritos y besos y pasión - nos van a oír- y que nos importa si, a veces, tú, o yo, no nos encontremos, si tú, y yo, sabemos, sabemos qué, sabemos aunque y a veces soñamos con escalerillas de avión y cómo será, y si…, y luego el teléfono, o algo urgente, o un ruido metálico nos distrae y ese cuadro está movido. 

Claro que lo sabemos y qué podemos hacer excepto subirnos a todas las nubes que pasen vacías hacia Marte, cambiarnos de ropa, habitarnos de hábitos, desvestirnos de presencias, encerrarnos en esos ojos cerrados que decía y creo que mis palabras se retuercen para que entendamos no entendiendo o puedo hablar más claro pero sería menos poético, quizás más crudo y perderían sentido estas potencias que no sabemos cómo se mantienen si no..., sí , si este piano que escucho me dice que no debo retocar ni una palabra y dejarlo ya, tal cual, esta mañana lluviosa en la que escribo porque, sin saber cómo, esto forma parte de mi realidad, aunque no pueda más que leer el corazón de unos ojos mirando desde no sé donde, ni muy bien por quién, porque Cortázar me dijo dónde estaba la Maga, el espejismo, el espejo, el reflejo de un arroyo en el que nunca beberé, en el que nunca podré meter las manos para refrescar la frente caliente por el sol, en el qué cuando comienzo a comerme los puntos puedo considerar que ya, recoger los bártulos, preparar las maletas, dejar el mensaje sobre la mesa, apagar las luces, mirar alrededor y cerrando la puerta con cuidado salir a la lluvia.( Pedroooo, ¿ nos vamos? / síííí, termino ya.) conectar la bomba de relojería, subir al coche, derrapar en las curvas y a lo lejos escuchar la explosión del mundo que se rompe y las llamas arrasando el barrio, la ciudad y the end, Fin, violines y los créditos sobre la pantalla blanca de ese cine de sesión doble al que íbamos de niños, ay, terminó el trayecto del rinoceronte.




18.2.10

El trayecto del rinoceronte(2)

Dorm dintre meu, perduda criatura: dorm dintre meu en una nit de reis (Joan Margarit)


Él se ha ido pero todo está bien, era lo correcto, todo sigue, aún lloverá y lloverá durante dos meses más, luego se irá el frío, las manos se quedarán pálidas y no hay tiempo para nostalgias, la vida está aquí, empujándonos. 

Alguien me llama para una cena, - tenemos una excursión a la Rioja, ¿vienes?- , y cómo no voy a ir si de nuevo la amistad, la entrañable mediodía de los domingos, aunque sin P, - ¿qué tal la semana?,¿ sabes que…? - . Bilbao está lleno de calles para perderse, cines, museos, visitas al mercadillo de la Plaza Nueva y esta música que escucho mientras escribo entra por cada poro del sensible invierno. 

Él se ha ido pero aún le imagino leyéndome, imaginándome como yo le imagino, imaginando como sería acariciar su frente junto a una ventana por donde resbalen las nubes grises de París, o tendidos al sol de playas que nunca, o de nuevo en aquel hotel de Londres detrás de los cuadros que vendían marchantes imposibles en Marble Arch, en mercados de Cádiz - nos van a ver-, en galerías comerciales de Berlín, bajo el pianoforte de Paolo Conte que menea la cabeza y canta, en el bandoneón que acompaña a esa Adriana que nos mintió del Polaco en Corrientes y luego… ¿viste? No, él no vio nada y sigo este trayecto del rinoceronte.




