Agradecimiento.


...en esta guerra sólo se mata en los arrabales
el centro es ciudad abierta por mutuo acuerdo
entre el bien y el Mal mientras la Ciencia
del alma
calcula cómo calcular lo incalculable
por ejemplo
cuántos deben morir cada día en Etiopía
para que nos salga social
de pronto
la poesía.
(Manuel Vázquez Montalban)
“Siento la pistola bajo la chaqueta. Su peso me da seguridad. Mañana es el día. La dirección así lo ha decidido. No estoy nervioso. Es nuestro enemigo. Debo hacerlo. Seguro que no tendré problemas. No es como nosotros, aunque haya nacido aquí. Es el opresor. Quieren despojarnos de lo que es nuestro, de lo nuestro. No estoy nervioso. Al abuelo lo mataron en la guerra. Mi padre estuvo cinco años en la cárcel. Todo está calculado. Lo haré cuando lleve a su hijo al colegio. En las fotografías tiene cara de perro, de traidor, de extranjero. Quieren robarnos lo que siempre ha sido de este pueblo. No estoy nervioso. Me iré despacio, calle abajo, hasta el coche de J, después cruzamos el puente y ya está. Quince días en casa de M. Será como siempre. No sabrán de donde llegamos. Soy un soldado. Defiendo a mi patria. Es mi enemigo. Debo hacerlo. No estoy nervioso. La dirección me lo ha ordenado. Mañana. El peso de la pistola me da seguridad. No se nota debajo de la chaqueta.”
asesino, na.
. adj. Que asesina.
Evolución del término terrorismo.
Para acceder a una mayor comprensión de la naturaleza del terrorismo, es conveniente un análisis más detallado, de la evolución en el uso del término.
La palabra "terror" proviene del idioma latín terror o terroris, sinónimo de Deimos. En la Antigua Grecia, Ares, Dios de la Guerra, tenía dos hijos: Phobos y Deimos (Miedo y Terror).
Ya Maquiavelo recomendaba que para el Príncipe «es más seguro ser temido que amado».
La palabra «terrorismo» (así como «terrorista» y «aterrorizar») apareció por primera vez en Francia durante la Revolución Francesa entre (1789-1799), cuando el gobierno jacobino encabezado por Robespierre ejecutaba o encarcelaba a los opositores, sin respetar las garantías del debido proceso. El término comenzó a ser utilizado entonces como propaganda contra el gobierno revolucionario, por su accionar en la línea del terrorismo de Estado; el período mismo ha sido conocido como Reinado del Terror (1793-1794).
La expresión terrorismo (proveniente de la palabra francesa del siglo XVIII terrorisme ("bajo el terror") significó entonces el uso calculado de violencia o la amenaza de la misma por parte del Estado contra la población civil, normalmente con el propósito de obtener algún fin político o religioso.
El terror, como arma política, fue retomado en Rusia en la segunda mitad del siglo XIX, entre algunos grupos opositores al régimen zarista. En 1862, el Piotr Zaichnevski redactó el manifiesto titulado Joven Rusia proclamando:
"Hemos estudiado la historia de Occidente y sacado sus lecciones: seremos más consecuentes que los lastimosos revolucionarios franceses de 1848; pero sabremos ir más lejos que los grandes campeones del terror de 1792. No retrocederemos, incluso si para derribar el orden establecido nos hace falta verter tres veces más sangre que los jacobinos franceses."
En su sentido actual, el término fue acuñado extensivamente por la propaganda nazi para hacer referencia a los movimientos de Resistencia de los países ocupados por el ejército alemán y consolidado por las dictaduras latinomericanas de las décadas del 70 y del 80 y los Estados Unidos, en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional desarrollada desde la Escuela de las Américas.
Un estudio de 2003 realizado por el ejército estadounidense afirma que existen más de 100 definiciones de terrorismo.
Por todos estos factores, muchos especialistas consideran la palabra terrorismo un término que en su uso ha devenido en un concepto meramente propagandístico para descalificar al enemigo más que definir un situación de forma objetiva.


Jean-Luc Godard (París, 3 de diciembre de 1930) es un director de cine franco-suizo. Ha cultivado un cine vanguardista y experimental respecto al montaje considerado clásico que se ha caracterizado por su irreverencia y rebeldía. Es considerado uno de los miembros más influyentes de la nouvelle vague.
Primeros años
Hijo de un médico y de una hija de banqueros suizos, vivió sus primeros años en este país, para trasladarse a París durante su adolescencia, donde más tarde estudiaría etnología en la Sorbona. Es en esta época cuando comenzaría a descubrir su gran pasión por el cine, frecuentando la Cinemateca Francesa y los vídeo clubs parisinios. En 1950 empezó a trabajar como crítico cinematográfico en varias revistas, entre ellas Cahiers du Cinéma, en las que utilizaba el seudónimo de Hans Lucas. En esta publicación coincidiría con la plana mayor de la Nouvelle vague, es decir, con François Truffaut, Eric Rohmer, Claude Chabrol y Jacques Rivette.
Al morir su madre en 1954, se trasladaría de nuevo a Suiza donde trabajó como albañil, hecho que sirvió como argumento a su primer documental, Operation Béton. Al volver a París, mientras seguía trabajando en Cahiers du Cinéma, rodaría los cortometrajes Une femme coquette y Tous Les Garçons S´Apellent Patrick en 1955 y 1957 respectivamente.
La época dorada de la Nouvelle vague
En el verano de 1959 comenzaría el rodaje de su primer largometraje, À bout de souffle sobre un guión de Truffaut y con la colaboración de Claude Chabrol. La película, protagonizada por Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg supuso una revolución en la manera de filmar al utilizar técnicas hasta entonces poco ortodoxas, como rodar cámara en mano, utilizar el documental o saltar de un plano a otro. A pesar de no lograr ningún premio en el Festival de Cannes, ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín, así como el Premio Jean Vigo.
En 1960 dirigió su segundo largo, El soldadito, el cual estuvo prohibido en Francia durante tres años. Este film estuvo protagonizado por Anna Karina, actriz con quien se casó un año más tarde y que protagonizaría varios de sus proyectos posteriores.
Durante los siguientes años, Godard colaboró con otros integrantes de la Nouvelle vague como actor, co-director o productor, a la vez que dirigió películas enormemente influyentes que fueron aclamadas por la crítica cinematográfica como Banda aparte o Pierrot el loco. Algunos de los premios que cosechó en esta época fueron el premio especial del jurado y el de la crítica de la Mostra de Venecia por Vivir su vida, su segundo Oso de Oro por Alphaville, y un nuevo premio especial del jurado en la Mostra por La China.
Etapa política
A partir de esta última película rodada en 1967, y después de casarse en segundas nupcias con la actriz Anne Wiazemsky, Godard comenzó a incluir en sus trabajos referencias al maoísmo y al marxismo-leninismo, ideologías entonces en boga entre algunos intelectuales y ciertos sectores estudiantiles que participarían en el Mayo francés poco más tarde.
En esta época creó el colectivo Dziga-vertov junto a otros cineastas como Jean Pierre Gorin y Juliet Bertó, y muchos de sus filmes, que comenzaría a rodar en 16 mm, se nutrirían de influencias del cine de propaganda soviético. En sus propias palabras, eran películas revolucionarias para audiencias revolucionarias.
En mayo del 68 el Festival de Cannes fue suspendido por las interrupciones en las películas que hicieron Godard, Truffaut, Polanski y otros cineastas en apoyo al movimiento estudiantil del Mayo francés. En ese año también dirigió One plus one, más tarde titulado Sympathy for the Devil, un documental que muestra cómo los Rolling Stones grabaron esta famosa canción.
A partir de los 70
A partir de los años 1970 Godard comenzó a experimentar con el formato de vídeo, al mismo tiempo que también dirigiría películas más convencionales y con menos carga política como Todo va bien.
En los 80 volvería al cine convencional de 35 mm y rodaría películas envueltas en polémica como Yo te saludo, María. A finales de esta década comenzó a trabajar en una serie documental titulada Histoire(s) du cinéma, en la que daría su particular visión sobre la Historia del cine y que Canal Plus francés emitió en el año 2000.



Qin Shi Huang vivía en un reino regentado por su madre y controlado por el canciller Lu Buwei, de quien se decía era su padre natural. El nuevo amante de la reina, Lao Ai, era el tercero en discordia que aspiraba a alcanzar el poder dentro de la corte imperial. Sin embargo, la determinación y fortaleza de Qin Shi Huang se hizo patente al cumplir los 22 años y ser nombrado rey de Qin. Ejecutó a Lao Ai, el amante de su madre, quien se había levantado contra él, y a los dos hijos que éste había tenido con su madre, la reina. Confinó a su madre, y finalmente se deshizo de su principal rival, el canciller Lu Buwei.
Temeroso de la oscuridad donde vagamos
o nos desvanecemos juntos,
imagino una luz
que impedirá que nos apartemos demasiado,
una secreta luna o un espejo,
una hoja de papel,
algo que tú puedas llevar
en la oscuridad
cuando estés lejos.
(Mark Strand)

