30/09/08

Principio del placer en martes.

(Lucien Freud)
¡Cómo el olvido ha ido destruyendo
el mundo aquel que edificamos juntos!

¡Las abejas sonoras, los pastos, el estruendo
del río bramador acorralado, los difuntos
ecos del viento que partió gimiendo
con tu enorme cadáver, y ardió los juncos
con llama tan veloz que aún está ardiendo,
con ceniza tan cruel que aún están truncos!

Donde hubo razón de frescos vinos,
de panes floreciendo en la alborada,
de reluciente fruto mantenido

en remotos estrados cristalinos,
hoy sólo queda una sombra desgarrada
y tus restos luchando con mi olvido.

Gaston Baquero.

Mujer que tiene mi cabeza sobre un plato, la sangre coagulada con mi otoño, canto de serpientes que amenazan, galeón de plata en las riberas, tesoros enterrados de recuerdos, descaro de ademanes, tu cuerpo delgado, desnudo sobre el mío, que me lamías los dedos inquietos, que tu lengua me encontraba la inocencia, que cegabas mis ojos con pañuelos de seda, me cegabas, me hacías tuyo, juguete entre tus muslos, me arrollaba tu sed, tu grupa airada, el hambre que dejaron en tu espalda los amantes inexpertos, nombres que odiaba, escribo para inventarme los fantasmas, para que coma el mío, que no se vaya, principio del placer que nos cegaba.



29/09/08

Principio del placer en lunes.




Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

(F.G. Lorca)



Mujer a la que canta el poeta con voces de mercurio y cadmio, abrigados sus ojos con luceros, nocturna soledad, sin aspavientos, sin gestos de oropel, sin más mentiras que el silencio, alterada de emociones, melancólica, fiel a las cadenas, resguardada de la lluvia en aleros de palabras, edificios de voz, no escuches la injuria del cantor, no sus embustes, no la lanza de sol de sus miradas, quiere amueblar tu mundo con ternura, sin salmodia de brujas a lo lejos, crece el cielo, los continentes se alejan, se pierden, en océanos rotos, helados, torrentes de estrellas, el aire poblado de alacranes, batalla de papagayos heridos de colores, un buhonero con negra faja de ausencia quiere venderte el nunca, te ha comprado la sonrisa y los monos se ríen en las nubes, no escuches más su canto, principio del placer que nos llenaba.



"No se pueden dar 700.000 millones a los bancos y olvidarse del hambre"
Hans-Gert Poettering (Presidente del Parlamento Europeo)


28/09/08

Nam June Paik.

La palabra ha de llevar el lenguaje al punto cero, al punto de la indeterminación infinita, de la infinita libertad. (De un diario anónimo. Recogido por Cortázar)



Nam June Paik manipula haces de láser, los entremezcla en una superficie cónica, una idea le atraviesa la cabeza, tintinean las monedas en su alcancía.

M. se está bañando en la playa de la Victoria en Cádiz.

Charlotte Moorman toca el violonchelo vestida con unas gafas TV, nada más.

P. camina desde los esteros de la Isla hasta la loma del Puerco dejando atrás los hoteles de lujo, acompañado por el ruido del mar, el susurro del viento y el tercero de sus hijos.

Nam June Paik pinta un boceto de modulación en síncrono (¿). Modulation in Sync.

M. y P. están tumbados bajo el Laser Cone y se embriagan con la articulación gráfica de luz.

¿Dónde estará Charlotte?

M. y P. hacen el amor (*) bajo el Laser Cone. Varias horas después son detenidos por la ertzaina mientras una multitud de espectadores les envidia y aplaude.

Nam June Paik es coreano. ¡Qué cosas!, quién nos lo iba a decir, nosotros, tan nuestros, tan de siempre, tan de aquí.

- Pues mira, una multa no se la quita nadie.
- ¿A M y P?
- No, mujer, a Charlotte.

Fundido en negro, la salida está a la izquierda y los servicios al fondo a la derecha.

The end.



(*) En realidad es un eufemismo para decir que están follando como si en ello les fuera la vida, pero –ya sabes- la censura, la mía, o la tuya, o la suya. Y es que están los guardianes de la moral, que se preocupan mucho de estas cosas. De otras cosas se preocupan menos los guardianes de la moral. Pero esa es otra historia.

Felicidades a Єѕтησм


27/09/08

No sabíamos




Canción del amante que regresa.

Has venido sin nombre ni camisa esta noche
y hemos puesto en el humo la tabla del misterio,
las batallas perdidas, los espectros del sueño,
los rastros amarillos, un mechón de silencio,
la blancura con eco de las cartas fechadas.
Hemos hecho el amor como un trabajo nuevo.
Nos hemos bendecido esta mañana
con una puerta abierta
y ese candil de oro de tu sonrisa entera.
Hoy nos ha bendecido tu pequeña esperanza
como una mano limpia
que apartara la niebla del umbral de la casa.

Javier Egea


No sabíamos qué había después.
Cuando lo descubrimos fue demasiado tarde.

Y no hubo ya regreso.


Ha fallecido Paul Newman


26/09/08

Cumpleaños de Sara.


Sara cumple años y está feliz.
También lo está porque es viernes, las cajas están ordenadas, los calendarios se apilan sin eclipses y extiende los brazos para que los días caminen así, pasito a pasito, sin correr y sin pararse.
Sara, sentada, mira alrededor, fuera, los planetas giran sin sobresaltos en sus órbitas. Como debe ser.
Sara, de pie, mira dentro y las murallas rechazan a Josué y a las trompetas.
Ay, atrevimiento de entrar en el jardín donde cada flor está llena de color, olor, una función estética o aroma de abejas zumbando, girando, sin atreverse a posar el vuelo no vaya a ser que.
Viento o, por ejemplo, llover, nunca llueve a gusto de todos.
Los poemas de antes eran así

De trenes y viajeros.

En el tren de la noche transparente llegan mujeres
con blusas perfumadas, con violetas en el pelo,
con los brazos tendidos hacia la aurora.

Las miro desde el andén, junto a un perro de ceniza,
sonámbulo, las pestañas incendiadas de madrugada,
los pies descalzos bajo una luna de mármol.

Uso palabras ciegas, como palomas acurrucadas.
La súbita fragancia del azahar embriaga al viajero
desprevenido que llega en busca del destino.

Siento el zumbido de otra vida en los oídos,
en la esquina, letanía de gacelas sobresaltadas,
el rocío amansa y enreda perfumes en la piedra.

Las ventanas de la noche están cerradas,
una salamanquesa se esconde en la blanca alcoba,
el viento de levante deja un ahora de dudas.

Subo los peldaños del recuerdo, la ciudad respira y
duerme a espaldas del pájaro asustado en la rama,
de la lengua del tigre que lame el insomnio.

Nadie ve al fauno bajo el farol, sentado a la orilla
del tiempo, sus pezuñas rompen la espuma
de olas embarrancadas en luz futura.

Ese saurio triste sobre la vía sabe que no regresará.
Temo al súcubo que me observa, agazapado, presto.
Encadenado a la columna, Sansón descubre el horizonte.


Ahora los pintores ignoran lo clásico y llenan el Guggeheim de impolutos lienzos inundados de blanco. También los poetas, atrevidos, ignoran la realidad y, en vez de escribir certezas, llenan de absurdos enigmas las paredes donde no hay lugar para la duda, donde las escaleras sirven para bajar, para subir, para detenerse, para tapiar los puentes, para saber que al pan, pan y al vino, vino.

Y no se hable más, que hoy Sara cumple años y está feliz.
La vida camina y ahora sus amigos le felicitan, le demuestran su sincero cariño y hacen votos para que siga así: amable, sabiendo, sonriente, ingeniosa, cercana, generosa, tan amiga.
Y le llenan de besos (con la rabia que le da)
Incluyo el mío


25/09/08

Cuento de la niña sin brazos.

Un signo, o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo que en algún aspecto o carácter se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esas personas un signo equivalente, o tal vez, un signo aún más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese objeto, no en todos los aspectos, sino solo con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del representamen. (228. The collected Papers. Charles Sanders Peirce)

Por inspiración de Isabel, a la que deseo toda la felicidad.


Me asomé a la ventana y sentada en un alfeizar vi a una niña sin brazos. Sonreía, ella. No recuerdo cuando fue, si ayer o en otro tiempo. Pensé: “pobre niña, no podrá abrazar a quién ama”.

Los días pasaron mientras ondulaba mis manos al paso de los trenes -los que jamás paraban- mientras de los árboles del jardín caían hojas amarillas y ella, otra, aquella, no volvía. Pensé: “pobre de mí, no puedo abrazar a quién amo”.

En este ir y venir de pensamientos volví a mirar por la ventana, la niña me sonreía y agitaba sus brazos. Me sorprendí al ver sus delicados dedos. Hablamos de balcón a balcón. Se llamaba Isabel y había venido volando desde una tierra verde de manzanas y peces, de montañas y genios escondidos entre las rocas.

Quiero lamer tus uñas –dije- y el nácar de tus dientes
Ella contestó: “ven, salta, sáltate”.

Medí la distancia, el muro del tiempo, el grosor de los cristales, la longitud de su risa, la lluvia de nostalgias que caía haciendo peligroso cualquier intento de asomar la cabeza al vacío sobre la calle que no cesaba de acumular bocas que gritaban, que llamaban, que decían cosas inconexas –cuchara, frío, oh, amarillo, crepitar, amabilidad, interferencia -. Me decidí por la cuerda, atada de ventana a ventana -¿dónde he leído esto?- con doble nudo marinero. Miré al cielo, me santigüé con la zurda y comencé el tanteo de equilibrista con los pies desnudos, la frente marchita y los ojos haciendo balancín sobre el hueco de las aceras que aplaudían el valor del miedo, el riesgo del volatinero, la audacia del inconsciente. Sudaba, sentía el salado sabor en la comisura de los labios, frío en los tobillos, advertía que a cada uno de mis pasos, Isabel y sus brazos estaba más lejos. Por eso salté, de cabeza, sin alas, girando en el aire en tirabuzones de trapecista herido, de pájaro escopeteado, de hombre lastrado por dolores de hombre.

Ahí quedé, sobre el asfalto, con los brazos en cruz, un hilo de sangre saliendo de la nariz torcida, una nube de espíritu Zweig, un hervor de meninges consumidas, la desilusión componiendo vendajes descompuestos. Caí, morí y a empezar de nuevo.