17.2.10

El trayecto del rinoceronte (1)

Todos los niños del mundo, menos uno, crecen. Y no solo crecen, sino que enseguida saben que hay que crecer. (Comienzo de Peter Pan en la traducción para Ediciones Libertarias de Leopoldo María Panero)


 No creas que me he quedado mudo, no pienses que he olvidado el camino, no temas por mi salud, el cambio de rumbo de las estrellas o las mareas vivas de febrero, si las hubiera. No me ha segado el corazón un rayo de angustia, ni se ha roto el cristal de la brújula con un viento de colores. No mires al horizonte, no protejas tus ojos del sol de la mañana, llueve, no adivines presagios detrás de la luna, ni sombras. Olvídate de teorías complicadas, es solo que los días se han vuelto incontrolables, rebeldes, antipáticos. 

No, no hay misterios, está esa certeza sobre la falta de tiempo para medir, comparar la profundidad antigua de los arcángeles con un relámpago que abra rendijas en el cielo. No hay cortinas cerradas, hay claveles, alegría, belleza alrededor, palabras tan dulces, tan hondas que ni siquiera podemos llorar. Palabras que se remansan justo ahí, en ese lugar del brazo donde confluyen las venas, allí donde un día alguien nos besó y se rompieron las dudas, allí donde se fragmentaron las últimas protestas que habíamos puesto en la pasión que nos envolvía, que nos crecía desde un punto invisible del jamás, de la mente que ya no sabía, que ya sólo podía sentir fuegos y cuchillos, caricias interminables y relojes de arena, terremotos y que alguien apague ese televisor que no quiero saber de Haití, de malos actores pálidos, de programas absurdos, de grandes hermanos, noticias tristes de choques de trenes, de cosechas perdidas, de lluvia y lluvia, de crisis interminable, de silencios llenos de ruido en este trayecto del rinoceronte.






16.2.10

Cabeza a pájaros. El desenlace.

Alexei Fiodorovitch Karámazov era el tercer hijo de un terrateniente de nuestro distrito llamado Fiodor (Teodoro.) Pavlovitch, cuya trágica muerte, ocurrida trece años atrás, había producido sensación entonces y todavía se recordaba. Ya hablaré de este suceso más adelante. Ahora me limitaré a decir unas palabras sobre el «hacendado», como todo el mundo le llamaba, a pesar de que casi nunca había habitado en su hacienda. Fiodor Pavlovitch era uno de esos hombres corrompidos que, al mismo tiempo, son unos ineptos ?tipo extraño, pero bastante frecuente? y que lo único que saben es defender sus intereses. Este pequeño propietario empezó con casi nada y pronto adquirió fama de gorrista. Pero a su muerte poseía unos cien mil rublos de plata. Esto no le había impedido ser durante su vida uno de los hombres más extravagantes de nuestro distrito. Digo extravagante y no imbécil, porque esta clase de individuos suelen ser inteligentes y astutos. La suya es una ineptitud específica, nacional.

(Los hermanos Karamazov .-. Fedor Dostoiewski)


No, la vida se para.
Con Mariam no seguí adelante. Un día se quitó el abrigo y no tenía nada por dentro, su atractivo se quedaba en los bellos ojos verdes Y no es que fuera delgada o gruesa o qué, es que literalmente estaba hueca, sin sustancia, suspiraba bien en eso del coito pero hasta ahí, me aburría. Con esas premisas, claro está, no había posibilidad de un idilio continuado. Además me dejó, la muy...

Mi tía María Luisa, que me quiere mucho pero que es espabilada, mientras me preparaba el bacalao al pil pil para los desayunos murmuraba –este chaval no tiene remedio, ni con pájaros.-


Y me centré en Txomin, mi pingüino. Lo primero que hice fue comprarle una bufanda y una gorra de béisbol, verde. Después saqué entradas para el cine – “Don´t come knocking” de Win Wenders-, nos gustó. Al salir fuimos a cenar al hostal junto al bosque rojo -que preparan muy bien las anchoas en vinagre-; nos pusimos ciegos, él untaba el plato y palmeaba de gozo.