Con andar cansino y torpe, una vaca insomne baja al río.
El viajero sale del bosque, del paisaje inmediato de árboles, asoma la cabeza y una mano al negro cielo inundado de estrellas incomprensibles, más allá de las aguas de la noche.
Aprieta contra el pecho una nota de despedida.
Es solo un papel -se dice-.
Ladra un perro gris, solitario, pasa a su lado.
Un mirlo se pierde en el zarzal.
El viajero sigue caminando, errático.
No hay azar en el silencio que llega del valle, no hay lógica en el automóvil volcado en la cuneta. Sin embargo está ahí y arde.
No se puede medir el dolor, no se puede abarcar la angustia de la ausencia, pero él siente el desgarro.
En el camino al caserío, el pastor golpea el lomo de la vaca con su vara bruta.
Está lejos -¿de qué?- pero desde ahí divisa, por fin, el horizonte.
Está oscuro pero puede ver, o imaginar, o ya no hay obstáculos, o era la hora.
Se dice esto para no mentirse con abstractos consuelos que nada le dejan excepto palabras que suenan como el arroyo junto a esa cueva donde ha llegado, perdido hombre de ciudad atemorizado entre ruidos, crujidos, graznidos, chillidos de pájaros invisibles y los insectos se esconden entre las piedras.
Pero está la realidad del coche en llamas, lo ve desde allí.
Isabel no contesta en el móvil.
Qué le dirá a su mujer cuando vuelva a casa.
Maxence van der Meersch
(Roubaix, 1907 - Touquet, 1951) Escritor francés. Hizo sus estudios secundarios en Tourcoing y Lille. Licenciado en Derecho, ejerció de abogado en Lille durante dos años. Se inició en el periodismo como jefe de redacción de la revista Lille universitaire, y colaboró en diversos periódicos.
Utilizó un estilo realista para narrar las problemáticas de la vida cotidiana del norte de Francia, y realizó minuciosas descripciones de los conflictos sociales de la época.
En sus primeras novelas abordó temas conflictivos como el del contrabando, en La casa de las dunas (1932), o el de las huelgas textiles y sus represiones, en Cuando las sirenas se callan (1933).
Posteriormente publicó Invasión 14 (1935), un crudo relato sobre la ocupación alemana, y La huella del Dios (1936), obra que obtuvo el premio Goncourt y numerosos elogios de la crítica. Entre sus últimos libros se destaca Cuerpos y almas (1943), emotiva novela sobre el mundo de la medicina. Su principal inquietud fue la miseria y el dolor humano, y a lo largo de toda su obra expuso una mirada humanista y acentuó, desde su perspectiva católica, la necesidad del hombre por reafirmar sus valores.
utilizando sólo letras: el atormentado Bird.Kenzaburo Oé habla sobre el paso (que yo no espero dar nunca) que dan las personas para convertirse en adultos: el momento en que renuncian a luchar, con pasión, por sus sueños y, extrañamente, se sienten bien.
La novela comienza cuando Bird está a punto de hacer realidad el sueño de su vida (un viaje a África). Sin embargo su esposa da a luz un niño deforme que, según las previsiones, pasará en coma toda su vida.
Bird se enfrenta entonces a una existencia encadenado a un hijo vegetal , situación que le lleva a pensar que, quizá, lo mejor sea estrangularlo.
Con el apoyo de su amante, Himiko, comenzará un recorrido por los infiernos que le conducirá hasta su salvación personal .
Si buscabais un buen libro que leer, aquí lo tenéis.
Contrapunto -quizá la más famosa de las novelas de Aldous Huxley y uno de los libros más eminentes de la literatura inglesa del siglo veinte- es ante todo un examen apasionado y lúcido de la condición del hombre en el mundo moderno. Las criaturas de Huxley no son sin embargo meras representaciones intelectuales, están animadas por una rigurosa pasión literaria o vitalismo, que se opone tanto a la esterilidad del ascetismo profano como al sensualismo de la civilización actual. Los personajes de Contrapunto coinciden, discuten, se apartan y se reencuentran en una busca interminable del significado de la vida y el auténtico destino del hombre. Rampion, que recuerda la inolvidable personalidad de D. H. Lawrence, es quizá, por oposición, la clave de este libro singular, verdadero contrapunto de ideas, emociones, sentimientos, deseos y esperanzas, el acabado cuadro de una sociedad que se desintegra en contradicciones irresolubles.
Las mujeres que creían que el amor compensaba la pérdida del mundo podían convertirse en terribles estrobos, según sabía demasiado por experiencia personal. Le gustaban las mujeres, el amor era un placer indispensable. Pero ninguna valía la pena de enredarse por ella en fastidiosas complicaciones, nada valía la pena de desarreglar la propia vida por su punto.(A.H.)
"He querido meditar sobre ocho particularidades propias a la percepción romana del mundo
sexual: la fascinatio del fascinus, el lubridium inherente a los espectáculos romanos y a los libros de las satura, las metamorfosis bestiales y su contrario (las novelas de antropomorfosis), la multiplicación de los demonios y de los dioses intermediarios en la triple anacoresis epicúrea, estoica y cristiana, la mirada oblicua y luego postrada, la prohibición de la felación y de la pasividad, el taedium vitae que se vuelve acedia y, por último, la transformación de la castitas de las matronas republicanas en la continencia masculina de los anacoretas cristianos. Son todas esas palabras oscuras las que poco a poco se aclaran en el espanto. "La visión de la representación más directa posible de la cópula humana procura una emoción siempre extrema de la que nos defendemos, ya sea mediante la risa salaz o mediante el estupor escandalizado. "Los antiguos romanos, a partir del principado de Augusto, optaron por el terror. "Fue un terremoto, cuya consecuencia fue más importante que la cristianización del Imperio, más importante que las invasiones de los siglos V y VI, que no alteraron fundamentalmente su naturaleza, más importante que el descubrimiento del Nuevo Mundo en el siglo XV: los americanos que en nuestros días viven allí, después de haber exterminado todo lo que era un obstáculo para su dominio, se siguen rigiendo por este sistema de infundir temor y se reproducen, en el vientre de sus esposas, acompañados de un terror que procede más de las togas blancas de los Padres del Senado que de las togas negras de los Padres cristianos que los reemplazaron en la curia. No era la Biblia lo que los Padres puritanos que desembarcaron en el valle del Ohio o que levantaron sus capillas de madera en la bahía de Massachusetts llevaban en su equipaje, sino más bien el taedium que Lucrecio desarrolla, el rencor que vemos en Séneca, la violencia indecente que leemos en Suetonio o que presentimos en Tácito, y que los llevaron a huir del antiguo mundo" (pág. 240).
¿Dónde estuvimos que nos perdimos tanto? ¿Quiénes fuimos que ahora no nos reconocemos? Dinastía de gallos decapitados tiñendo la hierba. ¿Por qué siguen corriendo los sueños rotos? Desapareces en el dolor, tus heridas me borran.(J.O.)
Libros para disfrutar, para crecer, cuatro, hay más, hay muchos libros, hasta se pueden leer, página a página, gozando, aprendiendo.
Es sábado, brilla un sol magnífico, la vida reluce, hay un tiempo para cada cosa. Ahora no es momento de leer, ni esos libros ni ninguno. Ahora, hoy, es un momento para salir a disfrutar de todo, de quién somos, de que estamos vivos, de los otros, del calor, de tantas maravillas como tenemos a nuestro alcance.
Estoy feliz y quiero compartirlo contigo.
Estoy aquí.
Con el llanto agazapado en la garganta
Esperando no sé qué, sí sé a quién.
Abrazado a los barrotes de mi nostalgia.
Estamos así.
Incrustados en un perfil huraño.
Llenando la calle de siluetas frías.
Cegados por alfileres de miedo.
Hasta que un polvo de labios,
una llama de gritos nos anude
en la punta de un pañuelo.
O
Hasta que luchemos a golpe de jazmín,
con un temblor de calandrias en la lengua,
con estrellas desmenuzándose en la camisa.
Estamos aquí,
en la ventana, en la luna, en la soledad.
En el frío
de la mentira.
Estoy así.
Enamorado sin remedio
de ti.
De ti.