Ya es jueves, una semana buena, dura.
Soy un escritor con buen humor sentado al sol (aunque llueva).
¿Quién quiere desayunar conmigo?


24/09/08

Carta del amante premonitorio.

"Soy un caprichoso usador de palabras,
no un poeta. Ésa es la verdad."
(Dylan Thomas)


Cuando ya no me quieras, tango, vas a empezar a odiar esta manera mía de mirarte con ojos de lejos y musgo, esta manera de acariciarte entre horas, como si los días estuviesen compuestos de humo entre los árboles de este bosque donde ahora estamos gozosamente perdidos.

Cuando ese momento llegue preferiría estar dormido o de viaje, huido, con los párpados cubriendo la realidad de tu desdén, de tu mirada fría, de tus manos inmóviles, de tu labio inferior que ya no tiembla. Como un gnomo que anda de noche, mis brazos se hunden en la tierra de nadie de volver a estar solo y castillos heridos, ejércitos de melancolía y ya sé que no soportas mis analogías grises, mis esforzados intentos de metáfora, mi mezcolanza pueril de poetas y libros de bolsillo, extractos de artículos de prensa y citas decadentes. "Ya no se escribe así, que no te enteras", me dices, me dejas la camisa llena de reproches, me viertes cafeteras de desprecio sobre mis pantalones indefensos. Y sé que antes te gustaba. Es un lío esto del antes y ahora, no recuerdo cómo te llamas, tu rostro se confunde con otros rostros, bofetadas, dialécticas de momento, y desplantes.

Cuando ya no me quieras habrá un desierto con tres soles, un mar abierto con cangrejos bocabajo y peces que discuten, habrá un no saber qué hacer con tus regalos en paquetes -¿donde los envío?-, tus cartas atadas con una cinta amarilla, tus reproches numerados, tu mirada de tundra. Ay, amor de ahora, mujer viajera por mis territorios de ultramar, paseante de mis arrabales, filósofa buscando argumentos con el candil de tu lógica de lo posible, el resto no existe, solo lo que se puede tocar vale, y los dichos. Guardas mis dichos como una prueba irrefutable de mis pensamientos, de mis deseos, de mi pretendida distancia. Te mueves de un vértice a otro de este triángulo que no suma, ni resta, ni siquiera es un triángulo pero ya sabes que yo no sé.

Te cuento todo esto desnudo, tumbado a tu lado, con mi mano en tu muslo, con la sorpresa agazapada detrás de la puerta, con un dragón de deseo jadeando sobre nosotros. No sabes cómo adoro tu cuerpo, cómo disfruto de esa lenta manera de acariciarte, de buscarte en tus esquinas y rincones, rendido a esa respiración junto a mi oído. Hasta aquí hemos llegado pero no hace falta que me empujes, ya me voy, no necesitas ponerte tan seria, tan fría, tan llena de miradas congeladas.

Y deja el cuchillo.

(Fotografías: Bogdan Jarocki)


23/09/08

La lucha contra el demonio



…entre Demócrito y Heráclito prefiero echar una moneda al aire y esquivar el pico de los cuervos, el resuello de los zorros que corren con su roja y abultada cola por los campos helados de este mes de después, escribo para este día en el que no lee nadie, en el que el límite se acorta, la televisión aboba, estamos en familia, acércate más que hace frío, frío de cama solitaria, frío de literatura al borde del absurdo, como absurdo es tener a Quignard en la balda, ¿a qué esperas? léele, agrupémonos todos en la lucha final mientras ese hombre grita desde un atril de viento, estamos sordos, este es un mundo sonriente que pone un chiringuito en la playa, se va del trabajo antes del jefe con un vaso (de plástico) de coca-cola en la mano, que diver, es guay, ah, oh, mierda, no es pesimismo, no es querer cuestionar este optimismo de no pasa nada, no hay crisis, pero pasa, vaya si pasa, aunque este TFT nos proteja del mundo real, y el ombligo, también, hay un gigante melancólico, un grabado de Alberto Durero (búscalo en san Google), una isla donde enterraremos a los muertos, lástima de tener que morir también nosotros, soledad de la vejez, quién piensa en eso ahora que Cobra Killer está de moda con esa orquestina de púas inquietas, ya me callo, pero hablo. (RespirA. Tú ).

Resumen: todo esto trata de la melancolía pasajera y del erotismo permanente. Del cuerpo humano, desnudo. De la mente vegetal, vestida. De lo absurdo de un fin de semana asomados en el balcón de un blog mientras el río de la vida corre por las calles con pleamar de alcohol y navegantes solitarios con el barco encallado en el arenal de un nombre, en la escollera de un tiempo pasado, en todo lo que no sea ahora. No. De la vacuidad de lo terreno, de las riquezas, de la existencia de Dios, de la conciencia consciente, de la fragilidad del yo, de las contradicciones del arte literario, del mercadeo intelectual, de la sórdida oscuridad que aceptamos con la mano doblada sobre la mejilla izquierda, la mirada perdida, el problema 30.1 de Aristóteles, de la ruina del cuerpo anciano y, sobre todo, de la hechicera que me cuenta mientras me ahogo en sus ojos limpios, en su voz que enturbia mi arroyo de un solo pez, del descubrimiento de su lado oscuro, de dejar la música sonar y perdernos en un bosque lujurioso y hasta ahí podríamos llegar. Sí. Sal de este post que voy a cerrar. Ya.



Lo primero que salta a la vista en Hölderlin, Kleist y Nietzsche es su alejamiento de las cosas del mundo; y es que aquel a quien el demonio estrecha en su puño, se ve arrancado de la realidad. Ninguno de los tres tiene mujer ni hijos (como tampoco Beethoven ni Miguel Ángel), ninguno de los tres tiene hogar ni propiedades, ninguno tiene una profesión fija o un empleo duradero. Son nómadas por naturaleza, eternos vagabundos, externos a todo, extraños, menospreciados, y su existencia es completamente anónima. No poseen nada en el mundo: ni Kleist ni Hölderlín ni Nietzsche han tenido jamás una cama que les fuera propia; nada es suyo; alquilada es la silla en que se sientan, alquilada es la mesa en que escriben y alquiladas son las habitaciones en que van parando. No echan raíces en ninguna parte, ni aun el amor logra atarlos de modo duradero, pues así sucede con aquellos que han encontrado al demonio como compañero de vida. Sus amistades son frágiles; sus posiciones poco fijas; su trabajo no es remunerador; están como en el vacío, y el vacío los rodea por todas partes. Su vida tiene algo de meteoro, de estrella errante en eterna caída. (Stefan Zweig - La lucha contra el demonio)


22/09/08

Hölderlin, Kleist y Nietzsche.

Las tres épicas figuras de Hölderlin, Kleist y Nietzsche tienen extrañas afinidades en los destinos de su existencia. Los tres, arrancados de su propio ser por una fuerza poderosísima y en cierto modo ultramundana, son arrojados a un calamitoso torbellino de pasión. Los tres terminan prematuramente su vida, con el espíritu destrozado y un mortal envenenamiento en los sentidos. Los tres terminan en la locura o en el suicidio. Los tres parece que viven bajo el mismo signo del Horóscopo. Los tres pasan por el mundo cual rápido y luminoso meteoro, ajenos a su época, incomprendidos por su generación, para sumergirse después en la misteriosa noche de su misión. Ignoran adónde van; salen del Infinito para hundirse de nuevo en el Infinito y, al pasar, rozan apenas el mundo material. Domina en ellos un poder superior a su propia voluntad, un poder no humano en el que se sienten aprisionados. Su voluntad no rige (llenos de angustia, lo reconocen ellos mismos en momentos de clarividencia). Son esclavos. Son posesos (en todo el sentido de la palabra) del poder del demonio. (Stefan Zweig - La lucha contra el demonio)



Un hombre exhorta desde el atril, tenso, con las venas del cuello hinchadas, gritando con violencia por encima de la tempestad de los días, oteando la tragedia que llega, defendiendo la libertad intelectual por encima del aliento dulce y peligroso de lo fácil, de lo sabido, de lo cómodo. No entienden, no entienden -siente- y su voz se pierde en lo doméstico, en el calor de cocinas, en el rescoldo de tópicos y cantinelas. Quiere rasgar esas sonrisas bobas, golpearles los labios, en las encías, desbaratar el interés del no pasa nada, de todo debe ser como es y así entramos en la luminosa zona erótica mientras una bandada de sardinas transparentes ondula sobre la piel de damas afligidas, señoras poseídas por el mal de vivir -ay, tristeza de la melancolía-, la hechicera tuvo la culpa, hablándole del instinto, del sí pero no, de la voz debajo del caldero, de los dedos buscando en el panal de miel – a pesar de las picaduras de las abejas del remordimiento- , hurgando con insistencia en el mal de las mujeres etíopes, paraíso en la sombra, uno no puede hablar de según qué temas sin una intensa empatía personal, personalizada ¿y cómo? uno carece de, solo tiene, //los jesuitas del siglo XVI utilizaban las descargas del pez raya para expulsar demonios; los samuráis escuchaban los trinos melancólicos de los pájaros, de los lobos, de las rocas húmedas; Aldini aplicó la corriente galvánica en el cráneo pelado de un enfermo de bilis negra; no sé qué diría Freud de las prácticas de la TEC (Terapia Electro-Convulsiva)// sé que yo digo basta, hasta aquí hemos llegado…, (hoy, mañana ya veremos)


21/09/08

Tres visiones de Robert Desnos y un regalo.