Txomin era poco exigente, teniendo comida y frío estaba contento, yo también. Así, la relación duraba, duraba Los vecinos nos miraban con cara rara en la escalera. Bueno, también miraban así cuando viví con Laura, esa es otra historia, gótica, Laura.
Todo iba bien hasta que llegó el circo Americano. Le llevé, claro. Allí fue donde vio al oso polar. Un flechazo. Ese mismo día desapareció. Con todo lo que yo le había dado. Ingrato. Lo peor es que se llevó mis ahorros. Dicen que les han visto de gira por la zona de Almendralejo. Forman el Dúo Gélido. Se quitan las pieles, serán...Y conmigo que era tan recatado.

Mi tía María Luisa ya no se atreve a decir nada, ni viene a almidonarme los calvinklein, ha empezado un cursillo de filatelia por correspondencia y no tiene tiempo de nada.

Yo, ya, estoy bien, gracias, no os preocupéis. Es solo que tengo mala suerte en mis relaciones. Lo único, si sabéis de alguna buena chica, que le gusten los animales, aunque ella también lo sea –un poco, eh-, que tenga algo por dentro -además de lo que tiene que tener, claro- darle mi dirección, en estos momentos estoy solo, sin compromiso.

Le he echado el ojo a un canario flauta, que me han dicho que son muy fieles, pero la verdad no me decido. Ay, con todo lo que he pasado, no gano para disgustos.

Hasta mañana.





15.2.10

Cabeza a pájaros.

...Éramos, constituíamos los alienistas, un número muy limitado de facultativos y mucho menos curiosos y depravados que hoy, ¡le ruego que me crea!...Ninguno de nosotros intentando entonces estar tan loco como el cliente...Aún no había aparecido la moda de delirar con el pretexto de curar mejor, moda obscena, fíjense, como casi todo lo que nos llega del extranjero...

(Viaje al fin de la noche.- Louis Ferdinand Cèline)


Sonia era morena, huraña, apenas hablaba. No sé cómo pude dormir a su lado durante tantos meses.
Cuando me dejó, mi tía María Luisa mientras planchaba mis camisas, me sugirió – necesitas un pájaro-.

Al año siguiente me abandonó Chus. Con ese nombre, sin cortarse, dijo que era un aburrido y un maniático, que prestaba más atención a mis libros y discos que a ella. Aunque las tres cosas eran ciertas me molestó, no tanto como para caer en una depresión, pero sí para estar permanentemente triste.
Al verme así, mientras me enseñaba a preparar huevos con bechamel, mi tía María Luisa repetía –tengo la solución, un pájaro-.

Era sábado y muy temprano me despertaron varios timbrazos. Abrí la puerta medio dormido y ahí estaba mi tía con un pingüino . Ante mi sorpresa, me dijo que era lo que necesitaba, que este animal me ayudaría a combatir la soledad. Y se fue.


Pasé al pingüino al salón y allí nos quedamos los dos, mirándonos sin saber qué decir, era bizco y tenía el pico triste. Como era invierno, lo primero que hice fue apagar la calefacción y ponerme un jersey, después abrí una lata de berberechos, que era lo único adecuado que había en la despensa para una supuesta dieta del ave. El pingüino ni la miró y entré a Google para conocer las costumbres de estos bichos.

Ya instruido, en el centro comercial compré krill, sardinas y calamares y volví a casa con la idea de ser un buen compañero para mi nuevo huésped. Me puse un abrigo, dejé las ventanas abiertas y una generosa ración de pescado en un cuenco. El pingüino palmeó, me miró con ojos agradecidos y se zampó su ración, después se quedó dormido apoyado en la tabla de planchar.


Han pasado dos semanas y entre nosotros se ha creado una buena amistad. Me recibe cuando vuelvo del trabajo y se queda a mi lado, silencioso pero atento, no pide nada y es cariñoso. A veces se mete al frigorífico y está allí horas, me da miedo que se ahogue. Me está saliendo un poco caro en la comida, se ha vuelto un sibarita, tengo que pelarle las gambas ya que de otra forma no las traga, pero me da tanto afecto que me enternece. En este pueblo hace mucho frío, los domingos me lo llevo al estanque, allí el pobrecito está muy a gusto. Cuando llegue el verano no sé dónde lo llevaré.