Entrevistador-¿Cómo defines a un intelectual?
Noam Chomsky-Desde cierta perspectiva, un intelectual es simplemente toda persona que usa su cerebro. Todo el mundo usa su cerebro, por supuesto, pero, más allá de ese uso necesario para la supervivencia, hay actividades que se refieren a la opinión pública, a asuntos de interés general. Yo no llamaría intelectual a alguien que traduce un manuscrito griego, porque hace un trabajo básicamente mecánico. Hay quizás pocos profesores que puedan llamarse verdaderamente intelectuales. Por otra parte, un trabajador del acero que es organizador sindical y se preocupa por los asuntos internacionales puede muy bien ser un intelectual. Es decir, la condición de intelectual no es el correlato de una profesión determinada. Hay alguna relación entre gozar de ciertos privilegios y tener posibilidades de actuar como un intelectual. No es una relación muy fuerte, porque mucha gente privilegiada no hace nada que pueda considerarse de mérito intelectual y, por otra parte, mucha gente sin privilegios es muy creativa, reflexiva y de amplios conocimientos.
El presente es siempre oscuro.
Sus mapas son negros.
(Mark Strand)
Habíamos partido, tiempo ha, desde una ciudad bañada en brumas -qué fastidio contar siempre lo mismo-. La travesía fue larga y nos aprendimos de memoria cada ola, cada tormenta, cada amanecer desde el ojo de buey del camarote de segunda clase. La emoción del viaje se concentró entre el seso y el sexo. Cuando le dije que no, que aquel barco no seguía el rumbo que había trazado en su mapa, que no llegaba a ningún puerto conocido-por ella-, saltó por estribor (1).Me quedé en la proa (2) con los brazos en cruz -DiCaprio retocado con photoshop para parecer este que era- hasta que las gaviotas del absurdo se posaban entre mis dedos ateridos, como alambres tendidos desde un balcón colgado en ningún patio de gatos.
Fue un mal tiempo que duró demasiado para aguantar el tipo, el gesto, la imagen que día a día se deterioraba hasta llegar al hombre elefante –y ahí no hubo software gitano para remediarlo- que se retorcía de dolor, de impotencia, de amor (3).
Por mi parte no hubo valentía para quedarme en el barco, ocurre que no sé nadar, ocurre que no sé nada, ocurre que entonces –y ahora- soy un tonto vestido de románticas mentiras onduladas que me repito frente al espejo, que me las digo tantas veces que ya ni me las creo e invento otras y así, a veces soy yo y a veces no.
Pero volvamos a 2, allí en la proa, entre la nostalgia y la memoria, los vientos despeinaban mis cabellos que crecían y crecían, descontrolados, insolencia capilar que cegaba mis ojos, me entraba por las orejas, ensordeciéndome, no veía, no oía, solo mordía el recuerdo de la ausencia sin darme cuenta que mordía mi lengua, lo que hablaba se quedaba entre los dientes y así no hay manera, jo, que los balbuceos me impedían gritar en la borda, que había perdido todos los botes salvavidas, que la cabeza no me entraba ya por los aros flotadores, que parecía un náufrago aún antes de embarrancar(4), que embarranqué, claro, sin icerberg, no hizo falta, que aquella que saltó al mar en 1 desapareció para siempre entre la niebla del nuevo mundo y, oye, que ya ni recuerdo como se llamaba, que se me han borrado las líneas de sus pómulos, que ya no huelo el aroma de su nuca, que corro como Jones por el contorno del salto congelado en foto fija que se reduce a 100: 90, 80:72, 60:54, o así y el amor de 3 es difícil de conservar con estas temperaturas, si es que fue amor, que ya uno duda, incluso dos duda, y el 4 de embarrancar se convirtió en un pretexto para realizar una limpieza general de las sentinas del alma y quedó el armazón del buque limpio como los chorros del oro y navego por mares tropicales, indiferente a ciclones y a la madre que parió a todas las desgracias naturales como la vida misma.
Hoy me miro al espejo y veo la cara de mi abuelo, ni siquiera la de mi padre, pinto los paisajes tan exactos que nunca sé si estoy dentro o fuera del cuadro- como me dijo Dickinson, Emily, “lo Interno –pinta lo Externo“- y, la verdad, si todavía cuento estas batallas será por algo, será por esas marcas internas que dejaron pinceles del dos mil, y los siguientes, sin manos, pulso, luego y Barcelona, Tarragona, el refugio victorioso, Madrid, he alterado el orden hasta llegar a la biblioteca lacaniana, al edificio del saber desde/hasta donde salté sin alas, sin Pegaso, sin red y, lógico, mientras siga en el aire no hay peligro de dejarme la nariz en el suelo, como en una película de dibujos animados, sin ratón ni gato, y esta serie ya la he visto. Por favor, para la próxima vez que me embarque recordarme que me mareo con las mareas del Mar. Eso mismo.
El cerebro sintoniza mucho con la música, incluso en personas de las llamadas poco musicales. Crecemos en un entorno en el que hay música por todas partes, ya sea música popular o sofisticada, jazz, clásica... todos hemos crecido en un entorno musical, y el cerebro es muy sensible a la música. La música está presente en todas las culturas, y es importante en cada cultura, es importante para cada persona. Yo me volvería loco si no tuviera mi piano, si no pudiera tener música. La música también tiene un gran poder organizativo, a menudo en las canciones de los niños. En el Reino Unido, por ejemplo, aprendemos la canción “one, two buckle my shoe”; y una serie de frases pueden recordarse si se organizan con música, la gente recuerda toda la letra de una canción si va acompañada de la música. A menudo la gente con afasia, que han perdido el lenguaje, pueden mantener el lenguaje si está con música. En la actualidad estoy escribiendo sobre personas que tienen alucinaciones musicales, que de repente escuchan música con tal viveza que se creen que la radio, o el que está tocando el piano, está en el cuarto de al lado. Esto es diferente de imaginarse la música, porque ellos creen que la perciben.
Oliver Sacks (9-7- 1933, Londres) es neurólogo.


Le parole della pornografia
Pornocrazia
Il potere e la vendita 
Coito
La tirannia dell’orgasmo
Simulazione.
La messa in scena

El término pornografía procede del griego: πορνογραφíα, porne es "prostituta" y grafía, "descripción", es decir, "descripción de una prostituta". Designa en origen, por tanto, la descripción de las prostitutas y, por extensión, de las actividades propias de su trabajo. Hay que decir, sin embargo, que el término es de aparición muy reciente pues en la Antigua Grecia nunca se usó la palabra "pornografía". Modernamente se entiende por pornografía un conjunto de materiales, imágenes o reproducciones de la realización de actos sexuales con el fin de provocar la excitación sexual del receptor.
Actualmente existe una corriente de pensamiento que considera a la pornografía como una nueva forma de arte, que tiene por objeto mostrar la belleza de la sexualidad humana. Los que sostienen este parecer señalan que muchas formas de arte en un principio fueron menospreciadas, infravaloradas o incomprendidas, como ocurrió con las obras de arte del Postimpresionismo del pintor holandés Vincent Van Gogh, al cual nunca se le reconoció ningún valor significativo a sus obras durante su vida, tanto fue así que incluso una señora de su época usó uno de sus cuadros para tapar un hoyo de su gallinero. Manifiestan que el mundo cambia constantemente y siempre ha cambiado, que cambian los intereses o aparecen nuevos intereses, y cambia el arte y aparecen nuevas formas de arte.La real academia española define a la pornografía como "el carácter obsceno de las obras literarias o artísticas" Es decir, todo lo que ofenda al pudor y que se represente artísticamente. En el segundo simposio nacional multidisciplinario de sexualidad humana, en Argentina, se ha considerado que la actual pornografía desvirtúa la sexualidad humana, expresándola en formas violentas; explícitas o implícitas; y siempre en una relación de poder y servidumbre de la mujer hacia el hombre o, en ocasiones, inversamente.
La pornografía se manifiesta principalmente a través de tres medios: el cine, la fotografía y la literatura, aunque también admite representaciones a través de otros medios como las revistas pornográficas, la escultura, la pintura, e inclusive el audio (teléfono erótico), o el cómic.

(Pero, ah, se escribe solo, como se vive, soledad con los otros, ideas numeradas en cartapacios.)
Salimos en coche, al mediodía, ella tenía los ojos muy pequeños.
Viajábamos hacia una ciudad lejana, desconocida, de vino, insectos y conventos.
Ella leía, atenta, un libro sobre Schreber.
Yo tenía la sangre detenida.
Paramos junto a un bosque.
La tarde se detuvo ensimismada entre las ramas del recuerdo y el viento del crepúsculo no se atrevió a agitarlas.
Entre los árboles se escuchaba un llanto de níquel, entramos sin saber si una fiera acechaba, si se escondía allí un animal no imaginario.
Llegamos hasta el fondo de la umbría, nos acostamos boca arriba, sin rozarnos, contemplamos los murciélagos humillados por el resplandor del sol poniente que se colaba entre las rendijas de las altas copas.
Conversamos, convinimos en que algo tendríamos que inventar, algo para librarnos del tedio, despedazarnos con cuchillos mellados, romper ídolos yacentes, comernos mutuamente a pedazos.
Pero no, solo hablamos. Y hablamos.
Rabia del amor derrotado por silencio iluminado.
No por pensamientos, silencio por la herida del rechazo.

(Hay aquí demasiado signos, alfabetos arrastrados por caballos en llamas, maleza de letras y metáforas, el aroma prendido entre la hierba, nada.)
Nos levantamos y seguimos nuestro viaje, tránsito entre saber y sentir, entre el puente a lo lejos y el río detenido, rostros sin ojos en la bruma, el relámpago escondido en una mano. Si pensaba, en las cunetas crecían las palabras. Se marchitaban cuando no sentía, cuando ella no (me) miraba.
(Aquí se me atraviesa el texto. No sé cómo seguir)
Llegamos a la ciudad desconocida, nos perdimos entre callejuelas sucias, en una esquina le regalé mi corazón desnudo, un espacio sin paredes, sin ventanas, pradera de emociones abiertas al viento de la duda. Allí lo dejó, en la esquina de un portal.
Se fue.
Volví solo.
Me detuve junto al bosque.
La noche se había dormido entre las ramas y un rocío de olvido venía ya a buscarla.