Robert Desnos


Poeta francés nacido en Paris en 1900.
Después de dejar el colegio a los 16 años, trabajó como empleado de farmacia y empezó a mostrar interés en la literatura publicando escritos en una revista de corte socialista llamada La galería de los jóvenes. En 1919 publicó los primeros poemas en Le fard de argonautes y se reunió con André Breton, Péret, Tzara y Aragon, integrándose en 1920 al grupo surrealista. Mostró sus habilidades literarias jugando con el idioma, y convirtiéndose en un experto de la ''escritura automática" en sus poemas titulados "Oasis" y "Asilo amigo".
Para ganarse la vida ejerció luego como periodista, publicando crónicas sobre películas, música y teatro. Hacia 1929 se alejó del movimiento surrealista en la gran crisis que señaló el segundo manifiesto de André Breton.
Continuó escribiendo en el siguiente decenio publicando obras que incluyeron "Corps et biens" en 1930 y "Le sans cou" en 1934.
En la segunda guerra mundial se alistó en el ejército francés, regresó a París durante la ocupación alemana y bajo seudónimos como Lucien Gallois y Pierre Andier, publicó una serie de ensayos contra los nazis que le valieron su reclusión en varios campos de concentración. Falleció ocho días después de ser liberado por el ejército ruso en junio de 1945. ©


2. Wikipedia.

Robert Desnos (4 de julio de 1900 - 8 de junio de 1945) fue un poeta surrealista francés.
Nacido en París, los primeros poemas de Desnos se publicaron en 1917 en La Tribune des Jeunes. En 1919 conoció al poeta Benjamin Péret quien le introdujo en el grupo dadaista en París y le presentó a André Breton. Mientras trabajaba como columnista del periódico Paris-Soir, Desnos se convirtió en un miembro activo del grupo surrealista y desarrolló un talento especial para la Escritura automática. Aunque Breton le elogió en su Manifesto du Surréalisme (1924) diciendo que era el "profeta del movimiento", Desnos siguió con su trabajo como periodista. Su incredulidad por el surrealismo así como su relación con los políticos comunistas provocó discrepancias entre Desnos y Breton.
En 1926 escribió The Night of Loveless Nights, poema lírico sobre la soledad, escrito con un estilo clásico, más parecido al de Baudelaire que a Breton. Se enamoró de la cantante Yvonne George pero los seguidores de Yvonne hicieron que se convirtiera en un amor imposible. Escribió diversos poemas dedicados a su amante, entre ellos la colección La liberté ou l'amour! (1927).
En 1929, Breton condenó definitivamente a Desnos que se había unido a la revista Documents de Georges Bataille y que fue uno de los que firmaron Un Cadavre, escrito que atacaba al "buey Breton". Su carrera en la radio empezó en 1932 con un espectáculo dedicado a Fantomas. Durante esta época, se hizo amigo de Picasso, Hemingway, Artaud y John Dos Passos y publicó diversas críticas sobre jazz y cine a la par que se incrementaba su participación en asuntos políticos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Desnos fue un miembro activo de la Resistencia francesa publicando a menudo bajo pseudónimo, y fue detenido por la Gestapo el 22 de febrero de 1944. Fue deportado a Auschwitz, Buchenwald, Flossenbürg y finalmente a Térézin en Checoslovaquia en 1945. Allí falleció de tifus semanas antes de que el campo fuera liberado. Está enterrado en el Cementerio de Montparnasse

Entre su infancia en el parisinísimo barrio Saint-Martin, ilustre desde los tiempos del buen rey Luis hasta los versos inolvidables de Apollinaire, y su muerte trágica en un campo de concentración, la vida breve de Robert Desnos (1900-1945) parece condensar una gran parte de la aventura intelectual de la primera mitad del siglo XX. Poeta dadaísta, joven médium surrealista, autor de producción feraz, polemista, detractor —ya desde de 1927— de la precaria alianza de Breton con el Partido Comunista, crítico de cine, periodista e innovador locutor de radio. En los años 30, Desnos fue un escritor sin partido, una especie, como se ha dicho, de francotirador radical-socialista, al tiempo que construía, pacientemente, una obra que hoy sosprende por sus dimensiones. A partir de 1942, formó parte de un grupo de resistencia al ocupante alemán. En febrero de 1944 fue arrestado por la Gestapo en su domicilio de la rue de Seine. Entonces comenzó para el poeta un atroz peregrinaje a través de prisiones y campos de trabajo forzado desde Francia hasta Checoslovaquia. Robert Desnos murió de enfermedad y agotamiento el 8 de junio de 1945 en el campo de concentración de Terezin que acababa de ser liberado por las fuerzas aliadas.



ÚLTIMO POEMA

Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.


Domaine Public
Versión de Aldo Pellegrini



Dido's lament - Jessye Norman



20/09/08

Tres anónimos.

Mas dejadme que escoja
mi propia madurez; y en mi dúctil persona
aflore lo que fui

(Raúl Losánez)


Sirva la presente para comunicar que, en general, los comentarios que recibo (públicos y privados) son de una amabilidad y buen rollo que me desbordan.
Los agradezco desde el fondo de mi corazón, desde mi epidermis, desde mi educación tan propensa a la gratitud.
Como todos no son así y no me gusta esconder nada, traslado estos correos, anónimos, que recibí durante el pasado agosto.



Uno.

“Ya decía yo, que no puede ser, lo he descubierto, este espacio está escrito por una vaca. Y esto no es un demérito, no, al contrario, es una alabanza. Para el pacífico animal. No digo que no seas tú el que cuelgue los textos, no me malinterpretes. Ni que seas quién escoge las fotografías –por cierto, tampoco son tuyas- , la música – a veces…-, el color de fondo –blanco-. No, tú eres el que arma y decora lo que escribe el rumiante, que tiene su mérito, no lo voy a negar. Ni me conoces ni me vas a conocer, tampoco sabes porque sé que quién escribe es una vaca y no un gato o un lémur, no sabes nada más que regodearte con los comentarios que recibes –pocos por cierto, al menos por comparación con los que tiene mi página-. No te dedicaré ni un segundo más. Por cierto ¿puedes darme el correo del bicho? Gracias.”

Y digo yo ¿cómo demonios habrá sabido este lo de la vaca?

Otro.

Constancia. Vale. Trabajo. Vale. Pero a mí no me gustas ¿vale?

Vale.
Y tres.

“Te comunico que he descubierto unas gafas especiales con las que puedo leer tu blog de forma mucho más ágil y práctica. Envío un ejemplo y me pongo a disposición de los lectores por si su comercialización es posible.

1º ponerse las gafas.

2º leer a glup (2.0) blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla sexo blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla amores perdidos blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla lloriqueos blablablabla blablablabla blablablabla quiero y no puedo blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla vacío blablablabla blablablabla blablablabla aburrimiento blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla blablablabla.

3º quitarse las gafas.

4º dormir.

La verdad, me parece un descubrimiento ¿lo habrá patentado?

¿Veis? Ay, señor, lo que tiene uno que soportar.




Anne Sofie Von Otter




19/09/08

Estado febril.


Termópilas.

Honor a aquellos que en sus vidas
custodian y defienden las Termópilas.
Sin apartarse nunca del deber;
justos y rectos en todas sus actos,
no exentos de piedad y compasión
generosos cuando son ricos, y también
si son pobres, modestamente generosos,
cada uno según su medios;
diciendo siempre la verdad,
mas sin guardar rencor a los que mienten.

Y mayor honor les es debido
a quienes preven (y muchos preven)
que Efialtes aparecerá finalmente,
y pasarán los Persas.

(Cavafis)

Cada día algo nuevo, original, diferente, que contraste, epatante, zass, manantiales de palabras bañando, acariciando el desnudo cuerpo de una virgen rubia mientras un dragón verde y negro observa etrás de los matorrales ¡maldito voyeur! Lo leerán los que lo leerán. Cada uno lo interpretará como le parezca. Responsabilidad de ser sujeto poético de uno, de dos, de tres, el resto que lean solos, con sus parejas, con sus tríos, a voluntad.

Distancia. Cercanía. Seleccionar fotografías según mi gusto. Un día pondré la mía para que todos vean quién es el de fuera de la página, desnudo, qué demonios, que se escandalicen los propensos al escándalo. La plenitud del vacío. Vida paralela, uno escribe, otro se libera, al final se ha convertido en una necesidad. El valor incalculable de la rutina. Tristeza de comunicación parcial, sujeta al capricho, a la disposición, al ánimo, al estado de las líneas torcidas o rectas trazándose en un papel blanco con los dedos manchados en miedo, en sueños, en la sencilla necesidad de contar lo de dentro. No tengo ni idea de a quién le interesa. Ni por qué. Ni nada, excepto mi propia necesidad.


Desasosiego. Resumen de lo cotidiano, mundo aparte, paralelo. Recuperación de lo mágico, del interrogante, del anzuelo brillando bajo el agua a la entrada del puerto, de la noche acuchillada por el sexo. No sabía que escribías, te imaginaba en el sector de volatineros, de los equilibristas, de los que dan saltos mortales. Y te dan ganas de darle una hostia, plass, en toda la cara, por gilipollas. Tengo un amigo que es escultor, se ha especializado en zapatos femeninos, los hace en forja, con mucho gusto, son zapatos muy eróticos. Jamás hubiera pensado que lo fuera –escultor-, tiene cara de boxeador. Tengo una amiga que es poeta, muy guapa. Tengo dos amigas que son escritoras, muy feas. Tengo dos amigas que son amigas y no escriben. Tengo un amigo que es arquitecto y muy buen cocinero, nunca me he parado a pensar si es guapo o feo, ni me importa. Tengo una amiga...no, ya no es mi amiga, pero sigue siendo una magnífica profesional de lo suyo. Tengo un amigo que es mi amigo y me alegro con sus alegrías y últimamente, por desgracia, he debido solidarizarme con sus tristezas, con sus penas. Me doy cuenta que en mis amigas valoro que sean guapas, o no, y en mis amigos ni me preocupo. Esto quiere decir algo, algo no favorable para mi. ¿Por qué lo digo? Podría callarme. Ya, pues vaya blog sería este, un blog poco sincero, blog ahogándose en un pozo, blog roto en resplandores, blog pájaro estrellándose contra una estrella. Aunque lo firme otro.


Firmo con mi nombre. ¿Y ese Glup? Es el nombre que escogí para la página, un nombre sonoro, absurdo quizás, poco serio, pero fue el que me gustó. Con el tiempo ha crecido, lo he cambiado. a 2.0. Abismo cotidiano del futuro. El sentido de la vida, pues vaya, casi nada ¿escribiendo aquí se puede encontrar algún sentido? creo que no, hay que salir fuera, buscar, pringarse, escarbar con un alambre en las cenizas, ensuciarse las manos rebuscando en el cieno de los días, de la desilusión, de la alegría, del amor brincando como una cabra loca por los riscos de la ilusión, de la pasión. Fiebre de vivir, me siento pletórico. Besos, preciosas. Y preciosos, que nadie se sienta discriminado. Puestos en gastos, aprovecho para agradecer los sabrosos comentarios recibidos en este humilde (ya, no te lo crees ni tú, nunca he sido humilde) rincón. A todas / todos, muchas gracias, muy sinceramente (esto si puedes creértelo).


Vuelve a menudo y tómame,
amada sensación, vuelve y tómame -
cuando del cuerpo la memoria se despierta,
y un antiguo deseo vuelve a pasar por la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan
y las manos sienten como que tocan otra vez.
Vuelve a menudo y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan...