No he vuelto a tener novia pero mis sobrinos están encantados cuando me visitan. Me he apuntado a un club de propietarios de mascotas y allí he conocido a Mariam que tiene dos, pingüinos, y unos ojos verdes preciosos. Como siempre va muy abrigada no sé bien cómo es, pero creo que me estoy enamorando.
Nunca podré agradecer bastante los consejos de mi tía María Luisa.
La vida sigue.

(Y este relato)



14.2.10

Ayer.

Ayer vi: El sueño eterno. (The Big Sleep1946)
No sé si se puede pedir más. Howard Hawks en la dirección, Sid Hickox encargado de la fotografía, una banda sonora de Max Steiner y Humphrey Bogart, Lauren Bacall en la pantalla. A partir de la novela de Raymond Chandler -sembrada de diálogos insuperables-, tres de los mejores guionistas de Hollywood -entre ellos William Faulkner- adaptaron esté clásico que sigue entre lo mejor del género.


 
Ayer seguí leyendo: Larva y otras noches de Babel de Julián Ríos.
Sorprendente. Diferente. Interesante. Difícil. Apasionante. Lo estoy devorando.


Ayer leí este poema de Juan Manuel Rozas:

¿Puede la rosa levantar su cáliz
contra la luz del sol, origen de su sombra?


Ayer seguí escuchando a Joni Mitchell en Both Sides Now
Me gusta, me gusta, me gusta.


Bows and flows of angel hair and ice cream castles in the air
And feather canyons everywhere, i've looked at cloud that way.
But now they only block the sun, they rain and snow on everyone.
So many things i would have done but clouds got in my way.

I've looked at clouds from both sides now,
From up and down, and still somehow
It's cloud illusions i recall.
I really don't know clouds at all.

Moons and junes and ferris wheels, the dizzy dancing way you feel
As every fairy tale comes real; i've looked at love that way.
But now it's just another show. you leave 'em laughing when you go
And if you care, don't let them know, don't give yourself away.

I've looked at love from both sides now,
From give and take, and still somehow
It's love's illusions i recall.
I really don't know love at all.

Tears and fears and feeling proud to say "i love you" right out loud,
Dreams and schemes and circus crowds, i've looked at life that way.
But now old friends are acting strange, they shake their heads, they say
I've changed.
Something's lost but something's gained in living every day.

I've looked at life from both sides now,
From win and lose, and still somehow
It's life's illusions i recall.
I really don't know life at all

.
Como hileras y témpanos de pelo de ángel,
como castillos de helado en el aire;
como cañones de plumas por todas partes.
He visto a las nubes de ese modo.
 Pero ahora no hacen más que cubrir el sol;
Llueven y nievan sobre todo.
Hay tanto que habría podido hacer,
pero una nube me lo impidió.
 Ya he visto a las nubes desde ambos lados
De arriba, de abajo,
y, sin embargo, de algún modo,
son sólo ilusiones de nubes las que recuerdo.
En realidad, no sé nada de las nubes.
Lunas y junios y ruedas de Chicago;
ese mareo danzante que se siente
mientras el cuento de hadas se va haciendo realidad.
He visto al amor de ese modo.
Pero ahora, no es más que un espectáculo.
Se quedan riendo mientras te alejas,
y, si te duele, que no lo sepan;
no te delates…
Ya he visto al amor desde ambos lados,
he dado y tomado
y, sin embargo, de algún modo,
son sólo ilusiones de amor las que recuerdo.
En realidad, no sé nada del amor.
Lágrimas y miedo;
sentirse orgulloso de gritar “te amo”;
sueños y planes y muchedumbres felices.
He visto la vida de ese modo.
Pero ahora, los viejos amigos actúan raro,
reprueban, me dicen que he cambiado;
bueno, algo se pierde y algo se gana
viviendo cada día.
Ya he visto la vida desde ambos lados,
He perdido y he ganado
y, sin embargo, de algún modo,
son sólo ilusiones de la vida las que recuerdo.
En realidad, no sé nada de la vida.