(Hoy no quiero contar más, quiero cantar, susurrar un único verso acompañado de palmas y guitarras, continuar hacia una sospecha de paisaje, separar lo cotidiano de la tarea de las palabras.)
(Leipzig, actual Alemania, 1646-Hannover, id., 1716) Filósofo y matemático alemán. Su padre, profesor de filosofía moral en la Universidad de Leipzig, falleció cuando Leibniz contaba seis años. Capaz de escribir poemas en latín a los ocho años, a los doce empezó a interesarse por la lógica aristotélica a través del estudio de la filosofía escolástica.
En 1661 ingresó en la universidad de su ciudad natal para estudiar leyes, y dos años después se trasladó a la Universidad de Jena, donde estudió matemáticas con E. Weigel. En 1666, la Universidad de Leipzig rechazó, a causa de su juventud, concederle el título de doctor, que Leibniz obtuvo sin embargo en Altdorf; tras rechazar el ofrecimiento que allí se le hizo de una cátedra, en 1667 entró al servicio del arzobispo elector de Maguncia como diplomático, y en los años siguientes desplegó una intensa actividad en los círculos cortesanos y eclesiásticos.
En 1672 fue enviado a París con la misión de disuadir a Luis XIV de su propósito de invadir Alemania; aunque fracasó en la embajada, Leibniz permaneció cinco años en París, donde desarrolló una fecunda labor intelectual. De esta época datan su invención de una máquina de calcular capaz de realizar las operaciones de multiplicación, división y extracción de raíces cuadradas, así como la elaboración de las bases del cálculo infinitesimal.
En 1676 fue nombrado bibliotecario del duque de Hannover, de quien más adelante sería consejero, además de historiador de la casa ducal. A la muerte de Sofía Carlota (1705), la esposa del duque, con quien Leibniz tuvo amistad, su papel como consejero de príncipes empezó a declinar. Dedicó sus últimos años a su tarea de historiador y a la redacción de sus obras filosóficas más importantes, que se publicaron póstumamente.
Representante por excelencia del racionalismo, Leibniz situó el criterio de verdad del conocimiento en su necesidad intríseca y no en su adecuación con la realidad; el modelo de esa necesidad lo proporcionan las verdades analíticas de las matemáticas. Junto a estas verdades de razón, existen las verdades de hecho, que son contingentes y no manifiestan por sí mismas su verdad.
El problema de encontrar un fundamento racional para estas últimas lo resolvió afirmando que su contingencia era consecuencia del carácter finito de la mente humana, incapaz de analizarlas por entero en las infinitas determinaciones de los conceptos que en ellas intervienen, ya que cualquier cosa concreta, al estar relacionada con todas las demás siquiera por ser diferente de ellas, posee un conjunto de propiedades infinito.
"El artista se harta de lo que muestra el presente, todavía más de la carga del pasado y se lanza a una búsqueda frenética hasta encontrar en la ruptura de lo establecido las nuevas coordenadas que descubren su talento en el espacio del entendimiento. Todo llega del hartazgo. De la misma manera que el escritor habla del interés del arte por otras cosas, el artista se harta de una vida paralela que le obliga a surcar nuevos mares en la búsqueda de un horizonte imperfecto. Se harta sin darse cuenta del todo, por puro agotamiento, de una eternidad incontestable que es el descubrimiento de uno entre las cosas que nos rodean desde siempre: inverosímiles, caóticas, repetidas, indescifrables, incoherentes, ésas que nos atan a la vida con la carga de los sentimientos. Reiterativas, circulares, asombrosas, indefinibles, indestructibles, que nos llevan de la razón culpable a la razón anodina de la existencia. Esas que nos esclavizan y nos atan como personas a una realidad que nos observa sin que sepamos que lo hace. Pero cuando el hartazgo irrumpe con su poderío la vida comienza a desandar el camino, cansada de ver cómo somos. En realidad actuamos pensando que estamos cambiando del todo. Es el juego del tiempo detenido, puro placer del aburrimiento, seguir adelante con todas las cosas vulnerables que rodean nuestra existencia. Harto de vivir como siempre el hombre se diluye en el tiempo, se mimetiza en su desesperación pensando que cada vez corre más rápido, dispuesto a crear un nuevo modo de vida, mientras como una nueva religión que ofrece cosas nuevas, el artista resopla en su conciencia hasta convertir su vida en una eterna duda, en un aparente cambio, que le aparte del hombre anodino. Pero cómo se ríe la vida de todo esto al comparar a uno y otro, porque tanto como nos perdemos en una nube de interrogantes que confunden la existencia, hasta que ésta se convierta en soportable, la vida no deja de asombrarnos cuando creíamos que estábamos hartos de todo. Como una necesidad insalvable del hartazgo insoportable, de la vida y del arte. Así de evidente y contradictorio, la figura del hombre moderno." (Kepa Murua)
Experimento UNO. Google anuncia que dispone de acceso indexado a 9.169 millones de páginas (+ o -). Una de ellas es este blog glup 2.0. Hoy subo cinco (seis, siete) fotografías, al azar, sin buscar demasiado, con X (-2) pies, con mínimo trabajo, con escasa imaginación, con algunos cambios a lo largo del día. Borro cuatro. Subo dos más. Hoy no hay texto (mío). Mañana sí (espero). No es un juego. No es un abuso de confianza. Es el Experimento UNO. Habrá otros. Leo –por ejemplo- a Kepa Murua y dice (muy bien) lo que yo no sé decir. Por eso me atrevo con este intento. No es muy diferente a otros míos (qué osadía). Lo digo veces y veces, leo, veo, entiendo, siento, la tuya y la mía son una de esas 9.169 millones de páginas. Con la total humildad de este que busca y busca, solicito indulgencia. Lo de hoy. Gracias por venir.
La Toma de la Bastilla se produjo en París el martes 14 de julio de 1789. A pesar de que la fortaleza medieval conocida como la Bastilla sólo custodiaba a siete prisioneros, su caída en manos de los revolucionarios parisinos supuso simbólicamente el fin del Antiguo Régimen y el punto inicial de la Revolución Francesa. La rendición de la prisión, símbolo del despotismo de la monarquía francesa, provocó un auténtico seísmo social tanto en Francia como en el resto de Europa, llegando sus ecos hasta la lejana Rusia..
Descubro, demasiado tarde, que vivir en falso es no vivir, porque la memoria se niega a coleccionar los datos que contradicen el yo juvenil. Y, en horas de crisis, cada vez que queremos ser algo tenemos que volver al principio, lo único que recordamos.
(R. Buenaventura -El año que viene en Tánger)

Mi calle marcaba el fin de la ciudad. Jugábamos allí libres, prisioneros solo del aprendizaje de vivir.
Por las escaleras del 40, después de cruzar las vías, se llegaba al monte, mundo sin vigilancia, sin prohibiciones.
Mi madre me decía: no cruces las vías.
Cada día las cruzaba, frontera inútil, límite absurdo, paso abierto a la aventura, a las peleas, a robar manzanas verdes.
Pero nunca nos habíamos atrevido a entrar en el túnel.
Mi abuela me contaba que cuando la guerra se refugiaban allí durante los bombardeos.
Aquel verano lo hicimos, entramos unos pasos en la oscuridad del túnel. Queríamos buscar la puerta de aquel refugio del que hablaba mi abuela. El miedo a que llegase el tren nos hizo salir rápido.
Pero a partir de ahí cada día nos atrevimos unos metros más. Teníamos dos linternas, pero no encontrábamos ninguna puerta. Aún así insistimos, tampoco teníamos otra cosa mejor que hacer, éramos exploradores de un mundo antiguo.
El rubio nos miraba desde una esquina. No era del barrio, en el barrio no había rubios, no le conocíamos. Era valiente o estaba despistado, ya que nadie entraba solo detrás de los límites con otras calles.
-Hola ¿qué hacéis?- nos preguntó.
Le rodeamos y algo en sus ojos nos hizo aceptarle con naturalidad. Le invitamos a nuestra cotidiana búsqueda dentro del túnel. Por el camino nos contó que su tío tenía un taller mecánico por allí cerca y que había venido a visitarle con su padre.
Cruzamos las vías y fue el primero en adentrarse en la oscuridad. Seguramente quería demostrarnos que no tenía miedo. Hizo algo muy curioso, comenzó a tirar piedras contra las paredes negras. Escuchaba con atención el sonido, el golpe, el eco. Lanzó una piedra grande y el ruido fue diferente, hueco. –Ahí está- dijo. En ese momento llegó el tren y asustados nos pegamos a la pared sucia y protectora. Nos pareció una eternidad el paso fantasmal, poderoso de la locomotora, de los vagones. Estrépito, fuerza, ruido, luces. Salimos corriendo, con el miedo en las piernas. Todos menos el rubio. No nos miramos, no hablamos, asustados nos fuimos cada uno a nuestra casa.
Aquel verano no volvimos al túnel. Ninguno comentamos nada sobre aquel suceso, nada apareció en los periódicos, nadie preguntó, como si no hubiera pasado. Ni siquiera sabíamos el nombre de aquel chico.
Después llegó el otoño, volvimos a estudiar, los amigos del barrio nos encontrábamos en una sala de billares. Descubrimos que había chicas, que eran diferentes. Cambiamos de forma de vestir. Algunos fumaban. El tiempo pasó, tan rápido. Quince años después aún recuerdo la mirada de aquel chaval.
Ayer fui al banco a pagar la hipoteca atrasada, desde que nació la niña no andamos bien de dinero. Mientas llegaba mi turno le vi, detrás de la ventanilla. Era él, seguro, el rubio, aún tenía aquella mirada. Le esperé al mediodía. Le abordé. No me reconoció. Le conté aquella historia, le pregunté. Se reía. Había salido por el otro lado del túnel. Quiso asustarnos, éramos muchos y se sintió intimidado. No pude soportarlo, en plena calle le empujé contra la pared y le pegué un puñetazo. Por el engaño, porque dejé de estudiar, por mi trabajo tan gris, por Carmen que no era ya mi Carmen, por mis dos hijos que lloran cada noche, por tanto remordimiento, cada día. Volví a pegarle, se cubría la cara con los brazos. Porque no había vuelto a cruzar las vías, porque nunca encontré el refugio, mi refugio. La gente se paraba alrededor. Me marché sin mirarle.
Carmen estará esperándome, tenemos que ir con el mayor al pediatra. Hablaré con mis suegros para lo del adelanto de las letras. Tengo que llamar a Javi para contarle lo de este cabrón. La madre que lo parió.
Convenientemente interrogado, tras una pausa o recuperación, declara que, además de haber compuesto jerigonzas como, ¿Por qué, dime, se marchitan las rosas, cuando tu teléfono no contesta? Si te alejas se me llagan las manos y Cosecha de corazones, ha pretendido su máxima difusión, movido por apetencia dineraria, ansias de notoriedad y (con un cinismo, que esta Autoridad cree su deber subrayar) por íntima complacencia. Añade, sin coacción alguna, que no sólo ambiciona llevar sus composiciones a labios de la juventud, sino que, a mayor abundamiento, aspira a que sean silbadas por la madurez reprimida, damas insatisfechas y burócratas, terminando, una vez más, por solicitar la presencia de un abogado. Desmiente haberse lucrado con la exhibición de sus manos llagadas, rubricando, sin embargo, las fatigas a que ha de someter a su mente y a sus neuronas hasta descubrir que se han resecado las rosas en el florero a causa de no conseguir línea con su expresada barragana. Acorralado por la evidencia, al hecho incontrovertible de su anómala correspondencia con el mundo físico, astronómico, botánico y anatómico, exclamando que no le importaría, con tal de presenciarla, una explosión cósmica, que le borrase la faz al universo. (Juan García Hortelano). ...(Viene de ayer)
El lunes me crucé con Begoña, la primera mujer que amé.
Estaba tan bella como entonces.
La seguí por varias calles, como en un sueño.
En un semáforo, parado a su lado, la saludé.
Me miró sorprendida.
-Soy yo- dije con un nudo en la garganta.
Perdone, no le conozco-dijo ella. Y se fue.
Algo se rompió aquí dentro.
Llevo dos días llorando sin parar, sin consuelo.
Me miro al espejo y ese gimiente viejo idiota en que me he convertido está perdido en un dolor infinito, en un dolor antiguo que ahora me traspasa y lacera, me llena de nostalgias sobre emociones que desconozco, que me inundan el corazón.
Mi mujer y mis hijos se ríen de mí, hablan de internarme en un asilo.
Soy un hombre duro y no puedo dejar de llorar.
Ella.