(Cavafis)


18/09/08

Una vez estuve allí.


La libre posesión del dolor, su dulce sombra, rehaciéndonos de nuevo, diminutos. Julia Otxoa



Cae la noche y me he perdido en un laberinto de casas iguales, el mismo ladrido en cada jardín, idénticas columnas de humo por las chimeneas, árboles gemelos, una risa acá, silencio bajo las farolas.


Ella está ahí, puedo oler su perfume leve, escuchar el roce de su piel bajo una camisa blanca, envidiar las miradas que tocan sus piernas cuando se agacha con la bandeja de la cena, odiar la mano propietaria que roza su muslo al pasar.


Oh, dulzura entre los ancianos que ríen en sábados interminables, cae la noche y en mi cabeza aún no amanece.


Elton John

17/09/08

Camino de Santiago.(y 3)

”Ahí está el punto, y esa es la fineza de mi negocio; que volverse loco con causa, ni grado ni gracias; el toque está desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que, sin en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado?"(Don Quijote)


Por caminos que no, que sí, era sexo, ahora lo sé, como un romero por el camino de Santiago, con la concha peregrina y la calabaza con agua del Jordán, durmiendo en albergues de monjes oscuros, en casas de gentes de bien, en pajares de conventos con hermanas de tocas alborotadas, en hospederías cuando hay reales, comiendo pan y tocino, rezando ángelus en horas intempestivas, con relojes de viento y sombra, con la devoción ermitaña en cada pelo de la barba, con el olor del cuerpo de ella en mis dedos que acarician el tronco de los manzanos, los bancos de piedra, la correa de las sandalias polvorientas, besando los gallos que vigilan las cruces de los caminos, vadeando ríos por donde el agua cubre el ombligo, recostado bajo los arcos de las plazas mayores, allí donde se mezclan los olores de las tahonas con la humedad de las baldosas de tabernas oscuras, con parroquianos cantando himnos a vírgenes remotas, lugareños de nariz roja y albarcas embarradas que juegan a los naipes, labradores atribulados por la sequía, en la puerta mujeres pintadas enseñando los senos sin vergüenza, gestos ordinarios, falsos pendientes de oro como reclamo, zafias palabras de calabazas e higos, de frutas prohibidas, de coitos a un real, ancianos encorvados que las miran, titiriteros con ceñidas camisas, gorros de colores y cascabeles, era sexo, lo sé, aunque la amaba, me gustaba su cuerpo delgado, sus nalgas duras bajo el camisón cuando atravesábamos la noche y llovía, no había estrellas y la música de nuestros muslos detenía este mundo que ahora termina en Compostela, paisajes sucesivos, ora trigales ondulando, ora monotonía de la vid, ora campos verdes, pinares y choperas, hierbas secas para lechos de siesta bajo los robles, romeros italianos, alemanes, franceses chapurreando que ellos también van, que cumplirán sus votos, que este es su camino de redención, que se encuentran en las madrugadas de escarcha con conejos que huyen por los rastrojos, zorros en los gallineros de pueblos de adobe, con plegarias y gemidos saliendo de las espadañas de torres presentidas entre la niebla, el camino está lleno de misterios y un pastor blasfema entre el rebaño de ovejas atemorizadas por un mastín peludo, que pienso en beber de una bota con la lengua recogiendo cada gota, la misma lengua que recorría la espalda de ella, el hueco entre sus piernas torcidas, sus pezones pardos y jugosos, los lugares que eran míos y besaba con devoción y suspiros, la curva de sus caderas, regocijo de posturas que inventábamos, que se arrodillaba y las nubes formaban dragones, conejos gigantes y blancos, que entraba en su cuerpo como a un pozo de sombras y al fondo me esperaba su mirada adolescente, aquella mirada que perdimos en la plaza y que me hizo olvidar a otras mujeres de carnes tersas, gritos y temblores compartidos en fiebres de deseo, alboroto de sábanas, camas en la pleamar que parecíamos volatineros y por eso sigo este camino que a veces es un lodazal, rodadas de carros, burros salpicando con sus pezuñas, aullidos de lobos en las sierras, apoyado en un pilar, con la brisa que despeja los dolores ahora que el camino se bifurca y a un lado se adivina la catedral y al otro la puerta del infierno, patios atestados de míseros caminantes con los pies hinchados, pulmones que silban, llagas en las piernas polvorientas, toses, sabañones en las orejas, olor a sudor, una niña que mira al cielo y reza, hambre en esta villa al final del camino, llena de la paradoja de olores a caldo de berzas, morcilla y perejil, guisos en pucheros, frituras, parrillas con chuletas de cordero, ajo y vinagre, vino en barricas, me cubro la cabeza y a mi lado pasa una mujer preñada, un ciego guiado por un mozalbete desgreñado, un dentista con un mandil encarnado y unas tenazas en la mano, era sexo, tal vez, no se lo preguntaré a nadie, que ahora llegan orgullosos mendigos que miran a los comerciantes avaros, un carnero que escapa entre los puestos de baratijas, un toro que muge amarrado a un madero, una compañía de soldados con gorros rojos y banderolas, tambores y un capitán a caballo y en ese callejón fue, ahí me detuvieron, que no fui yo, ay dolor, que la amaba, que enloquecí quizás, que no gritó, que se quedó entre mis brazos, que no pude soportar que fuera de otro, quise parar la sangre con sus largas faldas, que huí llorando, que alguien me ha delatado, que después de tanto viaje no llegaré a la Puerta, que al fondo se ven las torres, que el santo ya no me perdonará, que no pude soportar su desamor, ella al principio de este camino ¿qué será de mi?.


Fin



16/09/08

Camino de Santiago.(2)





Eso
ese punto negro donde todo acaba
donde ya no vivo
ni sufro
ni canto
eso es el espanto.


(Dante Bertini)




...paisajes sucesivos, ora trigales ondulando, ora monotonía de la vid, ora campos verdes, pinares y choperas, hierbas secas para lechos de siesta bajo los robles, romeros italianos, alemanes, franceses chapurreando que ellos también van, que cumplirán sus votos, que este es su camino de redención, que se encuentran en las madrugadas de escarcha con conejos que huyen por los rastrojos, zorros en los gallineros de pueblos de adobe, con plegarias y gemidos saliendo de las espadañas de torres presentidas entre la niebla, el camino está lleno de misterios y un pastor blasfema entre el rebaño de ovejas atemorizadas por un mastín peludo, que pienso en beber de una bota con la lengua recogiendo cada gota, la misma lengua que recorría la espalda de ella, el hueco entre sus piernas torcidas, sus pezones pardos y jugosos, los lugares que eran míos y besaba con devoción y suspiros, la curva de sus caderas, regocijo de posturas que inventábamos, que se arrodillaba y las nubes formaban dragones, conejos gigantes y blancos, que entraba en su cuerpo como a un pozo de sombras y al fondo me esperaba su mirada adolescente, aquella mirada que perdimos en la plaza y que me hizo olvidar a otras mujeres de carnes tersas, gritos y temblores compartidos en fiebres de deseo, alboroto de sábanas, camas en la pleamar que parecíamos volatineros y por eso sigo este camino que a veces es un lodazal, ...(sigue)


15/09/08

Camino de Santiago.(1)


Un tiempo
que cabe aquí, no allí.

(Concha García)


Por caminos que no, que sí, era sexo, ahora lo sé, como un romero por el camino de Santiago, con la concha peregrina y la calabaza con agua del Jordán, durmiendo en albergues de monjes oscuros, en casas de gentes de bien, en pajares de conventos con hermanas de tocas alborotadas, en hospederías cuando hay reales, comiendo pan y tocino, rezando ángelus en horas intempestivas, con relojes de viento y sombra, con la devoción ermitaña en cada pelo de la barba, con el olor del cuerpo de ella en mis dedos que acarician el tronco de los manzanos, los bancos de piedra, la correa de las sandalias polvorientas, besando los gallos que vigilan las cruces de los caminos, vadeando ríos por donde el agua cubre el ombligo, recostado bajo los arcos de las plazas mayores, allí donde se mezclan los olores de las tahonas con la humedad de las baldosas de tabernas oscuras, con parroquianos cantando himnos a vírgenes remotas, lugareños de nariz roja y albarcas embarradas que juegan a los naipes, labradores atribulados por la sequía, en la puerta mujeres pintadas enseñando los senos sin vergüenza, gestos ordinarios, falsos pendientes de oro como reclamo, zafias palabras de calabazas e higos, de frutas prohibidas, de coitos a un real, ancianos encorvados que las miran, titiriteros con ceñidas camisas, gorros de colores y cascabeles, era sexo, lo sé, aunque la amaba, me gustaba su cuerpo delgado, sus nalgas duras bajo el camisón cuando atravesábamos la noche y llovía, no había estrellas y la música de nuestros muslos detenía este mundo que ahora termina en Compostela, ...(sigue)


14/09/08

Blog, máquina pulsional.

Qué buscas por la costa ciega de los inviernos, qué haces entre la gente negra de los teatros, por qué pasas los mares altos de la tristeza llevando sólo un niño muerto bajo las alas. Corta con un espejo tu sobrante de vida, hunde en un agua grave tu corazón de viento y calla para siempre, porque la vida es sólo una variante inútil del azul y la nada. Ya te ha pasado todo, ya le has tomado al tiempo su lánguido cuchillo y su agresivo ramo. Puedes morir despacio, dejando que la noche tome en tus ojos de oro forma definitiva. (Umbral).

Algún resorte oculto ha puesto en marcha este artefacto de pasión y emociones, blog, maquinaria trepidante y magnífica, ruidosa, que nos envuelve en vapores que narcotizan, en un movimiento continuo tan grato, que miramos embelesados, prisioneros de sus turbias poleas, de sus émbolos arriba y abajo, de los conductos transmitiendo mensajes líquidos, de sus miles de pernos y cachivaches.

Pulsemos de nuevo el interruptor, que no se detenga esta mecánica de luces giratorias, de sirenas en la noche, hilos tensados, acero brillante sobre la antigua distancia de un sentimiento dormido, y otro, y otro. Que el ruido no nos deje dormir. Insomnes. Atentos.

El cíclope sestea en la atalaya.