¿Qué haré hoy?
¿Y ?

13.2.10

Beatriz Preciado



BASURA Y GÉNERO. MEAR/CAGAR. MASCULINO/FEMENINO

Más acá de las fronteras nacionales, miles de fronteras de género, difusas y tentaculares, segmentan cada metro cuadrado del espacio que nos rodea. Allí donde la arquitectura parece simplemente ponerse al servicio de las necesidades naturales más básicas (dormir, comer, cagar, mear..) sus puertas y ventanas, sus muros y aberturas, regulando el acceso y la mirada, operan silenciosamente como la más discreta y efectiva de las "tecnologías de género."(1)
Así, por ejemplo, los retretes públicos, instituciones burguesas generalizadas en las ciudades europeas a partir del siglo XIX, pensados primero como espacios de gestión de la basura corporal en los espacios urbanos (2) , van a convertirse progresivamente en cabinas de vigilancia del género. No es casual que la nueva disciplina fecal impuesta por la naciente burguesía a finales del siglo XIX sea contemporánea del establecimiento de nuevos códigos conyugales y domésticos que exigen la redefinición espacial de los géneros y que serán cómplices de la normalización de la heterosexualidad y la patologización de la homosexualidad. En el siglo XX, los retretes se vuelven auténticas células públicas de inspección en las que se evalúa la adecuación de cada cuerpo con los códigos vigentes de la masculinidad y la feminidad.
En la puerta de cada retrete, como único signo, una interpelación de género: masculino o femenino, damas o caballeros, sombrero o pamela, bigote o florecilla, como si hubiera que entrar al baño a rehacerse el género más que a deshacerse de la orina y de la mierda. No se nos pregunta si vamos a cagar o a mear, si tenemos o no diarrea, nadie se interesa ni por el color ni por la talla de la mierda. Lo único que importa es el GÉNERO.
Tomemos, por ejemplo, los baños del aeropuerto George Pompidou de Paris, sumidero de desechos orgánicos internacionales en medio de un circuito de flujos de globalización del capital. Entremos en los baños de señoras. Una ley no escrita autoriza a las visitantes casuales del retrete a inspeccionar el género de cada nuevo cuerpo que decide cruzar el umbral. Una pequeña multitud de mujeres femeninas, que a menudo comparten uno o varios espejos y lavamanos, actúan como inspectoras anónimas del género femenino controlando el acceso de los nuevos visitantes a varios compartimentos privados en cada uno de los cuales se esconde, entre decoro e inmundicia, un inodoro. Aquí, el control público de la feminidad heterosexual se ejerce primero mediante la mirada, y sólo en caso de duda mediante la palabra. Cualquier ambigüedad de género (pelo excesivamente corto, falta maquillaje, una pelusilla que sombrea en forma de bigote paso demasiado afirmativo…) exigirá un interrogatorio del usuario potencial que se verá obligado a justificar la coherencia de su elección de retrete: "Eh, usted. Se ha equivocado de baño, los de caballeros están a la derecha." Un cúmulo de signos del género del otro baño exigirá irremediablemente el abandono del espacio mono-género so pena de sanción verbal o física. En último término, siempre es posible alertar a la autoridad pública (a menudo una representación masculina del gobierno estatal) para desalojar el cuerpo tránsfugo (poco importa que se trate de un hombre o de una mujer masculina).
Si, superando este examen del género, logramos acceder a una de las cabinas, nos encontraremos entonces en una habitación de 1x1,50 m2 que intenta reproducir en miniatura la privacidad de un váter doméstico. La feminidad se produce precisamente por la sustracción de toda función fisiológica de la mirada pública. Sin embargo, la cabina proporciona una privacidad únicamente visual. Es así como la domesticidad extiende sus tentáculos y penetra el espacio público. Como hace notar Judith Halberstam "el baño es una representación, o una parodia, del orden doméstico fuera de la casa, en el mundo exterior" (3). Cada cuerpo encerrado en una cápsula evacuatoria de paredes opacas que lo protegen de mostrar su cuerpo en desnudez, de exponer a la vista pública la forma y el color de sus deyecciones, comparte sin embargo el sonido de los chorros de lluvia dorada y el olor de las mierdas que se deslizan en los sanitarios contiguos. Libre. Ocupado. Una vez cerrada la puerta, un inodoro