El pelícano, herido, se alejó del mar
y vino a morir
sobre esta breve piedra del desierto.
Buscó,
Durante algunos días, una dignidad
para su postura final:
acabó como el bello movimiento congelado de una danza.
(José Watanabe)
Los niños no lloran y otras lindezas.
Me educaron para ser hombre, muy hombre.
Me enseñaron a tragar los sentimientos.
La calle me enseñó a defenderme con los puños, a defender mi orgullo, mi territorio.
Fui un alumno aplicado.
No lloraba ni pelando cebollas.
No demostré mi tristeza ni en los funerales de mi madre.
No había en mí más demostraciones de emoción que la carcajada o el grito.
Que nadie supiera, que nadie intuyera ni un atisbo de sensibilidad.
Al final es una forma de ser, una forma de vivir, te acostumbran.
Con los hombres era duro para evitar que fueran duros conmigo.
Con las mujeres era duro para lograr que fueran dulces conmigo.
Me iba bien, los hombres conocían mi frontera, las mujeres la traspasaban.
Todo estaba en orden.
Hasta que me enamoré.
De Begoña, la mujer equivocada.
Suele ocurrir.
Y no podía ser blando, no me salía.
Ella no quiso saber nada de un hombre tan duro.
No me hizo ningún caso.
Fue un sufrimiento ¿qué pasa?
Y no podía llorar, no sabía.
Luego el tiempo pasó y fui el novio de una mujer tan dura como yo. Nos juntamos como seres duros que somos. Nos casamos. Tuvimos dos hijos y una hija. Les educamos en nuestro estilo. Son buenos chicos. Menos Mikel a quién sorprendí escribiendo un poema o una tontería de esas. Con la bofetada que le di no creo que le quedasen ganas de repetirlo. Todo en orden, la vida sigue su curso. Estoy contento por vivir de esta forma. Hasta tengo dos libros en mi biblioteca. Tomo vinos con la cuadrilla y no dejo que nadie entre en mi terreno, conversaciones de fútbol, del trabajo, de coches, de los ladrones del gobierno. Aunque me estoy haciendo viejo, algunas películas de la televisión me producen un cosquilleo extraño en la garganta. Me lo aguanto.
Dije que todo iba bien.
Mentí.
Dylan Thomas
(Gran Bretaña, 1914-1953) Poeta, escritor de cuentos y dramaturgo galés, famoso por su brillante imaginería verbal y por su canto a la belleza natural. Thomas nació en Swansea, Gales, el 27 de octubre de 1914, hijo de un profesor de escuela. Terminados los estudios de enseñanza media, marchó a Londres, donde en 1934 publicó su primer libro de poemas, Dieciocho poemas, en el que a pesar de su juventud mostró un excepcional talento tanto en sus imágenes como en la dicción poética. El libro fue muy elogiado por la crítica. Los temas de estos poemas, el sexo, la muerte, el pecado, la religión y la redención, parecen oscuros porque contienen elementos del surrealismo y de su propia fantasía personal, pero la frescura y vitalidad de su lenguaje sumergen al lector en los poemas revelándole la universalidad de las experiencias que describen. Esta tendencia introspectiva es menos patente en Muertes y entradas (1946) y En el sueño campestre (1951), consideradas como sus mejores obras. Un ejemplo de esto es el poema 'Fern Hill'. Otras obras de Thomas son Veinticinco poemas (1936) y El mapa del amor (1939), escritos en prosa y verso. Retrato del artista cachorro (1940) es un grupo de apuntes autobiográficos, y Aventuras en el tráfico de pieles (publicada póstumamente en 1954) contiene una novela inacabada y otros escritos en prosa. Durante la II Guerra Mundial escribió guiones para películas documentales. Después de la guerra trabajó como comentarista radiofónico de la BBC (British Broadcasting Corporation). La obra de teatro para voces Bajo el bosque lácteo (publicada póstumamente en 1954) la escribió para la radio; cuando la leyó en su primera aparición pública en Cambridge (Massachusetts) en 1953 todavía estaba inacabada, pero se convirtió en su obra más famosa. En ella evoca las vidas de los habitantes de Llareggub (Buggerall pronunciado al revés), una pequeña población costera galesa. Sus últimos años se vieron ensombrecidos por su creciente inquietud y sus relaciones tempestuosas con su esposa Caitlin. Murió en Nueva York el 9 de noviembre de 1953 a causa de su alcoholismo y una sobredosis de medicinas. © eMe
¿Es poesía el verso que describe
fríamente aquello que acontece?
Pero ¿qué es lo que acontece?
(Chantal Maillard)