Pintura Psíquica

La Pintura Automática o Psíquica es una forma poco conocida de mediumnidad, de cierta manera similar a la escritura automática (psicografía) o al fenómeno de voz directa (psicofonía), donde la persona (médium o sensitiva) sin ser un artista entrenado es capaz de producir excepcionales obras de arte, en estado de trance ligero o profundo, supuestamente bajo el control de un guía espiritual. Un excelente ejemplo de esta clase de arte mediúmnico fue Augustin Lesage.

Lesage era un minero de Ferfay en el norte de Francia quien comenzó a pintar a la edad de 35 años luego de escuchar voces que le hablaban durante su trabajo en la mina.



"En Enero de 1912 poderosos espíritus vinieron a mí, ordenándome que dibujara y pintara, lo cual nunca había hecho anteriormente" escribió Lesage en 1925. "Imagínense mi sorpresa ante semejante revelación pues yo nunca había visto ni un tubo de pintura. ´Pero yo no se nada de pintura´ ... ´No te preocupes por ese detalle insignificante´ me dijeron ´Nosotros trabajaremos a través de tu mano´. Entonces comencé a recibir, en escritura automática, los nombres de las pinturas y pinceles que necesitaría, y guiado por los espíritus planetarios comencé a pintar al llegar a casa, agotado por el trabajo de la mina".

Reconocido como médium y aceptado como tal por la comunidad Espiritista francesa de la época, Lesage abandonó el trabajo en la mina en 1923 y se dedicó totalmente a la pintura hasta su muerte en 1954. Repetidamente Lesage insistió en que él no tenía control sobre sus manos ni su visión cuando pintaba. El explicó (extensamente durante una entrevista con el parapsicólogo Dr. Eugene Osty en 1927) que él nunca sabía por adelantado lo que iba a pintar y que él sencillamente obedecía los espíritus de su fallecida hermana Marie, Leonardo da Vinci, Marius de Tyana y otros.




13/09/08

Caminando, aún.

Siguiendo una antigua costumbre familiar,
como el tiempo no lo impide, sigo caminando.
Es un hábito respetable. Aunque cuando muchos
han llegado, yo apenas he salido. Cuando tantos
han terminado, iluso, yo casi estoy empezando.
Ni siquiera eso, no he encontrado la punta de la vida.
Estoy retrasado. Tanto que no encuentro palabras
que expresen lo que siento. Tanto que no sé razonar
mis sentimientos y me confundo. También
choco y sufro. Como siempre.


En este breve tiempo he recorrido
muchas calles, bastantes, algunas, una.
No he aprendido demasiado, soy torpe.
Vuelvo a leer mis ingenuos poemas de hace años,
son este mismo: variaciones para un niño asustado.
Un entusiasta aprendiz con pocos materiales.
Un hombre curioso buscando por las esquinas
Aunque ¿no será todo esto una exageración?
Alguna desmesura encierran tantas palabras,
tanta búsqueda inútil.

En Finisterre, en las noches de agosto, levanto
la mirada al cielo y me rompen las estrellas,
hay demasiadas, demasiado lejos.
¿Qué habrá detrás?
Aquí hablando sobre esto y aquello:
¿me quiere?, ¿la quiero? y las estrellas ahí.
A veces, alguna, fugaz, cruza sobre nuestro tedio,
¿las has visto?, ¿dónde van?

Ahí es cuando ya no entiendo nada.
Bueno, no entendía nada desde antes.
Desde que mi madre me besaba
cuando volvía del colegio.
Nunca un beso fue más dulce.


Desde que me perdí por primera vez
en una esquina de la Ciudad Jardín.
Nunca antes había amado.

Desde que aquella tormenta de verano
se llevó mi niñez.
Nunca antes había sido tan difícil.


Desde que tantos libros, tanta música,
sólo me han dado sentimiento.
Nunca respuestas.

Desde que tantas personas entrando
y saliendo en mi vida
me han llenado de preguntas.

Aquí voy, tropezando, levantándome
cada mañana, buscando el mostrador
donde actualizar el manual que me dieron
hace tanto que se quedó viejo, tramposo,
desfasado. Todo aquello que me enseñaron
era mentira. Una solemne y gran mentira
- gris, mediocre, opresora-
pintada de purpurina, tan falsa
como los que me la enseñaron.
Me aplico en desaprender lo que aprendí.

Vale, entendido, y ahora
¿dónde está la verdad? ¿quién la tiene?
Quizás solo exista una gran verdad: amor.
Damos vueltas y vueltas sobre la vida.
Una sola sobre la muerte. No la tenemos prevista.
Estamos mareados de tantas vueltas.
Somos como un barco naufragado,
varado en una playa, afanosos nativos desguazan su quilla
para obtener chatarra, parece una fotografía de Salgado,
un corazón en blanco y negro.

Ahora me paro para saborear el milagro,
llega una vez cada un millón de existencias,
en una ocasión cada siglo.
Me tocó a mí.
Figúrate que suerte.
No te extrañes si me ves cantando
bajo los balcones del aire.
No pienses que estoy loco
si me disfrazo de grillo, de brisa,
de otro.

El destino me dio las respuestas
y estoy aquí,
celebrándolo,
ebrio,
confuso,
feliz,
perdido,
pero en el camino,
sólo me quedan cien años
para aprender.


Mientras tanto, ella y yo,
vamos a disfrutar de la risa,
de querernos.

12/09/08

Carta a L.



Querida P L:
Sin darnos ni cuenta el tiempo pasa y pasa y estamos a septiembre, ni me acuerdo de las vacaciones de agosto. Importa el ahora. Ayer está demasiado lejos, mañana es incierto. Nuestra relación es antigua. El cariño que te tengo es grande, lo sabes. Este medio tiene la virtud de excitar nuestras mejores facetas. “Vemos” lo que escribimos y así todo es más sencillo. No roncamos, ni tenemos mal humor, no se notan nuestras pequeñas mezquindades, las manías, apretamos siempre el tubo de pasta de diente por abajo, nos levantamos sonrientes de la cama, somos los mejores amantes imaginarios, bajamos la tapa del wáter, no sudamos, ni usamos gafas, nunca nos duelen las muelas, ni los ovarios, no meamos, lo otro mucho menos, no pasan los años por nosotros, no tenemos bolsas bajo los ojos, no vamos al mercado, no tenemos imperfecciones en la piel, siempre estamos disponibles, siempre dispuestos para el coito vespertino, matutino, nocturno, no tenemos familia, ni hijos, ni padres, ni pareja estable, no tenemos problemas económicos, ni de salud, tenemos brazos largos, piernas largas, cuello largo, tenemos partes de nuestro cuerpo de más de treinta centímetros (¿de ancho?, no, no, también de largo, pero en reposo), somos románticos, obsequiosos, inteligentes, rubios, guapos, de película, no trabajamos, no lo necesitamos, siempre tenemos la frase justa, somos del mismo partido político, somos ateos, creyentes, tibios, agnósticos, somos como nosotros mismos, un espejo, cariñosos, alegres, pintamos bien, cantamos mejor, tocamos el piano, el violín, la guitarra en las fiestas, y cómo bailamos, hemos aparecido en el mundo por generación espontanea, no sabemos lo que es una hipoteca, nuestros números siempre están en azul, nos gustan los perros, los gatos, los osos, somos verdes, o rojos, o blancos, tenemos los ojos más bonitos del mundo, vestimos siempre de forma apropiada, nos desnudamos de forma apropiada, follamos como los ángeles (como los ángeles que follan bien), nuestros pechos son espléndidos y desafían de continuo la ley de la gravedad, somos serios, alegres, cantarines, circunspectos, altos, somos muy altos, no tenemos espinillas, ni celulitis, somos multiorgásmicas, polivalentes, sinfónicas, filatélicas, cocinamos de maravilla, nuestra bodega está bien nutrida, nuestro coche es el mejor, el más grande, el que más corre, somos sensibles hasta la lágrima, somos duros cuando hay que serlo (es que a mí me pone, chica), no tenemos complejos, ni traumas de infancia, ni malos recuerdos, no sabemos lo que es un psicólogo, mucho menos un psiquiatra (bueno, yo sí), escribimos como Cortázar (o como Tolstoi, Boris Vian, Gamoneda, etc), escribimos muy bien, cualquier género, nos gusta la ópera, Bach, Sonny Rollins, no nos gusta la copla (a G sí) ni los pasodobles (a los toreros sí), ni la jota (a algunos navarros sí), ni el rap (al hijo de mi vecino de abajo sí, qué cabrón lo tiene puesto a todas horas), somos majos, con simpatía natural, tenemos un culo en su justa medida, respingón, redondo, que rellena muy bien el pantalón, marca un poco la braga, somos femeninas, feministas, fenómenas, somos como nos da la gana, tenemos el cutis que no veas, tenemos buen gusto, mejor tacto, buen oído, somos la pera limonera, el copón, ay cómo somos y a la rueda, rueda el que no venga no juega, ya.

Desde nuestras cartas de ayer he pensado en ti y sí, te tengo olvidada. ¿Cómo estás?, reina de las flores, espero y deseo que bien. Mira, mi vida está llena de actividades, llena, llena. El blog me lleva solo una parte, poco, pero genera tal cantidad de contactos que he decidido no “contactar” más de lo que contacto. No puedo, ya me gustaría, de verdad, sé que puedo parecer un maleducado, un capullo, pero he decidido quererme mucho, ser menos educadito y pensar en mi. La página y todo lo que genera no quiero que hipoteque mi vida, mucho menos cambiar lo real por lo virtual. Prefiero hacer el amor que imaginarlo; prefiero un beso de tornillo que cientos al final de un comentario (aunque los agradezco, claro); prefiero correr junto a la Ría que visitar páginas y páginas (muchas interesantísimas, vale); prefiero tomar unos vinos con mis amigos, charlar, reírme que chatear; prefiero leer un libro que pasar horas delante de la pantalla del ordenador. Y no sé a qué viene esta historia que te estoy contando con lo salada que eres, y comprensiva, que escribes con tanto sentido y sentimiento, ya te lo dije ayer, los ojos más bonitos de la Red, amiga desde hace tanto tiempo, pues eso, que te beso aterciopeladamente, ea. Va por ti.

Y no sé para qué demonios te escribo esto tan largo si con decirte que te quiero mucho, L, ya sería suficiente.

Te beso a rabiar.


11/09/08

Digamos que este es un proyecto literario.



Sílabas son las estrellas. (San Agustín)




No lo sabíamos,
pero somos poetas, todos.

Irremediablemente escribimos poesía,
todos, nos derramamos en versos.

Poetas,
somos millones.

Lástima, ayer murió el último lector del planeta.
Ahora, ¿quién leerá nuestro miedo?