blanco de entre 40 y 50 centímetros de alto, como si se tratara de un taburete de cerámica perforado que conecta nuestro cuerpo defecante a una invisible cloaca universal (en la que se mezclan los desechos de señoras y caballeros), nos invita a sentarnos tanto para cagar como para mear. El váter femenino reúne así dos funciones diferenciadas tanto por su consistencia (sólido/líquido), como por su punto anatómico de evacuación (conducto urinario/ano), bajo una misma postura y un mismo gesto: femenino=sentado. Al salir de la cabina reservada a la excreción, el espejo, reverberación del ojo público, invita al retoque de la imagen femenina bajo la mirada reguladora de otras mujeres. Crucemos el pasillo y vayamos ahora al baño de caballeros. Clavados a la pared, a una altura de entre 80 y 90 centímetros del suelo, uno o varios urinarios se agrupan en un espacio, a menudo destinado igualmente a los lavabos, accesible a la mirada pública. Dentro de este espacio, una pieza cerrada, separada categóricamente de la mirada pública por una puerta con cerrojo, da acceso a un inodoro semejante al que amuebla los baños de señoras. A partir de principios del siglo XX, la única ley arquitectónica común a toda construcción de baños de caballeros es esta separación de funciones: mear-de pie-urinario/cagar-sentado-inodoro. Dicho de otro modo, la producción eficaz de la masculinidad heterosexual depende de la separación imperativa de genitalidad y analidad. Podríamos pensar que la arquitectura construye barreras cuasi naturales respondiendo a una diferencia esencial de funciones entre hombres y mujeres. En realidad, la arquitectura funciona como una verdadera prótesis de género que produce y fija las diferencias entre tales funciones biológicas. El urinario, como una protuberancia arquitectónica que crece desde la pared y se ajusta al cuerpo, actúa como una prótesis de la masculinidad facilitando la postura vertical para mear sin recibir salpicaduras. Mear de pie públicamente es una de las performances constitutivas de la masculinidad heterosexual moderna. De este modo, el discreto urinario no es tanto un instrumento de higiene como una tecnología de género que participa a la producción de la masculinidad en el espacio público. Por ello, los urinarios no están enclaustrados en cabinas opacas, sino en espacios abiertos a la mirada colectiva, puesto que mear-de-pie-entre-tíos es una actividad cultural que genera vínculos de sociabilidad compartidos por todos aquellos, que al hacerlo públicamente, son reconocidos como hombres.
Dos lógicas opuestas dominan los baños de señoras y caballeros. Mientras el baño de señoras es la reproducción de un espacio doméstico en medio del espacio público, los baños de caballeros son un pliegue del espacio público en el que se intensifican las leyes de visibilidad y posición erecta que tradicionalmente definían el espacio público como espacio de masculinidad. Mientras el baño de señoras opera como un mini-panópticon en el que las mujeres vigilan colectivamente su grado de feminidad heterosexual en el que todo avance sexual resulta una agresión masculina, el baño de caballeros aparece como un terreno propicio para la experimentación sexual. En nuestro paisaje urbano, el baño de caballeros, resto cuasi-arqueológico de una época de masculinismo mítico en el que el espacio público era privilegio de los hombres, resulta ser, junto con los clubes automovilísticos, deportivos o de caza, y ciertos burdeles, uno de los reductos públicos en el que los hombres pueden librarse a juegos de complicidad sexual bajo la apariencia de rituales de masculinidad.
Pero precisamente porque los baños son escenarios normativos de producción de la masculinidad, pueden funcionar también como un teatro de ansiedad heterosexual. En este contexto, la división espacial de funciones genitales y anales protege contra una posible tentación homosexual, o más bien la condena al ámbito de la privacidad. A diferencia del urinario, en los baños de caballeros, el inodoro, símbolo de feminidad abjecta/sentada, preserva los momentos de defecación de sólidos (momentos de apertura anal) de la mirada pública. Como sugiere Lee Edelman (4), el ano masculino, orificio potencialmente abierto a la penetración, debe abrirse solamente en espacios cerrados y protegidos de la mirada de otros hombres, porque de otro modo podría suscitar una invitación homosexual.
No vamos a los baños a evacuar sino a hacer nuestras necesidades de género. No vamos a mear sino a reafirmar los códigos de la masculinidad y la feminidad en el espacio público. Por eso, escapar al régimen de género de los baños públicos es desafiar la segregación sexual que la moderna arquitectura urinaria nos impone desde hace al menos dos siglos,: público/privado, visible/invisible, decente/obsceno, hombre/mujer, pene/vagina, de-pie/sentado, ocupado/libre… Una arquitectura que fabrica los géneros mientras, bajo pretexto de higiene pública, dice ocuparse simplemente de la gestión de nuestras basuras orgánicas. BASURA>GÉNERO. Infalible economía productiva que transforma la basura en género. No nos engañemos: en la máquina capital-heterosexual no se desperdicia nada. Al contrario, cada momento de expulsión de un desecho orgánico sirve como ocasión para reproducir el género. Las inofensivas máquinas que comen nuestra mierda son en realidad normativas prótesis de género.