(Azar) Instante de intento constante. Intentar contar aquí lo que ocurre. Pero. Definir qué ocurre. Intentar que ocurra a partir del propio intento. No sé si. Intentar la poesía más allá de la palabra. Inventar el poema desde el sentimiento de la no palabra. Del grito incluso. Es decir. Generar la historia que prenda la mirada con ganchos de interés. Lo irreal. Buscar la historia compartida a partir de aquello que conmueva. Lo real. El acontecimiento. Interés. Imposible la mirada desde el cotidiano despliegue de voces. Sólo. Hacer partícipe del suceso. Sin abstracciones. Buscar al protagonista en el coro. Dejar que transcurra la actuación bajo el foco que da relieve, que hace más grandes las letras en los carteles, que eleva el nivel de en la sangre de, que llena el anfiteatro de silbidos o de aplausos. Hay que ver. (Reto). Tú el poeta. Tú el que firma. Tú el que escribe. El que lee. El que dicta. Él. O sea tú. No artista invitado. No primera figura. No. No solo. Todo. Amo. Dueño. No. Empujar. Desplazar. Tomar el lugar de. Ser el que. El poeta acaricia la semilla entre los dedos, planta, abona el jardín, riega, sujeta los brotes con cordeles de seda, escarda, poda, reparte pétalos por la blanca pared, pinta tiestos, mira al cielo, regala ramos de hortensias a los ateos a la salida de la misa del domingo. Lloverá. El poeta vive en el húmedo destierro al otro lado del desierto. Ser tú el poeta. Suplantar. Matar al poeta. Hoy. El poema de hoy. (Carcajadas)
Unica Zürn
(Alemania, 1916-1970) Escritora y pintora alemana nacida en Berlín. Compañera desde 1953 del pintor y escultor Hans Bellmer, un ser fascinado por el fetiche erótico, fue admirada por grandes artistas del surrealismo, entre ellos, Henri Michaux, André Breton, Man Ray, Hans Arp, Marcel Duchamp y Max Ernst. Su producción literaria se compone de dos únicas obras de corte autobiográfico, una novela corta, Primavera sombría y otra mucho más extensa, El hombre jazmín. Ambas se publicaron póstumamente en 1971. También escribió entre 1949 y 1955, algunos relatos breves para periódicos, reunidos en un libro titulado, El trapecio del destino y otros cuentos. Escritora maldita como Virginia Woolf o Sylvia Plath, nunca se convirtió, como ellas, en un mito, aunque algunos dicen que viajaba incesantemente al infierno y en él descubría respuestas que las dos primeras nunca habrían encontrado. A partir de 1957, ingresó varias veces en centros de recuperación para poder superar sus crisis de esquizofrenia, sobre todo tras aparecer desnuda y encadenada en la portada del número 4 de Surréalisme même (1957) en una fotografía de Hans Bellmer. Sus tratamientos y recaidas aumentaron hasta el año 1970, en el que decide poner fin a su vida arrojándose al vacío desde una ventana de su casa de París. © epdlp
Querida mía, en un tiempo de tu vida decías que no querías saber.
Ahora, hoy, sabes algo más e ignoras lo mismo que entonces.
Hay cosas que no sé si sabes.
Durante un tiempo viví en una jaula.
Tú -lo que tú eras para mí- me daba de comer, sin tú saberlo.
Ahora, hoy, camino por el borde de la ría, voy, vuelvo y ya utilizo la pala de pescado, las diversas cucharillas y soy capaz de limpiarme los labios con servilletas de hilo, de papel o con la bocamanga.
O sea, que he aprendido a comer solo. Aunque siempre he preferido comer en compañía. De hecho prefiero hacer casi todo en compañía.
También he aprendido a mirarte de otra forma.
Aún no sé, no tengo ni idea de casi nada, pero entiendo mejor las historias.
Por eso te miro desde varios kilómetros aunque –qué cosas- te veo como si estuvieras a mi lado. O yo en el tuyo, que por eso no vamos a discutir, ni por eso ni por nada.
Veo círculos, ideas circulares, unas cuantas, se repiten, van y vienen pero están ahí.
A veces te veo a ti en una jaula.
Tú misma te alimentas, una cosa extraña, sacas la mano entre los barrotes y te acercas el tenedor a la boca desde fuera. Con lo fácil que sería que comieras desde dentro, pero no, tú eres así, tuya, tú.
Claro, estas son divagaciones, ¿qué sabré yo?, pero miro la fotografía de Unica Zürn -¡qué guapa era!- y pienso estas cosas y otras y sigo sin saber nada pero entiendo, una luz aquí, tenue, de vela, y quisiera abrazarte, acariciarte el pelo y siento una ternura suave, un manto dulce de cariño y emociones sin nombre, tan ricas, soft, como una almohada de plumas mientras camino por el borde de todas las rías hasta que sé y tengo miedo, ahora sí, pobrecito mío (yo). Sé que lo que ocurre, es que todo va demasiado rápido y a este paso terminaremos sin saber nada. De nada.
O algo así.
HAY un relato breve de la escritora alemana Unica Zürn (publicado recientemente por la editorial Siruela) que nos puede prestar una versión exacerbada de la Lolita enamorada de un hombre maduro. Se titula 'Primavera sombría' y narra, en una tercera persona telegráfica y poética, el despertar al «ansia de placer» de una niña que acaba siendo sometida por las fuerzas del mundo y la incapacidad para satisfacer el deseo que la convencerán de que el vacío es preferible a la existencia y el no-ser un ente reportador de más dicha que el ser. El relato es aparentemente autobiográfico, aunque eso carece de importancia más allá de su enérgica apuesta por una literatura testimonial y dolorosamente vaticinadora -porque el salto al vacío con que concluye 'Primavera sombría' adelanta el final de la autora del relato, que se suicidaría años después de escrito el cuento. Unica Zürn padeció diversas crisis esquizofrénicas que la mantuvieron asilada en distintos centros sanitarios. Fue amante de Hans Bellmer, artista que experimentó su sadismo con el masoquismo de la escritora, a la que fotografió en hirientes poses que hoy son parte de la Historia de la Vanguardia e ilustraciones explícitas para los analistas clínicos de las perturbaciones del deseo. Conoció a todos los grandes de las vanguardias de entreguerras, se enamoró de Henry Michaux, fue cómplice de Man Ray y de Max Ernst, escribió algunos cuentos que hay que contar entre lo más intenso que produjo el surrealismo literario.
'Primavera sombría' comienza con una declaración que ya dice mucho de los acontecimientos que van a tener lugar: Su padre es el primer hombre que ella conoce. El padre de la protagonista es un hombre ausente, sólo se hace presente para herir a la protagonista con una sensación de intensa extrañeza y perturbador deseo, y en cuanto éste hace aparición colocando a la protagonista en un laberinto de preguntas, la figura vuelve a desaparecer. Más adelante, la protagonista cree haberse enamorado de un chico un par de años mayor que ella, que le escribe una carta de cuatro palabras que ella tarda horas en leer, y contesta. Se produce un precioso intercambio de mensajes. Ella se hace la dormida. El le escribe: «Yo sé cómo podría despertarte». Es la bella durmiente y sabe que la respuesta que él va a darle es: «Te despertaría con un beso». Pero si la despertara con un beso todo habría acabado. El beso es el fin. Es lo que todos esperan. Pero ella quiere vivir permanentemente en la espera. Mucho después de escritas esas palabras Roland Barthes en sus 'Fragmentos para un discurso amoroso' lo repetirá: el enamorado es el que vive en la espera. La espera es la enseña del futuro, como el recuerdo es la del pasado y la acción la del presente. Quien elige la espera como enseña, elige el mandato de la ilusión y del sueño. Y es aquí donde cabe la frase de Jung según la cual la enfermedad mental no es otra cosa que un sueño hecho realidad.
El mundo de sueños y espera en el que vive la Lolita de 'Primavera sombría' choca frontalmente con una realidad cruenta y despiadada. Su iniciación sexual, marcada por esa espera en la que se siente al fin a salvo, la espera de la presencia de su padre, la espera del beso que la despierte (no quiere que se produzca, porque el beso pondría fin a la espera del beso, porque el despertar pondría fin al sueño en el que mora y se siente segura) está tachonada de imágenes masoquistas. Un perro le lame el sexo y ella se representa la lengua del animal como un cuchillo; mientras llega al orgasmo ella imagina a un hombre que le corta el cuello. Pero es un masoquismo controlado por la fantasía: cuando su hermano la ataca, el dolor no se acompaña del mismo placer que otras veces la arrebata.
La última estación de esa espera se produce cuando conoce en unos baños a un hombre maduro y atractivo del que se enamora ipso-facto. Lo que siente por esa figura, nos dice la narradora, no lo ha sentido nunca antes. El amor le rebosa porque ella es muy pequeña para contener ese sentimiento, nos dice la narradora. Esto es: la niña se convierte en recipiente insuficiente de un elemento tan caudaloso que acaba supliendo la propia identidad de quien ama, pues le muestra su insuficiencia y a la vez lo declara culpable por no tener la capacidad suficiente para contener lo que recibe. El anhelo se convierte en culpa y la culpa, atrofiada por la propia fantasía de quien se muestra a sí mismo como enfermo, transforma a quien ama en una víctima que se echa la culpas a sí misma para sacrificarse. El afán de sacrificio es aquí desorbitado, porque llega al acto supremo de negación del 'yo', el suicidio. La imagen final del relato no puede ser más perturbadora: estampada contra el suelo real que le ha robado definitivamente la existencia, el cuerpo de la niña sigue expuesto a la realidad: el perro es el primero que ve el cadáver, acude a él, mete la cabeza entre sus piernas y empieza a lamer, pero al ver que la niña no reacciona, abandona su tarea, se tiende junto a ella y empieza a sollozar.
Poco antes de suicidarse, Unica Zurn se preguntaba si su pasión por lo extraordinario era la culpable de que su enfermedad se presentara una y otra vez, invencible, y si sus crisis esquizoides no eran una especie de válvula de escape que le permitían escapar del tedio de vivir. Se rebelaba así contra la idea existencialista de que es, precisamente, el tedio disuelto en el líquido amniótico del vacío de existir, el que era capaz de oponer una razón de insistencia ante la angustia que provoca ese vacío. Ese tedio, estudiado por Heidegger, como uno de los motores del ser, se erige en enemigo principal de lo que bien pudiéramos llamar las existencias heroicas, aquellas que no pueden comulgar con la idea de que la vida se nos marche en el mero vivir, sino que han de indagar en éste para convertirlo en una aventura excepcional, porque sólo en lo excepcional acontece algo que merezca el nombre de vida. La congestionada infancia que se nos ofrece en 'Primavera sombría', presenta a una criatura que aprende pronto que no va a saber coleccionar excepciones suficientes como para que le merezca la pena la suma de padecimientos y tedios de que se compondrá su biografía. Su derrota, representada en la figura del varón apuesto del que se enamora y al que sabe inalcanzable, queda fijada por su incapacidad para aceptar las reglas de lo real.
Hay un momento francamente impresionante en el relato de la pasión que se desarrolla en el interior de la muchacha por el hombre maduro. Este le regala una fotografía suya. Para ella es un tesoro impagable. Primero la protege y la convierte en una fortificación. Pero luego se da cuenta de que si alguien la descubriera, la debilitaría hasta hundirla, sería compartir, revelar lo mejor de sí misma para que fuera convertido en comentario de los otros, en algo real, es decir, infame. Así que hace pedazos la fotografía y se la come. No sólo es un acto de amor: es un acto religioso, de santificación del amado mediante el cual, a la vez que la niña se hace uno con él, renuncia para siempre a la posibilidad de que alguna vez sea alcanzado. No puede ser real porque eso lo convertiría en infame. ¿Qué es lo real? ¿Qué persigue quien ama? Su certidumbre de que el beso es el final de una aventura, fija el territorio de ésta en los páramos sin límite de la imaginación, donde se siente segura, donde el mundo no puede incordiarla. Por eso se siente feliz cuando espera, por eso aborta su existencia: ha vivido lo poco que ha vivido en un futuro que repentinamente se le ha aparecido como irreal, como falacia, y a él se dirige, y a él entrega su vida ahora que sabe que es mentira.