Este es un proyecto literario.





10/09/08

El azar.

“El día en que morimos no cantan ruiseñores,
ni nos sostiene en sus brazos el amor,
ni las cuentas están bien saldadas”.

(John Keats)

Un amable lector de Arabia Saudí me pregunta sobre el azar –no es broma-.
A propósito del azar se me ocurren diferentes argumentos.

Viajeros que pierden trenes por una llamada telefónica (luego estos descarrilan -los trenes- caen envueltos en llamas por Despeñaperros, por ejemplo, y no se salva nadie).

Mujeres que se sientan en el quicio de una puerta para sacarse una piedra de la sandalia (y a su alrededor caen pianos de cola, pianistas despeinados, hasta un director de orquesta rumano).

Hombres que se encuentran con antiguas amantes mientras esperan turno para comprar preservativos en el mostrador de una farmacia (ellos toman por el talle a sus jóvenes y rubias acompañantes, estas sonríen, taimadas).

Niños jugando al balón en el extrarradio de una ciudad castellana, para un coche, de él se apea un directivo del Rapid de Viena y habla con uno de los niños. ( Manolín ficha por un equipo de una liga extranjera, al cumplir 18 años se casa con Vanesa María, su novia desde los 14, y jamás vuelve a su pueblo)


Ancianos rebuscando en las papeleras, uno de ellos, Jaime López, encuentra una décimo de lotería premiado ( poco después sufre un ataque al corazón y ahora agoniza en la sala de urgencias de un hospital cercano)

Un investigador de Cuenca de gira por Crimea que sube por error a un submarino nuclear ruso, al no saber nadar no puede bajarse en marcha, la nave en una travesía enloquecida se pierde debajo del Polo norte y –oh, maravilla- por un agujero en la corteza terrestre -hasta entonces desconocido- aparece en un estanque en Moratalaz ( y lo postulan como candidato al premio Nóbel. Al de Cuenca)

M caminando con la vista fija en el suelo enladrillado - ¿quién lo desenladrillará?- (pasan glups a su lado y ni siquiera los ve).

Se me ocurren muchos más. Otro día, hoy tengo sueños, que espere mi amigo saudí.


Nunc est bibendum, nunc pede libero…ahora, amigos, debemos beber y danzar alegremente, ahora es el tiempo de colmar las mesas de los dioses con los exquisitos manjares de los Sabios. (Oda a sus amigos. Horacio)

(Claro...)



09/09/08

Hugo von Hofmannsthal.

“Mi caso es, en resumen, éste: he perdido por completo la capacidad de pensar o de hablar coherentemente sobre ninguna cosa. (Carta de Lord Chandos de Hugo von Hofmannsthal)



Esa mujer lleva erizos en la cabeza y un gato debajo de la lengua.
Sabe leer las rayas del alma.
Sólo en la oscuridad deja desnudos sus pechos breves, su vientre liso, las nalgas duras, las alas de su sexo.

Ese hombre es apenas un animal que habla.
Tiene delante las palabras, incluso aquellas que desconoce, son tantas que no puede juntar con coherencia más de tres. Tiene una historia, solo esa, intenta contarla una y otra vez, sortea el río entre su vida y el lenguaje. Cuando llega al vocabulario oscuro se le queda entre los dientes como fruta madura. Pero no calla, no, allá donde la voz duda recurre al gruñido, al grito, al balbuceo de sonidos que intentan decir.

Las mañanas taciturnas, las barcas rotas, el sol que juega con la niebla, perforación de los días como grutas, serenidad desde la certidumbre, las olas luminosas rompiendo en el acantilado del no saber, distancia, frontera, geografía de sentimientos diferentes, coordenadas de un tiempo y un espacio nuevo...

Alto, alto, no entiendo nada. ¿Qué quieres decir?

No lo sé, me dejo llevar, me muevo entre el alboroto y la albórbola, entre la rutina y el aliento de voces desde el otro lado del Muro.

¿Cómo tienes el ombligo?

Enroscado, con grapas sujetando el resto para que no se me desparramen las emociones por las junturas del día a día, coloreado con tintes de permanganato.

Sigue, sigue.



Esa mujer vive en un mirador insatisfecho, con macetas de geranios retorcidos, sin selva, quiá, con un paisaje de Almería en la retina selectiva con sus off y on, con limitadores de frecuencia, con una palabra en alemán debajo de un molar.

Ese hombre estuvo ciego, vivía en las sombras, se golpeaba continuamente con las estalactitas excéntricas, allí donde solo llegó un pastor extraviado.
Un día encontró una puerta cerrada, la abrió y detrás estaban los helechos y las golondrinas, el puente Rialto, la lectura del Paralipomenón, lo omitido.
Hasta aquí puedo escribir. Hoy.

Vale, hasta otro día.


08/09/08

Mundo blog.

...en nuestro credo, oíd, lícito es el beber vino,
mas, oh floral ciprés, sin tu rostro es ilícito...

Escribir. Mundo blog, escritores encapuchados. Leo y me identifico con tantas historias ajenas que también son la mía. No somos tan diferentes, tan originales, tan otro. Mundo blog, escritores con seudónimo, con nombres como máscaras, con fotografías que muestran espaldas, cabellos al viento, brazos, piernas, culos, casi nunca el rostro. Anoche, mirando al cielo vi una inoportuna estrella fugaz, fragmento de meteorito, pánico en los caminantes -sólo en los que miran hacia arriba- presagio de ira divina para algunos, insólito fenómeno natural para otros. Fríos intensos, calores máximos, terremotos, olas gigantes, tsunami, volcanes en erupción, huracanes en Cuba, lluvias o sequías que arrasan, este viejo planeta rebelándose, empequeñeciéndonos. El pueblo clamó y se tocaron las trompetas. Al escuchar el pueblo la voz de la trompeta, prorrumpió en gran clamor y el muro se vino abajo. La gente escaló la ciudad, cada uno frente a si, y se apoderaron de ella. Consagraron al anatema todo lo que había en la ciudad, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, bueyes, ovejas y asnos, a filo de espada. (Josué 20-21)



Mi blog es literario, oiga. ¿Qué quiere decir eso? Pues eso, literario.
Mi blog está dedicado a las orquídeas. ¿Y? Las orquídeas ¿te parece poco?
Mi blog es diferente. ¿Por qué? Oh, es el mío. ¿Y tú quién eres?. Yo. Ah.
Mi blog es original, único, sorprendente. A mí no me lo parece. Estarás ciego. O tú sordo. Tu padre. El tuyo.
Mi blog es único, como yo. ¿Y eso? Soy un gato. Vale

Todo comienza conmigo y todo termina en yo
(José Larralde)


Mundo blog, escritores compulsivos, tú me lees yo te leo, sensibles y luminosos copistas de su realidad. Ahí dentro el corazón se agita, pide su parcela, quiere vibrar y sentir, quiere ser feliz. La rutina, lo cotidiano, lo de cada día. Hay que buscar la ilusión, la sonrisa, el impulso para encontrar el color entre lo gris, lo negro también es bello, la luz está detrás de las nubes. Mundo blog, escritores ilusos, ansiosos de que les escuchen, les lean, que les comenten, les entiendan, que les quieran. Personas sensibles que buscan afectos, simpatía, eco, comunicación, respeto, comprensión, conversación, puertas que den a otros mundos, estrellas, cambios en lo de cada día, milagros."No es el tiempo lo que se nos da, sino el instante. Con un instante dado, a nosotros nos corresponde hacer el tiempo".- (Georges Poulet). No hay milagros.


También blog´s espirando. Mi blog permanecerá cerrado por obras. O por cansancio. O porque me he aburrido. O porque él ya no me lee. O ella. O por falta de estímulo. O por imperativo familiar. O por vacaciones. O porque se me ha terminado la tinta. O porque me sale de las narices. O yo qué sé. (No me refiero al mío, que sigue contra viento y marea) (Algún día pondré nombre al viento y a la marea)

Este es mi post para hoy. También incluye un saludo y mi agradecimiento, delicado y humilde, también orgulloso, para todos aquellos que me leen con paciencia, algunos con cariño, muchos por auténtico masoquismo.

Si contesto escueto, disculpadme, tengo mis motivos. Hasta a un simple glup (2.0) le llegan vientos de censura.

Me ha salido un poco triste ¿no?.

Sólo de lo negado canta el hombre
sólo de lo perdido
sólo de la añoranza
siempre de lo mismo.

(García Calvo)


León Gieco & Carlos Núñez

07/09/08

Invasores.

Vengo de no sé dónde.
Soy de no sé quién.
Muero no sé cuándo.
Voy a no sé dónde.
Me asombro de estar tan alegre.

(Martinus von Binerach)



Nuestro pueblo trepaba por la montaña desde el pequeño puerto al fondo de la bahía, las casas de los pescadores abajo, las mansiones de los dueños de los barcos en la parte alta. Sira vivía arriba, yo abajo.

Desde la primavera, cada atardecer, ella volvía del pueblo vecino por la alameda. A su lado trotaba el negro mastín que me disuadía de cualquier intento de acercarme. La observaba desde el bosquecillo de la loma, escondido detrás de los matorrales. Tenía doce años, yo uno más. Nunca lo demostró, pero sé que sabía que la miraba, demasiada aspiración para un aprendiz de pescador, el hijo de un pobre pescador.

Aunque madrugaba para embárcame y a esas horas me caía de sueño, pasaron los meses y nunca falté a la cita de la espera. Seguí admirando su paso firme, sus pechos que crecían, el borde de la falda barriendo el polvo, el lodo si llovía. Y llegó el invierno.


Aquella tarde hacía frío, estaba oscuro, ella no llegaba, me arrebujé en una manta y me quedé dormido. Escuché gritos, desperté, la bahía estaba llena de luces de barcos, el pueblo ardía. Corrí cuesta abajo, la casa de Sira estaba envuelta en llamas, ni rastro de ella, el mastín yacía bajo el olmo, degollado. En las estrechas calles de piedra pasé por encima de los cuerpos de alguno de mis vecinos, inmóviles, ensangrentados. Sin respiración me detuve en el portón del límite, habían vuelto, no era una leyenda, tantas veces me lo habían contado mis padres. Al llegar al puerto los vi, eran los invasores, con antorchas y gesto fiero, salvajes, con hachas y una determinación de llevarse todo lo aprovechable, de arrasar el resto, implacables. Aterrorizado di media vuelta y corrí, corrí hasta encontrar el refugio del bosque…

(no continuará)


06/09/08

Afasia.