(1). Utilizo aquí la expresión de Teresa De Lauretis para definir el conjunto de instituciones y técnicas, desde el cine hasta el derecho pasando por los baños públicos, que producen la verdad de la masculinidad y la feminidad.
Ver: Teresa De Lauretis, Technologies of Gender, Bloomington, Indiana University Press, 1989.

(2).Ver: Dominique Laporte, Histoire de la Merde, Christian Bourgois Éditeur, Paris, 1978; y Alain Corbin, Le Miasme et la Jonquille, Flammarion, Paris, 1982.

(3). Judith Halberstam, "Techno-homo: on bathrooms, butches, and sex with furniture," in Jenifer Terry and Melodie Calvert Eds., Processed Lives. Gender and Technology in the Everyday Life, Routledge, London and New York, 1997, p.185.

(4). Ver: Lee Edelman, "Men's Room" en Joel Sanders, Ed. Stud. Architectures of Masculinity, New York, Princeton Architectural Press, 1996, pp.152-161.

Por Beatriz Preciado

Beatriz Preciado (Burgos, 1970) es una filósofa española.

Se doctoró en teoría de la arquitectura en la Universidad de Princeton, donde obtuvo premio extraordinario fin de carrera y donde fue investigadora. Obtuvo un Máster de Filosofía Contemporánea y Teoría de Género en la de Nueva York. Fue alumna de Ágnes Heller y Jacques Derrida.

Actualmente es profesora de e historia política del cuerpo en la Universidad París VIII.

Inspirada en las tesis de Michel Foucault, reflexiona sobre los modos de subjetivación e identidad, tomando parte en distintos foros internacionales. Su libro Manifiesto contra-sexual (2002), traducido a varios idiomas, es hoy una referencia indispensable en la teoría queer.

Ha colaborado con el MACBA en la organización de los seminarios Pornografía, pospornografía: estéticas y políticas de representación sexual (junio de 2003) e Identidades minoritarias y sus representaciones críticas (febrero-noviembre de 2004).


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tomadas de internet y puede que no conste su autor.
Si algún propietario no desea que figuren en este blog, me lo comunica y las retiro.

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