23.2.10

Tocando el tambor.



Mi amada, aquí, tocando el tambor como en Calanda, pom porropom pom pom, escribirte es una prolongación de verte, de escucharte, de sentirte, por eso, por oírte entre mis venas cuando pienso en cosas bellas, en emociones que me vienen de fiesta por la cabeza cuando voy de un lado a otro, conduciendo, cantando a pleno pulmón, por carreteras recónditas con postes de telégrafos en los lados y gatos en los balcones de los cortijos, pom.

Tú también me descubres sensaciones recónditas, eres como una pescadora sentada en el muelle de Elanchobe, sacando de mis aguas claras hermosos meros, relucientes besugos, langostas que tocan con las pinzas castañuelas de oro. También navegas en la marea baja y caceas mis chicharros melancólicos, mis sardinas saltando a tu barca, mis algas enredándose en tus anzuelos más retorcidos, en ese miedo de a veces.
Cuando estoy contigo me siento espeleólogo de tus cuevas de sal, caminante de tus montes, curioso explorador de tus selvas más intrincadas. A lo lejos se escuchan gruñidos de osos melancólicos pero no temas, refúgiate en mi pecho y juntos nos defenderemos de los insectos del agua oscura, de las sanguijuelas prehistóricas, de las rebeldes bestias recolectoras de huesos. 

Sería más fácil hablar desnudos, pero hace mucho frío fuera y no sabríamos amarnos sin vecinos presentidos escuchando desde el jardín de al lado, con la oreja pegada a su pared, sin ruidos misteriosos de patas de palo por el tejado y murciélagos chocando con las lámparas de gas. Sería más divertido bordear la costa pero mis muletas se hunden en la arena y debemos pararnos, limpiar el taco de goma que impide ese toc-toc por el asfalto y golpeo a los estorninos que no nos dejan caminar, a los perros sin collar que intentan que los adoptemos con sus ojos lastimeros -yo fui perro en el 65 ¿te lo he contado?- 

Desde el centro de esta plaza, montera en mano, tocando el tambor con la otra, pom pom porropom pom, te lo dedico, aunque quisiera mejor, estar ahí sentado, a tu lado, compartir una taza de café, un cava helado, jamón, un aplauso a cuatro manos o un estudio sobre la naturaleza humana, sobre el bosque de la pasión, sobre este tigre que nos mira desde la pared, y los monos que se burlaban de ese Arregui que se comieron los leones después de una vida junto al río. ¿Volveremos a nuestra tierra dura alguna vez? El oro es el regreso que decía don Pablo. Besos, nena, besos, porropom, pom. Pom.





Falleció Ariel Ramírez (Santa Fe, 4 de septiembre de 1921 – Buenos Aires, 18 de febrero de 2010.
Músico, pianista, concertista, compositor y director argentino de un vastísimo trabajo musical.

5 comentarios :

El saltamontes dijo...

Querido amigo Pablo:

Vas a la velocidad de la luz. Eres tan vertigionoso como tu escritura, toda ella escrita a golpes de genialidad y sin apenas remansos para templar el resuello. Retuerces el cuello de las palabras, te las inventas, y las pastoreas con tus perros para que vayan adónde deben, que siempre suele ser el valle más inesperado. Y no lo digo por este texto en concreto, sino por el conjunto de retazos que nos vas dejando todos los días cuando en el reloj suenan las doce de la noche. Quien diga que en la red no hay literatura de la brava, sólo tiene que pasarse por aquí...Y te dejo un regalo, sí, un regalo de un poema cabal con el que el instinto me dice que podrías compadrearte e ir de vinos por las tascas. Todo un genio impredecible...como tú.

Nikté dijo...

¡Oh, God!

gaia07 dijo...

Esta es la forma clara en que su incierta historia queda escrita, incierta porque el amante fue inesperado huésped en el cuerpo disfrutado, y ahora que ya pasó, todo es abstracto.

Fenomenal tamborilero.
Para ser inexperto sabes muy bien contar pormenores. O "pormayores", según se mire.

Un abrazo enorme.

Shandy dijo...

Querido Pedro, me imagino tu cabeza como puchero de bruja burbujeante: glu, glu, glu...
Me voy a permitir contestar al pon porrompon pon de ese amante con palabras prestadas porque tú a mí me has dejado sin ellas:

"Estoy cantando,
canto con todas mis fuerzas.
¿No oyes mi retumbar?"

Lo único que siento es no poder ofrecerte la ingeniosa ilustración con que su autor, jimmy Liao, acompaña este breve texto:un hombre grandote con cornetas por orejas y un trombón saliendo de su cabeza con dos re mi fas sol y las.

Un beso y un toque de corneta por retumbar tan bien con el lenguaje.

Nikté dijo...

Mi amada, aquí, tocando el tambor como en Calanda

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