Qué buscas por la costa ciega de los inviernos, qué haces entre la gente negra de los teatros, por qué pasas los mares altos de la tristeza llevando sólo un niño muerto bajo las alas. Corta con un espejo tu sobrante de vida, hunde en un agua grave tu corazón de viento y calla para siempre, porque la vida es sólo una variante inútil del azul y la nada. Ya te ha pasado todo, ya le has tomado al tiempo su lánguido cuchillo y su agresivo ramo. Puedes morir despacio, dejando que la noche tome en tus ojos de oro forma definitiva.(Francisco Umbral)


Vi las luces entre los pinos, el humo sobre el capó y el pecho de Juan incrustado en el volante.

Quise pedir ayuda, gritar, de mi boca no salió ningún sonido. Mis piernas, bajo el coche, me llenaban de un dolor intenso. Quise rezar, implorar, llamar a Julia, pero estaba mudo y solo sentía el áspero aliento de la muerte que me rodeaba con sus brazos.

¡Eh, aquí, este se mueve!, ¡Con cuidado, con cuidado! Sirenas. Caos. Chalecos fluorescentes. Caras con gesto de preocupación. Batas verdes. La nada.

Ahora tumbado, colgado, vendado, inmóvil, sin poder hablar, abro mi ojo izquierdo en una habitación blanca y alguien, que no veo, suspira.



Lo que estamos buscando no es interpretar el inconsciente, sino producirlo; crear nuevas relaciones, nuevos ensamblajes, producir nuevos deseos.

(Deleuze y Guattari en "Mil Mesetas").


05/09/08

Innsbruk.

...Pensé que no necesitaba
más que mancuernas y floretes para tener un cuerpo joven.
¿Quién iba a haber adivinado que el corazón se vuelve viejo?...

(Yeats)


Saltar desde la mitad del puente, justo desde donde nos encontramos un día lejano, perdido en un pasado que se borra. Saltar a las aguas oscuras y revueltas para olvidar la ansiedad, el nerviosismo, el dolor de estómago, la angustia, el miedo, volviéndome por los parques por si me sigue, por si está sentado en la mesa junto a la ventana del Astoria, vivir sin sentir sus ojos en mi nuca.

Tú sabes de qué habla esta voz huidiza.

Saltar al abismo de lo desconocido con los brazos en cruz aunque sé que no voy a volar, que ya nunca más volveré a volar, que no hay vuelta atrás, que será la última vez, la última equivocación. No puedo pasear esquivando los portales, mirando las cornisas, eludiendo los músicos ambulantes de las esquinas, andando por el centro de la calle, apretando con fuerza el celular en el bolsillo de la gabardina para avisarte si viene.

Tú sabes cuánto tiempo llevo así.

Saltar al anochecer para que nadie me vea, para que nadie intente detenerme y terminar el juego, la luz dolorida para no ahogar las palabras, para poner el punto final a una situación que nunca debí consentir, que creció hasta devorarme, hasta romper mi salud, hasta desbaratar la línea recta que pisaba y convertirme en un equilibrista de mi propia integridad.

Tú sabes que lo haré y te escribo para que no te sientas culpable.

Ha sido mi decisión.



Randy Pausch-Sabiduria de vida

04/09/08

Obrero del post

Ya ves qué tontería,
me gusta escribir tu nombre,
llenar papeles con tu nombre,
llenar el aire con tu nombre;
decir a los niños tu nombre
escribir a mi padre muerto
y contarle que te llamas así.
Me creo que siempre que lo digo me oyes.
Me creo que da buena suerte:
Voy por las calles tan contenta
y no llevo encima nada más que tu nombre

(
Gloria Fuertes )

Me he convertido en un obrero del post. He agotado los temas, me siento vacío de ideas. Trato de encontrar alguna idea original y no me viene ninguna a la cabeza. Por otra parte como mi vida es metódica, rutinaria, gris, no encuentro anécdotas dignas de contar. Apenas viajo, no tengo amigos, ni novia, vivo solo, no conozco a mis vecinos y mi carácter tímido me dificulta conseguir nuevas amistades. La música no me gusta, ni los deportes, ni la televisión. Voy al cine y leo, eso sí, son mis aficiones, las únicas. Y espiar a Monique.


A las noches, escondido detrás de las persianas, con todas las luces apagadas, me dedico a mirar a mi vecina de enfrente, al otro lado del patio. Vive sola, aunque a veces viene a visitarla un chico moreno con cara de aborigen australiano. Digo visitarla por emplear un término amable, son encuentros excitantes, de alta temperatura. Mirarla se ha convertido en mi única distracción. La veo cuando llega a su casa y va dejando su ropa esparcida por acá y por allá, la falda sobre una silla, la blusa en el sofá, habla por teléfono, fuma, se agacha, se mira en un espejo con su mínima ropa interior, deben ser incómodos esos tangas.


No sé cómo se llama, la llamo Monique porque me recuerda a la guapa protagonista de una película francesa que vi el año pasado. Me excita, nunca he visto a una mujer desnuda, quiero decir que nunca he estado con una mujer desnuda, bueno sí, con prostitutas, pero no es lo mismo, me refiero sin pagar. Además ya apenas voy a esos bares, se ríen de mí, debe ser mi aspecto de chico serio, o las gafas, que tengo las orejas un poco separadas, que apenas hablo, lo paso mal, son descaradas. Monique en cambio es dulce, o lo parece, fuma demasiado, eso sí, pero es ordenada, bueno, no demasiado, tiene el piso con cierto desbarajuste, pero se ducha, mucho, es muy limpia, se seca el cuerpo con lentitud, se da cremas en las piernas, se cuida, me gusta mirarla, sobre todo cuando se acaricia, lo hace a conciencia, lentamente, mirándose en un espejo. ¿Sabrá que la espío? Es la mujer de mi vida.


Esta mañana decidí seguirla para saber dónde va, donde trabaja, qué hace. Me gusta mirarla, como camina, sus caderas moviéndose con energía. ¿Me decidiré a abordarla? ¿Qué le digo? Habla por el móvil, animada. ¿Dónde irá por estos barrios? Un hombre me para. Eh, ¿estás siguiendo a mi novia?. Y me pone la mano en el pecho. Trato de zafarme pero el individuo es corpulento y tiene mala cara, de australiano. Aparece Monique. Sí, este es el zumbado que te dije, me viene siguiendo desde casa. Nadie se para a mirar, el energúmeno me empuja. Bah, tío mierda, no tienes ni media ostia. Ten cuidado. Y se van los dos, abrazados, riendo. Allí me quedo, humillado, nervioso, mirando al suelo.


Pero ahora, de noche, detrás de las persianas sé que Monique sabe que estoy aquí, que esos gestos de placer cuando ese bestia australiano tan poco delicado estruja sus pechos, besa sus hombros, acaricia sus muslos, mete la cabeza entre sus piernas, son para que los vea, que esos gritos de gozo cuando ese bruto penetra en su cuerpo son para que los escuche, que esas posturas de entrega, esa sumisión, ese quejido de placer me los está dedicando la muy golfa. Pero, la verdad, como mi vida es tan rutinaria no creo que estas cosas sean como para ponerlas en un post. Bueno, ya se me ocurrirá algo.

(Fotografías de Merry Alpern)

Pero el yo, cualquiera que sea su edad, está sujeto a las consabidas leyes de la óptica. Por periféricos que seamos en la vida de otros, cada uno de nosotros es siempre un punto central alrededor del cual gira el mundo entero en radiante perspectiva.” (Alison Lurie).


03/09/08

Canción de cuna para un amante que nunca regresa.
























Ven, vida mía, tiéndete al lado de la ausencia,

sobre las tablas del miedo, suelo y techo de nada,

vuelve, la esperanza se seca, muere el día,

memoria sin color de un tiempo removido

en olla desconsolada, cena fría de la despedida,

quemo incienso, busco tus huellas, intento

desvelar la madrugada, amanecer contigo,

sentada en el pliegue del error, no veo, rey,

aturdida y discreta, me conformo, aquí,

tan sola, con espejos y flores, exaltada,

custodiando la puerta que da al prado

donde reíamos y éramos, mi bien, ternura.


Poeta de luz, escribías maravillas en mi cuerpo,

colmabas mis muslos y la frente, derramándote,

mi pequeño, hacías resplandecer mi rostro,

a mí, entera, te esperaba abierta a la dulzura,

estremecida, oh torrente de placer, milagro,

rubor de terciopelo, caramelo de miel,

esperanza, secreto, festejo, pasado, tanto, todo.

Duerme, sueña con distancia sin clemencia,

ay, que te arropo con las sábanas del viento,

el mismo que se ha llevado fotografías rotas,

música, voz, que ha dejado una silla vacía,

soledad, un laberinto donde buscar mi herida.


Regresa mi chico guapo, mi hombre,

una luz delicada huye al extremo del camino

por el que las vacas volvían de la fuente,

me faltan balcones para esperar tu vuelta,

miro sin ver y sin embargo, mi niño bonito,

amante que gemías a mi lado, en mi, dentro,

te has llevado los mapas, me he perdido,

paso las páginas, se han apagado los soles,

se me están doblando los dedos de esperarte,

de estrujar el pañuelo de las lágrimas, que ya no,

que no tengo, llueven hojas de otoño, florece,

se agosta el cielo, los recuerdos, no vienes.


Ven, dulce amor, duerme a mi lado,

mi capricho, se desvanece la ilusión,

inquieta tapio las ventanas por si vuelves,

enluto las cortinas, afilo cuchillos y mi lengua,

los insultos, traidor, preparo sortilegios, venenos,

ruin, oculto en mi pecho la salida, quemaré

la cama, cada sábana que tocó tu cuerpo, quiero

estrangularte, desgarrarte, morderte el cuello,

clavar hierros en tu alma, si la tienes, pisar

tus genitales, dar a los perros lo que te cuelga,

verter en un hondo hoyo tu sangre negra.

Maldito amante que nunca regresa.
























02/09/08

Famara.

En cualquier intento de expresión podemos distinguir tres niveles: el nivel de la comunicación, el del significado, que permanece siempre en un plano simbólico, en el plano de los signos, y el nivel que Roland Barthes llama de la significancia. Pero en el sentido simbólico, el que permanece a nivel de signos, se puede distinguir dos facetas en cierto modo contradictorias: la primera es intencional (no es ni más ni menos que lo que ha querido decir el autor), como extraída de un léxico general de los símbolos; es un sentido claro y patente que no necesita exégesis de ningún género, es lo que está ante los ojos, el sentido obvio. Pero hay otro sentido, el sobreañadido, el que viene a ser como una especie de suplemento que el intelecto no llega a asimilar, testarudo, huidizo, pertinaz, resbaladizo. Barthes propone llamarlo el sentido obtuso.