“Si todos los hombres fueran amigos, no habría necesidad de la justicia (Aristóteles, siglo IV)
Griterío de los sedientos, llanto por los recuerdos evaporados, lamentable hociquear en los posos, los charcos hediondos, los desagües atascados, lo sucio, lo triste, aquello que no. Aljibe desecado de amor.
Ojos antes limpios y ahora con las legañas del desencanto, tragaluz bloqueado con rencor, penumbra, uñas pardas chirriando en los espejos agrietados, un ladrón repulsivo defeca sobre los legajos amarillos.
Magia ausente, cuchicheo de viejos en las esquinas con viento, plumaje de aves de rapiña cayendo como nieve negra, intemperie de emociones, vaivén que marea, vómito sobre el oleaje de calendarios.
Rabia retenida en los cauces cegados, las ortigas ahogan las flores, barro esparcido sobre las baldosas del patio que ayer brillaban, columpio de sensaciones contrapuestas, tentación de dar fuego a las cosechas.
El rostro ajado del destino toca flautas de caña ante la “barriére”, postes de odio que delimitan una frontera eterna. Trazando comportamientos hostiles, cabalga con el fracaso y la incomprensión en la grupa.
Masacre de la inocencia, el caballista, disfrazado con su capa roja, se acerca a paso lento a la sombría ceremonia del macho cabrío, escupe monedas falsas, después junto con los otros sacrifica al puerco y se baña en su sangre.
“La vida es buena; es buena por sí misma; el razonamiento no le hace mella. No se es feliz por viaje, riqueza, éxito, placer. Se es feliz porque se es feliz. La felicidad es el sabor mismo de la vida. Tal como la fresa sabe a fresa, la vida sabe a felicidad. El sol es bueno; la lluvia es buena; todo ruido es música. Ver, oír, oler, gustar, tocar, toda una seguidilla de felicidades. Incluso las penas, incluso los dolores, incluso el cansancio tienen sabor a vida. Existir es bueno; no mejor que otra cosa; pues existir es todo y no existir es nada. Si así no fuera, ningún viviente duraría, ningún ser vivo nacería ” (Alain).
A veces.
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.
Ángel González
Comienzo de aventura sobre una barca blanca.
Proclamación de principios e intenciones.
Fidelidad al estilo e ideario literario.
Escalada, captación, sugestión.
Exaltación romántica.
Estupor, adecuación.
Comentario literal.
Cota de lecturas.
Devenir lineal.
Adaptación.
Tránsitos.
Blufblog.
Trasteo.
Rutina.
Días.
Fin.
No.
Y.
Volando emigra la hora en sombras infinitas,
ciérrese el cielo, se oye un paso en el silencio,
marca el alba los fustes en el bosque sombrío,
¡y es la vida enorme que está en marcha de nuevo!
(León Deubl)
...Sentarme a tus pies, abrirte el corazón, derramar todas las emociones que me produce tu presencia, el inmenso dolor de tu última ausencia, pensarte, lo que sé de ti, lo que aún ignoro, tus misterios, tus certezas, tus miedos, tu dulzura, desgranar uno por uno los temblores que me crecen en mitad de la cabeza cuando dices tiernas palabras, cuando tengo tu cara entre mis manos y sé que ahí empieza el mundo, que a pesar que no entiendo tantas cosas tú has cambiado mi vida, nada es igual desde que me maravillas, me atraes, me dejas al borde de una acequia de sombras, me rescatas, me elevas, cruel, me dejas caer desde lo más alto, me sacas del fondo del pozo, me das patadas en la cabeza para que me hunda, una y otra vez apareces como la hechicera que todo lo puede y, ay, no quiero pedirte clemencia, reina, que como estás tan sensible igual no lo digo bien y algo te raspa y no, eso no, que escribo a tientas porque no puedo estar callado, que se me escapan las palabras de puritas ganas de decírtelas, de que alguna se prenda en tu oído, te guste, te haga feliz y sonrías, añoro tu risa, niña de colores que me muero de ganas de amarte hasta que no podamos más y mirarnos ahí dentro, jamás he visto a una persona tan dentro como a ti te he visto, entrando por tus ojos que se quedan detenidos, inmóviles, deslizándome por la parte interior de esa mirada de luz como un tobogán hasta tu centro, allí donde quisiera llenarte de gardenias y claveles, de rosas rojas y orquídeas, de la hiedra de mi amor que te trepe y se lleve esos bichos que te muerden, que no te dejan, como quisiera pasar una puerta y estar en Roma, en algún lugar donde nadie más que tú y yo, cerrar el mundo en un abrazo y ya se me escapa la nostalgia y tu pides concreciones, es cierto, pero no puedo romperme el corazón cada día y seguir cuerdo, no puedo estar desnudo sin pudor, no sé, temo dejar el disfraz y no encontrarme. Nadie nos hablará nunca como nosotros nos hablamos.
Teoría Queer
La Teoría Queer (del inglés queer: "raro", utilizado durante mucho tiempo como eufemismo para referirse a los homosexuales) es una teoría sobre el género que afirma que la orientación sexual y la identidad sexual o de género de las personas son el resultado de una construcción social y que, por lo tanto, no existen papeles sexuales esencial o biológicamente inscritos en la naturaleza humana, sino formas socialmente variables de desempeñar uno o varios papeles sexuales.
De acuerdo con ello, la Teoría Queer (TQ) rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales como "homosexual", "heterosexual", "hombre" o "mujer", sosteniendo que éstas esconden un número enorme de variaciones culturales, ninguna de las cuales sería más fundamental o natural que las otras. Contra el concepto clásico de género, que distinguía lo "heterosexual" socialmente aceptado(en inglés straight) de lo "anómalo" (queer), la Teoría Queer afirma que todas las identidades sociales son igualmente anómalas.
Contra las clasificaciones tradicionales.
La Teoría Queer critica las clasificaciones sociales de la psicología, la filosofía, la antropología y la sociología tradicionales, basadas habitualmente en el uso de un solo patrón de segmentación —sea la clase social, el sexo, la raza o cualquier otra— y sostiene que las identidades sociales se elaboran de manera más compleja como intersección de múltiples grupos, corrientes y criterios. (papalia,2001)
No puede pronunciar su nombre sin que le duelan las encías y en la lengua le crezca un hongo de desesperanza, limpia nostalgia hermanada con un lirio en un vaso de agua, limpio aroma desparramándose por los herrajes del balcón, cita a las once en el salón de vigilantes del museo, con rumor de fuentes, de pisadas de caballos percherones, del juglar que miente y a nadie engaña porque todos saben que la risa es el disfraz de su llanto, nadador en un inmenso cielo sin riberas, sin el pulso cósmico que controla las mareas, gálata moribundo que quiere atrapar la sombra de sus cuerpos prendidos en el espejo de una habitación de hotel donde nunca volverán, dentro de las sombras no se distinguen las sombras, fauno rojo en un bosque encantado, hojas del calendario cortando como espadas, el verdugo silencioso cruzando la ciudad siguiendo las huellas del alfabeto, el verdugo colocando con ternura el cuello de las víctimas del amor sobre el altar del sacrificio, el verdugo levantando el arma con gesto enérgico mientras él dice si y ella dice no y los espectadores se aburren de mirar a uno y otro lado, de girar sus estómagos con chirridos de vísceras atrofiadas, el escritor pornógrafo deja su mano derecha sobre el musgo de una piedra, toma un afilado cuchillo de cocina con la mano izquierda y se corta el dedo meñique, los espectadores aplauden cuando por el pasillo entran hormigas gigantes como en una película de los cincuenta, en blanco y negro, la vida está ardiendo en la hoguera de no verse más y entre la humareda el tiempo se ha detenido después del adiós y ahora ya es antes y luego es después y tiempo es lo que les ha faltado para saber que no era un problema de tiempo sino de destiempo, amor a destiempo, amor sin avisar, amor tan limpio como un armiño corriendo por las playas heridas por petroleros hundidos, esquivando la marea sucia de la impotencia, de no poder, armiño ingenuo arrastrado por la corriente vertiginosa de la catástrofe, pero eso es dar vueltas a la noria y las respuestas están en la última página.
Reseñar un libro de más de 25 años es sencillamente un intento de hacer justicia al que popularmente se le considera el mejor libro de cocina de España. Un anécdota personal: en el año 1981 un restaurante muy conocido me pidió la receta de la mousse de chocolate. Estuve indagando en decenas de libros españoles, franceses aplicando y mejorando mi receta. No alcanzaba el nivel "10" que pretendía. Un poco cansado cogí el libro de Ortega que, escasos años atrás había utilizado como estudiante, seguí al pié de la letra su sencilla receta de Mousse de chocolate. El restaurante todavía hoy me lo agradece.
En la última edición, se han introducido algunas novedades de un clásico que poco necesita innovar. Es una guía práctica de cocina tanto para novatos como para iniciados. Las buenísimas recetas, perfectamente explicadas, se exponen en doce apartados: aperitivos, platos fríos, fritos y tostadas, salsas, sopas y potajes, arroz y pastas, verduras, huevos y soufflés, pescados y mariscos, carnes y aves, caza, casquería y repostería. También hay numerosas tablas para organizar menús semanales, calendarios, tiempos de cocción de alimentos, etc.
Están todas. La receta para hacer unas magdalenas, unas pastas galletas hasta las diferentes masas para tartas. Más de 30 buenas y saludables sopas de verduras, higaditos, clásicas de fideos, pescado... Medio centenar de salsas: de las clásicas mahonesa, mostaza... hasta la roquefort con crema o yogur. Están las recetas clásicas: cocido, lentejas, fabada, paella, arroces.. Más de veinte recetas para hacer pollo.... y un largo, etc. Pero lo mejor del libro de Simone Ortega es que no sobre ninguna de las recetas. Quien lo ha utilizado exhaustivamente se da cuenta que lo ha hecho una persona que ha practicado la cocina, que ama la cocina y que cree en le buen arte de hacer de comer. Arte que practicamos a diario varias veces y que en ocasiones lo convertimos innecesariamente en una actividad rutinaria.
Con todos los respetos a Ferrán Adrià, Juan Mari Arzak y los maestros de la cocina española, Simone Ortega se merece un Premio al buen gusto, al buen hacer, a la excelencia de los trucos sencillos, a la sabiduría popular del ama de casa española que, como ella ha puesto toda la cultura gastronómica al servicio del buen comer.
Fallece la escritora Simone Ortega
Autora de '1080 recetas de cocina' ha muerto a los 89 años en Madrid
EFE / ELPAÍS.com - Madrid - 02/07/2008
La escritora Simone Ortega, autora del famoso libro 1080 recetas de cocina ha fallecido de madrugada a los 89 años en la residencia madrileña en la que vivía, según ha informado su hijo, Andrés Ortega.
Simone Ortega, de nacimiento Simone Klein Ansaldy, de doble nacionalidad española y francesa y nuera de filósofo y ensayista José Ortega y Gasset, es la autora de uno de los títulos probablemente más vendidos en España después de la Biblia y El Quijote, un libro de recetas que con el simple título de 1.080 recetas de cocina ha alcanzado los tres millones y medio de ejemplares desde su publicación a principios de los 70 y está presente en la mayoría de los hogares españoles.
Es una sola hora larga como una vena,
y entre el ácido y la paciencia del tiempo arrugado
transcurrimos,
apartando las sílabas del miedo y la ternura,
interminablemente exterminados.
Pablo Neruda
(frag. de “Las furias y las penas”)
Cuaderno de bitácora para dibujar lo que no
-¿a quién le importa lo que sí?-,
para inventar lo que sí
-¿a quién demonios le importa lo que no?-.
Diciendo aquí
-con intensidad-
lo indecible.
Descubriendo
lo impronunciable
entre el fulgor de voces.