Esta es una escritura ensimismada, para no ser leída, un ejercicio voluntarista entre el estilo y la necesidad de decir, a veces sin saber qué. Por eso me siento ante la puerta de la casa de las maravillas y espero que salga un trasgo, un toro con dos cabezas, una mujer con los ojos en zozobra que certifique que no hay mensaje en este intento, que el mensaje es el intento y que hay que tener paciencia mientras el comandante anuncia que estamos a 11.277 metros de altitud, que volamos ahora sobre Marrakech (¿qué hago aquí arriba?) y resulta que me encuentro tan lejos, tan lejos.

Tan lejos de dónde- pregunta la pasajera sentada a mi lado,
Otro paisaje, otros olores, distinto viento, y pájaros, calles de arena, silencio en el valle de negras piedras, volcanes, tan lejos.

Tan lejos de quién- y me mira, desafía, áspera, esperando un nombre.
Los dejo en su regazo, los recito, los pronuncio uno tras otro, las claves prohibidas de la nostalgia, abro las puertas a las historias antiguas que construyen mi exilio, esta huida a Lanzarote, tan lejos.
Lejos es solo una manera de decir que no estás, que no eres- se levanta y pide a la azafata que le cambie de asiento-.

El zumbido de los motores me adormece y me pierdo el contorno de la isla Graciosa justo cuando el avión está a punto de aterrizar.
Todavía agosto es una alfombra y hay tiempo para todo, aquí, tan lejos, en Famara.



César Manrique Cabrera nació el 24 de Abril de 1919 en Puerto Naos, barrio de Arrecife (Lanzarote), hijo de Francisca y Gumersindo. De padre representante de comercio, en el ramo de la alimentación, y abuelo notario. César precedió solo algunos minutos a su hermana gemela Amparo. Tenía otra hermana y hermano, todos los cuales aún viven. Don Gumersindo procedía de una buena familia de Fuerteventura y emigró a Lanzarote.

Los Manrique constituían una familia típica de clase media insular, sin agobios económicos. En el año 1934, su padre compró un solar en Caleta de Famara y construyó una casa junto al mar. Esta casa marcó mucho en su vida, rememorando con fruición: " La alegría más grande que tengo es la de recordar una infancia feliz, veraneos de cinco meses en La Caleta y en la playa de Famara, con sus ocho kilómetros de arena fina y limpia, enmarcada por unos riscos de más de cuatrocientos metros de altura que se reflejan en una playa como un espejo. Esa imagen la tengo grabada en mi alma como algo de una belleza extraordinaria que no podré borrar en mi vida. ".

Participó en la Guerra Civil española como voluntario del lado franquista. Su experiencia de la guerra fue atroz, y nunca quiso hablar de ella. En el verano de 1939, una vez concluida la guerra, César regresó a Arrecife. Llegó vistiendo aún el uniforme militar. Tras besar a su madre y a sus hermanos, subió a la azotea de la casa, se desnudo, pisoteó con rabia la ropa, la roció con petróleo y le prendió fuego.

Terminada la Guerra Civil , ingresó en la Universidad de La Laguna para estudiar Arquitectura Técnica, que a los dos años abandonaría. En 1945 se traslada a Madrid para entrar becado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde se graduaría como profesor de arte y pintura.

En otoño de 1964, siguiendo los consejos de su primo Dr. Manuel Manrique Psicólogo y escritor en Nerw York, marchó a esta ciudad, donde estuvo hasta verano de 1966. Se hospedó al llegar en casa de Waldo Diaz-Balart, pintor de origen cubano, en el lower East side, vecindario de artistas, periodistas y bohemios, de esa época. Gracias a su primo Manuel, consiguió una generosa beca en el Institute of International Education que patrocinaba Nelson Rockefeller. Ello le permitió alquilar su propio estudio y empezar a pintar una amplia obra que fué exhibida con éxito en la prestigiosa Galería en New York "Catherine Viviano".

Estando en New York, escribía a su amigo Pepe Dámaso "(...) más que nunca siento verdadera nostalgia por lo verdadero de las cosas. Por la pureza de las gentes. Por la desnudez de mi paisaje y por mis amigos (...) Mi última conclusión es que el HOMBRE en N.Y. es como una rata. El hombre no fue creado para esta artificialidad. Hay una imperiosa necesidad de volver a la tierra. Palparla, olerla. Esto es lo que siento." Comenzó a sentir nostalgia de Lanzarote. "Cuando regresé de New York, vine con la intención de convertir mi isla natal en uno de los lugares más hermosos del planeta, dadas las infinitas posibilidades que Lanzarote ofrecía".

Y esta es realidad actual: Es imposible imaginarse Lanzarote tal y como es hoy sin César Manrique. Era pintor, escultor, arquitecto, ecologista, conservador de monumentos, consejero de construcción, planeador de complejos urbanísticos, configurador de paisajes y jardines.

Quienes conocían a Manrique sólo superficialmente ignoraban la carga de puritanismo que ordenaba su conducta. Manrique fue realmente un hombre frugal; no bebía alcohol, no fumaba ni permitía fumar junto a él, se acostaba regularmente muy temprano, y madrugaba, comenzando muy pronto su trabajo en el estudio.

Falleció a los 73 años en un trágico accidente de tráfico, el 25 de Septiembre de 1992, al lado de la Fundación, cerca de Arrecife. Las paradojas del destino determinaron que encontrara la muerte en un accidente automovilístico, cuando él detestaba la masificación de los vehículos.


01/09/08

De Lanzarote al Fin de la Tierra

Alma se tiene a veces. / Nadie la posee sin pausa / y para siempre. / Día tras día / año tras año / pueden transcurrir sin ella. / A veces solo el arrobo / y los miedos de la infancia / anida por más tiempo. / A veces nada más por el asombro / de haber envejecido.

Wislawa Szymborska


Me despierto y es septiembre. La casa en silencio. Extiendo los brazos y la cama está vacía. En cada regreso evocaba a Neruda - …se sabe que el que vuelve nunca se fue…-, no lo haré esta vez. Me fui y agosto es un papel arrugado sobre la repisa de un tiempo nuevo, abierto a la crisis y a la esperanza, a la obligación de romper la rutina con uñas y versos, con la imaginación que dejé en la bañera, al lado de los geranios y el rosal que hace un siglo me regaló Mari.

Me levanto y en el pasillo me cruzo con un cocodrilo con gabardina.
-¿Tienes fuego?- me dice.
No. Y aquí no se fuma.- respondo.
Esquivo su mordisco de dientes amarillos y paso frente a la habitación donde alojé a las catorce gaviotas melancólicas que me acompañaron desde Finisterre. Duermen bajo el armario e intuyo que pronto despertarán a toda la escalera con sus graznidos bajando por el tono moreno de mis muslos, un poco menos que ayer, lástima de horas al sol, hasta cuando llovía, revisando recuerdos y el presente, ordenando nombres y números. Tengo el siete.

En el cuarto de baño me miro al espejo. Soy ese, el que ha regresado, lo que queda de mí. No recuerdo si tenía bigote. ¿Y esa mirada?

Toc, toc ¿estás ahí?
Vengo dispuesto a contarlo todo, desde Lanzarote (con el recuerdo de Cesar Manrique) hasta el Ara Solis del Fin de la Tierra.
¿Tendrás paciencia?

LANCELOTE

-primera estrofa-

(a César Manrique, pastor de vientos y volcanes)

Vuelvo a encontrar mi azul,

mi azul y el viento,

mi resplandor,

la luz indestructible

que yo siempre soñé para mi vida.

Aquí están mis rumores,

mis músicas dejadas,

mis palabras primeras mecidas de la espuma,

mi corazón naciendo antes de sus historias,

tranquilo mar, mar pura sin abismos.

Yo quisiera tal vez morir, morirme,

que es vivir más, en andas de este viento,

fortificar su azul, errante, con el hálito

de mi canción no dicha todavía.

Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,

y puedo serlo aún, aunque sangrando,

profundamente, vivamente herido,

lleno de tantos muertos que quisieran

revivir en mi voz, acompañándome.

Más no quiero morir, morir aunque lo diga,

porque no muere el mar, aunque se muera.

Mi voz, mi canto, debe acompañaros

más allá, más allá de las edades.

He venido a vosotros para hablaros y veros,

arenales y costas sin fin que no conozco,

dunas de lavas negras,

palmares combatidos, hombres solos,

abrazados de mar y de volcanes.

Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.

Siento que va a habitarme el fuego que os habita.

*Rafael Alberti,

Tahiche, 31-V-1979


(Fotografía Guillermo González Vázquez)



Finisterre.


La leyenda de la ciudad enterrada de Duio, capital de los antiguos pobladores de estas tierras y la existencia de castros costeros indican que Finisterre estuvo poblado desde muy antiguo. Este lugar causó gran impresión a los emperadores romanos. Su posición geográfica y sus increibles puestas de Sol hicieron creer a Decimo Junio Bruto, en el siglo I, que estaba en el Finis Terrae, el final de la tierra donde moría el sol.

Además, en el lugar encontraron un altar al sol, el Ara Solís. Un tramo de la calzada Per Loca Marítima aún se conserva en la actualidad.

Como en tantos otros casos, la iglesia cristianizó el lugar construyendo una ermita, donde los peregrinos llegaban despues de pasar por Santiago para venerar las reliquias de San Guillermo y la imagen del Santo Cristo. Tal era la llegada de gentes que en el siglo XV se tuvo que construir un hospital de peregrinos.

La costa gallega fue arrasada por los franceses en 1809 y Finisterre no fue menos. Apoyados por el Castillo de San Carlos que había sido construido el siglo anterior, sus habitantes resistieron la invasiones galas.

En la actualidad, la principal ocupación de la población continua siendo la pesca, contando con una importante flota de bajura. Esta actividad se complementa con la agricultura, que da trabajo a mucha gente, siendo la emigración otra salida laboral de sus habitantes.

En los ultimos años, el turismo ha tenido un aumento espectacular, con la llegada de visitantes de todo el mundo para contemplar su belleza natural y disfrutar de su gastronomía y de una tranquilidad que no puede tener en otros lugares.


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