Esta noche tampoco lloverán estrellas, no chocarán falenas contra la ventana, no se escucharán suspiros detrás de la puerta, la cigüeña crotará en el campanario y él, ella, estarán lejos (si están cerca no tiene sentido escribir).
Hoy no ha llovido, ya no llueve, es julio, las cigüeñas vuelan, ella está dormida pero el afán tenaz, inmoble, sigue sentado a este lado del puente. El río baja lánguido.
Arrugando papeles descubro que es igual lo que esté sobre la mesa, corazón o escuerzo. En el aire igualitario de medianoche no hay más voluntad que el azar, la coincidencia en experiencias y un pellizco sentimental esparcido como canela sobre el pan nuestro de cada día.
Amén.
" - Pero qué es lo que hay que hacer?
- Estar en el suelo -dice Anne-. Estar en el suelo, sobre esta arena, en medio de la brisa y con la cabeza vacía; o andar y verlo todo, o hacer cosas, hacer casas de piedra para la gente, darles coches, luz, todo lo que todo el mundo pueda tener, para que ellos puedan no hacer nada también y permanecer en la arena, al sol, y tener la cabeza vacía, y hacer el amor a las mujeres. "
El otoño en Pekín (fragmento)
Boris Vian

...Tanto ir y venir y resulta que estaba todo aquí mismo, en esa esquina, ritual de cafés en el boulevard, memoria de tiempos pretéritos, ella caminando con sus hijas tomadas de la mano, sonrisas en casas luminosas, así estaba entonces, recuerdos de colores, “mira qué guapa era yo”. Me pregunto si tengo derecho a conservar sus fotografías, sobre todo esas que incluyen a su familia, amigas, estancias, perros y gatos, hasta qué punto puedo tenerla así, detenida, corriendo por la playa, otras sonriendo al fotógrafo, “mira qué guapa soy ahora”, caminando en una boda irlandesa, su esposo, sus pies, su hijo pequeño mirando el mar, la hija mayor sonriendo como una mujer que la hace mayor. No sé si debo meter los libros que me regaló, las cartas, sus regalos, los recuerdos en una caja de cartón y dejársela en la puerta, borrar los ficheros, el dolor que se me pone en la nuca cuando la pienso, la ansiedad de esperar aquellas llamadas al móvil –“puedes subir cuando quieras”- ¿Y si solo hubiera sido una atracción pasajera? y si no... No. A veces lo pienso, me recreo en momentos, no olvido, ay, pero no, no pudo ser sólo eso, justo ahora sé –por centésima vez- que me estoy volviendo a equivocar, que no aprendo, que soy un obstinado iluso atrapado en un laberinto, buscando huellas en la nieve, olor de las frutas del milagro en una mesa a la que no estoy invitado. “Se canta lo que se pierde”.

Qué sentido tiene esta colección de palabras, sonido de un grillo que se desliza por la blanca camisa de seda que en la percha espera la fiesta, convencimiento de que S es igual a M tanto como a G y que todo el alfabeto es la misma letra, silueta de la mujer que acaricia lánguidamente a su gato, la mirada crítica del que sabe, el comentario amigo que ha leído otra cosa con sus gafas sin graduar, silencio de los compañeros de página, poetas subiendo una escalera mecánica con una rosa en una mano y un humeante vaso con clorhídrico en la otra, cianuro con sabor a licor de almendras, geishas que envían sus fotografías, desnudas, sin cabeza, alzheimer, desmemoria, olvido de nombres, plazas, estremecimientos, la alfombra sobre la que nos amábamos, temor al extranjero, al diferente, evocación del 2.000, cáliz en el altar roto por el terremoto, exorcistas atentos en el punto de salida, fórmula que se está agotando en este océano donde todo está por decir y sin embargo, búsqueda en los cajones de la memoria para atrapar estorninos al vuelo, saber que el eclipse alteró mi percepción y ya nada es como era, días luminosos, noches inundadas de luna, cobijo en el vientre de un canguro que salta por las estancias con candelabros sobre las mesas engalanadas y olor a resina, poemas colgados de las paredes, poetas cabeza abajo, yoga de la voz, escribo por mí y para ti, solo para ti, no sé, creo que con estos calores estoy de nuevo con el TAE(1) o quizás tenga un TDA(2) aunque lo que me preocupa en realidad es mi continuo TAD(3), suelto palomas de versos al aire detenido del comienzo de semana.

El Magreb, como contexto cultural Amazigh fundamental, forma parte de la fachada sur del Mediterráneo, esto es, forma parte de la Historia de Occidente.
Para Hichem Djïait (1994), importante historiador tunecino, Cartago constituye el momento de máximo esplendor magrebí y por tanto amazigh, y personajes como Anibal, San Agustín o Ibn Jahldún serían personajes magrebíes y/o amazigh, dándose el caso de que, excepto el último, los demás pertenecen a la Historia de Occidente. Específicamente San Agustín y Donato forman parte de la civilización occidental, vinculados al latín y al cristianismo, pero ellos pertenecían paralelamente a la "intelligentsia amazigh" de la época. Paradójicamente, y tampoco es casualidad, Magreb alude y nombra al occidente islámico, tal como señalamos antes. Precisamente Ibn Jaldun, uno de los grandes amazigh (bereberes) que han pasado a la historia, fue uno de los primeros en definir los rasgos étnicos distintivos de los amazigh y definió a su gente señalando que ellos se rasuran la cabeza, comen cuscús y visten con el albornoz. Actualmente se habla de otros elementos, acaso más significativos, como el tifinagh y el arado amazigh (bereber).
Estas peculiaridades culturales amazigh no sólo son las que le dan identidad a esta etnia, constatando su propio hecho diferencial, sino que además, su pervivencia son las que documentan la lucha de este pueblo sin estado, y la sorprendente resistencia como minoría étnica en Túnez o Argelia, o como mayoría étnica sometida por una minoría, tal en Marruecos. La mayoría de estas comunidades amazigh ocupan regiones montañosas inhóspitas y pobres. Las montañas del Atlas central, el Sous, el Rif, la Kabilia, el Aurés han servido de refugio por su inaccesibilidad y duras condiciones climáticas. Estas regiones son de difícil acceso y se caracterizan por estar mal comunicadas, soliendo estar formadas por casas de adobe y piedra que se mimetizan e integran en el paisaje. De hecho, muchas de estas tierras jamás fueron pisadas por el ejército colonial francés tras más de un siglo de ocupación.

Escojo ser en el margen como única posibilidad de existencia.

Estoy en el margen, en el punto ciego de la pureza y aunque nunca he tenido facilidad para los idiomas ni para las lenguas muertas, estudio la geometría de la osamenta, sueño bajo las mariposas azules que abrevan en la mirada limpia, aparto del espanto las sombras de los enamorados.
No estoy cansado, no, esta presunta poesía tiene la ventaja que no te mojas, no te manchas, sorteas la baba negra con laberintos y ciervos sobre el altar de lo inaprensible, utilizas el alfabeto de los náufragos.
Por ejemplo.
Los de la camisa negra. Por suerte nunca han llamado a mi puerta. Digo suerte y digo silencio, el mío, tan culpable como las voces airadas del otro lado. Digo nunca y digo ahora, desmemoria de cuando la muerte paseaba cada día por nuestras alamedas, por nuestros templos, por la mirada cómplice de los que giraban la cabeza. Digo puerta y digo candados, aburrimiento de liturgias cerradas, de códigos incomprensibles, del capricho de verdugos sin azar.
Luego se cambiaron de camisa, del negro al verde, luego roja, después blanca, no sabías con quién hablabas, que les veías desde fuera y no les conocías, que disimulaban tanto que no había tiempo para asimilar el trueque de máscaras, de casullas, de ideas caprichosas, que hoy era blanco, mañana estaba transparente y nadie veía lo que venía, tormenta o sirimiri, llovizna, calabobos que también se dice y bobos o algo peor éramos, lo somos aún en las filas de una aparente indiferencia, ajenos, con la pintura lista para mimetizarnos en cuanto se oculta el sol, cuando sale la luna.
Ay, la luna.
La vida era un bien escaso, frágil, el dolor estaba repartido en cuotas descompensadas. Alrededor había llanto, espinas y pensar no estaba mal visto, decir lo que pensabas, sí. Que, un suponer, dabas la mano a un hombre gris y al instante saltabas dentro de un círculo con velas y muérdago. Desde entonces ya nada era lo mismo y caminabas atento a tu sombra. Un día descubrimos que mirando hacia atrás no avanzábamos y leer entre líneas ya no estaba de moda, que se podía hablar…
¿Estás seguro?
Y nos callamos, por si acaso, renunciamos a lo evidente, enjaulamos la risa y coqueteamos con el disimulo, cubrimos las sonrisas con el abanico, aprendimos la seña de treinta y uno, la de pares, el guiño cuando la partida nos era favorable y solo apostábamos por la victoria -que era la huida-, señalamos el norte desde la proa de un barco varado en la arena, burdo decorado, carcasa de papel, los músicos con laúdes y chirimías sobre carromatos de cartón, el camino al exilio de nuestra propia dignidad.
Alto, alto, alto.
Estoy en el margen, en el punto ciego de la pureza y aunque nunca he tenido facilidad para los idiomas ni para las lenguas muertas, estudio la geometría de la osamenta, sueño bajo las mariposas azules que abrevan en la mirada limpia, aparto del espanto las sombras de los enamorados.
No estoy cansado, no, esta presunta poesía tiene la ventaja que no te mojas, no te manchas, sorteas la baba negra con laberintos y ciervos sobre el altar de lo inaprensible, utilizas el alfabeto de los náufragos.
El secreto de la poesía pertenece más al náufrago que al navegante,
(Julia Otxoa)